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Full text of "Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer"

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Dra. CHRISTIAN'E NORTHRUP 



PO 



MUJER 



AB/IDURIA 



DÉ MUJER 



Una guía para la salud 
física y etnocionah 



CHRISTIANE NORTHRUP 



Cuerpo de mujer, 
sabiduría de mujer 

Una guía para la salud física y emocional 



EDICIONES URANO 
Argentina - Chile - Colombia - España 
Estados Unidos - México - Venezuela 



La autora expresa su agradecimiento por la autorización para citar las siguientes obras: fragmento de Circle of 
Stohes: Woman's Joumey to Herself, de Judith Duerk. Copyright © 1989 by LuraMedia; reproducido con autori- 
zación de LuraMedia, Inc., San Diego (California); fragmento de Guided Medüations, Explorations and Healing, 
de Stephen Levine. Copyright © 1991 by Stephen Levine; reproducido con autorización de Doubleday, di- 
visión de Bantam Doubleday Dell Publishing Group, Inc.; fragmento de Mothering Myself, de Nancy M. 
Sheehan, M.Ed.; fragmento de When Society Becomes an Addict, de Anne Wilson Schaef. Copyright © 1987, 
Harper San Francisco. 



Título original: Women's Bodies, Women's Wisdom 
Editor original: Bantam Books, Nueva York 
Traducción: Amelia Brito A. 



Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del 
copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier 
medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de 
ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos. 



© 1994 [1. a edición] by Christiane Northrup, M.D. 

© 1998 [ed. revisada] by Christiane Northrup, M.D. 

© de la traducción, 1999 by Amelia Brito A. 

© 1999 by Ediciones Urano, S. A. 

Aribau, 142, pral. - 08036 

Barcelona http:/ / www.edicionesurano.com/ 



ISBN: 84-7953-339-0 
Depósito legal: B. 49.702-99 

Fotocomposición: Ediciones Urano, S. A. 
Impreso por Romanyá Valls, S. A. - Verdaguer, 1 
08786 Capellades (Barcelona) 



Impreso en España - Printed irt Spain 



Este libro está dedicado a todas aquellas personas que creen que es posible vivir una vida plena, in- 
dependientemente de nuestras circunstancias actuales o pasadas. 

A todas aquellas que reconocen la diaria presencia en nuestra vida del misterio, la incertidumbre y la 
esperanza. 

A aquellas que anhelan estar bien y saben que la curación es algo más que tomar medicamentos o 
aplicar técnicas externas. 

Este libro es para todos los profesionales de la salud y los enfermos que reconocen sinceramente cuán- 
to ignoramos. 

Es para aquellas personas que saben que nuestra curación no será completa mientras no recuperemos 
lo sagrado en nuestra vida cotidiana. 

Este libro está dedicado con gratitud a los científicos y sanadores del pasado, el presente y el futuro 
que se han atrevido y continúan atreviéndose a avanzar en la fe, la esperanza y la alegría a pesar de los de- 
primentes efectos del pensamiento convencional. 



índice 

Lista de figuras 15 

Lista de cuadros 16 

Agradecimientos 17 

Introducción a la edición revisada: Decir nuestra verdad 23 

Introducción a la primera edición: Médico, cúrate a ti mismo 27 

Lo personal es político 29 

De las mujeres para las mujeres 31 

Creación de salud 33 

PRIMERA PARTE: DEL CONTROL EXTERNO A LA GUÍA INTERIOR 

1. . El mito patriarcal y el sistema adictivo 39 

Nuestra herencia cultural 39 

El patriarcado produce adicción 41 

Creencias fundamentales del sistema adictivo 44 

Recuperar nuestra autoridad 49 

2. . La inteligencia femenina y una nueva modalidad de sanación 63 

Campos energéticos y sistemas de energía 63 

Comprensión del «cuerpomente» 66 

La inteligencia femenina: Cómo se «corporeízan» los pensamientos 70 

Las creencias son físicas 73 

Sanar frente a curar 79 

3. . La guía interior 89 

Escuchar al cuerpo y sus necesidades 92 

Limpieza emocional: Sanar del pasado 95 

Los sueños: Una puerta hacia el inconsciente 97 

Intuición y guía intuitiva 98 

Cómo funciona la guía interior 98 

4. . .El sistema energético femenino 107 

El continuo materia-energía 107 

La energía de la Tierra 112 

Los chakras 114 

Los centros femeninos inferiores: Del primer chakra al cuarto 116 

Los otros chakras 135 

SEGUNDA PARTE: ANATOMÍA DE LA SABIDURÍA FEMENINA 

5. . .El ciclo menstrual 141 

Nuestra naturaleza cíclica 141 

Nuestra herencia cultural 153 

Dolores menstruales (dismenorrea) 162 

El síndrome premenstrual 170 

Reglas irregulares 185 

Engrosamiento excesivo del revestimiento uterino (hiperplasia 

endometrial, hiperplasia quística y adenomatosa) ... 187 

Hemorragia uterina disfuncional 189 

Reglas excesivamente abundantes (menorragia) 197 

Sanar nuestra historia menstrual: Preparar a nuestras hijas 200 

6... El útero 207 

Nuestra herencia cultural 207 



Anatomía de la energía 211 

Dolor pelviano crónico 213 

Endometriosis 214 

Tumores fibrosos o miofibromas 226 

7. . .Los ovarios 253 

Anatomía 253 

Quistes ováricos 260 

Ovarios poliquísticos 263 

Cáncer de ovario 274 

8. . .La recuperación del erotismo 285 

Somos seres sexuales 285 

Descubrir nuestra verdadera sexualidad 293 

La sexualidad femenina y la naturaleza 295 

9. Vulva, vagina, cuello del útero y vía urinaria inferior 303 

Nuestra herencia cultural 304 

Anatomía 310 

Papilomavirus humano 312 

Herpes 320 

Cervicitis 325 

Displasia cervical (células anormales detectadas en la citología) 326 

Cáncer del cuello del útero o cervical 342 

Infección vaginal (vaginitis) 344 

Nota sobre las enfermedades de transmisión sexual . . . 353 

Dolor vulvar crónico (vulvadinia) 356 

Cistitis intersticial 360 

Infecciones recurrentes de las vías urinarias 362 

Incontinencia urinaria por esfuerzo 366 

10. Los pechos 373 

Nuestra herencia cultural 373 

Anatomía 377 

El autoexamen de las mamas 378 

Síntomas benignos en las mamas: Dolor, bultos, quistes y secreción de los pezones 381 

El tratamiento de los síntomas benignos en las mamas 384 

La mamografía 394 

El cáncer de mama 400 

La cirugía plástica de mamas 414 

El cuidado de los pechos 424 

11 . Nuestra fertilidad 427 

El aborto 428 

Anticoncepción de urgencia: Prevención del aborto . . . 437 

Concepción y anticoncepción conscientes 438 

La transformación de la infecundidad 459 

Pérdidas durante el embarazo 481 

La adopción 486 

La fertilidad como metáfora 489 

12. El embarazo y el parto 493 

Nuestra herencia cultural: El embarazo 494 

Prevención del parto prematuro, la toxemia gravídica y la presentación de nalgas 495 

El poder transformador del embarazo 503 

Nuestra herencia cultural: El parto 507 

La tecnología en el parto 513 

Cuidados maternales para la madre: Una solución cuya hora ha llegado 521 

Cómo disminuir el riesgo de cesárea 522 



Mi historia personal 526 

Convertir la labor del parto en poder personal 532 

13. La maternidad: El vínculo con el bebé 545 

Las primeras caricias 545 

Posparto: El cuarto trimestre 549 

La circuncisión 553 

La leche de fórmula frente a la leche materna 555 

Ser madre en el sistema adictivo: El trabajo más difícil del mundo 560 

14. La menopausia 565 

Nuestra herencia cultural 568 

Crear salud durante la menopausia 572 

La función de las glándulas suprarrenales: Lo que toda mujer debe saber 575 

Tipos de menopausia 582 

La terapia hormonal sustitutiva 587 

Información básica sobre las hormonas 593 

Los síntomas de la menopausia 597 

Sofocos 598 

Sequedad, irritación y adelgazamiento de la vagina .... 600 

Osteoporosis 601 

La sexualidad durante la menopausia 606 

Caída del cabello 609 

Cambios de humor y depresión 610 

Pensamiento confuso 611 

Preocupación por la salud futura 613 

Enfermedad de Alzheimer 618 

Decisión sobre el tratamiento de la menopausia 622 

Cuidados personales durante la menopausia . 623 

La menopausia como un nuevo comienzo 624 



TERCERA PARTE: OPCIONES PARA SANAR: CÓMO HACERSE UN PLAN PERSONAL 



Peámbulo 629 

15. Pasos para sanar 631 

Imaginar el futuro: Cambio de conciencia, cambio de células 631 

Paso 1: Tener clara la propia historia 633 

Paso 2: Revisar las creencias 644 

Paso 3: Respetar y liberar las emociones 655 

Paso 4: Aprender a escuchar al cuerpo 658 

Paso 5: Aprender a respetar al cuerpo 661 

Paso 6: Reconocer un Poder Superior o Sabiduría Interior 664 

Paso 7: Recuperar la totalidad de la mente 669 

Paso 8: Buscar ayuda 676 

Paso 9: Trabajar con el cuerpo 682 

Paso 10: Reunir información 683 

Paso 11: Perdonar 684 

Paso 12: Participar activamente en la propia vida 691 

16. Aprovechar al máximo la asistencia médica 697 

Elección de médico 697 

Sanar el examen pelviano 706 

Elección de tratamiento: De la cirugía a la acupuntura . . 709 

Crear salud mediante la cirugía 713 

17. Nutrirnos con alimentos 729 
Descubrir la verdad dietética personal: Lograr la nutrición total 734 



Las ansias de azúcar, el alcoholismo y la química cerebral . 778 

Otras preguntas comunes 781 

Unas palabras acerca del tabaco 785 

Ayudar a la familia a comer bien 790 

Vivir en proceso con la nutrición 793 

18. El poder del movimiento 799 

Nuestra herencia cultural 800 

Beneficios del ejercicio 801 

Formas de mover el cuerpo 803 

Ejercicio y adicción 808 

Ejercicio, amenorrea y pérdida de masa ósea . 809 

Mi historia de ejercicios: Hacer las paces 810 

La puesta en marcha 813 

19. Sanarnos, sanar a nuestro mundo 817 

Nuestra madre, nuestras células 819 

Rito de recuperación 820 

Superar el miedo a nuestro pasado chamánico 823 

Nuestros sueños, los sueños de la Tierra 825 

Hacer seguro el mundo para las mujeres: comenzar por una misma 834 

Apéndice: Opciones en la terapia hormonal sustitutiva ... 837 

Recursos 847 

Notas bibliográficas y aclaratorias 889 

Sobre la autora 516 



Lista de figuras 



Figura 1. La energía de la Tierra que sube 113 

Figura 2. Diagrama de los chakras en la figura femenina ... 116 

Figura 3. Ciclo menstrual (días) 147 

Figura 4. Carta lunar del ciclo menstrual 148 

Figura 5. El continuo mente-cuerpo femenino. Interacciones entre el cerebro y la pelvis 155 

Figura 6. Trastorno afectivo estacional (TAE) y síndrome premenstrual (SP) 176 

Figura 7. Útero, ovarios y cuello del útero 208 

Figura 8. Tipos de miofibromas 227 

Figura 9. Anatomía de la mama 379 

Figura 10. Autoexamen de las mamas 380 

Figura 11. Percepción de la fertilidad: Ovulación y temperatura corporal basal 454 

Figura 12. En busca de conexión (dibujo de Whitney Oppersdorff) 480 

Figura 13. Reunidos en armonía (dibujo de Whitney Oppersdorff) 481 

Figura 14. Puntos de acupuntura o digitopresión para cambiar la presentación de nalgas 500 

Figura 15. Órganos y lugares del cuerpo productores de hormonas 574 

Figura 16. Corrientes de sabiduría 585 

Figura 17. Los elementos de la nutrición total 730 

Figura 18. Forma convencional de obtener calcio en Estados Unidos 771 

Figura 19. Forma equilibrada de obtener calcio 772 



Lista de cuadros 



Cuadro 1: Características del sistema adictivo 53 

Cuadro 2: El cuerpo como proceso y el punto de vista médico 61 

Cuadro 3: Fuentes de orientación 90 
Cuadro 4: Anatomía de la energía: Actitudes mentales y emocionales, los chakras y el cuerpo físico 120 

Cuadro 5: Anatomía de la sabiduría femenina 142 

Cuadro 6: Comparación entre métodos anticonceptivos . . . 443 

Cuadro 7: Posibles factores de riesgo durante el parto .... 511 

Cuadro 8: Perfil de una mujer de bajo riesgo 587 

Cuadro 9: Perfil de una mujer de alto riesgo 588 
Cuadro 10: Efectos de la terapia hormonal sustitutiva (THS) en el riesgo de cáncer de mama 614 

Cuadro 11: Peso recomendado para adultos 748 

Cuadro 12: Cómo calcular las necesidades diarias de proteínas 761 

Cuadro 13: Suplementos diarios recomendados 769 

Cuadro 14: Alimentos ricos en calcio 776 



Agradecimientos 



Escribir este libro fue un proceso largo y difícil. Revisarlo ha sido un trabajo creativo y vigorizador, una 
experiencia totalmente distinta. Desde la publicación de la primera edición me he sentido agradecida y 
bendecida al conocer los resultados positivos que ha tenido esta información en la vida de muchas per- 
sonas. 

No podría haber realizado este trabajo sin el apoyo, la orientación y la influencia de muchas per- 
sonas. Quiero dar las gracias a todos aquellos que contribuyeron materialmente a proporcionarme la 
estructura dentro de la cual escribí el libro, y a los que después me ayudaron en el proceso de revisión: 

Ned Leavitt, que me llamó en el momento preciso durante la primavera de 1991 y me sugirió que 
escribiera un libro, y ha continuado ofreciéndome su apoyo y sus sabios consejos, haciendo gala de sus 
dotes caballerescas, con reluciente armadura y espada si es preciso. 

Helen Rees, mi agente, que desde nuestro primer encuentro comprendió intuitivamente el con- 
tenido de este libro, mucho antes de que yo expresara todas mis ideas. 

Leslie Meredith, la encargada de la primera edición de esta obra en Bantam, que desde el princi- 
pio creyó en la importancia de su mensaje, y Toni Burbank, que ha sido como su hada madrina desde 
que la partera, Leslie, se trasladara a otro lugar siguiendo los dictados de su corazón. 

Brian Tart, también de Bantam, que me ofreció su apoyo y su amabilidad durante el proceso de 

edición. 

Sandi Gelles-Cole, por su habilidad para clarificar y dar estructura a mis ideas. 

Judith Barrington, extraordinaria ilustradora médica que creó y revisó los gráficos y ha conti- 
nuado ofreciéndome su apoyo durante el proceso de ilustrar mis ideas. 

Este libro, junto con el trabajo que documenta, jamás habría sido posible si no hubiera aprendido 
a confiar en mi capacidad para crear y vivir mis sueños. A ello contribuyeron de forma importante Gail 
Straub, David Gershon y Annie Gilí O'Toole. 

Quiero agradecer a Patricia Reis su amistad y sus escritos. Su trabajo en profundidad con mis 
dientas en la década de los ochenta me fue valiosísimo para aprender a confiar en mis intuiciones. Linda 
Trichter Met calf y Toby Simón, del Proprioceptive Writing Center [Centro de Escritura Propioceptiva], 
me ayudaron a encontrar mi voz de escritora, y las sesiones de escritura con Judie Burwell me sirvieron 
para mantenerla viva. Gracias a todas estas personas y a los escritos de Sonia Johnson, he comprendido 
la importancia de una perspectiva feminista. 

Durante un decenio, mis colegas del Centro Médico de Maine y del Hospital Marcy de Portland 
(Maine), médicos, enfermeras y personal auxiliar, se han mostrado receptivos y han aceptado mis ideas. 
La gran comunidad médica en que trabajo nos ha ofrecido una excelente atención médica y un amable 
apoyo tanto a mí como a mis dientas durante años. La Facultad de Medicina Dartmouth me proporcionó 
una excelente formación a la vez que me ofrecía aire fresco y pinares. En especial vayan mi reconoci- 
miento y mi gratitud al doctor Millard Simmons, que fue (y continúa siendo para los alumnos actuales) 
un modelo positivo de tocólogo-ginecólogo que se interesa profundamente por las mujeres. Él apoyó mi 
decisión de seguir esta carrera cuando muy pocas mujeres lo hacían. También doy las gracias a la docto- 
ra Harriet Northrup, mi tía, cuya presencia en mi vida da fe de la historia de las mujeres en medicina. 

Michio Kushi y Annemarie Colbin me enseñaron la importancia de los alimentos integrales en la 
creación de la salud. Sus enseñanzas me dieron los medios necesarios para cambiar mis hábitos alimen- 
tarios y ayudar a mis pacientes a hacer lo mismo. 

Mis colegas del Colegio de Médicos Holistas de Estados Unidos, entre ellos los doctores Norman 
Shealy, Gladys McGarey, Robert Anderson y Bernie Siegel, han sido mis modelos de médicos vanguar- 
distas, pioneros en el tratamiento del paciente como persona completa y no sólo de su enfermedad. 

Patti Haladay, Fern Tsao y Kathy McGonagle han cuidado expertamente de mi cuerpo después 
de largas horas de escribir. Heidy y John, de la cafetería de Fiddlehead Farm, nos ofrecieron un servicio 



estimulante y personalizado durante muchos desayunos cuando Mona Lisa Schulz y yo revisábamos el 
manuscrito. 

El personal de Women to Women, del pasado y del presente, me ha ayudado a crear una forma 
sincera y realizadora de practicar la atención sanitaria, así como a trabajar dentro de un grupo. Agradez- 
co profundamente el modelo que hemos creado juntas. Y juntas continuamos aprendiendo lo que signifi- 
ca la sentencia: «Practica lo que predicas». Por eso, junto con la orientación de Joe Melnick, les estaré 
siempre agradecida. 

Un inmenso gracias a los siguientes colegas, todos pioneros en la salud de la mujer entera; su 
presencia y su sabiduría continúan apoyándome: Joel T. Hargrove, Marcelíe Pick, Mary Ellen Fenn, Bet- 
hany Hays, Dixie Mills, Kayt Havens, Maude Guerin, Susan Doughty y Héctor Tarraza. 

Doy también las gracias a mis colegas de todo el mundo que, independientemente de su sexo, es- 
tán practicando la medicina de la sabiduría femenina. Su presencia y su apoyo me sostienen más de lo 
que imaginan. 

Durante más de cinco años, Gina Barone me ha ayudado a mantener encendido el hogar en casa, 
ocupándose de las comidas, el transporte y el cuidado de mis hijas, y siendo mi amiga. Sin ella no podría 
haber llevado a término el trabajo inicial ni sus revisiones. Antes de ella, Donna Mead y Jayne Quintal 
aportaron sus habilidades para que la familia y la casa funcionaran sobre ruedas y saludablemente. Gra- 
cias por su presencia en mi vida. 

Respeto y aprecio la colaboración personal y la sabiduría de Arme Wílson Schaef, cuyas ideas y 
amistad han sido esenciales para mi recuperación, tanto en el aspecto personal como en el profesional. El 
sentido del humor y la perspectiva de Diane Fassel me han sido valiosísimos durante el proceso de es- 
cribir. También agradezco a Wilson Shaef su sinceridad y sus puntos de vista. 

Diane Grover, mi enfermera y ayudante personal, me ha ayudado durante más de quince años a 
transformar mis ideas en realidades físicas. Aprecio su constante apoyo y sus dotes organizativas. Quie- 
ro expresarle mi gratitud y el deseo de que continuemos creciendo y disfrutando juntas. 

Brenda King Scheider, amiga de la infancia y la universidad, ha continuado ofreciéndome un es- 
pejo y una cámara que me reflejan bajo la mejor luz. Ambas compartimos una historia y una visión que 
me sustenta y me llena de gozo. Su amistad ha sido siempre un regalo en mi vida. Siento una especial 
gratitud por haberla tenido durante este proceso de escribir. 

Mi vida ha sido verdaderamente bendecida por la inteligencia, la generosidad y la amistad de 
Caroline Myss. Su profunda percepción, su intuición y sus ideas me han sustentado y estimulado enor- 
memente y han aportado muchísimo a mi entendimiento de la salud y la enfermedad. 

Le agradezco también su sentido del humor, su irreverencia y su profunda comprensión intuiti- 
va del proceso creativo. 

De modo totalmente espontáneo apareció en mi vida, como un ángel, la doctora Mona Lisa 
Schulz, y pasó a convertirse en una valiosísima colaboradora, investigadora, diseñadora gráfica, inspira- 
dora y amiga. Sin su excepcional perspectiva, su pericia investigadora, su presencia personal, su intui- 
ción médica y su escandaloso sentido del humor, sí que habría sido aburrido mi proceso de escribir. Este 
libro y sus revisiones nos han dado la oportunidad de crear y reír juntas durante más de cinco años. 

Durante los tres últimos años he tenido el placer de trabajar con un fabuloso equipo en mi hoja 
informativa Health Wisdotn for Women, Este trabajo ha sido de gran utilidad al revisar este libro. Gracias 
especiales a Susie Beltteri y Lorna Newman. 

Mi padre me dijo una vez que yo no elegiría a mis pacientes, sino que ellas me elegirían a mí. 
Doy las gracias a todas esas mujeres valientes que a lo largo de los años me han elegido como su médica 
y me han ayudado a aprender todo lo que contiene este libro. También me siento profundamente agra- 
decida a mis otros «clientes»: todas las mujeres (y todos los hombres) que han leído la primera edición 
de este libro, se han subscrito a mi hoja informativa, han escuchado mis casetes y han asistido a mis con- 
ferencias. Todos han enriquecido mi vida superando mis sueños más locos. Continúo encontrando casi 
milagroso todo este proceso. 

Deseo agradecer el continuado apoyo, aliento y cariño de mi familia inmediata. Durante todo es- 
te proceso, mi marido Ken ha estado dispuesto a pasar del arquetipo de matrimonio al arquetipo de so- 
ciedad común, continuando al mismo tiempo con su sentido del humor y su propia y exigente profesión. 
Nuestra relación ha crecido y madurado a lo largo de este no tan fácil proceso. Mis hijas Ann y Kate han 



enriquecido inconmensurablemente mi vida. Me han enseñado que cada niña tiene sus propios destino y 
estilo y que eso debe respetarse siempre, sean cuales fueren las creencias de sus padres. 

También quiero dar las gracias a mis demás familiares y a los primeros apoyos que establecieron 
las bases de lo que soy actualmente. Mi madre es la encarnación física de la palabra «fuerza». Su constan- 
te apoyo ha sido para mí una raíz central que me conecta con el centro de la Tierra. Ha sido y continúa 
siendo un maravilloso regalo en mi vida. La original manera de pensar de mi padre, su entusiasmo y su 
enfoque de la curación establecieron las bases del trabajo de mi vida. Aunque ya no está presente física- 
mente, siento su apoyo día a día. 

Mis hermanos John y Bill, y mis hermanas Penny y Cindy, me han inspirado con su capacidad 
para forjarse vidas prósperas y plenas, a pesar de ir en contra de la sabiduría educativa en vigencia. Ca- 
da uno se las ha arreglado para hacer caso de su propia sabiduría interior y vivir conforme a ella. 

Por último, deseo darme las gracias a mí misma por tener la voluntad necesaria para continuar 
este reescribir y reescribir aun después de que ya lo creía terminado. He aprendido a rendirme a un po- 
der muy superior al mío. Ahora también sé que el poder de mi voluntad personal y el proceso de rendir- 
se a una voluntad superior son paradójicos y necesarios ambos. A través del proceso de escribir este li- 
bro me he recuperado a mí misma como científica y escritora. 



Introducción 
A LA EDICIÓN REVISADA [1998] 



Decir nuestra verdad 



El mes siguiente a la publicación de la primera edición de este libro [1994] tuve una serie de pesadillas: 
alguien entraba en mi dormitorio y estaba a punto de matarme. Durante cinco noches consecutivas des- 
perté gritando de terror, asustando a mis hijas y asustándome a mí misma. Mis sueños eran mi nada sutil 
guía interior, que quería informarme del miedo que tenía una parte de mí de dar a conocer al mundo lo 
que yo sabía. Me sorprendió ese miedo. Aunque intelectualmente sabía que muchas mujeres tienen un 
muro de miedo en su interior, que se levanta cuando se atreven a decir su verdad, no me había dado 
cuenta de lo mucho que yo lo compartía. Cuando el libro ya estaba en venta, tuve miedo de asistir a la 
reunión regular de tocología-ginecología de junio de 1994, porque estaba segura de que mis colegas me 
rechazarían a mí y rechazarían mi trabajo. Hasta entonces había vivido una vida profesional doble. Una 
parte de mí les decía a mis pacientes, en la intimidad de mi consulta, lo que realmente creía, y la otra 
parte, mi yo «oficial», se refrenaba un poco (o mucho) en el hospital o delante de muchos colegas. Mis 
relaciones sociales como médica me habían enseñado muy bien lo que era aceptable para mis colegas y el 
personal del hospital. Llevaba años caminando por una cuerda muy delgada. De hecho, en 1980, justo 
después del nacimiento de mi primera hija y antes de presentarme a los exámenes orales para recibir mi 
título en obstetricia y ginecología, aparecí en un reportaje sobre salud holista de mujeres en la revista 
East West Journal (ahora Natural Health). Con el fin de que nadie del hospital donde trabajaba viera el ar- 
tículo, fui a la cooperativa donde se vendía la revista y compré todos los ejemplares de ese número. Na- 
die de mi hospital lo vio jamás, y si alguien lo vio nunca dijo nada. Pero en 1994 no me iba a ser posible 
comprar todos los ejemplares de mi libro. Tenía que afrontar las consecuencias y unir mis dos partes 
públicamente —y delante de los grupos de médicos convencionales— por primera vez. 

Mi primer paso fue asistir a la reunión semanal del hospital. Cuando entré, me sentí aliviada 
porque nadie dijo nada sobre el libro y me trataron igual que siempre. Era como si no hubiera ocurrido 
nada. Tuve que reírme, porque en ese momento aprendí una lección sobre el egocentrismo: creer que 
todas las personas que me rodeaban estaban interesadas en lo que yo hacía o decía, cuando en realidad 
tenían su propia vida de la que ocuparse. Mi principal lección fue que mi miedo era sólo eso, todo mío, y 
que era hora de olvidarlo. Esto ha sido un proceso gradual. Cuando el libro cumplió un año, tuve una 
serie de sueños en los que alguien me grababa en vídeo desnuda. Seguía sintiéndome vulnerable, pero al 
menos nadie me iba a matar. Después los sueños han ido desapareciendo poco a poco. 

Desde 1994 me han invitado a hablar ante personal de hospitales y médicos de todo el país y del 
extranjero, y he recibido una acogida abrumadoramente positiva por parte de mujeres y hombres de 
Estados Unidos y del resto del mundo. Ciertamente, el mundo está preparado para la sabiduría de las 
mujeres. El comentario que oigo con más frecuencia, en boca de mujeres y de hombres, e incluso de mu- 
chos médicos, es más o menos el siguiente: «En algún lugar profundo de mi interior siempre he sabido la 
verdad de lo que has dicho, pero no sabía cómo expresarlo. Y ciertamente, jamás había oído decirlo a 
ningún médico». 

He llegado a ver que la ciencia médica, si se combina con la sabiduría de nuestro corazón y nues- 
tra mente, es una medicina verdaderamente poderosa. Y ese es el motivo de que casi tan pronto como se 
publicó este libro sentí la necesidad de revisarlo. Aunque nada puede reemplazar el desarrollo y el per- 
feccionamiento de nuestra sabiduría intuitiva femenina, es decir, esa guía interior que nos ayuda a deci- 



dir qué caminos tomar y cuáles evitar, he descubierto que esta guía interior funciona mejor cuando está 
equilibrada con una buena información, sólida y puesta al día. 

Y si bien los principios de la verdadera sabiduría no cambian mucho con el tiempo, la informa- 
ción útil y práctica sí cambia. Necesitamos ambas cosas, igual que necesitamos los dos hemisferios cere- 
brales, el izquierdo y el derecho. Y con la aceptación cada vez mayor de la medicina alternativa en la 
corriente principal de la cultura (fenómeno que todavía me sorprende y me encanta), cada día hay más 
soluciones naturales para los problemas femeninos de salud documentados científicamente. Al mismo 
tiempo, también son útiles para muchas mujeres las buenas soluciones tecnológicas, como los nuevos 
aparatos para mejorar la incontinencia urinaria por esfuerzo y las mejores técnicas quirúrgicas para ex- 
tirpar miofibromas. Cada vez que he puesto al día mis pensamientos y recomendaciones, he deseado 
hacer llegar esa nueva información a mis lectoras para que también ellas puedan aprovecharla para me- 
jorar su vida y su salud. 

Además de añadir soluciones mejores y más oportunas a cada sección del libro, me pareció nece- 
sario reescribir totalmente los capítulos sobre la nutrición y la menopausia, porque en estos temas hay 
mucha información nueva, desde cómo individualizar una terapia hormonal con hormonas naturales del 
cuerpo femenino hasta cómo encontrar un método dietético que equilibre la bioquímica del cuerpo y el 
cerebro. La salud de las mujeres obtiene por fin la atención que se merece, y como antigua participante 
en este campo tengo muchísimo que decir y mucha información nueva que dar. 

Por una afortunada coincidencia, mi hoja informativa Health Wisdomfor Women comenzó a publi- 
carse, en sociedad con Phillips Publishing International, varios meses después de la aparición de la pri- 
mera edición de este libro. Así pues, ahora, en lugar de tratar los problemas de veinte mujeres en mi 
consulta cada día, puedo llegar a miles cada mes. En esencia, las soluciones de atención a la salud ofreci- 
das en la hoja informativa, junto con las cartas, opiniones y reacciones de mis subscriptores, se han con- 
vertido en un consultorio virtual. Esto me ha permitido tener el dedo en el pulso de la atención médica a 
la mujer de un modo mucho más amplio y variado que antes. También muchos colegas médicos me han 
dicho que las pacientes suelen llevar o bien un ejemplar de este libro o un número de la hoja informativa a 
la consulta para hablar de un determinado método que he recomendado. La mayoría de estos médicos 
están agradecidos por la información. Este método que da participación a las bases populares agrada 
verdaderamente a mis orígenes de ciudad pequeña. 

Escribir la primera edición de este libro me abrió a un mundo más grande de sabiduría femenina 
que está creciendo en todo el planeta. Debido a esto, cuento con el apoyo de más personas y lugares de 
lo que jamás habría creído posible. Por todas las cartas que recibo, sé que lo mismo está ocurriendo en 
otras partes del mundo. Este libro se usa como texto de estudio en escuelas de enfermería y hospitales de 
todo el país, y esto sirve para que la sabiduría femenina adquiera velocidad e impulso. 

He comprendido el poder que tiene el hecho de decir mi verdad personal. Esto ha sido una parte 
muy importante en mi proceso de sanación. 

Y he salido de ello sintiéndome más fuerte y más libre que nunca. Espero que este libro estimule 
a otras mujeres a decir también su verdad personal. Sé que cuando cada una hace esto, el mundo y nues- 
tra salud mejoran. 



Introducción 

A LA PRIMERA EDICIÓN [1994] 



Médico, cúrate a ti mismo 

Cuando nació mi primera hija en 1981, quise alimentarla sólo con mi leche y al mismo tiempo continuar con 
mis sesenta o más horas de trabajo a la semana. Tratando de hacer esto, enfermé de una mastitis grave que al 
final fue causa de que me dejara de funcionar la mama derecha. En lugar de tomarme uno o dos días de baja 
en el trabajo a la primera señal de infección, que es lo que habría recomendado a cualquiera de mis pacientes, 
continué trabajando. Actué así porque me sentía desgarrada entre dos direcciones. Creía entonces, como sigo 
creyendo ahora, que la leche materna es el mejor alimento para los bebés, y estaba resuelta a dar una ali- 
mentación óptima a mis hijos. Yo misma me traté con antibióticos, porque sabía que si iba a otro médico me 
ordenaría dejar de amamantar a mi hija. Al mismo tiempo, era consciente de que los médicos varones solían 
acusar a sus colegas mujeres de ser débiles o incapaces de trabajar como es debido, y yo no quería ser conside- 
rada así. En ese tiempo estaba trabajando con un respetado grupo de tocólogos y ginecólogos. A mis 31 años 
había conseguido éxito en un campo de la medicina dominado por los hombres, y trabajaba con colegas a los 
que respetaba. No quería poner en peligro mi carrera profesional. De modo, pues, que no me cuidé y continué 
trabajando, y empeorando más y más. 

Aunque tomaba medicación, la infección era lo suficientemente grave para resistir a los antibióticos 
comunes. La enfermedad siguió avanzando hasta que una noche me subió muchísimo la fiebre, acompañada 
de escalofríos y delirio. Durante ese tiempo, según supe después, la infección se estaba amurallando en mi 
cuerpo en forma de un absceso, a mucha profundidad dentro del pecho. Incluso así fui a trabajar y continué 
cumpliendo mi deber. Al ser madre y médica al mismo tiempo, pensé que no tenía otra alternativa. Todos mis 
años de formación me habían enseñado a poner en último lugar mis necesidades. 

Después de varias semanas de intentar tratarme yo sola, finalmente llamé a un cirujano que ac- 
cedió a verme en su consulta cuando yo terminara de atender a mis pacientes (tomando tabletas de Ty- 
lenol con codeína para calmar el dolor). Esa misma noche terminé en el quirófano, justamente lo que 
había decidido evitar. 

El cirujano le dijo a mi marido, que también es médico, que la cavidad del absceso bajo mi pecho 
era muy grande y penetraba a través de la pared torácica, lo peor que había visto en sus treinta años de 
práctica. No se explicaba cómo había logrado yo seguir trabajando a pesar de eso. Yo no había hecho 
caso de la antiquísima enseñanza que dice: «Médico, cúrate a ti mismo». Me sentí avergonzada de no 
haberme tratado bien como médica, de haberme convertido en enferma, en paciente. También sentí en 
peligro mi validez como madre, si no podía dar el pecho a mi hija. (En todo caso, la leche ya me había 
disminuido bastante a causa del estrés.) Sin embargo, recuerdo que esa noche en el hospital pensé que 
tenía que volver al trabajo lo más pronto posible. 

Cuando dos años después nació mi segunda hija, supuse que ya estaría reparado el daño. Aun- 
que para alimentar a mi primera hija tuve que complementar con leche de fórmula la leche materna, me 
imaginé que esta vez no tendría que volver a hacerlo. Pero no hubo manera de que saliera una gota de 
leche para mi nueva hija por esa mama, aunque sí se producía leche cuando había de producirse. La in- 
fección anterior había destruido los conductos mamarios de mi pecho derecho. Nuevamente temí no ser 
capaz de alimentar a mi bebé. Había pagado un alto precio en mi cuerpo por tratar de demostrar mi va- 
lía dos años antes. Aunque asumí la plena responsabilidad de mi situación, me di cuenta de cómo había 
aprendido a no cuidar de mí. El hecho de no hacer caso de mis necesidades físicas ni de mi cuerpo estaba 
incorporado a la trama misma de mi vida. 

El tercer día después del parto, desesperada por la situación, llamé a la Liga Internacional La Le- 
che, de Chicago, para pedir consejo. La mujer que me contestó había tenido el mismo problema y me 
informó que podía alimentar a la pequeña por una sola mama, siempre que le diera el pecho con más 
frecuencia y no me preocupara por estar «desequilibrada». Seguí su consejo y pude amamantarla lo sufi- 
ciente para producir más leche. Aunque sí tenía que recurrir a la leche de fórmula cuando estaba lejos de 



mi hija en el trabajo, mi leche era la adecuada a sus necesidades siempre que estaba con ella, durante 
largos periodos de tiempo. Toda mi vida estaré agradecida a esa organización popular de mujeres, que 
fundaron en Chicago un grupo de amas de casa que querían amamantar a sus bebés en una época en que 
la medicina no apoyaba esto precisamente. (Hasta el día de hoy, no existen cursos formales sobre la lac- 
tancia para los tocólogos y ginecólogos en periodo de práctica, y por lo tanto estos no tienen todos los co- 
nocimientos que debieran sobre esta importante función.) 

Si bien yo sabía que las mamas suelen ser la metáfora física de dar, recibir y nutrir, en mi precipi- 
tación por nutrir a todos los demás me había dejado de lado yo misma. Sin embargo, mi cuerpo no estu- 
vo dispuesto a aceptar el negligente trato que le daba y me comunicó una importante lección: los sínto- 
mas corporales tienen un sentido que trasciende el problema inmediato de salud del cual nos advierten. 
Cari Jung decía que los dioses nos visitan mediante la enfermedad, y he llegado a creer que prestando 
atención a los mensajes de nuestro cuerpo podemos beneficiarnos emocional, física y espiritualmente. 

Yo siempre había creído esto con el intelecto, pero para ser eficaz como sanadora tuve que expe- 
rimentarlo en persona. Únicamente viviendo un grave problema de salud llegué a comprender los pro- 
blemas de salud y de vida que tienen otras mujeres. Mientras fui una mujer blanca, sumamente entrega- 
da al trabajo, que jamás caía enferma y que veía el mundo desde el punto de vista imperante, es decir, el 
masculino, no fui capaz de percibir los hábitos que con tanta frecuencia se asocian a los problemas de 
salud femeninos. Mientras me consideré separada de las demás mujeres, no logré comprender que esos 
hábitos forman parte de la lucha de muchas mujeres por ser completas. 

Lo personal es político 

El hecho de tener a mis hijas y de esforzarme por equilibrar mi trabajo y mi familia me hizo cambiar de 
una manera en que ninguna otra cosa lo habría logrado. En lugar de aprender de libros y profesores, 
comencé a aprender por experiencia lo que quieren decir las feministas con la frase: «Lo personal es polí- 
tico». Comprendí que no existe eso que se llama «madre a media jornada». Una vez que una mujer tiene 
un hijo, ese niño forma parte de ella las 24 horas del día, de una manera que nadie puede comprender 
hasta que le ocurre. Yo no estaba preparada para el dolor del corazón que se me producía cada día 
cuando dejaba a mi bebé para ir a trabajar. También comencé a poner en tela de juicio mi vieja idea de 
que el cuidado del bebé y la maternidad no son un verdadero trabajo. 

Inmediatamente comprobé que estar en el trabajo era en muchos aspectos infinitamente más fácil 
que estar en casa con dos niñas pequeñas. ¡Podía hacer tantas cosas! Como buena hija del patriarcado, 
rendía culto en el altar de la eficiencia y la productividad. Comencé a replantearme por qué me parecía 
bien cuidar del cuerpo de otras personas pero no del mío ni del de mis hijas. ¿Por qué me sentía culpable 
siempre que me tomaba un descanso? Aun cuando tuviera mucho que hacer, ¿por qué me costaba tanto 
echarme en la alfombra y jugar con mis hijas una media hora? ¿Por qué me parecía que eso era una pér- 
dida de tiempo? También reflexioné sobre la razón por la cual el hecho de cuidar de los hijos se conside- 
ra propio de la mujer: ¿Por qué mis hijas eran principalmente asunto mío? Mi marido y yo habíamos 
recibido la misma educación y ganábamos más o menos lo mismo. ¿Por qué su vida no cambió tanto 
cuando nacieron sus hijas? 

Cuando me di cuenta de cómo la vida familiar afecta al bienestar de la mujer, tuve que retroce- 
der y revaluar todo lo que siempre había creído sobre el éxito, la medicina y yo misma. Hasta el naci- 
miento de mi segunda hija, jamás me había considerado feminista. Siempre había podido realizar lo que 
fuera que me propusiera. No sabía qué querían decir «esas» mujeres cuando hablaban de las injusticias 
de la sociedad contra nuestro sexo. No sabía que a las mujeres y a los hombres se los trata de diferente 
manera, porque no había experimentado (o más bien, no había notado) personalmente esas diferencias. 

Pero mi vida se desmoronó cuando me convertí en médica y madre en una sociedad que da a en- 
tender que una mujer tiene que elegir entre esos dos papeles si quiere hacer bien al menos uno de ellos. 
Nada me había preparado para eso. La supermujer estaba agonizando. 

Las percepciones activadas por el absceso de mama influyeron no sólo en mis creencias sobre mi 
salud, sino también en las que tenía sobre mi trabajo como médica. Comencé a revaluar mis creencias y 
mi comprensión de la enfermedad. Comencé a comprender que el síndrome premenstrual, el dolor pel- 
viano, los miofibromas, la vaginitis crónica y otros problemas que tenían mis pacientes suelen estar reía- 



cionados con el contexto de su vida. Enterarme de su dieta, su situación laboral y sus relaciones solía 
proporcionarme pistas sobre el origen de esos malestares corporales. Valoré los patrones de vida que se 
ocultan detrás de esas dolencias de una manera que jamás había considerado antes. 

Con los años, a medida que me he ido volviendo más sensible a esos patrones de salud y enfer- 
medad, en mí y en mis pacientes, he llegado a Comprender que si no nos comprometemos a mirar todos 
los aspectos de nuestra vida, el hecho de mejorar nuestros hábitos y nuestra dieta no es suficiente para 
producir una curación permanente de enfermedades que padecemos desde hace mucho tiempo. Durante 
casi dos décadas he trabajado con muchas mujeres cuyas enfermedades no se pueden atribuir simple- 
mente a lo que comen y no se pueden curar únicamente mediante medicamentos o cirugía. Seguir una 
dieta macrobiótica o correr cinco kilómetros diarios no va a hacer sentirse mejor a una mujer si aún vive 
con Un alcohólico o un adicto al trabajo, o si sufrió la experiencia del incesto y no se ha permitido sentir 
las emociones que suelen estar asociadas con ella. No obstante, hacer cambios en la dieta y buscar alter- 
nativas a los medicamentos y la cirugía sí pueden ser los primeros pasos que abren a la mujer a nuevas 
maneras de considerar su salud. Con una nueva perspectiva sobre su cuerpo y sobre ella misma, con 
frecuencia comienza a sanar mental, emocional y espiritualmente, y también físicamente. A lo largo de 
todo este libro encontrarás historias de casos de sanación y despertar espiritual. 

Las enfermedades de estas mujeres y mi absceso de mama podemos considerarlos llamadas a 
despertar. Si bien estas experiencias fueron dolorosas para las mujeres que las vivimos, nos trajeron de 
vuelta a nuestro cuerpo y nos reconectaron con la conciencia de lo que es importante en la vida. A mí, mi 
enfermedad me enseñó que mi salud es un proceso de equilibrio y que, al haber desatendido a mi cuerpo 
y mi yo superior durante muchos años, tendría que mirar dentro en busca de las respuestas a las pregun- 
tas planteadas por mis problemas de salud y los de otras mujeres. Dado que los problemas de toda mujer 
se producen en parte debido a la naturaleza del hecho de ser mujer en esta cultura, que nos programa 
para poner en primer lugar las necesidades de los demás, necesitamos hacer cambios radicales en nues- 
tra mente y nuestra vida para sanarnos y mantener nuestra buena salud. 

De las mujeres para las mujeres 

Debido a todas estas revelaciones, en 1985 dejé mi puesto en el equipo con el que trabajaba, resuelta a 
crear un servicio en el cual pudiera incorporar al tratamiento de mis pacientes no sólo la atención médi- 
ca, lino también lo que sabía de nutrición, estilo de vida y la experiencia de ser mujer en esta cultura. 
Otras tres mujeres y yo decidimos abrir un centro médico para mujeres que valoraría lo que significa ser 
mujer. Sabíamos que tenía que haber alternativas al modo vigente de crear salud y tratar los problemas 
de salud femeninos. Queríamos hacer algo más que limitarnos a tratar los síntomas: deseábamos ayudar 
a las mujeres a cambiar las condiciones básicas de su vida que habían conducido a sus problemas de 
salud. No considerábamos suficiente el hecho de «privatizar» y aislar la situación de cada mujer. Deseá- 
bamos enseñar a las mujeres que sus heridas físicas, psíquicas y espirituales forman parte de una herida 
cultural mayor que nos afecta potencialmente a todas. 

Así pues, las cuatro (dos enfermeras y dos tocólogas/ ginecólogas) fundamos Women to Women 
en diciembre de 1985, en una pequeña ciudad de Maine. No existía ningún modelo para lo que nos pro- 
poníamos hacer. Deseábamos ejercer la medicina dentro del contexto de la asistencia médica vigente, 
que tiene muchísimo que ofrecer. Yo había visto a muchas mujeres dedicarse obstinadamente a tratar de 
sanar de una enfermedad evitando la cirugía, que les habría sido muy útil para que su cuerpo se recupe- 
rase y para mantener la salud. (Cuando una mujer se concentra demasiado en sanar una enfermedad, 
suele hacerlo para evitar afrontar los problemas que condujeron a esa enfermedad. De ahí que el propio 
proceso de curación se convierta en adictivo.) Pero también deseábamos reeducar a nuestras pacientes 
en lo referente a los comportamientos favorecedores de la salud. Todas habíamos experimentado de 
primera mano el poder de los pensamientos y los síntomas corporales para conducirnos a la sanación y a 
una comprensión más profunda de nuestro cuerpo y de nosotras mismas. Deseábamos ayudar a nues- 
tras pacientes a experimentar eso mismo. En esencia, eso es lo que trato de hacer en este libro. 

Women to Women ha sido un acto de fe desde el comienzo. En todos estos años de trabajo, he- 
mos aprendido que no es pequeña la tarea de cambiar nuestro enfoque, dejando de centrarnos en «lo que 
puede ir mal» para concentrarnos en «lo que puede ir bien», y tampoco es nada fácil ayudar a las muje- 



res a pasar de los comportamientos destructivos a aquellos que generalmente se asocian a la salud. Con 
los años hemos tenido que reconocer lo arraigados que están nuestros habituales temores y hábitos que 
destruyen la salud. Nuestra frustración por los hábitos autodestructivos de nuestras pacientes ha dismi- 
nuido cuando hemos llegado a comprender que todas compartimos esos mismos hábitos. Las cuatro 
descubrimos que temamos que hacer ese trabajo en nosotras mismas, en nuestros comportamientos y 
modos de comunicarnos, para convertirnos en mejores sanadoras y practicantes de la medicina y mante- 
nernos abiertas al constante proceso de aprendizaje que exige el ejercicio de nuestra profesión. Trabaja- 
mos por romper las barreras jerárquicas entre nosotras y nuestras pacientes, de modo que estas partici- 
paran en su sanación de un modo consciente, por ejemplo elaborando la mejor dieta o eligiendo una 
combinación de tratamientos holistas. No queríamos jugar a la diosa doctora o la diosa enfermera con 
ellas. En 1986 conseguimos la colaboración de una experta psicoterapeuta que nos ayudó a ser sinceras 
entre nosotras, en lugar de ocultar nuestros verdaderos sentimientos tras el velo de la «simpatía» (que es 
lo que se nos ha enseñado a la mayoría) cuando discutíamos y decidíamos nuestras tareas, turnos, guar- 
dias, vacaciones, días libres y otros asuntos importantes de nuestro trabajo y de nuestras relaciones. 

Creación de salud 

Durante los cinco primeros años de Women to Women, comprendimos que nuestras intuiciones iniciales 
habían sido correctas. El estado de salud de una mujer está efectivamente ligado a la cultura en la que 
vive y a la posición que tiene en ella, así como al modo personal en que lleva su vida. Nuestra formación 
médica formal no había reconocido lo que ahora nos parece evidente. 

Pero reconocer que el contexto cultural de la vida de una mujer influye en su salud es sólo el 
primer paso en la creación de un nuevo modelo de bienestar femenino. El siguiente paso fue comprome- 
ternos a mejorar la salud de las mujeres cambiando activamente las circunstancias de nuestras respecti- 
vas vidas y las suyas. 

En 1991 creamos un lema para Women to Women: «Nos comprometemos a vivir, crear y disfru- 
tar de salud, equilibrio y libertad en todos los aspectos, personal y profesionalmente, al mismo tiempo 
que ofrecemos servicios educativos y médicos que ayuden a nuestras pacientes a utilizar su propio po- 
der para crear eso mismo en su vida». Me anima el solo hecho de leerlo. Es una visión que no exige per- 
fección. Requiere que hagamos lo mejor posible, recordando que nadie nos puede arreglar la vida. Sólo 
nosotras mismas podemos hacerlo, y es necesario que nos lo propongamos conscientemente. No quiero 
decir que sea fácil. Cada una de nosotras necesita apoyo y orientación. Women to Women ha sido una 
fuente de apoyo y orientación para miles de mujeres, un lugar donde contamos nuestras historias, pla- 
neamos creativamente nuestro futuro, sanamos nuestras heridas y avanzamos hacia la creación de salud 
y alegría en nuestra vida. 

Es mi objetivo que este libro sea también una fuente de apoyo y orientación, ya que presenta ca- 
sos de sanación de una serie de pacientes, colegas, familiares y amigas mías. Estas mujeres encontraron 
su voz y comenzaron a sanar y crear salud en su vida día a día. Juntas, todas nosotras formamos parte de 
la conciencia femenina más grande, dando voz a nuestra auténtica identidad y nuestras verdaderas ne- 
cesidades, recuperando la feminidad y siendo mujeres a nuestra manera. 

Estas historias de casos están relatadas con las palabras e imágenes usadas por las mujeres que 
las han vivido y que a menudo han creado ritos personales que, sin embargo, tienen un valor colectivo. 
La mayoría de las mujeres que aparecen en este libro son retratos compuestos. Aunque las historias son 
de personas reales, se han cambiado sus nombres y otros detalles que podrían identificarlas. Espero que 
al leer estas historias te sientas estimulada a pensar en la historia de tu vida, no sólo de tu historial médi- 
co, y a reflexionar sobre ella de un modo nuevo. Espero también que te sientas movida a escribir tu vida 
y tu historial médico, para ver qué costumbres o hábitos surgen y qué vínculo hay entre ambos. Exami- 
nando tu vida, «identificándola» y después «recuperándola», también tú podrás sanar. 

Con estas historias de casos vas a aprender también a escuchar a tu cuerpo y a confiar en su sa- 
biduría, para aumentar tu bienestar físico y espiritual. En lo referente al aspecto médico, este libro habla 
de temas de la salud femenina y del cuidado de nuestros sistemas y órganos femeninos. Estudio las en- 
fermedades, las molestias y el mal funcionamiento de todos los sistemas femeninos y ofrezco consejos 
sobre cómo sanarlos. Pero más allá de este enfoque y consejo médico explícito, la orientación más impor- 



tante que espero presentar, con la ayuda de mis asesoras y colegas y los ejemplos de mis pacientes, in- 
cluye información dirigida al «interior» de la mujer. Deseo despertar esa vocecita silenciosa y sabia que 
hay en todas nosotras, esa voz de nuestro cuerpo que nos hemos visto obligadas a desatender debido a 
la enfermedad, la mala información y la disfunción de nuestra cultura. Y deseo darte el valor de escuchar 
esa voz y actuar conforme a ella. 

He llegado a comprender que todas estamos juntas en esto, y que mujeres de todas partes están 
dando a luz una nueva visión de la salud, el bienestar y la identidad de la mujer. Es esencial para esta 
visión que confiemos en lo que en el fondo sabemos: que nuestro cuerpo es nuestro aliado, y que siem- 
pre nos va a señalar la dirección que necesitamos seguir. 

Que este libro sea una fuente de orientación, información y apoyo en nuestro viaje de sanación. 



Primera parte 



Del control externo 
a la guía interior 



1 



El mito patriarcal 
y el sistema adictivo 

Igual que un volcán a punto de entrar en erupción, la sociedad que erige el orden social sobre la ne- 
gación institucionalizada del alma va sufriendo estruendos cada vez más violentos, hasta que parece 
que la civilización se va a reventar por las costuras. 

Denise Bretón y Christopher Largent 
The Paradigm Conspiracy 

La conciencia crea el cuerpo. Nuestro cuerpo está hecho de sistemas energéticos dinámicos influidos por 
la dieta, las relaciones, la herencia y la cultura, y la interacción entre todos estos factores y actividades. 
No estamos ni siquiera próximos a entender cómo interaccionan entre sí nuestros sistemas corporales y 
mucho menos cómo interaccionan con los de otras personas. Sin embargo, a lo largo de veinte años de 
ejercicio de la medicina, se me ha hecho evidente que no puede producirse curación para las mujeres 
mientras no hagamos un análisis crítico y cambiemos algunas de las creencias y suposiciones culturales 
que inconscientemente todas heredamos e interiorizamos. No podemos esperar recuperar nuestra sabi- 
duría corporal y nuestra capacidad innata para crear salud sin comprender primero la influencia de 
nuestra sociedad en lo que pensamos de nuestro cuerpo y en nuestra manera de cuidarlo. 

Nuestra herencia cultural 

Durante los cinco últimos milenios, la civilización occidental ha descansado sobre la mitología del pa- 
triarcado, la autoridad de los hombres y los padres. Si, como dice Jamake Highwater, «todas las creen- 
cias y actividades humanas nacen de una mitología subyacente», entonces es fácil deducir que si nuestra 
cultura está totalmente «regida por el padre», nuestra visión del cuerpo femenino e incluso nuestro sis- 
tema médico también siguen leyes de orientación masculina.* 1 Sin embargo el patriarcado es sólo uno de 
los muchos sistemas de organización social posibles. 

Incluso así, no seremos capaces de crear otro tipo de organización social mientras no nos sane- 
mos dentro de la cultura en que estamos. He estado incontables veces en la sala de partos cuando nace 
una niña, y la mujer que la ha dado a luz mira a su marido y le dice: «Lo siento, cariño». ¡Le pide discul- 
pas porque el bebé no es un varón! Es terrible presenciar cómo se rechaza a sí misma la madre al pedir 
disculpas por el producto de sus nueve meses de gestación y el laborioso parto. Sin embargo, cuando 
nació mi segunda hija, me horroricé al oír surgir en mi cerebro esas mismas palabras de disculpa a mi 
marido, provenientes del inconsciente colectivo de la raza humana. No las dije en voz alta, pero apare- 
cieron en mi cabeza, con absoluta espontaneidad. Entonces comprendí qué antiguo es y qué arraigado 
está este rechazo de lo femenino tanto en los hombres como en las mujeres. 

Nuestra cultura da a las niñas el mensaje de que su cuerpo, su vida y su feminidad exigen pedir 
disculpas. ¿Has notado con qué frecuencia pedimos disculpas las mujeres? Hace poco iba yo por la calle 
cuando un hombre chocó con una mujer que iba caminando tranquilamente e hizo que se le cayera un 
paquete al suelo. Pues fue ella quien se deshizo en disculpas. En algún recóndito lugar de nuestro inte- 
rior llevamos una disculpa por el hecho mismo de existir. Arme Wilson Schaef escribe: «El pecado origi- 
nal de nacer mujer no se redime por las obras». 2 Por muchos títulos que obtengamos en la universidad, 
por muchos premios que recibamos, en cierto modo nunca damos la talla. Si hemos de pedir disculpas 
por nuestra existencia desde el día en que nacemos, podemos suponer que el sistema médico de nuestra 
sociedad nos va a negar la sabiduría de nuestro cuerpo de «segunda clase». En esencia, el patriarcado 



* 1 Las notas con número remiten a «Notas bibliográficas y aclaratorias», al final del libro. (N. del E.) 



proclama a voz en grito el mensaje de que el cuerpo femenino es inferior y debe ser dominado, controla- 
do. 

Nuestra cultura niega habitualmente lo insidiosos y omnipresentes que son los problemas rela- 
cionados con el sexo. En el ejercicio de mi trabajo, descubrí que el abuso sexual contra las mujeres es 
epidémico, ya sea sutil o descarado. Y he visto cómo ese abuso prepara el camino para la enfermedad en 
el cuerpo femenino. Consideremos los siguientes datos: un estudio realizado por la doctora Gloria 
Bachmann estima que un 38 por ciento de las mujeres adultas de Estados Unidos sufrieron abusos sexua- 
les en la infancia. Dado que es corriente no denunciar estos abusos, sólo entre un 20 y un 50 por ciento de 
estos incidentes llegan a conocimiento de las autoridades, de modo que el porcentaje podría ser mayor. 
Una de cada tres mujeres residentes en Estados Unidos tienen posibilidades de ser violadas alguna vez 
en su vida, y el 50 por ciento de las mujeres casadas son golpeadas al menos una vez en su vida conyu- 
gal. La investigación de la doctora Leah Dickstein ha documentado que el maltrato conyugal es la causa 
de uno de cada dos intentos de suicidio entre las mujeres negras, y uno de cada cuatro entre las blancas. 
Estudios realizados por Lori Hesse, del Instituto World Watch, señalan que, en todo el mundo, mueren 
cuatro veces más niñas que niños de desnutrición porque el alimento se da de preferencia a los niños. En 
China, se calcula que cada dos semanas 440.000 niñas son abandonadas o entregadas en adopción. Según 
el informe de las Naciones Unidas sobre la situación de la mujer, las mujeres hacen dos tercios del traba- 
jo del mundo por salarios equivalentes a un décimo de los salarios mundiales, y poseen menos de un 
centésimo de las propiedades del mundo. Un destacado estudio sobre la discriminación sexual en las 
escuelas, realizado por la Asociación de Mujeres Universitarias de Estados Unidos, confirmó un anterior 
informe que decía que, comparados con las chicas, los chicos tienen cinco veces más probabilidades de 
que los profesores les presten atención, y ocho veces más probabilidades de que se les haga participar en 
la clase. 3 

El patriarcado produce adicción 

La manera judeocristiana de ver el mundo que inspira la civilización occidental considera que el cuerpo 
y la sexualidad femeninos, representados en la persona de Eva, son los responsables de la caída de la 
humanidad. Durante miles de años las mujeres han sido golpeadas, maltratadas, violadas, quemadas en 
hogueras y culpadas de todo tipo de males simplemente por ser mujeres. En esta era de cambios rápidos, 
nos olvidamos de que las mujeres no obtuvimos el derecho al voto hasta 1920. 

En 1949, en su libro El segundo sexo, Simone de Beauvoir escribió: «El hombre goza de la gran ven- 
taja de tener a un dios que respalda las leyes que escribe. Y puesto que el hombre ejerce una autoridad 
soberana sobre las mujeres, es particularmente afortunado que esta autoridad se la haya otorgado el Ser Su- 
premo. Para los judíos, mahometanos y cristianos, entre otros, el hombre es el amo por derecho divino; el 
temor de Dios reprimirá por lo tanto cualquier impulso hacia la revuelta entre las pisoteadas mujeres». 4 La 
creencia de que los hombres están destinados a mandar sobre las mujeres está muy arraigada en muchas tra- 
diciones occidentales. 

La organización patriarcal de nuestra sociedad exige que las mujeres, sus ciudadanas de segunda cla- 
se, no hagan caso de sus esperanzas y sueños, o se aparten de ellos, por deferencia hacia los hombres y las 
exigencias de su familia. Esta obstrucción o negación de nuestras necesidades de autoexpresión y autorreali- 
zación nos causa un enorme sufrimiento emocional. Para no conectar con ese sufrimiento, corrientemente las 
mujeres hemos recurrido a substancias adictivas y hemos desarrollado comportamientos adictivos que han 
tenido por consecuencia un interminable ciclo de malos tratos que nosotras mismas hemos contribuido a per- 
petuar. Al ser maltratadas o maltratarnos a nosotras mismas, nos enfermamos. Cuando nos enfermamos, so- 
mos tratadas por un sistema médico patriarcal que denigra nuestro cuerpo. Muchas no recibimos una buena 
atención médica o ni siquiera la misma atención médica que reciben los hombres por las mismas enfermeda- 
des. Con mucha frecuencia empeoramos o contraemos problemas de salud crónicos, para los cuales el sistema 
médico no tiene respuestas ni tratamientos. Este es el ciclo que caracteriza nuestra atención médica actual. Y 
cada vez somos más las mujeres que descubrimos que esforzarnos por «triunfar como un hombre» también 
pone en peligro nuestro cuerpo. 

Arme Wilson Schaef escribe que «cualquier cosa se puede usar de modo adictivo, ya sea una substan- 
cia (como el alcohol) o un proceso (como el trabajo). Esto se debe a que la finalidad o función de una adicción 
es poner un amortiguador entre nosotras mismas y nuestra percepción de nuestros sentimientos. Una adic- 



ción nos sirve para insensibilizarnos, para desentendemos de lo que sabemos y de lo que sentimos». 5 Lo 
bueno es que cuando reconocemos y dejamos salir nuestro sufrimiento emocional, nos conectamos inmedia- 
tamente con nuestros sentimientos, los cuales pueden actuar de sistema orientador o guía interior. Está claro 
que necesitamos un nuevo tipo de actitud y sabiduría médicas que nos ayude a ponernos en contacto con 
nuestro dolor interior como primer paso hacia la sanación. 

Ver esa conexión entre la adicción y el patriarcado ha sido esencial en mi comprensión de los compor- 
tamientos que se ocultan tras los principales problemas de salud de las mujeres. Lamentablemente, la palabra 
«patriarcado» suele ir acompañada de acusaciones a los hombres, pero la acusación es uno de los comporta- 
mientos claves que mantienen a las personas atascadas en sistemas que las dañan. Ni las mujeres ni los hom- 
bres ni la sociedad en su conjunto pueden avanzar y sanar mientras un sexo culpe al otro. Tenemos que deci- 
dirnos a avanzar y dejar atrás las acusaciones. Tanto los hombres como las mujeres perpetuamos el sistema en 
que vivimos con nuestros comportamientos adictivos cotidianos. Dando el nombre de «sistema adictivo» al 
patriarcado, Schaef ha hecho un progreso importantísimo en nuestra comprensión de los problemas de la so- 
ciedad. 6 Demuestra que el modo como funciona nuestra sociedad es perjudicial tanto para los hombres como 
para las mujeres y que ambos sexos participamos plenamente en este sistema. Le estoy muy agradecida por 
sus penetrantes percepciones, las cuales comento a lo largo de todo este libro. Dar el nombre de «sistema adic- 
tivo» al patriarcado y ver los modos en que este sistema es perjudicial tanto para los hombres como para las 
mujeres no disminuye de ninguna manera la importancia del feminismo ni sus perspectivas. Caí en la cuenta 
de que esas perspectivas han hecho importantes aportaciones al pensamiento médico cuando, justo después 
de acabar mi periodo de prácticas como residente, encontré la siguiente entrada en el índice de la edición de 
1980 del venerable libro de texto Williams Obstetrics: «Machismo, cantidades variables de, pp. 1-1102», es de- 
cir, todo el libro. 7 ¿Qué corrector o encargado de realizar el índice insertó esa entrada en protesta anónima? 
Probablemente nunca lo sabremos. 

Me gusta la definición de feminismo que da Sonia Johnson, porque contiene una visión de sanación: 
«Feminismo es la expresión hablada de las antiquísimas cultura y filosofía marginales basadas en valores que 
el patriarcado ha etiquetado de "femeninos", pero que son necesarios para toda la humanidad. Entre los prin- 
cipios y valores del feminismo que más se diferencian de los del patriarcado están la igualdad universal, la 
solución no violenta de los problemas y la colaboración con la naturaleza, entre nosotros y con las demás es- 
pecies». 8 

Creencias fundamentales del sistema adictivo 

Te animo a hacer un intento por comprender de qué modo participas en la sociedad adictiva. Cuando tomes 
más conciencia de tu papel en este bucle de interacciones, mejorará tu salud como persona y nuestra salud 
como sociedad. Comprueba si te suenan ciertas las siguientes descripciones de nuestras actitudes culturales 
con respecto a la mujer y la salud, descripciones que podrían servirte para ser más consciente de tu cuerpo y 
de tus problemas de salud. 

Primera creencia: La enfermedad es el enemigo 

Los sistemas adictivos han sido correctamente definidos como sociedades que están preparándose para la 
guerra o recuperándose de ella. Estas sociedades elevan los valores de la destrucción y la violencia por encima 
de los valores del sustento y la paz. Sólo tenemos que mirar lo que gasta nuestra sociedad en armamentos y 
defensa para ver dónde están sus valores, dado que la cantidad de dinero que gasta una sociedad en algo es 
una medida del valor que tiene ese algo en esa sociedad. El dinero que se destina a armas por minuto podría 
alimentar a dos mil niños desnutridos durante un año, y el precio de un carro de combate militar podría pro- 
porcionar aulas para treinta mil alumnos. 9 

En consecuencia, el sistema médico establecido explica nuestro cuerpo no como un sistema diseñado 
homeostáticamente para tender a la salud, sino más bien como una zona en guerra. Abundan las metáforas 
militares en el lenguage médico occidental. La enfermedad o el tumor es «el enemigo» que hay que eliminar a 
toda costa. Rara vez, o nunca, se la considera un mensajero que intenta llamar nuestra atención. Incluso el 
sistema inmunitario, cuya función es mantenernos en equilibrio, se explica [en inglés] con terminología mili- 
tar, con sus linfocitos T «destructores» [en inglés, killer, que matan]. No hace mucho en nuestro centro, en una 
discusión en grupo sobre un tumor, uno de los radiólogos dijo: «Las municiones que hemos disparado sobre 
esa zona [la pelvis en este caso] no han logrado limpiarla de la enfermedad». 



Creo que la predilección médica moderna por los medicamentos y la cirugía para tratar la enferme- 
dad forma parte del enfoque agresivo patriarcal, o adictivo, de la enfermedad. Aquello que es natural y no 
tóxico se considera inferior a la «artillería pesada» de los fármacos, la quimioterapia y la radioterapia. Se hace 
caso omiso de los métodos de tratamiento naturales no farmacológicos que producen beneficios bien estudia- 
dos y documentados, como el toque terapéutico, por ejemplo. 10 Se denigran los tratamientos que ofrecen cui- 
dados complementarios; tampoco se presta atención a los estudios que demuestran su valor. Un ejemplo clá- 
sico de estudio descartado, y hay muchos, es uno sobre los efectos de la oración. Este estudio se realizó ver- 
daderamente con el método de doble ciego: ni los médicos, ni las enfermeras ni los enfermos sabían por quié- 
nes se estaba orando. Pero el resultado fue que los enfermos de una unidad coronaria de cuidados intensivos 
por quienes estaba orando un grupo de personas que no sabían por quiénes oraban, quedaron con menos 
probabilidades de sufrir un infarto, de necesitar resucitación cardiopulmonar o respiración artificial (intuba- 
ción endotraqueal), de sufrir de infección o neumonía y de necesitar medicamentos diuréticos que los en- 
fermos de la unidad por quienes no se oró. 11 

Si un medicamento demuestra tener un efecto tan increíble, se consideraría no ético no usarlo. Dados 
los beneficios y la total ausencia de efectos secundarios de la oración, a un verdadero científico le fascinarían 
esos resultados y desearía estudiar aún más sus efectos. Sin embargo, cuando el doctor Bernie Siegel puso este 
artículo en el tablero de anuncios de la sala de médicos de su hospital, a las pocas horas ya un colega había 
escrito en la primera página: «CHORRADAS». 

El sistema adictivo subordina el cuerpo al cerebro y a los dictados de la razón. Con frecuencia nos en- 
seña a no hacer caso del cansancio, del hambre, de la incomodidad o de nuestra necesidad de cuidados y cari- 
ño. Nos condiciona a considerar el cuerpo un adversario, sobre todo cuando nos da mensajes que no quere- 
mos oír. Nuestra cultura suele tratar de matar al cuerpo como mensajero junto con el mensaje que trae. Sin 
embargo, el cuerpo es el mejor sistema sanitario que poseemos, si sabemos escucharlo. 

Segunda creencia: La ciencia médica es omnipotente 

Se nos ha enseñado que nuestro sistema de cuidado de la enfermedad nos ha de conservar sanos. Estamos 
condicionados socialmente a acudir a los médicos cuando estamos preocupados por nuestro cuerpo y nuestra 
salud. Se nos ha inculcado el mito de los dioses médicos, que los médicos saben más que nosotros sobre nues- 
tro cuerpo, que el experto tiene la cura. No es de extrañar que cuando les pido a las mujeres que me digan lo 
que les pasa a su cuerpo me respondan: «Eso dígamelo usted, que es la médica». Para algunas mujeres los 
médicos son figuras de autoridad, junto con su marido y los sacerdotes. Ahora bien, cada mujer sabe más de 
sí misma que cualquier otra persona. 

La ambivalencia de la mujer hacia su cuerpo y su propio juicio la perjudica psíquicamente. No hace 
mucho me decía una mujer: «No confío en los médicos; no me gusta la medicina. Sin embargo, me obsesionan 
y estoy siempre examinándome a ver qué me funciona mal. Voy a muchos médicos en busca de respuestas, y 
después me enfado cuando lo único que me ofrecen son fármacos y cirugía». Otras mujeres rechazan las al- 
ternativas cuando se las ofrecen, porque están convencidas de que sólo los fármacos o la cirugía las podrán 
ayudar. Sea como fuere, la mayoría de las mujeres están entrenadas para buscar las respuestas fuera de ellas, 
porque vivimos en una sociedad en la cual los supuestos expertos desafían y subordinan nuestro juicio, una 
sociedad en la cual no se respeta, no se alienta e incluso no se reconoce nuestra capacidad para sanar o estar 
sanas sin una ayuda externa constante. 

En mi calidad de médica, se me formó para ser paternalista, la experta sabelotodo externa. La gente, a 
su vez, está condicionada a creer que los médicos son los modelos de comportamiento sano. Mis pacientes 
siempre temen, por ejemplo, que yo las voy a reprender porque han pasado un año sin hacerse una citología, 
algo que yo también he hecho de vez en cuando. Según informes de la Universidad de California, el 50 por 
ciento de los médicos no tienen médico de cabecera, algo que todos los médicos recomiendan a sus pacientes. 
El 20 por ciento de los médicos no hacen ningún tipo de ejercicio, sólo el 7 por ciento creen que beben «de- 
masiado» alcohol, y el 50 por ciento de las médicas ni siquiera se hacen el autoexamen mensual de las ma- 
mas. 12 Sin embargo, la gente entrega regularmente el control de su salud a esos modelos de vida no sana. 

La propia medicina tiene un enfoque muy patológico. Los científicos rara vez estudian a las personas 
sanas, y cuando personas que sufren alguna enfermedad crónica o mortal se recuperan completamente, desa- 
fiando los pronósticos médicos estadísticos, los profesionales de la salud suelen creer que sus diagnósticos 
debieron de estar equivocados, en lugar de investigar por qué esas personas se han recuperado tan bien. 13 En 
la Facultad de Medicina yo practicaba con personas enfermas o muertas. Se me formó en lo que podía ir mal. 
Se me enseñó a prever todo lo que podría ir mal y a estar preparada para ello. En mi especialidad de obstetri- 



cia y ginecología, se me enseñó que el proceso normal del parto es un «diagnóstico retrospectivo», y que por 
cualquier motivo al azar, puede convertirse en un desastre, en cualquier momento y sin aviso. Cuando los 
médicos no ponemos en tela de juicio estas enseñanzas, el miedo y la tensión que llevamos a la sala de partos 
aumenta la ansiedad de la parturienta, lo cual produce cambios hormonales en su cuerpo que, si no se in- 
terrumpen, propician un torrente de hechos fisiológicos que conducen a un elevado índice de partos disfun- 
cionales y con cesárea. 

Nuestra cultura y su sistema médico adictivo creen que la tecnología y los exámenes nos van a salvar, 
que es posible controlar y cuantificar todas las variables, y que si tenemos más datos de más estudios podre- 
mos mejorar nuestra salud, curar las enfermedades y vivir eternamente felices. Para los estadounidenses y sus 
médicos, hacer más equivale a mejorar el servicio médico. También creemos que podemos «comprar» una res- 
puesta con el suficiente dinero. Tampoco en este caso confiamos en nuestra guía interior ni en nuestra capaci- 
dad de sanar. 

Los médicos piden muchos análisis y exámenes porque temen no estar seguros. Se les enseña a com- 
portarse como si fuera intolerable no estar seguros. Cuanta más información tienen, más confiados se sienten 
de la validez de sus diagnósticos, aun cuando su confianza en la información no esté justificada. Los pacien- 
tes, por su parte, se sienten igual de incómodos con la incertidumbre de sus médicos. Desean saber las cosas 
de un modo absoluto. Por ejemplo, cuando mis pacientes me preguntan acerca del herpes genital, quieren 
saber: «¿Cómo lo cogí?», «¿Cómo sé si no se lo voy a contagiar a alguien?». Es absolutamente imposible con- 
testar a estas preguntas con una certeza absoluta. 

Tercera creencia: El cuerpo femenino es anormal 

Dado que ser hombre se considera la norma en el sistema adictivo, la mayoría de las mujeres interiorizan la 
idea de que hay algo que está fundamentalmente «mal» en su cuerpo. Se las induce a creer que deben con- 
trolar muchos aspectos de su cuerpo y que sus olores y formas naturales son inaceptables. La sociedad ha 
condicionado a las mujeres a pensar que su cuerpo es esencialmente sucio, que requiere una constante vigi- 
lancia de su limpieza y su «frescura», para no «ofender». Por naturaleza, las mujeres tenemos más grasa cor- 
poral que los hombres. Además, dada la mejor alimentación en las últimas décadas, en la actualidad somos 
también más voluminosas que nuestras madres y abuelas. Sin embargo, las modelos de alta costura, que re- 
presentan nuestro ideal cultural, pesan un 17 por ciento menos que la mujer estadounidense normal. No es de 
extrañar entonces que la anorexia nerviosa y la bulimia sean diez veces más corrientes entre las mujeres que 
entre los hombres y que vayan en aumento. 14 

Esta denigración del cuerpo femenino ha sido la causa de que muchas mujeres tengan miedo de su 
cuerpo y sus procesos naturales o sientan repugnancia por ellos. Muchas, por ejemplo, jamás se tocan los pe- 
chos ni quieren saber lo que sienten en ellos, porque tienen miedo de Jo que podrían descubrir. Es posible que 
se sientan culpables si los tocan, equiparando eso con la masturbación, ya que los pechos son eróticos para los 
hombres, lo cual es otra señal de cuán completamente hemos cedido nuestro cuerpo a los hombres. 

Tanto entre los profesionales de la salud como entre las propias mujeres se ha convertido en norma 
habitual considerar enfermedades que precisan tratamiento médico incluso funciones corporales tan naturales 
como la menstruación, la menopausia y el parto. Da la impresión de que la actitud de que nuestro cuerpo es 
un accidente a la espera de ocurrir se interioriza a una edad muy temprana, y esto dispone el escenario para la 
relación futura de la mujer con su cuerpo. Dado lo que se nos enseña, no es extraño que la mayoría nos sinta- 
mos mal preparadas para relacionarnos con —y confiar en— nosotras mismas. Nos han «medicalizado» el 
cuerpo desde antes de que naciéramos. 

Nuestra cultura teme todos los procesos naturales: nacer, morir, sanar, vivir. Diariamente se nos en- 
seña a tener miedo. Cuando mi hija mayor tenía siete años, estaba un día en el jardín con su padre podando 
unos arbustos. De pronto comenzó a llorar y entró corriendo en casa con el dedo ensangrentado. Se había 
hecho un corte con el filo de una hoja del arbusto. Cuando yo tranquilamente le puse el dedo bajo un chorro 
de agua fría y vi que la heridita era muy pequeña, ella me miró y me dijo lo que yo considero un principio de 
sanación importantísimo: «Sólo cuando me asusté comenzó a dolerme». 

Dado que nuestra cultura venera la ciencia y cree que es «objetiva», pensamos que todo lo que lleva la 
etiqueta de «científico» tiene que ser cierto. Creemos que la ciencia nos va a salvar. Pero la ciencia, tal como se 
practica en la actualidad, es un edificio construido con todos los prejuicios del sistema adictivo en general. En 
realidad no existe el «dato totalmente objetivo»; el sesgo cultural determina qué estudios merecen continuarse 
y cuáles se han de dejan de lado. Nadie es inmune a esta conducta; todos tenemos nuestras vacas sagradas. 



Una vez, en un congreso médico, uno de los ponentes dijo: «La mente humana es un órgano diseñado espe- 
cialmente para crear anticuerpos contra las nuevas ideas». 

Muchos de los procedimientos que se realizan rutinariamente en el cuerpo femenino en particular no 
se basan en absoluto en datos científicos, sino que tienen su raíz en los prejuicios contra la sabiduría y el po- 
der curativo innatos del cuerpo. Muchos de estos procedimientos tienen su origen en opiniones emocionales 
sobre las mujeres, provenientes de generaciones anteriores. Ejemplo de esto son las episiotomías que se prac- 
tican rutinariamente en el parto (el corte del tejido situado entre la vagina y el recto, que supuestamente da 
más espacio para la cabeza del bebé). Estudios recientes han demostrado que la episiotomía aumenta la he- 
morragia, el dolor y el riesgo de lesiones perdurables en el suelo pelviano, algo que las comadronas llevan 
años diciendo. La episiotomía se ha practicado y continúa practicándose en el parto simplemente porque los 
tocólogos que lo hacen están seguros de que «protege» de lesiones el suelo pelviano. Sólo hace muy poco que 
se ha comenzado a poner en duda la conveniencia de este procedimiento, cuando los estudios han demostrado 
que no es útil y que incluso puede ser dañino. 15 

Recuperar nuestra autoridad 

La verdadera ciencia se basa en la observación, la experimentación y la continua adaptación de los procesos 
de pensamiento y creencias de acuerdo con los descubrimientos empíricos, y lo mismo puede decirse de la 
confianza en nuestra guía interior. He acabado por descubrir que me da mucha seguridad comprender que 
ningún estudio científico puede explicar exactamente por qué ni cómo mi cuerpo en particular actúa del mo- 
do como lo hace. Al final sólo es digna de confianza nuestra conexión con nuestra guía interior y nuestras 
emociones. Esto se debe a que cada uno de nosotros contenemos una multitud de procesos que jamás han 
existido antes y que no volverán a repetirse. La ciencia debe reconocer sinceramente lo mucho que no sabe y 
dejar espacio para el misterio, los milagros y la sabiduría de la naturaleza. 

Mi padre solía decir: «Los sentimientos son realidades. Préstales atención». Sin embargo, durante mi 
formación científica me di cuenta con mucha rapidez de que los sentimientos, la intuición, la espiritualidad y 
todas las experiencias de la vida que no se pueden explicar con la parte lógica y racional de nuestra mente ni 
se pueden medir con nuestros cinco sentidos, se desatienden o se descartan. El sistema adictivo tiene miedo 
de las reacciones emocionales, y valora muchísimo el dominio de las emociones, porque está desconectado de 
ellas. El cuerpo femenino, desde hace milenios asociado a los ciclos y sujeto al flujo y reflujo de los ritmos 
naturales, se considera particularmente emocional y necesitado de control. Toda nuestra sociedad funciona de 
maneras que nos mantienen desconectadas de lo que sabemos y sentimos. 

En un sistema adictivo, las personas en general y las mujeres en particular nos ponemos a la defensiva 
y somos propensas a la negación. En mi consulta, por ejemplo, cuando el análisis de sangre de una mujer em- 
barazada revela un elevado nivel de azúcar, casi invariablemente ella defiende sus hábitos alimentarios. Por 
lo general niega haber comido dulces o cosas no nutritivas, porque le da vergüenza que la hayan «sorprendi- 
do» comiendo dulces a escondidas. Se pone en actitud defensiva y piensa que su cuerpo la ha traicionado al 
revelar un exceso de azúcar en la sangre. Con el fin de poder educarla respecto a la buena alimentación para 
ella y su bebé y el modo de reemplazar la comida basura por alimentos saludables, primero tengo que vencer 
su actitud defensiva, lo cual consume un tiempo y una energía que estarían mejor empleados en hablar de su 
salud general. 

Continuar inconscientes de los hábitos que nuestra cultura nos ha hecho adquirir tiene graves efectos 
emocionales y físicos en nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Estos hábitos nos impiden conectar con nuestra 
guía interior y nuestras emociones, y esta desconexión a su vez nos mantiene en un estado de sufrimiento que 
va aumentando cuanto más tiempo la negamos. Se requiere mucha energía para seguir desconectada de ese 
sufrimiento, y muchas veces recurrimos a hábitos culturales, a substancias adictivas, por ejemplo, para evitar 
enfrentarnos a esa infelicidad y ese dolor. 

Casi todo el mundo entiende que el abuso del alcohol y otras drogas lleva a la destrucción física. El 50 
por ciento de los casos que atiende mi marido (cirujano ortopédico) en la sala de urgencias están relacionados 
con el abuso del alcohol. Uno de los cirujanos de nuestro equipo dice: «¡Si no fuera por el tabaco y el alcohol, 
yo no tendría trabajo!». Lo que muchas personas no entienden, sin embargo, son los igualmente nocivos efec- 
tos de los hábitos compulsivos, como trabajar demasiado y comer en exceso, a los que se recurre para evitar o 
negar los propios sentimientos. 

Las adicciones sexuales y de relación tienen implicaciones ginecológicas y conducen a las epidemias 
de enfermedades de transmisión sexual, como las verrugas venéreas, el herpes genital y el cáncer de cuello 
uterino. Una de mis pacientes estaba casada con un alcohólico en recuperación y sufría de vaginitis crónica, a 



la que yo no lograba encontrar la causa. Finalmente un día comprendió lo que pasaba: «Mi marido lleva años 
medicándose conmigo, diariamente, en la relación sexual. He comprendido que mi cuerpo es su botella; ha 
estado usando mi cuerpo y el acto sexual igual que antes usaba el alcohol, y yo pensaba que era mi deber de 
esposa obedecer». 

Mis experiencias en el ejercicio de mi profesión me han llevado a creer que la promoción de la salud y 
la educación no van a hacer nada por disminuir los gastos en asistencia sanitaria a menos que, como sociedad, 
reconozcamos la enormidad de nuestros hábitos adictivos y el sufrimiento personal que se esconde tras ellos. 
Sólo entonces podremos comenzar a participar en nuestra recuperación y a crear salud. Todas las mujeres 
obesas que conozco tienen muy claro lo que «deben» comer. No necesitan más información sobre nutrición. 
Antes que nada, necesitan «sentir» el dolor crónico que ese exceso de comida les alivia. Esto sólo podrá ocu- 
rrir cuando se responsabilicen de su salud y dejen que su guía interior se imponga, cuando aprendan, en 
esencia, a confiar en la sabiduría de su cuerpo. 

El poder de dar nombre a las cosas 

Un primer paso hacia un cambio positivo en la vida o en la salud es dar un nombre a la experiencia actual y 
permitirse sentirla en su totalidad, emocional, espiritual y físicamente. En los años ochenta fue importan- 
tísimo para mí darle nombre a mi adicción relacional. Antes de hacer eso y de comenzar a tomar contacto con 
mi guía interior, miraba a los demás para que me afirmaran y me dijeran que estaba bien. Seguía el ejemplo 
de los demás para actuar, sentir y pensar, y siempre me veía a mí misma en relación a otras personas. Creía 
que si decía que no a alguien que me necesitaba, no sería valorada ni querida. 

Llegué a comprender que mi tendencia a rescatar a las personas necesitadas, a ser condescendiente 
con los demás y a decir que sí a todo el mundo provenía de mi esfuerzo por ejercer una forma de dominio: 
creía que si hacía todo eso me ganaría su amor. Esto no era bueno ni para mí ni para ellos, ya que ponerme en 
la posición de salvadora de alguien, en sustitución de su propio poder superior y su guía interior, hacía que 
esta persona continuara desconectada de sus propias fuerzas. En realidad, mi comportamiento servía para 
crear víctimas que me necesitaban. Ahora sé que este comportamiento era una adicción relacional, y así lo 
llamo. Ahora, cuando alguien dice que me necesita, espero, analizo la situación y oigo qué me dice mi guía 
interior antes de decidir cómo responder. 

Una de las características más corrientes de la gente en nuestra sociedad adictiva es la dependencia. 
Schaef escribe: «La dependencia es un estado en el cual suponemos que alguien o algo exterior va a cuidar de 
nosotros porque no somos capaces de hacerlo nosotros mismos. La persona dependiente confía a otros la sa- 
tisfacción de sus necesidades emocionales, psíquicas, intelectuales y espirituales». 16 Durante siglos las mujeres 
han confiado a los hombres la satisfacción de sus necesidades económicas (no es que tuvieran mucha elección, 
ya que en todo ese tiempo han sido poseídas como una propiedad), mientras que los hombres han confiado a 
las mujeres la satisfacción de sus necesidades emocionales. Una de mis pacientes comentó acerca de su ante- 
rior matrimonio: «El pacto era que él ganaría el dinero y yo me encargaría de las emociones». Clarissa Pinkola 
Estes señala que uno de los motivos de que las mujeres hayan estado tan desconectadas de sus instintos crea- 
tivos es que se han pasado mucho tiempo socorriendo a los que han estado en la guerra, ya sea en el campo de 
batalla o en las empresas. 17 

El problema de esta manera de relacionarse con los demás es que impide la verdadera intimidad, que 
sólo se puede dar en una relación de compañerismo, no en una relación basada en una mutua dependencia. 
Mis padres una vez me advirtieron: «Si un hombre te dice "Te necesito", escapa a toda prisa». Es un buen 
consejo. 

Dar un nombre a las características adictivas de nuestra vida cotidiana nos ofrece una manera de salir 
del trance inducido culturalmente que afecta a todas las mujeres: la definición cultural de una mujer «buena», 
la que satisface las necesidades de todo el mundo menos las suyas. Cuando identifiques intelectualmente una 
experiencia, toma conciencia de cómo la sientes en el cuerpo. Permítete sentirla físicamente. Si no, ni tu com- 
portamiento ni tu salud van a cambiar. Una vez que con plena conciencia damos nombre a una experiencia y la in- 
teriorizamos, física y emocionalmente, ya no puede afectarnos inconscientemente. Entonces comenzamos a ver cómo 
hemos influido en nuestros problemas y los hemos perpetuado. Identificar algo que nos ha afectado de modo 
adverso forma parte de nuestra liberación de su continua influencia. Muchas veces la sanación no puede co- 
menzar mientras no nos permitimos sentir lo malas que son las cosas (o han sido en el pasado). Hacer esto 
libera energía emocional y física que ha estado acumulada, estancada, negada o inadvertida durante muchos 
años. Cuando podemos permitirnos sentir exactamente lo que sentimos, sin juzgarlo, comenzamos a liberar 



nuestra energía. Sólo entonces podemos avanzar hacia lo que deseamos. El cuadro 1 te servirá para identificar 
y dar nombre a tus características adictivas. 



CUADRO 1 

CARACTERÍSTICAS DEL SISTEMA ADICTIVO 



Ejemplos 



Característica Definición 



La acusación Creer que alguien o algo 

exterior a nosotras es la 
causa de lo que sea que 
nos suceda. 



«No puedo evitar ser 
así: mi madre era alco- 
hólica.» «Me casé con 
un hombre absoluta- 
mente incapaz de tener 
una relación íntima.» 



Estar desconectada de 
los propios sentimien- 
tos, necesidades u otra 
información. 



«Mis padres no eran al- 
cohólicos; sólo bebían 
mucho por motivos so- 
ciales.» «Hay una tenue 
línea entre beber dema- 
siado y ser alcohólica.» 
«No sé por qué he en- 
gordado diez kilos; ja- 
más como algo que no 
sea sano.» 



La confusión Falta de claridad respec- «Jamás nadie me cuenta 

to a una situación o a las nada.» «Nunca sé qué 
propias emociones. pasa aquí.» 



El olvido 



Quitarse algo de la 
mente, dejar de notarlo. 



Olvidar citas, las llaves 
del coche, las pertenen- 
cias personales, las nece- 
sidades corporales. 



El modelo de la escasez 







Creer que hay una can- 
tidad limitada de todo lo 
que es deseable: amor, 
dinero, hombres, felici- 
dad. 



«Si tengo éxito, otra per- 
sona tiene que sufrir.» 
«No está bien reconocer 
que se invierte tiempo o 
dinero en una misma.» 



El perfeccionismo 



Tener una necesidad ex- 
trema de orden externo 
para encubrir un caos 
interno. 



Implacable persecución 
de un cuerpo, una casa, 
una pareja o un trabajo 
perfectos. 



Característica 



Definición 



Ejemplos 



La ilusión de control o 
de objetividad 



Temer los propios senti- 
mientos y necesidades, 
y crearse la ilusión de 
autocontrol; separarse 
de las emociones y creer 
que es posible ser total- 
mente objetiva y fría. 



«Si lograra encontrar el 
medicamento adecuado, 
me libraría de estos ata- 
ques de pánico.» «Justo 
antes de la regla me con- 
vierto en otra persona. 
Soy como el Dr. Jekyll y 
Mr. Hyde; no soy yo.» 
«Hoy está muy elevado 
el nivel de ozono; qué- 
date en casa.» 



El negativismo 



La dependencia 



Ver la vida desde el pun- 
to de vista de la caren- 



«Siempre cojo todas las 
epidemias.» «Ahora que 
ya he cumplido los cua- 
renta, todo va a comen- 
zar a desmoronarse.» 
«No te puedes permitir 
eso, es demasiado caro.» 



Creer que alguien o algo 
exterior va a cuidar de 
nosotras porque no so- 
mos capaces de cuidar- 
nos solas. 



«No puedo dejar a mi 
marido. ¿Quién me va a 
mantener?» «No puedo 
vivir sin él.» 



La orientación hacia la 



crisis 



Aprovechar o crear una 
crisis externa como ma- 
nera socialmente acepta- 
ble de apartarse de los 
propios sentimientos. 



«No hay duda de que 
ansiamos el próximo 
trauma múltiple; nos 
pone en marcha.» (En- 
fermera de una sala de 
urgencias.) 



La actitud defensiva 



Ser incapaz de aceptar 
comentarios y de hacer 
modificaciones positi- 



vas. 



«¿Quién eres tú para 
decirme que mis proble- 
mas premenstruales tie- 
nen relación con mi fa- 
milia? Tuve una infancia 
perfecta.» 



Característica Definición Ejemplos 



La falta de sinceridad 


No decir la verdad. 


«¿Que necesito un des- 
canso? Me siento estu- 
pendamente.» «No fue 
tan terrible; puedo arre- 
glármelas.» 


El pensamiento dualista 

■ 

' 


Creer que sólo hay dos 
opciones: una es la co- 
rrecta o buena, la otra es 
la equivocada o mala. 


«Las vitaminas y las 
hierbas son buenas; los 
medicamentos y la ciru- 
gía son malos.» 



Fuentes: Anne Wilson Schaef, When Society Becomes an Addict, Harper & Row, Nueva 
York, 1987, pág. 72; Anne Wilson Schaef y Díane Fassel, The Addictive Orgamzation, 
Harper & Row, Nueva York, 1988. 



Una de mis pacientes tenía un herpes vulvovaginal crónico y doloroso que no respondía a la terapia 
vigente de medicamentos y tampoco a terapias alternativas, tales como cambios dietéticos. Después de tres 
años de intentar infructuosamente detener los recurrentes brotes, llegó a la siguiente conclusión: «Tal vez lo 
único que necesito es andar por ahí diciendo que me duele la vagina. Nunca pude decirle eso a mi madre 
cuando era niña». Desde el momento en que dijo en voz alta esa verdad, comenzó a sanar. Me contó que su 
padre había abusado sexualmente de ella durante años y que su madre nunca la creyó. Capa tras capa, co- 
menzó a descubrir sus heridas, a darles nombre y a sanar. Con mucha compasión por sí misma, reconoció el 
dolor de su pasado y progresó, dejando de criticarse a sí misma y de criticar a sus padres. Mientras lo hacía, 
fue disminuyendo poco a poco el dolor a la vez que empezaba a prosperar su vida creativa de escritora. Ac- 
tualmente ya no tiene brotes de herpes. 

Llamar «sistema adictivo» a nuestra sociedad y llamar «adicciones» a nuestros comportamientos den- 
tro de este sistema ha sido para mí una fuerza importante para crear salud en mi vida y ayudar a cada una de 
mis pacientes a crearla en la suya. 18 El sistema adictivo en general no podría continuar si hubiera suficientes 
personas que llegaran a comprender cómo actúa en su vida, le dieran nombre y cambiaran su comportamien- 
to conforme a ello. El sistema adictivo en su conjunto actúa con las mismas características de cada persona 
dentro del sistema. Así, el adicto refleja el sistema y el sistema refleja al adicto. 19 Yo observo características del 
sistema adictivo en mí, en mis pacientes, en mi lugar de trabajo y en mi profesión. Pero la medida en que una 
advierte estas características en sí misma, les da nombre y luego decide cambiar ese comportamiento es el 
grado en el cual está sana. A medida que hagamos individualmente este trabajo, la sociedad en su conjunto 
irá sanando. 

Si no me hubiera creado una vida en la cual mi familia, mis colegas y mis seres queridos comparten 
este punto de vista, olvidaría con regularidad mis necesidades personales y me quemaría debido a lo que yo 
llamo «adicción relacional», lo que la sociedad llama «ser buena persona» (o médica, madre, enfermera, espo- 
sa o hermana). Me he rodeado de colegas y amigas que están también comprometidas a vivir en armonía. 
Llevamos a cabo nuestro trabajo con la intención de que cada una se responsabilice de sus sentimientos y de 
su vida, dando y recibiendo apoyo cuando es necesario. Eso significa que mis colegas me llaman la atención 
en el momento en que mi comportamiento es autodestructivo, por ejemplo cuando no soy sincera al decir que 
haré un turno un día festivo (sólo por ser amable), siendo así que había hecho planes para salir fuera de la 
ciudad. 

En parte, crear salud es permitir que los demás pasen por sus propios procesos de aprendizaje. Nadie 
puede crearle salud a otra persona. He comprendido que no tengo las respuestas para todo el mundo, como 
tampoco las tiene nadie más. Sólo la propia persona puede acceder a su guía interior cuando está preparada. 
Después de años de pensar que tenía la responsabilidad de tener todas las respuestas para los demás a expen- 
sas de mí misma, ya no trato de convencer a nadie de nada. 

Muchas mujeres no tienen un trabajo o una familia que apoye su salud. Pero si un número suficiente 
de mujeres aprendemos a valorarnos, identificamos y damos nombre a nuestros comportamientos adictivos y 



nos comprometemos a vivir en plenitud y alegría, nuestras circunstancias y nuestro trabajo comenzarán a 
cambiar. Los pensamientos y la conciencia influyen profundamente en nuestra vida personal. 

Identificar y sanar el dolor emocional y sus consecuencias físicas Nuestros pensamientos y emociones 
tienen un efecto tan profundo en nosotros porque están físicamente ligados a nuestro cuerpo a través de los 
sistemas inmunitario, endocrino y nervioso central. Todas las emociones tienen efectos físicos, incluso aque- 
llas que se reprimen y no se expresan. Las emociones no expresadas tienden a «quedarse» en el cuerpo como 
pequeñas bombas de tiempo: son enfermedades en incubación. 

Una cultura que no apoya a las mujeres prepara el camino para los problemas de salud, porque el 
contexto de la vida de una mujer contribuye enormemente al estado de su salud. Millones de mujeres sufren 
de dolor pelviano crónico, vaginitis, quistes ováricos, verrugas genitales, endometriosis y displasia cervical 
(células anormales detectadas en una citología), todas enfermedades de órganos que son exclusivamente fe- 
meninos. Estas enfermedades son el lenguaje que utiliza nuestro cuerpo para hablarnos. Por medio de ellas, 
nuestro cuerpo nos dice que necesitamos sanar de una herida más profunda, con frecuencia inconsciente: la 
de que nunca valemos lo suficiente y que en cierto modo estamos sucias. 

Una ejecutiva de 41 años vino a verme porque tenía unos molestos sofocos. Estaba tomando una dosis 
de estrógenos que era cuatro veces la normal y no sentía ningún alivio. Además de estar relacionados con la 
reducción de los niveles de estrógeno, los sofocos son un problema neuroendocrino y aumentan con el estrés. 
Cuando se está estresada, la frecuencia y la intensidad de los sofocos aumenta, de modo objetivo y subjetivo. 
Hacía dos años que a mi paciente le habían practicado una histerectomía y extirpación de los ovarios a raíz de 
una grave endometriosis, y ya no veía alivio posible. Le llevó dos años contarme que cuando tenía seis el de- 
pendiente de una tienda de caramelos la acosó sexualmente en el sótano de la tienda. Cuando le sucedió eso, 
se sintió paralizada, incapaz de hablar. «Simplemente me paralicé. Me dijo que nunca se lo contara a nadie, 
porque si lo decía no me iban a querer. Me sentí terriblemente avergonzada». El día que me lo contó, todavía 
se sentía como si hubiera hecho algo malo y ella fuera mala. Después me contaría que ese día salió de la con- 
sulta segura de que al saber yo la verdad sobre ella jamás volvería a apreciarla. 

Mi paciente atribuye su historial médico a ese abuso sufrido en su infancia. El dolor fue empeorando 
y empeorando en su vida adulta hasta que le practicaron la histerectomía. En realidad, la histerectomía fue 
una bendición para ella, según me diría después, porque fue el comienzo de su viaje interior y de una sana- 
ción más profunda. El cuerpo suele intentar redirigir nuestra atención hacia el «escenario del crimen», para 
ayudarnos a sanarlo. 

Esta paciente, tratando de redimir «el pecado original de ser mujer» y el sufrimiento emocional resul- 
tante de él, realizaba dos trabajos desde que acabó sus estudios, se había sacado un máster en gestión de em- 
presas y tenía mucho éxito en su profesión. Se había entregado al trabajo, a la lucha por el éxito y a obtener 
más títulos como una manera de «demostrarse su valía» y evitar conectar con ese sufrimiento emocional de su 
infancia y la sensación de ser indigna y mala. Esa creencia nacía directamente del sistema adictivo y estaba 
reforzada por él. Aún no había sido capaz de derramar ni una sola lágrima por su experiencia, una liberación 
emocional que yo creo que la ayudará cuando esté preparada. 

Estoy de acuerdo con mi paciente en que las semillas de sus problemas físicos fueron plantadas por 
sus traumas emocionales. No quiero decir con esto que el abuso sexual sufrido en su infancia fuera la «causa» 
de la endometriosis ni del dolor pelviano crónico. Lo que quiero decir es que ese abuso, común a tantas de 
mis pacientes, estableció un patrón de molestias en su «cuerpomente». Y la única manera en que podía co- 
menzar a sanar era volver a esa experiencia, expiarla y exorcizarla para expulsarla de su vida. 

Solamente conectando con lo que sentimos en el cuerpo podemos valorar nuestra guía interior. Sin 
embargo, esperamos que nuestras escuelas nos digan lo que vale la pena aprender, que nuestros gobiernos se 
encarguen de nuestras comunidades y que nuestros médicos nos inmunicen contra los gérmenes de más re- 
ciente aparición. Se nos enseña que todo irá bien si nos atenemos a las reglas. Una de nuestras pacientes, que 
hace poco enfermó de cáncer vulvar, dijo: «No logro entender cómo sucedió esto. Cada año he venido para el 
examen médico, me he hecho las citologías normales, y de todas maneras contraigo cáncer». Como esta pa- 
ciente, solemos creer que los análisis nos van a impedir enfermar. 

Cuando mi hija menor comenzó su primer año de escuela, el primer día de clase le dijeron cuáles eran 
las horas aceptables para que los alumnos fueran al lavabo. Yo entré en la clase y le dije a su maestra que en 
mi consulta veo a mujeres adultas con estreñimiento y problemas urinarios que no pueden ir de vientre en los 
lavabos públicos debido a que «reglas» como ésa, impuestas en su casa y en la escuela, les dañaron su capaci- 
dad de saber cuándo su cuerpo necesita realizar una función normal, y que no quería que le ocurriera eso a mi 
hija. Puse especial cuidado en que mi hija oyera mi conversación con su maestra para que se sintiera apoyada 
y fuera al lavabo cuando necesitara ir. 



Sanar significa dejar atrás las heridas 

No podemos crearnos un mundo nuevo mientras el sistema adictivo viva dentro de nosotras. Si no nos fija- 
mos en cómo colaboramos diariamente con el sistema que nos está destruyendo, estamos en peligro de actuar 
según la modalidad de la víctima perpetua, siempre culpando a los demás de nuestros problemas. Más o me- 
nos como la mujer maltratada que finalmente se marcha porque un día comprende que si se queda se va a 
morir, cada una de nosotras debe reconocer cuándo y dónde estamos colaborando con nuestra propia opre- 
sión. 

Una de mis amigas, que fue educada en el catolicismo en los años cincuenta, explica los efectos de la 
confesión en su cuerpo: 

Recuerdo que a los siete años comencé a tener que ir a confesarme, a buscar delitos y faltas en mi concien- 
cia y a sentirme atrapada en el terrible dilema de tener que decir lo indecible: ¿Quién tiene palabras para 
expresar la curiosidad sexual, la masturbación? Además, ¿eran capaces de eso las demás niñas? ¿Era yo la 
única que me encontraba en ese dilema? En una tarjeta de plástico que nos daban para ayudarnos en el 
proceso de la confesión, se decía que estas debilidades entraban en la categoría de «pensamientos y actos 
impuros». Incluso con esta versión saneada, yo no podía confesar las dimensiones sensuales de mí misma 
a un hombre medio oculto detrás de las rejillas del confesionario, cuyo aliento olía a tabaco y alcohol. Pero 
sin una confesión completa no estaba permitido tomar la Sagrada Comunión, y si una lo hacía sería conde- 
nada al infierno con un pecado mortal en el alma. (Era como si te hicieran entrar y salir del infierno.) Ese 
fue mi primer encuentro con un problema ético. 

Así pues, inconsciente e ingeniosamente, yo me inventé un escape. Cuando estaba en los comien- 
zos de la adolescencia, alrededor de los once años, comencé a desmayarme sistemáticamente durante la 
misa, justo antes de la comunión. Tenían que sacarme de la iglesia y allí, en las gradas de la entrada, re- 
cuerdo que podía respirar, oír a los pajaritos y sentir el sol. Esto continuó así durante un año. No tenía nin- 
gún control sobre esas sesiones de desmayos. Me producían vergüenza y me desconcertaba lo que hacía mi 
cuerpo: sudores fríos, zumbidos en los oídos y la inevitable oscuridad que se cerraba sobre mí. (Desde en- 
tonces siempre me he sentido oprimida en el recinto de una iglesia.) Las intolerables y contradictorias exi- 
gencias sencillamente me hacían perder el conocimiento. 20 

A muchas mujeres nos han hecho perder el conocimiento las contradictorias exigencias de nuestra 
cultura. Y muchas de nosotras estamos despertando del desmayo. Casi siempre se estimula la sanación de 
trastornos como el dolor pelviano, el síndrome premenstrual y el síndrome de la fatiga crónica, causados por 
cuidar de demasiadas personas, cuando comprendemos que no estamos solas en nuestro sufrimiento y que 
nuestros problemas se dan en un contexto cultural que no suele apoyarnos. Recuperar la salud y aprender a 
crearnos una buena salud cotidianamente supone llamar a nuestras experiencias por su nombre, por doloroso 
que sea, y luego comprender que el motor de nuestra vida se encuentra dentro de nosotras, independiente- 
mente de nuestro pasado. 

Si bien es extraordinariamente útil tener un médico o profesional de la salud que reconozca la cone- 
xión mente-cuerpo, es aún más importante que comprendamos que nuestro cuerpo y sus síntomas forman 
parte de nuestra guía interior. Podemos liberarnos de nuestra excesiva dependencia del sistema médico vien- 
do de qué maneras nuestras creencias y nuestro comportamiento perpetúan las partes de este sistema que no 
nos ayudan a crear salud. Si continuamos pensando que nuestras enfermedades y nuestros síntomas, como la 
endometriosis, los miofibromas y el síndrome premenstrual, son problemas «simplemente médicos» y no es- 
tán relacionados con otras partes de nuestra vida, participamos en el sistema adictivo de la asistencia médica 
y de ese modo lo perpetuamos. 

Por otra parte, cuando aprendemos a sintonizar con el lenguaje de nuestro cuerpo, somos más capa- 
ces de tomar decisiones informadas respecto a los exámenes médicos y las técnicas de la medicina, lo cual 
puede llevar a relaciones más satisfactorias con las personas que nos atienden en materia de salud. Hemos de 
comenzar a confiar en nosotras mismas y en nuestras experiencias tanto como confiamos en los informes de 
laboratorio. Una de mis pacientes, cuyos periodos menstruales eran muy infrecuentes, se dio cuenta de que 
siempre le venía la menstruación cuando estaba «enamorada». Llegó a convencerse de que no necesitaba tan- 
tos análisis hormonales cada vez que dejaba de tener la menstruación durante varios meses, y en su lugar se 
interesó por el significado oculto de sus menstruaciones y qué emociones estaban relacionadas con ellas. Tra- 
bajar en colaboración con este tipo de mujeres es para mí una verdadera alegría, y para otras médicas tam- 



bién. Tanto la médica como la paciente reconocemos nuestras zonas de conocimiento, nuestras zonas de igno- 
rancia y lo desconocido que hay más allá. 

CUADRO 2 
EL CUERPO COMO PROCESO 
Y EL PUNTO DE VISTA MÉDICO 



El cuerpo como proceso 



El punto de vista médico 



• El cuerpo femenino refleja la natu- 
raleza y la tierra. 

• Los pensamientos y las emociones 
influyen en el cuerpo por medio de 
los sistemas inmunitario, endocrino 
y nervioso. Son acontecimientos 
bioquímicos. 

• Los aspectos físico, emocional, es- 
piritual y psíquico de una persona 
están íntimamente ligados y no se 
pueden separar. 

• La enfermedad forma parte del sis- 
tema de guía interior. 



El cuerpo crea salud diariamente. 
Es un autosanador innato. 



• El cuerpo de la mujer y sus procesos 
son incontrolables e indignos de 
confianza. Requieren un control ex- 
terno. 

• Los pensamientos y las emociones 
están totalmente separados del cuer- 
po físico. 



• Es posible dividir a una persona en 
compartimientos totalmente separa» 
dos y que no se relacionan entre sí. 



• La enfermedad es un acontecimien- 
to fortuito que simplemente ocurre. 
Es muy poco lo que puede hacer 
una mujer para prevenirla. 

• El cuerpo siempre es vulnerable a 
los gérmenes, las enfermedades y el 
deterioro. 



La enfermedad se previene mejor 
viviendo totalmente de acuerdo con 
nuestra guía interior a la vez que se 
crea salud diariamente. 



La prevención de la enfermedad no 
es posible en este sistema. La deno- 
minada «prevención» es en realidad 
una exploración para detectar la en- 
fermedad. 



• Esta postura implica vivir la vida 
plenamente. Se centra en lo que va 
bien sin negar ía muerte. 

• El verdadero yo no muere. 



• A esta postura le interesa evitar la 
muerte a toda costa. Sólo se centra 
en lo que puede ir mal. 

• La muerte se considera un fracaso y 
el final. 



Mientras lees este libro ten presente que todas tenemos opciones, y que todas tenemos una guía inte- 
rior y una ayuda espiritual disponible que puede orientarnos para avanzar hacia la salud, la alegría y la ple- 
nitud. Recuperarse del sistema adictivo significa aprender a vivir plenamente desde dentro hacia fuera en una 
cultura que suele negar este modo de ser en el mundo. Nuestro cuerpo y sus síntomas son nuestros mejores 
aliados en esta empresa, porque nada nos llama la atención con tanta rapidez. Nuestro cuerpo es un maravi- 
lloso barómetro de lo bien que estamos viviendo en el presente y cuidando de nosotras mismas. 



Germaine Greer dijo hace poco en una entrevista acerca de su libro The Change:* «Nadie sabe cómo se- 
ría una mujer sana. ¿Cómo se puede tratar a una mujer si no se sabe qué es ser mujer?». He visto a mujeres sa- 
nas y me estoy convirtiendo en una. Estoy comenzando a saber cómo es estar bien, y el primer paso es abrazar 
nuestro cuerpo. Imagínate sana, completa, curada y profundamente conectada con la sabiduría de tu cuerpo 
femenino. ¿Cómo te sientes? ¿Qué sabes en el fondo, en la médula misma de tus huesos? Nada es más emo- 
cionante que saber que nuestro cuerpo y nuestros sentimientos son un camino despejado y abierto hacia nues- 
tro destino. 

La inteligencia femenina y una nueva modalidad de sanación 

Al final descubro que no puedo separar el cerebro del cuerpo. La conciencia no está sólo en la cabeza. 
Ni tampoco se trata de que la mente domine al cuerpo. Si tomamos en cuenta el ADN que dirige el baile de 
los péptidos, el cuerpo es la manifestación exterior de la mente. 



Hay traducción al castellano: El cambio: mujeres, vejez y menopausia, Anagrama, Barcelona, 1993. (N. del E.) 



2 

La inteligencia femenina y una 
nueva modalidad de sanación 



Al final descubro que no puedo separar el cerebro del cuerpo. La conciencia no está sólo en la cabeza. Ni 
tampoco se trata de que la mente domine al cuerpo. Si tomamos en cuenta el ADN que dirige el baile de los 
péptidos, el cuerpo es la manifestación exterior de la mente. 

Dra. Candace Pert, ex jefe de bioquímica del cerebro 
del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos 

La mente y el cuerpo están íntimamente ligados a través de los sistemas inmunitario, endocrino y nervioso 
central. En la actualidad, los estudios sobre la relación entre la mente y el cuerpo están confirmando lo que las 
antiguas tradiciones de curación han sabido siempre: que el cuerpo y la mente son una unidad. No hay nin- 
guna enfermedad que no sea mental y emocional además de física. 

Campos energéticos y sistemas de energía 

Los seres humanos estamos hechos de energía y estamos sustentados por ella. Nuestro cuerpo es un campo de 
energía siempre cambiante y dinámico, no una estructura física estática. Es un holograma en el cual cada par- 
te contiene información sobre el todo. Por la física cuántica sabemos que en el nivel subatómico, la materia y 
la energía, que también se puede llamar espíritu, son intercambiables. La mejor expresión de esto que he oído 
es que la materia es la forma de espíritu más densa, y el espíritu la forma de materia más ligera. Podemos 
considerar que nuestro cuerpo es una manifestación de energía espiritual. Nuestra mente y nuestros pen- 
samientos cotidianos forman parte de este espíritu y tienen un efecto bien documentado sobre la materia y 
nuestro cuerpo. 

Los factores psíquicos y emocionales influyen enormemente en la salud física, porque las emociones y 
los pensamientos van siempre acompañados por reacciones bioquímicas en el cuerpo. El continuo mente- 
cuerpo sólo se puede entender correctamente cuando nos comprendemos como un sistema energético siem- 
pre cambiante que es influido por la energía que lo rodea y también influye en ella. No acabamos en nuestra 
piel. 

Aunque no podemos ver la energía que nos conforma y sustenta, es sin embargo una parte vital de 
nosotros. Es la fuerza vital que hace que nuestro corazón lata y nuestros pulmones respiren incluso cuando 
estamos dormidos. Cualquiera que haya tenido la experiencia de ver morir a una persona te dirá que algo 
cambia después del momento de la muerte. Aunque el cuerpo físico sigue presente, la persona que conocimos 
ya no está allí. 

Los campos energéticos interaccionan dentro de una persona. También interaccionan entre una per- 
sona y otra, y entre una persona y el mundo en general. Estas interacciones, cuya existencia está bien docu- 
mentada, son importantes para el crecimiento humano y el desarrollo sano a lo largo de toda la vida. Por 
ejemplo, en un estudio realizado en la Universidad de Miami con bebés prematuros de igual peso, se compro- 
bó que aquellos a los que se acariciaba regularmente aumentaban de peso a una velocidad un 49 por ciento 
mayor que los bebés que no eran acariciados (ambos grupos de bebés fueron alimentados con la misma canti- 
dad exacta de alimento). Al cabo de ocho meses, los bebés acariciados estaban más desarrollados en estatura y 
tamaño de la cabeza y tenían menos problemas neurológicos que los del grupo de control. 1 Los bebés a los 
que no se los acaricia y acuna, aunque se los alimente bien y se los cuide físicamente, corren un gran riesgo de 
morir debido a lo que un evasivo diagnóstico denomina «fallo en el desarrollo». 2 

Numerosos estudios han demostrado que incluso los accidentes, que consideramos sucesos «fortui- 
tos», tienen relación con el estado emocional y psíquico (o campo energético) de las «víctimas». Varios estu- 
dios indican que las personas propensas a los accidentes tienen ciertos rasgos de personalidad, como impulsi- 
vidad, resentimiento, agresividad, dependencia con necesidades insatisfechas, depresión, tristeza, soledad y 
aflicción no resuelta, entre otros. Tienden a castigarse cuando sienten rabia contra otras personas. Así pues, en 
el lenguaje de los sistemas energéticos, parece ser que el campo energético de la persona «propensa a los acci- 



dentes» interacciona con el campo energético del medio ambiente de una manera que aumenta su probabili- 
dad de sufrir accidentes. 

Está claro que las interacciones humanas tienen profundos efectos en la salud. Estos efectos pueden 
ser positivos o negativos, dependiendo del estado de ánimo de las personas implicadas en esas interacciones. 
Cuando comencemos a comprendernos como campos de energía poseedores de la capacidad de influir en la 
calidad de nuestras experiencias, comenzaremos a conectar con nuestra capacidad innata para sanarnos y 
crearnos una buena salud todos los días de nuestra vida. 

Nuestro cuerpo está influido y de hecho estructurado por nuestras creencias. Muchas de estas creen- 
cias las heredamos de nuestros padres y de las circunstancias en las que fuimos criados y educados. Estudios 
científicos realizados por el epidemiólogo Leonard Sagan subrayan esto y demuestran que la clase social, la 
educación, las habilidades vitales y la cohesión de la familia y la comunidad son factores claves en la determi- 
nación de la esperanza de vida. De todos estos factores, sin embargo, la educación ha demostrado ser el más 
importante. Un repaso de «todos» los datos epidemiológicos importantes deja claro que los principales de- 
terminantes de la salud «no son» la vacunación, la dieta, el consumo de agua ni los antibióticos. En realidad, 
la espectacular baja en los índices de mortalidad por enfermedades infecciosas producida a comienzos de este 
siglo se inició mucho antes del uso rutinario de la penicilina y los antibióticos. La esperanza, la autoestima y la 
educación son los factores más importantes en la creación diaria de salud, sea cual sea nuestra historia y el estado de 
salud que hayamos tenido en el pasado. 3 El estado emocional influye incluso en las enfermedades. La doctora 
Jeanne Achterberg ha demostrado que el curso que va a seguir un cáncer se puede pronosticar mejor por va- 
riables psíquicas, como la esperanza, que por mediciones médicas. 4 Siempre tenemos en nuestro interior el 
poder para educarnos más acerca de lo que nos va a ayudar a sanar y a crearnos una buena salud. 

Una de mis pacientes me dijo: «Mientras venía a la consulta tuve un relámpago de comprensión. 
Cuando era pequeña, la única manera de atraer la atención de mi madre era enfermándome. Así pues, tuve 
muchas fracturas de huesos, después cáncer y ahora una citología anormal. Hoy acabo de darme cuenta de 
que ya no necesito enfermar para atraer su atención». Añadió que en el momento de tener esa revelación en el 
coche, apareció el sol por entre las nubes, reforzándosela con su resplandor. 

Comprensión del «cuerpomente» 

La comunidad médica está comenzando a ver a los pacientes como seres físicos que se renuevan constante- 
mente. Nos estamos enterando de que el cuerpo es como un río de información y energía, y que cada una de 
sus partes tiene una comunicación dinámica con todas las demás. Estudios por radioisótopos han demostra- 
do, por ejemplo, que los glóbulos rojos se renuevan cada 28 días, y que cada seis meses regeneramos todas las 
células de nuestro hígado. En esta continua reestructuración de nuestro cuerpo físico, cada día tenemos la 
oportunidad de crearnos una buena salud. 

Aunque cada uno de nosotros es bombardeado diariamente por millones de estímulos, nuestro siste- 
ma nervioso central y los órganos de nuestros sentidos funcionan de tal manera que seleccionan y procesan 
solamente aquellos estímulos que refuerzan lo que ya creemos de nosotros mismos. Un experimento ganador del Pre- 
mio Nobel subraya la importancia de este concepto. Los científicos criaron gatos en un ambiente que sólo 
contenía líneas horizontales, tanto en sus jaulas como en el recinto donde estaban. Cuando llegaron a la edad 
adulta, los colocaron en un ambiente normal, y los gatos comenzaron a chocar con todo lo que tuviera líneas 
verticales; literalmente, «no veían» nada que fuera vertical. Lo mismo, a la inversa, les ocurrió a unos gatos 
que fueron criados en un ambiente en el que sólo había líneas verticales. Cuando fueron adultos, chocaban 
con todo lo que era horizontal. Esto también lo podemos aplicar a las personas. Por ejemplo, las mujeres que 
fueron maltratadas en su infancia suelen ser mucho más propensas a ser repetidamente maltratadas de adul- 
tas. Han sido condicionadas a ser maltratadas y les resulta difícil reconocer a las personas afectuosas y los 
ambientes de cariño. Como adultos, nuestro sistema nervioso funciona para reforzar lo que experimentamos 
en nuestros primeros años, a no ser que cambiemos conscientemente los efectos de esa programación infantil. 
Las semillas de muchas enfermedades posteriores se siembran en nuestra infancia y después son abonadas 
regularmente por nuestras creencias y nuestros pensamientos, que esperan que se repitan esas experiencias. 

La ciencia de la conexión mente-cuerpo, o psiconeuroinmunología, nos sirve para explicar cómo afec- 
tan al cuerpo las circunstancias de nuestra vida. La psiconeuroinmunología y las investigaciones relacionadas 
demuestran que los sutiles campos electromagnéticos de fuera y de dentro del cuerpo forman un vínculo im- 
portantísimo entre las heridas culturales, las que llamamos «psíquicas» y «emocionales», y los problemas 
ginecológicos u otros que tenemos las mujeres, los que llamamos «físicos». 



Muchas mujeres que han sobrevivido al abuso sexual en la infancia, por ejemplo, se divorcian de su 
cuerpo. Algunas se sienten en su cuerpo sólo del cuello hacia arriba. Una paciente mía, que tenía continuos 
inicios de regla a destiempo, me dijo: «No quiero ni pensar en nada de lo que tengo bajo la cintura. Odio esa 
parte de mi cuerpo; ojalá me desapareciera». Esta fue una importante comprensión para ella; indicaba dónde 
necesitaba avanzar un paso hacia la sanación. Esos continuos goteos menstruales le llamaban la atención hacia 
una parte no reconocida de su cuerpo que necesitaba sanar. Una de mis socias a veces pide a sus pacientes que 
se dibujen a sí mismas. Una de ellas, que sufría de dolor crónico de pelvis, hizo su autorretrato sólo de la cin- 
tura para arriba. Mi socia le hizo ver que tal vez su pelvis quería atraer su atención mediante el dolor. jNo la 
tomaba en cuenta! 

Si la ciencia de la conexión mente-cuerpo nos sirve para explicar cómo nuestras heridas emocionales y 
psíquicas se convierten en físicas, también apoya nuestra capacidad para sanar de esos trastornos. Todo ma- 
lestar, toda curación del malestar y toda creación de salud son al mismo tiempo físicos, psíquicos, emociona- 
les y espirituales. 

Hasta hace muy poco tiempo, los científicos creían que la información pasaba linealmente por el sis- 
tema nervioso de nervio a nervio, igual como en un cable eléctrico. Pero ahora sabemos que los órganos corpo- 
rales se comunican directamente con el cerebro y viceversa, mediante mensajeros llamados «neuropéptidos». 
Estos neuropéptidos llevan menso/es entre las neuronas; entonces las moléculas receptoras de neuropéph'dos 
reciben estos mensajes activados por las emociones y los pensamientos para ser liberados. Se creía que las 
sedes celulares de receptores de neuropéptidos sólo estaban situadas en los tejidos cerebrales y neraosos. Pero 
ahora sabemos que esas sedes receptoras se encuentran por todo el cuerpo. La doctora Candace Pert y otros 
investigadores han descubierto que estas substancias químicas del sistema nervioso cerebral aterrizan en sedes 
receptoras situadas, además de en las neuronas, en las células de los sistemas endocrino e inmunitario, y las 
activan. Y no sólo eso, sino que órganos corporales como los ríñones y los intestinos también poseen sedes 
receptoras de esas substancias químicas cerebrales. Estos substancias químicas forman parte del modo en que 
los pensamientos y las emociones afectan directamente al cuerpo físico. 

Los órganos físicos no sólo contienen sedes receptoras de las substancias neuroqufmicas de los 
pensamientos y las emociones, sino que, junto con el sistema inmunitario, también ellos pueden fabricar esas 
mismas substancias químicas. Lo que esto quiere decir es que todo el cuerpo siente y expresa emociones; 
todas nuestras partes «piensan» y «sienten». Los glóbulos blancos, por ejemplo, pueden producir subs- 
tancias analgésicas semejantes a la morfina, y contienen a su vez sedes receptoras de estas mismas subs- 
tancias. Esto da a la persona la capacidad de regular su dolor sin medicamentos. Si bien no se han estu- 
diado concretamente los órganos femeninos, estoy segura de que los tejidos del útero, de los ovarios y de 
las mamas fabrican las mismas substancias neuroquímicas de los pensamientos y las emociones que fa- 
brican el cerebro y los demás órganos. Las hormonas, por ejemplo, son moléculas mensajeras que llevan 
emociones y pensamientos. Las células inmunitarias también tienen receptores de neuropéptidos o mo- 
léculas mensajeras. Los ovarios, y probablemente también el útero, fabrican estrógeno y progesterona, 
hormonas que son también neurotransmisores que afectan a las emociones y los pensamientos. Y estos 
órganos tienen asimismo sedes receptoras que reciben mensajes del cerebro y del sistema inmunitario. Es 
fácil entonces comprender que cuando estamos tristes, nuestros órganos femeninos «se sienten» tristes, y 
sus funciones se ven afectadas. 

Nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro cerebro se comunican directamente con 
nuestros sistemas inmunitario, nervioso y endocrino y con nuestros órganos. Además, si bien estos sis- 
temas corporales se estudian y se consideran por separado, en realidad son aspectos del «mismo» siste- 
ma. Si el útero, los ovarios, los glóbulos blancos y el corazón fabrican las mismas substancias químicas 
que fabrica el cerebro cuando piensa: «¿En qué parte del cuerpo está la mente?». La respuesta es: «La 
mente está situada en todo el cuerpo». 5 

Es necesario ampliar considerablemente todo nuestro concepto de lo que es «la mente». Ya no se 
puede seguir pensando que la mente se reduce al cerebro o al intelecto; existe en todas las células de nuestro cuerpo. To- 
dos nuestros pensamientos y todas nuestras emociones tienen sus equivalentes bioquímicos. Una de mis 
colegas dice: «La mente es el espacio que hay entre las células». Así pues, ¿estás preparada para escuchar 
cuando te hable esa parte de tu mente que es tu útero, con el lenguaje del dolor o de una hemorragia 
menstrual excesiva? 

Vino a verme una abogada de 35 años, casada, que había comenzado a tener pérdidas entre las 
menstruaciones. Cuando le pregunté cómo le iba la vida, me contestó irritada: «Creo que este problema 



es médico». Con eso quiso decirme que el problema era puramente físico y no estaba relacionado de nin- 
guna manera significativa con el resto de su vida. Amablemente le expliqué que le habría preguntado lo 
mismo si se hubiera fracturado una pierna, y le hice ver que todos los síntomas son «físicos». Entonces 
ella se calmó y me contó la verdad. Hacía poco había tenido una aventura extraconyugal y se sentía cul- 
pable; además, tenía miedo de haber contraído alguna enfermedad de transmisión sexual. Las pérdidas 
entre las menstruaciones le habían comenzado justamente después de esa aventura. Esta historia adicio- 
nal me permitió darle un mejor tratamiento médico, y ella descubrió que no tenía por qué dividirse en 
partes no relacionadas entre sí. 

Una de mis pacientes fue a ver a un terapeuta de biofeedback por un dolor en el hombro causado 
por una tensión muscular crónica. Cuando estaba aprendiendo a relajar los músculos del hombro, advir- 
tió que la tensión muscular aumentaba siempre que le venían a la cabeza ciertos pensamientos. Uno de 
esos pensamientos era el de haber recibido una zurra en su niñez; otro era la mala salud de su marido y 
las posibles implicaciones para ella. Por otro lado, cuando pensaba en los aspectos positivos de su vida, 
la tensión muscular disminuía. Llegó a comprender que sus temores y creencias estaban codificados en 
su cuerpo. Con el biofeedback aprendió que sus tejidos musculares tienen sentimientos, pensamientos y 
recuerdos que forman parte de la sabiduría de su cuerpo. 

La mente y el alma, que impregnan todo nuestro cuerpo, son mucho más vastas de lo que el inte- 
lecto puede comprender. Nuestra guía interior nos llega primero a través de nuestros sentimientos y la 
sabiduría de nuestro cuerpo, no a través de la comprensión intelectual. Cuando buscamos una orienta- 
ción interior sólo con el intelecto, como si esta existiera fuera de nosotros y de nuestro conocimiento más 
profundo, nos quedamos estancadas en la búsqueda, y de hecho la silenciamos. El intelecto funciona 
mejor al servicio de nuestra intuición, guía interior, alma, Dios o poder superior, sea cual sea el término 
que elijamos para llamar a la energía espiritual que anima la vida. Una vez que reconocemos que somos 
más que nuestro intelecto y que esa guía está a nuestra disposición en la mente universal, tenemos acce- 
so a nuestra capacidad interior de sanación. William James dijo una vez: «El poder para mover el mundo 
está en el inconsciente». 

La inteligencia femenina: 
Cómo se «corporeízan» los pensamientos 

Las mujeres tenemos la capacidad de saber lo que sabemos con el cuerpo y el cerebro al mismo tiempo, en 
parte debido a que tenemos constituido el cerebro de tal manera que, cuando nos comunicamos, tenemos un 
buen acceso a la información contenida en ambos hemisferios y en el cuerpo. 

En el colegio me enseñaron a desconfiar de mi proceso de pensamiento, porque nunca cuadraba con 
la modalidad dualista en que está establecida la educación. En los tests de opciones múltiples, por ejemplo, 
siempre encontraba alguna razón por la cual podían ser correctas casi todas las respuestas. Siempre veía el 
«cuadro global» y comprendía cómo todo estaba relacionado con todo lo demás. Cuando veían mis respuestas 
equivocadas, mis profesores solían decirme: «Le atribuyes demasiado significado a todo. La respuesta correc- 
ta es evidente». A mí no siempre me parecía evidente. Ahora que he aprendido a valorar lo íntimamente li- 
gados que están mis pensamientos, mis emociones y mi cuerpo físico, he comenzado a recuperar toda mi inte- 
ligencia. Es pasmoso comprobar cuántas mujeres inteligentísimas se creen tontas debido a que gran parte de 
su inteligencia ha sido subvalorada. La doctora Linda Metcalf dice: «Las mujeres creen que su intelecto es una 
estructura mental masculina metida en su cabeza». 

Me he dado cuenta de que, como muchas mujeres, hablo y pienso de una forma multimodal en espi- 
ral, usando al mismo tiempo mis dos hemisferios cerebrales y la inteligencia de mi cuerpo. Jean Houston des- 
cribe así la evolución de la forma de pensar multimodal: Durante siglos las mujeres estuvieron en sus cuevas, 
removiendo la sopa con una mano, meciendo al bebé en una cadera y echando fuera al lanudo mamut con un 
pie. Hemos evolucionado teniendo que concentrarnos en más de una tarea al mismo tiempo, comprendiendo 
de modo innato las consecuencias de nuestros actos, no sólo para nosotras mismas, sino también para toda 
nuestra unidad familiar o nuestra tribu. Al tener que concentrarnos en varias cosas a la vez a lo largo de los 
siglos, las mujeres hemos desarrollado una estructura cerebral y un estilo de pensar que son característica- 
mente diferentes de los de la mayor parte de los hombres. 

En la mayoría de las mujeres, el cuerpo calloso, esa parte del cerebro que conecta los hemisferios de- 
recho e izquierdo, es más grueso que en la mayoría de los hombres. Es decir, los dos hemisferios cerebrales 



están «conectados» de distinta manera en los hombres y en las mujeres. Los hombres usan principalmen- 
te el hemisferio izquierdo para pensar y comunicar sus pensamientos; su razonamiento suele ser lineal y 
orientado hacia la solución: va «al grano». Las mujeres, por el contrario, empleamos más zonas del cere- 
bro que los hombres para comunicarnos; utilizamos los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo. Da- 
do que el hemisferio derecho tiene conexiones más abundantes con el cuerpo que el hemisferio izquier- 
do, cuando hablamos y pensamos, las mujeres tenemos más acceso a la sabiduría de nuestro cuerpo que 
la mayoría de los hombres. 

Esto no quiere decir que el cerebro masculino carezca en absoluto de esta capacidad. Sólo se trata 
de que durante siglos no se ha animado a los hombres a desarrollar estas capacidades. Durante los cinco 
mil últimos años, la sociedad occidental ha creído que el enfoque lineal del hemisferio izquierdo es la 
forma superior de comunicación, y que la forma más «corporeizada» de hablar y pensar de la mujer es 
inferior y «menos evolucionada». Los autores del libro Brain Sex* observan: «Al parecer los hombres son 
el sexo que dice lo primero que le viene a la cabeza, mientras que las mujeres se comunican haciendo uso 
de un repertorio mucho más amplio. Tomándolo todo en cuenta, los hechos pintan un cuadro completo 
de un intercambio de información más animado y más amplio en el cerebro femenino». 6 Lamentablemen- 
te, en lugar de desarrollar esta forma de pensar «corporeizada», hemos aprendido a rechazar y denigrar 
esta capacidad. 

En un reciente diálogo con la sociolingüista Deborah Tannen, Robert Bly dijo: «Las palabras es- 
tán en un lóbulo del cerebro y los sentimientos en el otro». Esta afirmación, debo subrayar, sólo vale para 
la mayoría de ios cerebros masculinos. No toma en cuenta en absoluto la complejidad del cerebro feme- 
nino. «Eso significa entonces —continuó Bly— que las mujeres tienen la capacidad de mezclar esos lóbu- 
los con mucha más rapidez que los hombres. Las mujeres tienen una superautopista para ir allí. Y como 
hiciera notar Michael Meade, los hombres nos quedamos con un tortuoso caminito rural, y tenemos 
suerte si pasa por ahí una palabra». 7 

Cuando estoy explicando algo con detalles, mi marido suele decirme: «¿No puedes decirlo con 
menos palabras? ¿No puedes ir al grano?». Esto manifiesta un estilo de comunicación típicamente mas- 
culino. Cuando yo pienso y hablo, uso el lenguaje para expresar la riqueza de lo que pasa por mi mente 
y mi cuerpo al comunicar mis pensamientos. Me gusta entretenerme con el lenguaje, vagar en él. Muchas 
veces he llegado a entender lo que siento hablando de ello un rato, dejando surgir los pensamientos de 
todo mi cuerpo y todo mi cerebro antes de decirlos. Procesar las ideas verbalmente o escribir mis pen- 
samientos me sirve para conocerme más. 

Mi marido, por el contrario, usa las menos palabras posibles. El y la mayoría de los hombres 
quieren llegar al grano, al producto o la solución, y todo tiene que tener una; si no, no vale la pena hablar 
de ello. La mayoría de los hombres consideran y sienten tedioso e inútil el «proceso» de llegar al grano. 
(Suelen usar un puntero cuando dan una conferencia, y lo pasan muy mal si no tienen uno. Las mujeres 
rara vez usan un puntero, a no ser que hayan superdesarrollado selectivamente el hemisferio izquierdo.) 
El doctor George Keeler, un colega en medicina holista, dice: «Cuando hablan los hombres, se saltan los 
verbos. Cuando hablan las mujeres, se saltan los sustantivos». Refiriéndose a la física cuántica, que ense- 
ña que las partículas y las ondas son simplemente aspectos distintos de la materia, el doctor Keeler ob- 
serva: «Los hombres hablan un lenguaje partícula. Las mujeres hablan un lenguaje onda». 

La forma de pensar multimodal, «corporeizada», hace posible a la mayoría de las mujeres ir a la 
compra sin lista y recordar todo lo que iban a comprar, además de otros artículos que de pronto recuer- 
dan que necesitan. Cuando estoy en medio de una operación quirúrgica, también soy consciente de lo 
que están haciendo mis hijas, de que necesitamos servilletas de papel y de que tengo que comprar pan 
de camino a casa. Todo eso pasa por mi cerebro al mismo tiempo. Esto se llama «pensamiento relacio- 
nal». Mi marido, por su parte, tiene en la mente uno o dos pensamientos y trabaja en una o dos tareas a 
la vez. Generalmente tiene que volver a la tienda tres veces para comprar lo que yo compro en un solo 
viaje. 

Las diferencias entre los estilos de comunicación masculino y femenino se hacen notar repetida- 
mente en mi consulta. Cuando le estoy explicando la enfermedad de una paciente a su marido o compa- 
ñero, suelo decirle: «Escuche, cuando le explico lo que tiene su esposa [o su compañera], da la impresión 



Hay traducción al castellano: Arme Moir y David Jessel, El sexo en el cerebro, Planeta, Barcelona, 1991. (N. del E. ) 



de que hablo en círculos». Describo un círculo con el dedo. «Voy por allí, por aquí y por allí. Tal vez esto 
le parezca una digresión, y tal vez no vea la pertinencia de lo que le estoy diciendo. Pero todo está rela- 
cionado. Sígame, que ya llegaré al punto principal y se lo armaré todo». 

Mis opiniones y las de otros científicos sobre las diferencias entre la forma de pensar masculina y 
femenina son controvertidas. Sin embargo, al margen de lo que creemos, he llegado a comprender que 
para estar totalmente sanas, las mujeres debemos valorar la totalidad de la inteligencia que tenemos a 
nuestra disposición, ya que nos viene de todo nuestro ser: cuerpo, mente y espíritu. 

Las creencias son físicas 

Los pensamientos son sólo una parte de la sabiduría del cuerpo. Un pensamiento sostenido el tiempo 
suficiente y repetido las suficientes veces se convierte en creencia. La creencia entonces se convierte en 
biología. Las creencias son fuerzas energéticas que generan la base física de nuestra vida y nuestra salud. 
Si no trabajamos en resolver nuestro malestar emocional, nos predisponemos para el malestar físico, 
debido al efecto bioquímico que tienen las emociones reprimidas en nuestros sistemas inmunitario y 
endocrino. Las enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoidea, la esclerosis múltiple, ciertas 
enfermedades de la tiroides y el lupus eritematoso, por ejemplo, están causadas en parte por la autoin- 
munidad, lo que quiere decir que el sistema inmunitario ataca al propio cuerpo. ¿Por qué el sistema in- 
munitario va a atacar a las células de la propia persona si no está recibiendo mensajes de autodestruc- 
ción desde alguna parte muy profunda del cuerpo? La depresión mental se ha relacionado no sólo con 
comportamientos autodestructivos, sino también con la depresión del funcionamiento del sistema inmu- 
nitario. 8 Muchas mujeres aquejadas de enfermedades autoinmunes también sufren de depresión. Los 
estudios han demostrado, por ejemplo, que el estrés y la soledad pueden ser causa de la activación de un 
virus de herpes latente (inactivo). 9 Lo mismo es cierto del virus de Epstein-Barr, el virus que está ligado al 
síndrome de la fatiga crónica. A esto se debe que, aunque más del 90 por ciento de la población ha estado 
expuesta al (o tiene anticuerpos del) virus de Epstein-Barr, sólo un pequeño porcentaje sufre realmente 
la enfermedad. Esta información concierne particularmente a las mujeres, ya que al menos un 80 por 
ciento de todas las enfermedades autoinmunes se dan en nosotras. 10 Incluso la endometriosis, la epilep- 
sia, la menopausia prematura, la infecundidad y la vaginitis crónica tienen componentes de autoinmu- 
nidad. 

Lo que cree una persona está muy influido por la cultura en la que vive. Las creencias sostenidas 
en común perpetúan el tipo de sociedad en que vivimos. Dada nuestra sociedad, no es de extrañar que 
las mujeres tengan tanto estrés observado. En varios estudios científicos, se ha relacionado el estrés «in- 
eludible» con una forma clara de inmunosupresión (supresión de la reacción inmunitaria). La conmoción 
emocional está asociada con la liberación de opiáceos endógenos (substancias parecidas a la morfina) y 
de corticosteroides (hormonas de la glándula suprarrenal), que impiden que los glóbulos blancos prote- 
jan al cuerpo del cáncer y las infecciones. Las personas que se sienten desesperadas e impotentes y que 
consideran incontrolablemente estresante su situación tienen niveles más elevados de corticosteroides e 
inmunosupresión que aquellas que intentan controlar el estrés. 11 Las personas expuestas a lo que ellas 
consideran un estrés «ineludible», efectivamente liberan substancias parecidas a los opiáceos (encefali- 
nas) que literalmente insensibilizan a las células de su cuerpo (analgesia inducida por el estrés), 12 incapa- 
citándolas para destruir las células cancerosas y las bacterias si esto se hace permanente. 13 No es el estrés 
propiamente dicho lo que crea los problemas del sistema inmunitario. Es más bien la «percepción» de 
que el estrés es ineludible, de que no se puede hacer nada para impedirlo. Esta percepción está asociada 
con la supresión del sistema inmunitario. 

Es importante comprender que nuestras creencias echan raíces mucho más profundas que nues- 
tros pensamientos, y que sencillamente no podemos quitárnoslas a voluntad. Muchas creencias son to- 
talmente inconscientes, y al intelecto no le es fácil llegar a ellas. Por el ejercicio de mi profesión y por mi 
vida, sé que muchos no somos conscientes de las creencias destructivas que nos están minando la salud. 
Estas creencias no provienen sólo del intelecto, esa parte de la mente que cree estar al mando. Vienen de 
esa otra parte que en el pasado se alojó y enterró en los tejidos celulares. 

Hace poco vino a mi consulta Jean, una hermosa diseñadora gráfica de 45 años y cabellos oscu- 
ros. Estaba preocupada porque la menstruación le había cambiado de periocidad con los años, pasando 



de venirle cada 28 días a venirle cada 25 a 34 días. No tenía ninguna pérdida de sangre entre regla y re- 
gla ni ningún otro síntoma. Esta historia me pareció totalmente normal, pero otro médico le había dicho 
que ese cambio en su ciclo podía significar cáncer, y le recomendó hacerse una biopsia uterina. Dado que 
tenía demasiado pequeña la abertura del cuello del útero para que entrara el instrumento para la biopsia, 
le recomendó una biopsia mediante legrado uterino con dilatación, que se hace con anestesia general. 
Jean decidió buscar una segunda opinión. Yo la examiné y la encontré normal, aunque sí tenía una aber- 
tura cervical muy pequeña y por lo tanto no se le podía hacer una biopsia en la consulta. 

Le dije que en mi opinión no parecía en absoluto una candidata al cáncer de útero y que no le re- 
comendaría la biopsia con legrado uterino quirúrgico. Si estaba muy intranquila y deseaba que se la 
practicaran, se le podía hacer ciertamente para que estuviera segura de que no tenía cáncer. Para ayudarla 
a tomar su decisión, le pregunté qué experiencias de la enfermedad había tenido en su infancia, ya que 
las experiencias de la infancia influyen profundamente en la creencia de una mujer respecto a la salud y 
la enfermedad. 

—Yo era hija única y mi madre estaba siempre enferma —me dijo — . Constantemente tenía pro- 
blemas intestinales, y yo debía cuidarla. En consecuencia, reacciono a todo lo que me ocurre en el cuerpo 
como si fuera una catástrofe, igual que hacía mi madre. 

— Si decidieras hacerte esa biopsia mediante legrado uterino y resultara que estás normal — le di- 
je— , ¿podrías entonces relajarte y dejar de estar obsesionada por el cáncer? 

Ella dijo que no cambiaría nada, que seguiría preocupada. Acordamos entonces que ella tendría 
que cambiar sus creencias acerca de su cuerpo y su vulnerabilidad, que habían sido fuertemente influi- 
das por sus primeros años. 

Para hacer eso, Jean tiene que comprender que su temor no es totalmente accesible a su intelecto. 
Gran parte de ese miedo está alojado en su cuerpo y en su inconsciente. Decirle a Jean, o a cualquier mu- 
jer que tenga un problema similar, que se relaje, que está bien, que no tiene nada y que «todo está en su 
cabeza», no es científicamente exacto. La creencia sí la tiene en su mente, pero su mente está localizada 
en todo su cuerpo y en todos los órganos que forman parte de él. 

Para que Jean deje de estar obsesionada por el cáncer (o cualquier otra cosa), tendrá que pasar 
por un proceso por el cual también debemos pasar cada una de nosotras para sanar. Para explicar este 
proceso a las pacientes, empleo los tres primeros pasos del programa de Doce Pasos que tuvo su origen 
en Alcohólicos Anónimos. Puesto que estos doce pasos se basan en verdades espirituales, los he encon- 
trado aplicables a casi todos los aspectos de la vida acerca de los cuales tanto yo como mis pacientes bus- 
camos orientación. El primer paso es: «Admitimos que somos impotentes ante el alcohol y que nuestra 
vida se ha vuelto ingobernable». En lugar de la palabra «alcohol», se puede poner cualquier cosa que nos 
obsesione o nos haga sentir impotentes. En el caso de Jean, debe admitir que es impotente para cambiar 
su creencia y su obsesión por el cáncer solamente con su intelecto. Debe también admitir que su creencia 
no es sana y que hace ingobernables algunas partes de su vida. Su creencia no va a desaparecer si se cas- 
tiga por tenerla, ni tampoco si trata de obligarse a cambiarla sólo con el intelecto. 

El segundo paso es: «Hemos llegado a comprender que un poder superior a nosotros podría ha- 
cernos recobrar la cordura». Este poder «superior a nosotros» es parte de nuestra guía interior y nuestra 
sabiduría corporal. La palabra «cordura» aquí equivale a paz interior o serenidad. Reconocer que tene- 
mos acceso a la guía de un poder superior a nuestro intelecto es un paso muy positivo hacia el acceso 
real a esa guía. 

El tercer paso es: «Hemos tomado la decisión de entregar nuestra voluntad y nuestra vida al cui- 
dado de Dios, tal como lo entendemos» (yo cambio automáticamente la última frase por «tal como en- 
tendemos la guía interior» o «la sabiduría divina»). Este paso se salta totalmente al intelecto. Es un salto 
de fe que reconoce el hecho de que todos tenemos una guía interior que está a nuestra disposición dentro 
de nosotros, y que esa guía tiene el poder de eliminar nuestras creencias dañinas. Las palabras «hemos 
tomado la decisión» son muy importantes. Para crearse una buena salud, la mujer necesita tomar la deci- 
sión de hacerlo. Luego debe estar dispuesta a continuar con el proceso. Puede ser muy útil y práctico 
participar en reuniones de Doce Pasos y trabajar esos pasos en torno a un temor, una creencia e incluso 
una enfermedad para los cuales el intelecto ha resultado ser impotente. 

Para Jean y para miles de mujeres como ella, es muy útil saber que no están solas en sus temores 
y obsesiones. Jamás he conocido a nadie que no haya heredado al menos algunas creencias destructoras 



de la salud, ya las haya heredado de su familia o de la cultura en general. Podemos descubrir esa pro- 
funda programación de nuestro cuerpo y cambiarla para que apoye la salud. Muchas de mis pacientes 
han logrado hacerlo una vez que han entendido que si bien todas las enfermedades son muy reales y 
físicas, suelen ir acompañadas y reforzadas por creencias inconscientes. Descubrir estas creencias y sanar 
de ellas es un proceso continuo, entimulante y que da mucha confianza. Forma parte del proceso de 
crearse Una buena salud. Requiere paciencia y compasión. 

Las creencias y los recuerdos son en realidad estructuras biológicas del cuerpo. Imagínate la 
mente como si fuera un iceberg. La parte consciente, la que cree estar al mando, es la que sobresale por 
encima de la superficie, pero sólo equivale a menos del 25 por ciento de ese témpano de hielo. La parte 
de la mente llamada «inconsciente» es mucho más grande, está bajo la superficie y equivale a más del 75 
por ciento del iceberg. Nuestras historias personales se almacenan en todo el cuerpo: en los músculos, en 
los órganos y en otros tejidos. Esta información, igual que la parte sumergida del iceberg, generalmente 
no es reconocida por la parte que está fuera de la superficie, nuestro intelecto consciente. Nuestras célu- 
las contienen bancos de datos, aun cuando la mente consciente no tenga conocimiento de ellos y en 
realidad trate de negarlos. 

Una vez en un hotel, llamé a un botones a mi habitación para que me ayudara a bajar las maletas. 
Él vio una botella de jarabe chino para la tos que estaba en el cuarto de baño. Hizo una mueca, se apretó 
el estómago con las manos y dijo: «Creí que era aceite de ricino y recordé las veces en que mi madre me 
lo daba cuando era niño. Solía dolerme el estómago después de tomarlo. Sólo ver la botella ahora me 
entra dolor de estómago». Ese hombre no tenía un control consciente sobre el recuerdo del dolor de su 
infancia. Su cuerpo reaccionaba automáticamente a la vista de una botella parecida que ni siquiera tenía 
ninguna relación con ello. 

Una mujer con la que salí de excursión una vez me contó que hacía dos semanas le había entrado 
aceite protector del sol en el ojo, que le lagrimeó todo el día. Varios días después simplemente olió el 
mismo aceite protector cuando lo estaba usando otra persona y el ojo comenzó a lagrimearle. Ya tenía la 
memoria biológica codificada en el ojo, saltándose totalmente el intelecto. 

Cómo se vuelven físicas las creencias 

En cualquier momento dado, nuestro estado de salud refleja la suma total de nuestras creencias desde 
que nacimos. Toda nuestra sociedad funciona movida por muchas creencias compartidas y a veces dañi- 
nas. (Una que oigo con regularidad en mi consulta es: «Bueno, ahora que tengo treinta años [o cuarenta o 
cincuenta], supongo que es normal que tenga dolores y achaques».) Todos los seres vivos reaccionan 
físicamente al modo en que «piensan» que es la realidad. El doctor Deepak Chopra, una autoridad en el 
téma de la conciencia y la medicina, pone el ejemplo de unas moscas colocadas dentro de un frasco con 
la tapa puesta. Una vez que se quita la tapa, sólo salen del frasco unas pocas valientes pioneras. El resto 
de las moscas han asumido en su «cuerpomente» que están atrapadas. En los acuarios se ha comprobado 
que si dos bancos de peces se separan por una división de vidrio durante un cierto tiempo, cuando se 
quita esa división, los peces no invaden el recinto vecino. 

De modo, pues, que podemos estar seguras de que los acontecimientos de nuestra infancia dis- 
ponen el escenario para nuestras creencias acerca de nosotras mismas y, por lo tanto, de nuestras expe- 
riencias, entre ellas nuestra salud. Para que una mujer cambie o mejore su realidad y su estado de salud, 
primero tiene que cambiar sus creencias sobre lo que es posible. 

Que tenemos los recursos para superar nuestros hábitos destructivos e inconscientes es una ver- 
dad que veo demostrada cada día en el ejercicio de mi profesión. Este poder también ha sido documen- 
tado científicamente en un estudio de los efectos de las creencias sobre el proceso de envejecimiento. La 
doctora Ellen Langer realizó un estudio de cinco días en un centro de retiro con un grupo de voluntarios 
mayores de 70 años. Todos tuvieron que aceptar que vivirían en el presente como si fuera el año 1959. La 
doctora Ies dijo: «No os pedimos que "actuéis" como si estuvierais en 1959, sino simplemente que os 
limitéis a ser como erais en 1959». Tuvieron que vestirse como se vestían entonces, ver programas de 
televisión de 1959, leer periódicos y revistas de ese año y hablar como si realmente estuvieran en 1959. 
También llevaron fotografías de sí mismos de ese año y las colocaron en las salas del centro. La doctora 
Langer procedió entonces a medir muchos de los parámetros que suelen deteriorarse con la edad (y que 



no tienen por qué deteriorarse), tales como la fuerza física, la percepción, la cognición y los sentidos del 
gusto y el oído. Los parámetros reflejaban «marcadores biológicos» que suelen citar los expertos en ge- 
riatría. Durante ese periodo de cinco días, realmente mejoraron muchos de los parámetros seleccionados. 
Una serie de fotografías que se les hicieron mostraron también que los hombres representaban unos cin- 
co años menos. Les mejoró la memoria y la audición. Cuando cambiaron su actitud respecto al envejeci- 
miento, también sus cuerpos cambiaron. La doctora Langer escribe: «Los ciclos regulares e "irreversi- 
bles" del envejecimiento que vemos en las últimas fases de la vida humana podrían ser el producto de 
ciertas suposiciones sobre cómo se envejece. Si no nos sintiéramos obligados a adoptar esas actitudes 
limitadoras, tal vez podríamos tener una mayor oportunidad de reemplazar esos años de deterioro por 
años de crecimiento y propósito» (las cursivas son mías) .14 

Si tenemos el poder de invertir los efectos del envejecimiento, ¿qué podríamos lograr con la sa- 
lud? Es imposible sobrevalorar la esperanza que suscitan estos resultados. Sugieren que si podemos sa- 
limos de nuestros patrones culturales colectivos, la vida nos ofrecerá posibilidades que nunca hubiéra- 
mos imaginado. Pero para llegar allí, primero hemos de reconocer las líneas horizontales o verticales con 
las que muchos seguimos chocando. Una vez que «veamos» lo que ha estado allí siempre, podremos 
crear rutas alternativas. 

Sanar frente a curar 

La libertad y el destino se abrazan para formar sentido; y dado el sentido, el destino se transforma: 
sus ojos, hasta el momento severos, adquieren una repentina luminosidad y parece ser la gracia per- 
sonificada. 

Martin Buber 

Hay diferencia entre sanar y curar. La sanación es un proceso natural que todos tenemos el poder de 
realizar. La curación, que es lo que se les pide a los médicos, suele consistir en un tratamiento «externo», 
que emplea medicamentos o una intervención quirúrgica para enmascarar o eliminar los síntomas. Este 
tratamiento externo no trata necesariamente los factores que en primer lugar provocaron los síntomas. La sanación 
ahonda más que la curación y siempre debe provenir de dentro. Trata el desequilibrio que subyace bajo 
los síntomas. La sanación soluciona aspectos con frecuencia ocultos de la vida de una persona en cuanto 
se relacionan con su enfermedad. Sanar es diferente de curar, aunque la curación y el restablecimiento 
del funcionamiento físico pueden acompañar a la sanación. Uno puede sanar completamente y sin em- 
bargo morir de su enfermedad. Esta es una comprensión esencial que suele faltar en los tratados de la 
medicina holista: la sanación y la muerte no se excluyen mutuamente. En calidad de médica, se me ha 
formado para mejorar y conservar la vida. 

Pero a veces necesitamos olvidar esa formación y aceptar la muerte como parte natural de un 
proceso que es mucho más inmenso y misterioso de lo que creemos. Patricia Reis, que trabaja con los 
sueños y síntomas corporales de muchas de nuestras pacientes, dice: «El principal sentido de la sanación 
es la "integración", reponer las piezas que faltan en la vida de una persona. A veces esto puede incluso 
suponer encarar la muerte con una comprensión más plena. Ciertamente es una oportunidad para entrar 
en la vida con más profundidad y plenitud». 

Si bien todo el cuerpo está influido por los pensamientos y emociones, y sus diversas partes se 
hablan entre sí, el lenguaje corporal de cada persona es único. Haya ocurrido lo que haya ocurrido en su vida, 
una mujer tiene la capacidad de cambiar lo que esa experiencia significa para ella, y de ese modo cambia su experiencia, 
tanto en el aspecto emocional como en el físico. En eso consiste la sanación. No hay ninguna fórmula sencilla para 
descifrar el mensaje que oculta un síntoma, y únicamente la paciente puede en definitiva saber cuál es el 
mensaje. A veces, mediante una vaginitis crónica, el cuerpo le pide a una mujer que deje una relación. A 
veces los dolores de cabeza premenstruales son una señal de que necesita dejar la cafeína. En otras muje- 
res, estos síntomas podrían estar relacionados con algo muy diferente. A cada mujer le corresponde 
«sentarse con» sus síntomas de un modo totalmente receptivo y sin hacer juicios, para poder comenzar a 
comprender el lenguaje único de su cuerpo. 

Aún no comprendemos del todo a qué se debe que una mujer que ha sido abandonada por su 
marido, por ejemplo, se deteriore emocional, mental y físicamente, y considere que ese determinado 



trauma es el causante de todas las desgracias de su vida, mientras que otra mujer a la que le ha sucedido 
lo mismo se recupera completamente y lleva una vida productiva. Algunas personas pueden decir que 
una circunstancia inicialmente dolorosa y traumática fue el estímulo que puso en marcha un importante 
crecimiento personal posterior. Los malos tratos, el abuso sexual, el incesto, la pérdida de un progenitor 
y otros traumas sufridos en la infancia no están absolutamente ligados de modo causa-efecto con el sub- 
siguiente malestar o sufrimiento en la edad adulta. El efecto del trauma en nuestros cuerpos físico, men- 
tal y emocional está determinado principalmente por nuestro modo de interpretar el acontecimiento y de 
darle significado. 

Generalmente hay factores emocionales implicados en los problemas ginecológicos comunes, 
además de la dieta, la herencia, el hecho de haber tenido muchas parejas sexuales o la mala suerte. He 
comprobado que la mayoría de las mujeres aquejadas de persistentes verrugas genitales, herpes o quis- 
tes ováricos han experimentado o continúan experimentando estrés o inquietud emocional y psíquica. 
En estos casos está casi siempre presente una historia de abuso sexual, abortos que no han sido resueltos 
emocionalmente o algún conflicto en el que están involucradas las relaciones o la creatividad. Estos con- 
flictos viven en el campo energético del cuerpo hasta que son resueltos; son las «oportunidades de sana- 
ción» que están simplemente aguardando a que les prestemos atención. 

Una de mis colegas ginecólogas, la doctora Maude Guerin, ilustra bellamente esto con el ejemplo 
de una mujer llamada Joan, que sufría de endometriosis grave y dolor pelviano. La doctora Guerin «cu- 
ró» a Joan con una histerectomía abdominal total y la extirpación de ovarios y trompas, el tratamiento 
estándar para ese problema. Sin embargo, después de la operación Joan comenzó a sufrir de dolor de 
espalda, depresión y unos sofocos muy molestos, que hicieron precisa una dosis cuatro veces mayor de 
hormonas. Aunque se había «curado» el dolor pelviano, en muchos sentidos no se sentía mejor que an- 
tes. En lugar de ser «sanada», simplemente había cambiado un grupo de síntomas por otros. La extirpa- 
ción quirúrgica del útero y los ovarios no había resuelto los conflictos emocionales presentes en el campo 
energético de su cuerpo, que eran la raíz del problema. 

La doctora Guerin descubrió que Joan había sido víctima de abusos sexuales a los seis años, ha- 
bía sufrido la muerte de su hermana a los dieciséis, y se había vuelto adicta al trabajo para eludir sus 
sentimientos. A pesar de todos esos importantes traumas sufridos en su vida, jamás había podido llorar. 
La doctora Guerin escribe: 

Esta paciente ha sido para mí una maestra maravillosa. Si bien nunca he descartado la idea de que los pensamientos 
y sentimientos influyen en la salud física, siempre había considerado relativa esa influencia. Esta paciente me enseñó 
que es obligatorio tomar en cuenta el vínculo mente-cuerpo en la asistencia médica de cada paciente, por muy claro 
que parezca ser el curso de su enfermedad. 

Ciertamente pensé que había curado a esta mujer, y me sentí orgullosa cuando vino al control pasados seis 
meses. A las dos nos llevó años enterarnos de que si bien la enfermedad había sido «curada» por la operación, esta 
no la había sanado a ella. 

Cuando pienso en su primera visita, que recuerdo muy claramente, y el tratamiento subsiguiente, veo que 
había muchos, muchísimos indicios de un cuadro mucho más grande que yo no fui capaz de ver en esos momentos. 
En su primera visita en mi consulta, se sentó en la mesa para el examen sin quitarse las bragas ni los pantis. No sólo 
tuvo dificultades para desvestirse para el examen, sino que también las tuvo para colocar el cuerpo en la posición co- 
rrecta. Una vez instalada, me fue casi imposible introducirle el espéculo en la vagina debido a su extrema ansiedad y 
su tensión muscular. Desde entonces, mis pacientes han continuado ayudándome a ver el cuadro mayor de cada una 
de ellas. Sé que se pueden «curar» las enfermedades de muchas pacientes sin reconocer el vínculo mente-cuerpo, pe- 
ro también sé que así van a «sanar» muy pocas. 15 

Una de mis pacientes tuvo resultados anormales en su citología. Ella ya sabía que el simple he- 
cho de extirparle las células anormales del cuello del útero («curación») no iba a tratar el desequilibrio de 
energía subyacente en su cuerpo, que estaba en la raíz de la anormalidad. Comenzó a trabajar en su dia- 
rio cada mañana con la intención de estar receptiva a lo que era necesario para su sanación. Meditó en lo 
que quería decirle este síntoma. Después de estar entregada a este trabajo de sanación interior durante 
varias semanas, descubrió una creencia clave que le pareció importante. Esta creencia era que las células 
cervicales anormales eran un castigo por su sexualidad. Una vez que identificó esa creencia y le dio 
nombre, procedió a programar una terapia médica estándar, para que su «sanación» y su «curación» 
trabajaran juntas. De camino a la cita para que le hicieran el tratamiento con láser para su trastorno, ex- 



perimentó una oleada de perdón hacia sí misma y su sexualidad, que la conmovió hasta las lágrimas. 
Incluso sintió que se producía un cambio en su cuerpo. Cuando la examinaron en el consultorio, habían 
desaparecido todos los indicios de anormalidad y no fue necesario intervenirla quirúrgicamente. Se sien- 
te muy agradecida por la curación física así como por la sanación psíquica y emocional que tuvo lugar. 

En nuestra sociedad, cuando un médico reconoce la capacidad de sanación innata de una mujer, 
da la impresión de que le está diciendo que se ha «causado» la enfermedad. Pero nuestras enfermedades 
no se basan en una simple relación de causa y efecto. Es simplista y potencialmente dañino creer que nos 
creamos consciente e intencionadamente la enfermedad o cualquier otra circunstancia dolorosa de la 
vida. Nuestras enfermedades suelen presentarse para atraer nuestra atención y volver a encarrilarnos. 
Sentirnos culpables de nuestras enfermedades sencillamente reagrupa las heridas de la niñez, y eso es 
exactamente lo contrario de la sanación. Pensar que somos «culpables» nos mantiene estancadas e inca- 
paces de progresar en nuestra sanación. La parte de nosotras que «crea» una enfermedad no es la parte 
que siente el dolor de esa enfermedad. No es una parte consciente, pero la conciencia puede influir en 
ella una vez que ponemos en marcha el proceso de sanación. 

Muchos médicos, sin embargo, equiparan el hecho de asumir la responsabilidad de la enferme- 
dad con tener la culpa de ella. En el sistema adictivo, equiparamos «ser responsable» con «ser culpable». 
En el extremo opuesto, otros médicos piensan que dado que sus pacientes no se causaron la enfermedad, 
no hay que implicarlos demasiado en su tratamiento. Es importante tener un médico o profesional de la 
salud cuyas creencias puedan reforzar la propia sanación. Estudios recientes han demostrado que las 
expectativas que tienen los médicos acerca de la capacidad sanadora de sus pacientes son captadas cons- 
ciente e inconscientemente por estos e influyen en su capacidad para ponerse bien. 

Podemos comenzar a sanar nuestra vida a un nivel muy profundo cuando comenzamos a valo- 
rar nuestro cuerpo y a honrar y respetar sus mensajes en lugar de sentirnos víctimas de ellos. Confiar en 
la sabiduría del cuerpo es un salto de fe en una cultura que no reconoce lo íntimamente conectados que 
están el cuerpo y la mente. Con la expresión «la sabiduría del cuerpo» quiero decir que hemos de apren- 
der a creer que los síntomas corporales son con frecuencia la única manera que tiene el alma de atraer 
nuestra atención. Encubrir los síntomas con «curaciones» externas nos impide «sanar» las partes de 
nuestra vida que necesitan atención y cambio. 

Yo solía chocar contra lo que llamo «paredes de culpa» cuando pedía a mis pacientes que partici- 
paran en el cuidado de su salud. Una vez, por ejemplo, le expliqué a una mujer que su fibroma (tumor 
uterino benigno) podría estar relacionado con su forma de usar la creatividad en sus relaciones. Ella se 
enfadó y creyó que yo la estaba acusando. «¿Quiere decir que yo me lo he causado?», me preguntó. Le 
dije que debía dejar de pensar en la culpa y en la relación causa-efecto. Para sanar de su problema necesi- 
taba relacionarse con su fibroma de una manera nueva, considerándolo no el enemigo que hay que «cu- 
rar», sino un aspecto de su propia guía interior que quería dirigir su atención hacia cambios en su vida 
que favorecieran la salud. Responder a una enfermedad y aprender de ella es una manera de hacer fren- 
te al sistema adictivo en el que vivimos. 

Para que se produzca la sanación, hemos de llegar a comprender que no somos tan responsables de las enferme- 
dades como responsables ante ellas. Las personas más sanas que conozco no se toman tan a pecho sus enfer- 
medades ni su vida. Dedican muy poco tiempo a reprenderse por sus enfermedades, las circunstancias 
de su vida o cualquier otra cosa. Viven día a día a su manera y a su propio ritmo. Una joven expresó 
bellamente esta actitud cuando escribió: «Me responsabilizo totalmente, no de tener cáncer, ni de sobre- 
vivir a él, sino más bien de la calidad de mi forma de responder a este pequeño caos que ha entrado en 
mi vida». 

La historia de Martha, íntima amiga de mi familia, nos ofrece un asombroso ejemplo del misterio 
de la enfermedad y los síntomas corporales. Aunque es insólita en muchos sentidos, ilustra la gama de 
experiencias que se nos ofrecen cuando estamos abiertas a la sanación, sea cual sea la forma en que se 
nos presente. 

Cuando Martha tenía alrededor de 55 años, comenzaron a surgirle penosos recuerdos de su in- 
fancia. Se dio permiso para sentir intensamente lo doloroso que fue ese periodo de su vida. Expresó y 
liberó esos sentimientos sollozando horas y horas durante varios días a lo largo de una semana. En ese 
proceso, recordó detalladamente cómo su padre, contrabandista de licores, la llevaba de bar en bar. 
Cuando estaba en esos lugares, lo veía besar a mujeres desconocidas. Recordó unos días en que su ma- 



dre la dejó en casa de una tía para ocuparse de sacar de la cárcel a su padre. La tía, que era tuerta, alojó a 
Martha y su hermana en una habitación llena de cucarachas, iluminada por una bombilla que colgaba 
del techo, y sólo les daba galletas para comer. Cuando se permitió recordar esas y muchas otras cosas 
que había «matado y enterrado» hacía unos cincuenta años, pudo llorar y lamentarse todo el tiempo 
necesario con una amiga sentada a su lado. Esta «limpieza» continuó durante varios días, con intermi- 
tencias. Después diría: «Comprendí que no había la más mínima belleza en mi vida cuando era pequeña. 
Era peor de lo que jamás me había permitido recordar». 

Una vez que pudo ver esa parte de su vida tal como había sido y expresar sus emociones por 
ella, le desapareció totalmente el dolor crónico de cuello y hombros que había tenido durante años, al 
que le habían dado el nombre de «cambios degenerativos de la columna». Nunca le ha vuelto. 

La primavera pasada Martha me llamó para decirme que estaba experimentando un miedo a la 
muerte hasta un punto que jamás había creído posible. Basándose en su experiencia anterior de confiar 
en sus síntomas, decidió permanecer con sus sentimientos y síntomas para ver qué podrían enseñarle, en 
lugar de huir de ellos o tratar de suprimirlos o «curarlos» con medicamentos. 

Martha conoce bien la muerte, ya que le tocó vivir la de dos de sus hijos y la de su marido, dos 
de estas muertes en el espacio de un año. El miedo a su muerte, que, según me dijo, la seguía a la cama 
por la noche y la enfrentaba por la mañana, se presentaba acompañado por dolores en la parte superior 
del costado izquierdo del abdomen, que al principio ella atribuyó a haber tomado penicilina para una 
infección dental. El miedo era tan horrible que durante un tiempo ni siquiera pudo hablar de él. 

Cuando empeoraron el terror y el dolor de estómago, su intuición le dijo que le convenía condu- 
cir por el país desde Nueva Inglaterra a Taos, en Nuevo México, donde vive una de sus hijas. Deseaba 
estar sola y pensó que le iría bien conducir una larga distancia. Yo jamás la había oído hablar tan altera- 
da, pero no me preocupé. Me di cuenta de que necesitaba resolver algo, y pensé que ya sabría de ella 
cuando estuviera preparada para decírmelo. Varios días después volvió a llamar, todavía bastante alte- 
rada, y me contó lo siguiente: 

Todo comenzó en las llanuras. Había conducido unos trescientos kilómetros y de pronto sentí un 
tremendo dolor físico y emocional. Iba pasando junto a unos corrales de ganado, y vi a todos esos 
animales metidos hasta la barriga en sus excrementos. Pensé en cómo todos vivimos metidos en 
esa mierda, y luego la limpiamos con papel higiénico perfumado. Sentí una pena terrible por el es- 
tado del mundo, por todos los problemas del medio ambiente. Pensé en el miedo que siempre te- 
nemos. Me vi como una pionera recorriendo a pie la llanura. «Vi» a miles y miles de mujeres, de 
todas las razas, de todas las edades, caminando penosamente por la llanura, sosteniendo al mundo 
con su trabajo y su esfuerzo. Sentí el miedo y el dolor de todas esas mujeres, el trabajo intermina- 
ble. [Mientras veía estas imágenes, el dolor de estómago fue empeorando hasta que fue tan fuerte 
que tuvo que levantar las piernas y apoyárselas contra el abdomen. Sintió que tenía sangre en la 
boca, pero cuando escupió en un pañuelo de papel, no había nada de sangre.] 

Entonces fue cuando me vino el recuerdo, como un relámpago. Yo era un vikingo, un 
hombre vikingo. Tenía una enorme espada en la mano. Maté a una mujer que estaba a punto de 
dar a luz. Los maté a los dos con esa espada. ¡Pensar que fui capaz de hacer eso! Sentí una inmensa 
compasión por los hombres, porque los han entrenado para hacer eso. El dolor de estómago, las 
lágrimas, la aflicción, todo continuó durante horas. Mientras subía el paso montañoso a través de 
las Rocosas, apareció el sol y deseé que se marchara. Pero continuó el horror. Fue como un sueño 
horrible que era real, pero a la vez no lo era. 

Necesitaba hacer esto sola en un ambiente que no fuera mi casa. Toda la noche del viernes, 
el día en que comencé el viaje, el dolor estaba en el lado izquierdo y parecía que se me iba a pasar. 
Pero el sábado, al continuar el viaje, sentí esas punzadas de miedo en el lado izquierdo del abdo- 
men. Exactamente donde yo [el vikingo] clavé la espada. 

Cuando llegué a Taos, tuve una sesión con Mary, una intuitiva muy dotada. Ella me hizo 
una lectura y le pareció que no era necesario que yo analizara nada más. Esa visión de las mujeres 
pioneras y yo como vikingo, matando a una mujer embarazada, me ha ayudado a liberarme del 
miedo a la muerte. 

Sé que necesito poner fin a esto, necesito reconocerlo y concluirlo. Tal vez era necesario 
que la mujer fuera asesinada. Eso fue lo peor que he hecho jamás, lo que he tratado de ocultar de 



Dios y de mí misma. Lo otro que comprendí es que toda la humanidad ha hecho esto. Todos he- 
mos matado y asesinado. Me siento como si acabara de morir en otra vida. Ahora me estoy dando 
a luz. Nunca volveré a ser lo que fui antes, porque me han sucedido demasiadas cosas. No puedo 
ser lo que fui antes. 

Durante unos días no me he sentido con toda mi energía física. Yo siempre he estado en 
óptima forma física. Esta experiencia me ha servido para comprender mi propia muerte. El medio 
ambiente, la Tierra y lo que le hemos hecho están clavados muy hondo en mí. Creo que ahora tam- 
bién he soltado mis ataduras a mis hijos, en el sentido de que estaba demasiado aferrada por te- 
mor. Ahora puedo avanzar. 

Martha entendió que no era necesaria para su sanación una total comprensión intelectual de lo 
que acababa de ocurrirle. Para sanar no era preciso que interpretara la visión ni la experiencia de «ser un 
vikingo» como algo perteneciente a una vida pasada, ni que hiciera ninguna otra cosa. Lo que sí necesi- 
taba era «sentir» lo que le surgía desde lo más profundo de su interior. Una vez que reconoció el acto del 
asesinato, se sintió liberada de la carga y renovada. También comprendió que tenía que cambiar su for- 
ma de vivir. Debía dejar de pasar el tiempo con amigos que no aportaban nada a su vida, con amistades 
que estaban basadas en el hábito y no en un enriquecimiento mutuo. 

Cuando volvió a casa una semana más tarde, aún sentía cierto temor residual, y deseaba liberar- 
se de esa experiencia. Lo escribió todo y después salió al jardín. Bajo la noche estrellada cavó un hoyo, 
quemó lo que había escrito, enterró las cenizas y se incorporó. Por fin se sintió totalmente liberada, des- 
pués de semanas de miedo, y volvió a entrar en su casa. 

Al cabo de unas tres semanas, fue a visitar a unos tíos suyos en Ohio. Su tío Roy la llevó a un la- 
do y le dijo que presentía que no le quedaba mucho tiempo de vida y que había una cosa que deseaba 
regalarle. La llevó a un cuarto trasero, de un estante elevado sacó una estatua de bronce y se la entregó. 
Era un vikingo con una espada. 

Las dos expresamos nuestra sorpresa ante ese sincronismo. («El sincronismo es la manera que 
tiene Dios de permanecer anónimo», dice el doctor Bernie Siegel.) «Ahora puedo tener esta estatua en mi 
casa —comentó — . Para mí es un símbolo de mi sanación. Sé que si no me hubiera dado permiso para 
experimentar este recuerdo, sueño o lo que fuera, habría contraído una enfermedad fatal de estómago. 
Estoy segura de ello». 

Esta historia es un profundo ejemplo de que la idea de que somos «culpables» de nuestras en- 
fermedades, en cualquier sentido convencional, es inaplicable y estrecha. En cierto misterioso sentido, 
nuestro intelecto consciente no está al mando. Está al mando otra parte de nosotros: nuestro poder supe- 
rior, nuestra alma o nuestra sabiduría interior. Es necesario expandir el concepto del «yo». Hay estudios 
que documentan el poder de la oración para sanar a distancia, al instante. El tiempo y el espacio no son 
absolutos. Sobre nosotros «actúan» fuerzas exteriores a nuestro control consciente. Podemos abrirnos 
para aprender de toda la vida, de nuestro yo interior y de todo aquello con lo que estamos conectadas. 

Tenemos el cuerpo que tenemos porque ese es precisamente el vehículo con el que mejor pode- 
mos hacer lo que vinimos a hacer. Stevie Wonder ha dicho que su ceguera le ha servido para sentir el 
amor que lo rodea por todas partes, más que si pudiera ver. Tal vez no podría hacer el trabajo creativo 
que hace si estuviera en un cuerpo «normal». Elisabeth Kübler-Ross señala que cuando nuestro cuadran- 
te físico está enfermo o no funciona, nuestros cuadrantes espiritual y mental suelen expandirse más de lo 
que se expandirían normalmente. Pone el ejemplo de los niños enfermos de leucemia, que parecen ser 
más sabios de lo que correspondería a su edad. 16 Yo acepto por fe la verdad de esto. En realidad no po- 
demos esperar entenderla con nuestro yo lógico e intelectual. Ciertamente hay más cosas en el cielo y la 
tierra de las que imaginan nuestras filosofías. 

Ábrete a los mensajes y misterios de tu cuerpo y sus síntomas. Sé entusiasta para escuchar y len- 
ta para juzgar. Lo que oyes podría tener la capacidad de salvar tu vida. 



3 



La guía interior 

Tan pronto como le diagnosticaron un cáncer de mama, Mary Lu me llamó para hablar de sus opciones 
de tratamiento. Le dije que parte de su curación sería aprender a confiar en sí misma, para tomar sus 
propias decisiones acerca del tratamiento después de reunir información de varios especialistas. Después 
me escribiría: 

Recuerdo que me asusté cuando te oí afirmar que durante la recuperación sabría qué hacer para 
tratar el cáncer. Recuerdo que pensé que esas eran opciones de vida y muerte, que no equivalían 
a decidir cómo pasar algún fin de semana. Entonces lo que vi de pronto fue que todos estos años 
mi alma ha estado siempre implicada en esto. Arme [Schaef] me recordó que yo había ido a mi 
primera sesión de grupo con ella en 1981, preocupada por mi salud. Fue justo después de un 
diagnóstico de colitis ulcerosa, y yo temía estarme matando a mí misma. Yo creo en la conexión 
mente-cuerpo-alma. Al tener que tomar decisiones respecto al tratamiento del cáncer, tuve el 
presentimiento de que tendría una verdadera oportunidad de confiar en mi guía interior. Confiar 
en mí misma con tal profundidad me asustaba, pero ahora, pasados varios meses, puedo decir 
agradecida que sí funciona, y que he confiado mucho en mi proceso durante todo esto. Y cada 
vez que me he guiado yo misma hacia mi curación, eso me ha dado un renovado valor para con- 
tinuar confiando. 

Nuestra guía interior puede dirigirnos hacia aquello que más favorece nuestra vida y nos la hace 
más satisfactoria. Mary Lu comprendió que era capaz de encontrar al cirujano con el que necesitaba tra- 
bajar y el tratamiento que mejor resultado le daría, incluso al enfrentarse con el cáncer de mama. Y no 
sólo eso, aprendió también que podía disfrutar de la vida al mismo tiempo. Eso lo hizo dejándose conducir 
por el modo en que se sentía en cada momento del día. Con cada paso que daba por ese camino, avanzaba hacia 
la decisión que sentía que era la mejor para ella. Cuando se avanza hacia aquello que es más satisfactorio 
y sustentador de la vida, la sanación va detrás, independientemente de cómo esté la salud en esos mo- 
mentos. 



CUADRO 3 
FUENTES DE ORIENTACIÓN 



Orientación externa: 
Visión cultural dominante 



• El mundo físico es inferior al espíri- 
tu. 

• La naturaleza es inferior a Dios y 
debe ser dominada. 

• Los seres humanos somos superio- 
res al mundo natural. 

• El comportamiento se basa en el 
miedo y la crítica. 



• La diferencia es sospechosa y debe 
ser controlada. 

• Sólo hay una manera correcta de vi- 
vir y de ser. 

• La gratificación tarda en llegar. Hay 
que ganarse el disfrute y la satisfac- 
ción. 

• El valor inherente de una persona 
está ordenado en una jerarquía de 
superior a inferior. 

• La guía de conducta la dictan las le- 
yes e instituciones desde fuentes ex- 
ternas. 

• Existe una realidad puramente objeti- 
va separada de la conciencia. 



Guía interior 



• El espíritu lo impregna todo. 

• La naturaleza es un reflejo del espí- 
ritu divino. 

• Los seres humanos somos cocreado- 
res con el espíritu y la naturaleza. 

• El comportamiento se basa en el 
respeto por uno mismo, que tiene 
por consecuencia el respeto a los 
demás. 

• La diferencia se celebra como un re- 
flejo de la creatividad del espíritu. 

• Hay muchos caminos hacia la reali- 
zación y la dicha. Ninguno de ellos 
es superior a otro. 

• Vive el momento y disfruta del pro- 
ceso de crear. 

• La vida es una aventura interdepen- 
diente y de cooperación con todos 
los seres conectados holográfica- 
mente. 

• La guía de conducta viene de la co- 
nexión con la guía interior. 



• Todo el Universo es una proyección 
de la conciencia. 



La guía interior 



91 



Obrar y esforzarse contra lo que no 
queremos es la única manera de 
conseguir algo. 

El apoyo y el sustento han de obte- 
nerse de personas e instituciones 
exteriores a uno. 

La aprobación de los demás es la 
base de la felicidad. 



• La conciencia crea todo lo que exis- 
te. Los pensamientos y sentimien- 
tos crean la realidad. 

• La persona se autosustenta median- 
te su conexión con su ser interior y 
con su sistema de guía interior. 

• Aprobarse y aceptarse a uno mismo 
es la clave de la felicidad. 



• Los seres humanos somos intríseca- 
mente defectuosos. Hay que ganar- 
se la valía. 



• La guía espiritual sólo viene de los 
sacerdotes, pastores o iglesias. 



Somos intrísecamente valiosos y 
dignos de amor en virtud de nuestra 
existencia. No tenemos que demos- 
trar ni ganarnos nada. 

Nuestra guía interior y nuestro es- 
píritu son intrísecamente amorosos 
y benéficos. 



• Dios y el espíritu son los jueces su- 
premos de la valía. 

• Es posible dominarlo todo y a to- 
dos. 







• El Universo está desplegándose 
continuamente. 

• Los seres humanos no somos capa- 
ces de entenderlo todo desde un 
punto de vista estrictamente físico. 
El misterio forma parte de la mara- 
villa de la vida. 



Nuestra guía interior nos conduce por medio de pensamientos, emociones, sueños y sensaciones 
corporales. Nuestro cuerpo está diseñado para actuar como una estación receptora y transmisora de 
energía e información. Vivir conectadas con nuestra guía interior supone sentir nuestro camino por la 
vida utilizando todas nuestras partes: mente, cuerpo, emociones y espíritu. Cuando hablo de este proce- 
so en este libro, me refiero a las diversas formas de escuchar y utilizar nuestra guía interior para efectuar 
cambios conscientes en nuestra vida, nuestro comportamiento, nuestras relaciones con los demás y nues- 
tra salud. 



Escuchar al cuerpo y sus necesidades 

Por lo general, podemos estar seguras de que nuestros «sentimientos viscerales» respecto a alguien o 
algo constituyen una información correcta. Esto se debe a que el plexo solar, que es el sitio donde nor- 
malmente sentimos esa «reacción visceral», es en realidad un cerebro primitivo. Es también un impor- 
tante centro intuitivo, esa parte de nuestro cuerpo que nos hace discernir si estamos a salvo y si se nos 
está mintiendo. 

Cada una debe desarrollar maneras de sintonizar con las necesidades de su cuerpo. Podemos co- 
menzar por cosas sencillas. Cuando estés cansada, descansa. Cuando tengas ganas de ir al lavabo, ve. Si 
sientes deseos de llorar cuando leas un cierto párrafo de este libro, llora. Si sencillamente no puedes leer 
ciertas partes del texto, fíjate en ellas: podrían referirse a temas que te resultan dolorosos. Limítate a to- 
mar nota de tus reacciones. Observa cómo respiras mientras lees: ¿Se te acelera la respiración o se hace 
más lenta según el tema que estás leyendo? ¿Qué hace tu corazón? ¿Está acelerado o tiene un ritmo len- 



to? Leer sobre el útero o el ciclo menstrual, ¿desentierra viejos recuerdos o te produce sensaciones corpo- 
rales? 

Con frecuencia les pido a las mujeres que presten atención a cómo se siente su cuerpo en cada 
momento. Para sanar nuestro cuerpo, tenemos que volver a entrar en él y experimentarlo. (Justo después 
de escribir esto, noté que tenía las piernas entumecidas. Llevaba demasiado tiempo sentada y no había 
hecho caso de mi necesidad de movimiento. Después de una caminata de diez minutos descalza por la 
hierba y unas cuantas respiraciones profundas, mi cuerpo se sintió mucho más despabilado y feliz.) 

Tenemos que creer en la sabiduría innata de nuestro cuerpo. No es necesario que sepamos exac- 
tamente por qué le ocurre algo a nuestro cuerpo para responder a ello. No es necesario que sepamos por 
qué se nos acelera el corazón ni por qué tenemos ganas de llorar. La comprensión viene después de ha- 
bernos permitido experimentar lo que estamos sintiendo. La sanación es un proceso orgánico que ocurre 
en el cuerpo y en el intelecto. Así pues, si te sientes «indispuesta» o «desasosegada», simplemente per- 
manece con ese sentimiento, permítele que se manifieste. Una vez que te hayas dado permiso para expe- 
rimentarlo, entonces dedica un momento a repasar los acontecimientos de las últimas horas o los últimos 
días. Si te sientes mal, enferma, o experimentas ciertas molestias, reflexionar sobre los últimos aconteci- 
mientos puede darte una pista relativa a lo que precedió a los síntomas. 

Tengo un ejemplo de una experiencia mía reciente. Hace unos meses me desperté con los signos 
visuales y el entumecimiento de las manos y la cara que son los síntomas de una inminente migraña. A 
los doce años comencé a tener las clásicas migrañas, una y a veces dos cada mes hasta mi segundo curso 
en la universidad. Después estuve veinte años sin volver a tener una migraña. En mis años de adolescen- 
cia fui decididamente una personalidad migrañosa: me exigía sin piedad en el colegio y en todas mis 
actividades. Regularmente, el estrés producía «cortocircuitos» en mi sistema electromagnético. 

Así pues, cuando comencé a notar esa vieja y conocida sensación, inmediatamente la aproveché 
como una oportunidad para aprender. Me puse una bolsa de hielo en la nuca, me eché en la cama, y en 
el silencio de la habitación, me concentré en calentarme las manos. (En una terapia de biofeedback había 
aprendido que es posible «abortar» una migraña relajándose totalmente y calentándose las manos.) Por 
fortuna, conseguí evitar una migraña hecha y derecha que en el pasado me tenía dolorida y con náuseas 
la mayor parte del día, y muy débil. Al cabo de una hora más o menos, logré empezar mis actividades, 
pero me sentía bastante deprimida. Repasé los tres días anteriores. 

Había estado trabajando frenéticamente por la casa, tratando de ordenar y organizar años de 
desorden en dos días. Hacia el final de ese fin de semana había estado de mal humor, casi no me había 
tomado el tiempo para comer o ir al lavabo, y había fregado y limpiado durante horas sin descanso. Esa 
noche me acosté con dolor de cabeza. A la mañana siguiente, me desperté con los síntomas de una mi- 
graña. Me quedó claro que mi capacidad para hacer caso omiso de las necesidades de mi cuerpo (des- 
canso, diversión y sustento) durante largos periodos continuaba intacta. Sólo que ahora mi cuerpo no me 
lo permitía tanto como solía hacerlo antes. De ahí la migraña. Lo consideré un aviso. 

El principio de sanación que resume este aprendizaje es el siguiente: Si no haces caso al mensaje la prime- 
ra vez, te golpean con un martillo más grande la siguiente. 

La finalidad de las emociones, al margen de cuáles sean, es ayudarnos a sentir y participar ple- 
namente en nuestra vida. Para tomar conciencia de nuestro sistema de guía interior, hemos de aprender 
a confiar en nuestras emociones. Esto no es siempre fácil, ya que a muchas mujeres se nos ha enseñado a 
vivir como si estuviéramos en una constante situación de emergencia. Pensamos: «Bueno, más tarde me 
ocuparé de esta emoción dolorosa. Ahora no tengo tiempo. He de terminar este informe» (o preparar la 
comida o lo que sea). Esta postergación o negación exige al cuerpo hablar en voz más alta para llamar la 
atención. La próxima vez que te sientas con ganas de llorar o de reír, párate y hazlo, experiméntalo. 

A muchas mujeres se nos ha enseñado a «pensar» —no a sentir— que deberíamos estar anima- 
das y ser felices todo el tiempo. La tristeza o el dolor son partes naturales de la vida. Son también gran- 
des maestros. Nadie va por la vida sin experimentar tristeza o dolor. Sin embargo, nuestra cultura nos 
enseña que hay algo malo en el dolor, que hay que drogarlo, negarlo o evitarlo a toda costa, y los costes 
son muy elevados. 

Lo que no nos enseñaron es que tenemos la capacidad innata de hacer frente al dolor, que nues- 
tro cuerpo sabe hacerlo. Llorar es una de las maneras que tenemos de liberar el cuerpo de toxinas; nos 
permite mover la energía por el cuerpo y a veces volverla a canalizar o comprenderla de un modo dif e- 



rente. Cuando no nos permitimos sentir nuestras emociones y usamos procesos adictivos como correr o 
tomar tranquilizantes para animarnos, en realidad creamos hormonas (encefalinas) que reprimen las lá- 
grimas (y la completa expresión de la emoción). 1 Las lágrimas contienen toxinas de las que el cuerpo 
necesita liberarse. 2 Las lágrimas de alegría y las lágrimas de aflicción tienen una composición química 
diferente y están influidas por las hormonas. También tienen una finalidad distinta. Cuando nos permi- 
timos una liberación emocional completa, nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu se sienten 
limpios y libres. El conocimiento sobre qué hacer en una determinada situación sólo suele venir después 
de haber sentido las emociones que nos produce y haber derramado lágrimas si es preciso. Curiosamen- 
te, las lágrimas de alegría y las lágrimas de aflicción son fisiológica y químicamente distintas, aun cuan- 
do la tristeza y la alegría están muy relacionadas. No podemos sentir las alturas de nuestra alegría si no 
hemos sentido las profundidades de nuestra tristeza. Si bien la alegría y la tristeza expresan emociones 
diferentes, las dos son partes naturales de la forma en que nuestro cuerpo procesa y «digiere» los senti- 
mientos. 

Muchas enfermedades son simplemente el resultado final de emociones que se han ido acumu- 
lando durante años sin reconocerlas ni experimentarlas. Una de mis pacientes, que tiene un largo histo- 
rial de migrañas, me dijo hace poco: «Finalmente toqué fondo con mis dolores de cabeza cuando el neu- 
rólogo quiso empezar a tratarme con litio. Entonces me di cuenta de que no deseaba tener los efectos de 
ese fármaco en mi cuerpo. Comencé una terapia de biofeedback para aprender a relajarme. Tuve una in- 
fancia tan dolorosa que no tenía a qué recurrir fuera del dolor de cabeza. Ahora comprendo que no ten- 
go por qué continuar teniendo el dolor. Noto que me comienza el dolor de cabeza tan pronto como dejo 
de cuidar de mí misma. Si no descanso ni duermo lo suficiente, o si no me defiendo ante mi familia, co- 
mienzan los dolores de cabeza. Me doy cuenta de que durante todo este tiempo los dolores de cabeza 
han estado tratando de mostrarme algo». 

Limpieza emocional: Sanar del pasado 

La sanación puede producirse en el presente solamente cuando nos permitimos sentir, expresar y liberar 
emociones del pasado qué hemos reprimido o tratado de olvidar. A esto, yo lo llamo «incisión y drenaje 
emocional». Con frecuencia he comparado este profundo proceso con el tratamiento de un absceso. 
Cualquier médico sabe que para tratar un absceso hay que abrirlo con un corte y hacer salir el pus. Una 
vez hecho eso, el dolor desaparece casi de inmediato, y se puede formar tejido nuevo sano donde estuvo 
el absceso. Lo mismo ocurre con las emociones: también se encierran entre paredes, causan dolor y ab- 
sorben energía, si no las experimentamos y liberamos. 

Los niños liberan sus emociones de forma natural e inmediata, y todos tenemos la capacidad in- 
nata de hacerlo. Sin embargo, dado que nuestra cultura venera el dominio de las emociones, muy pronto 
aprendemos a reprimir esas liberaciones emocionales. Cuando una mujer me dice que está teniendo ata- 
ques de pánico o de llanto, sé que algo emocional está dispuesto a salir para ser procesado. A los obser- 
vadores que no han experimentado este profundo proceso, puede parecerles que esta mujer está «derro- 
tada», «desquiciada» o «descontrolada». Sin embargo, eso no es cierto; simplemente está permitiendo 
que tenga lugar un proceso de sanación dentro de su cuerpo. Sólo el intelecto ha perdido el dominio: ha 
cedido el mando a la sabiduría innata del cuerpo. 

Con demasiada frecuencia los profesionales de la salud recetan medicamentos en estos casos. En 
consecuencia, el proceso natural de sanación de la mujer puede quedarse estancado durante meses o 
años. E incluso aunque no se receten medicamentos, la mayoría de las personas de nuestra cultura se 
sienten incómodas con las emociones que les surgen cuando ven a otra persona sentir sus emociones. Se 
precipitan, por lo tanto, a «consolar» a la persona que ha comenzado a llorar o se ha «descontrolado». 
Esto detiene el proceso emocional de esa persona, y al mismo tiempo protege a quien la «consuela» de 
experimentar sus propios sentimientos. El proceso de sanación se detiene para ambos. 

Por otro lado, si se anima a la mujer a permanecer con lo que está sintiendo, a introducirse en 
ello y llorar, gemir o gritar todo el tiempo que sea necesario, estando plenamente con su yo más profun- 
do, con frecuencia descubrirá que su cuerpo tiene la capacidad innata de sanar incluso recuerdos y acon- 
tecimientos muy dolorosos de su pasado. Cuando estemos dispuestas a permanecer con «lo que es» en 
lugar de huir de ello, seremos capaces de resolver experiencias dolorosas que han estado dormidas du- 



rante años, robándonos la energía. Stephen Levine llama a esta experiencia «el dolor que pone fin al do- 
lor». 

Cuando nos hemos permitido una completa liberación emocional, el cuerpo, la mente y el espíri- 
tu se sienten limpios y libres. Surgen las percepciones profundas y vuelve la autocomprensión, enterrada 
desde hacía tanto tiempo. He visto a personas perdonarse a sí mismas y perdonar a los demás después 
de llevar a cabo un profundo proceso, porque por fin están en paz con los acontecimientos dolorosos de 
su pasado. Esto suele ocurrir incluso después de años de una intelectualización que nunca las sanó real- 
mente. 

Un ejemplo asombroso de esto fue el profundo proceso de una médica especialista en la infecun- 
didad a la que llamaré Carol. Le daba mucha pena no conseguir que una mujer quedara embarazada a 
pesar de haber utilizado toda la tecnología actual a su disposición. Aunque su especialización no es una 
ciencia exacta, se tomaba muy a pecho el fracaso de las parejas en concebir. Esto llenaba de tristeza su 
actitud emocional hacia su vida profesional. 

Durante un taller que yo estaba dirigiendo, la conversación comenzó a girar en torno al tema de 
las madres; muchas de las participantes expresaron y liberaron una gran cantidad de carga emocional. 
Carol se echó en una esterilla y se permitió llorar y lamentarse. Durante este proceso, repetía una y otra 
vez: «No necesito crear más mamás. No necesito crear más mamás». Cuando acabó, comprendió que en 
realidad nunca había tenido madre en el sentido afectivo. Cuando era pequeña, su madre la castigaba 
una y otra vez pegándole. En parte había elegido su profesión debido al sufrimiento no resuelto de su 
primera infancia: en un plano inconsciente, trataba de «crear mamas» con el fin de crearse la madre que 
necesitaba afectivamente. A partir de esa profunda comprensión, logró volver a su trabajo renovada y 
libre, liberada por fin de la carga de asumir la total responsabilidad del embarazo de sus pacientes. 

Los sueños: Una puerta hacia el inconsciente 

Los sueños son otra parte de nuestro sistema de guía interior. Hay pruebas científicas que demuestran 
que la cantidad de actividad cerebral cuando soñamos es idéntica a la cantidad de actividad cerebral 
cuando estamos despiertos. Durante los sueños, nuestra guía interior trabaja con el cerebro para trazar 
un mapa de las actividades y los objetivos que deseamos o necesitamos para un futuro sano y equilibra- 
do. Los sueños también nos muestran las direcciones beneficiosas y perjudiciales hacia las cuales dirigi- 
mos nuestra energía, y cómo y dónde necesitamos hacer modificaciones. 

Una de mis pacientes, que estaba sanando de un dolor pelviano crónico, me contó que a medida 
que sanaba se volvía cada vez más competente y poderosa en sus sueños. Para ella era un placer irse a la 
cama por la noche a ver de qué sería capaz en el siguiente sueño. 

Otra paciente, que se estaba recuperando de un incesto, me contó: «Hace poco soñé que una niña 
de cuatro años trataba de hablarme de alguien que le hizo daño. Sé que yo soy esa niña, y que es necesa- 
rio que la escuche en mis sueños». 

Otra mujer, aquejada de vaginitis crónica, pidió a sus sueños que la Orientaran acerca de qué debía 
hacer, ya que ninguno de nuestros tratamientos físicos daba resultado. A la semana siguiente volvió a la 
consulta y me contó: «Tuve el sueño. Todo estaba negro, y oí una voz que me decía: "Cuando te libres de 
Larry, desaparecerá el problema"». Finalmente fue capaz de ocuparse de los problemas de su relación y 
el trastorno comenzó a solucionarse. 

Aprende a prestar atención a tus sueños escribiéndolos tan pronto como despiertes. Antes de 
dormirte planea recordarlos. Ten junto a la cama una libreta y un bolígrafo. 

Intuición y guía intuitiva 

La intuición es «la percepción directa de la verdad o realidad, independiente de cualquier proceso de 
razonamiento». Un excelente ejemplo de intuición es cuando uno entra en una habitación oscura y de 
algún modo «sabe» que hay alguien allí, aunque no pueda ver a la persona y no sepa de antemano que 
está allí. Todos nacemos con esa capacidad, y todos fuimos muy intuitivos en nuestra primera infancia. 
Sin embargo, debido a la educación, la mayoría perdemos ese modo de conocimiento alrededor de los 
siete años. En general, cuanto más educación recibimos en esta cultura, menos confiamos en nuestra 
intuición natural. Dado que nuestra sociedad glorifica cualquier forma de pensar lógica y racional, del 



hemisferio cerebral izquierdo, se nos enseña a descartar otras formas de conocimiento por considerarlas 
primitivas o ignorantes. 

De este modo la capacidad intuitiva se ha convertido en sospechosa y se ha desaprovechado. Sin 
embargo, es una habilidad que se puede reaprender en cualquier momento, porque es un modo total- 
mente natural de conocer. Si bien las adicciones nos mantienen desconectados de lo que sabemos y lo 
que sentimos y la mayoría estamos desconectados de nuestra intuición la mayor parte del tiempo, cuan- 
do nos orientamos más hacia dentro y conectamos con nuestro sistema de guía interior, au- 
tomáticamente accedemos a nuestra intuición. Nuestra sociedad admite que incluso los genios que hay 
entre nosotros sólo usan alrededor de un 25 por ciento de su capacidad cerebral. Usar la intuición es 
simplemente aprovechar más la inteligencia de lo que estamos acostumbrados. 

La guía intuitiva es la capacidad de leer nuestro campo energético (o el de otras personas). Tiene 
siglos de antigüedad y ha formado parte de muchos y antiquísimos sistemas de diagnosis y curación. 
Todos los chamanes tradicionales han trabajado de esa manera, así como los sanadores de la tradición 
wicca. 3 La guía intuitiva puede servirnos para detectar bloqueos de energía antes de que se conviertan 
en físicos. Teniendo esta información, podemos tomar medidas y mantenernos sanos. 



Cómo funciona la guía interior 

Una de mis amigas, una compañera de facultad que tiene mal la espalda, ha notado que siempre le viene 
el dolor de espalda cuando tiene que hacer algo que no desea hacer (esto es así a pesar de que tiene un 
problema supuestamente «físico» que por sí solo debería explicar sus síntomas). Ha proyectado escribir 
un ensayo sobre su campo de investigación, pero siempre que piensa en hacerlo y en los colegas con 
quienes se va a relacionar en ese trabajo, le duele el cuello y se le revuelve el estómago. Toda su forma- 
ción le ha enseñado que publicar ese ensayo es lo que «debe» hacer para progresar en su carrera. Sin 
embargo, su guía interior, que le habla mediante sus sensaciones corporales, le dice algo muy distinto. 
Sabe que si quiere continuar sana debe dar el paso decisivo de elegir entre lo que le dice su guía interior 
y lo que le dice la sociedad sobre lo que es mejor. 

Nuestro cuerpo está diseñado para funcionar mejor cuando hacemos el trabajo que sentimos que 
es el correcto para nosotras. Si deseamos saber cuál es la voluntad de Dios para nosotras, lo único que 
tenemos que hacer es mirar nuestros dones y talentos, porque ahí es donde la encontraremos. Cuando 
una mujer trabaja en algo que la satisface, su salud mejora. Si una mujer desea saber cuáles son sus do- 
nes y talentos, puede pensar en cuando tenía entre nueve y once años, antes de que la cultura la hipnoti- 
zara». ¿Qué le gustaba hacer? ¿Qué deseaba ser? ¿Quién creía que era? 

Otra manera de conectar con nuestros dones y talentos es preguntarnos qué haríamos si supié- 
ramos que sólo nos quedan seis meses de vida. ¿Seguiríamos en nuestro trabajo actual? ¿Continuaríamos 
con nuestra pareja? 

Estamos destinadas a avanzar hacia lo que sea que nos procure satisfacción, crecimiento personal 
y libertad. Nacimos sabiendo qué actividades, cosas, pensamientos y sentimientos están relacionados 
con esas cualidades. Hemos de aprender a confiar en nosotras mismas y saber que podemos avanzar con 
naturalidad hacia aquello que es sanador y gratificante. 

A muchas personas se les ha enseñado que no pueden tener lo que desean y que una vida llena 
de esfuerzos es más honorable que una llena de alegría. También se nos ha enseñado a desconfiar de lo 
que es demasiado gratificante o demasiado agradable. Esta creencia se refleja en nuestro cuerpo. Un 
eminente investigador de la hipnosis hizo notar una vez que los efectos negativos, las ampollas por 
ejemplo, son dos veces más fáciles de inducir que los resultados positivos. 4 Sin embargo, cuando expre- 
samos claramente lo que deseamos y por qué, al instante estamos en armonía con nuestra guía interior. 
Esto se debe a que sentimos agrado en el cuerpo al pensar y meditar en lo que deseamos y por qué lo 
deseamos. 

Nos entusiasman y estimulan automáticamente estos pensamientos y sentimientos, lo cual a su 
vez nos mantiene en contacto con nuestro conocimiento interior y nuestra energía espiritual. El resultado 
es entusiasmo y alegría. 



Con demasiada frecuencia nuestra cultura nos ha enseñado que es egoísta tener deseos y sueños 
y disfrutar. A muchas chicas, cuando entran en contacto con su poder interior, se les dice: «¿Quién te 
crees que eres, la reina de Saba?». Muchas hemos oído eso de «No te vayas a romper el brazo dándote 
tantas palmaditas en la espalda» cuando hemos hecho un trabajo que nos enorgullece u otras personas 
han encontrado meritorio algo que hicimos con gusto, por el placer de hacerlo. Durante toda la vida ese 
tipo de frases nos han parado en seco. Se nos acusa de ser egoístas cuando damos prioridad a nuestra 
vida y nuestros intereses. Se nos ha educado para evitar a toda costa que nos consideren egoístas. 

En general, a las mujeres de nuestra cultura les cuesta muchísimo buscar o tratar de lograr lo que 
desean y necesitan en un ambiente en el cual se supone que deben realizar y responsabilizarse de todas 
las tareas de la vida cotidiana, como criar a los hijos, preparar las comidas y repartir cariño y cuidados. 
Incluso si la crianza de los hijos y llevar la casa es exactamente lo que la mujer más desea hacer, es posi- 
ble que descubra que esas tareas son subvaloradas y mal retribuidas. Sin embargo, nada va a cambiar en 
las circunstancias externas de una mujer mientras ella no aprenda a valorar su vida y sus dones tanto 
como le han enseñado a valorar y estimular la vida de los demás. Una amiga mía dice: «Si quieres ser 
una de las elegidas, lo único que tienes que hacer es elegirte». 

Casi todas las mujeres que conozco han sido condicionadas socialmente a creer que lo correcto es 
poner a todo el mundo antes que ellas. Pero podemos invertir esta idea y atendernos a nosotras mismas. 
Dana Johnson, una amiga mía investigadora y enfermera cualificada, incluso se recuperó de una esclero- 
sis lateral amiotrófica aprendiendo a respetar todos los aspectos de su cuerpo. Unos años después de 
habérsele diagnosticado la enfermedad, comenzó a perder el control de los músculos respiratorios ade- 
más de los del resto del cuerpo. Sus dificultades para respirar le hicieron pensar que se iba a morir. En- 
tonces decidió que deseaba experimentar el amor incondicional por sí misma al menos una vez antes de 
morir. Describiéndose a ella misma como «un trozo de gelatina en una silla de ruedas», se instalaba cada 
día frente a un espejo durante quince minutos y elegía diferentes partes de sí misma para amar. Comen- 
zó por las manos, ya que en ese tiempo eran las únicas partes de sí misma que podía apreciar incondi- 
cionalmente, y después fue pasando a las otras partes. Día a día, su cuerpo físico fue mejorando a medi- 
da que aprendía a apreciarlo. También comenzó a escribir en un diario las percepciones que iba teniendo 
durante ese proceso; poco a poco llegó a comprender que desde su infancia había creído que, para ser 
útil y lograr la aceptación de los demás, tenía que sacrificar sus propias necesidades. Le fue necesaria 
una enfermedad que pusiera en peligro su vida para aprender que ser útil mediante el autosacrificio no 
tiene ningún futuro. Aunque sentirse bien por ser útil es de por sí favorecedor para la salud, son de- 
masiadas las mujeres que hacen pasteles, preparan el café y limpian la casa porque eso es lo que se espe- 
ra de ellas y se sentirían culpables si no lo hicieran. Servir a los demás porque una se siente obligada a 
hacerlo genera agotamiento y resentimiento. 

Saber lo que no queremos 

Además de saber lo que queremos, tenemos también la capacidad de saber lo que no queremos. Saber lo 
que no queremos es algo innato. Todos los bebés saben lo que les agrada y lo que les desagrada, y hasta 
alrededor de los seis años un niño va automáticamente hacia lo que le agrada y evita lo que le desagrada. 
Esta capacidad se ve en su forma más pura en un niño de dos años que acaba de aprender a decir «no». 

La capacidad de decir «no» a lo que no nos apoya es una parte esencial de nuestro sistema de 
guía interior. Jamás es demasiado tarde para comenzar a decir «no» a aquellas cosas que nos agotan y 
«sí» a las que nos reponen. 

• Cuando una amiga te llame para pedirte un favor o ayuda, deténte un momento y pregúntate: «¿De 
veras quiero ayudarla ahora o preferiría hacer otra cosa?». 

• Cuando alguien te pida que hagas algo, fíjate en lo que pasa en tu cuerpo. ¿Cuáles son las zonas de 
tensión? ¿Sientes alguna «reacción visceral» de cualquier tipo? ¿Qué te dice tu cuerpo: «Sí, esto va a ser 
agradable» o «No, esto va a ser agotador» ? 

• Si estás cansada o irritable al final del día, pregúntate qué pensamientos, actividades o personas te 
agotaron la energía. 

• Los días que te sientas estupendamente, pregúntate qué pensamientos, actividades o personas te au- 
mentaron la energía. 



• Lleva un diario y escribe en él todo lo que te aporta un flujo de energía positiva que te repone. Prestar 
atención a esas cosas atraerá más de ellas a tu experiencia. 

Una de mis pacientes, una asistenta social, vino a verme aquejada de síndrome premenstrual y 
leves ataques de ansiedad. Al interrogarla para hacerle el historial, advertí que jamás tenía ni un ratito 
para ella, que su vida estaba sobrecargada de ocupaciones para atender las necesidades de otras perso- 
nas mientras descuidaba las suyas. Le dije que debía observar qué actividades le reponían su energía y 
cuáles se la agotaban. También le dije que para acabar con esos síntomas tenía que dedicar como mínimo 
una hora al día a recargar sus pilas energéticas, descansando o haciendo algo que le gustara. Eso hizo, y 
un mes después ya le habían desaparecido todos los síntomas. Me dijo que estaba aprendiendo a ver 
cómo agotaba su energía en su vida cotidiana. «Cuando me echo o me siento a escribir en mi diario, lite- 
ralmente siento cómo me vuelve la energía al cuerpo. Ha sido una revelación para mí descubrir lo im- 
portantísimo que es esto para mi bienestar físico y emocional.» 

Todos recibimos con regularidad mensajes de nuestro cuerpo sobre lo que es bueno para nuestra 
salud y nuestro bienestar y lo que no lo es. Cuando estamos haciendo o incluso pensando algo que no 
nos apoya totalmente, nuestro cuerpo lo sabe de inmediato. A una de mis amigas le da diarrea y calam- 
bres estomacales con sólo pensar en ir a visitar a sus padres. Durante toda su infancia fue maltratada 
física y emocionalmente, y ese maltrato ha continuado en su edad adulta. Su cuerpo sabe que visitar a 
sus padres no va a ser bueno para ella, y le envía los síntomas a modo de mensajes para que no vaya. 
Cuando se da permiso para no ir a visitarlos, sus problemas gástricos desaparecen de inmediato. 

Para crear salud diariamente, mucho antes de que nos sobrevenga la enfermedad, es necesario 
que prestemos atención a las sutiles señales que nos envía nuestro cuerpo sobre lo que nos gusta y lo que 
nos desagrada. La dificultad para pensar, los mareos, las palpitaciones, el acné y los dolores de cabeza, 
de espalda, de estómago y de pelvis, son algunos de los síntomas comunes pero sutiles que suelen seña- 
lar que es hora de que dejemos lo que no deseamos en la vida. He aquí un ejemplo de mi propia vida. 

En los años ochenta, cuando tenía dos hijas pequeñas, trabajaba demasiadas horas y solía notar 
que algunos aspectos de mi trabajo no eran respetados por mis colegas. Con frecuencia me aparecían 
grandes espinillas, cosa que hasta entonces jamás había tenido, ni de adolescente ni en ninguna otra épo- 
ca de mi vida. Tomé vitaminas, cambié de dieta y empleé varias cremas para la piel. Nada dio resultado, 
hasta que dejé ese trabajo. En seis meses desapareció el problema y jamás me ha vuelto. 

Ciertamente mi cara era un barómetro de mi bienestar durante esos años. Con el trastorno de la 
piel, mi cuerpo me decía que mi entorno laboral no me apoyaba de manera óptima. Mi piel estaba regis- 
trando mi sensibilidad y mi enfado por no ser totalmente aceptada por mis colegas (yo tampoco me 
aceptaba totalmente en ese tiempo). Todas estas emociones estaban bajo la superficie, aunque yo no me 
daba cuenta de ello. Una vez que «encaré» mis necesidades más profundas y abandoné la situación que 
sencillamente no me apoyaba, me mejoró automáticamente la piel. Cuando mi vida se limpió, también se 
me limpió la cara. 

Las emociones negativas existen para hacernos saber que no estamos frente al camino más des- 
pejado para lo que queremos. Cuando comprendemos que nuestro cuerpo y sus síntomas (sentimientos) 
son nuestros aliados, que nos señalan lo que es para nuestro mayor bien y lo que no, nos liberamos. 
Siempre que te sientas enfadada o alterada, o tengas un dolor de cabeza u otros síntomas corporales, 
tómate un momento para reflexionar sobre lo que quiere decirte tu cuerpo. Cuando estoy atrapada en 
una espiral descendente de sentimientos negativos, al instante sé que me he desconectado de mi guía 
interior y que estoy prestando demasiada atención a lo que no deseo. He aprendido a notar cuándo me 
siento mal y me detengo al momento. Si logro darme cuenta en el instante en que comienza el mal hu- 
mor, suelo lograr que mi energía vuelva a fluir positivamente con el siguiente proceso: 

1. Reconozco el sentimiento sin hacer ningún juicio sobre él. Evito revolearme en la emoción nega- 
tiva y prolongarla, pero sí la siento totalmente. «Permanezco con el sentimiento.» 

2. Reconozco que hay un motivo por el cual me siento así. 

3. Dedico veinte segundos a identificar qué es lo que hace fluir negativamente mi energía. Por 
ejemplo, ayer me enfadé porque alguien del personal no me dio un mensaje importante a tiempo para 
llamar yo a mi vez en seguida. 



4. Una vez identificada la causa de mi emoción negativa, me pregunto qué puedo hacer. (Le pido 
ayuda a una amiga si necesito ayuda para aclarar mis deseos de una manera positiva y no reactiva.) 
Normalmente lo que deseo es lo contrario de lo que estoy experimentando en el momento en que me 
siento mal. Preguntarme qué deseo vuelve mi enfoque hacia pensamientos positivos y eso mueve mi 
energía hacia mis deseos. 

5. Le pongo nombre a lo que deseo. Declarar los deseos es un acto muy poderoso, porque los define 
claramente, permitiendo que nuestra energía creativa vaya hacia ellos. Así, en el caso citado antes, di- 
ría: «Deseo recibir los mensajes telefónicos a tiempo para poder responder a ellos pronto y eficazmen- 
te». Esta declaración refleja energía positiva que fluye hacia lo que deseo. Dado que es una declaración 
de pura energía positiva, que no contiene ninguna negatividad, contribuye a atraer a mi experiencia lo 
que deseo. Cuando estoy pensando o hablando de lo que deseo, la emoción negativa suele desaparecer 
sola. 

6. Finalmente, afirmo que tengo el poder dentro de mí, por medio de mi guía interior y la fuerza de 
mi deseo, para lograr lo que quiero. 

Seguir este proceso no es una manera de negar mis emociones ni de echarlas. En realidad me 
ayuda a reconocerlas, a sentirlas totalmente y a usarlas como guías hacia lo que deseo. Con regularidad 
me siento, libreta en mano, y hago una lista de lo que deseo exactamente en una determinada situación. 
Esto armoniza mis pensamientos con mi guía interior y me hace sentir bien. Generalmente a continua- 
ción viene la inspiración sobre qué hacer. Observa, por favor, que no intento imaginarme qué hacer ante 
una situación mientras no he pasado por todo el proceso de mirar en la dirección de lo que deseo. El 
motivo de esto es que el pensamiento dirigido crea vibraciones que después se convierten en inspiración. 
Me recuerdo que siempre que reacciono «contra» algo que no deseo, sólo me creo «más» de lo que no 
resulta, y mis actos se quedan fijados en lo que no quiero en lugar de dirigirse a crear lo que deseo. An- 
tes, por ejemplo, mi marido solía pasar muchas horas en el hospital y no llegaba a tiempo para la hora de 
la cena. Yo solía mirar por la ventana esperándolo, tratando de tener la comida caliente, sintiendo rabia 
contra él y lástima por mí. Cuanto más le exigía que llegara a tiempo, más se convertía esto en un pro- 
blema en nuestra relación. Un día sencillamente decidí no esperarlo y comer sola y después continuar 
con las actividades de la noche y pasármelo bien. Esto lo hacía siempre que él no estaba en casa a la hora 
en que había dicho que estaría. Al final comenzó a llegar a la hora espontáneamente, y desde entonces 
esto no ha sido problema. 

Por desgracia, en lugar de usar nuestros sentimientos como una guía interior, fuimos educadas 
para temer o negar nuestras emociones y sentimientos negativos o juzgarlos «malos». A la mayoría se 
nos enseñó que ser capaz de controlarnos a nosotras mismas y dominar nuestras emociones es encomia- 
ble y una señal de éxito. Cuando asesinaron a John Kennedy, mi madre comentó que Jackie era un estí- 
mulo y un modelo para la nación porque caminó detrás del ataúd con dignidad, sin derramar ni una sola 
lágrima ni demostrar ninguna emoción. Aunque puede ser admirable mantenerse tranquila y compuesta 
en ese tipo de situaciones apremiantes, con demasiada frecuencia ese dominio se convierte en un hábito 
tan arraigado que las mujeres se desconectan de sus emociones incluso en situaciones en que no hay 
ningún riesgo en expresarlas y sí sería sanador hacerlo. Los hombres corren aún mayor riesgo que las 
mujeres de desconectarse de sus sentimientos, dado que desde niños aprenden que «los chicos no llo- 
ran». A una amiga mía le enseñaron que si tenía ganas de llorar debía enterrar la cara en la almohada 
para que el resto de la familia no tuviera que oírla. No obstante, llorar forma parte de nuestro sistema 
«digestivo» emocional y es una manera de que continúe circulando la energía por nuestro cuerpo. 

Arme Wilson Schaef señala que el sistema adictivo tiene una orientación hacia «no vivir». Esta 
orientación nos anima a ocultar las cosas, como en la frase: «Mejor no meneallo». Al aprender muy pron- 
to que las emociones son malas o vergonzosas, aprendemos a no confiar en nuestra guía interior ni en 
nuestro cuerpo. Cuando se nos anima a desconectarnos de lo que sabemos y lo que sentimos en general, 
se nos entrena sistemáticamente para no avanzar hacia la satisfacción de nuestros más profundos deseos 
y a no decir que no a lo que no deseamos. Incluso la religión nos enseña a aplastar nuestra innata alegría 
y nuestra creatividad, y que lo agradable es pecado. Matthew Fox afirma: «Nuestra civilización no ha 
hecho un buen trabajo con la energía llamada placer y alegría». 5 Necesitamos saber que la esencia de una 
vida basada en la guía interior es una abundancia de placer y alegría. 



Todos los bebés de tres meses que he conocido sonríen y se ríen a carcajadas: reflejan la verdade- 
ra naturaleza gozosa con que todos nacemos. Ashley Montagu dijo una vez que la mayoría de los adul- 
tos no somos otra cosa que «niños desintegrados». Afortunadamente, nuestra guía interior está siempre 
a nuestra disposición para recordarnos nuestra dirección hacia la satisfacción. Cuando nos volvemos a 
conectar con nuestra guía interior y dejamos de creer que nuestro cuerpo y nuestros sentimientos son 
malos cuando nos ofrecen información, estamos en el camino hacia una vida llena de crecimiento y di- 
cha. 



4 

El sistema energético femenino 



Comprender cómo funciona la energía en el cuerpo femenino puede servirnos para descifrar el lenguaje 
único y especial de nuestro propio cuerpo. La localización física de una enfermedad, es decir, dónde se 
produce, tiene un significado psíquico y emocional. Pautas mentales y emocionales concretas están rela- 
cionadas con lugares específicos del cuerpo. Los pensamientos, emociones y comportamientos se reflejan 
o quedan estampados simultáneamente en el cerebro, la médula espinal, los diversos órganos, la sangre, 
el tejido linfático (sistema inmunitario) y el campo electromagnético que rodea todas estas zonas. Enten- 
der las diferentes formas dinámicas de energía que nuestro cuerpo origina y en las cuales actúa, va a 
servirnos para valorar cómo pueden manifestarse en nuestro cuerpo las energías positiva o negativa. 

El continuo materia-energía 

El sistema de energía del cuerpo es siempre cambiante, y la posibilidad de sanación o enfermedad está 
presente en todo momento. Las células precancerosas, por ejemplo, se producen con regularidad; pero 
sólo forman cánceres invasores cuando se deterioran los controles internos. 1 La energía mental y emo- 
cional entra y sale de la forma física con regularidad, oscilando en el continuo formado por energía y 
materia, partículas y ondas. La energía mental y emocional puede volverse física en nuestro cuerpo con 
bastante facilidad. 

Cuando tenemos un estrés emocional crónico no resuelto en un determinado aspecto de nuestra 
vida, este estrés se registra en nuestro campo energético como una perturbación que puede manifestarse 
en forma de enfermedad física. He aquí cómo ocurre: si nos obsesionamos por alguien o algo, nuestro 
cuerpo pierde energía vital. Cuando nos obsesionamos, obstruimos la energía (chi, ki, prana o qi) en un 
proceso negativo que la desvía de nuestras células, con lo cual se interrumpen los procesos celulares 
vitales. Perdemos energía en cualquier situación en la cual la ira o el miedo domina nuestra capacidad 
para avanzar en la vida. Si bien la mayoría de los médicos no consideran el comienzo de la enfermedad 
desde el punto de vista de estas pérdidas de energía, es interesante notar que algunas investigaciones 
médicas respaldan esta observación. En un estudio, por ejemplo, se demostró que las células cancerosas 
«roban» energía a los tejidos normales adyacentes (en la forma de la molécula DPN [difosfopiridina nu- 
cleótido], que es parecida al ATP [trifosfato de adenosina]). 2 

En todo caso, pensar en los campos energéticos y en las pérdidas de energía puede servirnos pa- 
ra entender qué es un proceso de sanación e iniciarlo. Cuando persistimos en continuar enfadadas con 
alguien que nos ha hecho daño, por ejemplo, una parte de nuestro espíritu está ocupada con esa persona 
y no está disponible para nuestra sanación. Los chamanes creen que cuando una persona ha sido grave- 
mente maltratada, una parte de su espíritu huye para escapar del maltrato. Una de las tradiciones cura- 
tivas del chamanismo se llama «recuperación del alma», en la cual se llama al «espíritu» que ha huido, 
para que vuelva. Muchas mujeres que sufrieron abusos sexuales en su infancia cuentan que «abandona- 
ban su cuerpo» durante el abuso. Algunas recuerdan que una parte de ellas salía de su cuerpo, subía 
hasta el techo y desde allí «observaba». Esta parte separada de su espíritu no la tienen disponible en el 
presente para sanarse. 

Muchas veces no somos conscientes de esas pérdidas de energía. Pero si continúan sin ser sana- 
das, la consecuencia suele ser el malestar corporal. Los síntomas corporales pueden servirnos para llevar 
la atención a esa zona de modo que pueda comenzar la sanación. Una de mis pacientes, que está pasan- 
do por la menopausia y vino a verme porque sufría de insomnio y depresión, me contó que cuando era 
niña habían abusado sexualmente de ella. No había tenido conciencia del abuso hasta una semana antes 
de venir a verme. Había pasado por un penoso divorcio a los cuarenta años, y no hacía mucho había roto 
con su compañero, una relación que había durado siete años. «Ahora comprendo —me dijo— que me he 



pasado toda la vida tratando de no recordar que abusaron sexualmente de mí. Ahora que sé lo que suce- 
dió, entiendo por qué nunca he tenido una relación satisfactoria. Siempre apartaba de mí a las personas. 
No sabía estar totalmente presente en una relación. Pero no sabía hacer otra cosa. Ahora lloro por mis 
primeros años y por el hecho de haber tardado tanto tiempo en recordar y liberar el pasado. Pero por fin 
ha desaparecido el permanente nudo que tenía en el estómago. Me siento libre. Me siento muy aliviada.» 
Sus problemas de insomnio y depresión mejoraron espontáneamente cuando surgieron los recuerdos del 
abuso y salieron de su campo energético. 



Cómo sanar las pérdidas de energía 

Para sanar o mantenernos sanas es útil que nos fijemos por dónde «gotea» nuestra energía. Un buen 
momento para hacerlo es cada noche al acostarnos. Para comenzar el proceso de sanar las pérdidas de 
energía, simplemente fíjate en quién o en qué estás pensando, quién o qué te preocupa u obsesiona. ¿Qué 
pensamientos, emociones, acontecimientos o personas te vienen continuamente a la cabeza? ¿Hay alguna 
emoción o pensamiento que te obsesiona? Obsérvate para ver si sientes resentimiento contra alguien. 
Cuando encuentres esas zonas, debes llamar a tu espíritu para que vuelva. Una manera de hacerlo es 
usar toda tu voluntad y la fuerza de tu deseo para llamar a esas partes tuyas que están atrapadas en si- 
tuaciones pasadas o presentes y que no se ocupan de tu mayor bien. Es útil hacerlo en voz alta. Di sim- 
plemente: «Espíritu, vuelve aquí, te necesito aquí conmigo». Tus partes separadas no están acostumbra- 
das a esta llamada, pero finalmente responderán a tus esfuerzos, y entonces tu energía volverá. 

La mayoría de las obstrucciones de los sistemas de energía son de naturaleza emocional. Es útil 
imaginarse el sistema energético como si fuera un río. Mientras esta corriente de energía sea sana y te 
sientas a gusto contigo misma, hay mucho menos riesgo de enfermedad. Las toxinas medioambientales, 
la grasa de las comidas y el exceso de azúcar y de alcohol, por ejemplo, normalmente no se manifiestan 
como enfermedad a no ser que otros factores ya hayan establecido primero el patrón de bloqueo en el 
sistema energético del cuerpo. 3 Los factores de riesgo ambientales o alimentarios se pueden comparar a 
«escombros» llevados por la corriente de energía corporal. Estos escombros continúan flotando en la 
comente a no ser que se encuentren con un árbol caído u otro obstáculo en el agua que fluye por el río. 
Cuando así sucede, los escombros se acumulan en las ramas del árbol caído. Con el tiempo, acumulacio- 
nes similares en la corriente de energía que circula por el cuerpo pueden ser causa de enfermedad física. 
De hecho, hay estudios científicos que han asociado un fallo en el flujo de información entre las células 
con la inducción de cáncer en esas células. Una barrera física de cualquier tipo que obstruya la comuni- 
cación entre las células es una influencia cancerígena. 4 La grasa y el tejido conjuntivo que forman un 
miofibroma, por ejemplo, solamente lo hacen cuando la circulación de la energía alrededor y dentro del 
útero ya está bloqueada de alguna manera. 

Nuestras emociones suelen quedarse estancadas en la infancia, en la época en que no se nos 
permitió experimentarlas plenamente. En esta cultura, que nos enseña a separar nuestro conocimiento 
intelectual adulto de nuestra realidad y nuestras necesidades en el plano emocional, una persona puede 
tener un doctorado en filosofía por la Universidad de Harvard pero un cuerpo emocional de un niño de 
dos años. Las emociones no expresadas ni reconocidas se quedan estancadas energéticamente. Por su 
parte, las emociones que se expresan y se sienten, simplemente fluyen por el sistema energético sin dejar 
asuntos «inconclusos» residuales. 

No tenemos por qué esperar a contraer cáncer u otras enfermedades para recibir el mensaje de 
que necesitamos cambiar nuestro sistema de energía y comenzar a crearnos una buena salud. Nadie está 
del todo libre del miedo, la ira y el estrés que van y vienen como parte de la vida normal. Cuando estas 
emociones se hacen lo suficientemente intensas para afectar a nuestro bienestar psíquico y emocional de 
modo regular, vamos en dirección a la enfermedad física a no ser que las resolvamos de una manera 
sana. Cuando el sufrimiento, la rabia y la frustración cotidianos no resueltos roban a nuestro cuerpo la 
energía productora de salud, es esencial llevar sanación y comprensión a nuestros pensamientos, emo- 
ciones y actos. 

Hay aquí un punto importantísimo: es completamente posible que una mujer viva toda su vida 
libre de enfermedades físicas aunque haya sido violada, maltratada o desatendida cuando era niña. Los 



problemas de la primera infancia no causan necesariamente perturbaciones de la energía ni enfermedad 
física. Estas cosas suelen ocurrir después de que la mujer comienza a desarrollarse como individuo y 
forma su identidad y sus opiniones, «distintas» de las de su familia y su pasado. En ese momento es po- 
sible que comprenda que lo que le ocurrió cuando era niña no era aceptable. Sin embargo, eso lo com- 
prende desde el punto de vista de una persona madura, no de la niña que era entonces. 

Las heridas del pasado de una mujer sólo se hacen potencialmente devastadoras para ella, física 
o emocionalmente, cuando tiene la idea de que lo que le ocurrió en el pasado estuvo mal, que no debió 
haber ocurrido, y que los miembros de su familia abusaron de ella deliberada y conscientemente. Enton- 
ces introduce en su patrón emocional y psíquico un modelo conflictivo de cómo debió haber sido su vi- 
da. Esto dispone el escenario para los efectos tóxicos de la acusación y la culpa. Aunque una mujer haya 
sido aterrorizada y maltratada cuando era niña, ese primer abuso no va a afectarla a ella ni a su cuerpo a 
no ser que comience a creer que tenía derecho a una vida diferente. En ese momento empieza a revivir y 
revaluar sus primeras experiencias desde el punto de vista de una persona que examina el escenario de 
un crimen. Entonces podría muy bien producirse la interrupción del flujo de energía y la subsiguiente 
enfermedad si ella es incapaz de resolver su dolor emocional y psíquico con perdón y comprensión hacia 
sí misma y los demás. 

La química del conflicto, o indignación justiciera, requiere dos energías importantes: la primera 
se produce cuando la mujer comienza a recordar que efectivamente fue violada de alguna manera. La 
segunda se produce cuando interpreta esos acontecimientos desde la perspectiva de que su familia eligió 
hacerle eso a ella de un modo deliberado y consciente. Esta actitud mental, no el abuso, es lo que crea la 
enfermedad. 

He aprendido a reconocer los efectos nocivos de la «indignación justiciera» en mi propio cuerpo. 
Quedarse atascada en esa energía durante mucho tiempo es autodestructivo. Cuanto más tiempo per- 
manecemos en esa modalidad, buscando a un agresor a quien culpar de lo que nos sucedió, ya sean los 
hombres, nuestra madre, el Gobierno o los médicos, más se nos agota la energía del cuerpo. 

Lo que ahora llamamos «incesto», por ejemplo, no se considera que lo sea en algunas culturas, 
sino que se lo ve como una «participación tribal». Algunos grupos todavía viven así en muchos países. 
La circuncisión de las jóvenes se realiza rutinariamente por mujeres mayores en las culturas en las que se 
practica. Según el saber tribal, la joven será considerada «mercancía manchada» si no ha sido circunci- 
dada. Según nuestro punto de vista cultural occidental, eso es barbarie. Dado que se está tomando más 
conciencia de los efectos físicos, psíquicos y espirituales de la circuncisión femenina, ahora se está sacan- 
do a la luz el tema, se discute y se revalúa. 

El incesto y otras violaciones de los derechos humanos han sido la norma durante los cinco mil 
últimos años. «No se consideraron delitos, como se consideran ahora —escribe Caroline Myss— hasta 
que comenzamos a revaluar nuestros límites personales dentro del marco tribal.» En mi opinión, esta 
revaluación colectiva constituye una recuperación, una liberación, del sistema adictivo. 

Ciertamente nuestros primeros años de vida familiar tienen una profunda influencia en nuestro 
carácter y nuestra salud. Un estudio prospectivo de la doctora Caroline Thomas, por ejemplo, indica que 
la falta de intimidad de un hombre con sus padres, o el hecho de tener un padre que no se implica física 
y emocionalmente, permitiría pronosticarle una discapacidad precoz y muerte por suicidio, hiperten- 
sión, enfermedad coronaria y tumores. 5 

La energía de la Tierra 

Las filosofías orientales tradicionales describen la profunda interacción entre la energía de la Tierra y la 
del cuerpo físico humano, y la fuerte conexión entre la energía femenina y la atracción natural de la Tie- 
rra. Entender que la naturaleza de la mujer, con sus flujos y reflujos, es positiva y poderosa, nos da la 
oportunidad de sanar y vivir de forma equilibrada y sana. 

Según algunas creencias orientales, el cuerpo de las mujeres difiere del de los hombres en que la 
energía de la Tierra sube por nuestro cuerpo y lo penetra. Esta energía femenina «atrae hacia dentro», es 
una fuerza centrípeta, y es irresistible. Es tan poderosa, que si se vive en un ambiente familiar, la mayo- 
ría de los miembros de la familia giran alrededor de la persona que tiene la mayor energía centrípeta — 
generalmente la madre—, y cuando no está, lo notan agudamente. Los hijos se guardan sus quejas para 



contárselas a su madre al final del día si ella no ha estado en casa. Mis hijas siempre quieren saber dónde 
me encuentro cuando estoy en casa. Si salgo de una habitación, antes de que pase un minuto me llaman: 
«Mamá, ¿dónde estás?». Cuando eran más pequeñas siempre tenían que estar conmigo en la misma ha- 
bitación. No pude darme un baño sola hasta que la mayor cumplió los nueve años. En cambio, cuando 
las niñas eran pequeñas, mi marido tenía que estar fuera mucho más tiempo que yo para que ellas lo 
notaran. Esa energía centrípeta de la mujer está en funcionamiento cuando se pone el bebé al pecho, y 
cuando acepta el pene en su vagina (si es heterosexual) y su óvulo hace señales químicas a los esper- 
matozoides para que naden hacia él. 

Michio Kushi, el maestro de macrobiótica que fue el primero en escribir sobre esta forma de 
energía para lectores occidentales, señala que la fuerza centrípeta de la Tierra que sube por los pies está 
presente también en los hombres, así como la fuerza del cielo, que baja y entra en el cuerpo por la cabeza 
(fuerza centrífuga), está también presente en las mujeres. Lo que difiere es el grado en que está presente 
cada energía. En general, en las mujeres hay más energía de la Tierra que sube. Me han dicho que las 
mujeres del pueblo navajo usan faldas porque eso aumenta el acceso del cuerpo a esa energía de la Tie- 
rra a través del círculo que forma la falda (véase figura 1). 



Fuente; Adaptado de Michio Kushi. 

FIGURA 1. LA ENERGÍA DE LA TIERRA QUE SUBE 
Energía femenina = fuerza centrípeta o «que atrae hacia dentro». La energía de 
la Tierra entra por los pies y sube en espiral hacia el útero, los pechos y las amíg- 
dalas. 

La energía centrípeta es una fuerza conectara que influye en todas las personas que nos rodean, 
porque las mujeres tendemos a ser el centro de la vida familiar, las que asumimos la responsabilidad 
psicológica del bienestar de los demás miembros de la familia. Por lo tanto, cuando una mujer mejora su 
vida, generalmente toda la familia se beneficia (tenga hijos o no). Ella marca el tono. El bienestar de la 
familia y el de la sociedad dependen de que las mujeres sanemos y nos mantengamos sanas. Parte de la 
creación de salud es entender el poder de la energía femenina y sus implicaciones. La salud de los seres 
queridos de una mujer está directamente ligada a su salud personal. De modo que hemos de tomarnos el 
tiempo que necesitamos para sanar. Nos lo debemos en primer lugar a nosotras mismas. 



Los chakras 



La fuerza centrípeta — que atrae hacia dentro — es sólo un modo de describir la energía femenina. Tam- 
bién tenemos siete centros energéticos concretos en el cuerpo llamados chakras. Normalmente los factores 
emocionales y psíquicos afectan al cuerpo femenino y sus centros energéticos, los chakras. No te extrañes 
si sientes cierta resistencia a escuchar esta información. No te culpes por los acontecimientos del pasado 
que han sido causa de comportamientos poco sanos en tu vida presente. Simplemente obsérvalos y co- 
mienza el proceso de sanación. Todos los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos los mismos 
chakras, y cada uno de ellos se ve afectado por problemas emocionales y psíquicos concretos. Estos cen- 
tros energéticos conectan nuestros nervios, hormonas y emociones. Su ubicación va paralela al sistema 
neuroendocrino-inmunitario, formando un vínculo entre nuestra anatomía energética y nuestra anato- 
mía física. El sistema energético del cuerpo humano es un campo holográfico que contiene información 
para el crecimiento, el desarrollo y la reproducción del cuerpo físico. Este campo holográfico guía el de- 
senvolvimiento de los procesos genéticos que transforman las moléculas del cuerpo en órganos y tejidos 
funcionales. Si bien la medicina occidental estándar aún no ha reconocido los chakras, las culturas orien- 
tales los valoran desde hace muchísimo tiempo. Caroline Myss, intuitiva médica de fama internacional, 
que diagnostica la enfermedad y el mal funcionamiento de la energía, y con quien he trabajado durante 
un buen número de años, me dio la información inicial acerca de las pautas mentales y emocionales que 
crean tanto la salud como la enfermedad en cada uno de los centros de energía del cuerpo. En esta se- 
gunda edición, he revisado la información relativa a la zona de cada chakra concreto según los estudios 
médicos recopilados por la doctora Mona Lisa Schulz, intuitiva médica y neuropsiquiatra. 

Si consideramos que los chakras son las zonas clave en donde la energía media entre lo emocio- 
nal y el cuerpo físico, podemos comenzar a comprender cómo las heridas culturales podrían tener conse- 
cuencias psíquicas y emocionales que nos disponen para los subsiguientes trastornos ginecológicos, obs- 
tétricos y otros problemas de salud. Ya sea que pienses que los chakras son lugares del cuerpo reales o 
sólo metafóricos, pueden servirte para activar la conexión mente-cuerpo y ayudarte a sanar. 

Cada uno de los siete chakras del cuerpo humano está asociado con sistemas orgánicos y estados 
emocionales concretos. Cada uno está también activado o debilitado por las propias creencias y senti- 
mientos. Es decir, miedos y emociones concretos eligen como blanco determinadas zonas del cuerpo 
(véase fig. 2, p. 116). La localización y los nombres de los chakras varían un poco según los diferentes 
textos y tradiciones, pero el sistema de chakras que presento aquí es una compilación de mis ob- 
servaciones clínicas combinada con los trabajos del doctor Normal Shealy, neurocirujano e investigador 
de la medicina energética, Caroline Myss y la doctora Mona Lisa Schulz. 6 A medida que leas la informa- 
ción sobre los chakras, escucha a tu cuerpo y confía en tu intuición acerca de tu situación actual. Trata de 
visualizar el campo energético de cada chakra para ver si lo sientes sano y completo, o te parece necesi- 
tado de atención y cuidado. 

Si bien los siete chakras son todos importantes y están interconectados, me concentraré en los 
que se relacionan más directamente con la salud ginecológica, obstétrica y mamaria. Según algunas tra- 
diciones espirituales, los chakras superiores son «más importantes» o «sagrados» que los chakras «infe- 
riores» o «menores», pero yo quiero insistir en que este es un típico malentendido patriarcal. No pode- 
mos esperar mejorar nuestra salud ni las circunstancias de nuestra vida si pensamos que los centros de 
abajo «valen menos» o están «por debajo de nuestra dignidad». Si la humanidad hubiera atendido colec- 
tivamente a las necesidades de sus chakras inferiores y los hubiera considerado partes vitales del total, 
en lugar de subordinarlos a los intereses espirituales «superiores», hoy serían prósperos nuestro planeta 
y nuestra vida individual. Pensar que las necesidades espirituales son más dignas que las físicas es hacer 
una «derivación espiritual». Cuando trabajes con tus chakras, observa a cuáles te gustaría dedicar menos 
tiempo y analiza por qué. Tal vez te convenga examinarlos hasta que te sientas más cómoda con ellos. 

En cada chakra hay dos polaridades o extremos básicos que están relacionados con la mala salud. 
Para estar sanas o recuperar la salud en una determinada zona, debemos aprender a lograr un equilibrio 
sano entre los dos extremos de expresión emocional representados en ella. A través de cada uno de estos 
centros emocionales, nuestra sabiduría corporal interior nos dirige siempre hacia la salud y el equilibrio, 
exigiendo que desarrollemos todo un repertorio de habilidades que abarquen la gama completa de ex- 
presión emocional. 




FIGURA 2. DIAGRAMA DE LOS CHARRAS 
EN LA FIGURA FEMENINA 



Una cosa más: si bien las energías asociadas con la acusación, la culpa, la ira y la pérdida se han 
relacionado con ciertas zonas del cuerpo, un estudio exhaustivo de la bibliografía médica psicosomática 
indica que esta visión es incompleta. Estas energías afectan a cada zona del cuerpo simultáneamente, 
aunque se podrían manifestar como problemas de salud en la zona del cuerpo más vulnerable. Lo mis- 
mo vale respecto a las energías favorecedoras de la salud asociadas con el amor, la esperanza y el per- 
dón. 



Los centros femeninos inferiores: 
Del primer al cuarto chakra 

Los tres chakras de abajo están relacionados con nuestra vida física: personas, acontecimientos, recuer- 
dos, experiencias y objetos físicos de nuestro entorno, pasados y presentes. Estos tres centros femeninos 
inferiores están inseparablemente ligados e interaccionan entre sí. Por lo tanto, aunque me refiero a cada 
uno por separado, hay que tener presente que se influyen mutuamente. (En última instancia, los siete 
chakras se influyen e interaccionan entre sí.) 

La zona del primer chakra está influida por lo seguras y a salvo que nos sentimos en el mundo y 
por lo bien que podamos equilibrar la confianza y la desconfianza, la independencia y la dependencia, la 
soledad y la pertenencia a grupos. Esta zona también está influida por el equilibrio que logramos entre 
sentirnos audaces y permitirnos sentir totalmente nuestros miedos. La zona del primer chakra se ve afec- 
tada, muy literalmente, por lo conectadas que nos sentimos con la Tierra y sus procesos. Las zonas del 
cuerpo correspondientes a este chakra son la columna, el recto, las articulaciones de las caderas, la san- 
gre y el sistema inmunitario. Los cimientos de nuestro sentimiento de seguridad suelen formarse en la 
infancia, cuando tenemos la sensación de que este planeta es o no un lugar seguro. Por lo tanto, en este 
primer chakra están representados los asuntos familiares y de supervivencia física no resueltos, los con- 
cernientes a nuestra casa, nuestra familia, nuestra identidad sexual y nuestra raza. Una persona que tie- 
ne problemas en el primer chakra, probablemente dirá o pensará con regularidad: «No tengo a nadie», 
«Estoy totalmente sola», «A nadie le importo», «Me voy a morir de hambre». 

La salud de la zona del segundo chakra está influida por dos aspectos distintos. El primero tiene 
que ver con nuestras ambiciones en el mundo exterior, y en él entran, entre otras cosas, nuestra forma de 
obtener lo que queremos y aquello que deseamos o buscamos. Cuando perseguimos lo que queremos, 
¿lo hacemos de forma activa o pasiva? ¿De modo directo o indirecto? ¿Somos personas inhibidas o des- 
inhibidas? ¿Se nos considera emprendedoras, dinámicas, o hacemos que las cosas «nos vengan»? Fi- 
nalmente, cuando vamos tras lo que deseamos, ¿lo hacemos «sin vergüenza» o nos sentimos avergonza- 
das, creyendo que no somos dignas de tener lo que queremos? 

El otro aspecto del segundo chakra tiene que ver con las relaciones. ¿Somos dependientes o in- 
dependientes? ¿Los demás nos necesitan o nosotras necesitamos a los demás? ¿Tomamos o damos más 
en las relaciones? ¿Tenemos límites bien definidos o poco claros? ¿Nos hacemos valer o somos su- 
misas? ¿Protegemos a los demás o los demás nos protegen? ¿Tendemos a oponernos a los demás o nos 
sometemos a sus opiniones y actos? 

A la zona del segundo chakra corresponden los órganos pelvianos y reproductores (vulva, vagi- 
na, útero, cuello del útero y ovarios). La salud de esta zona está influida por el grado en el que nuestras 
relaciones se basan en la confianza o en el control o dominio, la acusación y la culpa. Si utilizamos la 
sexualidad, el dinero, la acusación o la culpa para controlar la dinámica de nuestras relaciones (incluida 
la que tenemos con nosotras mismas), entonces los órganos de este segundo chakra se verán afectados 
adversamente. Una persona con problemas en el segundo chakra podría decir o pensar con frecuencia: 
«No siento que me escuches», «Nunca vienes a verme», «Él no me escribe ni me llama», «Nadie me va a 
amar jamás», «Nunca estás disponible para mí». 

El tercer chakra está asociado con la autoestima, la confianza en una misma y el respeto por una 
misma. Es decir, ¿cómo equilibramos nuestra sensación de capacidad o de inferioridad en lo que hace- 
mos en el mundo exterior del trabajo y el éxito? ¿Somos excesivamente responsables o irresponsables? 
¿Somos agresivas o tendemos a estar a la defensiva? ¿Somos propensas a amenazar e intimidar a los 
demás? ¿Somos territoriales? ¿O nos sentimos atrapadas y deseamos escapar? En el trabajo, ¿depende- 
mos excesivamente de los límites o tenemos problemas con las limitaciones? Finalmente, ¿sabemos equi- 
librar nuestra competitividad? ¿Sabemos ganar y perder con elegancia? ¿Cómo llevamos las ganancias y 
las pérdidas? Todos estos problemas afectan a la salud de esta zona. Los cimientos del sentido de sí 
misma de una mujer los forman las emociones, los recuerdos y la sabiduría almacenados en los campos 
energéticos de los dos primeros chakras. Para tener una buena autoestima, la mujer debe sentirse segura 



en el mundo (primer chakra) y tener relaciones basadas en el respeto y el apoyo mutuos (segundo 
chakra). Los órganos asociados con el tercer chakra son la vesícula biliar, el hígado, el páncreas, el estó- 
mago y el intestino delgado. Las afirmaciones que dañan la salud de esta zona serían: «Si no lo hago yo, 
nadie lo hará», «Nunca valdré lo suficiente», «Está bien, lo haré yo». 

Todos los tipos de estrés no resueltos de los primeros años de nuestra vida física relacionados 
con personas, acontecimientos, recuerdos y experiencias extraen energía principalmente de los tres cen- 
tros de poder de la parte inferior, los tres primeros chakras. 

CUADRO 4 

ANATOMÍA DE LA ENERGÍA: ACTITUDES MENTALES 
Y EMOCIONALES, LOS CHAKRAS Y EL CUERPO FÍSICO 



Cbakra Órganos 



Actitudes mentales y 
emocionales 



Disfunciones físicas 



7 Cualquier Claro sentido de la fina- 

sistema lidad de la vida o sa- 

orgánico. ber que la vida tiene 

una finalidad que po- 
dría no estar clara. 
Conexión con Dios o 
con la fuente univer- 
sal de energía. 
Comprender la parado- 
ja de que podemos 
influir en los aconte- 
cimientos de nuestra 
vida y también con- 
fiar en que las cosas 
ocurren como deben 
ocurrir, y que algu- 
nas escapan a nuestro 
control. 



Trastornos de desarrollo 
(parálisis cerebral); 
trastornos genéticos; 
esclerosis múltiple; 
esclerosis lateral 
amiotrófica; anorma- 
lidades de sistemas 
múltiples; cualquier 
enfermedad o acci- 
dente grave que pone 
en peligro la vida y 
sirve de llamada a 
despertar. 



Cerebro; Percepción: claridad o 

ojos; ambigüedad, 
oídos; Pensamiento: hemisfe- 

nariz; rio cerebral izquier- 

glándula do o hemisferio cere- 

pineai. bral derecho; 

racional o irracional; 
lineal u holográfico; 
rígido o flexible. 
Moralidad: conservado- 
ra o liberal; sigue las 
normas o comprende 
que las normas tie- 
nen excepciones. 
Represión o desinhibi- 
ción. 



Tumores y hemorragias 
cerebrales; trastornos 
neurológicos; cegue- 
ra y sordera; vértigo 
de Méniére; mareos; 
zumbidos en los oí- 
dos; enfermedad de 
Parkinson; discapaci- 
dades de aprendizaje; 
ataques epilépticos. 



Cbakra Órganos Actitudes mentales y Disf unciones físicas 

emocionales 



Tiroides; 


Comunicación: expre- 


tráquea; 


sión o comprensión 


vértebras 


(hablar o escuchar). 


cervicales; 


Sentido de la oportuni- 


garganta; 


dad: precipitarse o 


boca; 


esperar. 


dientes y 


Voluntad: voluntariedad 


encías. 


o sumisión. 



Corazón o 
pulmones; 
vasos 

sanguíneos; 
hombros; 
costillas y 
pechos; 
diafragma; 
parte superior 
del esófago. 



Expresión emocional: 
capacidad para sentir 
totalmente, expresar 
y resolver los senti- 
mientos de rabia, 
hostilidad, alegría, 
amor, aflicción, per- 
dón. 

Capacidad para estable- 
cer relaciones de 
compañerismo recí- 
proco con equilibrio 
para saber dar y reci- 
bir, para sustentar el 
propio yo y a los de- 
más, para intimar 
con otras personas y 
para estar sola (inti- 
midad con una mis- 
ma). 



Bronquitis, ronquera; 
irritación crónica de 
la garganta; úlceras 
bucales; problemas 
de encías; problemas 
de la articulación 
temporomaxilar; 
problemas de los dis- 
cos cervicales; dolor 
crónico del cuello; 
laringitis; inflama- 
ción de los ganglios 
del cuello; problemas 
de la tiroides. 



Enfermedad de la arte- 
ria coronaria; infarto 
de miocardio (ataque 
al corazón); hiper- 
tensión; arritmias 
cardiacas; dolor de 
pecho; prolapso de la 
válvula mitral; car- 
diomegalia; fallo car- 
diaco congestivo; 
asma y alergias; cán- 
cer de pulmón; neu- 
monía; problemas de 
la parte superior de 
la espalda y los hom- 
bros; problemas de 
mamas, incluido el 
cáncer. 



Chakra Órganos 


Actitudes mentales y 






emocionales 


3 Abdomen; 


Autoestima, confianza 


Úlceras gástricas o duo- 


parte superior 


en una misma y res- 


denales; problemas 


de los 


peto por una misma. 


de colon o intestina- 


intestinos; 


Sensación de capacidad 


les; colitis ulcerosa, 


hígado y 


o inferioridad res- 


síndrome del colon 


vesícula 


pecto a la competen- 


irritable; acedia o 


biliar; 


cia y las habilidades 


gastritis; pancreatitis 


parte inferior 


en el mundo exterior. 


o diabetes; estreñi- 


del esófago; 


Responsabilidad o irres- 


miento y diarrea; in- 


estómago; 


ponsabilidad. 


digestión, crónica o 


riñones y 


Abuso de substancias 


aguda; anorexia y 


páncreas; 


adictivas. 


bulimia; disfunción 


glándulas 


Agresividad o actitud 


hepática; hepatitis; 


suprarrenales; 


defensiva. 


disfunción suprarre- 


bazo; 


Competitividad o no 


nal. 


parte media 


competitividad: ga- 




de la 


nar o perder. 




columna. 


Territorialidad o dema- 






siados límites. 






Miedo a asumir respon- 






sabilidades o a tomar 






decisiones sola. 






Sentirse demasiado res- 






ponsable. 





Útero; 


Ambiciones equilibra- 


Problemas ginecológi- 


ovarios; 


das en el mundo ex- 


cos u obstétricos; do- 


vagina; 


terior con respecto a 


lor pelviano y de la 


cuello del 


la sexualidad, el dine- 


parte inferior de la 


útero; 


ro y las relaciones. 


espalda; infecundi- 


intestino 


Capacidad para crear 


dad; trastornos 


grueso; 


junto con otras per- 


sexuales; problemas 


vértebras 


sonas. 


urinarios; apendici- 


inferiores; 


Creatividad. 


tis. 


pelvis; 


Relaciones dinámicas: 




apéndice; 


dependencia o inde- 




vejiga. 


pendencia; dar y re- 






cibir, límites defini- 






dos o límites poco 






claros; autoafirma- 






ción o pasividad. 









/ictituaes mentales y 
c/rwt tunales 


Disfunciones físicas 


1 


Soporte del 


Seguridad en el mundo; 


Problemas crónico*; He 




cuerpo físico; 


saber cuándo confiar 


la columna - clnlnr 




articulaciones 


o desconfiar. 


escalda* ciática* psro- 




de las caderas; 


Saber cuándo sentir 


Iiosis; cáncer o tumo- 




columna; 


miedo y cuándo no. 


res rectales; cansan- 




sangre; 


Equilibrio entre inde- 


cio crónico; 




sistema 


pendencia y depen- 


fibromialgia; enfer- 




inmunitario. 


dencia. 


medades autoinmu- 








nes; artritis; proble- 








mas de piel. 



Fuentes: C. N. Shealy y C. M. Myss, The Creaúon of Health: Mergkg Traditionaí Medicine 
wtth Intuiüve Diagnosis, Stillpoint Publications, Walpole (New Hampshire), 1988. [Hay tra- 
ducción al castellano: La creación de la salud, Luciérnaga, Barcelona, 1998.] Documentación 
científica del sistema energético humano e información puesta al día de Mona Lisa Schulz, 
Awakening Intmtion: Using Your Mind-Body Network for Insight and Healing [Despierta tu 
intuición, Edic. Urano], Harmony Books, Nueva York, 1998. 

■ 

Tipos de estrés en la mujer que afectan a los tres primeros chakras 

• Toda clase de rabia. 

• Resentimiento y sensación de rechazo. 

• Necesidad de venganza. 

• Desear dejar una relación pero temer las consecuencias económicas. 

• Vergüenza del propio cuerpo. 

• Vergüenza de los propios antecedentes familiares o de la posición social del marido 

• Maltratar a los hijos o ser una hija maltratada. 

• Un historial de incesto o violación. 

• Sentimiento de culpabilidad por un aborto. 

• Incapacidad de concebir. 

• Incapacidad de dar a luz las propias creaciones. 

Todos estos problemas pueden afectar a los órganos situados de la cintura para abajo, debido al modo en que 
trabajan juntos los tres chakras inferiores. A continuación me referiré a los problemas de cada chakra con de- 
talle. 

El primer chakra: Cómo se almacenan en el cuerpo 
las heridas familiares 

La salud del primer chakra está relacionada con la educación recibida y los primeros años de la vida. 
Esto incluye a la familia inmediata y demás parientes, la raza, la posición social, el nivel educativo, el 
legado familiar y las expectativas de nuestra familia tal como nos han sido transmitidas generación tras 
generación. Para describir la amplitud de los problemas asociados con el primer chakra, Caroline Myss 
usa la palabra «tribu». Por ejemplo, todos aprendemos muy pronto lo que significa ser miembro de un 
grupo definido: católico o judío, de la familia Jones, de la familia Smith, etc. Otra «herencia» del primer 
chakra es la programación tribal de muchas familias inmigrantes de primera y segunda generación en 
Estados Unidos, que suelen transmitir la creencia de que para realizar cualquier cosa valiosa uno debe 
sufrir y sacrificar su felicidad y su placer personales. Las cicatrices familiares y la información social y 
familiar que forma la idea de realidad de la persona están conectadas con la zona del primer chakra. 

La mente tribal no es una mente individual. Es principalmente un cerebro colectivo que busca 
mantenerse y lucha por sobrevivir en el mundo. La mente tribal está interesada en la «lealtad», no en el 



amor, la amabilidad ni la ternura. Lo que la tribu llama «amor» es en realidad obligación para con la 
tribu. Un ejemplo de esto es un miembro de la familia que le dice a otro: «Si realmente me amaras, ven- 
drías a visitarnos a tu familia y a mí con más frecuencia». La conciencia tribal, por lo tanto, no es una 
conciencia de alto nivel ni muy evolucionada. Sin embargo, todos la compartimos hasta cierto grado, y 
muchas mujeres admiten que cuando se hacen mayores oyen hablar en sí mismas a esa mente tribal. 
Muchas pacientes mías suelen decirme: «A veces oigo salir de mi boca palabras de mi madre, y no me lo 
puedo creer». 

Yo llamo «cangrejos en el cubo» a la mente tribal. Si tenemos unos cuantos cangrejos en un cubo 
con agua y uno de ellos intenta escaparse por el borde, los demás tiran de él para que siga en el cubo con 
el resto. Más o menos lo mismo suele sucedemos a las mujeres con nuestros familiares cuando decidimos 
liberarnos de comportamientos limitadores. Casi siempre los miembros de nuestra familia sabotean 
nuestros esfuerzos, al menos al principio. 

Innumerables mujeres han tenido la experiencia de enfrentarse a sus padres por acosos sexuales 
o incesto después que han recordado estos acontecimientos, y descubren que ellos los niegan rotunda- 
mente. El motivo inconsciente de preservar la tribu es la causa de que muchos padres nieguen haber 
violado jamás a uno de los miembros de la tribu. En cierto sentido, la memoria tribal ha absorbido el 
recuerdo de modo muy diferente a como ha registrado el mismo acontecimiento el miembro individual. 

Problemas del primer chakra que pueden disponer el escenario para la enfermedad 

• Problema inconcluso con los padres. 

• Incesto (que es un problema también del segundo chakra). 

• Maltrato o desatención en la infancia. 

• Programación psíquica limitadora en los primeros años, por ejemplo: 
—«Eres una estúpida», «Eres una inútil», «Eres una niña mala». 
—«Sólo los católicos van al cielo». 

—«Tu cuerpo es algo que tienes que esconder por vergüenza». 
—«Las chicas están hechas para servir a los hombres». 

—«Siempre los hombres primero». (Por ejemplo, en muchas familias, a los hombres se les sirven los 

mejores cortes de carne y a las mujeres se les da lo que queda.) 
—«Las chicas no deben ser ambiciosas ni inteligentes». 
—«Las mujeres no deben ganar dinero. Deben casarse con un hombre rico». 

La mayoría de las tribus o familias no intentan deliberadamente envenenar a sus miembros, sino que 
sólo transmiten lo que reconocen como el buen saber tribal, incluso en la forma de ideas limitadoras y 
dolorosas. Es útil pensar en la tribu de ayer como la familia disfuncional de hoy. 

No hace mucho mi amiga Carla comprendió, después de resolver sus muchas enfermedades físi- 
cas, que las semillas de sus enfermedades habían sido plantadas en su infancia. De pequeña, su madre la 
zurraba repetidamente, no por maldad ni por falta de cariño, sino simplemente siguiendo su programa- 
ción tribal sobre cómo amar y preparar a su hija para la vida. Le decía que las palizas eran su manera de 
demostrarle cariño; siempre que veía a otra madre golpeando a su hija en el supermercado, le decía que 
esa mujer realmente amaba a su hija. La madre de Carla creía firmemente que la vida es muy difícil y 
está llena de sufrimientos, y que para conseguir cualquier cosa su hija tendría que sufrir. Después, cada 
vez que lograba algún acariciado objetivo, Carla contraía una enfermedad grave. Ahora está compren- 
diendo que puede conseguir sus objetivos alegremente usando sus dones y talentos innatos y su guía 
interior, y que las enfermedades y los sufrimientos no tienen por qué formar parte de su experiencia. 

El segundo chakra: Un espacio creativo simbólico 

El segundo chakra tiene que ver con los aspectos físicos de la vida cotidiana, con las personas con quie- 
nes nos relacionamos y con la calidad de nuestras relaciones. También está asociado con todo lo que es 
nuestro: dinero, relaciones y posesiones. Puesto que nuestra primera programación es servir a la tribu, la 
mayoría de los hombres y mujeres entran automática e inconscientemente en el papel de su segundo 



chakra. Eligen parejas que satisfagan las necesidades de su segundo chakra. Así, las mujeres tienden a 
casarse por la seguridad física, el dinero, la posición social, los hijos, y movidas por el miedo al aban- 
dono. Entonces desempeñamos nuestro papel según estas necesidades. Estamos programadas para aten- 
der a las necesidades de nuestra tribu personal, y con frecuencia estamos totalmente dominadas por los 
miedos del segundo chakra. 

Problemas del segundo chakra: Cómo se almacenan en el cuerpo las heridas de las relaciones 

• Miedo al abandono 

• Seguridad económica 

• Posición social 

• Hijos 

• Creatividad 

El útero y los ovarios son los principales órganos del segundo chakra. Esta zona es literal y figu- 
radamente un «espacio creativo» en el que las mujeres pueden generar hijos, relaciones, profesiones, 
novelas, percepciones profundas y otras obras creativas o artísticas. Cuando la energía no circula bien en 
esta zona del cuerpo, pueden producirse problemas ginecológicos como los tumores fibrosos (miofibro- 
mas). 

Cuando pienso en el útero como un «espacio potencial», también pienso en lo que normalmente 
se espera que las mujeres «almacenemos» allí. Una expresión vulgar para referirse al útero es «la bolsa», 
y como seres humanos que tenemos o hemos tenido un útero, somos también las que llevamos todas las 
cosas que los demás no quieren llevar. Las mujeres casadas que tienen hijos saben que ellos les entregan 
a ellas (y no a sus padres) los bocadillos a medio comer, las envolturas de chicles y otras basuras que ya 
no quieren llevar. En inglés existe la expresión oíd bags [bollas viejas] para referirse a las ancianas. Cuan- 
do yo estaba embarazada, y después, al amamantar y cuidar a dos niñas pequeñas, me sentía «la señora 
bolsa múltiple». 

Las mujeres no sólo llevamos un exceso de carga física, sino que también se espera de nosotras 
que llevemos el exceso de carga emocional de los demás, generalmente de los hombres, pero no siempre. 
Una paciente mía de 60 años tiene tres hijos adultos y vive con su marido, que se ha jubilado reciente- 
mente. Me cuenta que está impaciente por hacer otras cosas que siempre ha deseado hacer en su vida, 
como viajar y escribir. Pero su marido no se muestra muy entusiasmado con sus empresas. Él aún no 
sabe muy bien qué hacer con su recién adquirida libertad laboral. Ella dice: «Mi marido todavía quiere 
que yo cargue con su anima, es decir, con sus estados de ánimo, su entusiasmo, su diversión... Y cuando 
lo desilusiono y manifiesto sentimientos que no son de entusiasmo, se deprime». Anima, una palabra 
latina acuñada por el famoso psicólogo Cari Jung, es el aspecto femenino interior del hombre, que él 
suele proyectar en las mujeres reales de su vida cuando no está dispuesto a sentir y trabajar sus emocio- 
nes. ¿Cuánto material inconsciente almacenamos en nuestros centros corporales con el que ni nosotras ni 
nadie quiere cargar? Cuando existen problemas no resueltos en el segundo chakra, problemas de rela- 
ciones, de creatividad o sentimiento de seguridad, pueden hacerse vulnerables a la enfermedad la zona 
pelviana y la de la parte inferior de la espalda. 

Un buen número de problemas del segundo chakra disponen el escenario para la enfermedad. 
Los estudios de la doctora Gloria Bachmann indican que el abuso sexual en la infancia está asociado con 
los trastornos de la alimentación, la obesidad y las enfermedades somáticas en el sistema genitourinario, 
así como con las drogadicciones y otros comportamientos autodestructivos. 7 Estudios realizados por el 
doctor Robert Reiter y otros han descubierto que el abuso sexual previo es un importante factor de riesgo 
que predispone al dolor pelviano crónico. 8 

Siempre que veo a una mujer con problemas uterinos, como miofibromas, por ejemplo — que su- 
fren el 40 por ciento de las estadounidenses—, le pido que medite en sus relaciones, su creatividad y su 
sentimiento de seguridad. ¿Qué le dice su miofibroma de todo ello? Los miofibromas, la endometriosis, 
las enfermedades de los ovarios y otros trastornos pelvianos son manifestaciones de «energía bloquea- 
da» en la pelvis. En una cultura misógina, en la cual el 40 por ciento de las mujeres han sufrido abusos 
sexuales y una de cada tres es violada físicamente, no es difícil adivinar por qué ocurre esto. 



Cuando le hice el examen anual a Gina, una paciente que tenía 38 años en esos momentos, le en- 
contré un pequeño fibroma. Le pedí que meditara en la «energía bloqueada» que tenía en la pelvis, y en 
la siguiente visita me dijo: «En cuanto llegué a casa, dediqué un tiempo a pensar en esto, y entonces re- 
cordé que cuando murió mi hermano en un accidente yo me sentí furiosa con él por haberse ido. Yo te- 
nía veinticinco años y no podía permitirme sentir rabia, de modo que la alojé en la pelvis. Hacía años que 
no pensaba en eso». Tres meses después, en un examen de seguimiento, descubrí que el fibroma había 
desaparecido. Creo que al expresar y experimentar todo el impacto de su ira por primera vez, cambió la 
modalidad de energía en su pelvis y realmente desmaterializó el fibroma, transformándolo de materia 
en energía. Gina me dijo: «Entré en la consulta con la impresión de que me dirías que el fibroma había 
desaparecido. Literalmente lo sentí marcharse». He visto otros casos de mujeres que reducen o eliminan 
sus miofibromas cuando recuerdan y liberan viejas experiencias. 

El tercer chakra: La autoestima y el poder personal 

Los cimientos del sentido de sí misma de una mujer, su autoestima (tercer chakra), están formados por 
su sentimiento de seguridad y de estar a salvo en el mundo (primer chakra) combinado con la calidad de 
sus relaciones (segundo chakra). Si nos sentimos seguras y a salvo y tenemos relaciones sustentadoras, 
que nos apoyan, estaremos en una buena posición para conseguir nuestros objetivos en el mundo exte- 
rior y para realizar tareas que nos ayuden a desarrollar nuestra autoestima y nuestro sentido de valía 
personal. La fuerza o debilidad del tercer chakra se relaciona con la sensación de capacidad y competen- 
cia en el mundo frente a la sensación de inferioridad, y con la capacidad de responsabilizarnos de nues- 
tra vida y nuestras decisiones frente a la medida en que cedemos nuestro poder a otras personas. La ca- 
pacidad de aprender de los triunfos y las pérdidas genera salud en esta zona. Por otro lado, la excesiva 
competitividad y la necesidad de ganar siempre debilita al tercer chakra, que también se ve influido por 
el equilibrio que se consigue entre la agresividad y la actitud defensiva. 

A consecuencia de las historias colectiva e individual de la mayoría de las mujeres, muchas tie- 
nen poca autoestima. Durante siglos no se ha validado ni valorado a las mujeres a no ser en su calidad 
de servidoras y complacedoras de los demás. Así pues, cuando nos convertimos en personas por dere- 
cho propio, suele suceder que nuestra familia no nos apoye para que seamos todo lo que podemos ser. 

Esto se debe a que normalmente las familias tienen un «miedo» tribal inconsciente a que sus 
miembros femeninos las abandonen para servir a sus propias necesidades y hacer realidad sus sueños 
personales sin la familia. Todos hemos heredado la creencia de que la mujer no puede desarrollarse ple- 
namente sin sacrificar al mismo tiempo su capacidad para servir a su familia. 

Además de emprender la clásica lucha por equilibrar nuestros intereses personales con nuestras 
responsabilidades, las mujeres solemos poner nuestra autoestima al ritmo del ciclo de nuestra pareja. Si 
la pareja de una mujer obtiene un enorme éxito, es posible que ella se deprima porque no puede estar a 
su altura; o puede que no respalde una nueva andadura de su pareja en diferentes ideas o territorios 
creativos nuevos por temor a que él (o ella) la abandone. Por otro lado, cuando su pareja no tiene éxito 
en el mundo exterior y se deprime o la maltrata, esto también afecta al tercer chakra de la mujer (y tam- 
bién al primero y al segundo). Este tipo de conflictos provocan una disfunción energética en el tercer 
chakra y pueden ser causa de trastornos de la alimentación (anorexia nerviosa y bulimia) o de enferme- 
dades físicas en el estómago (úlceras), la vesícula biliar, el intestino delgado, el hígado y el páncreas 
(diabetes). 

Los arquetipos y los tres primeros chakras 

Cuando una mujer piensa que está obligada a participar en una actividad, su cuerpo, su mente y su espí- 
ritu corren el riesgo de sufrir daño. 9 Cuando inconscientemente participa en comportamientos abusivos 
contra sí misma o contra otras personas, actúa bajo la influencia de lo que en medicina energética se lla- 
ma «arquetipo de la violación». 

Los arquetipos son patrones psíquicos y emocionales que influyen en nosotras sin que nos de- 
mos cuenta hasta que tomamos conciencia de su poder. Son ideas, imágenes y pautas de pensamiento 
universales que todos compartimos en nuestro subconsciente. Si bien al principio el concepto de arque- 



tipo puede parecer escurridizo, estos patrones inconscientes de pensamientos y de conducta tienen efec- 
tos muy reales en nuestro cuerpo y nuestras emociones. 

Para explicar con más claridad el concepto de arquetipo, voy a emplear un ejemplo: el arquetipo 
de la madre. Una mujer que inconscientemente actúa bajo la influencia del arquetipo de la madre (como 
existe en esta cultura en la actualidad) es obsesiva respecto a las necesidades de sus hijos, olvidando las 
suyas propias. Incluso cuando sus hijos son lo suficientemente mayores para atender a sus necesidades 
físicas solos, la mujer a veces centra sus pensamientos en si han comido lo suficiente, si son felices, si 
están bien protegidos del calor o del frío, haciendo caso omiso de sus propias necesidades o suprimién- 
dolas para hacer algo por ellos. Esta preocupación, alentada por la cultura, puede ser un estereotipo da- 
ñino. Otro ejemplo de arquetipo es el del héroe. Cuando vemos la palabra «héroe», al instante pensamos 
en una persona fuerte, osada y valiente. Es un héroe quien intrépidamente acude en rescate de otros y 
descuida su seguridad y sus necesidades debido a una compulsión por «salvar» a otras personas. Si este 
tipo de comportamiento es inconsciente, también puede ser dañino para la salud. 

Cuando participamos inconscientemente en comportamientos arquetípicos, nos desconectamos 
de nuestro yo más profundo y de nuestras necesidades interiores. Cuando una mujer no sigue los deseos 
de su corazón y en su lugar actúa solamente para satisfacer las necesidades de otras personas, es posible 
que esté bajo la influencia del arquetipo de la violación, el de la prostituta o el de la madre, según las 
circunstancias. 

El arquetipo de la violación y el de la prostituta están muy estrechamente ligados. Cuando una 
mujer se entrega a actividades sexuales que no desea en realidad, pero que se siente incapaz de impedir, 
actúa bajo la influencia del arquetipo de la violación. El mismo arquetipo está presente cuando se niega 
el placer sexual porque piensa que eso es lo que desea su pareja, y ella se siente incapaz de cambiar su 
situación. El arquetipo de la violación puede darse cuando la mujer participa en su propia violación, 
cuando participa en cosas como un aborto que desea su pareja pero no ella. Una mujer que siente resen- 
timiento contra su pareja pero continúa de todos modos en la relación, por motivos económicos u otros, 
no actúa a partir de su fuerza individual, sino bajo el hechizo del arquetipo de la prostituta. La mujeres 
solemos hacer frente a este arquetipo culpándonos o absorbiendo nuestra furia y nuestra rabia por temor 
a que nos abandonen si expresamos esos sentimientos. 

Los órganos del segundo chakra femenino también corren un riesgo cuando la propia mujer se 
convierte en agresora. Las mujeres participan en el arquetipo de la violación, por ejemplo, cuando violan 
los límites físicos y psíquicos de sus hijos. Los enemas diarios y la limpieza brusca de los genitales son 
otros ejemplos comunes de mujeres violadoras. Las mujeres usan armas emocionales, mientras que los 
hombres añaden los puños. Las mujeres que maltratan lo pagan no sólo con la energía de sus órganos 
femeninos del segundo chakra, sino también con la de los órganos los chakras primero y tercero. Según 
Caroline Myss, el comportamiento agresivo puede estar asociado con el cáncer de los órganos de los tres 
primeros chakras. 

Es importante que entendamos y aceptemos que las mujeres sí podemos ser agresivas. Cuando 
nos negamos a reconocer un problema, simplemente lo perpetuamos. Recuperarse de las influencias 
patriarcales no es culpar a los hombres, porque en nuestra cultura todos somos víctimas y agresores en 
potencia. En mi primera sesión con Caroline Myss, por ejemplo, ella me dijo que mi cuerpo registraba 
una violación ocurrida entre los 21 y los 29 años, la época en que estaba en la Facultad de Medicina y 
realizando mis prácticas en un hospital como residente. Aunque no fui violada físicamente, el sistema 
energético de mi cuerpo había sido «violado» emocional y psíquicamente por mi formación médica, algo 
de lo cual yo no tuve conciencia en ese tiempo. Caroline Myss afirma que casi todo el mundo de esta 
cultura ha sufrido al menos una violación psíquica o emocional de su yo más profundo. Esa es una ex- 
plicación de por qué tantas mujeres que jamás han sufrido de abusos sexuales físicos, padecen sin embar- 
go de dolor pelviano crónico y otros problemas del segundo chakra. Muchas mujeres se sienten estanca- 
das en trabajos en los que los arquetipos de la violación y la prostituta son una realidad diaria. 

Cuando continuamente sólo vemos a las mujeres como víctimas, no reconocemos el daño que se 
hacen a sí mismas y hacen a los demás. Si alguna vez has tenido que aguantar los malos tratos de otra 
mujer o has maltratado tú, comprenderás la importancia de este punto de vista. 

La vergüenza y los tres primeros chakras 



Otro problema para muchas mujeres es la vergüenza, que ataca los centros femeninos y los órga- 
nos internos relacionados, entre ellos el útero y los ovarios. La vergüenza puede ser consecuencia de la 
programación social que le dice a la mujer que es inferior, y puede ser consecuencia de relaciones fami- 
liares, por ejemplo una relación no sana con sus hijos o una mala posición social de su pareja. La ver- 
güenza por la violación, sea esta física, emocional o psíquica, afecta a la zona vaginal. 

Las investigaciones respaldan la teoría de las disfunciones energéticas. En un estudio se compro- 
bó que hay diferencias de personalidad entre las mujeres que contraen cánceres internos y las que con- 
traen cánceres externos. 10 La percepción de una persona respecto a si su cuerpo es o no permeable y 
puede ser penetrado fácilmente por influencias externas, ya sean físicas o emocionales, está relacionada 
con su propensión al cáncer. Las mujeres que creen que su cuerpo es permeable son más propensas a 
cánceres localizados en el interior del cuerpo, en los ovarios o el útero, por ejemplo. Las mujeres que 
creen que su cuerpo es fuerte y está protegido contra las influencias del exterior son más propensas a 
cánceres en las zonas genitales externas. 

El cuarto chakra 

Las zonas corporales asociadas con el cuarto chakra son el corazón, los pechos, los pulmones, las costi- 
llas, la parte superior de la espalda y los hombros. El cuarto chakra está relacionado con nuestra capaci- 
dad de expresarnos emocionalmente y de participar en verdaderas relaciones de pareja en las que los 
dos miembros son igualmente poderosos e igualmente vulnerables. Cuando nos expresamos emocio- 
nalmente, necesitamos un equilibrio entre la rabia y el amor, la alegría y la serenidad. ¿Podemos ser es- 
toicas a veces y en otras ocasiones «perder» la serenidad emocional? ¿Somos capaces de permitirnos 
sentir plenamente la aflicción y la pérdida? En la relación de pareja, ¿podemos permitirnos momentos de 
intimidad equilibrados por momentos de soledad? ¿Somos capaces de cuidar a los demás y dejarnos 
cuidar por ellos? Los problemas emocionales y psíquicos relacionados con la mala salud en la zona del 
cuarto chakra son la incapacidad de dar o recibir amor y cuidados (de nosotras mismas y de los demás), 
la incapacidad de perdonar, y la aflicción y/ o la hostilidad no resueltas. 

Los chakras segundo y cuarto tienen una relación única entre sí. Al útero se lo llama a veces «el 
corazón de abajo», mientras que al corazón que tenemos en el pecho se lo llama «el corazón de arriba». 
Se ha dicho que si el corazón de abajo ha sido cerrado, debido a una violación, incesto, malos tratos o 
vergüenza, la mujer no puede abrir realmente el corazón de arriba. En esta cultura, las mujeres también 
tendemos a cerrar el corazón de abajo, o nuestra sexualidad y nuestras necesidades eróticas, porque se 
nos ha enseñado que las «buenas» chicas no son sexuales. También se nos enseña, sin embargo, que está 
bien que conectemos con nuestras emociones y sentimientos, de modo que están servidos los conflictos 
en los chakras segundo y cuarto. Además, a las mujeres se nos enseña que si somos poderosas y econó- 
micamente prósperas, estaremos aisladas de los demás y no podremos experimentar plenamente la in- 
timidad. Por eso tantas mujeres prósperas de esta época de la historia se encuentran en la necesidad de 
renegociar su relación de pareja. 

Las disfunciones energéticas suelen surgir cuando la mujer está confundida respecto a cómo usar 
de modo óptimo sus energías amorosas (cuarto chakra) y sus energías creativas (segundo chakra). El 
principal conflicto es que la mayoría seguimos creyendo que para ser amadas, recibir amor y tener la 
garantía de que alguien nos necesite, hemos de atender a las necesidades físicas externas de nuestros 
seres queridos. Pero esas relaciones de amor, que dependen de lazos de obligaciones familiares y tradi- 
ciones tribales, se reconocen como adicciones relaciónales una vez que la mujer comienza a individuali- 
zarse y a ser consciente de sus comportamientos. Son muy comunes en nuestra cultura las disfunciones 
energéticas en las zonas de los chakras segundo y cuarto. Suelen producirse cuando la mujer inscons- 
cientemente participa al mismo tiempo en el arquetipo de la violación y el de la madre. 

Sally, una camarera de 26 años, sufrió las primeras fases de cáncer de cuello uterino (segundo 
chakra) y ha tenido múltiples quistes de mama (cuarto chakra). Cuando era niña su padre era distante en 
los aspectos emocional y físico. Para llenar ese vacío, en su adolescencia tuvo muchas parejas sexuales, 
chicos a los que ni quería ni respetaba. Este comportamiento adictivo (los arquetipos de la violación y la 
prostituta) le bloqueó las energías de la zona de su segundo chakra, y ha sufrido de accesos, muy dolo- 
rosos y frecuentes, de herpes en la vagina. También ha tenido verrugas genitales. 



Al igual que su padre, su madre tampoco atendía a las necesidades físicas y emocionales de su 
hija ni a las suyas propias. Sally jamás aprendió a atender sus necesidades emocionales, ya que nadie le 
sirvió de modelo para ese comportamiento. Tanto ella como su madre tuvieron bloqueos energéticos en 
la zona del cuarto chakra relacionados con la falta de respeto y de cuidado por sí mismas. Las dos tienen 
problemas de mamas. La madre de Sally ya ha tenido cáncer de mama, y a ella le han hecho dos biopsias 
por tumores benignos. 

Ni Sally ni su madre son únicas en nuestra cultura. En mi consulta veo diariamente a mujeres 
como ellas. Cuando una mujer desatiende sus necesidades interiores, cuando cocina, limpia y atiende a 
las necesidades físicas de su familia de forma adictiva, cuando se entrega obsesivamente a su trabajo, y 
cuando accede a las exigencias de relaciones sexuales por sentirse obligada o culpable, se convierte en 
propensa a enfermedades en los chakras segundo y cuarto. Sobreponerse al miedo de ser abandonada o 
de no valer lo suficiente y ocuparse de aumentar su autoestima le agota la energía emocional. 

Respaldando estas teorías sobre las disfunciones energéticas, ciertas investigaciones han demos- 
trado que los rasgos de personalidad de las mujeres que tienen enfermedades sólo en el segundo chakra 
difieren de los de las mujeres que sólo tienen enfermedades en el cuarto. En la copiosa bibliografía sobre 
estas investigaciones no se encuentra ningún estudio sobre la personalidad de las mujeres que tienen 
tumores malignos en las zonas de estos dos chakras (el segundo y el cuarto). 

Las mujeres que sufren de tumores malignos de mama (el corazón de arriba) tienen rasgos de 
personalidad distintos de las que padecen de cáncer del cuello del útero (el corazón de abajo). En un 
estudio se comprobó que el 50 por ciento de las pacientes de cáncer de cuello uterino (una enfermedad 
del segundo chakra) habían perdido físicamente a su padre, por muerte o abandono, durante sus prime- 
ros años (una emoción relacionada con el segundo chakra). En los casos de las pacientes de cáncer de 
mama (una enfermedad del cuarto chakra), el padre era distante emocionalmente (una característica 
relacionada con el cuarto chakra). 11 Otros estudios han demostrado que un número bastante mayor de 
pacientes de cáncer de cuello uterino tienen comportamientos que sugieren un desequilibrio energético 
en el segundo chakra: se habían casado muchas veces, tenían una elevada incidencia de actividad sexual 
con parejas a las que ni querían ni respetaban y estaban muy preocupadas por su figura; también tenían 
la sensación de haber sido desatendidas cuando eran niñas. En comparación, los estudios de pacientes 
de cáncer de mama sugieren comportamientos relacionados con una disfunción del cuarto chakra: tenían 
una mayor tendencia a continuar en un matrimonio sin amor, una probabilidad relativamente alta de 
haber cargado con la responsabilidad de sus hermanos menores cuando eran niñas, y una mayor posibi- 
lidad de negarse la atención médica y el cuidado físico. 12 

Las observaciones de Caroline Myss y de Mona Lisa Schulz confirman aún más estos estudios. 
En general, consideran que las emociones del tipo de la rabia hieren bajo la cintura. Por otro lado, la tris- 
teza que no se puede expresar golpea encima de la cintura. Hablaré de esto con más detalle en los capítu- 
los que van del 5 al 10. 

Cómo sanar las heridas de los chakras inferiores 

Las heridas de los chakras inferiores no sanan mientras no sean atestiguadas. Alguien tiene que decir: 
«Sí, te ocurrió esto». Este testimonio confirma la existencia de la herida; entonces puede comenzar el 
proceso de sanación. Una parte muy importante de mi trabajo con mujeres es este testimonio. En mi ca- 
lidad de médica, represento a una figura de autoridad. Cuando yo u otra persona da validez a las heri- 
das de una mujer, ella puede usar eso como un activador muy potente para sanar. Pero es incluso más 
importante que la propia mujer reconozca su herida y su necesidad de sanar. Mientras esté atascada en 
su negación («Es que en realidad no fue tan terrible. Él nunca me golpeó» o «Mi familia me quería mu- 
chísimo; mi padre jamás habría hecho eso»), no podrá decirse la verdad a sí misma. Sus secretos conti- 
nuarán encerrados en sus células, ocultos al testimonio y la sanación. 

Después de dar fe de sus heridas, la mujer debe investigar cómo han afectado a su vida. Esta es 
la fase de dar nombre, en la cual comprende que su vida ha sido en efecto afectada adversamente por 
alguien o algo. Entonces abandona la negación. La fase final necesaria para su sanación y el funciona- 
miento óptimo de su sistema energético supone soltar el poder que tiene la herida para dominar su vida. 
Es necesario que se perdone a sí misma y perdone a los demás. 



Los otros chakras 



El quinto chakra está relacionado con la comunicación, el sentido de la oportunidad y la voluntad. Cuando 
comunicas tus ideas en el mundo exterior, ¿hablas tanto como escuchas? ¿Te expresas tan bien como 
comprendes a otras personas? En cuanto al sentido de la oportunidad, ¿te lanzas a hacer las cosas o es- 
peras? Finalmente, ¿tiendes a imponer tu voluntad o eres excesivamente sumisa? Con este chakra están 
relacionados la garganta, la boca, los dientes, las encías, la glándula tiroides, la tráquea y las vértebras 
cervicales. Entre las disfunciones de este chakra, se encuentran la irritación crónica de garganta, las úlce- 
ras de garganta y boca, las enfermedades de las encías, la enfermedad de la articulación temporomaxilar, 
los trastornos del tiroides, problemas de los discos cervicales, la inflamación de los ganglios del cuello y 
la laringitis. Las mujeres con problemas en el quinto chakra como el hipotiroidismo suelen tener dificul- 
tades para defenderse y sostener sus puntos de vista, y es posible que hablen en un tono de voz bajo, lo 
cual les hace difícil hacerse oír. Por otro lado, una voluntad excesivamente desarrollada puede ser causa 
de enfermedades como el hipertiroidismo y de un exceso de la voluntad intelectual sin reconocer una 
«voluntad superior» o «poder superior»; por ejemplo: «No me importa lo que me diga el cuerpo, lo voy a 
hacer de todos modos». 

El sexto chakra, llamado a veces el tercer ojo, está relacionado con la percepción, el pensamiento y 
la moralidad. Cuando percibimos el mundo exterior, ¿somos capaces de verlo con claridad mientras al 
mismo tiempo toleramos la ambigüedad? ¿Sabemos permitirnos enfocar la atención con absoluta preci- 
sión a veces y en otras ocasiones relajarnos y desenfocar la atención? ¿Sabemos cuándo no ser receptivas 
a las ideas de otras personas y cuándo sí serlo? ¿Somos capaces de acumular conocimientos, pero tam- 
bién permitirnos estar abiertas a lo que aún necesitamos aprender? ¿Sabemos reconocer nuestras zonas 
de ignorancia? ¿Sabemos valorar el pensamiento racional y lógico del hemisferio cerebral izquierdo, 
pero también reconocer los dones del hemisferio derecho: lo no racional y lo no lineal? ¿Son rígidos, ob- 
sesivos y cavilosos nuestros procesos de pensamiento, o somos flexibles en nuestra forma de pensar? Por 
último, ¿cómo aplicamos nuestras creencias morales a nosotras mismas y a los demás? ¿Tendemos a ser 
personas reprimidas y ciudadanas modelo excesivamente rigurosas que nos juzgamos y juzgamos a los 
demás según criterios rígidos, o nos permitimos en algunos casos ser más liberales, arriesgadas y desin- 
hibidas? Este chakra está situado entre los ojos, cerca de los oídos, la nariz, el cerebro y la glándula pi- 
neal. Entre las disfunciones asociadas con este chakra están los problemas visuales, los rumores cerebra- 
les, los trombos (la formación de coágulos sanguíneos esíá relacionada con la detención de la corriente 
de información intuitiva), los trastornos neurológicos, la ceguera, la sordera, la epilepsia y las dificulta- 
des de aprendizaje. He aquí algunas afirmaciones detractoras de la salud relacionadas con la pérdida de 
energía en esta zona: «No me importa cómo te sientes; dime lo que piensas», «No tengo información su- 
ficiente para tomar una decisión», «¿Por qué me lo discutes? ¿No ves que sé de qué hablo?», «Me sor- 
prende que siendo una persona intelectual y educada creas en esa estupidez de la relación mente- 
cuerpo». 

El séptimo chakra está relacionado con ver la finalidad más importante de nuestra vida. También 
está asociado a las actitudes, la fe, los valores, la conciencia, la valentía y el humanitarismo. ¿Tenemos un 
sentido claro de finalidad? ¿Reconocemos que tenemos el poder de crearnos nuestra propia vida y que al 
mismo tiempo funcionan fuerzas más grandes en el Universo? ¿Entendemos la paradoja de saber que 
podemos influir en ciertos acontecimientos mientras al mismo tiempo sabemos que ocurren cosas que 
escapan a nuestro control, que podrían no gustarnos pero que en último término sirven a una finalidad 
que en esos momentos no entendemos? Este chakra está situado cerca de la coronilla, y es el marco meta- 
físico en torno al cual construimos nuestra moral y nuestra conciencia. 

Cualquier acontecimiento peligroso para la vida o cualquier enfermedad grave tienen la capaci- 
dad de despertar la sabiduría en esta zona, al conectarnos con una visión más grande del Universo y de 
nuestra finalidad personal en él. Las personas que han tenido una experiencia de muerte clínica tempo- 
ral suelen explicar cómo esta les ha cambiado la vida en todos los aspectos, dejándolas con una profunda 
certeza acerca de cómo pasar de la mejor manera posible el resto de su vida. Aunque toda enfermedad 
peligrosa para la vida puede tener un sentido en el séptimo chakra, entre las que están concretamente 



relacionadas con el despertar de la sabiduría en este chakra se encuentran la parálisis y las enfermedades 
que afectan a los sistemas muscular y nervioso, como la esclerosis múltiple y la esclerosis lateral amiotró- 
fica. Una persona puede nacer con un reto del séptimo chakra en forma de enfermedad genética. 

Entender la anatomía de la energía es la clave para la verdadera sanación, en lugar de simple- 
mente enmascarar los síntomas, porque ofrece una visión global y holista de cómo cada persona partici- 
pa en la creación de su salud o su enfermedad. Es posible que gran parte de la información presentada 
en este capítulo haya sido nueva para ti. Tómate tu tiempo y ve asimilándola a tu manera y a tu propio 
ritmo. 

Nuestro cuerpo sana mejor cuando estamos viviendo en el presente. Nuestro poder para sanar y 
mantenernos sanas está en el momento presente, ahora. Cuando estamos verdaderamente presentes, 
podemos sanar casi cualquier cosa. Pero la mayoría de las personas ocupan la mayor parte de su energía 
en heridas de su pasado, y el resto lo consumen preocupándose por el futuro. No se puede sanar nada si 
en el momento presente no disponemos de una importante cantidad de energía y espíritu. El doctor Le- 
wis Thomas dijo una vez que había llegado a creer que el cáncer es la metáfora física para expresar una 
extrema necesidad de crecer. El crecimiento sano supone tener disponibles todas las partes posibles de 
uno mismo en el momento presente, en el «ahora», que es el único lugar en el que puede ocurrir la sana- 
ción. Rara vez está una persona siempre presente en el ahora, hoy. Vivir en el ahora es una habilidad que 
se desarrolla mediante la introspección, la meditación y mediante saltos de fe hacia la libertad y la ale- 
gría; un salto pequeño cada vez, día a día. 

Por favor, presta atención a cómo te sientes. Recuerda que muchas enfermedades comienzan 
siendo emociones bloqueadas. ¿Qué recuerdas? ¿Hay algo que necesitas saber o hacer respecto a la in- 
formación que acabas de leer? El capítulo 15, «Pasos para sanar», está destinado a ayudarte en este pro- 
ceso. 



Segunda parte 



Anatomía de la sabiduría 
femenina 



5 

El ciclo menstrual 



Imagínate que el primer día de tu primera menstruación tu madre te hubiera regalado un ramo de flo- 
res, te hubiera llevado a comer fuera y después las dos hubierais ido a la joyería, donde os esperaba tu 
padre, te hubieran hecho agujeros en las orejas y él te hubiera regalado tu primer par de pendientes, y 
luego hubieras ido con algunas de tus amigas y también con amigas de tu madre a pintarte por prime- 
ra vez los labios; y después, 

por primera vez, hubieras asistido 
a la asamblea de las Mujeres 
a aprender 

la sabiduría femenina. 
¡Qué diferente habría sido tu vida! 

JUDITH Duerk, Circle of Stones 

Podemos recuperar la sabiduría del ciclo menstrual sintonizando con nuestra naturaleza cíclica y cele- 
brándola como una fuente de poder femenino. El flujo y reflujo de los sueños, la creatividad y las hor- 
monas que intervienen en las diferentes partes del ciclo nos ofrecen una profunda oportunidad de ahon- 
dar nuestra conexión con nuestro saber interior. Este es un proceso gradual para la mayoría de las muje- 
res, un proceso que supone desvelar nuestra historia personal y después, día a día, pensar de modo dife- 
rente acerca de nuestros ciclos y vivirlos de una forma nueva. 

Nuestra naturaleza cíclica 

El ciclo menstrual es el más básico y terrenal que tenemos. La sangre es nuestra conexión con lo feme- 
nino arquetípico. Los ciclos macrocósmicos de la naturaleza, como el flujo y reflujo de las mareas y los 
cambios de estación, se reflejan a menor escala en el ciclo menstrual del cuerpo femenino individual. La 
maduración mensual de un óvulo y el embarazo o la evacuación de la sangre menstrual subsiguientes 
reflejan el proceso de la creación como ocurre no sólo en la naturaleza, inconscientemente, sino también 
en las empresas humanas. En muchas culturas, el ciclo menstrual se ha considerado sagrado. 



CUADRO 5 
ANATOMÍA DE LA SABIDURÍA FEMENINA 



Órgano o proceso Sabiduría 
corporal codificada 



CICLO 
MENSTRUAL 



Sabiduría cíclica 
intuitiva y reci- 
claje y procesado 
emocional. 



Dis función 
energética 

Negativa a acep- 
tar las emociones 
difíciles y las 
agradables: la os- 
curidad y la luz. 

No permitirse 
ver el lado oscu- 
ro ni trabajar con 
él. 



Manifestación 
física 



Faltas de reglas; 
reglas muy abun- 
dantes; reglas 
irregulares; 
síndrome de ten- 
sión premens- 
trual. 



ÚTERO 



Centro creativo 
en relación con el 
yo. 



Esclavitud a las 
emociones de 
otras personas. 

Incapacidad de 
dar a luz al yo 
más creativo. 



Miofibromas. 



OVARIOS 



Impulsos creati- 
vos en el mundo 
exterior. 

Autoafirmación 
en el mundo ex- 
terior. 

Ambición excesi- 
va, insuficiente o 
desequilibrada en 
los planos econó- 
mico, creativo o 
reiacional. 



Adicción a la 
autoridad o la 
aprobación exter- 
na. 



Anormalidades 
en la ovulación; 
quistes o varieos; 
cáncer de ovario. 



Órgano o proceso 


Sabiduría 


Disfunción 


Manifestación 


corporal 


codificada 




física 


MAMAS 


Expresión emo- 


Incapacidad para 


Quistes o dolor 




cional y relacio- 


sentir plenamen- 


en las mamas; 




nes. 


te, expresar y re- 


cáncer de mama. 






1 1 

solver las emo- 








ciones. 








Incapacidad para 








participar en re- 








laciones equili- 








bradas. 








Desequilibrio en- 








tre la intimidad 








con una misma 








(pasar tiempo 








sola) y la intimi- 








dad con otras 








personas. 





EMBARAZO 



Capacidad de 
concebir una idea 
o una vida con 
otra persona, 
sostenerla, sus- 
tentarla y permi- 
tirle nacer. 



Energía insufi- 
ciente para gene- 
rar y mantener 
una nueva vida. 

Incapacidad de 
confiar en el pro- 
ceso de dar a luz. 

Ambivalencia 
respecto al efecto 
del embarazo y el 
cuidado de los 
hijos en el traba- 
jo, la imagen cor- 
poral y las nece- 
sidades 
personales. 

Aferramiento a la 
aflicción y la pér- 
dida. 



Infecundidad; 
aborto espontá- 
neo; 

parto disfuncio- 
nal. 



Órgano o proceso Sabiduría Disfunción Manifestación 

corporal codificada energética física 



CUELLO DEL 
ÚTERO, 
VAGINA 
Y VULVA 



Discreción acerca 
de la intimidad. 

Capacidad de 
crearse límites sa- 
nos. 



Límites mal defi- 
nidos en las rela- 
ciones. 

Relaciones sexua- 
les o de otro tipo 
(laborales, por 
ejemplo) que no 
favorecen el bie- 
nestar. 

Sentimiento de 
culpabilidad por 
el placer sexual. 



Herpes; 
verrugas; 
dolor vulvar cró- 
nico; 

infecciones vagi- 
nales; 

citologías anor- 
males; 

cáncer de cuello 
del útero. 



TRACTO 
URINARIO 
Y VEJIGA 



Capacidad de 
sentir plenamente 
las emociones y 
liberarlas por 
completo. 



Sentirse «decep- 
cionada» crónica- 
mente por la vida 
en general. 

Flujo estancado 
de emociones en 
las relaciones. 

Dependencia en 
las relaciones. 



Infección crónica 
del tracto urina- 
rio; 

cistitis intersti- 
cial. 



MENOPAUSIA Pasaje a los años 
de sabiduría. 

Capacidad de es- 
tar abierta a un 
conocimiento in- 
tuitivo constante. 

Siembra de nue- 
vas semillas en la 
comunidad. 



Asunto inconclu- 
so del pasado que 
no se ha tratado. 

Miedo al proceso 
del envejecimien- 
to. 



Sofocos íncapaci- 

tadores; 

melancolía; 

depresión; 

palpitaciones; 

ansiedad; 

olvidos. 



Incluso en la sociedad moderna, en la que estamos desconectadas de los ritmos de la naturaleza, 
el ciclo de la ovulación está influido por la Luna. Los estudios han demostrado que los índices más ele- 
vados de concepción, y probablemente de ovulación, se producen durante la luna llena o el día anterior. 
Durante la luna nueva disminuyen los índices de ovulación y concepción, y a un número cada vez ma- 
yor de mujeres les viene la menstruación. La investigación científica ha documentado que la Luna rige el 
flujo de los líquidos (tanto el de las mareas como el de los fluidos del cuerpo) e influye en el inconsciente 
y en los sueños. 1 En cuanto a la distribución en el tiempo del ciclo menstrual, del ciclo de la fertilidad y 
del parto, también siguen el ritmo de las mareas, dominadas por la Luna. Está documentado el papel de 
los factores ambientales, como la luz, la Luna y las mareas, en la regulación de los ciclos menstruales y la 
fertilidad de la mujer. En un estudio realizado con cerca de dos mil mujeres con ciclos menstruales irre- 
gulares, más de la mitad consiguieron regularizarlo a ciclos de 29 días durmiendo con una luz cerca de la 
cama durante los tres días más cercanos a la ovulación. 2 

El ciclo menstrual rige el flujo no sólo de los líquidos, sino también de la información y la creati- 
vidad. Recibimos y procesamos información de forma diferente en las distintas fases del ciclo. A mí me 



gusta explicar la sabiduría del ciclo menstrual de la siguiente manera: desde el comienzo de la menstrua- 
ción hasta la ovulación, estamos madurando un óvulo y, al menos de forma simbólica, preparándonos 
para dar nacimiento a otro ser, papel que la sociedad honra. Muchas mujeres encuentran que están en su 
cima de expresión en el mundo exterior desde el comienzo del ciclo menstrual hasta la ovulación: su 
energía es extrovertida y animada; se sienten llenas de entusiasmo y nuevas ideas, es decir, son más «fér- 
tiles». En muchas mujeres el deseo sexual está en su apogeo a mitad del ciclo, y nuestro cuerpo secreta 
en el aire hormonas que se han asociado con el atractivo sexual. 3 (Nuestra sociedad dominada por los 
hombres valora muchísimo esto, y nosotras lo interiorizamos como una «buena» fase de nuestro ciclo.) 
Una paciente, camarera de una cafetería de carretera adonde van a comer muchos camioneros, me ha 
dicho que las propinas que recibe son mayores a mitad de su ciclo, alrededor de la ovulación. Un hom- 
bre describía a su mujer como «muy vital y eléctrica» durante esa fase de su ciclo. 

Las fases folicular y lútea 

El ciclo menstrual refleja el modo en que la conciencia se convierte en materia y el pensamiento 
crea la realidad. En el plano estrictamente físico, durante el periodo de tiempo comprendido entre la 
menstruación y la ovulación (llamado «fase folicular»), crece y se desarrolla un óvulo, mientras en el 
interior de la pared del útero también comienzan a desarrollarse colecciones circulares de células del 
sistema inmunitario llamadas «agregados linfoides». 4 En el plano más amplio de las ideas y la crea- 
tividad, esta primera mitad del ciclo es también una muy buena época para iniciar nuevos proyectos. 
Una investigadora amiga mía me dice que durante esta parte de su ciclo tiene la máxima energía para 
poner en práctica ideas para nuevos experimentos. La ovulación, que ocurre a mitad del ciclo, viene 
acompañada por un brusco aumento de la hormona foliculoestimulante y la hormona luteinizante. El 
aumento del nivel de estrógeno que acompaña esto se ha relacionado con un aumento de la actividad del 
hemisferio cerebral izquierdo (fluidez verbal) y una disminución de la actividad del hemisferio derecho 
(capacidad visual y espacial, como la de dibujar un cubo o entender un mapa). 5 La ovulación representa 
la creatividad en su grado máximo; la base biológica de ello podría ser la oleada de hormonas que la 
acompaña. Las semanas siguientes a la ovulación conducen a la menstruación; este es un periodo de 
evaluación y reflexión, en que se contempla lo que se ha creado y los aspectos negativos o difíciles de 
nuestra vida que necesitamos cambiar o modificar. Mi amiga investigadora observa que durante esta 
parte de su ciclo prefiere hacer tareas rutinarias que no requieran mucha participación de otras personas 
ni pensamiento expansivo por su parte. 

Nuestro ciclo creativo biológico y psíquico va paralelo a las fases de la Luna; investigaciones re- 
cientes han descubierto que el sistema inmunitario del tracto reproductor también es cíclico: llega a su 
punto máximo durante la ovulación y después mengua. Desde épocas muy antiguas, algunas culturas 
han llamado «lunares» a los periodos menstruales. Cuando las mujeres viven en ambientes naturales, su 
ovulación tiende a ocurrir durante la luna llena, y la regla y el periodo de reflexión durante la fase oscura 
de la luna. Hay datos científicos que sugieren que los ciclos biológicos, así como los ritmos de los sueños 
y las emociones, están regulados por la Luna y las mareas, y también por los planetas. Concretamente, la 
Luna y las mareas interaccionan con el campo electromagnético de nuestro cuerpo, influyendo por con- 
siguiente en nuestros procesos fisiológicos internos. La propia Luna tiene una fase en que está cubierta 
por la oscuridad, y después, a partir de la luna nueva, lentamente se nos vuelve a hacer visible y va cre- 
ciendo hasta llenarse. Las mujeres también pasamos por un periodo de oscuridad cada mes, periodo en 
que nuestra fuerza vital parece desaparecer (fases premenstrual y menstrual). 6 No tenemos por qué tener 
miedo ni pensar que estamos enfermas si menguan nuestras energías y nuestro ánimo durante unos 
cuantos días cada mes. En muchas partes de la India es perfectamente aceptable que las mujeres amino- 
ren su ritmo de trabajo y descansen más durante la menstruación. He llegado a comprender que todo 
tipo de enfermedades relacionadas con el estrés disminuirían muchísimo si sencillamente siguiéramos la 
sabiduría de nuestro cuerpo una vez al mes. Demetra George escribe que es entonces, en la oscuridad de 
la Luna, cuando «la vida se limpia, revitaliza y se transforma en su desarrollo evolutivo en espiral hacia 
la sintonía con su naturaleza esencial». 7 



FIGURA 3. CICLO MENSTRUAL (DÍAS) 



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OVULACIÓN 





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HL = Hormona luteinizante 

HF = Hormona foJiculoestimulante 


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FIGURA 4. CARTA LUNAR DEL CICLO MENSTRUAL 



Hay estudios que demuestran que muchas mujeres comienzan su periodo menstrual durante la fase os- 
cura de la Luna (luna nueva) y empiezan a sangrar entre las cuatro y las seis de la mañana, la parte más 



oscura del día. 8 Muchas mujeres, entre ellas, yo, hemos observado que el primer o dos primeros días de 
la regla sentimos el deseo de organizar nuestra casa o lugar de trabajo, hacer limpieza de los armarios, y 
de nuestra vida. Nuestra limpieza biológica natural va acompañada también de una limpieza psíquica. 

Si no quedamos biológicamente embarazadas durante la ovulación, pasamos a la segunda mitad 
del ciclo, la fase lútea, es decir, la que va desde la ovulación hasta el comienzo de la menstruación. Du- 
rante esta fase, de modo natural nos retiramos de la actividad exterior y nos dedicamos más a la refle- 
xión. Nos volvemos más hacia nuestro interior, preparándonos para desarrollar o dar nacimiento a algo que 
procede de lo más profundo de nuestro interior. La sociedad no se muestra tan entusiasta por esto como por la 
fase folicular. Así pues, juzgamos «malas e improductivas» la energía, las emociones y la introversión 
premenstruales. (Véase fig. 4.) 

Dado que por lo general nuestra cultura sólo valora lo que podemos entender racionalmente, 
muchas mujeres tienden a bloquear en toda ocasión el flujo de información «lunar» inconsciente que les 
llega antes de la menstruación o durante ella. La información lunar es reflexiva e intuitiva. Nos la trans- 
miten los sueños, las emociones y los anhelos. Se nos presenta bajo la capa de la oscuridad. Cuando blo- 
queamos rutinariamente la información que nos llega durante la segunda mitad del ciclo menstrual, esta 
no tiene otra alternativa que volver como síndrome premenstrual o locura menopáusica, igual como 
nuestros otros sentimientos o síntomas corporales suelen causar enfermedades si no les hacemos caso. 9 

La fase lútea, desde la ovulación hasta el comienzo de la menstruación, es la fase en que las mu- 
jeres están más sintonizadas con su saber interior y con lo que no funciona en su vida. Se ha demostrado que los 
sueños son más frecuentes y más gráficos durante las fases premenstrual y menstrual del ciclo. 10 Antes 
de la menstruación es más delgado el «velo» que separa los mundos visible e invisible, lo consciente de 
lo inconsciente; tenemos acceso a partes con frecuencia inconscientes de nuestro yo que nos son menos 
accesibles en otros momentos del mes. De hecho, se ha demostrado experimentalmente que antes de la 
menstruación se activa más el hemisferio cerebral derecho, es decir, la parte relacionada con el conoci- 
miento intuitivo, mientras que disminuye la actividad del hemisferio izquierdo; curiosamente, también 
aumenta la comunicación entre los dos hemisferios. 11 La fase premenstrual es, por lo tanto, un periodo 
en que tenemos más acceso a nuestra magia, a nuestra capacidad de reconocer y transformar los aspectos 
más difíciles y dolorosos de nuestra vida. Antes de la menstruación estamos más sintonizadas de un 
modo natural con lo que tiene más sentido en nuestra vida; somos más propensas a llorar, pero las lá- 
grimas siempre están relacionadas con algo que tiene sentido para nosotras. Los muchos estudios de la 
doctora Katerina Dalton han documentado que las mujeres son más emotivas antes de la menstruación, 
más propensas a desahogar la rabia, a los dolores de cabeza y al cansancio, y es posible incluso que ex- 
perimenten una exacerbación de enfermedades ya existentes, como la artritis, por ejemplo. Mientras es- 
temos desconectadas de nuestras partes ocultas vamos a sufrir antes de la menstruación. Años de expe- 
riencia personal y clínica me han enseñado que los problemas premenstruales dolorosos o desagradables 
son siempre reales y deben tratarse. 

Es necesario creer en la importancia de los problemas que nos surgen antes de la menstruación. 
Aunque es posible que nuestro cuerpo y nuestra mente no expresen estos problemas e inquietudes del 
modo como lo harían durante la primera parte del ciclo (los llamados «días buenos»), nuestra sabiduría 
interior ciertamente nos está pidiendo que le prestemos atención. Una mujer me contó, por ejemplo, que 
siempre que está en la fase premenstrual se inquieta porque la casa, el coche y las inversiones están so- 
lamente a nombre de su marido. Cuando se lo dice, él le contesta: «¿Y qué hay de malo en eso? ¿Acaso 
no confías en mí?». Yo a eso lo llamaría «comprobación premenstrual de una realidad que necesita aten- 
ción». Un hombre me explicaba que durante la fase folicular su esposa era fabulosa, estaba siempre ale- 
gre y animada, tenía la casa en orden y cocinaba; pero que después de la ovulación se «dejaba estar» y 
hablaba de volver a estudiar y salir más. Yo le dije que esos problemas que surgen antes de la menstrua- 
ción deberían tomarse en serio, y le pedí que considerara qué necesidades de su esposa eran para su 
pleno desarrollo personal. Le señalé que ese comportamiento difícil antes de la menstruación era su ma- 
nera de expresar esas necesidades. 

Durante todo el ciclo menstrual hay una estrecha relación entre la psique de la mujer y el funcio- 
namiento de sus ovarios. Antes de la ovulación estamos extravertidas y animadas; durante la ovulación 
estamos muy receptivas hacia los demás, y después de la ovulación (antes de la menstruación) estamos 
más introvertidas y reflexivas. Un asombroso estudio realizado en los años treinta apoya mis observa- 



ciones. La doctora Therese Benedek, psicoanalista, estudió las historias psicoterápicas de un grupo de 
pacientes mientras su colega el doctor Boris Rubenstein estudiaba los ciclos hormonales ováricos de esas 
mismas mujeres. Fijándose en el contenido emocional de la mujer, la doctora Benedek era capaz de decir 
con increíble precisión en que fase de su ciclo menstrual estaba. Los autores escribieron: «Nos complace 
y nos sorprende descubrir una correspondencia exacta de las fechas de ovulación determinadas indepen- 
dientemente por los dos métodos», es decir, el material psicoanalítico contrastado con los hallazgos fisio- 
lógicos. Descubrieron que antes de la ovulación, cuando los niveles de estrógeno están en su cúspide, las 
emociones y el comportamiento de las mujeres estaban dirigidos hacia el mundo exterior. Durante la 
ovulación, sin embargo, las mujeres se sentían más relajadas y contentas y estaban muy receptivas al 
cariño y la atención de los demás. Durante la fase posovulatoria y premenstrual, cuando son los niveles 
de progesterona los que están en la cúspide, las mujeres tendían más a centrarse en sí mismas y estaban 
más interesadas por actividades orientadas hacia el interior. Curiosamente, en las mujeres que tenían 
reglas pero no ovulaban, los autores encontraron ciclos similares de emociones y comportamiento, sólo 
que alrededor de la fecha en que la ovulación debía haberse producido, estas mujeres no sólo no pre- 
sentaban la ovulación, sino que tampoco tenían las emociones que suelen acompañarla; es decir, no esta- 
ban relajadas, ni contentas ni receptivas a la atención de otras personas. 12 

Dada nuestra herencia cultural y las creencias acerca de la enfermedad en general y del ciclo 
menstrual en particular, no es difícil entender cómo las mujeres han llegado a equiparar su fase pre- 
menstrual con una enfermedad o maldición y no a considerarla un periodo para la reflexión y la renova- 
ción. De hecho, se ha demostrado experimentalmente que el lenguaje empleado por nuestra cultura para 
referirse al útero y los ovarios afecta al ciclo menstrual de las mujeres. Una mujer a la que, en estado 
hipnótico, se le dicen cosas positivas respecto a su ciclo menstrual, va a ser mucho menos propensa a 
sufrir de molestias relacionadas con la menstruación. 13 Por otra parte, en un estudio se comprobó que las 
mujeres a las que se les hizo creer que tenían problemas premenstruales cuando en realidad no los te- 
nían, decían que experimentaban más síntomas físicos adversos (retención de líquido, dolor e irritabili- 
dad) que las mujeres de otro grupo a las que se les hizo creer que no tenían problemas premenstruales. 14 
Estos estudios son excelentes ejemplos de cómo nuestros pensamientos y creencias tienen el poder de 
influir en nuestras hormonas, nuestra bioquímica y nuestra experiencia subsiguiente. 

Sanar a través de nuestros ciclos 

Una vez que comenzamos a valorar nuestro ciclo menstrual como parte de nuestro sistema de guía inte- 
rior, comenzamos a sanar tanto en el aspecto hormonal como en el emocional. No cabe duda de que an- 
tes de la menstruación muchas mujeres se sienten más introvertidas y más conectadas con su dolor per- 
sonal y el dolor del mundo. Muchas están también más conectadas con su creatividad y tienen sus mejo- 
res ideas antes de la menstruación, si bien es posible que no las lleven a la práctica hasta más adelante. 
Durante la fase premenstrual necesitamos tiempo para estar solas, para descansar y para alejarnos de 
nuestros deberes diarios, pero tomarse ese tiempo es una idea y una práctica nuevas para muchas muje- 
res. El síndrome premenstrual es una consecuencia de no respetar nuestra necesidad de subir y bajar 
como las mareas. A esta sociedad le gusta la acción, de modo que con frecuencia no respetamos nuestra 
necesidad de descansar y reponernos. El ciclo menstrual está para enseñarnos la necesidad de inspira- 
ción y espiración en los procesos de la vida. Cuando nos estamos acercando a la menstruación y nos sen- 
timos frágiles, necesitamos descansar y cuidarnos durante uno o dos días. En la asamblea lunar de los 
aborígenes norteamericanos, las mujeres que estaban menstruando se reunían para renovarse y soñar 
juntas, y de ahí salían inspiradas y también inspiradoras para los demás. Creo que la mayoría de los ca- 
sos de síndrome premenstrual desaparecerían si todas las mujeres modernas abandonaran sus deberes 
durante tres o cuatro días cada mes y otra persona les llevara la comida. 

En cuanto a mí, he descubierto que lo único que necesito es, simplemente y sin pedir disculpas, 
declarar a mi marido mi necesidad de una huelga de brazos caídos una vez al mes. Cuando manifiesto 
respeto por mí misma y los procesos de mi cuerpo, él también los respeta, y mi cuerpo reacciona con 
agrado y gratitud. En efecto, mi experiencia de mi ciclo menstrual comenzó a cambiar cuando advertí 
que mis percepciones más significativas respecto a mí misma, mi vida y mis escritos se producían uno o 
dos días antes de la menstruación. A mis treinta y tantos años comencé a esperar con ilusión mis reglas, 



a comprender que son un periodo de tiempo sagrado que nuestra cultura no honra. Cuando estoy en mi 
fase premenstrual, las cosas que me dan ganas de llorar son aquellas que tienen más importancia para 
mí, las que sé que me sintonizan con mi poder y mis verdades más profundas. Mi mayor sensibilidad la 
considero un regalo de percepción profunda. No me enfado, aunque si me enfadara, prestaría atención y 
no lo achacaría a «mis estúpidas hormonas». Me gusta seguir la pista a las fases de la Luna en mi calen- 
dario para ver si óvulo cuando la Luna está llena, cuando está oscura o en el periodo intermedio. Cuan- 
do óvulo durante la luna llena y menstruo en la fase oscura de la Luna, mi periodo reflexivo interior está 
sincronizado con la oscuridad de la Luna. Si la regla me viene con la luna llena, es más intensa: estoy 
más cargada emocionalmente que de costumbre, y la sangre es más abundante de lo normal. He descu- 
bierto que a veces el solo hecho de desear tener la menstruación cuando la Luna está oscura tiende a 
mover mis ciclos en esa dirección, aunque no siempre (no trato de controlarlo). Observar mi ciclo perso- 
nal en relación con el ciclo de la Luna me conecta conscientemente con la Tierra y me ayuda a sentirme 
vinculada con las mujeres del presente y del pasado. 

Nuestra herencia cultural 

El ciclo menstrual y el cuerpo femenino se consideraron sagrados hasta hace cinco mil años, cuando las 
pacíficas culturas matriarcales de la vieja Europa fueron derrocadas. 15 El significado original de la pala- 
bra «tabú» era «sagrado», y a las mujeres que estaban menstruando se las consideraba sagradas; ahora, 
en algunas sociedades se las considera sucias. Sus sueños y visiones solían aprovecharse para guiar a la 
tribu. Las culturas aborígenes de todo el mundo han honrado a las jóvenes con ceremonias de mayoría 
de edad. La primera menstruación significaba ser iniciadas en los «oficios del sexo femenino», iniciación 
que hacían las madres, las tías y otras mujeres iniciadas. 16 Testimonios arqueológicos de más de seis mil 
años de antigüedad apuntan al hecho de que los primeros calendarios eran huesos en los que se hacían 
pequeñas marcas y que usaban las mujeres para llevar la cuenta de sus ciclos. 17 Sin embargo, en la mayor 
parte de la historia occidental escrita, e incluso en los códigos religiosos, el ciclo menstrual se ha relacio- 
nado con la vergüenza y la degradación, con la naturaleza oscura e incontrolable de las mujeres. A las 
mujeres que estaban menstruando se las consideraba sucias. Plinio el Viejo escribió en el año 65 de nues- 
tra era: 

Pero nada se podría encontrar fácilmente que sea más singular [nótese la ambigüedad de la pala- 
bra elegida] que el flujo mensual de las mujeres. A su contacto el vino nuevo se agria, las cosechas 
se hacen estériles, las semillas de los jardines se secan, los frutos de los árboles se caen. Se opaca la 
brillante superficie de un espejo que simplemente lo refleje, se mella el filo del acero y se apaga el 
resplandor del marfil. Morirán colmenas de abejas. Incluso el bronce y el hierro se oxidan al ins- 
tante y un olor espantoso impregna el aire. Probarlo enloquece a los perros, cuya mordedura infec- 
ta con un veneno incurable. 18 

El tabú asociado al ciclo menstrual ha continuado hasta hoy. A generaciones de mujeres se nos 
ha enseñado que somos más vulnerables físicamente durante la menstruación, y que no podemos bañar- 
nos, nadar ni lavarnos el pelo mientras la tengamos. Estas creencias nacieron de la teoría victoriana de 
que bañarse, lavarse la cabeza o nadar podría «dar marcha atrás» al flujo menstrual, causando trombosis, 
locura o un comienzo rápido de tuberculosis. 19 Más recientemente se ha pensado que el contacto con el 
agua durante ese tiempo podría ser causa de resfriado. No hay ninguna base científica que respalde nin- 
guno de estos tabúes; sin embargo, durante generaciones han servido para que las mujeres tengan miedo 
de un proceso corporal natural. 

Si queremos recuperar nuestra sabiduría menstrual y honrar nuestra naturaleza cíclica, al mismo 
tiempo hemos de reconocer las actitudes negativas hacia el ciclo menstrual que la mayoría de nosotras 
hemos interiorizado. Hemos de reconocer el dolor y las molestias que muchas de nosotras experimenta- 
mos cada mes. Nuestra naturaleza cíclica ha sido el blanco de todo tipo de chistes y burlas. Para muchas 
mujeres, la pubertad y la primera menstruación han estado saturadas de vergüenza y humillación. Apar- 
te de la violencia y el miedo, nada en nuestra sociedad ha sido más eficaz para mantener en su lugar a 
las mujeres que la degradación del ciclo menstrual. 



Parte de nuestra sanación consiste en reemplazar por información correcta los nocivos mitos he- 
redados sobre nuestro ciclo menstrual. Después de la menarquia (primera menstruación), que general- 
mente ocurre alrededor de los doce años en esta sociedad, una mujer alcanza su madurez sexual. Es ne- 
cesaria una cierta composición corporal para el comienzo de la menarquia. Normalmente el peso del 
cuerpo debe estar formado por aproximadamente un 17 por ciento de grasa para que una joven comien- 
ce a tener la regla. Los estudios han indicado que, para la mayoría de las mujeres, es necesario que el 
nivel de grasa sea más o menos el 22 por ciento del peso corporal para que haya ciclos ovulatorios ininte- 
rrumpidos. 20 Esto explica por qué las jóvenes anoréxicas y las bailarinas y atletas que son muy delgadas 
no tienen periodos regulares. Si bien normalmente los primeros ciclos de una jovencita no son ovulato- 
rios, durante los años siguientes se va volviendo fértil poco a poco y sus ovarios comienzan a producir 
un óvulo cada mes. Si el óvulo mensual no es fertilizado en mitad de ciclo, esto produce un periodo 
menstrual más o menos catorce días después de la ovulación. En el flujo menstrual se elimina el revesti- 
miento del útero (el endometrio), que cada mes se forma y desprende cíclicamente, estimulado por una 
compleja y asombrosa interacción entre las hormonas producidas por los ovarios, la glándula pituitaria y 
el hipotálamo (véase figura 5). Dada la complejidad de esta interacción hormonal, muchos aspectos de la 
vida de la mujer afectan al ciclo menstrual. El ciclo a su vez afecta a muchos aspectos de la vida de la 
mujer. 




FIGURA 5. EL CONTINUO MENTE-CUERPO FEMENINO. 
INTERACCIONES ENTRE EL CEREBRO Y LA PELVIS 

La mayoría de las chicas aprenden lo referente al ciclo menstrual de una forma aséptica y clínica, 
sin respeto por sus cuerpo femenino ni su sexualidad. Rara vez se habla de cómo están relacionados su 
cuerpo y su sexualidad con el ciclo menstrual. A muy pocas niñas se les presenta la menstruación como 
un rito positivo de pasaje a otra etapa de su vida. Mi madre me habló de los «hechos de la vida» y me 
explicó lo de los óvulos y los espermatozoides. Recuerdo que me quedé muy desconcertada y perturba- 
da por esa información. Estaba en el cuarto curso de enseñanza primaria. Mi hermana, once meses me- 
nor que yo, le había dicho ese día: «Mamá, sé de donde salen los bebés, pero ¿cómo llegan allí?». Mi ma- 
dre nos llevó a su dormitorio y nos leyó un libro que decía que las niñas tienen un periodo menstrual 
alrededor de los doce años y que después de tener ese periodo podrían tener un bebé si tuvieran relacio- 
nes sexuales. 



No me hizo nada feliz esa información. Continué con la esperanza de que las mujeres pudieran 
quedarse embarazadas con besos y no con ese repugnante acto que nos explicó mi madre. El hecho de 
que encontrara todo eso tan repugnante pudo haber tenido que ver con la iniciación de mi propia madre 
en la pubertad. Ella no estaba interesada por el significado del ciclo menstrual ni la sacralidad del cuerpo 
femenino, aunque era y es una mujer verdaderamente sabia y adelantada a su época. Mi madre había 
entendido que una vez que tuviera su periodo, en cierto modo ya no podría disfrutar de la misma mane- 
ra. Sus actividades favoritas cuando era niña habían sido jugar al béisbol y trepar a los árboles con los 
chicos. Pero cuando se «transformó en mujer», ya no le permitieron jugar con ellos. Años después me 
contó que le había suplicado a su madre que la llevara al hospital para que «la compusieran» y así no 
tener más reglas y poder volver a jugar al béisbol. Puesto que mi madre sólo pudo resolver totalmente 
sus sentimientos adolescentes sobre su ciclo menstrual cuando cumplió los sesenta años, yo asimilé algo 
de sus sentimientos inconscientes en torno a la menstruación, aunque ella me la presentó como una parte 
normal de la vida. 

En lugar de celebrar nuestra naturaleza cíclica como un aspecto positivo de nuestro ser feme- 
nino, nuestra cultura nos enseña que no debemos reconocer nuestras reglas en absoluto, no sea que va- 
yamos a desatender las necesidades de nuestro marido y nuestros hijos. Fíjate en este extracto de una 
hoja adjunta a una caja de tampones en 1963: 

CUANDO SEAS ESPOSA 
No te aproveches de tu marido. Esta es una vieja norma de buen comportamiento conyugal que continúa siendo 
tan válida y sensata hoy como lo ha sido siempre. Claro que no vas a tratar de aprovecharte, pero a veces las 
formas de aprovecharse no son evidentes. 

No lo relacionarías con la menstruación, por ejemplo. Sin embargo, si descuidas las sencillas normas que ha- 
cen de la menstruación un periodo normal del mes, y te retiras cada mes durante unos días como si estuvieras en- 
ferma, te estás aprovechando de la afabilidad de tu marido. Él se casó con una esposa a jornada completa, no a 
jornada parcial. Así pues, deberás estar activa, animosa y alegre todos los días. 21 

Siempre alegre, como en esas viejas películas de Doris Day. No es de extrañar que tantas mujeres 
tengan el síndrome premenstrual. Cuando pienso en el adoctrinamiento representado por esa hoja de 
1963, el año que tuve mi primera regla, me maravilla que las mujeres hayamos llegado hasta donde he- 
mos llegado. 

El ciclo menstrual, las pildoras anticonceptivas 
y la intuición femenina 

Nuestra intuición funciona de diferente modo durante las diversas fases del ciclo menstrual, y vuelve a 
cambiar después de la menopausia. Uno de mis colegas, médico osteópata, advirtió esta conexión entre 
la intuición y el ciclo menstrual; me envió a una paciente para un cambio en su método de control de la 
natalidad. Ella llevaba varios años tomando la pildora, pero él pensó que eso interfería en su capacidad 
de saber cuáles deberían ser sus próximos pasos en la vida. En la nota que me envió me decía: «Las pil- 
doras anticonceptivas le obstaculizan la función intuitiva. Sugiérale alternativas». Aplaudo a este médico 
por su profunda percepción. 

En una época en la que a causa del consumo de pildoras anticonceptivas millones de cuerpos 
femeninos están más sintonizados con las empresas farmacéuticas que con la Luna, no es pequeña tarea 
reconsiderar un medicamento que ha ofrecido a tantas mujeres ventajas muy pregonadas. Después de 
todo, la pildora nos proporciona menstruaciones que jamás nos van a estropear los fines de semana, sue- 
le disminuir los dolores o espasmos menstruales y se la relaciona con un menor riesgo de cáncer ovárico 
y endométrico. Pero, claro, nadie está seguro de si aumenta o no el riesgo de cáncer de mama, aunque 
los estudios sí han demostrado que puede aumentar el riesgo de cáncer de cuello uterino. 

Laurie, una de mis colegas, tocóloga y ginecóloga, tomó la pildora durante más de nueve años 
antes de cambiar de opinión respecto a sus ventajas. Rutinariamente había «empujado» a sus pacientes a 
tomarla, como si fuera la panacea, usando su experiencia personal a modo de coacción. Cuando les ex- 
plicaba por qué todas debían tomar la pildora, siempre terminaba su sermón con esta afirmación: «A mí 
nunca me van a hacer dejar la pildora». Sólo cuando comenzó a comprender que sus enfermedades eran 
manifestaciones físicas de las dolencias de su espíritu, fue capaz de revaluar su postura acerca de la píl- 



dora. El descubrimiento se produjo en parte porque su relación con su marido había comenzado a dete- 
riorarse. Tenían frecuentes peleas en torno al tema de la relación sexual. Ella lo explica así: «Me enfurecía 
que él separara totalmente eso de todo lo demás que ocurría en nuestra relación. Al mismo tiempo, mi 
desagrado por el volumen y la forma de mi cuerpo, mis inhibiciones con respecto a hacer manifestacio- 
nes sonoras y mi incomodidad durante la relación sexual, más los confusos mensajes de mi infancia 
acerca de la sexualidad y la seducción, plagaban el sexo de connotaciones negativas y a veces de obs- 
táculos insuperables». 

Laurie estaba aprendiendo cómo nos hablan las diferentes partes de nuestro cuerpo mediante 
síntomas, como una parte de nuestro sistema de guía interior. Cuando lo comprendió, se dio cuenta de 
que continuar tomando la pildora podría impedir a sus órganos femeninos comunicarse óptimamente 
con ella, sobre todo en una crisis personal sobre su propia sexualidad. Comenzó a tomar conciencia de 
cómo, sin darse cuenta, se había separado de su cuerpo por seguir los dictados de la cultura en lugar de 
los de su guía interior. Este despertar fue acompañado por un interés por el feminismo por primera vez 
en su vida. Hasta entonces se había considerado muy realizada y funcional, que era como parecía ser 
aparentemente. Sin embargo, había tenido un quiste ovárico benigno, del que se había operado hacía 
varios años, y durante su práctica como residente la habían operado de cáncer de tiroides. Su sabiduría 
interior emergente le mostró que esas enfermedades habían sido la manera en que su cuerpo trataba de 
llamar su atención para hacerle saber que algo estaba desequilibrado en su vida. Ahora se sentía prepa- 
rada y deseosa de prestar atención a lo que le decía su cuerpo, sobre todo dado que estaba sana. 

«Me entristeció el hecho de haber dado por sentada — dice — , haber eliminado con fármacos o 
haber llamado "maldita" a toda la maravillosa obra de mi cerebro, mis hormonas, mi útero y mis ova- 
rios. Nadie celebró jamás mi primera menstruación. Nadie me ayudó a conectar con el poder de dar vida 
a mi sexualidad. Deseé recuperar algo de esa magia y ese misterio perdidos. Pero me llevó casi dos años 
retirar las cortinas y limpiar de telarañas mi vida para lograr por fin sentir que podía comenzar tímida- 
mente a confiar en mi cuerpo.» 

Después de esos dos años de lucha personal, decidió tomarse un año libre de su atareado trabajo 
de tocóloga en una gran ciudad. Estaba agotada con las exigencias de tres hijos, el ejercicio de su profe- 
sión y un matrimonio que se iba a pique. Sabía que necesitaba reflexionar sobre su vida y tomar una 
nueva dirección. Cuenta que cuando finalmente llegó a hacerlo, dejar la pildora fue «algo así como un 
acto de celebración y rebelión». Para ella estaba claro que el divorcio era inminente. «Como ya no necesi- 
taba anticonceptivos, se me ocurrió que ese podía ser el momento para permitirme el lujo de mis hormo- 
nas, de modo que tiré la última caja de pildoras y esperé. Estaba bastante segura de que, después de 
nueve años de recibir órdenes de Ortho Pharmaceutical, mis ovarios estarían totalmente confundidos, así 
que me dispuse a tener paciencia. Estaba preparada para tener hinchazones, irritabilidad, fuertes emo- 
ciones y confusión. Pero no estaba preparada para lo que ocurrió.» 

Dos semanas después de haber dejado de tomar la pildora, Laurie estaba sentada con un grupo 
de mujeres contándoles los acontecimientos de los dos últimos años. «De pronto me eché a llorar y casi 
no podía hablar. Recuerdo que pensé: "Vamos, esto sí que es raro"». Le llevó un tiempo darse cuenta de 
que antes, cuando todavía tomaba la pildora, aunque sentía tristeza por los cambios en su vida, hablaba 
de ellos y de sus sentimientos sin tener ninguna reacción emocional ni fisiológica. Descubrió que para 
ella la ovulación iba acompañada de una mayor capacidad de sentir y expresar sus emociones profun- 
das. Escribe: «Durante otros dos días no me di cuenta de que la excesiva mucosidad del cuello del útero 
[una señal muy común de ovulación] y la repentina apertura de mis compuertas emocionales eran sig- 
nos de ovulación. Incluso cuando lo comprendí, me negué a confiar en mi cuerpo. "Bueno —pensé—, es- 
peraré dos semanas para ver." Dos semanas más tarde, allí estaba con su traje rojo mi primera regla es- 
pontánea en más de nueve años; nunca una visión fue tan bien acogida. Me sentí como si hubiera recibi- 
do un maravilloso regalo de un amigo perdido hacía mucho tiempo. Este cuerpo, al que había maltrata- 
do durante tanto tiempo y de tantas maneras, me volvía a hablar, me daba valor y ánimo. No estaba 
todo perdido». 

Además de descubrir que tenía más acceso a sus emociones, Laurie descubrió también que esta- 
ba más conectada con rabias que antes habría negado. Al poco tiempo de haberse reanudado sus reglas, 
según cuenta: «Descubrí mi rabia; mi ira justiciera, feroz, candente. Lógicamente, mi marido fue el des- 
prevenido receptor de lo que parecían veinte años de emoción reprimida. No sé si se lo merecía todo o 



no, ciertamente no se lo merecía todo de una vez. Pero a medida que brotaba, recuerdo que pensé: " ¡Esto 
es asombroso! Soy yo de verdad. Mis hormonas. ¡Mi magia! ". Ahora creo que si hubiera sentido esa 
rabia a medida que iba viniendo durante todos esos años, igual podría continuar casada. O bien me ha- 
bría divorciado mucho antes. Cualquiera de las dos cosas habría sido mejor que lo que sucedió. No estu- 
vo bien haberme perdido tanto de mí misma». 

Laurie supo respetar y prestar atención a lo que le ocurría, aun cuando algo de ello fuera doloro- 
so. Después diría: «Desde entonces sé que regularmente voy a tener noticias de mis hormonas. Ellas me 
dicen dónde debo poner la atención. Cuando repentinamente me echo a llorar, sé detenerme a conside- 
rar qué trabajo emocional me queda aún por hacer en ese aspecto. Cuando me viene la rabia, me recuer- 
do que guardármela dentro no es un regalo. La rabia no expresada produce enfermedad. Su sitio está 
fuera de mi cuerpo». 

Lo otro que observó fue la conexión entre su ciclo menstrual y su sexualidad inherente. Muchas 
mujeres me han contado lo mismo. Laurie me comentó: «Hay una especie de deseo loco que corre por mi 
cerebro durante varios días cada mes alrededor de la ovulación. Mis amigas me lo habían dicho, pero es 
algo increíble. Y yo todos esos años creyendo que la pildora favorecía mi vida sexual al librarme de to- 
dos esos fastidiosos anticonceptivos barrera». Había usado el diafragma sólo cuando estaba dando el 
pecho a sus hijos, y de pronto comprendió que había achacado la culpa de su falta de deseo sexual al 
fastidioso uso del diafragma. Se dio cuenta entonces de que su falta de deseo se debía más bien a las 
hormonas de la lactancia y al agotamiento de la energía, no al diafragma. Muchas madres lactantes sim- 
plemente no sienten interés por la relación sexual, ya que sus energías están siendo «chupadas» literal- 
mente por otro encantador ser humano, el bebé. El deseo sexual vuelve de forma gradual a medida que 
el niño va creciendo. 

Laurie advirtió otro cambio que es muy común. Después que dejó de tomar la pildora, su cuerpo 
quiso al parecer recuperar el tiempo perdido, con ovulaciones más frecuentes durante una temporada 
hasta ir regulándose aproximadamente a una vez al mes. «Cuando recuperé mis ciclos, al principio eran 
muy cortos, más o menos cada tres semanas. Aunque me pasó fugazmente por la cabeza el pensamiento 
de que sería una lata sangrar una de cada tres semanas, me di cuenta de que el pensamiento era condi- 
cionado. Muchísimas mujeres de cuarenta años me habían hablado de la creciente frecuencia de sus ci- 
clos suplicándome que "hiciera algo" para arreglarlo. Comprendí entonces que se me había concedido el 
regalo de ciclos cortos para "ponerme al día". Me gustó tener la menstruación más a menudo. Tenía que 
ovular cada tres semanas. Tenía más lecciones que aprender acerca de mi cuerpo. Fue como un curso 
condensado de fisiología femenina, la mía. Comencé a celebrar tener la menstruación cada tres semanas 
y deseé que no me viniera la menopausia hasta que tuviera 65 años. Habiéndome dado permiso para 
disfrutar de todas esas nuevas enseñanzas, aprendí que no era yo quien estaba al mando; los ciclos co- 
menzaron a alargarse, primero a tres semanas y media y después a cuatro semanas. Creo que fue senci- 
llamente una prueba, eso de tener ciclos de tres semanas. Fue para ver si realmente deseaba recuperar mi 
cuerpo. Y sí, lo deseo.» 

La historia de Laurie ilustra cómo es recuperar nuestra sabiduría y nuestro poder menstruales. Si 
bien la pildora ha sido un beneficio para muchas mujeres, también las ha desconectado de algunas partes 
esenciales de su sabiduría femenina. Cuando las personas están en íntimo contacto mutuo, por ejemplo, 
una manera de comunicarse entre sí es mediante las hormonas. Pero se ha comprobado que los anticon- 
ceptivos orales eliminan parte de nuestra vía de comunicación hormonal, incluida nuestra comunicación 
sexual con los hombres. En un estudio se descubrió que los volátiles ácidos grasos de las secreciones 
vaginales, llamados copulinas, estimulan el interés y el comportamiento sexuales masculinos. Las muje- 
res que toman la pildora, sin embargo, no los secretan. 22 Las mujeres que viven juntas suelen tener tam- 
bién juntas los ciclos, lo que una de mis amigas llama «convertirse en hermanas ováricas». Esto no les 
ocurre a las que toman la pildora. Los estudios han demostrado que las mujeres que tienen estrechas 
relaciones con otras personas tienen ciclos más cortos y más regulares, mientras que las que se aislan 
tienen más propensión a tener ciclos irregulares. 23 



Dolores menstruales (dismenorrea) 



El 60 por ciento de las mujeres sufren de dolores menstruales. Un porcentaje menor son incapaces de 
funcionar durante uno o más días cada mes debido a la intensidad del dolor. El hecho de que en nuestra 
cultura la mayoría de las mujeres sufran de dolores menstruales es una indicación muy clara de que algo 
va mal en nuestra relación con nuestro cuerpo. Esto testimonia que hemos perdido mucha conexión con 
nuestra sabiduría menstrual. La bibliografía psicológica y ginecológica de los años cincuenta estuvo llena 
de estudios que sugerían que los dolores menstruales eran principalmente psíquicos, relacionados con el 
hecho de sentirse desgraciada por ser mujer. Caroline Myss dice que los dolores y el síndrome de tensión 
premenstrual son indicadores clásicos de que una mujer está en conflicto con su realidad femenina, con 
su papel en la tribu y con lo que esta espera de ella. Dadas las expectativas tradicionales de nuestra so- 
ciedad actual respecto a las mujeres, es raro que no padezcamos todas nosotras de dolores menstruales y 
síndrome premenstrual. 

Los dolores menstruales no son lo mismo que el síndrome premenstrual, aunque hay mujeres 
que suelen sufrir de los dos. Hay dos tipos de dismenorrea: la dismenorrea primaria son dolores o es- 
pasmos que no están producidos por otra enfermedad orgánica en la pelvis. La dismenorrea secundaria 
son dolores o espasmos causados por endometriosis u otra enfermedad pelviana. Los tratamientos que 
van bien para la dismenorrea primaria también suelen ir bien para la secundaria. 

Yo tuve dismenorrea primaria en mi adolescencia y me continuó hasta después de nacer mi pri- 
mera hija. A veces tenía que llamar a mi madre desde el colegio para que me llevara a casa a causa del 
dolor. Una vez, durante mis prácticas como residente, tuve que abandonar una intervención quirúrgica 
importante debido a los dolores menstruales. Uno de mis compañeros residentes me dijo: «Oye, Chris, 
¿tú con dolores? ¡Entonces debe ser que no todo está en la cabeza de las mujeres!». (Piensa que por en- 
tonces yo era una de «los tíos» y hacía todo lo que estaba en mi poder para mantener esa posición. Te 
podrás imaginar qué golpe fue para mí tener que abandonar el quirófano debido a esa terrible debilidad 
femenina: ¡los dolores menstruales!) 

Estudios que comenzaron a fines de los años setenta demostraron que las mujeres que sufren de 
dolores menstruales tienen elevados niveles de la hormona prostaglandina alfa F2 en su sangre mens- 
trual. Cuando esta hormona es liberada en el torrente sanguíneo al romperse el revestimiento endome- 
trial, se producen espasmos en el útero, y a eso se deben los dolores. 24 (Los dolores menstruales no están 
en la cabeza al fin y al cabo, ¡están en el útero!) 

Cuando tuve mi primera regla también me volví miope y tuve que empezar a usar gafas. Eso me 
dolió, porque nadie en mi familia llevaba gafas. Ahora creo que había algo que yo no deseaba ver. Mi 
problema de la vista empeoraba cuando leía sin dar un adecuado descanso a los ojos. Sospecho que mi 
aflicción era crecer en general y crecer como chica en particular, como le ocurrió a mi madre. El creciente 
estrés de la pubertad, junto con todos los productos lácteos que comía, me aumentaban los niveles de 
adrenalina (noradrenalina) y de prostaglandina F2 en la sangre, lo cual me producía fuertes dolores. 
Estos dolores desaparecieron un tiempo después del nacimiento de mi primera hija, pero volvieron 
cuando mi segunda hija tenía unos cinco años, mucho más suaves y no con cada menstruación. Ese pe- 
riodo sin dolores menstruales refuerza mi creencia de que cuando mi vida está en equilibrio no tengo 
dolores. Cuando estoy demasiado ajetreada o estresada, tengo unas cuantas horas de dolores el primer 
día de la regla. Estos me frenan y son un buen recordatorio de que necesito hacer algunas modificaciones 
y sintonizar con la sabiduría de mi cuerpo. 

Tratamiento 

DIETA. Una dieta de alimentos refinados, pobre en elementos nutritivos y rica en grasas par- 
cialmente hidrogenadas favorece el desequilibrio hormonal en todos los niveles y dispone el escenario 
para muchos problemas de salud femeninos. ¿Qué hay que comer entonces? Mi respuesta a esta pregun- 
ta ha evolucionado desde la primera edición de este libro. 

Yo solía recomendar una dieta rica en hidratos de carbono complejos y pobre en grasas para to- 
do, desde el síndrome premenstrual hasta los síntomas de la menopausia, o simplemente para mantener 
la salud. Por lo general, los resultados eran buenos. Pero a muchísimas mujeres este método dietético no 
les daba resultado, sobre todo cuando lo habían seguido durante varios años. Comencé a observar, por 
ejemplo, que una dieta demasiado pobre en grasa sana y demasiado rica en hidratos de carbono iba 



acompañada por fragilidad del cabello y las uñas, falta de energía, agotamiento del sistema inmunitario, 
depresión e incluso subida de peso. También comprobé que algunas mujeres no consumían proteínas 
suficientes para mantener el equilibrio de azúcar en la sangre. Y para colmo, al parecer las elevadas can- 
tidades de hidratos de carbono que consumíamos mis pacientes y yo nos hacían ansiar hidratos de car- 
bono refinados. No lográbamos mantenernos alejadas del pan francés, los pasteles y otros postres. 

Cuando comencé a investigar más este asunto, descubrí (con la ayuda de las obras de los docto- 
res Richard y Rachael Heller, autores de The Carbohydrate Addicts Diet* y los doctores Mary Dan y Michael 
Eades, autores de Protein Power) que una dieta rica en hidratos de carbono y pobre en grasa está relacio- 
nada con niveles de insulina en la sangre demasiado elevados y niveles de glucagón demasiado bajos. 
Este desequilibrio afecta a su vez a las interacciones, increíblemente complejas, entre compuestos seme- 
jantes a las hormonas llamados eicosanoides; entre los eicosanoides están las prostaglandinas; estos 
compuestos participan en casi todos los procesos celulares del cuerpo. Para hacer aún más complejo el 
asunto, las reacciones de los eicosanoides también están influidas por cualquier tipo de estrés. 

Por lo tanto, la piedra angular del tratamiento de los dolores menstruales y otros muchos pro- 
blemas de salud es un método dietético que equilibre los eicosanoides. (El tema de la dieta lo trato en el 
capítulo 17.) Para evitar que el cuerpo produzca un exceso de prostaglandina F2 alfa (serie eicosanoides 
2) y produzca la serie de prostaglandinas E (serie eicosanoides 1, las que no causan dolores), la mujer 
debe consumir suficiente cantidad del tipo adecuado de ácidos grasos esenciales. También necesita nive- 
les adecuados de vitamina C, vitamina Bó (piridoxina) y magnesio. Metabólicamente, las mujeres que 
tienen mucho estrés y siguen una mala dieta son propensas a un exceso de producción de prosta- 
glandinas F2 alfa y a sufrir los consiguientes dolores menstruales. 

Tratamientos alimentarios 

• Deja de comer productos lácteos, sobre todo queso, helados, requesón y yogur. Según mi expe- 
riencia clínica, muchas mujeres se alivian de síntomas como los dolores menstruales, las reglas 
abundantes, el dolor de las mamas y el producido por la endometriosis cuando dejan de consumir 
productos lácteos. Esto no vale para todas, pero suele ir lo suficientemente bien para hacer la 
prueba. Aunque no está claro por qué los productos lácteos parecen estar relacionados con los sín- 
tomas pelvianos, tengo unas cuantas teorías al respecto. Una explicación posible es que actualmen- 
te la mayor parte de la leche se obtiene de vacas tratadas con la hormona del crecimiento bovino, 
que les estimula las ubres. Estas vacas son más propensas a infecciones en las ubres y por lo tanto 
necesitan antibióticos. Los residuos de las hormonas y los antibióticos presentes en la leche po- 
drían estimular el sistema hormonal femenino de un modo que todavía no logramos determinar. 
Sí sabemos que los antibióticos que se dan al ganado entran en la cadena alimentaria humana. Los 
antibióticos cambian el modo como se metabolizan las hormonas en el intestino y por lo tanto pue- 
den cambiar los niveles de hormonas. 

Al parecer, los productos lácteos de leche producida biológicamente, sin la hormona de creci- 
miento bovino, antibióticos ni pesticidas en el alimento de las vacas, no tienen los mismos efectos 
adversos en el tejido uterino y mamario. Muchas mujeres han observado que, cuando empiezan a 
tomar productos lácteos biológicos u orgánicos, los síntomas desaparecen. Experimenta y descubre 
qué te va bien a ti. Pero has de estar dispuesta a dejar los alimentos lácteos por un tiempo para ver 
si notas algún beneficio. Asegúrate que obtienes el calcio de otras fuentes. 

• Evita el consumo de hidratos de carbono refinados. Más que cualquier otro alimento, el exceso de 
hidratos de carbono, sobre todo los refinados, como los de los pasteles, bollos, patatas fritas, galle- 
tas, etcétera, pueden desencadenar el desequilibro de eicosanoides que produce los dolores. 

• Limita el consumo de carne roja y yemas de huevo a no más de dos raciones por semana, o elimí- 
nalos. Si comes carne roja, que sólo sean cortes magros de animales criados biológicamente. La 
carne roja y las yemas de huevo son muy ricas en ácido araquidónico (AA), que podría tener por 
consecuencia más series eicosanoides 2, y dolores uterinos en personas susceptibles. No todas las 
personas son sensibles a este ácido, de modo que esta recomendación no vale para todas; para sa- 
ber si eres sensible al ácido araquidónico, evita la carne roja y las yemas de huevo durante tres se- 
manas, después come varias raciones en un día y ve si te vuelven los síntomas. La carne roja puede 
contener gran cantidad de grasas saturadas, que también aumentan la producción de la serie eico- 



sanoides 2; por eso es necesario que consumas sólo carne magra. 

• Toma ácidos grasos esenciales. Se ha demostrado que los ácidos grasos omega-3, en forma de acei- 
te de pescado, que contiene ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentaenoico (EPA) van 
bien para los dolores menstruales, incluso en mujeres que no han cambiado otros aspectos de su 
dieta. Un estudio reciente recomendaba una dosis diaria de 1.000 mg de EPA y 720 mg de DHA, 
junto con 1,5 mg de vitamina E; puedes tomar cualquier cantidad que se aproxime a estas. Dado 
que el aceite de pescado degenera con la exposición al oxígeno, toma cápsulas con vitamina E aña- 
dida (para prevenir la oxidación). Una alternativa mucho más barata y con frecuencia más sana es 
comer sardinas enlatadas en su aceite o en aceite de oliva dos o tres veces a la semana. Otros pes- 
cados de aguas frías, como la caballa, el salmón y el pez espada son también buenas fuentes de 
aceite de pescado.25 También se pueden tomar semillas de lino (500 mg de dos a cuatro veces al 
día) si no se encuentra aceite de pescado o es inaceptable. También puedes comprar semillas de 
lino frescas, molerlas en un molinillo de café y añadirlas a sopas, ensaladas o cereales. Normal- 
mente son suficientes una a dos cucharaditas al día de semillas frescas molidas. 

• Toma un suplemento multivitamínico-mineral. 

• Toma 100 mg de vitamina B6 diarios, combinada con las vitaminas del complejo B. Se ha demos- 
trado que la vitamina B6 disminuye la intensidad y la duración de los dolores menstruales.26 To- 
ma magnesio, hasta 100 mg cada dos horas durante la menstruación, y tres o cuatro veces al día 
durante el resto del ciclo. El magnesio relaja los tejidos de los músculos lisos. Toma la forma que- 
lada.27 (Véase el capítulo 17.) 

• Toma 50 mg de vitamina E tres veces al día durante todo el ciclo. Se ha demostrado que la vitami- 
na E también mejora la dismenorrea.28 La vitamina E debe estar en forma de tocoferol d-alfa para 
que tenga algún efecto biológico. 

• Elimina las fuentes de ácidos grasos trans siempre que sea posible. Estos aumentan la producción 
de la serie ecosanoides 2, relacionada con los dolores menstruales. Estos ácidos se encuentran en 
todos los alimentos que contienen aceites parcialmente hidrogenados, como la margarina. Lee las 
etiquetas de todos los alimentos preparados. 

MEDICACIÓN. Los medicamentos antiinflamatorios no esferoides, como Advil, Nuprin, Anaprox y 
Ponstel, inhiben la síntesis de la prostaglandina F2 alfa cuando se toman justo al comienzo de la mens- 
truación, «antes» de que comience el dolor, o lo más pronto posible cuando ya ha comenzado. Una vez 
que empieza a desprenderse el revestimiento endometrial y entra en el torrente sanguíneo la prostaglan- 
dina F2 alfa, es mucho más difícil interrumpir los consecuentes espasmos uterinos que causan el dolor. 

Las pildoras anticonceptivas, que eliminan la ovulación y por lo tanto los cambios hormonales 
asociados con los espasmos dolorosos, van bien para muchas mujeres a las que no les interesa hacer 
cambios de estilo de vida o dietéticos. Algunas mujeres, sin embargo, tienen dolores aun tomando anti- 
conceptivos orales. Las pildoras de más reciente fabricación pueden tomarlas sin riesgo la mayoría de las 
mujeres mayores de 35 años, siempre que no fumen. 

Medicina energética 

• Reducción del estrés. 

• Aplicación de compresas de aceite de ricino en la parte inferior del abdomen por lo menos tres ve- 
ces a la semana durante varios meses para mejorar el funcionamiento del sistema inmunitario y 
disminuir los niveles de estrés y de adrenalina (véase p. 192). No se han de aplicar las compresas 
cuando se esté sangrando en abundancia. 

• Se ha demostrado que la acupuntura elimina o disminuye enormemente los dolores menstruales, y 
yo recomiendo con regularidad este tratamiento a mis pacientes. El tratamiento normal de acu- 
puntura es de 10 sesiones, pero muchas mujeres sienten alivio después de sólo tres sesiones.29 

HIERBAS. En la medicina china, los dolores menstruales se suelen relacionar con lo que llaman «estan- 
camiento del hígado». Podría ir bien la fórmula herbolaria china Bupleurum (Xiao Yao Wan, también 
llamado Hsiao Yao Wan). 30 Se puede comprar a cualquier practicante de medicina china, y a muchas de 
mis pacientes les ha ido muy bien con ella. Toma cuatro o cinco de esas pequeñísimas pastillas cuatro 



veces al día, dos semanas antes de la menstruación, y continúa tomándolas durante el primer día. Podría 
llevarte de dos a tres meses experimentar resultados óptimos. (Para proveedores, véase «Recursos».) 

• También se puede tomar la hierba caulofilo (Caulophylum thalictroides) como remedio preventivo. 
Esta hierba se encuentra en forma de comprimido o extracto en las tiendas de alimentos naturales. 
Sigue las indicaciones del envase. 

A muchas mujeres les van muy bien otros tratamientos, como el masaje, el yoga o la homeopatía. 
Es mejor que los remedios homeopáticos los recete un médico competente que conozca este campo. 

Historias de mujeres 

Jane: Curación de los dolores menstruales. Jane vino a verme por primera vez el invierno pasado, a 
los 26 años. Llevaba años de reglas muy dolorosas, que le comenzaron poco después de su primera 
menstruación a los 13 años. Los dolores le empezaban antes de que le viniera la regla y continuaban has- 
ta después de acabada. Temía tener algo grave en los órganos reproductores, como endometriosis o al- 
gún quiste ovárico. 

Hacía unos años había hecho la prueba de tomar pildoras anticonceptivas durante un mes más o 
menos, pero las dejó porque no le gustó cómo se sentía con ellas. También había probado con Anaprox, 
un antiinflamatorio no esferoide similar al Motrin que ahora se vende sin receta con el nombre de Aleve. 
Ese medicamento la había aliviado algo, pero de todos modos se sentía muy incapacitada durante las 
reglas. Además de los dolores, el flujo menstrual era muy abundante (necesitaba un tampón por hora el 
segundo día), sufría de irritabilidad premenstrual, acné, hinchazón, sensibilidad en los pechos y picor 
vaginal antes de la regla. Ninguna de sus dos hermanas sufría de dolores menstruales ni tenía ningún 
otro problema ginecológico. La base de su dieta eran los productos lácteos, como el requesón, los hela- 
dos y el yogur, los cuales comía frecuentemente. 

Jane era maestra de enseñanza primaria y no estaba muy contenta con su trabajo. Me contó que 
siempre había deseado trasladarse a Idaho, pero que se sentiría culpable si lo hacía porque sus padres no 
querían que se fuera a vivir tan lejos: encontraban que era muy egoísta de su parte actuar de acuerdo a 
sus intereses, y pensaban que era su deber quedarse cerca de ellos, continuar con su trabajo seguro en la 
enseñanza, casarse y tener hijos. Su deseo de la infancia de complacer a sus padres estaba en franco con- 
flicto con su necesidad de crecimiento personal. Llegó a comprender que permanecer cerca de ellos y 
hacer caso omiso de sus propias necesidades sólo sería causa de enfermedad para ella. Yo le hice ver que 
estaba en un clásico dilema de codependencia y que necesitaba resolver eso para sanar totalmente. El 
estrés de satisfacer las expectativas de sus padres, sumado al de hacer un trabajo que ya no le resultaba 
gratificante, la estaba hundiendo. 

El examen demostró que tenía la pelvis totalmente normal, sin ningún indicio de quiste, irrita- 
ción ni ninguna otra cosa que sugiriera una enfermedad de los órganos reproductores. Le recomendé las 
siguientes medidas: 

• Aplicarse compresas de aceite de ricino en el bajo abdomen dos veces a la semana. 

• Dejar totalmente los productos lácteos y la carne roja. 

• Tomar un suplemento multivitamínico tres veces al día. 

• Comenzar los planes para trasladarse a Idaho. 

• Leer algo sobre la codependencia. 

Cuando pasados tres meses volvió a mi consulta, sus dolores se habían aliviado notablemente. 
Me dijo que estaba impresionada por las diferencias que había notado después de dejar los productos 
lácteos y la carne roja. La cantidad de sangre menstrual había disminuido considerablemente. Compren- 
dió que la dieta había tenido un gran efecto en sus dolores y me dijo que las compresas de aceite de ri- 
cino eran «fabulosas». Mientras las tenía aplicadas aprovechaba el tiempo en sintonizar consigo misma y 
sus necesidades, y pensaba en vivir sus sueños en lugar de quedarse estancada en viejos comportamien- 



tos que ya no le servían. Leyó algunos libros sobre la codependencia y llegó a ver que desde la infancia 
había sido entrenada para «complacer a los demás». Comprendió que tenía que aprender a gustarse a sí 
misma si quería encontrar gratificante su vida. Ya era demasiado mayor para seguir siendo la niña bue- 
na de la familia. 

Pasados otros tres meses, sus reglas ya eran mucho más fáciles y había podido reducir conside- 
rablemente la dosis de Anaprox, al cambiar de dieta y disminuir su nivel de estrés. Lo más impresionan- 
te fue que hizo planes para trasladarse a Idaho, y no iba a comenzar el nuevo año escolar en un trabajo y 
un lugar que no le gustaban. Aunque la asustaba la perspectiva de trasladarse a un lugar desconocido, 
era también estimulante. Si no hubiera hecho planes para vivir su propia vida aparte de sus padres, creo 
que finalmente su salud habría estado en peligro debido a su «amabilidad». Al aprovechar la sabiduría 
de su cuerpo, Jane no sólo sanó de sus dolores menstruales, sino que también mejoró su vida. 

El síndrome premenstrual 

Ningún trastorno moderno apunta más directamente a la necesidad de replantearnos nuestras ideas 
respecto a la menstruación y de recuperar la sabiduría de nuestros ciclos como la dolencia tan común 
llamada «síndrome premenstrual». Habiendo tratado a cientos de mujeres aquejadas de este problema, 
sé que es necesario ese replanteamiento para llegar a sus causas. El cambio de dieta, el ejercicio, las vita- 
minas y la terapia con progesterona son todos útiles para tratar el síndrome premenstrual, y yo los re- 
comiendo inicialmente a muchas mujeres. Pero en los casos persistentes, existe un desequilibrio más 
profundo que un cambio de estilo de vida por sí solo no va a sanar. Según han confirmado los estudios, 
los problemas emocionales no resueltos pueden alterar el ritmo menstrual y el medio hormonal nor- 
mal. 31 

Al menos un 60 por ciento de mujeres padecen síndrome premenstrual. Es más probable que 
ocurra en mujeres que están entre los treinta y los cuarenta años, aunque también puede darse en la ado- 
lescencia y en los años premenopáusicos. El síndrome premenstrual se conoce desde muy antiguo, pero 
fue popularizado en los años ochenta por un artículo aparecido en la revista Family Circle, que expresaba 
elocuentemente el sufrimiento mensual de millones de mujeres. Los medios de comunicación continua- 
ron con el tema, y en pocos meses el síndrome premenstrual se convirtió en un problema de conocimien- 
to público en Estados Unidos y un nombre conocidísimo. 32 También se convirtió en un tema de moda 
entre las feministas, que alegaban que el diagnóstico se usaría en contra de las mujeres. A los médicos les 
preocupó que este se pudiera convertir en un diagnóstico «comodín» que podrían usar de excusa las 
mujeres o su familia cuando nadie pudiera descubrir lo que ocurría realmente. Mientras tanto, muchísi- 
mas mujeres tenían por fin un nombre para su sufrimiento mensual y buscaron ayuda para él. 

Curiosamente, en los congresos de tocólogos y ginecólogos sólo comenzó a tocarse el tema del 
síndrome premenstrual «después» que apareciera el artículo en Family Circle y las mujeres empezaran a 
acudir al médico con su autodiagnóstico. En muchos casos, los médicos estábamos mal preparados para 
esto, porque no lo habíamos estudiado en la facultad. Fue tal la demanda de tratamiento para el síndro- 
me premenstrual generada por las mujeres y los medios de comunicación, que a mediados de los años 
ochenta este era un tema que se trataba en muchos congresos importantes de especialistas en obstetricia 
y ginecología y comenzaron a aparecer estudios de investigación en las revistas. Así como el deseo de 
parto natural obligó a los médicos a reformar su patriarcal enfoque de la práctica tocológica, también el 
deseo de las mujeres de entender el síndrome premenstrual ha influido en la práctica de la medicina y la 
ha ayudado a avanzar hacia una actitud mejor informada con respecto al cuerpo femenino. 

Diagnóstico 

En el síndrome premenstrual pueden estar presentes una amplia variedad de síntomas. Para hacer el 
diagnóstico, no importa qué síntomas concretos tiene la mujer antes de la menstruación. Lo que importa 
es la forma cíclica en que se presentan. Las mujeres que anotan sus síntomas durante tres meses o más 
suelen ver un patrón que les permite predecir cuándo es probable que comiencen los síntomas en su 
ciclo. La mayoría de las mujeres van a tener al menos tres días durante el mes en que se sentirán total- 
mente libres de los síntomas enumerados aquí, a excepción de los casos graves. Durante la segunda mi- 
tad del ciclo menstrual se exacerban muchos trastornos subyacentes, como el glaucoma, la artritis y la 



depresión. La exacerbación de los trastornos subyacentes no se define como síndrome premenstrual, 
aunque están relacionados. Hay más de cien síntomas conocidos del síndrome premenstrual. 33 Cada uno 
de ellos está probablemente relacionado a nivel celular con un desequilibrio de eicosanoides, consecuen- 
cia de una compleja interacción de factores emocionales, físicos y genéticos. 

Si no se hace nada para interrumpir el síndrome premenstrual, suele empeorar con el tiempo. Al 
principio las mujeres hablan de síntomas que aparecen unos pocos días antes de la menstruación y aca- 
ban bruscamente cuando esta comienza. Después, poco a poco los síntomas se presentan una o dos se- 
manas antes del comienzo de la regla. Algunas mujeres experimentan un grupo de síntomas durante la 
ovulación, seguidos por una semana sin síntomas y luego recurrencia de los síntomas una semana antes 
de la menstruación. Con el tiempo, la mujer puede tener sólo dos o tres días al mes sin síntomas. Final- 
mente no queda ningún patrón para discernir entre los días «buenos» y los días «malos»; la mujer se 
siente «premenstrual» casi todo el tiempo. 



Síntomas del síndrome premenstrual 



acné 


• herpes 


agresividad 


• ninenazon aDuoniinai 


pirmipm dp rninpr diilrpc; 


• hinrhpizón v dolor dp lpm t\t\\ 


anciipm dp rompí" cial 


LJ LO. v~i V ' 1 ICO 


ansiedad o angustia 


• hinchazón y dolor de los pe 


asma 


chos 


atracones de comida 


• inestabilidad emocional 


cambios en los impulsos se 


• insomnio 


xuales 


• intolerancia al alcohol 


cansancio 


• introversión y alejamiento de 


confusión 


los demás 


convulsiones 


• ira 


depresión 


• irritabilidad 


desmayos 


• irritación de garganta 


dificultades de coordinación 


• letargo 


dificultades visuales 


• migraña 


dificultades urinarias 


• moretones 


dolor de cabeza 


• náuseas 


dolor de espalda 


• orzuelos 


dolores abdominales 


• palpitaciones cardiacas 


edemas 


• pensamientos suicidas 


exacerbación de trastornos ya 


• problemas de senos nasales 


existentes (artritis, úlceras, 


• propensión a los accidentes 


lupus, etc.) 


• urticaria 



• hemorroides 

Algunas mujeres equiparan los dolores menstruales con el síndrome premenstrual, pero este es 
diferente de los dolores que se sienten durante la menstruación (dismenorrea). Esta diferencia no está 
siempre clara enlos escritos sobre el síndrome premenstrual. Muchas mujeres que sufren de este proble- 
ma tienen reglas totalmente indoloras, y muchas mujeres que sufren de intensos dolores menstruales no 
sienten ninguna molestia premenstrual. Los dolores menstruales están causados por contracciones del 
útero debidas al exceso de prostaglandinas alfa F2, que se producen cuando se rompe el revestimiento 
del útero durante la menstruación. En algunos estudios se ha comprobado que las hormonas pros- 
taglandinas también intervienen en el síndrome premenstrual. Por ese motivo, los cambios en la dieta, 
los suplementos de vitaminas y minerales y la medicación antiprostaglandinas (generalmente los antiin- 



flamatorios no esteroides tipo ibuprofeno, como el Advil) suelen ir bien tanto para los dolores menstrua- 
les como para el síndrome premenstrual. 34 

Aunque algunos médicos aún buscan «la lesión bioquímica» causante del síndrome premens- 
trual, y se han escrito cientos de artículos científicos sobre el tema, nadie ha logrado encontrar esa causa 
ni una «pildora mágica» para curarlo. Un enfoque reduccionista, que busca la «causa» y la «curación» 
químicas, sencillamente no resulta, porque las causas del síndrome premenstrual son multifactoriales y 
deben tratarse de forma holista. Para tratarlo es necesario tener en cuenta los efectos de la mente, las 
emociones, la dieta, la luz, el ejercicio, las relaciones, la herencia y los traumas de la infancia. 

Todas las circunstancias siguientes producen cambios hormonales en el cuerpo. Es probable que 
estos cambios inicien o exacerben el síndrome premenstrual a menos que se comience un tratamiento. 

Circunstancias asociadas con el comienzo del síndrome 

premenstrual 

• Inicio de las reglas, o el año o dos años antes de la menopausia. 

• Dejar de tomar pildoras anticonceptivas. 

• Un periodo sin reglas (amenorrea). 

• El nacimiento de un hijo o el término de un embarazo. 

• Embarazos complicados por toxemia (eclampsia) gravídica. 

• Ligadura de trompas, sobre todo como se hacía en los años setenta, destruyendo una gran parte 
de las trompas de Falopio por cauterización eléctrica unipolar, método de cauterización que ya 
no se usa para las trompas. Un trauma inusitado, como la muerte de un familiar. 

• Disminución de la luz en otoño e invierno. 

Diversos factores nutricionales favorecen el síndrome premenstrual. 

Según los estudios, las mujeres que sufren de este síndrome tienden a tener las siguientes carac- 
terísticas alimentarias y fisiológicas: 

Factores que favorecen el síndrome premenstrual 

• Un elevado consumo de productos lácteos. 35 

• Un consumo excesivo de cafeína, en forma de bebidas gaseosas, café o chocolate. 36 

• Un consumo excesivo de azúcar refinado y poco consumo de alimentos completos como verdu- 
ras frescas. 

• Un nivel relativamente elevado de estrógeno en la sangre, provocado o bien por su excesiva pro- 
ducción debida a grasa alimentaria o corporal, o bien por una menor descomposición del estró- 
geno en el hígado. El nivel elevado de estrógeno se asocia con una insuficiencia de las vitaminas 
del complejo B, especialmente la Be, y la B12. El hígado necesita estas vitaminas para descomponer 
y desactivar el estrógeno. 37 

• Un nivel relativamente bajo de progesterona en la sangre; la progesterona es la hormona que 
equilibra el exceso de estrógeno. Se cree que este nivel bajo está causado o bien por una falta de 
producción, o bien por un exceso de descomposición de esta hormona en el cuerpo. 38 Los estu- 
dios en este campo no concuerdan. 

• Una dieta que favorece tanto el aumento de la hormona prostaglandina F2 como un excesivo ni- 
vel de estrógeno y un insuficiente nivel de progesterona. 39 Se sabe que las vegetarianas que si- 
guen una dieta pobre en grasas y rica en fibra excretan dos o tres veces más estrógeno en las he- 
ces que las no vegetarianas. También tienen niveles un 50 por ciento menores de estrógenos no 
conjugados (que es un tipo de estrógeno metabolizado) que las mujeres que comen la dieta esta- 
dounidense estándar, y en consecuencia hay menos incidencia de síndrome premenstrual entre 
ellas. 40 (He observado que las vegetarianas tienden a comer más frutas y verduras y menos áci- 
dos grasos trans que las no vegetarianas. Son cada vez más las pruebas de que la carne no es la 
culpable, como creíamos, mientras se consuma en cantidades moderadas y se acompañe de 
abundantes verduras de hoja verde, cereales integrales, frutas y otros alimentos integrales, y 



mientras la dieta no contenga una excesiva cantidad de alimentos refinados con mucho azúcar y 
ácidos grasos trans.) 

• Exceso de peso, que aumenta las posibilidades de elevados niveles de estrógeno y síndrome 
premenstrual. 41 La grasa corporal fabrica estrona (uno de los estrógenos). 

• Bajos niveles de vitaminas C y E y de selenio. Como ocurre con las vitaminas B, el hígado tam- 
bién necesita estas substancias para metabolizar correctamente el estrógeno. 42 

• Insuficiencia de magnesio. 43 El deseo de comer chocolate se ha asociado a niveles bajos de mag- 
nesio. El hígado necesita magnesio, junto con las vitaminas B, para metabolizar óptimamente el 
estrógeno. 

Luz sobre el vínculo entre trastorno afectivo estacional 
y síndrome premenstrual 

Muchas mujeres que sufren del síndrome premenstrual han observado que sus síntomas empeoran en 
otoño, cuando los días se acortan. Muchos de los síntomas del síndrome premenstrual son exactamente 
los mismos que acompañan a la forma de depresión llamada trastorno afectivo estacional (SAD). La luz 
actúa como nutriente en el cuerpo; cuando toca la retina, influye directamente en todo el sistema neuro- 
endocrino a través del hipotálamo y la glándula pineal. En un estudio realizado con pacientes de sín- 
drome premenstrual, estas respondieron de forma muy positiva al tratamiento con luz brillante. Con dos 
horas de exposición a la luz brillante al anochecer, se solucionaron los problemas de subida de peso, 
depresión, ansias de comer hidratos de carbono, aislamiento social, cansancio e irritabilidad. 44 Esto no es 
sorprendente, ya que la luz natural y el consumo de hidratos de carbono elevan los niveles de serotoni- 
na, que alivia la depresión. Vivir bajo luz artificial gran parte del tiempo sin exposición regular a la luz 
natural no sólo puede afectar profundamente a la regularidad del ciclo menstrual sino que también pue- 
de provocar el síndrome premenstrual. 45 

El vínculo entre el síndrome premenstrual y el trastorno afectivo estacional es un profundo 
ejemplo de cómo la sabiduría femenina está codificada simultáneamente en el ciclo de las estaciones y en 
nuestros ciclos mensuales. La figura 4 (p. 148) ilustra el vínculo entre las fases de la Luna y las fases del 
ciclo menstrual. En la figura 6 he añadido las estaciones a este diagrama, para poder ver claramente que 
el periodo del ciclo mensual en que es más común el síndrome premenstrual corre paralelo al periodo 
calendario en que se produce el trastorno afectivo estacional. La tendencia natural a volvernos hacia 
dentro durante el periodo premenstrual se refleja en la tendencia natural a volvernos hacia dentro du- 
rante el otoño del año. Toda la naturaleza nos refleja esta sabiduría. En otoño e invierno, los árboles en- 
vían su energía a sus raíces, bajo tierra, donde hay una profunda actividad y revitalización aunque no lo 
veamos. Durante la fase lútea del ciclo menstrual, que sigue a la ovulación, nuestras energías bajan a lo 
profundo de nuestras raíces para que podamos hacer balance y prepararnos para el siguiente ciclo de 
crecimiento exterior en el mundo. Dado que nuestra cultura no entiende esta sabiduría cíclica, se nos ha 
enseñado a temer los periodos de nuestros ciclos y las estaciones del año en que la sabiduría exige que 
entremos en la oscuridad, nos retiremos y hagamos balance de nuestra vida. 

Se nos ha enseñado a desconfiar de estas energías naturales, y muchas mujeres las consideran 
debilidades que hay que dominar e ignorar. ¡No permita el cielo que hagamos caso omiso de nuestra 
sabiduría corporal y nos tomemos un descanso que nos impida hacer todo el trabajo! 



Ciclo estaciona/ 




FIGURA 6. TRASTORNO AFECTIVO ESTACIONAL (TAE) Y SÍNDRO- 
ME PREMENSTRUAL (SP) 

El síndrome premenstrual es al ciclo mensual lo que el trastorno afectivo esta- 
cional es al ciclo anual. Estos dos trastornos responden al mismo tratamiento a la 
vez que nos pide profundizar nuestra conexión con nuestra sabiduría cíclica. 



La segunda mitad del ciclo menstrual y el otoño son periodos en que la marea está baja y todo lo 
que no queremos ver en el lodoso fondo de la bahía está al descubierto a la vista de todos. Las mujeres 
hemos de aprender a prestar atención a la información que se nos ofrece en esos periodos del mes y del 
año. Imagínate que esta información es un rico abono vegetal que vas a usar para crear nuevo crecimien- 
to en tu vida una vez que vuelva la luz. 

Tratamiento 

Muchas mujeres reciben tratamientos sintomáticos para el síndrome premenstrual que a la larga no dan 
resultados. Tratar la hinchazón con diuréticos, los dolores de cabeza con analgésicos y la ansiedad con 
Valium con frecuencia sólo sirve para crear nuevos efectos secundarios, producidos por esos fármacos, y 
deja sin tratar los desequilibrios subyacentes que son las verdaderas causas del síndrome. Muchas veces 
se recomienda psicoterapia a las mujeres afectadas por el síndrome premenstrual, y si bien esta podría 
servir para comprender con más profundidad el estrés, deja de lado los aspectos nutricionales y bioquí- 
micos de este trastorno. Actualmente a muchas pacientes del síndrome premenstrual se les recetan fár- 
macos que aumentan los niveles de serotonina, por ejemplo Prozac. Los estudios han demostrado que 
estos fármacos pueden ser muy útiles para aliviar los síntomas en los casos graves. Es mejor tomar estos 
medicamentos en dosis bajas y sólo durante la fase lútea del ciclo. 46 Pero si no se toman con la conciencia 
de que el síndrome premenstrual forma parte de un desequilibrio mucho mayor, no ayudan a la mujer a 
aprender del síndrome ni a crear salud mediante él. 

Programa para aliviar el síndrome premenstrual 

• Una dieta que favorezca un equilibrio de eicosanoides. Véanse las sugerencias dietéticas para la disme- 
norrea (pág. 163) y también el capítulo 17. 

• Un suplemento multivitamínico-mineral. Deberá contener de 400 a 800 mg de magnesio (la insuficien- 



cia de magnesio es común en los casos de síndrome premenstrual) y 50-100 de la mayoría de las 
vitaminas B. Todas las mujeres deberían tomar este suplemento diariamente todo el mes, y no só- 
lo durante el periodo premenstrual. 47 

• Eliminación del azúcar, los productos farináceos refinados, y los ácidos grasos trans. 48 

• Eliminación de la cafeína. A lo largo de los años he comprobado que el solo hecho de dejar la cafeína, 
aunque su consumo sea tan mínimo como una taza de café o una lata de cola al día, puede tener en 
algunas mujeres un efecto espectacular para el síndrome premenstrual. 

• Consumo suficiente de ácidos grasos esenciales. Los ácidos grasos esenciales se encuentran en los frutos 
secos y semillas crudos, en pescados de agua fría como el salmón y las sardinas, y en muchas plantas. 
El aceite de sésamo es excelente fuente, como también los de girasol, cártamo y nuez. También se pu- 
eden tomar suplementos, que se encuentran en las farmacias y tiendas de alimentos naturales. Por lo 
general, 500 mg de aceite de pescado tres o cuatro veces al día es una dosis adecuada. También puede 
ir bien el aceite de semilla de lino: 500 mg cuatro veces al día. (Véanse sugerencias dietéticas para la 
dismenorrea, en pág. 163) El metabolismo óptimo de los ácidos grasos esenciales requiere niveles ade- 
cuados de magnesio, vitamina C, zinc, vitaminas B3 y B6. (Véase cap. 17.) 

• Reducción del estrés y medicina energética. Las mujeres que practican la meditación u otros métodos de 
relajación profunda son capaces de aliviar muchos de sus síntomas premenstruales. La relajación de 
todo tipo disminuye los niveles de cortisol y adrenalina en la sangre y contribuye a equilibrar la bio- 
química corporal, los niveles de eicosanoides, por ejemplo. Hay numerosos tipos de meditación que 
dan resultado. Cada mujer debería elegir el que más le atraiga e incorporar esta disciplina a su rutina 
diaria. 

Por ejemplo, la reacción de relajación recomendada por el doctor Herbert Benson se practica de 
quince a veinte minutos dos veces al día. Esta meditación supone: 1) sentarse en silencio en una postura 
cómoda con los ojos cerrados; 2) relajar profundamente todos los músculos, comenzando por los de la 
cara y continuando hasta los pies; 3) respirar por la nariz y tomar conciencia de la respiración, y 4) decir 
la palabra «uno» en silencio al espirar. En un estudio se comprobó un importante alivio del síndrome 
premenstrual a los tres meses de práctica regular. 49 



• Reflexología. También se ha demostrado que el tratamiento de dígito-presión en puntos concretos 
de las orejas, manos y pies alivia los síntomas del síndrome premenstrual. La duración normal 
del tratamiento, con un reflexólogo formado, es de media hora por sesión una vez a la semana 
durante ocho semanas. En el libro Woman Heal Thyself, de Jeanne Blum se encuentra un programa 
entero de terapia de puntos de presión para aliviar el síndrome premenstrual, la dismenorrea y 
la endometriosis. 50 

• Un mínimo de 20 minutos de ejercicio de tipo aeróbico tres veces a la semana, 51 Lo único que se necesita es 
una caminata enérgica. Este ejercicio acondicionador disminuye muchos síntomas premenstrua- 
les; también aumenta el nivel de endorfinas (substancias parecidas a la morfina que ayudan al 
cuerpo a hacer frente a la depresión y al dolor físico). Se estima que la mitad de todas las depre- 
siones se pueden tratar mediante el ejercicio solo (véase cap. 18). 

• Luz de espectro completo. Exponte a una luz de espectro completo durante dos horas cada noche o 
cada mañana (2.500-10.000 lux; lux es la unidad de intensidad de la luz), ya sea de luz natural o 
una fuente artificial. 52 Un día nublado en el norte de Europa da una luz de 10.000 lux. Un día so- 
leado cerca del ecuador da 80.000 lux. (Para proveedores de luz de espectro completo, véase «Re- 
cursos».) 

• Terapia de progesterona natural cuando sea indicado. La progesterona natural, combinada con cambios 
en el estilo de vida, suele producir enorme mejoría de los síntomas del síndrome premenstrual. 53 
En su calidad de neurotransmisores, el estrógeno y la progesterona afectan claramente al estado 
de ánimo. Si no lo contrarresta la progesterona, el estrógeno tiende a irritar el sistema nervioso. 
La progesterona, por su parte, está asociada a la serenidad y es un relajante del sistema nervioso 
central. Es posible que a este efecto relajador del sistema nervioso central se deban principalmen- 
te los efectos beneficiosos de la progesterona en el síndrome premenstrual. 54 

Recomiendo progesterona natural a las mujeres que sufren de un síndrome premenstrual de 
moderado a fuerte que no responde a simples cambios de estilo de vida y que antes de la menstruación 
suelen describir un cambio de personalidad estilo Jekyll y Hyde. La progesterona natural también va 
bien a las mujeres cuyo principal síntoma premenstrual es el dolor de cabeza tipo migraña. Estos dolores 
de cabeza suelen comenzar con el gradual cambio en los niveles de estrógeno y progesterona que tien- 
den a producirse durante los años anteriores a la menopausia. 

La progesterona natural no es lo mismo que las progesteronas sintéticas (progestinas) como el 
acetato de medroxiprogesterona (Provera; en el Apéndice encontrarás la lista de otras progestinas sinté- 
ticas). La progesterona natural no tiene ningún efecto secundario importante si se toma en las dosis habi- 
tuales. A veces podría causar goteos premenstruales o retrasar la regla. Normalmente esto se resuelve 
solo en uno o dos meses. Las dosis muy elevadas, mucho mayores que las que yo recomiendo, se han 
asociado a la euforia y ocasional mareo en casos excepcionales. La progesterona natural oral se puede 
comprar con receta del médico. También se encuentra en forma de cremas para la piel. Hay que tener 
presente que, aunque la progesterona natural se sintetiza de ñames mexicanos silvestres, las cremas que 
sólo contienen extracto de ñame, aunque útiles para algunas mujeres, no son lo mismo que las que con- 
tienen cantidades adecuadas de progesterona natural. No todas las farmacias tienen progesterona natu- 
ral ni todos los médicos saben dónde obtenerla. 

Para aplicarla a la piel, usar una de varias cremas de progesterona natural que se venden sin re- 
ceta, o pedirle al médico que recete una para una farmacia especializada en prescripciones individuali- 
zadas. Durante muchos años he recomendado crema de progesterona al 2 por ciento. (En «Recursos» 
encontrarás una lista de nombres de marcas.) Estas cremas al 2 por ciento contienen como mínimo 400 
mg de progesterona natural por cada 30 g. Se ha comprobado que de un cuarto a media cucharadita de 
crema aplicada a la piel una o dos veces al día provee de niveles de progesterona que concuerdan con los 
que se encuentran en la fase lútea normal. 55 

Las instrucciones generales son aplicar un cuarto de cucharadita (aproximadamente 20 mg) so- 
bre las partes suaves de la piel (pechos, abdomen, cuello, cara, parte interior de los brazos y manos) por 
la mañana y nuevamente por la noche. Alterna los lugares en cada aplicación; hazte aplicaciones desde 
el día 14 al 28 de tu ciclo menstrual durante al menos tres meses; pero el día y la dosis van a variar de 
mujer a mujer. Es importante que la progesterona penetre en el organismo para experimentar normal- 



mente el cambio de ánimo. Es necesario aplicar la crema uno o dos días antes de la ovulación o uno o 
dos días antes de que comiencen los síntomas. Para algunas mujeres, esto será el día 21 del ciclo; para 
otras será el día 12 o 13. Continúa aplicándola el primer día de la regla (día 1 del ciclo). Esto suele preve- 
nir los síntomas o aliviarlos enormemente. Normalmente no da resultados esperar a tener síntomas para 
comenzar el tratamiento. Aumenta o disminuye la dosis según sea la intensidad de los síntomas; la ma- 
yoría de las mujeres tienen que experimentar hasta encontrar la dosis que les da resultado. Podrías usar 
tranquilamente progesterona natural durante más de dos semanas de tu ciclo siempre que interrumpas 
su uso en cada ciclo durante al menos 12 horas. 

Las progestinas sintéticas, en cuanto opuestas a la progesterona natural, tienen muchos efectos 
secundarios conocidos, como hinchazón, dolor de cabeza y aumento de peso. Lamentablemente, a mu- 
chas mujeres se les dice que la progestina sintética es lo mismo que la progesterona natural. Pero en 
realidad las progestinas sintéticas pueden empeorar los síntomas del síndrome premenstrual porque al 
tomar progestina sintética bajan los niveles de progesterona natural. 

Va bien la progesterona a las mujeres que suelen experimentar un rápido cambio de estado de 
ánimo, que se inicia después de la ovulación y acaba justo cuando comienza la regla. Se sienten estupen- 
damente, y a las pocas horas les parece que ha descendido sobre ella una «nube negra». 56 Cuando les 
comienza la regla se sienten como si se «hubiera hecho la luz». Estas mujeres describen un cambio bio- 
químico en el cuerpomente que es muy real y no sólo está «en sus cabezas». 

El posible desequilibrio relativo entre el estrógeno, la progesterona y otras hormonas asociado 
con el síndrome premestrual parece ser un fenómeno dinámico, cambiante, que no se puede documentar 
con los actuales análisis de laboratorio. Con las reglas irregulares y el estrés emocional también va aso- 
ciado un sutil desequilibrio hormonal. El estrés emocional aumenta el nivel de la hormona ACTH [corti- 
cotropina] en la sangre, hormona que suele provocar ciclos anovulatorios (ciclos en los que no se libera 
óvulo) caracterizados por niveles no adecuados de progesterona. 57 

Con el tiempo, el uso de progesterona natural contribuye a reequilibrar la proporción estró- 
geno/progesterona. El uso de progesterona natural produce una gradual mejoría de los síntomas en 
cada ciclo. Muchas mujeres logran disminuir las dosis una vez que sus síntomas se han aliviado comple- 
tamente (aunque la progesterona tiene muchos efectos beneficiosos y algunas podrían desear continuar 
usándola después que han desaparecido sus síntomas). Sin embargo, es mejor comenzar con las dosis 
habituales elevadas y continuar con ellas durante varios meses. 

En último término, cuando la mujer está dispuesta a ver los problemas emocionales ocultos tras 
el síndrome premenstrual, finalmente pueden cambiar su situación hormonal interna sin hormonas ex- 
ternas. El proceso de sanar nuestros estreses emocionales y psíquicos produce cambios bioquímicos en el 
cuerpo. 

Historias de mujeres 

Gwendolyn: Transformación del furor premenstrual Gwendolyn tenía 36 años cuando vino a 
verme por primera vez. Era alta, delgada, elocuente y tenía un gran sentido del humor, pero lo pasaba 
tan mal con su síndrome premenstrual que rutinariamente le daban ataques de rabia y se tornaba maniá- 
tica. En una de esas fases maniáticas de mucha energía se quedó toda la noche pintando la cocina y des- 
pués, sin haberse tomado ningún descanso, continuó con toda su jornada de trabajo. A eso siguieron 
varios días de depresión y cansancio tan enormes que no pudo levantarse. Hubo un momento en que su 
familia se preocupó tanto por su comportamiento que consideraron necesario quitar a sus hijos de su 
cuidado y me llamaron para pedirme consejo. El síndrome premenstrual y los fuertes cambios de humor 
le habían comenzado en la adolescencia y solían ir acompañados de comportamientos autodestructivos 
que la ponían en situaciones peligrosas. Durante una de esas ocasiones fue violada por una pandilla. En 
otra ocasión quedó embarazada y después se hizo un aborto. Dada la gravedad de sus síntomas, al prin- 
cipio le receté una elevada dosis de progesterona. Finalmente, Gwendolyn mejoró de su síndrome pre- 
menstrual cuando trató los desequilibrios de su vida. 

Cuando ya estaba recuperada me comentó: «En esos episodios premenstruales salían fuera toda 
la rabia, amargura y desengaños, muchas veces con tal intensidad que me resultaba cada vez más difícil 
continuar con mi matrimonio y el cuidado de mi hija autista y mis dos hijos pequeños». 



La primera vez que vino a visitarme ya se había divorciado y hacía meditación con regularidad, 
comía alimentos integrales, en una dieta tipo macrobiótico, lo cual la ayudaba hasta cierto punto. Hacía 
ejercicios y tomaba los adecuados suplementos. Estas prácticas dietéticas y de estilo de vida suelen ser 
suficientes para curar el síndrome premenstrual en sus fases moderadas. Sin embargo, a pesar de estas 
modificaciones, continuaba pasando un «infierno» emocional cada mes. Tenía tantos asuntos emociona- 
les inconclusos en su vida que su sabiduría premenstrual la estaba obligando a mirar con más profundi- 
dad los desequilibrios de su vida. 

Cuando comenzó el tratamiento con progesterona, muchos aspectos de su vida estaban total- 
mente descontrolados. Llegó a ver que esa «quiebra» emocional que experimentaba cada mes antes de la 
menstruación quería obligarla a quitarse todas las capas de negación de su vida. Al mirar hacia atrás, 
llegó a comprender que ese proceso era esencial para su curación. Un importante factor de su curación 
fue entrar en un programa de doce pasos llamado Adictos al Sexo y al Amor Anónimos (SLA). Se dio 
cuenta de que tenía un historial de pasar de una relación abusiva a otra sin encontrar jamás al hombre 
«ideal», pero siempre obsesionada por el hombre con quien estaba. Cuando su amigo pintor le comunicó 
su necesidad de acabar la relación, Gwendolyn estaba justamente en su fase premenstrual y le dio un 
ataque de ira tal que lo golpeó físicamente con un furor que la sorprendió y asustó. Entonces compren- 
dió que tenía un problema relacional importante y fue a terapia para explorar y sanar su agresividad. 
Comprendió que la adicción al sexo y al amor suele ser consecuencia de abuso sexual en la infancia, y 
comenzó a conectar una experiencia de abuso y violación del pasado con su comportamiento autodes- 
tructivo del presente. Comenzó a darse cuenta de que ese furor premenstrual era el de una niña no sa- 
nada que necesitaba tratar ese problema ahora que era adulta. Mientras tanto continuó haciendo medita- 
ción y ejercicio, comiendo bien, yendo a terapia y asistiendo a las reuniones de los doce pasos. 

Sustentando su cuerpo físico con progesterona natural, buena alimentación y el profundo des- 
canso regular de la meditación, desarrolló la fuerza interior necesaria para «enfrentar todo lo que tenía 
que salir fuera y limpiar mi cuerpo». Durante sus visitas a mi consulta, yo le recordaba una y otra vez 
que por muy mal que se sintiera, permaneciera con sus sentimientos, que sentir la rabia y el furor está 
bien y que es una parte natural del proceso de curación. Tenía necesidad de sentir su rabia e incluso apo- 
rrear una almohada si era preciso. Pero que en lugar de atacar a una persona con su furia, tenía que res- 
petar esa rabia y considerarla un mensaje que le decía algo que necesitaba saber. En ese proceso de cura- 
ción descubrió que bajo el furor y la rabia premenstruales estaban esperándola la sabiduría y la verdad. 
Al sentir su rabia y permanecer con ella, descubrió las lágrimas y una profunda sensación de abandono, 
consecuencias de maltratos. «Los sentimientos de abandono eran abrumadores a veces —me dijo—, pero 
si me permito sentir la tristeza, al final salgo de ella más fuerte». 

Después de nueve meses de terapia con progesterona, pudo reducir las dosis. «Solamente tomo 
progesterona dos días al mes, y sólo debido a irritabilidad moderada —dice—. De vez en cuando me 
doy con una pared emocional, pero la diferencia es que ahora me las arreglo mucho mejor sabiendo de 
dónde viene todo. Creo que cuando una mujer tiene el síndrome premenstrual, es necesario tratarlo to- 
do, lo físico, lo emocional y lo espiritual, para que su ser humano pueda volver a sentirse completo». 

Han transcurrido dos años desde que Gwendolyn comenzó a escuchar y a comprender su sabi- 
duría premenstrual, aprendiendo a confiar en su rabia y a transformarla. Hace poco, cuando hablé con 
ella, se sentía mejor que nunca. Dice que si tuviera que describir su vida en una sola palabra, esta sería 
«capacitación». Está ocupándose de viejos asuntos, haciendo las paces con aquellos a quienes ha herido y 
diciendo la verdad a aquellos que la han herido. La emociona comprobar que «los talentos con que nací 
están floreciendo: mi voz, la música, el arte. Creo que todos tenemos estos talentos. Pero se nos hace sen- 
tir que no tenemos nada valioso». Escribe: «Cuando llego a enfadarme, me busco un espacio tranquilo, 
entro en mi interior y me pregunto "¿De qué tienes miedo y de qué dolor intentas escapar?" Casi siem- 
pre obtengo una respuesta con la que puedo trabajar». 

El síndrome premenstrual y la codependencia 

Hay una fuerte correlación entre el síndrome premenstrual y el haberse criado en un sistema familiar de 
alcoholismo, en el cual los padres o los abuelos eran alcohólicos. Es enorme la relación entre síndrome 
premenstrual y «entregar la vida» para satisfacer las necesidades de otras personas, la adicción relacio- 



nal. En muchas familias en las cuales los hombres tienen tendencia al alcoholismo, las mujeres tienden a 
sufrir de síndrome premenstrual. Los hijos de alcohólicos tienen un 40 por ciento de posibilidades de 
convertirse en alcohólicos, no sólo porque tienen una predisposición genética hacia el alcoholismo sino 
también porque han aprendido que beber alcohol es la manera de apagar las emociones. Este comporta- 
miento suele transmitírseles junto con los genes que los predisponen a beber. Las mujeres de familias 
alcohólicas o cuyas parejas son alcohólicas, enferman de síndrome premenstrual a consecuencia de repri- 
mir o desconectarse de sus sentimientos. He trabajado con innumerables mujeres que han decidido rom- 
per la cadena de síndrome premenstrual experimentado por generaciones de mujeres de sus familias. 
(La hipoglucemia, o bajo nivel de azúcar en la sangre, y la consecuente tendencia a desear tomar azúcar, 
son también muy comunes en las mujeres de famñias alcohólicas que tienen el síndrome premenstrual. 
Este trastorno suele ser mucho peor durante el periodo premenstrual y se puede tratar con las recomen- 
daciones dietéticas que ya he explicado.) 

Leslie, ama de casa de 49 años y ex maestra, que sufre de síndrome premenstrual, vino a verme 
aquejada de fuertes cambios de humor premenstruales, ansias de comer azúcar y cansancio. Al pregun- 
tarle sobre su historia observé que su marido era alcohólico y que ella destestaba su trabajo de maestra. 
Había vivido con su madre y hermana alcohólicas y jamás le había prestado atención a ninguno de esos 
problemas familiares. Durante la primera visita le aconsejé sustentar su cuerpo durante el ciclo mens- 
trual con buena nutrición y ejercicios, y le insistí en que no «curaría» sus molestias premenstruales mien- 
tras no estuviera dispuesta a atender a los mensajes que estos le enviaban acerca de su situación familiar. 
Me di cuenta de que no estaba preparada para oír esas cosas, y no volvió a una segunda visita. 

Sin embargo, pasados siete años, volvió a verme. Me dijo: «Cuando vine a verla en 1985, usted 
me dijo que necesitaba controlar mi codependencia y que el síndrome premenstrual y mi falta de energía 
estaban relacionados con eso. Yo me fui pensando: "La doctora Northrup es muy simpática pero no sabe 
de qué habla, y en realidad creo que está loca. ¿Cómo pueden estar conectadas la codependencia con el 
síndrome premenstrual?" . Pero ahora entiendo la conexión entre lo que ocurre en mi vida y el síndrome 
premenstrual. Finalmente me he dado cuenta de que mi marido lleva años maltratándome verbalmente. 
Estoy en medio del proceso de divorcio y ahora comprendo que había dejado de ser yo misma comple- 
tamente». 

Me contó que había entrado en un grupo de Doce Pasos y que estaba rearmando los trozos de su 
vida y aprendiendo los efectos de vivir tantos años con malos tratos verbales y alcoholismo. Los senti- 
mientos de Leslie ya no están ahogados. Se está convirtiendo en ella misma y decidiendo qué va a acep- 
tar y qué no va a aceptar del comportamiento de su familia. La mayoría de los meses ya no tiene el sín- 
drome premenstrual, pero cuando lo tiene le presta atención, desacelera y hace las modificaciones nece- 
sarias en su vida, para satisfacer sus necesidades. 

Reglas irregulares 

Después de casi veinte años de ejercicio de la medicina, continúa sorprendiéndome con qué claridad 
están conectados los ciclos menstruales y la pérdida de sangre con el contexto de nuestra vida. La hemo- 
rragia uterina anormal está casi siempre relacionada de algún modo con problemas familiares. Como 
dice Caroline Myss, la sangre es familia, siempre. Una mujer me contó que ella y sus dos hermanas, que 
viven en diferentes partes del país, tuvieron una falta de regla el mismo mes en que su cuarta hermana 
tuvo un aborto espontáneo, aunque eso sólo lo supieron la siguiente vez que se vieron. Una de mis pa- 
cientes, de 55 años, que tuvo su última regla a los 52 años y cuya menopausia fue la clásica, con sofocos y 
«cambio de vida» confirmado por análisis de laboratorio, tuvo sin embargo una regla completamente 
normal después que murió su madre. Cuando una mujer menopáusica tiene una regla posmenopáusica, 
siempre le pregunto si pasa algo entre ella y su familia. Generalmente me dice que un acontecimiento 
emocionalmente importante precedió a la hemorragia. 

La sangre menstrual, sobre todo cuando se presenta fuera de programa, es un mensaje. Trae sa- 
biduría de algún tipo. Caroline Myss observa que la mayoría de los problemas hemorrágicos tienen su 
origen en un desequilibrio del organismo: demasiada emoción y falta de la suficiente energía mental e 
intelectual para equilibrarla. Hace notar que las anormalidades menstruales se exacerban cuando la mu- 
jer interioriza señales contradictorias de su familia o la sociedad respecto a su placer y necesidades se- 



xuales. Es posible, por ejemplo, que la mujer desee placer sexual pero se sienta culpable por sentirlo o 
sea incapaz de pedir francamente lo que desea. Es posible que no tenga conciencia de su conflicto inte- 
rior. 

La mayoría de los médicos en ejercicio han visto el profundo efecto que puede tener la psique en 
el ciclo menstrual. En 1949, S. Zuckerman reconoció que las perturbaciones emocionales pueden desor- 
ganizar el ritmo menstrual, acelerar la hemorragia uterina e influir también en el momento de la ovula- 
ción. Es posible que esta conexión entre las emociones y las actividades uterina y ovárica esté mediada 
por la difusa red de nervios que conectan el cerebro con los ovarios (llamados vías pregangliónicas autó- 
nomas). 58 

¿Qué son reglas regulares? 

Antes de examinar el tema de la irregularidad del periodo menstrual, es necesario explicar qué 
es lo normal. A veces se nos enseña que las reglas son irregulares si no se producen cada 28 días. Yo con- 
sidero regulares las reglas cuando se producen aproximadamente cada 24 a 35 días. Tener la regla cada 
28 días como un reloj es algo que le ocurre a algunas mujeres, pero no a todas. Miles de mujeres que no 
calzan con el modelo «cada 28 días» tienen la impresión de que sus reglas son irregulares, cuando en 
realidad son totalmente normales. 

La regularidad menstrual está determinada por una compleja interacción entre el cerebro (hipo- 
tálamo, glándula pituitaria y lóbulos temporales), los ovarios y el útero. La pauta de periodicidad mens- 
trual puede cambiar con los cambios de estación, condiciones de luz, la alimentación, los viajes, o duran- 
te los periodos de estrés familiar. Los ciclos menstruales irregulares y anovulatorios se asocian con la 
pérdida prematura de masa ósea. Muchas veces las mujeres saben que han ovulado porque expulsan un 
flujo acuoso pasados entre 12 y 16 días del primer día de la última regla. Este flujo que a veces se llama 
«flujo fértil» tiene una consistencia de clara de huevo. (Esto se verá con más detalle en el capítulo 11.) Los 
ciclos en que la mujer ha ovulado también se caracterizan por lo que se llama «molimina» premenstrual. 
Molimina es un conjunto de «síntomas» producidos por los cambios hormonales cíclicos normales del 
cuerpo. Entre ellos están una ligera redistribución del líquido corporal que se experimenta como «hin- 
chazón» o una moderada sensibilidad de los pechos, suaves dolores o molestias en el bajo abdomen y 
cambios de humor relacionados con un estado más reflexivo y menos activo. Generalmente las mujeres 
que no ovulan no experimentan estos cambios y suelen tener alguna regla «inesperada», sin tener idea «a 
qué se debe». Cuando no ha habido ovulación las reglas tienden a ser más irregulares. 

Engrosamiento excesivo del revestimiento uterino 
(hiperplasia endometrial, hiperplasia quística y adenomatosa) 

En algunas mujeres que tienen reglas irregulares, la biopsia endometrial (del interior del útero) revela un 
trastorno en el cual el revestimiento normal del útero ha sido reemplazado por un tejido glandular exce- 
sivamente desarrollado. Al microscopio, las glándulas endometriales se ven amontonadas y demasiado 
apretadas entre ellas. Este desarrollo excesivo es consecuencia de la sobreestimulación del revestimiento 
uterino por estrógeno no equilibrado por progesterona. El trastorno se llama hiperplasia quística y ade- 
nomatosa (que quiere decir demasiadas glándulas) del endometrio. 59 (No hay que confundirla con la 
endometriosis, de la que hablaremos en detalle en el capítulo 6.) La hiperplasia se produce cuando los 
ovarios no han ovulado regularmente: en lugar de un engrosamiento uniforme del revestimiento uterino 
(endometrio) y después su expulsión, por las hormonas asociadas con la ovulación regular, el endo- 
metrio se desincroniza. Algunas partes del revestimiento «creen» que es el día 7, mientras que otras 
«creen» que es el día 28. Esto tiene por consecuencia una hemorragia irregular e intermitente. 

La hiperplasia quística y adenomatosa o hiperplasia endometrial simple, no se considera peligro- 
sa a no ser que se encuentren células anormales en la biopsia del revestimiento uterino. Es bastante nor- 
mal encontrar algo de hiperplasia endometrial simple en una biopsia, y no es motivo de alarma si esto 
ocurre sólo una o dos veces. Muchas mujeres de más de 40 o 50 años no ovulan de vez en cuando ya que 
sus ovarios están pasando por los cambios que conducen a la menopausia. Cuando se le hacen irregula- 



res las reglas no precisa necesariamente una biopsia uterina, aunque esta es una decisión que se debe 
tomar caso por caso según sea el historial de la mujer y lo que se encuentre en el examen. 

Tratamiento 

He de advertir que para este y otros trastornos me voy a referir a los tratamientos que se recetan más 
corrientemente en Estados Unidos. Estos tratamientos no van dirigidos a los problemas subyacentes a 
los síntomas. Esos problemas subyacentes y lo que puede aprender la mujer de ellos los trato en las his- 
torias de casos individuales al final de este capítulo. 

En muchos casos la hiperplasia endometrial simple desaparece sola. Sin embargo, en un porcen- 
taje muy pequeño de mujeres con este trastorno se encuentran células atípicas en la biopsia. La hiperpla- 
sia endometrial ha de ser controlada y seguida para estar segura de que se marcha y no progresa. Esta- 
dísticamente sí hay una mayor incidencia de cáncer de útero entre las mujeres que no ovulan durante 
muchos años. Los ginecólogos están formados para tratar a todas las mujeres como si estuvieran en ries- 
go de enfermar de cáncer. Por lo tanto, el tratamiento convencional inicial de la hiperplasia endometrial 
consiste en dar una progestina sintética como Provera o Aygestin durante uno a tres meses y después 
repetir la biopsia endometrial para ver si ha desaparecido el trastorno. Yo suelo recetar progesterona 
natural para este fin, sobre todo a aquellas mujeres a quienes la progestina sintética provoca efectos se- 
cundarios adversos. (En las páginas 179-180 se explica la diferencia entre progesterona sintética y natu- 
ral.) Entre los médicos hay bastante variación respecto a la dosis que recetan y la duración del tratamien- 
to. A veces se llama «legrado médico» al tratamiento con fármacos progestínicos, porque estos causan un 
desprendimiento del revestimiento uterino de modo uniforme y todo de una vez, y esto libera al útero 
de la acumulación de tejido. La progesterona natural, por su parte, tiene la capacidad de regular los re- 
ceptores de estrógeno, lo cual significa que reduce la sensibilidad de las células al estrógeno; esto suele 
hacer desaparecer la hiperplasia endometrial benigna. 

Algunas mujeres afectadas por constante hiperplasia endometrial no responden al tratamiento 
con progestinas ni con progesterona y es posible que sea necesario practicarle un legrado quirúrgico, en 
el quirófano. En casos muy raros, es posible que se haga necesaria una histerectomía si el trastorno no 
desaparece o si progresa hasta producir células anormales. 

Hemorragia uterina disfuncional 

Se llama hemorragia uterina disfuncional a las faltas de reglas más que ocasionales o a la frecuente pér- 
dida de sangre entre reglas. (Véase también la sección «Ovarios poliquísticos» y ovulación en el capítulo 
7.) Las mujeres que han dado a luz con cesárea podrían tener hemorragias ocasionales debido a las alte- 
raciones del revestimiento uterino causadas por la cicatriz en el útero. Muchas anormalidades menstrua- 
les suelen tener origen «hipotalámico», lo que significa que están relacionadas con esa compleja interac- 
ción entre el cerebro, los ovarios y el útero. La ansiedad y la depresión intensas cambian la cantidad de 
neurotransmisores del cerebro y pueden afectar a la actividad hipotalámica. La hemorragia uterina dis- 
funcional suele ir acompañada por ciclos anovulatorios y demasiado estrógeno en relación con la proges- 
terona. Aunque he sido formada para buscar anormalidades endocrinas, como problemas tiroideos o 
pituitarios, por ejemplo, que puedan ser causa de las anormalidades menstruales, rara vez encuentro 
algo anormal mediante los análisis de sangre estándar y el examen físico. Dado que este trastorno tam- 
bién puede estar relacionado con un elevado nivel de prolactina en la sangre, causado por tumores pitui- 
tarios, siempre pido que en el análisis de sangre se compruebe también el nivel de esta hormona. Sin 
embargo, no es común que haya un nivel demasiado elevado de la hormona prolactina, trastorno que se 
llama hiperprolactinemia. 

El diagnóstico de la hemorragia uterina disfuncional se hace basándose en la historia personal, 
análisis de sangre que comprueben los niveles de las hormonas pituitaria y tiroidea, y a veces una biop- 
sia del interior del útero para ver si en el revestimiento uterino hay señales de anovulación o células 
anormales. 



Tratamiento convencional 



El tratamiento convencional de la hemorragia uterina disfuncional consiste en administrar hormonas 
como la pildora anticonceptiva para regular los periodos menstruales. Actualmente este tratamiento 
corriente se da hasta la menopausia a mujeres que no fuman. (Antes no se recomendaban las pildoras 
anticonceptivas a mujeres mayores de 35 años, pero ahora ha cambiado esa norma, ya que las dosis de 
hormonas que contienen estas pildoras son más bajas, y los estudios más recientes han demostrado que 
no presentan riesgos para mujeres mayores.) Las pildoras anticonceptivas sí tienen por consecuencia 
reglas más regulares, y tomarlas podría ser la primera opción para mujeres que tienen una vida dema- 
siado ajetreada para poder cambiar sus circunstancias. Pero las pildoras no sanan nada, simplemente 
enmascaran los problemas subyacentes del cuerpo o «adormecen» por un tiempo los desequilibrios. Sin 
embargo, como la mayoría de los ginecólogos, yo receto pildoras anticonceptivas a muchas mujeres, 
tanto para anticoncepción como para las hemorragias uterinas disfuncionales, porque tomar la pildora es 
la manera más fácil que tiene la mujer de eliminar sus síntomas sin hacer el trabajo de cambiar los aspec- 
tos de su vida que contribuyen al problema. 

Según las estadísticas, las mujeres mayores de 40 años que tienen este trastorno están en mayor 
riesgo de hiperplasia endometrial, y muchos médicos hacen una biopsia del endometrio antes de iniciar 
el tratamiento hormonal. La hormona progestina (progesterona sintética) suele ser el tratamiento elegi- 
do, tanto para eliminar la hiperplasia si la hay como para detener la hemorragia anormal. Yo suelo rece- 
tar progesterona natural para este mismo fin. Si la mujer tiene faltas de reglas y desea quedar embaraza- 
da, suele recetarse el medicamento para la fertilidad Clomid, que engaña al cerebro y a los ovarios para 
que produzcan una ovulación. 60 

Un subgrupo de mujeres con este trastorno tienen sobrepeso. No ovulan regularmente, en parte 
debido a que la grasa corporal produce demasiado estrógeno. El estrógeno estimula excesivamente el 
revestimiento uterino y puede producir anovulación. A veces estas mujeres tienen un trastorno llamado 
síndrome de ovario poliquístico, en el cual los ovarios desarrollan un engrosamiento de la pared externa, 
bajo la cual muchos óvulos, parcialmente estimulados y no expulsados, forman quistes. En los exámenes 
por ultrasonido, los ovarios aparecen agrandados y presentan en ellos múltiples quistes pequeños. (Es 
interesante observar que las personas intuitivas médicas señalan exactamente esto mismo cuando hacen 
su lectura de estas mujeres.) Los estudios han demostrado que el riesgo de irregularidades menstruales 
es dos a tres veces mayor en mujeres obesas que en las que tienen un volumen corporal normal. 61 Un 
cambio dietético para disminuir el exceso de grasa corporal puede servir para bajar los niveles de estró- 
geno. 

Un estrés constante, una dieta rica en alimentos refinados y pobre en nutrientes, y la falta de ex- 
posición a la luz natural, son factores que pueden ser causa de hemorragia uterina disfuncional. A mu- 
chas de mis pacientes les ha ido bien con solo hacer cambios en el estilo de vida y en la dieta. Algunas 
hacen estos cambios además del tratamiento hormonal. 

Programa de tratamiento alternativo 

Mi plan de tratamiento suele incluir una o más de los puntos siguientes: 

• Mejorar la dieta (véase cap. 17 y la dieta recomendada para dolores menstruales en pág. 163). 

• Suplementos multivitamínico-minerales y ácidos grasos esenciales. Estos ayudan a metabolizar el exceso 
de estrógeno y equilibrar las hormonas prostaglandínicas. (Véase información sobre ácidos gra- 
sos esenciales en pág. 166). 

• Progesterona natural. Esta se puede tomar por vía oral o transdérmica. La dosis depende de los sín- 
tomas; normalmente es de 50 a 200 mg diarios por vía oral, desde mitad de ciclo hasta el comien- 
zo de la regla (por lo general los días 14 a 28 del ciclo), durante al menos tres meses. Para la ad- 
ministración transdérmica usa una crema de progesterona al 2 por ciento, un cuarto de cuchara- 
dita una o dos veces al día, los mismos días. También se puede administrar progesterona natural 
en supositorios, por vía vaginal o rectal, durante treinta días o más, según la paciente. 

• Compresas de aceite de ricino. Se aplican en el bajo abdomen al menos tres veces por semana, 60 minutos 
cada vez. Este programa deberá seguirse durante un mínimo de tres meses, y pasado ese tiempo se 
puede reducir a una vez a la semana. No hay que ponerse compresas mientras se está con regla abun- 



dante. 

El aceite de ricino (llamado también de castor o de palma Christi) se ha usado durante cien- 
tos de años por sus propiedades curativas. Las compresas de aceite de ricino son un tratamiento 
que solía recetar el intuitivo médico Edgar Cayce para muchos y diferentes trastornos. A mí me 
las dio a conocer la doctora Gladys McGarey, que las ha usado en su práctica médica durante 
más de cuarenta años. Se preparan empapando un paño de lana o franela de algodón doblado en 
cuatro con aceite de ricino prensado en frío. La franela empapada en aceite se coloca directamen- 
te sobre la piel del bajo abdomen y se cubre con un trozo de plástico (de bolsa de plástico por 
ejemplo). Sobre la compresa se aplica calor, por ejemplo una bolsa de agua caliente o una almo- 
hadilla eléctrica. Sobre la fuente de calor se puede colocar una manta o toalla para sujetarla. Yo 
prefiero una fuente de calor no eléctrica y recomiendo una bolsa de agua caliente. La paciente en- 
tonces permanece una hora echada con esto sobre el bajo abdomen. Le pido que durante el tra- 
tamiento preste atención a los pensamientos, imágenes y sentimientos que surjan y los anote en 
un diario. Estudios preliminares sobre las compresas de aceite de ricino realizados en la Facultad 
de Medicina George Washington indican que estas mejoran el funcionamiento del sistema inmu- 
nitario. 

• Terapia de luz. Determina cuál fue el primer día de tu última regla con la mayor exactitud posible. (Tal 
vez tengas que limitarte a suponerla.) Desde los días 14 al 17 del ciclo, duerme con una lámpara nor- 
mal de mesa de noche encendida en el suelo, al lado de la cama, con bombilla de 100 vatios, y con una 
pantalla que haga reflejar la luz en el techo y pared, pero que perturbe lo más mínimo tu sueño. Haz 
esto durante seis meses. En un estudio realizado con dos mil mujeres, más del 50 por ciento regularon 
sus ciclos, antes irregulares, a un ciclo regular de 29 días haciendo esto. 62 

• Acupuntura y hierbas. La acupuntura y las hierbas pueden solucionar la hemorragia uterina dis- 
funcional y muchos otros problemas ginecológicos. Así como hay muchos estados emocionales y 
disfunciones de la energía que podrían disponer el escenario para trastornos menstruales, hay 
muchos tratamientos orientales, apropiados y específicos, con acupuntura y con hierbas, que se 
pueden recetar. Cuando una mujer busca tratamiento de acupuntura y de hierbas orientales para 
su trastorno menstrual, es posible que reciba uno de entre muchos diagnósticos, algunos de los 
cuales son: insuficiencia de riego sanguíneo del corazón, bazo o hígado; insuficiencia de chi; san- 
gre estancada; chi estancado. Según sea su historial o síntomas físicos, así como el examen físico, 
se seleccionarán los puntos concretos de acupuntura y las hierbas apropiados para su trastorno. 
La mujer que se sienta atraída hacia ese método debe buscar un practicante de medicina oriental 
adecuadamente formado y con quien ella se sienta segura. 

• Meditación y reducción del estrés. Cualquier modalidad que reduzca el estrés puede servir para regu- 
lar los periodos menstruales, debido a la profunda relación que existe entre el estrés emocional o 
psíquico y el desequilibrio bioquímico. 

Historias de mujeres 

Deborah: Ruptura DE lazos FAMILIARES. Deborah tenía 17 años cuando salió de su casa para estudiar 
en la universidad. Según su descripción, su familia era «de clase media baja y no orientada a la educa- 
ción universitaria». De hecho, ella era la primera persona de su familia que se iba de casa por algo que 
no fuera casarse. Su familia no estaba de acuerdo con que viviera lejos de casa y querían que fuera a visi- 
tarlos todos los fines de semana. 

Durante su primer año en la universidad, Deborah conoció a muchas personas interesantes que 
la entusiasmaban; se le abrió todo un mundo de retos intelectuales y posibilidades profesionales. Se sen- 
tía más feliz y satisfecha que nunca. Desgraciadamente, su madre, temiendo perderla, comenzó a llamar- 
la todas las noches para decirle que era una fracasada y que jamás triunfaría en nada si continuaba en la 
universidad. La amenazó con llamar al decano para que le rescindiera la beca y no le quedara otra op- 
ción que volver a casa.Deborah se deprimió y por primera vez desde su menarquia comenzó a tener re- 
glas irregulares. Le venían dos o tres veces al mes, o pasaba dos o tres meses seguidos sin regla. Para 
sentirse mejor consigo misma, comenzó a correr como forma de hacer ejercicio. Al principio esto la hizo 
sentirse más fuerte físicamente, más independiente y más al mando de su vida. Pero el ejercicio no le 
regularizó los periodos menstruales; en realidad contribuyó a largos periodos de amenorrea (nada de 



reglas). Fue a ver a un ginecólogo y este le dijo que el examen pelviano era completamente normal. El 
motivo de su problema, le dijo, era que «andaba tonteando con demasiados tíos». Dado que en esos 
momentos no estaba relacionada con ningún hombre, no se sintió ayudada por el médico y no volvió a 
ver a un ginecólogo en los once años siguientes. 

Sin embargo sí consultó con un acupuntor, que le recetó hierbas chinas además de acupuntura. 
Estos tratamientos le regularon las reglas en dos meses, pero muy pronto descubrió que tenía que tratar 
la fuente de su depresión, que le volvía cada vez que tenía que dejar de correr debido a alguna lesión. 
(Comprobó que la menstruación volvía a la anormalidad tan pronto dejaba los tratamientos de acupun- 
tura y de hierbas.) Se dio cuenta de que la fuente de sus problemas era su relación con su madre, y fi- 
nalmente se trasladó de estado, lejos de las continuas llamadas telefónicas de su madre, para romper el 
control de esta sobre su vida. 

Cuando vi a Deborah por primera vez, se estaba recuperando de la adicción al ejercicio y de la 
relación con su madre. Había comenzado una psicoterapia y estaba explorando esos problemas. Le re- 
comendé un seminario intensivo para aprender a conectar con sus sentimientos, una dieta de alimentos 
integrales, crema de progesterona natural y un suplemento de calcio y magnesio. En los seis meses si- 
guientes se regularizaron sus periodos menstruales a cada 28-29 días, y se le acabó la depresión. Ha roto 
los lazos con su familia de origen, que estaban en la raíz de su problema, y su vida se está equilibrando 
en todos los aspectos. 

Donna: Familia disfuncional y hemorragias disfuncionales. Donna, profesora universitaria de 42 
años, vino a verme con un historial de seis meses de reglas irregulares; tenía reglas de dos semanas se- 
guidas, después nada durante seis meses, después unos pocos días con pérdidas pequeñas, etcétera. 
También le venían ataques de ansiedad y depresión intensas que le duraban tres semanas, alrededor del 
tiempo en que le comenzaba la irregularidad. Una biopsia endometrial reveló hiperplasia quística y 
adenomatosa, anormalidad relacionada con la anovulación (no ovulación). 

La madre de Donna también había tenido periodos menstruales anormales y cambios de estado 
de ánimo pasados los cuarenta, pero había decidido que «todo esto es cuestión de hormonas y simple- 
mente hay que aguantarlo». Donna estaba bastante segura de que su madre había tenido problemas no 
resueltos con su padre, ya que el recuerdo que tiene de su abuelo, cuando ella era niña, es el de una per- 
sona a la que le asustaba ir a casa. 

Donna me contó que había estado teniendo sueños y recuerdos sobre abusos sexuales por parte 
de sus tíos. «Me aterra la idea de que si le cuento a alguien lo que ocurrió o lo que creo que ocurrió, Dios 
me va a castigar —me dijo — . ¿Puedo obligarme a tratar este asunto más rápido?» Como le ocurre a mu- 
chas mujeres, tenía la impresión de que simplemente tener los hechos, quién, qué, dónde y cuándo, le 
serviría para solucionar las molestias y continuar con su vida de una vez por todas. Pero no es así como 
funciona la curación de la vida. Tenemos que permitir que el trabajo de curación siga su curso suave, 
gradual y respetuosamente. 

La educación de Donna la llevaba a pensar: «Todo en la vida es culpa mía. Vivo pensando que 
estoy loca y que debo haberme inventado este asunto». La tranquilicé diciéndole que en esta cultura a las 
mujeres se las ha llamado locas durante siglos por decir la verdad, y que lo que le estaba pasando era 
muy normal, dada su historia. Decidió entrar en un grupo de supervivientes de incesto para con su ayu- 
da trabajar en resolver su propia negación y la de su familia. Pasados varios meses de trabajo, se le prac- 
ticó otra biopsia de endometrio, para comprobar si había células anormales, y resultó perfectamente 
normal, como también las hormonas de la pituitaria. Poco a poco se habían ido regularizando sus perio- 
dos menstruales. 

Tratar sus traumas emocionales fue lo que realmente «curó» los problemas menstruales de Don- 
na. Sus reglas, mediante su irregularidad, le habían comunicado su sabiduría corporal. La sangre mens- 
trual le llamó la atención hacia la curación que necesitaba hacer en su relación con su familia, su sangre. 
Darlene: Reglas irregulares desde la menarquia. A Darlene, profesora, la vi por primera vez co- 
mo paciente cuando ella tenía 32 años. Estaba casada, no tenía hijos, y desde la pubertad mostraba un 
largo historial de hemorragia uterina disfuncional. Pasaba largos periodos de tiempo sin regla, seguidos 
por hemorragia casi continua durante un mes y después pérdidas pequeñas infrecuentes. Tenía proble- 
mas de ansiedad continua y ataques de pánico si se veía obligada a estar fuera de casa un periodo largo. 



Su matrimonio era una fuente de infelicidad más que de agrado. Generalmente estaba nerviosa, tenía 
problemas para dormir y sufría de frecuentes dolores de cabeza. 

Su infancia y adolescencia habían sido estresantes. Su padre y al menos un abuelo eran alcohóli- 
cos, aunque había muchísima negación respecto a esto en su familia. Su madre, su abuela materna y una 
prima habían tenido problemas de hemorragia uterina que habían llevado a histerectomías. Su tía y otra 
prima tenían cáncer de útero y también les habían practicado histerectomía. 

El motivo de venir a verme fue para trabajar la fertilidad. Dado el cuadro de hemorragias, le hi- 
cimos una biopsia endometrial, que reveló hiperplasia endometrial. Para tratar este trastorno le receta- 
mos elevadas dosis de progestina sintética. Sin embargo, a diferencia de muchas mujeres que siguen este 
tratamiento, no se le detuvieron las hemorragias. Después del tratamiento con progestina se le practicó 
una segunda biopsia y esta vez se encontró la anormalidad de hiperplasia quística y adenomatosa. El 
siguiente paso sería legrado quirúrgico con dilatación para estar seguras de que no tenía cáncer de útero. 

Pero a Dar lene la aterraba esta intervención y me suplicó que le diera un tratamiento alternativo. 
Al ver su fuerte reacción, cedí y le recomendé compresas de aceite de ricino en el bajo abdomen, tres a 
cuatro veces por semana, para mejorar su sistema inmunitario. Yo sabía que eso le daría la oportunidad 
de reflexionar al menos tres veces por semana sobre su trastorno y los mensajes que este quería transmi- 
tirle. Acordamos que si eso no le cambiaba las células, seguiríamos adelante y haríamos el legrado qui- 
rúrgico. 

Pasadas dos semanas le hice otra biopsia de endometrio. El tejido era normal, en consonancia con 
la primera fase de su ciclo menstrual. Darlene estaba eufórica y lloró de alivio. Durante esos meses había 
cambiado su bioquímica ayudándose de biofeedback, que hacía para el insomnio, dolores de cabeza y 
ansiedad. Comprendiendo que su matrimonio no había sido saludable para ella, se separó de su marido, 
comenzó el proceso de divorcio y se lió en un romance mediante el que satisfacía sus necesidades sexua- 
les, lo que resultó ser profundamente sanador para ella. 

Tres años después, cuando vino a verme para su examen anual, me contó que estaba desarro- 
llando una sensación de poder alrededor de su ciclo menstrual que le resultaba nuevo y muy estimulan- 
te. «Tengo los pechos más grandes —me dijo — ; me siento poderosa y camino como si supiera los secre- 
tos del Universo. Creo que durante años mi familia se ha sentido aterrada de mi poder. Recuerdo que 
pensaba eso cuando era pequeña. Aunque tener este poder me parece algo nuevo, también me parece 
algo que he sabido desde hace mucho tiempo». Darlene ha recuperado su conexión con el femenino uni- 
versal y con su sexualidad. Al hacerlo, ha roto el ciclo de hemorragias irregulares que duraba genera- 
ciones en su familia. 

Reglas excesivamente abundantes (menorragia) 

Algunas mujeres sangran tan copiosamente durante sus menstruaciones que rutinariamente manchan la 
ropa aun llevando uno o dos tampones más una compresa. La sangre les pasa a la ropa incluso durante 
el segundo o tercer día de regla. Incluso las hay que no pueden salir de casa esos días debido a la hemo- 
rragia tan abundante. Una de mis pacientes decidió hacerse una histerectomía después de mancharse la 
ropa y manchar la tapicería del asiento del avión en dos viajes de negocio que hiciera a Europa. 

Este tipo de hemorragia tan abundante se llama menorragia. Las mujeres que sufren de este tras- 
torno tienen reglas regulares pero muy copiosas. Con el tiempo la menorragia puede ser causa de 
anemia (pocos glóbulos rojos) si la mujer no toma suficiente hierro en la dieta o si su cuerpo no puede 
reponer la sangre que pierde cada mes. La menorragia puede estar causada por miofibromas, por endo- 
metriosis o por adenomiosis. Excepcionalmente está relacionada con un problema tiroideo. Algunas mu- 
jeres sangran abundantemente sin ningún motivo aparente. 

Las reglas crónicamente abundantes pueden estar relacionadas con estrés constante del segundo 
chakra, por problemas, entre otros, de creatividad, relaciones, dinero y control de los demás. Una de mis 
pacientes que tenía a veces reglas muy abundantes, observó que esto le ocurría cuando estaba dolida y 
necesitaba llorar. «Cuando sangro así —dice—, «creo que es como si la parte inferior de mi cuerpo llora- 
ra las pérdidas que he sufrido en mi vida». Cuando se tomaba el tiempo para prestar atención a los dife- 
rentes problemas que estaba teniendo y se permitía sentir las desilusiones y la pena, tenía reglas norma- 
les. Otra paciente, que sufría de fuertes dolores todos los meses y sangraba profusamente, comenzó a 



pensar que el dolor uterino estaba relacionado con su fuerte necesidad de espacio creativo en su vida. 
Empezó a reservarse una hora al día para hacer escultura. Cada vez que lo hacía, conectaba con la alegría 
de crear por crear y poco a poco le fue disminuyendo el dolor pelviano y la cantidad de sangre cada mes. 

La adenomiosis, causa común de reglas abundantes, es un trastorno en el cual las glándulas que 
normalmente se desarrollan en el revestimiento del útero o endometrio, penetran en las paredes del úte- 
ro. (A veces llamada endometriosis interna, la adenomiosis se presenta junto con miofibromas y/ o en- 
dometriosis, pero no siempre.) Este trastorno puede invadir de sangre el interior de la pared uterina en 
cada periodo menstrual, lo cual es causa de menstruaciones dolor osas y muy abundantes. La pared ute- 
rina se esponja y congestiona con sangre, lo cual causa un trastorno en el cual los músculos uterinos no 
pueden contraerse normalmente para disminuir la hemorragia. 

Generalmente se puede sospechar de adenomiosis por la historia de la mujer y por una caracte- 
rística sensación de que el útero está «pantanoso» al palparlo en el examen pelviano. Sin embargo, sólo 
se puede hacer un diagnóstico definitivo por resonancia magnética nuclear o por biopsia de la pared 
uterina, que supone sacar quirúrgicamente un trozo de útero, o extirparlo todo entero. 

Tratamiento 

Como para todos los trastornos mencionados en esta sección, las modalidades que cambian el campo 
electromagnético que rodea el cuerpo y desbloquea la energía de la pelvis, pueden tener un efecto bene- 
ficioso en la menorragia. La acupuntura, la meditación y el masaje están entre esas modalidades. 

• Cambio de dieta. Esté o no causada la menorragia por adenomiosis, la mujer puede responder bien 
a una dieta que equilibre sus eicosanoides, disminuya los efectos del exceso de insulina y reduz- 
ca el exceso de estrógeno en circulación. 

• Suplementos. Para las reglas muy abundantes, sobre todo durante la perimenopausia, prueba con 
los siguientes suplementos diarios: vitamina E (100-400 UI) y vitamina A (5.000-10.000 UI). 63 Al 
parecer la vitamina A regula el nivel de estrógeno; la vitamina E previene el exceso de coagula- 
ción y mantiene más normal el flujo; se pueden tomar dosis de vitamina A en dosis de hasta 
100.000 UI diarias pero sólo durante tres meses, porque hay riesgo de toxicidad (aunque 5.000- 
10.000 UI de vitamina A está dentro del margen no tóxico, es mejor no tomarla si estás tratando 
de quedar embarazada.) Se ha demostrado también que la vitamina C con bioflavonoides (500 
mg diarios) y la vitamina A disminuyen la pérdida de sangre menstrual. 64 Yo recomiendo tam- 
bién un buen suplemento multivitamínico-mineral que contenga cantidades adecuadas de todas 
las vitaminas, ya que estas tienden a funcionar de modo sinérgico. 

También suele ir bien eliminar todos los productos lácteos (incluso los desnatados) du- 
rante al menos tres meses. 

• Medicamentos. A las mujeres cuya menorragia no responde a la dieta o que prefieren otras opciones 
suele irles bien una progestina sintética para controlar la hemorragia. Normalmente yo receto de 5 a 
10 mg de Provera o Aygestin, tomados una o dos veces al día durante las dos últimas semanas de ca- 
da ciclo menstrual. En muchos casos también pueden ir bien las pildoras anticonceptivas. Asimismo 
se puede usar progesterona natural, tomada por vía oral o aplicada en la piel en forma de crema. La 
dosis depende de la gravedad del problema. Para progesterona oral, desde el día 14 al 28 del ciclo: 100 
mg cuatro veces al día en los casos más graves; 50 mg dos veces al día en los casos más benignos. Para 
la crema de progesterona: media cucharadita dos veces al día en las zonas suaves de la piel: pechos, 
cuello, cara, abdomen, parte interior de los muslos, brazos o manos. Seguir la dieta reseñada en el 
capítulo 17 suele disminuir o eliminar con el tiempo la necesidad de progestina o progesterona. Algu- 
nas mujeres han seguido este tratamiento durante meses e incluso años como alternativa a la histerec- 
tomía. 

Los inhibidores de la prostaglandina como ibuprofén (Advil o Motrin), naproxeno sódico 
(Aleve) o ácido mefenámico (Ponstel) también han ido bien a algunas mujeres para disminuir la 
hemorragia menstrual. 65 Es mejor tomar estos medicamentos una o dos veces al día durante tres 
o cuatro días antes de que deba comenzar la menstruación y continuar tomándolos durante los 
días en que la regla es normalmente más abundante. 

• Cirugía. La ablación endometrial, en la que se cauteriza el revestimiento del útero, es un trata- 



miento quirúrgico para las mujeres cuya menorragia no ha respondido a ninguno de los demás 
tratamientos. Es una excelente alternativa a la histerectomía y controla eficazmente la profusión 
de sangre en más del 85 por ciento de los casos. Se puede practicar sin hospitalización, o con una 
estancia de una noche en el hospital. 66 Las mujeres que optan por esta operación, deben ser con- 
cienzudamente exploradas antes para estar seguros de que el trastorno va a responder, porque 
no en todas da resultado. Otra opción es la histerectomía. 

Sanar nuestra historia menstrual: 
Preparar a nuestras hijas 

Muchas mujeres, como aquellas de las que he hablado en este capítulo, le han dado la vuelta completa a 
sus dolorosas experiencias menstruales y han comenzado a recuperar la herencia que les corresponde: su 
sabiduría corporal y menstrual. Cuando una mujer hace esto transmite a la generación siguiente una 
imagen corporal y una relación con su cuerpo más positivas. De esta manera se libera ella y libera a otras 
de la degradación patriarcal de lo femenino, y con ello aumenta enormemente la posibilidad de sanar los 
ciclos de todas las mujeres. 

Durante demasiado tiempo a las chicas se les ha presentado el ciclo menstrual únicamente desde 
el punto de vista de la relación sexual y de la posibilidad de quedar embarazadas sin darse cuenta. La 
mayoría de las niñas no están preparadas emocionalmente para comprender la plenitud de su sexuali- 
dad femenina mientras no sepan y comprendan el funcionamiento de su útero, trompas de Falopio, ova- 
rios y la naturaleza cíclica menstrual. Recuperar la sabiduría menstrual supone que las mujeres imagi- 
nemos una manera nueva y positiva de pensar y hablar sobre la experiencia menstrual, con nosotras 
mismas, con nuestras hijas y con los hombres de nuestras familias. Además, supone educarnos a noso- 
tras mismas y educar a los demás acerca de la sexualidad femenina. Muchas tenemos maridos que ex- 
presan su inquietud por la pubertad de sus hijas. Al parecer los padres tienen una sensación, muy anti- 
gua y probablemente no analizada, de necesitar proteger a sus hijas de otros hombres y chicos. Si esta 
protección realmente diera resultados y sirviera a las mujeres para sentirse seguras en sus cuerpos feme- 
ninos, podríamos sentirnos muy felices de ella. Sin embargo, en la realidad, los padres sencillamente no 
pueden proteger eficazmente a sus hijas, y las niñas y mujeres no pueden y no deben continuar buscan- 
do hombres para que las protejan y mantengan. 

Muchas mujeres me han contado sobre la falta de apoyo que encontraron en sus padres al llegar 
a la menarquia: «Tan pronto como tuve mi primera regla las cosas cambiaron entre nosotros. Mi padre 
jamás volvió a abrazarme ni a acariciarme. Ya no fue la misma nuestra relación, nunca más». Una mujer 
que tenía miofibromas uterinos recordó que una vez, cuando tenía catorce años y estaba muy arregladita 
para salir con un chico, su padre le gritó: «¡Eres una guarra, una puta!». Hacía años que no recordaba 
eso. Cuenta que se sintió como si esas palabras le penetraran el cuerpo y se quedaran allí, influyendo en 
su modo de sentirse consigo misma como mujer durante los veinte años siguientes. 

Desde el nacimiento se nos adoctrina con la idea de que nuestros cuerpos están sujetos a la mira- 
da posesiva de otras personas y expuestos al comentario y observación públicos. Hacemos desfilar a 
nuestras hijas pequeñas ante las miradas de los demás y con frecuencia las vestimos como si fueran pe- 
queños confites para agradar. Uno de mis colegas nos explicó que cuando su hija de trece años se sentó a 
la mesa, el hermano mayor comentó: «Veo que hemos tenido la visita del hada de los pechos». Él lo con- 
tó riendo a carcajadas, pero me imagino que su hija no lo encontró nada divertido. 

Para muchas chicas de esta sociedad, la pubertad ha sido una época de pérdidas. Cuando mi hija 
mayor tenía once años y yo la estaba metiendo en la cama una noche, me dijo que la preocupaba una 
cosa. Tenía un bulto en el pecho que le dolía y la asustaba. Me pidió que se lo examinara. Eso hice, y vi 
que bajo el pezón izquierdo le estaba comenzando a asomar el pecho; el primer signo de pubertad. Le 
dije que eso era normal y que no tenía nada de qué preocuparse. ¡La felicité! 

Más tarde esa noche entró en mi habitación; no podía dormirse. 

— ¿Podemos hablar? —me preguntó. 

— Por supuesto. 

Le pregunté qué la preocupaba y se echó a llorar. 

— No quiero crecer —me dijo. 



La abracé y le conté que yo recordaba haber sentido lo mismo. Hacía años que no lo recordaba. 
Pero al verla ahí en mis brazos, en el umbral de la pubertad, recordé la profunda tristeza que me produjo 
la idea de crecer. Recuerdo que no quería irme de casa jamás; no quería que mi vida cambiara nunca. 
Estuvimos allí sentadas en la cama hablando de eso, teniéndola abrazada. 

Después de un rato le pregunté si quería hablar de eso con su padre. 

— Sí — dijo, y le preguntó— : Papá, ¿alguna vez te sentiste triste por crecer? 

— No —dijo él—, hasta estos últimos años. 

Los tres nos echamos a reír por su respuesta. Después de otros minutos de reconocer los senti- 
mientos de mi hija hacia la pubertad, nos dio las gracias y se bajó de la cama, feliz. Esa experiencia fue 
para mí un fabuloso ejemplo de cómo nuestras emociones, cuando las respetamos y expresamos, pasan 
naturalmente por el cuerpo y se marchan. 

Mi hija no ha vuelto a tocar este tema desde entonces, pero sé que lo hará si siente necesidad de 
apoyo. Su tristeza ha sido para mí un reto en el sentido de cómo podemos ayudar a nuestras hijas a pa- 
sar de ser niñas a mujeres con alegría y respeto. Ahora creo que en un cierto grado profundo y no expre- 
sado, ella sabe que pasar de la inocencia de la infancia a la pubertad no es una perspectiva totalmente 
feliz en una cultura en que el cuerpo femenino es un artículo de consumo. Cuando trabajamos juntas 
para crear nuevos ritos de pasaje para las mujeres, debemos reconocer que avanzar también significa 
dejar marchar y llorar lo que se pierde. 

Ciertamente, no podemos llevar a nuestras hijas a un espacio donde nunca hemos estado. No 
podemos ofrecerles curación en aspectos en los cuales todavía estamos profundamente heridas nosotras 
mismas. Si todavía llevamos en nosotras generaciones de vergüenza por los procesos de nuestros cuer- 
pos femeninos, no podemos esperar transmitirles a nuestras hijas amor por sus cuerpos. Necesitamos 
nuevas maneras de pensar acerca de todo esto. Cada una de nosotras debe crear nuevas ceremonias y 
nuevos ritos de pasaje para nuestras hijas. Pero antes de poder hacer esto eficazmente, debemos recono- 
cer y apropiarnos de nuestras experiencias, por poco alentadoras y dolorosas que sean, y trabajarlas. 

¿Cómo podríamos pensar de otra manera acerca de nuestros ciclos? ¿Cómo podríamos celebrar 
nuestro periodo menstrual, nuestro periodo de poder, nuestro periodo de conexión con el ser femenino 
global? Támara Slayton ha hecho de la redención del ciclo menstrual la obra de su vida. Creó la Funda- 
ción Salud Menstrual y la empresa Nuevo Ciclo. Además de servicios educativos, su empresa fabrica el 
equipo La Muñeca Se Hace Mujer, para ayudar a madres e hijas (o padres e hijas, o cualquier otra com- 
binación de progenitores) a armar juntas una muñeca para celebrar la menarquia de la niña, eligiendo 
juntas telas, abalorios y cualquier otro adorno. 

Támara dirige seminarios con niñas adolescentes, en los cuales se le da cera color rosa a cada ni- 
ña para que modele un pequeño útero, con ovarios, óvulos y diferentes tipos de flujo cervical, rojo para 
la sangre y blanco para el flujo fértil de mitad de ciclo. Después se hace una gráfica del ciclo mensual y 
estos flujos. Esos ovarios pequeños de cera rosada contienen puntitos de cera verde que representan los 
óvulos. Combinando así el proceso creativo artístico, el uso de las manos y la mente al mismo tiempo, 
con información sobre el ciclo menstrual, podemos recuperar el vínculo entre nuestro ciclo físico y nues- 
tra creatividad. ¿Te das cuenta de lo diferente que es esto de la «educación sexual»? Es imposible que las 
chicas integren la sexualidad mientras no comprendan y respeten sus propios ciclos y ritmos interiores. 
Támara ahora dirige un programa de formación para mujeres, para que puedan ser educadoras de salud 
menstrual en sus comunidades. Su trabajo está teniendo un efecto muy positivo en la vida de jóvenes 
(mujeres y hombres) del país y del extranjero. 

Hace unos años asistí el parto de mi sobrina y guardé su cordón umbilical; lo enrollé en un tubo 
de cartón de papel higiénico y lo puse a secar junto a una ventana asoleada. (Si es invierno se puede ha- 
cer esto en un horno a temperatura suave.) La larga y delgada espiral de fibra que quedó es un poderoso 
símbolo del vínculo que unía a esta niña con su madre. Le voy a regalar este cordón cuando llegue el 
momento de su paso a mujer. Algunas tribus de indios norteamericanos trenzaban el cordón umbilical 
en las crines del cuello del primer poni que tenía la niña, como protección. En muchas otras culturas se 
da un uso especial al cordón. A mis hijas las fascinó este cordón y me preguntaron por qué no había he- 
cho lo mismo con los de ellas. Les dije que en esos momentos no se me había ocurrido. Ahora lamento no 
haberlo hecho. 



Las adolescentes de hoy en día son «fértiles bombas de tiempo», porque no tienen ningún cono- 
cimiento de sus ciclos, y usan la sexualidad y la relación sexual como rito de pasaje. 67 Yo aconsejo ense- 
ñar a todas las chicas adolescentes a hacer el amor consigo mismas, para que no sientan la necesidad de 
chicos adolescentes para desahogarse. Cuando enseñamos a nuestras jovencitas el respeto por sus cuer- 
pos y sus ciclos, y cuando nosotras también nos sanamos en estos aspectos, contribuimos a romper los 
ciclos de maltrato y abuso que han durado siglos. 

Después de leer un artículo sobre el trabajo de Patricia Reis con la Diosa y los cuerpos femeninos, 
Marge Rosenthal recordó que ella había creado un mito para explicar el ciclo menstrual a su hija. En una 
carta a Patricia Reis, escribió: 

Cuando mi hija tenía cuatro o cinco años y yo tenía molestias premenstruales y andaba en busca 
de algo positivo sobre los dolores, el mal humor y todos los demás placeres de ser mujer, inventé 
los Menstruos de la Diosa. Esto surgió de una situación espontánea: mamá malhumorada, la pe- 
queña preguntándose por qué y yo deseosa de darle una respuesta creíble. 

Le dije que una vez al mes los Menstruos de la Diosa visitaban el cuerpo de la mujer y 
que la diosa era muy misteriosa. A veces se introducía en nosotras sin previo aviso, y a veces se 
hacía anunciar por fuertes tirones dentro del cuerpo. Le expliqué que cuando los seres humanos 
sangran es señal de enfermedad o herida, pero que la sangre que nos produce la diosa es una re- 
afirmación de la vida; es una limpieza de nuestro cuerpo. Le dije que la llegada de la diosa es un 
momento de celebración, un momento para comprar flores o algo pequeño y especial, sólo para 
nosotras las mujeres. 

Le expliqué que el mal humor se debía a que yo no escuchaba a mi cuerpo. Si hubiera 
prestado atención a los tirones habría sabido ser más amorosa conmigo misma (¡y tal vez habría 
tomado un par de aspirinas!). Gracias a que hice esto comprendí todo el valor positivo de crear 
nuestras propias diosas. Me creé una pequeña diosa para hacer asociaciones positivas con el ciclo 
menstrual. Es una diosa muy vital y enérgica que nos gasta bromas en el cuerpo, llegando ade- 
lantada o retrasada, callada o tormentosa, dándonos tirones o revolcándose en nosotras, pero una 
vez que reconocemos su presencia se alegra mucho de instalarse silenciosamente y esperar, hasta 
la próxima vez. 

Al acercarme a la menopausia, sé que echaré de menos a la diosa. Habrá llegado el mo- 
mento en que ella se quedará en la juventud que compartimos y yo me marcharé para dejar que 
el siguiente espíritu entre en mi cuerpo. ¿Cómo se llamará ella?, me pregunto. 

Crear salud a lo largo del ciclo menstrual 

Sentada en silencio, pregúntate: «¿Cuál es mi verdad personal sobre el ciclo menstrual? ¿Cómo me hace 
sentir esta información? ¿Qué mensajes acerca de la menstruación y las hormonas he aprendido de mi 
familia? ¿Qué información he transmitido a las mujeres más jóvenes de mi vida? ¿Qué me digo a mí 
misma sobre mi periodo menstrual? ¿Qué puede enseñarme este?». Al margen de tu grado de conoci- 
miento y crecimiento, sé amable contigo misma. 

Durante los tres meses siguientes, lleva un diario lunar, destinado concretamente a observar los 
efectos de tu ciclo menstrual en tu vida. Sigúele la pista a las fases de la Luna (suelen aparecer en los 
diarios, en almanaques y calendarios). Observa si notas alguna correlación entre tu ciclo y las fases de la 
Luna. Fíjate en si ansias comer ciertos alimentos durante la fase premenstrual. ¿Cuáles son esos alimen- 
tos? ¿Te sería tan agradable darte un buen baño como tomar ese exquisito helado de frutas? 

Dedica un tiempo a sintonizar con y afirmar tu naturaleza cíclica. Escribe una corta entrada en tu 
diario cada día. Las recompensas de hacer eso serán inconmensurables. Te sentirás conectada a la vida 
de un modo totalmente nuevo, con un mayor respeto por ti misma y tus magníficas hormonas. 

Celebra los Menstruos de la Diosa a tu manera especial y única. 



6 

El Útero 



El oráculo más antiguo de Grecia, consagrado a la Gran Madre de la tierra, el mar y el cielo, se llamó Del- 
fos, palabra que significa «útero». 

Barbara Walker 
The Women's Encyclopedia ofMyths and Secrets 

El útero está situado en el centro inferior de la pelvis, conectado con la vagina por el cuello uterino, y a 
las paredes laterales de la pelvis por dos tipos de ligamentos: los anchos y los cardinales. La parte poste- 
rior de la vejiga está unida a la parte anterior e inferior del útero, el segmento uterino inferior. Las trom- 
pas de Falopio salen de cada lado de la parte superior del útero, llamada «fondo». Los ovarios están si- 
tuados bajo los extremos de las trompas o fimbrias, que parecen delicadas hojas de helécho (véase figura 
7). 

Los ovarios, las trompas y el útero son todos partes del sistema hormonal femenino. Cada una de 
estas estructuras está íntimamente conectada con las demás. 1 La circulación de la sangre hacia los ova- 
rios depende en parte de que el útero esté intacto. Después de una histerectomía, los cambios que se 
producen en la irrigación sanguínea de los ovarios son causa de una menopausia prematura en muchas 
mujeres. El útero es de por sí muy sensible a los efectos de las hormonas. Siendo el órgano central de la 
pelvis, el útero y sus enlaces con las paredes laterales de la pelvis, los ligamentos cardinales, son compo- 
nentes importantes pero subvalorados de la anatomía pelviana. 

Nuestra herencia cultural 

Prácticamente no se ha estudiado el útero separadamente de su papel en la reproducción, un hecho que 
refleja los sesgos culturales de fondo de esta sociedad. 2 El útero se considera el hogar en potencia de otra 
persona y se alora cuando está capacitado para desempeñar ese papel. Una vez que ha acabado su fun- 
ción, o cuando la mujer decide no tener hijos, el útero no tiene ningún valor intrínseco para la medicina 
moderna. Los ovarios suelen considerarse más o menos del mismo modo, porque la ciencia médica cree 
que la administración de hormonas de origen artificial puede funcionar igual de bien o incluso mejor 
que los propios ovarios de la mujer. A las mujeres se les enseña a considerarse a sí mismas más o menos 
del mismo modo, valiosas como madres o compañeras, pero sin ningún valor propio intrínseco. 



Trompa de 
Falopio 

Ovario 



Vejiga 

Hueso púbKX 
Uretra 
Labios ma; 
Labios 
menores 

Fimbrias 




Trompa de 
Fafopio 

Endometrio 



Orificio 
agina cervical 



Epitelio 
columna- 

Cuellc : 
cérvix 

Unión 
mocolur 

Epitelio 
escamóse 



FIGURA 7. ÚTERO, OVARIOS Y CUELLO DEL ÚTERO 



Cuando hacía mis prácticas como residente, uno de nuestros colegas oncólogos (un médico espe- 
cializado en cáncer ginecológico) nos decía: «There's no rootn in the tombfor the womb» [«No hay lugar para el 
útero en la tumba»]. Otra frase que recuerdo de esos años es: «El útero está para desarrollar bebés o para 
desarrollar cáncer». De tanto en tanto, cuando uno de nuestros profesores médicos extirpaba un útero 
que parecía perfectamente normal, bromeábamos llamándolo diagnóstico UPC, la sigla de «útero persis- 
tente crónico». Estas actitudes han impregnado la medicina durante años, pero ahora están cambiando 
rápidamente. 

La posibilidad de que el útero pueda tener otra función fuera de la reproductora o de producir 
tumores no ha sido adecuadamente tratada en la formación de los tocólogos y ginecólocos. Incluso hoy 
en día, si una mujer tiene una enfermedad de los órganos reproductores pero desea conservar su útero 
aun cuando no le interese tener hijos, su equipo médico suele considerarla excesivamente emotiva o sen- 
timental, algo supersticiosa y no muy informada respecto a ese órgano. El tono patriarcal general de esta 
formación médica es que si esa mujer fuera más culta, sabría que el útero es inútil si no es para concebir 
y tener hijos. 

Hace poco le extirpé un fibroma a una mujer de 48 años que no quería que le hicieran una histe- 
rectomía. La residente principal que me ayudó en la operación me dijo: «¿Y por qué no le haces senci- 



llámente una histerectomía? A mí me pueden sacar el útero cuando quieran. Ahora que ya he tenido a 
mis hijos, sólo me sirve para desarrollar cáncer». Le dije que le habían lavado el cerebro. 

La siguiente cita, tomada de un artículo sobre la histerectomía, resume esta actitud tan extendida 
en los años cincuenta y que aún continúa hoy, aunque en menor grado: 

La histerectomía está justificada en mujeres que se acercan al final del periodo reproductivo, en quienes el útero 
ya no tiene ninguna función útil, [...] y [...] cuando la reproducción ya no es deseable se puede prescindir del úte- 
ro porque, aunque contribuye poco o nada, este órgano envejecido está sujeto a degeneración y enfermedades 
graves. 

Este artículo, escrito por un tal doctor M. E. Davis, descarta la posibilidad de cualquier reacción 
adversa a la histerectomía haciendo la siguiente afirmación: 

La extirpación total del útero en el parto no perturba la vida sexual normal; en realidad, la mejora. [...] La espa- 
ciosa vagina, combinada con la libertad que da el no temer quedar embarazada, tiene por consecuencia una vida 
conyugal ideal. 3 

En realidad, parece que el útero sí desempeña un papel en la regulación hormonal, y su extirpa- 
ción no es aconsejable a menos que sea absolutamente necesaria. 

Esta subvaloración del útero por parte de los médicos y el público en general contribuye a que la 
histerectomía sea una de las primeras opciones elegidas en Estados Unidos. En 1984, ObGyn News in- 
formaba: «El índice de histerectomías está aumentando con tanta rapidez en Estados Unidos que dentro 
de unos pocos años el 50 por ciento de las mujeres menores de 65 años ya no tendrán útero». 4 De hecho, 
en los años ochenta, alrededor del 60 por ciento de las mujeres de 65 años ya tenían extirpado el útero. 5 
La edad promedio de la mujer que se hace una histerectomía es de 42,7 años, y la edad media es de 40,9 
años. Estas cifras han permanecido constantes durante las dos últimas décadas. El índice de histerecto- 
mías varía según la región del país: el sur tiene la mayor incidencia de esta operación, y el norte la me- 
nor. También se practica más en afroestadounidenses que en caucasianas, y la practican más ginecólogos 
que ginecólogas. El número de histerectomías llegó a su cima en 1985, en que, según los informes, se 
realizaron 724.000 operaciones, pero me alegra decir que desde entonces ese número ha bajado. En 1991 
se realizaron 544.000 histerectomías. Sin embargo, dadas las proyecciones de población en este país y el 
actual índice de histerectomías (de 6,1 a 8,6 operaciones por cada 1.000 mujeres), se estima que en el 2005 
se practicarán 824.000 histerectomías. Aunque parece que ha bajado el índice desde 1985, esta operación 
continúa realizándose con demasiada frecuencia a pesar de haber otras opciones. El número de histerec- 
tomías no cambiará de forma importante mientras las mujeres no cambien sus creencias acerca de los 
órganos pelvianos. 

Puesto que nuestros pensamientos y creencias influyen en nuestro cuerpo, los mensajes negati- 
vos sobre el útero que interiorizamos a lo largo de la vida son causa de un buen número de los proble- 
mas que experimentamos las mujeres en esta zona. 6 

Anatomía de la energía 

Si bien hay claras diferencias entre las energías de los ovarios y las del útero, muchas mujeres tienen 
problemas en estos órganos al mismo tiempo. Por ejemplo, bastantes mujeres que tienen los ovarios afec- 
tados por endometriosis también tienen fibromas [tumores fibrosos, llamados también liomiofibromas, 
miofibromas o miomas] en el útero. Es útil, por lo tanto, hablar en general de la naturaleza global de las 
formas de energía emocional y psíquica que generan salud y enfermedad en los órganos pelvianos antes 
de hablar de estas zonas por separado. 

Los órganos pelvianos internos (ovarios, trompas y útero) están relacionados con el segundo 
chakra. Su salud depende de que la mujer se sienta capaz, competente o poderosa para crearse abundan- 
cia y estabilidad económica y emocional, y para expresar plenamente su creatividad. Debe ser capaz de 
sentirse bien consigo misma y con las relaciones que mantiene con las demás personas de su vida. Por 
otra parte, las relaciones que ella encuentra estresantes y limitadoras afectan adversamente a sus órganos 
pelvianos internos. Así pues, si la mujer continúa en una relación no sana porque piensa que no es capaz 



de mantenerse económica o emocionalmente, sus órganos pelvianos internos corren un mayor riesgo de 
enfermedad. 

La enfermedad sólo se crea cuando la mujer está frustrada por no poder efectuar los cambios que 
necesita hacer en su vida. La probabilidad y la gravedad de la enfermedad están relacionadas con cómo 
funcionan los diversos aspectos de su vida. Una vida conyugal y familiar alentadora, por ejemplo, puede 
compensar en parte un trabajo estresante. Una clásica pauta psíquica asociada con problemas físicos de 
la pelvis es la de la mujer que desea liberarse de comportamientos limitadores en sus relaciones (con su 
marido o en el trabajo, por ejemplo), pero que no es capaz de afrontar el miedo a la independencia que le 
produce ese cambio. Aunque es posible que se dé cuenta de que otras personas le limitan la capacidad 
de liberarse, su principal conflicto está en realidad en ella misma, en torno a sus propios temores. Una de 
mis pacientes desarrolló un miofibroma uterino y un quiste ovárico a los 40 años. Le pregunté si sa- 
tisfacía su necesidad de creatividad y me dijo que deseaba muchísimo dejar el trabajo que tenía y poner 
una floristería. Desde su infancia le habían interesado las flores, pero sus padres siempre la desanimaron 
por considerar que ese era un interés «frivolo». Obedientemente, ella siguió sus consejos y estudió me- 
canografía y secretariado. Por último, se convirtió en administrativa en una empresa de contabilidad. 
Aunque ese trabajo no le resultaba satisfactorio, continuó en él porque le aportaba ingresos fijos y bue- 
nos beneficios y tenía miedo a arriesgarse a trabajar por su cuenta. Cuando se acercaba su cuarenta cum- 
pleaños, sintió la necesidad de hacer realidad su pasión infantil y empezó a soñar con campos de flores a 
los que no podía acceder porque estaban vallados por alambres de púas. Llegó a comprender que el cen- 
tro de concepción de su cuerpo trataba de decirle algo mediante el quiste ovárico y el miofibroma uteri- 
no. 

Otro problema que afecta a los órganos pelvianos es la competición entre diversas necesidades. 
Cuando la necesidad interior de compañía y apoyo emocional está en competición con la necesidad exte- 
rior de éxito, autonomía y aprobación tribal, esta situación puede manifestarse en los órganos pelvianos 
internos, los ovarios y el útero. Nuestra cultura nos enseña que no podemos tener al mismo tiempo satis- 
facción emocional y éxito económico, y que nuestras necesidades de ambas cosas son mutuamente ex- 
cluyentes; que, como mujeres, no podemos tenerlo todo. Normalmente a las mujeres no se nos enseña a 
manejar los bienes económicos porque el sistema patriarcal depende de que nosotras seamos de- 
pendientes. Puesto que tener dinero y una buena posición social nos protege y hace que nos sintamos 
seguras, se nos ha enseñado que para encontrar seguridad tenemos que casarnos, y a los hombres se les 
ha enseñado que tienen que proporcionar dinero y una buena posición social a las mujeres. El éxito, en el 
sistema adictivo, nos permite dominar a los demás. Estas creencias y el comportamiento dominador que 
resulta de ellas son el terreno propicio para los problemas pelvianos. 

En lo que respecta a la energía, el útero está relacionado con el sentido de identidad más íntimo 
de la mujer y con su mundo interior. Simboliza sus sueños y los yoes a los que le gustaría dar a luz. La 
salud del útero refleja la realidad emocional interior de la mujer y su fe en sí misma en el grado más pro- 
fundo. La salud del útero está en peligro si la mujer no cree en sí misma o es excesivamente autocrítica. 

La energía uterina es más lenta que la energía ovárica. El tiempo de gestación biológica del feto 
es de nueve meses lunares, mientras que el tiempo de gestación biológica de un óvulo es solamente de 
un mes lunar. Podemos imaginar el útero como la tierra, ya sea simbólica o biológica, en la cual van a 
desarrollarse con el tiempo las semillas creadoras de los ovarios. 

La energía ovárica es más dinámica y cambia más rápidamente que la del útero. En los años re- 
productores, los ovarios sanos crean nuevas semillas cada mes de forma dinámica. Cuando esta energía 
ovárica dinámica necesita que le prestemos atención, los ovarios son capaces de cambiar con mucha ra- 
pidez. Un quiste ovárico puede hacerse grande en cuestión de días en las circunstancias adecuadas. 

La salud de los ovarios está directamente relacionada con la calidad de las relaciones de la mujer 
con las personas y cosas que la rodean (véase el capítulo 7). Los ovarios están en peligro cuando la mujer 
se siente controlada o criticada por otras personas, o cuando ella controla o critica a los demás. 

Dolor pelviano crónico 

El dolor pelviano puede producirse en un órgano, un ovario por ejemplo, en varios órganos pelvianos o 
en toda la pelvis, incluso cuando se han extirpado todos estos órganos. A un cierto porcentaje de mujeres 



que sufren de dolor pelviano no les alivia nada la extirpación quirúrgica ni el tratamiento médico. Aun- 
que en algunos casos la histerectomía sí alivia el dolor pelviano crónico, casi a un 25 por ciento de las 
mujeres a las que se les extirpa el útero no se les alivia el dolor. 7 Las mujeres que sufren de dolor pel- 
viano crónico suelen tener complejos historiales psíquicos y emocionales. Según los estudios realizados, 
es muy probable que estas mujeres hayan buscado tratamiento para dolencias somáticas no relacionadas, 
hayan tenido un número mayor de parejas sexuales y hayan experimentado traumas psicosexuales im- 
portantes en el pasado. 8 El dolor físico también está asociado con un dolor emocional no resuelto, ya sea 
en sus relaciones pasadas o actuales, con su pareja o en su trabajo, debido a un maltrato emocional, un 
abuso sexual o una violación (de cualquier grado). El estrés emocional en la vida personal, laboral o pro- 
fesional que la mujer considera insoluble contribuye enormemente al dolor pelviano. Los acontecimien- 
tos traumáticos del pasado no resueltos residen en el sistema energético del cuerpo, aun después de que 
se hayan extirpado quirúrgicamente los órganos pelvianos. Con mucha frecuencia veo súbitas manifes- 
taciones de dolor pelviano en mujeres que desvelan recuerdos de incesto, visitan el lugar donde tuvo 
lugar este, o trabajan en empleos en los que están muy controladas pero en los cuales se sienten obliga- 
das a continuar. A estas mujeres les digo que mediante el dolor el cuerpo les pide que le presten atención 
y cuidado. En su sabiduría, el cuerpo desea que la mujer vuelva su atención al lugar del dolor emocional 
para que pueda comenzar el proceso de sanación. 

En muchos casos de dolor pelviano crónico no se logra encontrar ninguna causa física, y por lo 
tanto la profesión médica no lo toma en serio. Pero el dolor pelviano crónico que proviene de un dolor 
emocional no resuelto es real, no está solamente «en la cabeza». El dolor está grabado o almacenado físi- 
ca y químicamente en nuestros sistemas nervioso, inmunitario y endocrino; está en el «cuerpomente». 
Sencillamente no se puede extirpar con una intervención quirúrgica. 

Endometriosis 

La endometriosis es un trastorno misterioso pero cada vez más común. El tejido que forma el revesti- 
miento del útero, o revestimiento endometrial, normalmente se desarrolla dentro de la cavidad uterina 
(y es responsable de los ciclos menstruales mensuales). En la endometriosis, por algún motivo, este teji- 
do se desarrolla en otras zonas de la pelvis y a veces incluso totalmente fuera de ella. (Hay casos docu- 
mentados de endometriosis en el revestimiento de los pulmones e incluso en el cerebro.) El lugar más 
común de desarrollo de endometriosis son los órganos pelvianos, las paredes laterales de la pelvis (que 
rodean los órganos que están en el interior de la cavidad pelviana) y a veces el intestino. 

La endometriosis va acompañada a veces por infecundidad y dolor pelviano, aunque no siem- 
pre. Dado que los miofibromas y la endometriosis suelen estar presentes en la misma mujer al mismo 
tiempo, todo lo que diga sobre los miofibromas suele aplicarse también a la endometriosis. A semejanza 
de los miofibromas, la endometriosis está relacionada con la dieta y con un bloqueo de la energía pelvia- 
na. 

La endometriosis es la enfermedad de la competitividad. 9 Aparece cuando las necesidades emo- 
cionales de la mujer compiten con su funcionamiento en el mundo exterior. Cuando la mujer se encuen- 
tra en una situación en la cual sus necesidades emocionales más íntimas están en conflicto directo con lo 
que el mundo exige de ella, la endometriosis es una de las maneras como su cuerpo trata de atraer su 
atención al problema. 

El caso de Alycia ilustra bien este punto. Cuando vino a verme porque sufría de dolor pelviano y 
endometriosis, me contó que cuando estaba haciendo el curso preuniversitario se había quedado emba- 
razada y había abortado. Aunque le había dolido tomar esa decisión, y hasta cierto punto deseaba tener 
ese bebé, se había sentido obligada a seguir con sus estudios y entrar en la Facultad de Derecho. Me dijo 
que en cierto modo jamás había logrado resolver el conflicto entre tener un bebé y su deseo competitivo 
de ser creativa en el mundo exterior de las leyes y empresas. Este conflicto suele estar asociado con la 
endometriosis y el dolor crónicos. El conflicto expresado por Alycia es casi arquetípico, y lo veo con re- 
gularidad. En la actualidad las mujeres forman parte del mundo de la competitividad y los negocios, 
tradicionalmente masculino, y muchas no reciben apoyo emocional en su hogar o en su vida personal. 
Otras han abandonado la idea de que tienen necesidades emocionales. Muchísimas de las mujeres que 
he visto con endometriosis se exigen mucho a sí mismas, implacablemente, en el mundo exterior; rara 



vez descansan y rara vez sintonizan con sus necesidades más íntimas y deseos más profundos. Tiene 
mucho sentido que haya tantas mujeres con esta enfermedad en esta época de nuestra historia. Un psi- 
coanalista junguiano ha llamado a la endometriosis «sacrificio cruento a la Diosa». Se trata de nuestro 
cuerpo, que trata de que no olvidemos nuestra naturaleza femenina, nuestra necesidad de cariño y sus- 
tento ni nuestra conexión con las demás mujeres. 

Históricamente, a la endometriosis se la llamó «la enfermedad de la mujer profesional». Se pensó 
que las mujeres que posponían la maternidad eran las que corrían más riesgo de enfermar de ella. Hasta 
no hace mucho, a muchas mujeres que padecían endometriosis se les decía que se quedaran en casa y 
tuvieran hijos y así mejorarían. Esa es una afirmación controvertida, además de ofensiva, ya que estudios 
recientes demuestran que no hay ninguna diferencia en la incidencia de endometriosis entre las mujeres 
que han estado embarazadas y las que no. El doctor David Redwine, especialista en endometriosis de 
fama internacional, concluye que el embarazo no ofrece ninguna protección contra la endometriosis. Lo 
que protegería de la enfermedad sería un trabajo y un entorno personal que no requieran una división 
entre la mente y las emociones. Esta revolución tardará en llegar, de modo que mientras tanto, cada mu- 
jer puede trabajar en sanarse sola, comenzando por comprender su cuerpo y hacer caso de sus mensajes. 

Síntomas 

Por lo general, la endometriosis va acompañada de dolor pelviano, ciclos menstruales anormales e infe- 
cundidad. Estos síntomas varían muchísimo de mujer a mujer. Algunas mujeres con endometriosis 
avanzada jamás han tenido ningún síntoma y ni siquiera saben que tienen la enfermedad hasta que el 
médico se la diagnostica. Otras, pacientes de endometriosis mínima, pueden tener sin embargo molestos 
dolores pelvianos casi continuamente. La mayoría de las mujeres se encuentran en algún lugar entre 
estos dos extremos. La zona más común donde se produce la endometriosis es detrás del útero, entre el 
útero y el recto, un lugar llamado «saco rectouterino o rectovaginal». La endometriosis en esta zona 
puede hacer doloroso el acto sexual, causar presión rectal y producir dolor al ir de vientre, sobre todo 
antes de la menstruación. 

Diagnóstico 

La endometriosis de la cavidad pelviana sólo se puede diagnosticar definitivamente por laparoscopia, 
aunque yo suelo sospechar su presencia en mujeres cuyos síntomas son consecuentes con la endometrio- 
sis, por ejemplo un historial de dolor pelviano y pérdidas de sangre entre reglas. En algunos casos ex- 
cepcionales, se puede apreciar durante el examen pelviano si hay lesiones endometriales en el cuello 
uterino, la vagina o la vulva. Lamentablemente, los estudios demuestran que por lo general la mujer que 
tiene endometriosis ha de acudir a unos cinco médicos para que finalmente se la diagnostiquen, porque 
muchos otros trastornos, el síndrome de colon irritable entre ellos, imitan a la endometriosis. 

Algunas autoridades creen que se puede encontrar endometriosis en cualquier mujer si se mira 
con suficiente atención. 10 Yo estoy de acuerdo con esto. He encontrado endometriosis en un sorprenden- 
te número de mujeres totalmente asintomáticas al hacerles una ligadura de trompas laparoscópica. Ni 
ellas ni yo lo habríamos sospechado. 

Lo que me gustaría saber es la incidencia de endometriosis en mujeres que no tienen ningún 
problema. Creo que probablemente todas las mujeres tenemos en la cavidad pelviana células embriona- 
rias que podrían transformarse en tejido endometrial. Pero si todas tenemos posibilidades de desarrollar 
una endometriosis, ¿por qué algunas tienen los síntomas y otras no? Dado que las autoridades médicas 
no nos lo saben decir, la respuesta está dentro de cada mujer. A ella le corresponde descifrar lo que sus 
síntomas quieren decirle. 

Preguntas corrientes 

¿Por qué tantas mujeres sufren de endometriosis? En mis años de formación no veíamos tantos casos 
de endometriosis como vemos ahora. Son varios los motivos de que haya una mayor percepción de la 
enfermedad. En primer lugar, con el advenimiento de la laparoscopia, la diagnosticamos con más fre- 
cuencia. La paciente entra y sale del hospital el mismo día. La facilidad para mirar el interior de la pelvis 



sin realizar una intervención quirúrgica importante ha sido causa de que se ofrezca bastante rutinaria- 
mente una laparoscopia a las pacientes que presentan dolor pelviano. 

Otro factor en el aparente aumento de los casos de endometriosis es que actualmente las mujeres 
retrasan la maternidad y tienen más ciclos menstruales que en el pasado. En el caso de tener hijos, los 
tienen en menor número. Dado que la endometriosis es un trastorno hormonodependiente, cuando el 
cuerpo tiene en circulación elevados niveles de estrógeno no interrumpidos por el embarazo y la lactan- 
cia, eso favorece su manifestación. 

¿Es hereditaria la endometriosis? La endometriosis suele venir de familia, de modo que hay un víncu- 
lo hereditario. He visto a pacientes cuyas hermanas y madres la han tenido. Tener una hermana con en- 
dometriosis no significa que una también vaya a tenerla, sobre todo si lleva otro estilo de vida. La pro- 
pensión genética a la endometriosis no tiene por qué manifestarse a no ser que el entorno y los hábitos 
de salud la favorezcan. La dieta estadounidense estándar, pobre en nutrientes, con sus efectos en el equi- 
librio de los eicosanoides en personas vulnerables, favorece la endometriosis y es usual en las familias en 
las que suele darse la endometriosis. Según mi experiencia clínica, el consumo de productos lácteos está 
particularmente asociado con un exacerbado dolor de endometriosis. 

¿Puede afectar a la fertilidad la endometriosis? Muchas pacientes de endometriosis son mujeres 
fértiles cuyo principal problema es el dolor. La endometriosis no causa infecundidad, pero se cree que es 
un factor importante. En la actualidad, entre el 40 y el 50 por ciento de las mujeres a las que se les practi- 
ca una laparoscopia para determinar la causa de su problema de infecundidad, presentan endometrio- 
sis. 11 Muchas pacientes de endometriosis tienen las abundantes cicatrices pelvianas que normalmente 
acompañan a la infecundidad. El doctor David Redwine dice: «Estudiar la enfermedad en mujeres pre- 
dominantemente infecundas sólo sirve para complicar el asunto». 12 Sea cual fuere la causa de los sínto- 
mas de endometriosis, podría ser también responsable de la infecundidad, pero una no causa la otra. 13 

¿Qué causa entonces la endometriosis? Son abundantes las teorías médicas al respecto, pero nadie 
sabe realmente qué es la endometriosis ni por qué está tan extendida en la actualidad. La teoría clásica es 
que se produce por menstruación retrógrada, o menstruación hacia atrás, es decir, que parte de la sangre 
menstrual y del tejido que reviste el útero se devuelve hacia las trompas de Falopio, después se implanta 
en el tejido pelviano y comienza a proliferar. 14 Puesto que probablemente la menstruación retrógrada 
ocurre en todas las mujeres en algún momento, esto no explica por qué algunas contraen la enfermedad 
y otras no. Otra teoría es que los tejidos pelvianos se convierten espontáneamente en tejido endometrial, 
debido posiblemente a una irritación o a una actividad hormonal de toxinas ambientales como la dioxi- 
na, que puede tener una actividad parecida a la del estrógeno. 

No está claro qué causa exactamente el dolor que acompaña a la endometriosis. Se sabe que esta 
es estimulada en parte por las hormonas del ciclo menstrual y que el dolor empeora durante la ovulación 
y las fases premenstrual y menstrual del ciclo. Dado que las lesiones endometriales son iguales que el 
tejido interior del útero, es comprensible que cuando la mujer sangra, junto con su menstruación le san- 
gren también microscópicamente dentro del cuerpo los implantes de endometriosis. Algunos especialis- 
tas opinan que las lesiones endometriales secretan algún tipo de substancia química que produce hemo- 
rragia en los capilares que rodean el peritoneo (la membrana serosa que tapiza la cavidad y los órganos 
pelvianos donde se encuentra la endometriosis). Se cree que con el tiempo esta sangre que entra men- 
sualmente en la cavidad pelviana es la causa de dolorosos quistes y adherencias que tienden a estallar si 
las circunstancias lo favorecen. 

La teoría que para mí tiene más lógica es que la endometriosis es un trastorno congénito que es- 
tá presente en el nacimiento. 15 Según esta teoría, la endometriosis surge del tejido genital embrionario 
femenino que no llegó a entrar en el útero durante el desarrollo. Esto explicaría por qué esta enfermedad 
viene de familia y por qué algunas niñas tienen fuertes dolores de endometriosis tan pronto como co- 
mienzan sus reglas. Sin embargo, en esta teoría todas las mujeres tenemos la capacidad de desarrollar 
endometriosis si las células embrionarias de la pelvis son estimuladas por el conjunto de circunstancias 
apropiadas. 



Si bien a la mayoría de los ginecólogos se nos ha enseñado que la endometriosis es una enferme- 
dad progresiva que empeora con el tiempo, algunos estudios, entre ellos los del doctor Redwine, de- 
muestran que la endometriosis no se propaga ni empeora con el tiempo (aunque cambia su apariencia) 
ni recurre si se extirpa totalmente por cirugía. 

Cuando realizan laparoscopias para diagnosticar la causa del dolor pelviano, muchos ginecólo- 
gos no ven la endometriosis en sus primeras fases porque se les enseñó a buscar solamente las caracterís- 
ticas lesiones negras parecidas a «quemaduras de pólvora». En realidad, las lesiones endometriales se 
presentan en diversos colores: claras, blancas, amarillas, azules y rojas. Muchas de estas primeras lesio- 
nes son muy sutiles y cuesta verlas sin un equipo apropiado. 16 

El color de las lesiones endometriales puede estar relacionado con el goteo de sangre de los capi- 
lares vecinos. Con el tiempo, las lesiones pasan de claro a negro, según sea la cantidad de cicatrices pre- 
sentes. Cuanto mayor es la mujer que sufre de endometriosis, mayores son las posibilidades de que ten- 
ga la endometriosis «clásica», con lesiones negras parecidas a «quemaduras de pólvora» y quistes ovári- 
cos de color «chocolate». (La endometriosis en los ovarios puede formar grandes quistes ováricos llenos 
de sangre vieja. Cuando se operan, el contenido de los quistes parece chocolate líquido.) 

La conexión neuroendocrino-inmunitaria 

Las íntimas interacciones entre nuestros pensamientos, nuestra emociones y nuestra inmunidad contie- 
nen la clave para interpretar el mensaje que tiene la endometriosis para cada mujer. Los estudios del 
sistema inmunitario de mujeres con endometriosis sintomática demuestran que estas mujeres suelen 
producir anticuerpos contra sus propios tejidos, llamados «autoanticuerpos». Esto significa que en algún 
plano profundo la mente de su pelvis rechaza aspectos de sí misma. 

Los autoanticuerpos dificultan diversos procesos de la reproducción humana, entre ellos la acti- 
vidad de los espermatozoides, la fertilización y el progreso normal del embarazo. Su presencia podría 
explicar la asociación entre infecundidad y endometriosis en aquellas mujeres que tienen los dos pro- 
blemas al mismo tiempo. La endometriosis ha sido claramente relacionada con un menor índice de ferti- 
lización del óvulo, un menor índice de éxito en la fertilización in vitro (o «en probeta») y un mayor nú- 
mero de abortos espontáneos. La experiencia clínica de la terapeuta Niravi Payne con mujeres que sufren 
de infecundidad y endometriosis demuestra claramente que en estas mujeres podría haber una cierta 
ambigüedad inconsciente respecto a quedar embarazadas; tal vez lo desean con la mente, pero en el co- 
razón no están seguras. La presencia de estos autoanticuerpos anormales en pacientes de endometriosis 
es la clave para entender muchas características de esta enfermedad que los científicos no logran explicar 
cuando sólo lo consideran un problema estructural, como si fuera un tumor que hay que extirpar. 17 

Fabricar anticuerpos contra los propios tejidos es característico de otras enfermedades autoinm- 
munes que confunden a la ciencia médica y que no pueden ser «curadas» en el sentido convencional. El 
sistema inmunitario es muy sensible, y nuestra supervivencia depende de su capacidad de reconocer y 
distinguir el yo del no yo. ¿Qué puede ser lo que pasa cuando el sistema inmunitario cumple órdenes 
autodestructoras? Para ayudarnos a sanar podemos aprovechar las pruebas que existen de que el siste- 
ma inmunitario lleva a cabo los mensajes de nuestra mente. 

Tratamiento 

A las mujeres que sufren de endometriosis sintomática les va bien un programa de tratamiento exhaus- 
tivo que les refuerce totalmente el sistema inmunitario al mismo tiempo que se mantienen receptivas a 
descubrir qué necesitan cambiar en su vida. Mis pacientes han sanado síntomas de endometriosis con 
diversos tratamientos. Lo más importante es que muchas de ellas han llegado a una mayor comprensión 
de lo que necesitan aprender para sanar de verdad y no sólo enmascarar los síntomas. 

HORMONAS. El tratamiento más común para la endometriosis, una vez diagnosticada, es la terapia 
hormonal, en forma de pildoras anticonceptivas, progestina sintética, sulfato danocrino (Danazol) o, más 
recientemente, fármacos agonistas de las GnRH (hormonas liberadoras de gonadotropina), como Synarel 
y Lupron. Estos fármacos actúan en la glándula pituitaria para producir una menopausia temporal, 
permitiendo así la regresión de la endometriosis al detener su estimulación hormonal cíclica. 



Todas estas terapias hormonales cambian las cantidades de estrógeno y otras hormonas en el or- 
ganismo, para que no se active la endometriosis. Cuando disminuyen los niveles de estas hormonas, 
suelen desaparecer los síntomas, y la enfermedad se vuelve inactiva. También se usan el Danazol y los 
fármacos agonistas de las GnRH para disminuir la cantidad de endometriosis antes de operar (en algu- 
nos casos, para facilitar la extirpación quirúrgica). El problema de estos métodos es que en realidad no 
curan la enfermedad; simplemente suprimen el estímulo hormonal durante un tiempo. Además, algunas 
mujeres no toleran bien los efectos secundarios de estos tratamientos. El Danazol es caro, y puede tener 
un efecto masculinizante, como el enronquecimiento de la voz y la aparición de vello; muchas mujeres 
ganan peso cuando lo están tomando. La terapia con fármacos agonistas de las GnRH produce sofocos, 
adelgazamiento del tejido vaginal y pérdida de masa ósea. Sin embargo, otras mujeres tienen una enor- 
me necesidad de estos tratamientos hormonales para aliviar el dolor, aunque este suele volver cuando se 
deja de tomar el fármaco. 

Una vez vi a una paciente que estuvo tomando Synarel (un fármaco agonista de las hormonas li- 
beradoras de gonadotropina) todo el verano. «Fue maravilloso poder ir de camping, y practicar esquí 
acuático y parapente sin tener que preocuparme por el dolor —me dijo — . Me sentí estupendamente. Sé 
que no lo puedo seguir tomando para siempre, pero la verdad es que fue fabuloso.» Llevaba dos sema- 
nas sin tomarlo cuando vino a verme y ya le comenzaba a volver el dolor. Hablamos de sus opciones, y 
me dijo que cuando tenía dolores antes de tomar el fármaco, con frecuencia lograba un alivio total con 
un masaje. Eso la sorprendía, pero encontraba demasiado caro el masaje (entre 30 y 45 dólares según la 
masajista [entre 4.600 y 7.000 ptas.]), y un cambio dietético le resultaba muy difícil dado su horario de 
trabajo. Sin embargo, el Synarel cuesta 300 dólares [45.000 ptas.] al mes. 18 Después de pensarlo, decidió 
hacer la prueba de cambiar su horario para comer mejor y ahora está dispuesta a seguir métodos no me- 
dicamentosos durante un periodo de prueba de tres meses. Después de eso, si no obtiene ningún alivio, 
sabe que tiene la opción de la operación. 

Si bien los síntomas menopáusicos que acompañan a la toma de fármacos agonistas de las hor- 
monas liberadoras de gonadotropina se acaban cuando se deja de tomarlos, este tipo de terapia no es 
apropiada para todas las mujeres si se sigue más de unos cuantos meses. Me siento particularmente rea- 
cia a recetarla a cualquier mujer que haya tenido menstruaciones irregulares o algún trastorno del siste- 
ma nervioso central, ya que en algunas mujeres su toma ha ido acompañada por problemas de memoria. 
El estilo de vida de la paciente que podría necesitar estos medicamentos está caracterizado por un traba- 
jo muy estresante y realizado durante muchas horas, frecuentes viajes de negocios, casi nada de tiempo 
para ella misma y una falta de deseo o de capacidad para cambiar de profesión. Tomar fármacos en este 
tipo de situación le hace más fácil a la mujer continuar realizando actividades que de todos modos la 
están dañando en cierta medida. Me preocupa que tome los medicamentos pero también confío en su 
proceso, sabiendo que algo aprenderá de la opción que elija, sea cual sea. Asimismo, confío en que lo que 
la trajo a mí también la haya abierto a aprender acerca de su cuerpo. Ella sabe que puede volver y probar 
otras cosas cuando le parezca apropiado. 

La progesterona natural suele ir muy bien para aliviar los síntomas de la endometriosis, y es mi 
primera línea de tratamiento después de una mejor alimentación. La forma normal es aplicarse una cre- 
ma de progesterona al 2 por ciento (ProGest, por ejemplo), entre un cuarto y media cucharadita en la piel 
dos veces al día (véase p. 180). La progesterona natural contrarresta la endometriosis al disminuir los 
efectos del estrógeno en las lesiones del endometrio. No produce efectos secundarios y se tolera muy 
bien. Aplícatela del día 10 al 28 de cada ciclo; algunas mujeres podrían necesitarla diariamente. A veces 
es necesario aumentar la dosis a más de lo que proporciona una crema al 2 por ciento. En estos casos se 
puede recetar una crema transdérmica que debe preparar un farmacéutico especializado en fórmulas. 
Otra opción son las cápsulas de progesterona natural tomadas por vía oral; la dosis usual es de 50 a 200 
mg diarios, tomados desde el día 10 al 28 de cada ciclo. 

CIRUGÍA. Muchas mujeres con una endometriosis grave, que durante años han tomado hormonas y 
medicamentos para el dolor, suelen acabar cuando todavía son jóvenes con una histerectomía total, que 
incluye la extirpación de los ovarios. Aunque esto suele ser una decisión de la mujer, muchas se enteran 
después de que había otras alternativas a este agresivo método quirúrgico. 



Puede ser muy útil una intervención quirúrgica más moderada, que sólo extirpa la endometriosis 
y conserva los órganos pelvianos. Cada vez son más los ginecólogos especializados en cirugía pelviscó- 
pica, y han aprendido a extirpar la endometriosis sin saltarse ninguna lesión. Es probable que el dolor 
vuelva si queda alguna lesión en el endometrio. La cirugía pelviscópica realizada correctamente tiene un 
índice de recurrencia del dolor de sólo el 10 por ciento. En estas mujeres, el dolor suele estar asociado no 
con la endometriosis, sino con miofibromas, adherencias y adenomiosis (véase el capítulo 5). La mujer 
que quiera someterse a una operación para aliviar el dolor endometrial deberá acudir a alguien que esté 
especializado en esta forma de tratamiento. 

MEDICINA ENERGÉTICA. Cualquier cosa que mejore el funcionamiento del sistema inmunitario y au- 
mente la circulación de energía en el cuerpo probablemente va a sanar la endometriosis. Hazte las si- 
guientes preguntas y contéstalas con sinceridad: 

• ¿Cuáles son tus necesidades emocionales? 

• ¿Qué te gustaría que ocurriera en tu trabajo o en tu vida que te sustentara plenamente? 

• ¿Estás atrapada en alguna clase de competitividad en tu vida? ¿Estás dispuesta a hacer cambios? 

• ¿Descansas lo suficiente? 

• ¿Crees que tienes el poder de cambiar las condiciones de tu vida? 

Aplícate una compresa de aceite de ricino en el bajo vientre por lo menos tres veces a la semana, 
durante una hora cada vez (instrucciones en p. 192). Presta atención a todos los pensamientos, imágenes 
y sentimientos que te surjan. Considera la posibilidad de hacer un tratamiento de acupuntura conjunta- 
mente con la toma de hierbas chinas (capítulo 5). Ve a que te hagan un masaje corporal total al menos 
cada dos semanas durante dos meses. ¿Qué notas después del masaje? 

CAMBIO de dieta. La endometriosis es una enfermedad sensible al estrógeno; esta hormona intensifica 
los síntomas. También exacerba los síntomas el exceso de eicosanoides serie 2 (como la prostaglandina 
F2 alfa, que es la hormona relacionada con los dolores menstruales) y la falta de eicosanoides serie 1, que 
previenen la inflamación abriendo los vasos sanguíneos, contribuyendo al movimiento de líquido por el 
cuerpo y mejorando la actividad nerviosa e inmunitaria. Se ha comprobado que las mujeres que sufren 
de endometriosis tienen niveles más elevados de eicosanoides serie 2 en los quistes endometriales. 19 El 
objetivo del cambio dietético es reducir la excesiva producción de estrógeno en el cuerpo y los niveles de 
eicosanoides serie 2. Para equilibrar los eicosanoides, conviene consumir diariamente alimentos ricos en 
ácidos grasos esenciales (véanse la sección sobre el síndrome premenstrual y el capítulo 17) y eliminar la 
carne y los productos lácteos, que son demasiado ricos en ácido araquidónico; por motivos que no están 
totalmente claros, aparte de su vínculo con el ácido araquidónico, eliminar los productos lácteos suele 
disminuir muchísimo el dolor de la endometriosis. Evita todos los aceites parcialmente hidrogenados, 
entre ellos la margarina. 

Una de mis pacientes llevaba muchos años con endometriosis. Había probado sin éxito el sulfato 
danocrino y tratamientos quirúrgicos. Pero después de eliminar los productos lácteos de su dieta se libró 
de los síntomas de la endometriosis y ha continuado así durante 10 años. Hace poco concibió a su primer 
hijo sin dificultad, aun cuando otro médico le había dicho que probablemente nunca podría quedar em- 
barazada. 

Se ha comprobado que las cruciferas, como los diferentes tipos de col, el brécol y los nabos, son 
alimentos que regulan los niveles de estrógeno. Trata de comer una o dos raciones de estos alimentos 
diariamente. También van bien los derivados de la soja; come tofu, tempe, salsa de soja y miso con regu- 
laridad. Una dieta rica en fibra también puede disminuir el total de estrógeno en circulación. Prueba con 
25 g diarios de fibra en forma de cereales integrales, legumbres, arroz integral, verduras y frutas. Adver- 
tencia: la mayoría de los cereales secos contienen demasiados hidratos de carbono refinados para justifi- 
car su contenido en fibra. Es mejor atenerse a la avena y al trigo triturado. 

Toma un buen suplemento de vitaminas y minerales que sea rico en vitaminas B, zinc, selenio, 
vitamina E y magnesio (de 50 a 100 mg de cada una de las vitaminas B, y de 400 a 800 mg de magnesio). 
Dian Mills, una nutricionista de Londres y ex administradora de la Sociedad Británica de Endometriosis, 



realizó un estudio de suplementos dietéticos, mediante el método de doble ciego, cuyos resultados fue- 
ron un 98 por ciento de mejoría de los síntomas entre las mujeres que tomaron los suplementos, en com- 
paración con las del grupo de control. Los suplementos administrados fueron tiamina, riboflavina y pi- 
ridoxina (100 mg de cada una), citrato de zinc (20 mg) y aminoquelato de magnesio (300 mg). 20 

Es importante dar a estos métodos nutricionales por lo menos dos o tres meses para ver resulta- 
dos óptimos. 

Historias de mujeres 

Doris: Aprender de la endometriosis. Doris tenía 41 años cuando vino a verme. Era una profesional 
muy próspera que pasaba mucho tiempo viajando y trabajando, pero tenía muy poco tiempo para sí mis- 
ma y sus necesidades personales y emocionales. Sus menstruaciones eran muy abundantes, empeoraban 
por la noche y a veces le empapaban la sábana. Se quejaba de retención de líquido, hinchazón y fuertes 
dolores menstruales. Los fibromas habían agrandado su útero al tamaño de 10-12 semanas de embarazo. 
Tenía un historial de infecundidad, varios abortos espontáneos y un aborto provocado. Una laparosco- 
pia hecha por otro médico había confirmado la presencia de endometriosis además de los fibromas; el 
ginecólogo pensó que eso estaba relacionado con los abortos espontáneos y le recomendó hacerse una 
operación porque, según le dijo, continuaría teniendo reglas difíciles y acabaría operándose de todos 
modos. A ella no le gustó ese diagnóstico y vino a verme para saber qué otras alternativas tenía. 

Cuando la examiné la primera vez, tenía muchísima sensibilidad detrás del útero, lo cual es muy 
común en pacientes de endometriosis. La interrogué acerca de su estilo de vida, su dieta, los abortos 
espontáneos, el aborto provocado, el ejercicio que hacía y su nivel de estrés. Estuve de acuerdo en que la 
operación no era algo que fuera necesario considerar en esos momentos y le sugerí varios tratamientos 
alternativos. Entre ellos estaban eliminar de la dieta los productos lácteos, tomar suplementos vita- 
mínicos, aplicarse compresas de aceite de ricino en el bajo vientre y leer acerca del perfeccionismo, la 
adicción y los alimentos integrales. Por lo que Doris me había contado de sí misma, me pareció que nece- 
sitaba sanar tus sentimientos por los abortos espontáneos y el aborto provocado. Decidió seguir mis su- 
gerencias. Para hacer aflorar sus sentimientos con respecto a su fertilidad, decidió escribirles cartas a 
esos seres en potencia no nacidos que habían estado en su cuerpo. Después me escribió: «Evidentemente 
todavía estaban de algún modo en mi mente y habían tomado la forma de fibromas y tal vez de endome- 
triosis en mi cuerpo. Después de escribir esas cartas, me ocurrió la experiencia más increíble. Había esta- 
do recordando mis sueños con gran regularidad mediante técnicas de visualización. Una noche, en un 
sueño, tomé plena conciencia de mi cuerpo y vi cómo de mi útero salían volando miles de palomas blan- 
cas. Me invadió una increíble sensación de ligereza y desperté llorando de alegría». 

Tres meses después de ese sueño, la examiné y descubrí que muchos de los fibromas habían des- 
aparecido, como también toda esa dolorosa sensibilidad uterina. Los fibromas restantes parecían haberse 
solidificado en una masa lisa que era categóricamente más pequeña que la que había palpado en el pri- 
mer examen. Doris ha descubierto que cuando se cuida, hace ejercicio y se dedica a ella misma, se siente 
fabulosamente y no tiene síntomas pelvianos de ningún tipo. Aunque los fibromas no le han de- 
saparecido totalmente, llevan años sin crecer. Ahora no siente dolor en el examen, una prueba de que su 
endometriosis está muy inactiva. 

Doris aprovechó la sabiduría de su cuerpo para sanar experiencias muy dolorosas por las cuales 
no se había permitido llorar. Estuvo dispuesta a arriesgarse cambiando su manera de verse en el mundo, 
un cambio que suele ser necesario si la mujer quiere sanar en el plano más profundo. Esto a veces supo- 
ne examinar con sinceridad microscópica cómo nos sentimos realmente por el hecho de ser mujeres. 
También puede suponer reducir las actividades mundanas y crear un equilibrio sano entre nuestro yo 
interior y nuestro yo exterior. 

Tumores fibrosos o miofibromas 

Los miofibromas son tumores benignos del útero. Se desarrollan en diversos lugares sobre y dentro de la 
pared uterina o en la cavidad uterina (véase figura 8). El sistema habitual para calcular el tamaño de un 
miofibroma es comparar el tamaño del útero con el que tendría en las diversas etapas del embarazo. Así 
pues, a la mujer se le dirá que tiene un miofibroma del tamaño de 14 semanas si tiene el útero del tama- 



ño que tendría si estuviera embarazada de 14 semanas. Los miofibromas están formados por tejido duro, 
blanco y cartilaginoso de una forma parecida a la de una concha. Están presentes en un 20 a 50 por ciento 
de todas las mujeres. Una de mis pacientes, que vio la extirpación de su miofibroma por un espejo, co- 
mentó después: «Me sorprendió su apariencia. Me imaginaba que tendría un aspecto caótico y sucio. El 
miofibroma parece un trozo de plástico de polietileno de alta densidad, ese material con que se hacen las 
planchas de cortar de cocina». 




FIGURA 8. TIPOS DE MIOFIBROMAS 

Los miofibromas son responsables de hasta un 33 por ciento de todas las admisiones hospitala- 
rias ginecológicas y son el motivo número uno de las histerectomías en Estados Unidos. 21 Son de tres a 
nueve veces más comunes entre las mujeres negras que en las blancas. Muchas mujeres que los tienen no 
lo saben hasta que se los descubren en un examen pelviano de rutina. Desde el punto de vista médico 
convencional, nadie sabe qué los causa. 

Caroline Myss explica que los miofibromas representan la creatividad que nunca nació, en la que 
se cuentan las imágenes «fantásticas» de nosotras mismas que nunca han visto la luz del día y los secre- 
tos creativos de nuestros otros «yoes». También se producen cuando estamos desperdiciando energía 
vital, por ejemplo en trabajos sin futuro o en relaciones que están acabadas. A las mujeres que tienen 
miofibromas les pido que mediten acerca de sus relaciones con otras personas y en cómo expresan su 
creatividad. Estos tumores suelen ir asociados a conflictos con la creatividad, la reproducción y las rela- 
ciones. 22 En una cultura tan cambiante, en la que el papel de las mujeres está en un proceso de rápido 
cambio, a mí me parece bastante evidente que los conflictos relativos a la crianza y la educación de los 
hijos son fenómenos culturales, no individuales. Después de ver su miofibroma, una paciente comentó 
que es fácil verlo como una forma de rabia, dura e implacable. El hecho de que sean tantas las mujeres 
que tienen estos tumores es tal vez una prueba de que nuestra energía creativa colectiva está bloqueada 
en esta cultura. 



Síntomas 



La mayoría de las mujeres que tienen miofibromas no tienen síntomas. Suelen enterarse de que los tie- 
nen en los exámenes pelvianos de rutina. El hecho de que un miofibroma produzca síntomas depende de 
su tamaño y su ubicación dentro del útero. Es posible que aquellos que están situados en la pared mus- 
cular del útero, justo bajo la superficie (los subserosos) no sean sintomáticos. Pero los que se desarrollan 
en el propio revestimiento uterino (los submucosos) suelen provocar menstruaciones muy abundantes o 
irregulares. Algunos miofibromas están adheridos al interior e incluso al exterior del útero por un del- 
gado pedúnculo. Estos se llaman miofibromas pedunculados. Si están fuera del útero, a veces se confun- 
den con tumores ováricos. He tenido dos pacientes que «expulsaron» miofibromas pedunculados de seis 
centímetros por el orificio del cuello uterino. Sencillamente los extirpé, suturándolos y cortándoles el 
pedúnculo. Ninguna de las dos mujeres tuvieron más problemas. 

Las mujeres que tienen miofibromas y endometriosis podrían experimentar dolores menstruales, 
dolor pelviano o ambas cosas. La mayoría de los miofibromas se pueden tratar de modo conservador, 
dejándolos en paz y haciendo un examen más o menos cada seis meses para controlar su crecimiento. 

HEMORRAGIAS. Algunas mujeres afectadas por miofibromas tienen reglas muy abundantes que son 
causa de anemia y cansancio e incluso les impiden salir de casa durante los días de mayor flujo. Si los 
miofibromas crecen rápido, si las hormonas de la mujer están cambiando (lo que es común alrededor de 
la época de la menopausia) o si ha estado muy estresada, incluso pueden sangrarle esos miofibromas 
uterinos. Algunas mujeres se acostumbran tanto a perder esas enormes cantidades de sangre una vez al 
mes, que ni siquiera saben cómo sería tener un flujo normal. 

Los miofibromas pueden ser causa de mucha hemorragia porque el útero tiene una irrigación 
sanguínea muy rica. Si el miofibroma es submucoso, es decir, si está situado justo debajo del revesti- 
miento uterino, al cuerpo le resulta particularmente difícil arreglárselas con el mecanismo normal que 
detiene el flujo menstrual. El flujo menstrual se detiene en parte por la contracción muscular del útero; 
los miofibromas pueden obstaculizar este mecanismo. En los casos de hemorragia anormal, es necesaria 
una biopsia del endometrio (sacar una muestra de tejido del interior del útero) o a veces un legrado con 
dilatación, para asegurarse de que la hemorragia está causada por miofibromas y no por cáncer. Esto 
vale especialmente en aquellas mujeres que sangran a intervalos irregulares durante el mes. 

Degeneración del miofibroma. Un miofibroma puede comenzar a degenerar después de un rápido 
crecimiento. Esto puede ocurrir, por ejemplo, durante un periodo de tiempo muy estresante o emocio- 
nalmente difícil, durante la menopausia o durante más o menos el año anterior a la menopausia. La de- 
generación puede ocurrir si el miofibroma crece tanto que no tiene irrigación sanguínea. Cuando esto 
ocurre, el centro del miofibroma queda desprovisto del oxígeno que aporta la sangre, y los nervios inte- 
riores de este tejido experimentan esta falta de oxígeno como dolor, igual que el dolor de los dedos de 
los pies cuando se congelan. Este dolor puede ser molesto, pero no se trata de nada grave. La degenera- 
ción del centro del miofibroma suele ser causa de la reducción de su tamaño, y a veces un miofibroma 
degenera totalmente y desaparece. Si el miofibroma se reduce o desaparece, el dolor suele remitir del 
todo al cabo de más o menos una semana, cuando los nervios se adaptan. 

Opresión pelviana y micciones frecuentes. A veces la posición de un miofibroma produce síntomas 
porque oprime otro órgano, como el recto o la vejiga. Entonces es posible que se sienta una opresión o 
una sensación de plenitud en el recto, la parte inferior de la espalda o el abdomen. Si el miofibroma está 
en la parte anterior del útero o relativamente bajo, la presión sobre la vejiga puede disminuir la capaci- 
dad de esta para retener la orina, lo cual aumenta la frecuencia de las micciones, que son menos abun- 
dantes. Estos síntomas son molestos, pero no son dañinos para el cuerpo en general. Nunca he visto que 
un miofibroma benigno dañe a un órgano contiguo. Un ocasional miofibroma muy grande puede blo- 
quear parcialmente el uréter (el tubo que va desde el riñon a la vejiga) cuando la mujer está acostada. Ni 
los urólogos ni los ginecólogos sabemos con seguridad si esta situación puede finalmente causar pro- 
blemas renales. La mayoría de las mujeres que tienen miofibromas lo suficientemente grandes para pro- 
ducir presión en el uréter prefieren que se las opere. Varias de mis pacientes, sin embargo, están muy 



bien sin cirugía, y sus ríñones funcionan a la perfección. Una de estas mujeres, que lleva por lo menos 
diez años con un útero muy grande por causa de miofibromas, y a la que de vez en cuando estos le han 
bloqueado el uréter, acaba de pasar la menopausia. Ahora se le están reduciendo rápidamente los miofi- 
bromas. 

Preguntas corrientes 

¿Cómo sé si tengo un miofibroma? Cuando palpo miofibromas en una paciente por primera vez, le ha- 
go un examen por ultrasonido para medirlos y comprobar el estado de los ovarios. En un examen pel- 
viano es imposible a veces distinguir entre un tumor ovárico y un miofibroma uterino. 

¿Pueden ser cancerosos los miofibromas? Casi nunca son cancerosos. Menos del uno por mil se con- 
vierte en sarcoma uterino, que es un tipo de cáncer muy excepcional del músculo uterino. Sin embargo, 
la única manera de saberlo con certeza es extirparlos y examinarlos al microscopio. Dado que la tasa de 
mortalidad por histerectomía es del uno por mil, el riesgo de la intervención quirúrgica es mayor que el 
riesgo de que el miofibroma sea maligno. 

El problema más común de los miofibromas es su tendencia a crecer y causar hemorragia. Pero 
como ocurre en muchas mujeres con las que he trabajado, si se tratan las formas de energía subyacentes, 
las cuestiones vitales, los conflictos y los problemas emocionales relacionados con los miofibromas, nor- 
malmente no crecen ni causan problemas. 

¿Son GENÉTICOS LOS MIOFIBROMAS? Los miofibromas suelen venir de familia. Una de mis pacientes 
me contó que todas las mujeres de su familia, en tres generaciones, han tenido miofibromas. Ella planea 
ser la primera mujer de su tribu que llega a la menopausia con su útero intacto. Ha cambiado de dieta y 
ahora está totalmente libre de síntomas. 

Tal como ocurre cuando hay un marcado historial de alcoholismo en la familia, cuando hay un 
marcado historial de miofibromas en la familia, la mujer se encuentra ante un sistema de creencias fami- 
liar del que es muy difícil liberarse. Una vez leí un artículo sobre el cáncer ovárico de familia titulado 
«Mi madre, mis células», en el cual la autora expresaba su problema por haber «heredado» la propensión 
a una enfermedad que la aterraba y sobre la cual le parecía no tener ningún control. 

En este país tendemos a creer que una predisposición genética es una «sentencia» inevitable de 
que vamos a contraer la enfermedad. Sin embargo, los factores ambientales tienen un inmenso papel en 
si se manifiesta o no la enfermedad. Por ejemplo, algunas personas que tienen el gen de la fibrosis quísti- 
ca prácticamente no manifiestan ningún signo de la enfermedad y llegan muy bien a los cincuenta y más. 
Algunas mujeres que tienen marcados historiales de cáncer de mama en su familia jamás contraen la 
enfermedad. 

Mujeres en cuya familia hay un marcado historial de miofibromas, quistes ováricos o endome- 
triosis han tenido estos trastornos, pero han sanado de ellos. Una paciente mía resumía así una parte 
necesaria de su sanación: «Finalmente he comprendido que no soy mi madre. No tengo por qué vivir su 
vida en mi cuerpo». En las familias en las cuales hay una enfermedad genética, deberíamos estudiar a 
aquellos miembros que «no» contraen la enfermedad. Lo más probable es que sean personas que rom- 
pieron ese molde familiar, justamente aquellas que no han vivido para estar a la altura de las expectati- 
vas familiares a nivel celular o cualquier otro. 

¿Van A afectar a mi embarazo los miofibromas? Durante el embarazo, los niveles de hormonas son 
muy elevados y los miofibromas preexistentes pueden crecer rápidamente. Si comienzan a degenerar, 
pueden a veces provocar contracciones uterinas que inducirían un parto prematuro. Pero esto no ocurre 
con todos los miofibromas. He visto a mujeres con miofibromas de tamaño de 14 semanas quedarse em- 
barazadas, llegar a término y dar a luz sin ningún problema. 

Una mujer de 29 años vino a verme, ya embarazada de 12 semanas y con un miofibroma grande 
en la parte posterior del útero. El embarazo no había sido planeado, pero ella estaba entusiasmada. Su 
médico le había dicho que tenía que abortar y hacerse extirpar el miofibroma antes de volver a concebir. 



Le dijo que probablemente el miofibroma sería causa de un parto demasiado prematuro para que el bebé 
pudiera vivir. Muy consternada por el dilema, decidió que necesitaba a un médico que estuviera dis- 
puesto a seguir con el embarazo sabiendo que podría haber un problema, pero a la vez abierto a la posi- 
bilidad de que todo fuese bien. El embarazo continuó normalmente, y llegó a término sin dolor, hemo- 
rragias ni parto prematuro. Dio a luz a una niña que pesó 3,264 kg, después de un proceso de parto de 
ocho horas. El miofibroma se le había reducido a un tamaño de 8 semanas cuando vino a mi consulta 
para el control posparto, al cabo de seis semanas. 

Los miofibromas pueden ser causa de aborto espontáneo e incluso de infecundidad, sobre todo si 
han deformado mucho la cavidad uterina. Al parecer, que haya problemas depende de la situación del 
miofibroma dentro del útero y de lo cerca que esté del bebé en desarrollo y la placenta. Una ecografía o 
una histerosalpingografía (radiografía del útero y las trompas previa inyección de una substancia opaca), 
como también una exploración por resonancia magnética nuclear, puede dar una idea de la ubicación del 
miofibroma antes del embarazo. 

Algunas embarazadas tienen miofibromas que comienzan a degenerar. Son hospitalizadas para 
observación mientras descansan en cama con analgésicos. Generalmente los miofibromas no causan da- 
ño al bebé en desarrollo, a no ser que produzcan tanta irritabilidad uterina que el útero comience a con- 
traerse y provoque un parto prematuro. No hay ninguna garantía de que no haya problemas con los 
miofibromas durante el embarazo, porque todo el útero crece, incluida la pared con miofibromas. Cuan- 
to más lejos de la cavidad uterina esté situado el miofibroma, menos probabilidades hay de que la mujer 
tenga problemas. Algunos médicos están dispuestos a adoptar la actitud de esperar y ver en los casos de 
miofibromas y embarazo, y sugieren a la mujer que trate de quedarse embarazada y se verá qué ocurre. 
Otros le sugieren la extirpación de los miofibromas antes de intentar quedarse embarazada. 

¿Crecen los miofibromas? ¿Desaparecen? A muchas mujeres que tienen miofibromas se les dice que 
deberían hacerse la histerectomía cuando son relativamente pequeños para que no sea necesaria des- 
pués, cuando sería más complicada y arriesgada si los miofibromas crecieran. Los estudios han demos- 
trado que hay poca o ninguna justificación para hacer eso. 23 Los miofibromas sí crecen a veces, pero no 
siempre. Tienden a crecer con bastante rapidez durante los años anteriores a la menopausia, cuando hay 
grandes oscilaciones en los niveles hormonales, y después se reducen drásticamente pasada la meno- 
pausia. Una de mis pacientes perimenopáusicas, o «casi menopáusicas», de 49 años, a la que he seguido 
durante más de diez años, nota fácilmente los miofibromas a través de la pared abdominal presionando 
con los dedos. Dice que sus miofibromas crecen hasta llegar al ombligo justo antes de la menstruación, y 
tres días después de finalizar la regla, se reducen y se quedan justo por encima del hueso púbico. Los 
miofibromas suelen cambiar de tamaño durante cada ciclo menstrual, llegando al máximo durante la 
ovulación y antes del comienzo de la menstruación. También pueden crecer durante los periodos de 
estrés. Un médico u otro terapeuta cualificado puede seguir la evolución de los miofibromas con un 
examen cada seis meses más o menos. No hay ningún motivo para apresurarse a operar, a no ser que 
haya repetidos episodios de fuerte hemorragia que no se puede controlar con tratamientos hormonales u 
otras medidas. 

A veces los miofibromas desaparecen totalmente. Hace poco conocí a una mujer religiosa que te- 
nía programada una histerectomía a causa de miofibromas. Oró por ellos diariamente. Seis semanas 
después, cuando volvió a su médico, los miofibromas habían desaparecido y no fue necesaria la opera- 
ción. 

Una de mis pacientes, Persis, de 43 años, que es música y terapeuta musical, vino a verme por 
primera vez con un miofibroma del tamaño de 4-5 meses de embarazo. Después de dos años de estricta 
dieta, trabajo interior reflexivo, masajes y sonido terapéutico, su gran útero casi recuperó el tamaño 
normal. 24 Rara vez veo reducirse tanto un miofibroma. Esta reducción no se debió a la menopausia. To- 
davía tiene menstruaciones normales. He aquí su historia: 

Durante el verano de 1988 me diagnosticaron endometriosis y un miofibroma del tamaño de un pomelo. Los 
años anteriores había tenido terribles dolores, cada vez mayores, que casi me hacían perder el conocimiento 
mientras conducía. Estaba acostumbrada a tener dolores durante dos semanas y a recuperarme en las dos sema- 
nas siguientes. Me aterraba tener la regla. 



El médico que me atendía en ese tiempo me explicó todas las alternativas para corregir el problema. Su 
predilecta era la histerectomía: «En todo caso, a su edad ya no necesita el útero», me decía. Después estaba la te- 
rapia hormonal para detener las regías durante uno o dos años: «Se le va a enronquecer la voz y va a perder el 
deseo sexual». Y la última oferta que me hizo fue que podía continuar con los dolores y reglas hasta que me lle- 
gara la menopausia. 

Puesto que yo quería conservar mi cuerpo entero, no me hacía ninguna gracia la idea de perder mi fe- 
minidad con la terapia hormonal, y no podía soportar el dolor, busqué otro tratamiento. Me comprometí con mi 
vida. Acepté la responsabilidad de cuidar de mí misma. Acepté la amorosa ayuda de los demás; comencé un ré- 
gimen muy estricto de dieta macrobiótica, baños de asiento, ejercicio y meditación. Al mirar hacia atrás, no sé 
cómo metí todo eso en mi ajetreada vida. Lo que sí sé es que ahora soy otra persona. 

También comencé a explorar suavemente los motivos ocultos de mis «problemas femeninos». Acepté mi 
naturaleza codependiente y empecé a abrirme a la pena de mi infancia y mi juventud. Mi dolor de vientre era una 
culminación de una vida de dolores. Sabía que quitarme el útero no «arreglaría» los demás dolores de mi vida. 

Ahora tengo poco dolor y me siento extraordinariamente bien. Estoy y siempre estaré en proceso duran- 
te toda mi vida. Gracias a la meditación y a la aplicación del sonido sanador en mí misma, he renovado mi fe in- 
terior. Acepto mi vida y mi capacidad de sanarme a mí misma y de ayudar a sanar a otras personas. Lo que hago 
por los demás, lo hago también por mí. 

Si me opero, ¿volverán a CRECER los miofibromas? En esto hay que individualizar la respuesta. En 
general, no es probable que le vuelvan a crecer los miofibromas a la mujer que está a cinco años de la 
menopausia cuando se los extirpan, porque sus niveles de estrógeno van a disminuir de forma natural. 
A veces hay muchos miofibromas diminutos en la pared uterina. Puede ser difícil quitarlos todos en el 
momento de la operación. Si no se ha cambiado la forma de energía subyacente, los problemas emocio- 
nales o los niveles hormonales asociados con los miofibromas, esos llamados «miofibromas incipientes» 
pueden comenzar a crecer. Las mujeres que cambian drásticamente su dieta disminuyen la posibilidad 
de que los miofibromas vuelvan a desarrollarse. Los miofibromas de la mayoría de mis pacientes no 
vuelven a crecer ni empeoran. Yo creo que esto se debe a que el tipo de mujer que acude a mí está dis- 
puesta a hacer el arduo trabajo de atender realmente al mensaje que se oculta detrás del problema. Yo 
recomiendo cambio de dieta, trabajo corporal y otros métodos alternativos, incluso a aquellas mujeres 
que eligen la intervención quirúrgica. Esta sola no va a cambiar la pauta fundamental de su cuerpo que 
estimula el crecimiento de los miofibromas. Es esencial escuchar lo que nuestro cuerpo trata de enseñar- 
nos. 

Tratamiento 

En ningún momento hago recomendaciones dictatoriales sobre lo que cualquiera de mis pacientes deba 
hacer con su útero. No hay nada correcto ni equivocado. Lo que hago es ofrecerles maneras de pensar 
acerca de su útero, sus ovarios y su cuerpo, para que cuando necesiten tomar una decisión sobre hormo- 
nas, fármacos o cirugía, sepan cuál es su verdad personal respecto a esos órganos. Actualmente hay más 
tratamientos que nunca para los miofibromas. Una vez que la mujer ha reunido información acerca de 
todos ellos, puede sintonizar con su guía interior para elegir el que más le convenga. 

Para muchas mujeres, el solo hecho de saber que tienen elección es un gran alivio. Para algunas, 
por ejemplo, la intervención quirúrgica significa aún más maltrato, cuando no pueden elegir libremente 
hacérsela. Las supervivientes de abusos sexuales me dicen a veces que la sola idea de un procedimiento 
invasor en su cuerpo, particularmente de naturaleza ginecológica, les parece una violación. Evidente- 
mente, en estos casos conviene probar con modalidades alternativas de tratamiento, en lugar de activar 
nuevamente el ciclo de abuso. 

A continuación explico diferentes métodos de tratamiento para problemas del útero, con algunos 
casos ilustrativos, que demuestran que no existe una sola manera correcta de tratar los problemas uteri- 
nos. Cada una de estas mujeres necesitaba ayuda para síntomas bastante claros y corrientes, y cada una 
eligió un tratamiento distinto; sólo una optó por la histerectomía. Cada una pudo organizar un trata- 
miento que respetara su elección individual. Usada conscientemente en un tratamiento individualizado, 
la tecnología médica puede ser una importante ayuda en la sanación de la vida de una mujer. Afirmar 
que la histerectomía es siempre la elección equivocada o inferior es una actitud tan dualista y dañina 
como afirmar que todos los remedios naturales son charlatanería. En ninguno de estos casos trato los 
problemas concretos psíquicos y emocionales conectados con la «energía bloqueada en la pelvis». No 



todas las mujeres están abiertas o preparadas para explorar sus problemas profundos, y yo respeto su 
decisión de esperar el momento oportuno. 

TRATAMIENTO CONSERVADOR: OBSERVAR Y ESPERAR. Si los miofibromas no causan ningún pro- 
blema, recomiendo un examen pelviano cada seis meses o un año, según sea la situación. También pido 
inicialmente una ecografía (un examen por ultrasonido) para estar segura de que se trata de un miofi- 
broma y no de un quiste o un tumor ovárico. Se pueden pedir ecografías para medir el tamaño del mio- 
fibroma y comprobar el estado de los ovarios. Al tratamiento conservador se lo llama en ocasiones «ne- 
gligencia benigna». A veces es la mejor terapia. 

Histerectomía. La histerectomía es probablemente la opción que más corrientemente se ofrece a las 
estadounidenses que tienen miofibromas. Esta opción suele elegirse cuando la mujer lleva meses e inclu- 
so años sangrando, está anémica por la pérdida de sangre, tiene un abdomen que parece de embarazada, 
no puede salir de casa por temor a mancharse la ropa, y tiene micciones frecuentes por la presión de un 
miofibroma sobre la vejiga. 

Según han demostrado los estudios, una histerectomía puede mejorar la calidad de vida de la 
mujer si se le han ofrecido otras opciones alternativas a la operación. 25 Sin embargo, si una mujer se hace 
una operación para la cual no está preparada, sin explorar adecuadamente las alternativas, los resultados 
pueden ser aniquiladores. Con los años he llegado a comprender que las mujeres que consideran muchí- 
simo sus opciones antes de decidirse por la operación se sienten mucho más felices por el resultado. (So- 
bre cómo prepararse para la operación y el proceso de recuperación, véase el capítulo 16.) Desgraciada- 
mente, en medicina suele haber una tendencia a crear una situación de crisis y precipitarse. A veces a 
una mujer que sólo ha tenido un episodio de fuerte hemorragia con un miofibroma, se le dice que se 
someta a una histerectomía lo más pronto posible. Dado su temor y la sensación de ser presionada por el 
médico o la familia, ella lo hace cuando debería haber esperado. Creo que las mujeres que lamentan sus 
decisiones después, suelen ser las que creyeron que no tenían otra alternativa aparte de la intervención 
quirúrgica, que suele ser una histerectomía. Antes de embarcarse en cualquier tratamiento, la mujer debe 
tomarse tiempo para reunir toda la información necesaria y sopesar todas las opciones. 

Fran, profesora y madre de una hija, vino a verme a los 42 años. Durante los seis meses anterio- 
res había tenido hemorragias entre las reglas, dolores menstruales cada vez más intensos y cierto dolor 
durante el acto sexual. Cuando la examiné, le encontré un miofibroma del tamaño de un pomelo grande 
(de unos 11 centímetros de diámetro). Hacía años que yo conocía a Fran, y la había asistido en el parto de 
su hija. Durante el día viajaba a muchas escuelas diferentes y siempre le había resultado difícil seguir 
una dieta sana. Tenía bastante sobrepeso y estaba casada con un hombre que detestaba su trabajo y esta- 
ba algo deprimido. Dada su situación, el tratamiento elegido fue la histerectomía con preservación de los 
ovarios. Ella sabía que aunque yo podía extirparle el miofibroma y dejarle el útero intacto, eso no le ga- 
rantizaría quedar libre de los dolores y las menstruaciones irregulares. 

A Fran no le interesó tomarse un tiempo para probar modalidades alternativas de tratamiento; 
tampoco le interesó enterarse de lo que podría querer decirle su miofibroma. La idea de librarse de las 
reglas, de los dolores y del temor a quedar embarazada le resultó atractiva. Se le hizo la operación, sin 
complicaciones, y al mes ya había vuelto a su rutina normal. Jamás ha lamentado su decisión. Fran es un 
buen ejemplo de una mujer que sabía que tenía opciones y que tenía clara su elección. 

Antes de practicar una histerectomía, o cualquier otra intervención quirúrgica, siempre le explico 
a la mujer que la extirpación del órgano puede cambiar la experiencia que tiene de su cuerpo. Es necesa- 
rio realizar muchos más estudios sobre los efectos de la histerectomía en la salud física, emocional y psí- 
quica y en la imagen corporal de la mujer. 

Respuesta sexual después de la histerectomía. Alrededor de la mitad de las mujeres a las que se les han 
extirpado los ovarios (operación que muchas veces acompaña a la histerectomía), sea cual sea su edad, 
experimentan una insuficiencia de testosterona, de forma bastante repentina, debido a la falta total de 
producción de esta hormona por los ovarios, y la subsiguiente reducción de andrógenos adrenales. 26 En 
general, la incidencia de disfunción sexual después de la histerectomía está entre el 10 y el 40 por ciento 
de las mujeres. En estudios realizados en el Reino Unido, entre el 33 y el 46 por ciento de las mujeres han 



dicho tener una menor respuesta sexual después de una ooforohisterectomía (extirpación de los ovarios 
y el útero). 27 Pero en el Estudio de la Salud de las Mujeres realizado en Maine en 1994, los resultados no 
dieron un índice tan elevado. 28 

Aunque en realidad algunas mujeres dijeron experimentar una mayor respuesta sexual después 
de la histerectomía, ciertamente esto no les ocurre a la mayoría. Los médicos no han prestado suficiente 
atención a la conexión entre la histerectomía y la respuesta sexual, y estos cambios en la respuesta sexual 
o pérdida de interés en la actividad sexual los han considerado psicogénicos, es decir, que «todo está en 
la cabeza». La teoría psicogénica se basa en la suposición patriarcal de que los ovarios, el cuello uterino y 
el útero tienen poca conexión con la libido y no son esenciales para la satisfacción sexual. A esa mentali- 
dad patriarcal le gusta divorciar el cuerpo de la mente y piensa que el cerebro es la fuente de nuestras in- 
clinaciones primarias, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Dado que esta forma de pensar 
denigra el cuerpo femenino y nuestros órganos, no es sorprendente que considere que el origen de la 
libido es principalmente psíquico. Una paciente que vino a verme para una segunda opinión me contó 
que su médico le había preguntado por qué estaba tan apegada a sus ovarios (quería extirpárselos cuan- 
do le hiciera la histerectomía); para hacérnoslo entender ella le preguntó por qué él estaba tan apegado a 
sus testículos. Como sabemos la mayoría de las mujeres, la mente y el cuerpo son una unidad. En pala- 
bras sencillas, si la mujer se siente positivamente conectada con sus órganos sexuales, su extirpación va a 
afectar a su vida sexual. 

Ahora sabemos que la menor respuesta sexual en algunas mujeres después de una ooforohiste- 
rectomía tiene una base fisiológica. Los investigadores saben que la pérdida de la hormona androgénica 
que acompaña a la extirpación de los ovarios es un factor importante en la pérdida de libido que sigue a 
la operación. Aun en el caso de que queden intactos los ovarios, algunas mujeres experimentan el or- 
gasmo de modo distinto después de la histerectomía, probablemente debido a que el cuello uterino y el 
útero actúan a modo de punto desencadenante del orgasmo. Para estas mujeres, las contracciones inten- 
sas y rítmicas del útero son una parte muy satisfactoria del orgasmo. Cuando ya no está el útero, a veces 
tienen la experiencia de esa pérdida como una disminución de la intensidad orgásmica. Es posible que 
las mujeres que experimentan el orgasmo principalmente por estimulación del clítoris no tengan esa 
misma experiencia. Por otra parte, en las mujeres que han experimentado dolor en el acto sexual durante 
años o que han tenido dolor pelviano por problemas uterinos u ováricos, la histerectomía puede mejorar 
enormemente la calidad de su experiencia sexual y la de su vida en general. 

Las mujeres que sufren de pérdida del deseo sexual o pérdida general de energía después de la 
histerectomía deberán hacerse comprobar los niveles de estrógeno, testosterona y deshidroepiandroste- 
rona, y luego usar hormonas naturales para normalizar esos niveles. Yo hago hacer el análisis de hormo- 
nas de la saliva, que no precisa de extracción de sangre. Según mi experiencia, el mejor tratamiento hor- 
monal sustitutivo es el de testosterona natural en crema para la piel. La dosis habitual es de 1 a 2 mg 
cada día o en días alternos. La crema debe recetarla un médico y prepararla un farmacéutico especializa- 
do en fórmulas. A algunas mujeres, pero no a todas, les va bien la deshidroepiandrosterona; la dosis 
habitual es de 5 a 10 mg una o dos veces al día. Unas pocas mujeres se sienten mejor con 25 a 50 mg dia- 
rios. 

Menopausia. La extirpación del útero solo no produce necesariamente niveles hormonales menopáusicos 
en la mujer que todavía ovula; sí produce siempre el cese de la menstruación. De todas formas, aunque 
no se extirpen los ovarios, la histerectomía altera su irrigación sanguínea; esto podría ser causa de me- 
nopausia prematura. Según un estudio, fue lo que les ocurrió aproximadamente al 50 por ciento de las 
mujeres estudiadas. 29 (Muchas mujeres dicen tener sofocos durante varios meses después de la histerec- 
tomía, incluso cuando les han dejado los ovarios. Lo mismo puede ocurrir después de extirpar un solo 
ovario y nada más. A veces un ovario tarda un tiempo en restablecer su funcionamiento después de la 
operación, o en asumir la función de los dos.) Hay algunas pruebas de que a las mujeres que se han he- 
cho histerectomía les comienza antes la Osteoporosis, incluso cuando les han dejado los ovarios. Y desde 
luego, cualquier cosa que debilite la función de los ovarios de un modo u otro puede dar como resultado 
una disminución de la libido. 



Problemas urinarios. Las mujeres que se han sometido a una histerectomía son más propensas a desarrollar 
una incontinencia urinaria por esfuerzo en años posteriores. El motivo es que los nervios de la vejiga es- 
tán muy cerca del útero y algunas de las fibras nerviosas pueden ser dañadas durante la histerectomía. 30 

Enfermedad cardiaca. Algunos estudios han comprobado que la extirpación de los ovarios anterior a la me- 
nopausia natural (la edad promedio para la menopausia es de 52 años) puede tener un efecto adverso en 
el sistema cardiovascular. Dado que los ovarios continúan aportando hormonas después de la menopau- 
sia, es posible que su extirpación produzca efectos adversos, incluso después de la menopausia. 31 

Miomectomía (extirpación de los miofibromas). La miomectomía es una intervención quirúrgica por la 
cual se extirpan los miofibromas, pero el útero queda en su lugar, reparado. Los avances en las técnicas 
quirúrgicas de los diez últimos años han hecho de esto una agradable opción para las mujeres que 
desean conservar intactos sus órganos pelvianos o tener hijos. 

Muchas de mis pacientes eligen hacerse miomectomías incluso después de haber eliminado to- 
dos los síntomas mediante cambios dietéticos; la presencia de un miofibroma podría abultar el abdomen, 
lo cual afecta a la apariencia de la mujer y el modo de sentirse consigo misma. Cada vez son más las 
miomectomías que se realizan mediante laparoscopio (un instrumento telescópico que se inserta en la 
cavidad pelviana a través de la pared abdominal y hace innecesaria una incisión abdominal grande). 
Esta operación suele reservarse para los miofibromas de 6 cm o más pequeños, pero eso depende del 
cirujano. Muchos médicos recetan primero un fármaco agonista de las hormonas liberadoras de gonado- 
tropina para reducir los miofibromas y hacer más fácil su extirpación. Cuanto más pequeño es el miofi- 
broma, mayores son las posibilidades de extirparlo mediante el laparoscopio. 

Gloria tenía 45 años cuando vino a verme por primera vez; tenía dos hijos y su marido se había 
hecho una vasectomía. Su problema era un miofibroma uterino grande que le oprimía la vejiga, produ- 
ciéndole micciones frecuentes que la obligaban a levantarse muchas veces por la noche; tenía menstrua- 
ciones regulares y no sentía ningún dolor. Su ginecólogo le recomendó una histerectomía, pero a ella eso 
le pareció una opción demasiado drástica; optó por la miomectomía, pero su ginecólogo no aceptó esta 
operación «debido a su edad», una actitud llena de prejuicios por su parte. Como muchos ginecólogos de 
formación tradicional, pensaba que el útero de Gloria era inútil, ya que tenía más de 40 años y no quería 
tener más hijos. La miomectomía que finalmente se hizo la alivió totalmente de sus síntomas urinarios, y 
ahora puede dormir toda la noche de un tirón. Se siente muy feliz de haber conservado su útero. 

Cuando la posición o el tamaño de un miofibroma hace problemático tener hijos, la miomecto- 
mía es una buena opción. Antes de practicarles la miomectomía, a muchas mujeres les dicen que una vez 
que estén en el quirófano, el cirujano podría encontrar necesario convertir la operación en una histerec- 
tomía. Yo no he visto ningún caso en que esto fuera necesario. Claro que he tratado principalmente con 
una población de pacientes sanas y trabajo con otros cirujanos expertos. En general, las miomectomías 
las realizan mejor los ginecólogos especializados en cirugía para tratar la infertilidad; este tipo de cirugía 
se centra en reparar la pelvis, no en extirpar órganos. 

Terapia hormonal: Progestina sintética o progesterona natural. A las mujeres cuyo principal sín- 
toma es la hemorragia, suelo ofrecerles un tratamiento con progestina sintética o progesterona natural, 
para impedir que el revestimiento del útero se engrosé demasiado. En muchos casos, esta terapia resulta 
muy buena para controlar la hemorragia y es mucho más benigna que una operación abdominal impor- 
tante. La progesterona o la progestina son opciones para mujeres que no pueden cambiar de dieta o para 
aquellas cuyos síntomas no se han aliviado con el cambio de dieta. Algunas mujeres se deprimen mien- 
tras están tomando progestina sintética; otras se sienten hinchadas, con síntomas premenstruales o dolo- 
res de cabeza. Mi modo de recetar esta hormona varía según la mujer. Dado que la situación de cada 
mujer es diferente, es necesario individualizar su tratamiento médico. 

Fármacos agonistas de las GnRH (hormonas liberadoras de GONADOTROPINA) (véase más arriba 
pp. 220-221). Estos fármacos (como el Lupron y el Synarel) son hormonas sintéticas que inducen a la 
glándula pituitaria a detener la actividad de los ovarios. Después de un mes de tomarlos, se crea una 
menopausia artificial. Bajan mucho los niveles de estrógeno y cesan las menstruaciones. Se detiene la 



estimulación cíclica del tejido fibroso, y en muchos casos los miofibromas reducen su tamaño. Los fár- 
macos agonistas de las GnRH se usan actualmente en casos muy determinados para reducir los miofi- 
bromas antes de operar o para reducirlos lo suficiente para que no sea necesario operar. Algunos médi- 
cos recetan estos fármacos para mantener asintomáticos los miofibromas hasta que la mujer llegue a la 
edad de la menopausia, en cuyo momento se reducen de un modo natural; de esta manera la mujer pue- 
de evitar la intervención quirúrgica. Estos medicamentos tardan unos tres meses en producir su efecto 
máximo, pero la mayoría de las mujeres sólo los necesitan dos meses para reducir los miofibromas lo 
suficiente para que se pueda realizar la miomectomía. No todas las mujeres obtienen el mismo resultado, 
porque no todos los miofibromas se generan de la misma manera. 32 

Como ya he dicho, los fármacos agonistas de las GnRH son muy caros, casi 400 dólares [unas 
60.000 pesetas] al mes, y no se recomienda tomarlos más de seis meses. Una vez que se deja de tomar el 
medicamento, los miofibromas vuelven a crecer rápidamente a no ser que la mujer entre en la menopau- 
sia de modo natural durante el tiempo en que ha estado tomándolo. 

Muchas de mis pacientes, comprensiblemente, dudan mucho en tomar estas hormonas sintéticas 
porque son relativamente nuevas. Muchísimas de ellas recuerdan que el dietilestilbestrol se usó con en- 
tusiasmo durante varias décadas para prevenir el aborto espontáneo. Después este fármaco se relacionó 
con ciertos cánceres vaginales raros y otras anormalidades del tracto genital en las hijas (e incluso los 
hijos) de las mujeres que lo tomaron. Habiendo dicho esto, está claro que los fármacos agonistas de las 
GnRH tienen su lugar en el tratamiento de los miofibromas. Los estudios actuales se dirigen a la forma 
de usarlos para reducir los miofibromas mientras a la vez se administran suficientes hormonas que dis- 
minuyan sus efectos secundarios menopáusicos sin comprometer su eficacia. Este método podría salvar 
a algunas mujeres de someterse a histerectomías perimenopáusicas. 

Ablación endometrial por histeroscopia. Christine llevaba años con menstruaciones muy abundan- 
tes; tenía que usar dos tampones súper además de una compresa. A veces necesitaba cambiárselos cada 
media hora durante el segundo día de regla, lo cual le hacía muy difícil viajar e incluso salir de casa para 
hacer la compra. Los mínimos cambios de dieta que hizo no le dieron resultado. Otros exámenes revela- 
ron que tenía múltiples miofibromas muy pequeños en la pared uterina. 

Christine quería por encima de todo evitar la histerectomía, de modo que probamos con la tera- 
pia de progestina sintética, las dos últimas semanas de cada mes durante tres meses. 33 Aun cuando este 
tratamiento casi siempre disminuye la hemorragia, en su caso no resultó. Tampoco dio resultado un le- 
grado con dilatación. La envié a un médico que realiza una operación llamada «ablación endometrial 
mediante histeroscopia». La histeroscopia es una técnica quirúrgica en la que se puede visualizar y ope- 
rar el revestimiento del útero introduciendo una sonda por el cuello del útero desde la vagina. A veces 
los cirujanos expertos en esta técnica pueden extirpar de esta manera los miofibromas submucosos. Esta 
operación, que se realiza con anestesia general en el quirófano, cauteriza y elimina el revestimiento en- 
dometrial, que es la parte del útero que sangra cada mes. Cuando resulta, cesan las reglas o se vuelven 
muy ligeras. A Christine le dio un resultado maravilloso. En lugar de pasar un mes en recuperación de la 
extirpación de útero, entró en el hospital el día de la operación y salió al siguiente. Aunque este tipo de 
cirugía no es apropiada para todas las mujeres, es una opción fabulosa para algunas. En algunos casos 
no se puede hacer, según sea la posición de los miofibromas. 34 

Después de la menopausia: Tratamiento hormonal de la naturaleza. Los miofibromas suelen redu- 
cirse espectacularmente una vez que la mujer llega a la menopausia (generalmente entre los 50 y los 52 
años). Con frecuencia, las mujeres que tienen miofibromas sólo experimentan síntomas entre los 45 y los 
50 años, la edad en que más suele practicarse la histerectomía. Si la mujer lo prefiere, se puede evitar esta 
operación manteniendo los miofibromas en un tamaño razonable hasta que se reduzcan de modo natu- 
ral durante la menopausia. Esto se puede conseguir mediante una combinación de cambio dietético, 
compresas de aceite de ricino, terapia con progestina y reducción del estrés. 

Bea, una profesora soltera y sin hijos, vino a verme por primera vez en 1984; tenía un miofibroma 
uterino y un historial de fuerte hemorragia que le duraba entre 12 y 18 horas en cada ciclo menstrual. 
Debido a la anemia causada por la pérdida de sangre, tomaba hierro. El miofibroma era submucoso, es 
decir, del tipo que afecta al revestimiento endometrial y que suele ir acompañado por fuertes hemorra- 



gias. Había comenzado una dieta macrobiótica, pero continuaba sangrando bastante cada mes. Tomaba 
hierro, con lo cual mantenía el nivel de este mineral no demasiado bajo. En el primer examen que le hice, 
tenía el útero de un tamaño de 12-14 semanas. Pasados seis meses se había reducido a un tamaño de 8- 
10 semanas, lo que yo atribuí a la dieta. Varios meses después de comenzar la dieta, inició un tratamien- 
to con un masaje de shiatsu semanal. Ella piensa que el shiatsu le fue más beneficioso que la dieta. 35 Du- 
rante los ocho años siguientes, según lo bien que siguiera la dieta, el tamaño del útero le variaba entre 10 
y 20 semanas; esto le ocurrió justo antes de la menopausia. Yo le recordaba una y otra vez que la miome- 
ctomía y la histerectomía eran opciones que podía elegir en cualquier momento, pero a ella sencillamen- 
te le desagradaba la idea de operarse. Durante los tres a cuatro años anteriores a la menopausia, periodo 
en que los niveles de estrógeno suben y bajan de modo irregular, le fue necesaria una terapia con proges- 
tina, para controlar las hemorragias. De vez en cuando las reglas eran tan abundantes que su familia se 
asustaba. Pero a pesar de eso, evitó operarse y poco a poco entró en la menopausia. Ahora el miofibroma 
se le está reduciendo con bastante rapidez: pasó de un tamaño de 20 semanas a uno de 14 en sólo una 
semana. A lo largo de la década en que atendí a Bea, continuó con su método dietético y firme en su de- 
cisión de evitar la operación. 36 Ahora está entrando en la menopausia y lamentando la pérdida de sus 
menstruaciones. 

Después de la menopausia, cualquier terapia hormonal sustitutiva podría, en teoría, hacer volver 
a crecer los miofibromas, pero en general las bajas dosis de hormonas que se emplean en estas terapias 
no causan problemas. 

Cambio dietético. El cambio dietético es el pilar de mi tratamiento para mujeres interesadas en métodos 
alternativos a los medicamentos y la operación. Dado que el útero es sensible al estrógeno, cualquier 
cosa que modifique los niveles de estrógeno en la sangre puede afectarle (y a los miofibromas y la en- 
dometriosis). Hay muchas pruebas de que una dieta rica en grasas parcialmente hidrogenadas y satura- 
das, rica en hidratos de carbono refinados y pobre en fibra puede aumentar el nivel de estrógenos en la 
sangre. La dieta estadounidense estándar hace que la mujer corra más riesgo de desarrollar miofibromas, 
como también endometriosis y cáncer de mama. 

Una mujer que cambia de una dieta muy refinada y pobre en nutrientes (alimentos envasados, 
pasteles, pan blanco, frituras, caramelos y pasta) a una dieta rica en frutas, verduras y otros alimentos 
completos, suele tener menstruaciones menos abundantes y menos hinchazón e incluso experimenta una 
reducción del tamaño de los miofibromas. Muchas mujeres están bien dispuestas a probar este método 
primero, sabiendo que después pueden optar por la operación si el régimen no les da resultado. 

Normalmente sugiero hacer una prueba de tres meses con una dieta rica en fibra a base de ali- 
mentos integrales, eliminando los productos elaborados con azúcar y harina refinados y los lácteos. La 
dieta para tratar los miofibromas debe ser bastante estricta durante un tiempo, para disminuir los niveles 
de estrógeno en circulación. Los factores lipotrópicos metionina, colina e inositol (1.000 mg diarios) se 
encuentran en forma de suplementos dietéticos; si se toman junto con las vitaminas del complejo B, los 
niveles de estrógeno suelen bajar y los síntomas se alivian. Recomiendo un suplemento de vitaminas y 
minerales que contenga un mínimo de 600 mg de magnesio y las mismas cantidades de vitaminas B y los 
demás nutrientes ya mencionados en las páginas 223-224 (véase el capítulo 17 para las cantidades de 
nutrientes que hay que buscar en los suplementos de vitaminas). 

La gran mayoría de mujeres que tratan sus miofibromas mediante la dieta mejoran del dolor y la 
hemorragia abundante en un plazo de tres a seis meses. Una dieta de alimentos integrales «adormece» 
los miofibromas, pero no cura el trastorno. Es necesario también trabajar en liberar los bloqueos de ener- 
gía en la pelvis. De hecho, he visto a mujeres que siguen dietas macrobióticas muy estrictas cuyos miofi- 
bromas en realidad les crecen. Generalmente estas mujeres tenían problemas de la infancia no resueltos, 
como el incesto, por ejemplo, o eran maltratadas por su cónyuge. 

Liberación de la energía bloqueada. Estas terapias pueden ser muy sanadoras cuando las lleva a cabo 
una persona bien preparada y dotada. 

La acupuntura, la digitopresión, la terapia de la polaridad y el masaje suelen ir muy bien para los 
síntomas de los miofibromas, aunque estos no siempre se reducen. 



He tenido muy poca experiencia con la homeopatía, pero sus practicantes dicen que los miofi- 
bromas se reducen o desaparecen y los síntomas se alivian con el remedio homeopático adecuado. La 
homeopatía es un tipo de medicina natural que fue muy popular a comienzos del siglo XX y que actual- 
mente vuelve a tener una amplia aceptación. 

La bibliografía sobre la acupuntura china indica que suelen necesitarse cien o más tratamientos 
diarios para eliminar un miofibroma grande. Los tratamientos diarios exigen una gran entrega por parte 
del paciente y del terapeuta. 

Hay una nueva terapia llamada Técnica Nambudripad de Eliminación de la Alergia que se ha 
usado para tratar miofibromas y una gran variedad de otras enfermedades también. Esta técnica la ideó 
Devi Nambudripad, una acupuntora y quiropráctica que sufría de alergias muy graves. Se basa en la 
premisa de que las alergias (y otras enfermedades, como los miofibromas) son consecuencia de reaccio- 
nes alérgicas y emocionales que se originan simultáneamente en el cerebro y el cuerpo. Mediante un pro- 
ceso llamado quinesiología, que consiste en realizar una serie de pruebas para comprobar el movimiento 
y el tono musculares, el terapeuta localiza los alérgenos culpables y las emociones que los acompañan. 
Después, aplicando presión en puntos de acupuntura concretos, se limpia el cuerpo de esas emociones. 
La base filosófica de esta técnica tiene muchísima lógica y la recomendaría si la realiza un terapeuta bien 
preparado. 

Casi todas las poblaciones de Estados Unidos y de muchos otros países cuentan con médicos de 
orientación holista, si bien no están integrados en el sistema médico ortodoxo, cuyos miembros los con- 
sideran con escepticismo y rara vez les envían a sus pacientes. 

Programa sanador para los miofibromas 

• Dieta equilibradora de eicosanoides: nada de productos lácteos durante al menos tres meses, 
muchas verduras de hoja verde, productos derivados de la soja y verduras cruciferas. 

• Suplementos: una combinación de vitaminas y minerales completa que contenga las vitaminas 
del complejo B, más los factores lipotrópicos metionina, colina e inositol, de 500 a 1.000 mg dia- 
rios de cada uno. 

• Crema de progesterona al 2 por ciento: de un cuarto a media cucharadita una o dos veces al día 
durante las dos o tres semanas anteriores al comienzo de la menstruación, para inhibir los efectos 
de la producción excesiva de estrógeno. 

• Ejercicio de tipo aeróbico, 20 minutos diarios tres veces a la semana. 

• Masaje, tai-chi, meditación, acupuntura: para aumentar la circulación de la energía en la pelvis. 

• Compresas de aceite de ricino en el bajo vientre, tres veces a la semana como mínimo; prestar 
atención a los pensamientos, imágenes y sentimientos que surjan durante el tratamiento. 

• Llevar un diario: anota todo lo que deseas crear en tu vida. Observa cuánto entusiasmo y cuánta 
energía logras reunir simplemente imaginándote cómo sería dejar manifestarse totalmente tus ta- 
lentos creativos y tus yoes secretos. Observa dónde tienes algún bloqueo que te dificulte este 
proceso. Generalmente se identifican en afirmaciones del tipo «sí, pero», por ejemplo: «Sí, me 
gustaría coserme ropa bonita con regularidad, pero no veo la manera de encontrar tiempo para 
hacerlo». Pronto podrás identificar las creencias limitadoras que bloquean tu creatividad. 

• Realizar los pasos del capítulo 15 de este libro. 

Prueba este programa durante al menos tres meses y luego haz las modificaciones que creas ne- 
cesarias. Cada mujer tiene necesidades diferentes; por lo tanto, hay que individualizar este programa. Ve 
qué puedes aprender sobre tu cuerpo y sus reacciones a este nuevo régimen. Escucha los mensajes de tu 
cuerpo. 

Historias de mujeres 

Los miofibromas, como los demás trastornos, no aparecen salidos de la nada para instalarse en el útero. 
Cuando la mujer está dispuesta a relacionarse con su útero permitiendo que sus mensajes le hablen, ha 
dado el primer paso hacia la sanación, en lugar de limitarse a enmascarar o eliminar los síntomas. Una 
vez que está en contacto con los mensajes de su útero, cada mujer puede elegir el tratamiento que fun- 



cione mejor para ella, ya sea la intervención quirúrgica, la dieta, la acupuntura o una combinación de las 
tres. 

Muchas mujeres logran relacionar la aparición de sus miofibromas con el comienzo de un mal- 
trato verbal por parte de su pareja, un estrés laboral u otros problemas en sus relaciones con el mundo 
exterior. El trabajo interior suele ser muy útil para encontrar nuevas formas de afrontar estas situaciones 
perjudiciales o limitadoras. 

Shirley: Miofibromas y creatividad. Shirley, una enfermera de 45 años, llevaba un tiempo con mens- 
truaciones irregulares y muy abundantes cuando le encontré un pequeño miofibroma al hacerle el exa- 
men anual. Un año antes había estado en tratamiento por un desorden de la alimentación y codependen- 
cia. Cuando le diagnostiqué el miofibroma estaba en medio de un cambio profesional, tratando de deci- 
dir si dejaba un puesto directivo sofocante pero lucrativo. 

Le recomendé que siguiera una dieta pobre en grasas y rica en fibra y se aplicara compresas de 
aceite de ricino. También le pedí que pensara en lo que en realidad deseaba hacer, lo que hallaba real- 
mente satisfactorio. Cuando lo pensó, se dio cuenta de que su creatividad estaba ahogada en su trabajo. 
Le preguntó a su cuerpo qué quería decirle y le pidió que se lo revelara en sueños o meditaciones. Al 
cabo de varios meses me dijo: «He aprendido a rodearme de amor y una energía sanadora durante las 
aplicaciones de compresas de aceite de ricino, las meditaciones y la terapia». 

Hizo sesiones de Reiki, que es un tipo de tratamiento energético similar al toque terapéutico que 
implica sanar con las manos. Dos semanas después de su visita, me contó: «Tuve una visión: la masajista 
me levantaba del abdomen una cosa parecida a un bolo y me decía que lo extrajera. Lo que saqué era 
como uno de esos erizos que se pegan en los calcetines en el bosque; tenía exactamente cuarenta y cinco 
pinchos [Shirley tenía 45 años]. Esa aparición, el erizo, me representaba a mí misma con mi manera de 
aferrarme a las cosas de una forma no sana. Simbolizaba mi apego al trabajo y a las personas por medio 
de las cuales trataba de encontrar satisfacción. Mis sueños y meditaciones me hicieron comprender que 
el tumor uterino era una manifestación física de mi creatividad sofocada, que jamás podría expresar ple- 
namente a través de mi dependencia de los demás. Durante mi proceso de sanación emocional y física, el 
miofibroma se redujo de tamaño y fui conducida a un trabajo más creativo y gratificante que implicaba 
la atención directa a enfermos». En el examen de seguimiento, al cabo de tres meses, comprobé que tenía 
el útero mucho más pequeño y no encontré ningún miofibroma. 

Marsha: Relaciones que no APOYAN. Marsha, una terapeuta masajista de 41 años, de otro estado, vino 
a verme por primera vez en 1986, a pedirme una segunda opinión sobre sus miofibromas. Si bien tenía el 
útero sólo moderadamente agrandado, del tamaño de un embarazo de 12 semanas, y ningún síntoma, le 
habían dicho que debía hacerse una histerectomía. Su madre también había tenido miofibromas y le ha- 
bían practicado una histerectomía. Ella deseaba evitar la operación. Durante años se había maltratado 
comiendo en exceso y enredándose en relaciones con hombres que la maltrataban. Había abortado tres 
veces y no tenía hijos. Cuando vino para esa primera visita, ya estaba siguiendo una dieta macrobiótica 
para detener el crecimiento de los miofibromas. 

Dado que todo lo demás estaba normal según las ecografías, yo apoyé su elección de tratar los 
miofibromas con cambios dietéticos, y le recomendé que visitara a su ginecólogo cada seis meses. Dada 
su comprensión de sus pautas de comportamiento, pensé que debería trabajar con alternativas a la ciru- 
gía. En su ciudad siguió el plan de tratamiento. 

Al cabo de cuatro años volvió a verme.» Por entonces había tenido varías menstruaciones muy 
abundantes y su ginecólogo le recomendó encarecidamente la histerectomía. Ella estaba haciendo el pro- 
grama de Doce Pasos de Adictos al Sexo y al Amor Anónimos, y me dijo que acababa de salir de una 
relación muy perjudicial y adictiva de cuatro años. Aún estaba totalmente consumida por esa relación, 
aunque los dos habían estado de acuerdo en que todo había terminado. «He comenzado a darme cuenta 
de que toda la rabia que he sentido por él ha sido una manera de evitar hacer mi trabajo en mí misma, 
mis emociones y pasado», me dijo. Empezó a responsabilizarse de su vida y su situación y continuó con 
su autosanación. En su trabajo de recuperación fue descubriendo que todas las relaciones que había te- 
nido, desde su infancia, con un padre alcohólico, habían sido disfuncionales. Reconoció que era una ex- 



perta en crearse dramas en la vida para llenar el vacío de sentimientos amortiguados y para compensar 
su falta de conexión con su cuerpo. 

Marsha estaba empezando a comprender la profunda conexión que había entre sus relaciones y 
su sentido de identidad, y cómo esto se manifestaba en su cuerpo. Sabía que no todos los aspectos de sus 
miofibromas estaban relacionados concretamente con la comida, y que utilizaba esta para tapar sus emo- 
ciones. Su recuperación, día a día, la ha puesto poco a poco en contacto con su sabiduría interior. Cuan- 
do la vi en la visita de control en 1992, el tamaño de sus miofibromas era estable y tenía reglas regulares. 
Ha entrado en una fase de sanación que a veces es necesaria para algunas mujeres, aunque no para to- 
das: siente la necesidad de alejarse de los hombres por un tiempo y estar principalmente con mujeres. 
Cada vez que la veo está más serena, más positiva y más fuerte. Comprende que sus miofibromas eran 
una señal que la llamaba de vuelta a sí misma y a su propia vida. 

LOUISE: Hijas Y Pérdida. Louise es una mujer que está dispuesta a participar en el cuidado de su salud 
y no teme expresar sus opiniones. Productora de una emisora de radio, vino a verme para que le diera 
una segunda opinión respecto a su miofibroma en el útero. El miofibroma se le había desarrollado poco 
después de que su segunda hija decidiera dejar la casa para entrar en un colegio interna. Después de su 
visita conmigo, le escribió la siguiente carta a su ginecólogo, que le había recomendado la histerectomía: 

Estimado doctor: 

Por recomendación suya, consulté una segunda opinión respecto a hacerme una histerectomía 
debido a mi miofibroma uterino. Permítame que le cuente la historia que hay detrás de mi proceso, con 
la que espero que en el futuro incorpore un método más amplio y menos convencional para tratar a otras 
mujeres que presenten miofibromas. 

En primer lugar, me impresionó la sensación de impotencia que me produjo su recomendación 
de operarme. De pronto comencé a considerarme una mujer enferma. Pero mi corazón me decía: «¡No, 
no te pasa nada!». De modo que obedecí a la voz de mi corazón. Leí todo lo que logré encontrar sobre 
miofibromas, sobre todo libros y artículos que presentaban alternativas a la operación. 37 Me he enterado 
de cuántas histerectomías innecesarias se realizan cada año en este país, y de los importantes problemas 
posoperatorios que se presentan, muchas veces de larga duración. 

Incluso la pequeña cantidad de estudios realizados sobre la actividad del útero, en particular 
después de la menopausia, sugieren que este es una parte integrante de la salud general. Las hormonas 
químicas no pueden reemplazar el magnífico funcionamiento de los órganos femeninos. 

Así pues, decidí conservar mi útero, y no sólo por motivos físicos. Usted no me preguntó nada 
acerca de mis sentimientos, mi familia ni mi estilo de vida, ni sobre cómo podría afectar a todo eso una 
histerectomía. 

Mis dos hermosas hijas se han ido de casa en un año. La de 19 años está en su segundo curso 
universitario, y la de 15 se ha ido a un colegio particular de Vermont, por insistencia de ella. Aunque yo 
las apoyo, al mismo tiempo es un importante reajuste en la vida de una madre que las dos se vayan de 
casa en tan poco tiempo. Mis hijas, los frutos de mi útero, no están, y entonces va usted y me dice que 
tengo que sacarme el útero también. No, gracias. Lo conservaré por el momento, y espero que siempre. 
Si tuviera una enfermedad en el útero que amenazara mi vida, tal vez pensaría de otro modo. 

Todo esto debe de parecerle extraño, pero yo creo firmemente que contribuimos a las enferme- 
dades de nuestro cuerpo; la otra cara del asunto es que también podemos contribuir a sanarlas. Le reco- 
miendo encarecidamente que dedique un poco de tiempo extra a sus pacientes para escuchar toda la 
historia. Si no hubiera puesto en duda lo que usted me dijo, podría haber sido uno de los casos de histe- 
rectomía innecesaria. Habría sido una comodidad, tal vez, librarme de las menstruaciones abundantes, 
pero a qué precio en dinero, en trabajo perdido, en una larga terapia hormonal sustitutiva y en daño 
psíquico de larga duración. 

Le ruego que explique a sus pacientes todas las opciones y les dé el tiempo necesario para pen- 
sarlas. 

Sinceramente 
Louise T. 



El ginecólogo de Louise no es una persona poco común. A los médicos no se nos ha preparado 
para escuchar los sentimientos de nuestros pacientes sobre lo que significan las enfermedades para ellos. 
En su libro Meaning and Medicine [Significado y medicina], el doctor Larry Dossey cuenta la historia de 
Frank, un hombre que sufría de dolor en el pecho al que admitió en la unidad de cuidados intensivos 
coronarios. Frank podía cambiar su ritmo cardiaco a voluntad pensando en lo que su dolor de pecho 
significaba para él. Le dijo al doctor Dossey que si permitía que el dolor significara un ataque al corazón, 
inmediatamente se ponía nervioso pensando en su corazón lesionado, sus arterias bloqueadas, la pérdi- 
da de su trabajo y la posibilidad de otro ataque al corazón. Pero si pensaba que ese dolor sólo significaba 
lo mismo que un dolor muscular o una indigestión, se sentía aliviado y su ritmo cardiaco se desacelera- 
ba. Dossey descubrió que el monitor cardiaco de Frank actuaba a modo de «medidor de significado». Lo 
mismo vale para los miofibromas. 

Cuando volví a ver a Louise, siete meses después de su primera visita, había encontrado un em- 
pleo en otro estado, en una emisora de radio donde su trabajo era muy valorado. Había comprendido el 
grado de pérdida asociado con el hecho de que sus hijas se hubieran ido de casa y se había tomado el 
tiempo necesario para lamentarlo. Mientras hacía entrevistas en la nueva ciudad, comprendió que la 
relación con su marido había sido insatisfactoria durante años, y que en realidad seguían juntos por sus 
hijas. Lo vio claramente y comenzó sus planes para divorciarse, lo cual hicieron de mutuo acuerdo. Des- 
pués encontró un nuevo compañero, algo que jamás había soñado que le ocurriría y que ni siquiera bus- 
caba. Esa relación resultó ser muy sensual y significativa para ella. También cambió su dieta de forma 
importante y dejó de tomar productos lácteos. Guando la examiné, su miofibroma casi había desapareci- 
do. Prácticamente había cambiado por entero la energía de sus chakras primero y segundo. 

PAULA: miofibromas Y aborto. De vez en cuando veo a mujeres cuyos miofibromas parecen estar rela- 
cionados con uno o varios abortos. Cuando digo «relacionados con» no quiero decir «causados por». El 
aborto, en muchos estudios, no ha sido asociado con efectos físicos adversos en el cuerpo. Los problemas 
que tienen las mujeres después de abortar, si es que tienen alguno, están relacionados con el significado 
que tiene el Aborto en su vida y en la sociedad en que viven. 

Paula vino a verme para un examen anual en 1987, a los 36 años. Había abortado tres veces, 
cuando era adolescente y veinteañera, y no tenía hijos. No conozco las circunstancias de los abortos, 
aparte de que ella hablaba de ellos con naturalidad. Pasados los treinta años, desarrolló miofibromas y 
llevaba al menos cinco años sufriendo de dolor pelviano. Cuando la vi se sentía bien y sana, y pensaba 
que su bienestar se debía a la siguiente historia: «Tenía cada vez más problemas de hemorragias entre 
reglas y dolor pelviano. No me hacía ninguna gracia la perspectiva de operarme o tomar hormonas, de 
modo que fui a ver a un curandero indio. El me dijo que tenía que liberar a los espíritus de los seres que 
habían estado conmigo antes de los abortos. Realizó un rito liberador durante el cual literalmente vi salir 
volando alas blancas de mi vientre. Lloré durante horas, de pena y alivio. Después de eso, se me norma- 
lizaron las reglas y desde entonces no he vuelto a tener ni un solo día de dolor». 

La historia de Paula es un extraordinario ejemplo del poder sanador que tiene la liberación emo- 
cional. Aunque yo le palpé un útero agrandado con miofibromas del tamaño de ocho semanas, eso era 
un problema que sólo precisaba controles regulares. Me dijo que era un alivio para ella poder contarle su 
historia a un médico, ya que estaba segura de que la mayoría se reirían y pensarían que estaba loca. A 
eso se debe, lógicamente, que los médicos rara vez escuchen estas historias de maravilla y sanación de 
sus pacientes. Esas historias son comunes, y sin embargo se guardan en secreto porque con demasiada 
frecuencia son descartadas o desdeñadas con aire de superioridad por los profesionales médicos. 

La verdadera sanación —no simplemente la curación del cuerpo o el alivio de la ansiedad men- 
tal — supone la transformación de nuestro campo energético y nuestra conciencia. En las mujeres cuyas 
historias acabo de referir, la sanación llegó porque cada una de ellas creó un significado de su miofibro- 
ma, su problema menstrual u otros síntomas. Los científicos pueden alegar todo lo que quieran sobre si 
es posible lo que sugiero, pero para mí, quedarme atrapada en esa discusión sería participar en el siste- 
ma adictivo. Es infinitamente más deseable continuar con la sanación. 



7 

Los ovarios 



[...] Ella canta inspirada en el conocimiento de los ovarios, un conocimiento que le viene de lo más profundo 
del cuerpo, de lo más profundo de la mente, de lo más profundo del alma. 

Clarissa Pinkola Estes 

Desde el punto de vista de la medicina energética, los ovarios son el equivalente femenino de los testícu- 
los masculinos. Se pueden considerar los «cojones femeninos», porque representan exactamente eso mis- 
mo en el mundo. Cuando un hombre se lanza al mundo a realizar actos de dificultad o valor que requie- 
ren manipular el mundo exterior, de cosas o personas, se dice que «tiene cojones». Para salir al mundo 
una mujer, particularmente a un mundo orientado a los hombres, necesita «tener cojones», pero ella de- 
be usar su energía ovárica. No deberá tratar de imitar al hombre, porque su relación con el mundo exte- 
rior puede afectar adversamente a sus ovarios y su campo energético. Para mantener la salud necesita 
aprender a usar sus «cojones» de un modo favorecedor de la vida. 

Nuestra sabiduría ovárica representa nuestra creatividad más profunda, ésa que espera nacer de 
nuestro interior, ésa que sólo puede nacer a través de nosotras, nuestra capacidad creativa única, sobre 
todo en cuanto se relaciona con lo que creamos en el mundo exterior. Biológicamente, cuando una mujer 
ovula, el óvulo atrae hacia él el espermatozoide enviándole una señal. El óvulo se limita a esperar que 
llegue el espermatozoide, no lo busca activamente. La creación biológica resultante, un bebé, tiene su 
propia vida y su propia conciencia conectadas a las de su madre, pero también separadas de ellas. Aun- 
que la madre influye profundamente en su desarrollo y su crecimiento, estos están al mismo tiempo se- 
parados de ella. La madre no puede usar su voluntad para obligar a su bebé a crecer más rápido; tampo- 
co puede usar su voluntad para determinar cuándo va a nacer. Y una vez que el bebé nace, ella debe 
reconocer que tiene y siempre tendrá una vida y una personalidad propias, aun cuando haya sido creado 
de su carne y su sangre. 

De modo similar, todas las creaciones que proceden de lo más profundo de nuestro interior, de 
nuestra sabiduría ovárica, sean bebés, libros u obras de arte, tienen una vida propia que tenemos la res- 
ponsabilidad de iniciar y permitir, pero no de controlar. No podemos forzar nuestra creatividad más 
profunda. Hemos de darle tiempo y espacio para desarrollarse y crecer en armonía con su propio ritmo 
interior. Como las madres biológicas, en cuanto mujeres debemos estar abiertas a la unicidad de nuestras 
creaciones con sus energías e impulsos propios, sin tratar de obligarlas a tomar una forma predetermi- 
nada. Nuestra capacidad de ceder a nuestra creatividad, de reconocer que no podemos controlarla con el 
intelecto, es la clave para comprender nuestro poder ovárico. Hemos de permitir que ese poder se mani- 
fieste en nosotras. 

La sociedad trata de controlar la creatividad mediante la imposición de fechas límite (a veces, el 
factor tiempo literalmente limita nuestra creatividad), cuotas e índices de productividad. Una colega 
mía, que siempre ha tenido los ovarios muy sanos, hacía experimentos científicos como ayudante de 
investigación en un laboratorio. El director del laboratorio siempre le decía exactamente qué deseaba que 
produjera. Una vez, por ejemplo, quería que elaborara una célula artificial llamada «liposoma». Ella 
siempre trataba de crear el modelo de célula llevando el experimento según las indicaciones predetermi- 
nadas del director, usando su voluntad y su intelecto para forzar y controlar el método, pero cada vez 
que lo hacía le salía mal y la célula artificial no funcionaba. Se sentía muy frustrada. Entonces miraba 
más allá de la exigencia concreta del director y se preguntaba: «¿Qué es lo que quiero saber en esta situa- 
ción? ¿Cómo puedo descubrir más acerca de un aspecto de la vida haciendo este experimento? ¿Qué 
puede enseñarme esto sobre las células en general?». Entonces conectaba con las posibilidades más am- 
plias inherentes al experimento. Invariablemente ideaba un experimento que daba mucha más informa- 
ción de lo que se había esperado de ella. El resultado final no era nunca exactamente el que le había pe- 



dido el director, pero normalmente era más valioso y enriquecedor. En el experimento con el liposoma 
acabó creando no sólo un modelo de célula artificial, sino también un diseño experimental que podía 
servir para producir una vacuna contra una enfermedad grave. Un subproducto de eso fue que el direc- 
tor quedaba siempre entusiasmado con sus resultados y finalmente aprendió a dejarla idear sus experi- 
mentos sin entrometerse. Su trabajo científico era brillante. Al permanecer fiel a su sabiduría creativa 
más profunda, sus resultados finales beneficiaban a todos. La suya era creatividad femenina en toda su 
magnificencia. Eso lo podemos hacer en nuestra vida y nuestro trabajo considerando siempre cómo está 
conectada una tarea con las demás, recordando nuestras interconexiones y cómo un acto puede construir 
puentes hacia otros. 

Anatomía 

Los ovarios son esos órganos pequeños, de forma oval y color perla situados debajo de las trompas de 
Falopio, uno a cada lado del útero. Producen los óvulos (u ovocitos). La mujer tiene en sus ovarios el 
mayor número de óvulos que va a tener jamás, alrededor de 20 millones, cuando es un feto de 20 sema- 
nas en el vientre de su madre. A partir de ese momento comienza a perderlos. Nuestro reloj biológico 
para la reproducción echa a andar incluso antes de que nazcamos. 

Los ovarios producen óvulos alrededor de una vez al mes a partir de los catorce o quince años, a 
veces antes, a veces después. A partir de la primera menstruación, la ovulación tarda dos o tres años en 
regularizarse, así como a partir de la menopausia tarda unos años en acabar completamente. Dado que la 
ovulación siempre produce un pequeño quiste en el ovario, es muy común que los ovarios tengan pe- 
queñas zonas quísticas, que son el resultado de nuevos óvulos en desarrollo o de ovulaciones que ya se 
han producido. Cuando el óvulo comienza a desarrollarse cada mes, a su alrededor se forma una zona o 
vesícula llena de líquido nutritivo, que lo envuelve o aisla del resto del ovario. Esta zona llena de líqui- 
do, llamada «quiste», es fisiológica y totalmente normal, un hecho que muchas mujeres no valoran. En la 
ovulación, cuando se expulsa el óvulo y este es cogido por la trompa de Falopio, el quiste se rompe, co- 
mo parte del proceso ovulatorio, y el líquido que lo rodea, llamado «líquido folicular», es también libe- 
rado en la cavidad pelviana junto con el óvulo. 

Después de la ovulación, en el espacio donde estaba el óvulo, comienza a desarrollarse otra pe- 
queña zona quística llamada «cuerpo lúteo», que comienza a secretar progesterona. El cuerpo lúteo es 
finalmente reabsorbido por el ovario. Con frecuencia ocurre que comienza el proceso de desarrollo del 
óvulo y se forma un pequeño quiste, pero no se produce la ovulación en ese determinado sitio. En ese 
caso va a quedar allí el pequeño quiste por un tiempo. Dado este proceso mensual de desarrollo ovular y 
formación de quiste, es perfectamente normal que una mujer tenga pequeños quistes ováricos llenos de 
líquido en casi cualquier momento a lo largo de toda su vida reproductiva. De hecho, casi siempre hay 
pequeños quistes en los ovarios. 

Siempre que se hace un examen pelviano por ultrasonido (ecografía), a causa de dolor, miofi- 
broma u otra razón, también se examinan los ovarios y entonces se ven estos quistes. Los quistes peque- 
ños, de uno a tres centímetros, son casi siempre normales, porque producir estos pequeños quistes fisio- 
lógicos que vienen y van forma parte de lo que hacen los ovarios normales. Gestan pequeños óvulos, 
pequeños quistes o, como se dice en el lenguaje de la medicina energética, nuevas ideas rebosantes de 
potencial. 

Durante todo el ciclo vital, los ovarios también producen hormonas, entre ellas el estrógeno, la 
progesterona y los andrógenos, aunque la cantidad que producen cambia (y no necesariamente para 
disminuir) según la edad de la mujer. Antes se creía que los andrógenos, un tipo de hormona que se 
relaciona con la libido, eran producidos casi totalmente por las suprarrenales, que son las glándulas en- 
docrinas situadas encima de los ríñones. Pero diversos estudios realizados durante las dos últimas déca- 
das han establecido que, tanto antes de la menopausia como después, los ovarios producen una impor- 
tante cantidad de andrógenos, tal vez hasta un 50 por ciento de la provisión total del cuerpo. 1 

Se solía pensar que los ovarios quedan esencialmente inactivos después de que la mujer deja de 
menstruar, pero en la actualidad se está revaluando su papel en la segunda mitad de la vida. Algunos 
estudios sugieren que no deben extirparse quirúrgicamente los ovarios, porque conservan su capacidad 
para producir hormonas esferoides durante varias décadas después de la menopausia. 2 Partes de los 



ovarios sí se reducen de tamaño pasados los 30 años, y sí pierden masa con más rapidez a partir de los 
45 más o menos, pero no son las masas de tejido fibroso inerte que se creía que eran. 

A medida que la mujer envejece, sólo se produce regresión en una parte de los ovarios, la parte 
llamada «teca». La teca es la cubierta externa del ovario donde se desarrollan y crecen los óvulos y don- 
de se forman los quistes fisiológicos. En la edad madura hay regresión de la teca, pero la parte más inte- 
rior del ovario, llamada «estroma interna», se activa bastante por primera vez en la vida. 3 Es decir, cuan- 
do se está acabando una función comienza otra. Este proceso merece ser estudiado mucho más de lo que 
ha sido estudiado hasta el momento. En la segunda mitad de la vida, los ovarios siguen produciendo 
cantidades importantes de una hormona llamada «androstenodiona», que es un tipo de andrógeno. Esta 
substancia suele convertirse en estrona (un tipo de estrógeno) en los depósitos de grasa corporal. Los 
estudios han demostrado que los ovarios pueden producir progesterona y estradiol incluso después de 
la menopausia. Estas hormonas son importantes en la prevención de la Osteoporosis y también para 
mantener la energía y la libido. 4 

Hasta hace bastante poco, la menopausia se ha estudiado principalmente como una «enfermedad 
carencial». Dada esta actitud cultural hacia la menopausia, los científicos han estudiado este proceso 
natural solamente para descubrir lo que falta. Si ideáramos estudios de mujeres posmenopáusicas en los 
que se partiera de la base de que los ovarios son activos y útiles, probablemente descubriríamos cada vez 
más cosas del papel de los ovarios en el mantenimiento de un equilibrio normal de nuestro cuerpo con el 
paso del tiempo. Los ovarios deberían valorarse como órganos dinámicos que forman parte de la sabidu- 
ría de nuestro cuerpo durante toda la vida, no como algo inútil o potencialmente dañino para nosotras 
una vez que hemos pasado los cuarenta. 

Algunas tradiciones antiguas apoyan esta visión. En las culturas taoístas, se cree que los ovarios 
contienen grandes cantidades de la fuerza vital que produce energía sexual constantemente. Se pueden 
aprender los ejercicios especiales de «respiración ovárica» para liberar la energía vital que producen y 
«almacenan» los ovarios con el fin de revitalizar los demás órganos del cuerpo, mientras la persona logra 
un estado superior de conciencia. La energía sexual ovárica se convierte así en chi (energía vital) y shen 
(energía espiritual). 5 Aprender la respiración ovárica y otras técnicas de meditación taoísta requiere 
tiempo y disciplina, pero simplemente saber que los ovarios tienen una energía y una actividad especia- 
les, además de producir la siguiente generación de personas, puede ser muy sanador emocionalmente. 

Cuando la mujer no hace caso de su sabiduría creativa interior debido a miedos o inseguridades 
sobre el mundo exterior, pueden presentarte problemas de ovarios. Pueden surgir situaciones en las que 
la mujer se considera dominada o criticada por fuerzas externas a ella. Las amenazas económicas o físi- 
cas del mundo exterior afectan a los ovarios, sobre todo si ella cree que no tiene posibilidad de mitigar- 
las. Así, una mujer que es abandonada por su pareja o se siente estresada en el trabajo, podría tener pro- 
blemas ováricos si cree que no tiene forma de escapar de su situación y que el mundo «exterior» le impi- 
de cambiar. Así como las tensiones de la vida pueden ser causa de problemas uterinos, también pueden 
causar problemas ováricos. Los problemas uterinos y ováricos suelen estar íntimamente relacionados, 
pero también hay diferencias entre ellos. La energía primaria que atañe a los problemas uterinos es la 
percepción de la mujer que la hace creer que no puede, no debe o no se merece liberarse de una situación 
limitadora o crearse soluciones que la apoyen y sustenten. El útero está muy estrechamente ligado al 
tercer chakra y a la autoestima. Se producen problemas uterinos cuando las inseguridades personales y 
emocionales de la mujer le impiden expresar plenamente su creatividad. En esos casos, ella cree que ca- 
rece de los recursos interiores necesarios para hacerlo; es decir, es «ella» quien se lo provoca. 

Los problemas ováricos, por otra parte, son consecuencia de que la mujer cree que las personas y 
circunstancias exteriores a ella le impiden ser creativa, es decir que «ellos» se lo provocan. Hay otra 
energía que sólo afecta a los ovarios, no al útero: la de la venganza y el rencor, o el deseo de desquitarse. 
La zona del tercer chakra es la parte del cuerpo donde tradicionalmente llevamos las armas, como las 
pistolas o los cuchillos, y la cartera. Cuando la mujer utiliza sus armas para permitirse ser muy crítica o 
vengarse, son sus ovarios los que están en peligro, no su útero. 

Los tumores benignos de ovario difieren del cáncer solamente en el grado de energía emocional 
implicada. El cáncer en la zona ovárica está también relacionado con una extrema necesidad que tiene la 
mujer de autoridad o aprobación masculinas, cuando sus necesidades emocionales son su última priori- 
dad. Una mujer que corre el riesgo de cáncer ovárico es aquella que piensa que no tiene suficiente poder, 



sea económico o de otro tipo, para abandonar o cambiar incluso una situación de maltrato. A diferencia 
del cáncer de útero, que puede estar incubándose durante años, el de ovario suele desarrollarse bastante 
rápido debido a un trauma psicosocial precipitador, como, por ejemplo, que su pareja le anuncie que la 
va a abandonar. 6 

Una amiga mía desarrolló un quiste ovárico cuando comenzó a darse cuenta de que no le conve- 
nía su trabajo y que su relación con su marido no era mutuamente sustentadora. Durante ese mismo 
periodo él comenzó una aventura extraconyugal. Tratar el quiste le sirvió para comprender que había 
problemas reales en su vida cotidiana que tenía que resolver, y que su cuerpo estaba materializando sus 
insatisfacciones emocionales y, en su sabiduría, estaba atrayendo su atención hacia su necesidad de cui- 
dar de sí misma. 

Una de mis pacientes, Beverly, tenía un largo historial de endometriosis y, cuatro años antes de 
que yo la conociera, le habían extirpado el ovario derecho debido a un tumor benigno. Cuando vino a 
verme, estaba aquejada de dolores intermitentes relacionados con el ovario izquierdo. Le preocupaba la 
idea de que tal vez sería necesario extirparle también ese ovario. Sólo tenía 32 años y no quería tomar 
hormonas artificiales para reemplazar las naturales de su cuerpo. Estaba dispuesta a trabajar hacia el 
nivel más profundo de su sanación interior. En la ecografía vimos que en el ovario había pequeños quis- 
tes, como resultado de la endometriosis. La intuitiva médica Caroline Myss le hizo un diagnóstico; este 
reveló que durante toda su vida Beverly había truncado sus necesidades creativas para satisfacer las 
exigencias de su familia, que vivía cerca. Además, detestaba su puesto ejecutivo de mucho poder que le 
ocupaba unas sesenta horas semanales. 

Caroline le dijo que no se pondría bien mientras no se tomara al menos una hora de tiempo crea- 
tivo diario sólo para ella. Durante ese tiempo tendría que olvidar todas sus expectativas de productivi- 
dad. Simplemente debía dejar fluir su creatividad de la forma que esta necesitara. A Beverly siempre le 
habían gustado las telas y tenía mucha habilidad para las labores de aguja. Comenzó a instalarse cada día 
a crear muñecas de apariencia muy mágica, que según ella «parecían tener vida propia». Me contó que 
las muñecas le dictaban cómo querían verse y qué querían llevar. Cuando me trajo unas cuantas a la 
oficina, me maravillaron y le compré dos para regalárselas a mis hijas por Navidad. Al permitirse ese 
tiempo creativo, finalmente le desapareció el dolor pelviano. Le volvía a intervalos, cuando se quedaba 
atrapada en las exigencias del mundo externo a expensas de su trabajo creativo. Con su insistente voz, su 
ovario se convirtió en un barómetro personal que le indicaba si estaba dejando fluir su creatividad inna- 
ta. Ha comenzado a cambiar todo su enfoque de la vida. Las muñecas que nacen a través de ella también 
continúan evolucionando y cambiando. 

Quistes ováricos 

Las mujeres estamos hechas para expresar nuestra naturaleza creativa a lo largo de toda nuestra vida. 
Nuestras creaciones irán cambiando y evolucionando a medida que crezcamos y nos desarrollemos. 
Nuestros ovarios también están siempre cambiando, formando y reabsorbiendo esos pequeños quistes 
fisiológicos. Mientras expresamos la creatividad que fluye desde nuestro más profundo interior, nues- 
tros ovarios se conservan normales. Cuando de alguna manera se bloquea nuestra energía creativa, pue- 
den producirse y persistir quistes grandes y anormales. Esos bloqueos de energía que producen quistes 
ováricos pueden ser consecuencia del estrés. El estrés no es necesariamente negativo; por ejemplo, una 
mujer puede tener un trabajo que le gusta, pero a veces descuida su necesidad de descanso. El resultado 
puede ser un quiste. 

El lado izquierdo del cuerpo representa el aspecto artístico, reflexivo y femenino, mientras que el 
lado derecho es la cara más analítica y masculina. Cada mujer tendrá que decidir por su cuenta lo que 
significa esto, pero la mayoría de quistes ováricos que veo son del lado izquierdo, lo cual simboliza, creo 
yo, lo femenino herido en esta cultura. 7 Muchas mujeres tratan de imitar la forma de ser masculina en el 
mundo, que no siempre conviene a sus necesidades interiores. Cuando Caroline Myss me hizo el primer 
diagnóstico energético, me dijo que si hubiera continuado en el grupo médico en que trabajaba, en me- 
nos de un año habría desarrollado un quiste ovárico no fisiológico que probablemente habría requerido 
una operación. Ya se estaba formando en mi campo energético corporal. 



En las mujeres premenopáusicas en general, los quistes que miden menos de cuatro centímetros 
de diámetro se consideran normales. Se llama «funcional» a un quiste ovárico cuando su formación es 
parte del proceso de ovulación. Un quiste mayor de cuatro centímetros se puede observar unos cuantos 
meses para ver si desaparece. Un quiste anormal puede contener líquido, sangre y desechos celulares 
bajo la superficie que recubre el ovario o dentro de su propia estructura. 

Quistes ováricos funcionales sintomáticos 

Quistes foliculares. Muchos quistes ováricos que crecen hasta medir más de cuatro centímetros de 
diámetro y persisten después de dos o tres ciclos menstruales son en realidad funcionales. Esos quistes 
se forman cuando el folículo, que es el quiste fisiológico en el cual se desarrolla el óvulo, no crece ni ex- 
pulsa el óvulo de modo normal. Cuando esto ocurre, es posible que el folículo ovárico continúe crecien- 
do hasta pasado el momento en que debería haber tenido lugar la ovulación. A veces crece hasta medir 
siete u ocho centímetros de diámetro y puede ser doloroso. En los informes de las ecografías, a estos 
quistes se los llama «uniloculares y de pared delgada», lo cual quiere decir que están constituidos por 
una sola acumulación de líquido dentro de una membrana delgada. Por lo general desaparecen solos, 
pero algunos persisten y es necesario extirparlos quirúrgicamente. Si bien algunos médicos recetan pil- 
doras anticonceptivas para detener el proceso ovulatorio y permitir así que se reduzca el quiste, las pil- 
doras más nuevas no contienen suficientes hormonas para parar el ovario e influir en el quiste. 

QUISTES Lúteos. Otro tipo de quiste funcional es el llamado «cuerpo lúteo». Se forma un cuerpo o quis- 
te lúteo cuando el óvulo maduro sale de su folículo en la ovulación. Este proceso va acompañado a veces 
de una pequeña hemorragia en el lugar de la ovulación en la cápsula del ovario —y en ocasiones tam- 
bién en la cavidad pelviana— en el momento en que el óvulo sale del ovario. 

Algunos quistes ováricos son totalmente asintomáticos, mientras que otros producen dolor. El 
dolor puede ser agudo y punzante si, por ejemplo, el quiste se rompe y derrama su contenido en la cavi- 
dad pelviana, o sordo y más extendido si el trastorno es más crónico, como ocurre en muchos casos de 
endometriosis del ovario. A veces la ovulación va acompañada de un pequeño dolor, causado por la 
entrada de sangre en la cavidad pelviana; se conoce como «dolor medio». La sangre que entra en una 
cavidad quística o en la cavidad pelviana suele causar dolor porque dilata la cápsula ovárica (el tejido de 
la superficie del ovario). Este dolor puede durar de unos cuantos minutos a unos cuantos días. Si conti- 
núa la hemorragia en la membrana quística durante más de unas horas, el cuerpo lúteo se convierte en lo 
que se llama «cuerpo hemorrágico», es decir, «cuerpo que sangra». El sangrado de un cuerpo hemorrági- 
co puede durar varias horas e incluso días, y a veces imita un embarazo ectópico (tubárico). Puede ir 
acompañado de hemorragia vaginal. Los quistes hemorrágicos suelen desaparecer solos, pero pueden 
ser causa de varios días de dolor. Muy de vez en cuando la hemorragia no se para y se hace necesaria 
una intervención quirúrgica, normalmente con laparoscopio. 

La mayoría de las veces este procedimiento detiene la hemorragia y no es necesario extirpar el 

ovario. 

La mayoría de los quistes ováricos funcionales se diagnostican por examen de la pelvis seguido 
por una exploración ultrasónica. Se examinan y comparan ambos ovarios para estar seguros de que lo 
que se palpa es un quiste ovárico y no otra cosa, como un miofibroma, por ejemplo. 

Ninguno de estos dos tipos de quistes ováricos funcionales (folicular y lúteo) conduce al cáncer. 
Algunas mujeres tienen frecuentes síntomas mientras que otras sólo los tienen alguna vez en su vida. Lo 
más importante que hay que tener en cuenta es que estos quistes se pueden formar en cuestión de unas 
pocas horas o días, porque nuestro cuerpo es capaz de producirlos con rapidez. También pueden desa- 
parecer rápidamente. 

Quistes neoplásicos BENIGNOS. Dado que los ovarios contienen células capaces de proliferar para 
formar seres humanos completos, también contienen células capaces de proliferar para formar una am- 
plia variedad de quistes y tumores, reflejando nuestra enorme capacidad creadora. Cuando nuestra ex- 
presión creativa está frustrada, esta energía creativa nos llama la atención hacia ella mediante el cuerpo y 
se manifiesta en el ovario en lugar de introducirnos suavemente en el mundo exterior. La educación mé- 



dica convencional enseña que la causa de los quistes ováricos no se conoce, a menos que sean los de la 
variedad «funcional» y estén relacionados con la ovulación. 

Los quistes ováricos no funcionales benignos se producen cuando empiezan a reproducirse esas 
células del ovario que no están relacionadas con la ovulación. Suele usarse el adjetivo «neoplásico» 
cuando se habla de estos y otros tumores, sean benignos o malignos. «Neoplasia» simplemente significa 
«nueva formación de tejido». 

Otros quistes. Además de los quistes foliculares, lúteos, hemorrágicos y neoplásicos benignos, hay al- 
gunos quistes ováricos que son de carácter sólido y no desaparecen pasados dos o tres ciclos menstrua- 
les. Se supone que estos quistes son tumores ováricos producidos por algo ajeno a la ovulación. Requie- 
ren más exploración y tratamiento por medios quirúrgicos, porque mientras no se extraiga tejido para 
examinarlo al microscopio, no es seguro que sea benigno. Ocasionalmente he tenido pacientes que llevan 
muchos años con quistes ováricos detectables en el examen pelviano y visibles en una ecografía, pero 
que no cambiaban en ningún sentido ni causaban síntomas. Estas mujeres saben que corren un riesgo, 
en el sentido convencional, al no ser intervenidas quirúrgicamente. Algunas están dispuestas a correr ese 
riesgo y continuar años con sus ovarios no tocados ni diagnosticados. Si bien mi formación no recomien- 
da ese sistema, y siempre ofrezco un enfoque quirúrgico según el criterio médico estándar, también res- 
peto la decisión de personas adultas bien informadas de evitar la cirugía. 

Ovarios poliquísticos 

Muchas mujeres tienen un trastorno llamado «ovarios poliquísticos», que son una señal de mal funcio- 
namiento hormonal. Se trata de un trastorno complejo porque también influyen en él las emociones, los 
pensamientos, la alimentación y la historia personal de la mujer. 

Actualmente no se considera una enfermedad, si bien algunos médicos lo llamaban «enfermedad 
poliquística de los ovarios». Es más bien el resultado final de una compleja serie de sutiles interacciones 
hormonales. Unos cuantos casos son congénitos y por lo tanto vienen de familia, pero en la mayoría no 
hay ningún vínculo hereditario conocido. La medicina convencional no sabe explicar por qué ni cómo se 
produce este trastorno, pero sí sabemos que está muy relacionado con el exceso de grasa corporal. Alre- 
dedor de un 50 por ciento de las mujeres con ovarios poliquísticos tienen exceso de grasa corporal. Las 
mujeres que tienen la cintura muy ancha en relación con las caderas (figura en forma de manzana) son 
más propensas a tener disfunciones ováricas. 8 El principal problema que acompaña a los ovarios poli- 
quísticos es que los ovarios no producen óvulos y el cuerpo produce demasiados andrógenos, y en con- 
secuencia las menstruaciones podrían cesar o volverle muy irregulares. Los andrógenos se producen 
naturalmente, tanto en los hombres como en las mujeres, pero en las mujeres con ovarios poliquísticos el 
nivel de andrógenos es más elevado del normal, muchas veces debido al elevado nivel de insulina en 
circulación. 9 Es importante que la mujer comprenda esta conexión, porque está relacionada con muchas 
Otras enfermedades. El nivel elevado de insulina en la sangre aumenta el nivel de andrógenos en circu- 
lación, lo cual a su vez conduce a un mayor riesgo de obesidad, diabetes, enfermedad cardiaca, hiperten- 
sión e hirsutismo (excesiva vellosidad facial). 10 Un nivel de andrógenos constantemente elevado obstacu- 
liza el desarrollo cíclico normal de los óvulos, impidiéndoles crecer hasta llegar a la madurez completa. 
Cuando el ciclo hormonal normal de la mujer está inhibido por la producción excesiva y permanente de 
andrógenos, ni ella ni sus ovarios van a experimentar los cambios cíclicos naturales que acompañan la 
actividad ovárica normal. Sus niveles hormonales permanecen estáticos. Los ovarios entonces contienen 
muchos quistes pequeños producidos por óvulos subdesarrollados. En el examen ultrasónico, los ovarios 
se ven agrandados, con múltiples quistes pequeños bajo toda la superficie (de ahí el nombre de ovarios 
poliquísticos). 

La conexión mente-cuerpo en la amenorrea 

Siempre que una mujer tiene un problema en algo tan complejo como el proceso ovulatorio, sabemos 
que podría haber un problema del mecanismo regulador del ciclo menstrual, que está en el cerebro. El 
hipotálamo se ve afectado por factores emocionales y psíquicos, como el estrés y los sufrimientos repri- 
midos del pasado, los cuales pueden ser causa de disfunción del ciclo menstrual. Dado que la mayor 



parte de las causas de amenorrea son de naturaleza hipotalámica, lo cual significa que están de algún 
modo relacionadas con alteraciones en el delicado equilibrio entre los niveles de neuropéptidos cerebra- 
les, todavía muy incomprendidos, es posible que el hipotálamo tenga algo que ver con los ovarios poli- 
quísticos. En las mujeres que tienen este trastorno, la liberación cíclica de las hormonas hipotalámicas 
está cambiada respecto a como es en las mujeres que ovulan normalmente. No se sabe si este cambio es 
consecuencia o causa del problema ovárico. Si bien no se ha estudiado la relación del estrés con los ova- 
rios poliquísticos, las tensiones que se han relacionado con la amenorrea funcional pueden darnos una 
pista respecto a cómo las emociones y la historia personal de la mujer podrían afectar a su ciclo mens- 
trual y su actividad ovárica. Esto podría aplicarse también a las mujeres con ovarios poliquísticos, de 
modo que remito a lo que dije sobre el ciclo menstrual en el capítulo 5. 

Entre las tensiones que, según se ha descubierto, suprimen la actividad ovárica y el ciclo mens- 
trual, están los sentimientos negativos respecto al hecho de ser mujer y sentirse subordinada o inferior. 
He descubierto que cuando una mujer ha crecido oyendo que las mujeres somos inferiores, una parte de 
ella no desea ser ni hacerse mujer. En algunas, estos sentimientos negativos podrían actuar en el cuerpo 
para que deje de ovular y se vuelva un ser «andrógino». 11 De hecho, en estudios realizados con monas se 
ha comprobado que las que están en posición de subordinación social suelen experimentar dificultades 
en la ovulación. 

En algunos estudios se ha comprobado que las mujeres que no ovulan suelen estar tensas y ner- 
viosas, y son más dependientes y menos productivas mentalmente que las que ovulan. Es posible que 
también tengan rabia reprimida contra su madre. Algunas se sienten culpables y temerosas por necesitar 
del cuidado y la protección de sus padres, y también temen perder esa protección. Cuando crecen, esto 
se puede manifestar como amenorrea, un intento de «parar» el proceso de convertirse en mujeres total- 
mente maduras. 12 

Tratamiento de los ovarios poliquísticos 

Dado que en la mayoría de los casos de ovarios poliquísticos la medicina estándar no conoce la causa, el 
tratamiento está orientado solamente a calmar los síntomas. Por lo tanto, en la actualidad se recetan pil- 
doras anticonceptivas o progestina para provocar periodos menstruales cíclicos. Estos tratamientos no 
tratan la falta de ovulación ni el estado hormonal del cerebro, aunque pueden ser útiles. Las pildoras 
anticonceptivas y la progestina también impiden el exceso de estimulación hormonal en el revestimiento 
del útero. Estos agentes, por lo tanto, disminuyen el riesgo de cáncer uterino, que podría ser consecuen- 
cia de los años de acumulación de revestimiento uterino si la mujer no tiene su menstruación. Si bien las 
pildoras anticonceptivas y otras terapias hormonales previenen algunos de los riesgos y síntomas que 
acompañan a los ovarios poliquísticos, sólo enmascaran parcialmente el problema y nunca tratan la cau- 
sa de fondo. 

Antes, en los casos de ovarios poliquísticos se practicaba una operación quirúrgica para extirpar 
una parte de cada ovario, una operación llamada «resección en cuña». Esto a veces provocaba una dis- 
minución de los niveles hormonales (al reducirse la cantidad de ovario, también se reduce la cantidad de 
hormonas que produce) y, en algunos casos, se restablecía la actividad cíclica. En otras mujeres, sin em- 
bargo, la operación provocaba cicatrices y adherencias. Actualmente esta operación se practica muy rara 
vez. 

En las mujeres que desean quedarse embarazadas, a veces se puede inducir la ovulación con 
medicamentos. El más usado es el citrato de clomifeno (Clomid). 

Las siguientes medidas pueden servir para restablecer la actividad ovulatoria cíclica en caso de 
tener ovarios poliquísticos: 

• Obsérvate atentamente en busca de mensajes negativos que puedas haber interiorizado en la in- 
fancia respecto a ser una mujer fértil. Trabaja en sacar a la conciencia esos mensajes para que ya 
no dominen tu cuerpo ni tus ovarios. Una de mis pacientes, a la que le habían diagnosticado ova- 
rios poliquísticos tres años antes de venir a verme, comprendió que había interiorizado una mala 
sensación por ser mujer debido a que fue violada por su padre; inconscientemente culpaba a su 
madre por no haberla protegido y a causa de eso consideraba impotentes a las mujeres. Cuando 



tomó conciencia de esos mensajes, dejó de tomar pildoras anticonceptivas (para los ovarios poli- 
quísticos) y comenzó a celebrar su naturaleza femenina; se le restablecieron solas las reglas y 
ovulaciones en unos seis meses. (También necesitó que yo le dijera que los ovarios poliquísticos 
no tenían por qué ser para ella un trastorno crónico con el que debía cargar toda la vida.) 

• Restablece el flujo emocional cíclico. Permítete sentir toda la gama de reacciones emocionales an- 
te los acontecimientos de tu vida. Trata de escribirlas en un diario para descubrir el ritmo natural 
de tus emociones y estados anímicos. ¿Están relacionados con las estaciones, la hora del día y 
otros ciclos? Lleva la cuenta de las fases de la Luna en un calendario; es bien sabido que el ciclo 
de crecimiento y mengua de la Luna influye en el ciclo menstrual. Si vives cerca del mar, lleva la 
cuenta de las mareas. Como ya he dicho, simplemente prestar atención a las pistas ambientales, 
entre ellas la luz, la Luna y las mareas, puede regular el ciclo menstrual y la fertilidad de la mu- 
jer.13 Restablece el flujo ovulatorio cíclico mediante la conexión con la luz y la naturaleza. Expon- 
te a la luz natural tanto como te sea posible. La luz natural afecta al hipotálamo y la pituitaria e 
influye en la ovulación. Duerme con la luz encendida durante tres días al mes (véase p. 179). In- 
cluso podría ser útil comprar una fuente de luz de espectro completo y tenerla en casa, sobre to- 
do durante los meses de otoño e invierno. 

• Nutre tu cuerpo totalmente con una dieta de alimentos integrales, rica en nutrientes, que equili- 
bre los niveles de insulina y glucagón y los eicosanoides (la dieta recomendada para el síndrome 
premenstrual, la endometriosis y los miofibromas). La pérdida de grasa corporal aumenta la sen- 
sibilidad a la insulina y normaliza su secreción, con lo cual se normaliza también el nivel de azú- 
car en la sangre y se reduce el exceso de andrógenos. Las mujeres que padecen de diabetes de 
adulto suelen mejorar inmensamente su salud con este método. 14 

• Toma un buen suplemento de vitaminas y minerales. Un sistema dietético que nutre el cuerpo to- 
talmente también va a sintonizar a la mujer con su lado espiritual e intuitivo. Esto sirve para res- 
tablecer el flujo emocional y suele normalizar los niveles hormonales y aliviar los síntomas de los 
ovarios poliquísticos. 

• Usa una crema de progesterona al 2 por ciento como se indica en la sección sobre el síndrome 
premenstrual, para aliviar los síntomas del exceso de estrógeno. 

Historias de mujeres 

Las siguientes historias describen la manera en que varias de mis pacientes han aprovechado sus quistes 
ováricos para cambiar y mejorar su vida. Estas historias muestran a mujeres que despiertan a los mensa- 
jes que les envía su cuerpo y luego cambian su vida. El mensaje para todas nosotras está particularmente 
claro: poner atención a la forma en que participamos inconscientemente en el sistema adictivo y nos de- 
jamos arrastrar por autoridades externas en lugar de hacer caso a nuestra guía interior. 

Gail: Aceleración cristalizada. Hace años que Gail y yo somos amigas. En 1989 me consultó por pri- 
mera vez por un quiste ovárico persistente que, finalmente, cuando se acercaba a los cuarenta, fue nece- 
sario operar. He aquí su historia: 

En 1984, durante un examen ginecológico de rutina, una médica me encontró un quiste ovárico grande en el lado 
izquierdo. Esta pulcra doctora del SoHo de Nueva York me anunció que eso era peligroso y que había que extir- 
parlo lo antes posible. Después tendría que guardar cama de cuatro a seis semanas, me dijo. Ella, lógicamente, es- 
taría encantada de hacer la operación. Todo eso duró unos quince minutos. 

Yo me aterré y quedé totalmente abatida. En ese tiempo no me conocía lo suficiente para saber por qué 
me asustaba tanto esa información. Como era mi costumbre en esa época, cubrí el terror aumentando mi ac- 
tividad y poniendo la marcha en directa. Eso me resultaba facilísimo en 1984, ya que dirigía una iniciativa por la 
paz mundial que me obligaba a viajar a varios continentes diferentes en un mes. Además de tapar mis sentimien- 
tos con la acción, tenía una fuerte intuición de que ese quiste ovárico ni era tan urgente ni tan grave como parecía 
pensar la doctora. No me hice la operación. 

Transcurrieron varios años y la verdad es que no pensaba demasiado en el quiste. Yo era un guerrero 
acelerado, que estaba cambiando el mundo y la vida de muchas personas sin hacer caso de la mía. Si bien gran 
parte de esta actividad era positiva y tenía un sentido muy profundo para mí, mi vida estaba desequilibrada. 

A fines de 1987 murió mi padre. Aunque tenía 85 años y había llevado una vida plena, yo no tenía idea 
del impacto que eso tendría en mí. Experimenté una especie de crisis espiritual. A través de lo que yo considero 
pura gracia, una amiga me recomendó un terapeuta que podría ayudarme. Mi viaje con ese hombre maravilloso 



me cambió la vida. Con consumada habilidad y una excepcional amabilidad, me capacitó para reconocer y sanar 
muchas partes de mí misma que hasta entonces yo había tenido miedo de mirar. Una cosa importantísima para 
mi sanación fue entender que yo había traicionado mi parte femenina/ madre y había tomado partido por mi par- 
te masculina/padre. Durante gran parte de mi vida esto había tenido por consecuencia una lealtad absoluta a ha- 
cer por encima de ser, a pensar por encima de sentir, y al mundo exterior por encima del mundo interior. Para mí 
eso era una profunda traición personal, a la vez que un símbolo de la traición social colectiva a lo femenino que 
ha herido tan profundamente a nuestra cultura. 

Comencé a ver mi quiste ovárico como una manifestación física de esa parte guerrera y masculina de mi 
personalidad, que me hacía estar tan acelerada todo el tiempo. Le puse el nombre de «aceleración cristalizada». 
Había traicionado a mi lado femenino más profundo hasta tal punto que ese quiste guerrero estaba ocupando li- 
teralmente la mayor parte del espacio del centro creativo femenino de mi cuerpo. Ya había crecido hasta el tama- 
ño de un pomelo grande. 

Aunque comencé a tener más claridad emocional y espiritual respecto al quiste, seguía con el problema 
de cómo tratarlo en el aspecto físico. Jamás lo sentía, no tenía absolutamente ningún dolor. Más bien era una es- 
pecie de presencia amenazadora que me recordaba que algo en mí estaba desequilibrado. 

En otoño de 1991 Gail vino a verme. Las últimas ecografías mostraron que el quiste estaba comenzando 
a crecer otra vez y que su interior estaba cambiando, volviéndose más sólido y denso. Cuando el quiste se solidi- 
fica quiere decir que sus partes líquidas son reemplazadas por más células y un tumor. Se estaba haciendo más 
fuerte. Pensé que ella ya lo había observado el tiempo suficiente y que esos cambios significaban la posibilidad de 
que las células se convirtieran en precancerosas. (Si la persona no hace caso de la sabiduría del cuerpo que se 
anuncia por medio de un tumor, este suele necesitar hablar más fuerte y con mayor claridad. Así pues, podría 
crecer más rápidamente y volverse sintomático. Los quistes ováricos no fisiológicos tienen la capacidad de crecer 
con mucha rapidez, según las circunstancias.) Además, Gail estaba comenzando a sentir opresión en la vejiga. Le 
recomendé operarse, ya que me pareció que ese persistente quiste, que estaba cambiando, le agotaba la energía. 
Como hemos visto, un tejido no sano literalmente «agota» las moléculas necesarias para el metabolismo celular 
de los tejidos sanos circundantes. (Véase el capítulo 4.) 

Una consulta con Caroline Myss confirmó mis sospechas. Su evaluación fue que el quiste estaba «des- 
pertando» y activándose; tenía la capacidad de crecer rápidamente en las circunstancias adecuadas. Caroline 
pensaba que debería extirparse antes de que transcurrieran tres meses. Confirmó que el tumor se había desarro- 
llado debido al conflicto de Gail entre sus necesidades personales interiores y las exigencias de su mundo exte- 
rior. También dijo que la diferencia de energía entre Gail y su marido estaba en su punto más extremo; ella se 
sentía atraída hacia lo femenino arquetípico, silencioso y reflexivo, mientras que él (que también era su compañe- 
ro de trabajo) estaba en el apogeo de reconocimiento y actividad en el mundo exterior. Ese era un reconocimiento 
del que Gail podía participar si quería. Ella sentía agudamente la competición entre esa «energía que la atraía ha- 
cia dentro desde el centro de su ser» y la necesidad de éxito en el mundo exterior, para lo cual había trabajado 
durante años. Si no participaba de ese éxito mundano, la cultura consideraría que lo «sacrificaba todo inútilmen- 
te». A pesar de ese conflicto entre sus mundos interior y exterior, su profunda sabiduría ovárica la estaba atra- 
yendo más que nunca hacia dentro. Este es un ejemplo clásico del tipo de competición en energía y lenguaje cor- 
poral que hiere a las mujeres en los ovarios. 

Gail accedió a hacerse la operación si la realizaba yo, porque confiaba en mí. Como parte de su prepara- 
ción, trabajó con un grupo que hacía estudios espirituales. Entre otras cosas, este trabajo consistía en una especie 
de meditación guiada en la que visualizaba la operación en imágenes arquetípicas, con su aspecto masculino y 
guerrero instalado detrás de la cama del hospital protegiendo su emergente aspecto femenino y místico. Así lo 
recuerda ella: 

El guerrero acariciaba suavemente la frente de la mística. Al final de la operación, mi mística le entrega- 
ba el quiste al guerrero, quien lo cogía y se inclinaba profundamente ante ella. Esta imagen tuvo un significado 
muy profundo para mí. En ese momento comprendí que mediante la operación se equilibraría algo muy viejo en 
mi esencia misma. 

Junto con este cambio de guardia mítico, otra amiga me orientó en una meditación varios días antes de 
la operación. Tuve un diálogo con mi quiste. Lo visualicé dentro de una bola de oro. Le dije que estaba dispuesta 
a soltar su «aceleración cristalizada». Estaba dispuesta a poner equilibrio entre mi aspecto guerrero exterior y mi 
aspecto místico y reflexivo interior. De verdad ansié eso para mi sanación. 

Durante esa segunda meditación le di permiso a Chris [Northrup] para que me abriera el cuerpo y saca- 
ra el quiste. Medité sobre la extirpación del quiste. Sentí un vasto espacio en el cuerpo, el color turquesa del mar 
Caribe sanándome y limpiándome. En ese turquesa infinito apareció el linaje femenino de mi familia, una larga 
fila en la que estaban mi hermana, mi madre, mi abuela, etcétera. Ellas me agradecieron que recuperara mi yo 
femenino para mí y para ellas. 

Así imbuidos su mente y su corazón con esas imágenes sanadoras, Gail se preparó un bolso de 
remedios con cosas que tenían sentido para ella. Entre otras, unos cristales que le habían regalado, pie- 



dras especiales de la playa que le encantaban, fotos de su madre y su abuela y algunos juguetes infanti- 
les. Hizo su maleta y partió para Maine, a hacerse la operación en el hospital donde yo opero. Después 
diría: 

Mi marido y dos de mis más queridas amigas estuvieron conmigo antes y después de la operación. Su presencia 
creó un centro sereno, amoroso y alegre del cual pudiera desplegarse mi operación-iniciación. 

La operación fue sobre ruedas y armoniosamente. Chris extirpó el quiste que había reemplazado a mi 
ovario izquierdo. Me dijo que tenía hermosos y sanos el útero y el ovario y la trompa derechos. Cuando les ense- 
ñó el quiste extirpado a mis queridas amigas, una de ellas dijo que se parecía a los músculos enrojecidos que 
abultan el cuello de un corredor que se esfuerza demasiado. La aceleración misma. 

Después de la operación sentí un poco de dolor y un efecto moderado de la anestesia. A los dos días salí 
del hospital con una sensación tremendamente positiva de mi aventura allí. Mi cuerpo comenzó el milagroso 
proceso de sanarse. 

Estoy disfrutando de un tiempo de retiro sanador. Es demasiado pronto para comprender todo lo que 
ha cambiado y ocurrido en mí. Lo que sí sé es que he enfrentado a uno de mis más temidos dragones y que gra- 
cias a eso soy una persona más plena y rica. Sé que puedo pedir apoyo cuando tenga miedo y sé que soy amada y 
cuidada por muchos seres queridos. Sé que he cambiado y he equilibrado una vieja asociación conmigo misma, 
en la cual el guerrero baila valses con la mística. 

En muchos casos de quistes ováricos grandes y complejos, como el de Gail, el tejido ovárico sano 
es sustituido casi del todo por el del quiste y prácticamente no hay manera de distinguir el tejido sano 
del no sano; por lo tanto, es necesario extirpar todo el ovario. 15 Sin embargo, Gail continúa bien. El modo 
mismo en que consideró su quiste, su hospitalización y el cuidado posoperatorio es un buen ejemplo de 
cómo dejar entrar en la vida una energía más femenina, intuitiva y sustentadora, parte de la lección que 
aprendió de su ovario izquierdo. 

Mary Jane: Casada con el trabajo. Mary Jane es una bióloga molecular que se ha pasado toda su vida 
profesional trabajando en instituciones dominadas por hombres. Cuando estaba en el instituto deseaba 
estudiar física y matemáticas avanzadas, pero su padre, profesor de física, le dijo que era mejor que es- 
tudiara mecanografía, porque le sería mucho más útil. Como muchos hombres de su generación, creía 
que su hija sólo se casaría y tendría hijos y que no sacaría provecho de esa educación superior. Finalmen- 
te Mary Jane continuó estudiando hasta obtener un título superior en ciencias, y ha publicado muchos 
más artículos científicos que su padre. Aunque estuvo casada una vez y se divorció, y tiene una hija, su 
matrimonio fue insatisfactorio para ella desde el comienzo. Después se casó con su trabajo. 

Mary Jane ha sido paciente mía durante unos años, siempre viajando desde otro estado a mi con- 
sulta en Maine para su examen anual. En uno de esos exámenes le palpé un quiste de siete centímetros 
en el ovario izquierdo, que fue confirmado por una ecografía. Dado que estaba muy dispuesta a trabajar 
con los síntomas de su cuerpo de modo consciente, le dije que esta manifestación estaba allí para ense- 
ñarle algo sobre sus problemas del segundo chakra, concretamente sus relaciones y SU creatividad. Le 
aconsejé que hablara con su ovario para ver qué quería decirle. Mi plan era volver a examinarla más o 
menos tres meses después. 

Un diagnóstico energético hecho por Caroline Myss reveló que el quiste estaba lleno de rabia, la 
rabia de la violación. También tenía «energía cancerosa». Eso no es lo mismo que cáncer físico, pero 
avanza hacia él. Caroline era de la opinión de que el quiste tendría que extirparse pronto. Si bien no ha- 
bía cáncer en ese momento, la energía de la rabia en el quiste era muy fuerte. 

Después de la lectura intuitiva de Caroline, Mary Jane comenzó un diálogo con su ovario. «Des- 
cubrí que estaba lleno de rabia, de una sensación de abandono y de envidia. Pero también había amor. 
Aunque había sentido ese amor alguna vez, no supe expresarlo. Necesitaba un lugar donde poner todo 
eso, y se me fue al ovario.» 

Pidió una excedencia del trabajo. Había decidido hacerse la operación debido al aviso de Caroli- 
ne Myss. Yo apoyé su decisión y le dije que no debía considerar la operación una renuncia a sus capaci- 
dades autosanadoras. La operación puede ser una opción muy sanadora, y le permitiría avanzar rápi- 
damente en la sanación de su vida en todos los aspectos. Su sanación personal implicaba trabajar en sa- 
nar su relación con su padre y con su trabajo. 



Se operó y todo fue bien. El quiste era benigno. Durante el periodo posoperatorio inmediato, pa- 
só por un proceso de profundo duelo y dejó marchar la inalcanzable visión de la relación con su padre 
que siempre había deseado pero no pudo tener. Comprendió que sus ansias de aprobación paterna, que 
nunca había llegado, le habían marcado una pauta de relaciones insatisfactorias con los hombres, que 
también afectaba a su trabajo y sus relaciones laborales. Comprendió que tenía que liberar a su padre de 
sus expectativas y exigencias. Comprendió también que sus investigaciones habían sido un método para 
conquistar la aprobación de sus compañeros, y no algo hecho simplemente por la alegría del descu- 
brimiento científico. Cuatro semanas después, cuando vino a su control de seguimiento, la encontré fa- 
bulosamente bien, y agradecida a su ovario por mostrarle una verdad sobre su vida que el intelecto no 
veía. Mary Jane aprovechó el tumor ovárico como un viaje transformador que volvió a conectar la sabi- 
duría de su cuerpo con la alegría del trabajo de su vida. 

Conny: Creatividad truncada y necesidad de aprobación externa. Conny tenía 38 años cuando se le 
desarrolló un quiste benigno de seis centímetros en el ovario izquierdo. Se le extirpó quirúrgicamente, 
dejándole algo de tejido ovárico normal. Durante el tiempo en que se le desarrolló el quiste había estado 
tratando de decidirse a tener un hijo. Durante el periodo de la operación habíamos hablado sobre cómo 
podía aprovechar al máximo la experiencia con el quiste para cambiar y crecer. Ella sabía que su trabajo 
la ahogaba. Deseaba muchísimo seguir sus deseos de hacer cerámica y en realidad era muy buena para 
eso; siempre lograba vender lo que tenía tiempo para hacer. Pero su trabajo le reportaba «grandes bene- 
ficios». Le dije que considerara si valía la pena que se matara por sus «beneficios». 

Un año después de la operación, volvió a mi consulta, aquejada del dolor en el lado izquierdo 
que había sufrido cuando tenía el quiste ovárico. Esta vez no había ningún quiste, pero el dolor era el 
mismo. Descubrió que tan pronto como llegaba al trabajo le comenzaba el dolor e iba empeorando. Ya se 
había operado una vez. Las condiciones que habían desembocado en el quiste, la energía de su cuerpo, 
no habían cambiado en realidad. 

Conny comprendía intelectualmente su dilema, y sabía que algo tenía que cambiar, pero siempre 
que pensaba en dejar el trabajo para seguir sus instintos creativos, en lo más profundo de su interior 
escuchaba la voz de tu padre que le decía: «Eres tonta si dejas la seguridad de tu trabajo. Hacer arte no es 
trabajo, es un pasatiempo. Eso es lo que se hace después del horario laboral». Desde niña había llevado 
esa creencia de su padre; su trabajo representaba la aprobación paterna. Así permitía que fuerzas ex- 
teriores a ella controlaran su creatividad innata. Mientras tanto negaba la rabia y la ira que acompañaban 
a su situación. 

Le pedí que considerara qué haría si le dieran seis meses de vida. Lo pensó muchísimo. Final- 
mente, agotada, deprimida y dolorida, pidió una excedencia de tres meses, con la aprobación de su em- 
presa, para considerar sus posibilidades. El dolor desapareció casi de inmediato, le volvió la energía y su 
lado artístico comenzó a florecer. El desafío era equilibrar tus necesidades creativas con su trabajo. 

Cuando volvió al trabajo después del permiso, la colocaron en un puesto distinto, uno en que no 
tenía que tratar directamente con el público, sino trabajar detrás de las bambalinas procesando docu- 
mentos y facturas. El cambio le fue bien a sus necesidades sólo por un tiempo; no era un trabajo gratifi- 
cante y muchos aspectos de su vida continuaban dominados por su necesidad de aprobación de sus pa- 
dres y sus jefes. Al cabo de tres meses de un examen pelviano totalmente normal, se le había desarrolla- 
do un tumor precanceroso en el ovario izquierdo. Le estaba creciendo tan rápidamente que notaba un 
bulto en la pared abdominal que no estaba allí una semana antes. Al extirparlo se descubrió que era un 
«tumor limítrofe», es decir que está a medio camino entre benigno y maligno. En el momento de la ope- 
ración el tumor se veía limitado al ovario izquierdo, de modo que después de consultarlo con un oncólo- 
go ginecológico sólo se le extirpó el ovario izquierdo, dejando a Conny con el útero y el ovario derecho 
normales. 

Sin embargo, ella se dio cuenta de que a un nivel celular profundo su creatividad estaba desespe- 
rada por expresarse y que su cuerpo no se conformaría con nada que no fuera su entrega total a su sabi- 
duría interior. Dejó su trabajo y se pasa todo el tiempo que puede haciendo cerámica. Tiene proyectado 
volver a la escuela a estudiar medicina holista. La última vez que la vi se había levantado el velo de de- 
presión que la había rodeado los tres años anteriores. Se está transformando en la plenitud de su yo crea- 
tivo. Nunca ha sido mejor la relación con sus padres. Está haciendo las paces con el hecho de que tal vez 



ellos nunca comprendan sus necesidades creativas, pero eso no significa que no pueda tener una buena 
relación con ellos. También ha comprendido que no puede responsabilizarlos de esos años en que ella 
optó por reprimir su creatividad. El mensaje de su ovario lo considera una «patada en el trasero» que 
realmente necesitaba. Está agradecida. 

Cáncer de ovario 

Muchos ginecólogos estadounidenses están formados para extirpar los ovarios pasados los cuarenta 
años si a la mujer se le hace cualquier tipo de operación pelviana. El motivo para hacer esto es prevenir 
el cáncer de ovario. Sin embargo, el cáncer de ovario afecta a una de cada ochenta mujeres en Estados 
Unidos. Esto significa que a millares de mujeres de todo el país se les extirpan órganos normales para 
«prevenir» una enfermedad que en realidad va a afectar a muy pocas de ellas. Miles de mujeres van a 
quedar privadas de los beneficios esenciales que aportan estos órganos productores de hormonas. De 
hecho, la extirpación prematura de los ovarios se asocia a un mayor riesgo de Osteoporosis y enferme- 
dad cardiaca, así como de muchísimos síntomas menopáusicos, entre ellos el adelgazamiento de la piel, 
lo cual da una apariencia envejecida y posiblemente una mayor propensión a las magulladuras y lesio- 
nes. 16 

Sin embargo, en esta cultura la medicina se concentra en la extirpación de ovarios por sus posi- 
bles beneficios en la prevención del cáncer y quita importancia a cualquier factor adverso relacionado 
con esa extirpación. La extirpación de los ovarios para prevenir el cáncer ovárico se basa en las siguien- 
tes suposiciones: 1) que la extirpación «profiláctica» de los ovarios durante la histerectomía está relacio- 
nada con la menor incidencia de cáncer de ovario, y 2) que las hormonas propias de la mujer pueden ser 
fácilmente sustituidas por medicamentos hormonales. Pero los estudios han demostrado que la primera 
suposición no siempre es cierta. 17 

En ausencia de enfermedad ovárica, es mejor dejar los ovarios en su lugar, a no ser que se haya 
identificado un riesgo genético muy claro, es decir que la mujer tenga una o más parientes directas que 
hayan tenido cáncer de ovario. Las hormonas sintéticas no pueden igualar la compleja mezcla de andró- 
genos, progesterona y estrógeno que producen los ovarios normales. Si consideramos el comportamiento 
de las pacientes al tomar sus medicamentos, incluyendo descuidos al tomarlos y otros factores de irregu- 
laridad que impiden la absorción y acción del fármaco, conservar los ovarios tiene por consecuencia una 
mayor supervivencia 18 

Necesitamos otro enfoque para impedir el sacrificio inútil de nuestros ovarios. Comprender la 
sabiduría y la energía ováricas es la clave. El cáncer de ovario podría ser consecuencia de la energía de la 
rabia o el rencor tío expresados, codificados en la zona del segundo chakra del cuerpo. Es posible que la 
mujer no conozca conscientemente esta codificación. Pero esa energía podría estar presente en una mujer 
cuyo marido o jefe está siempre enfadado con ella o que tal vez la maltrate. O podría aceptar que el tra- 
bajo la agobie, la «maltrate», y esto afectaría del mismo modo a sus ovarios. La mujer que permanece en 
este tipo de relación o de trabajo debido al miedo del abandono físico, emocional o económico no cree en 
su Capacidad interior para cambiar sus circunstancias. No está conectada con su poder innato, y puede 
que su cuerpo intente llamarle la atención mediante los ovarios, sobre todo si siente rencor o rabia, o 
culpa a otras personas de sus circunstancias. (Recordemos que el útero tiene una energía más pasiva que 
los ovarios.) 

Si bien es posible que tenga otras opciones, esa mujer cree conscientemente que está obligada en 
contra de su voluntad a permanecer en esa relación o ese trabajo. Está dominada inconscientemente por 
el comportamiento del que hablamos en el capítulo 4, el arquetipo de la violación. Si la mujer permanece 
en una relación negativa en la que se siente continuamente violada, ya sea emocional o físicamente, des- 
de la perspectiva de la energía es violada. Ni ella ni su pareja prepotente o su situación laboral opresiva 
reconocen su dignidad innata ni su poder interior creativo, y por lo tanto su dignidad también es viola- 
da. Esa mujer suele sentirse paralizada por la rabia, una energía que, si se reconoce y se expresa, podría 
servirle para generar un cambio. Otra parte de su parálisis es la creencia de que su trabajo, su marido u 
otro factor externo tiene dominio sobre ella. Finalmente, es posible que su herida emocional no haya sido 
confirmada o atestiguada en cierto aspecto o grado. Sin embargo, en la mayoría de las situaciones de 
atropello en que las mujeres se sienten impotentes, rara vez el marido, el jefe u otra autoridad externa 



asume su responsabilidad en ese abuso continuado; también son incapaces de validar la herida. Para 
enfrentarse con esto, las mujeres en esas situaciones suelen culparse a sí mismas o absorber su rabia y su 
furia en lo más profundo de su interior. Con frecuencia tienen miedo de que, si llegaran a expresar sus 
sentimientos, serían abandonadas. La mujer en esta situación puede comenzar a prestar atención a la 
sabiduría de su cuerpo, y su guía interior puede ayudarla a generar los cambios necesarios en su vida. 

El síndrome de los grilletes de oro 

Desde el punto de vista epidemiológico, el cáncer de ovario está ligado a una posición socioeconómica 
elevada. Las mujeres de posición social más elevada suelen sufrir del síndrome de los «grilletes de oro», 
es decir, una situación en que la mujer se siente desgraciada en su matrimonio e incluso desprecia a su 
marido o su trabajo, pero ese mismo marido o trabajo le proporciona los recursos económicos que le 
permiten tomarse vacaciones caras, vivir en una hermosa casa y pertenecer a un elegante club de campo. 
Temiendo perder todos esos «beneficios» si abandona su situación, la mujer continúa en ella, acumulan- 
do sus emociones en su cuerpo y sintiéndose desgraciada y en cierto modo atrapada. 

He conocido en mi consulta a varios maridos de mujeres que padecen de cáncer de ovario, y sen- 
tido de un modo palpable la energía de la crítica que emana de ellos. Recuerdo haberme sentido vulne- 
rable, en guardia y a la defensiva en su presencia. Aunque no dijeran nada, estaba segura de que en si- 
lencio estaban criticando todo lo referente a mí y mis métodos. Al final de una visita, uno de ellos me 
estrechó la mano ¡sin mirarme! Cuando ese hombre se marchó con su mujer, le comenté a mi enfermera: 
«¿Cómo puede una mujer convivir con esa energía cada día? Sólo con estar en su presencia me he senti- 
do golpeada». 

La diversidad de tipos de cáncer de ovario es tan amplia que hablar en detalle de todos ellos es- 
capa al alcance de este libro. En esencia, el cáncer de ovario se produce cuando algún tipo de célula ová- 
rica comienza a proliferar formando un tejido anormal. El cáncer de ovario puede extenderse con mucha 
rapidez. Casi todos los ginecólogos que conozco han tenido la experiencia de ver a una mujer con un 
examen pelviano normal que de tres a seis meses después tiene la pelvis invadida por un cáncer de ova- 
rio que se ha extendido y diseminado con mucha rapidez. 

Factores posibles 

La medicina convencional no sabe qué causa el cáncer de ovario, aunque epidemiológicamente está rela- 
cionado con una dieta rica en grasas y el consumo de productos lácteos. Estos factores ambientales pue- 
den obstruir el organismo cuando ya hay bloqueos de energía en el segundo chakra y desviar las células 
hacia la enfermedad. Hay estudios que han comprobado que las enfermas de cáncer de ovario consu- 
mían un 7 por ciento más de grasa animal de lo que es sano, en forma de mantequilla, leche entera y 
carne roja, y comían más yogur, requesón y helado. 19 Cuanto más elevada es la posición socioeconómica 
y más suculenta es la comida, mayor es el índice de cáncer de ovario. 

Se sabe que la incidencia de cáncer de ovario es mayor en aquellos países en los que hay más 
consumo de productos lácteos (Suecia, Dinamarca y Suiza), y menor en los países donde menos se con- 
sumen estos productos (Japón, Hong Kong y Singapur). 20 La galactosa, el azúcar que se produce durante 
la digestión de los productos lácteos, se ha asociado con el cáncer de ovario. El requesón y el yogur pare- 
cen ser los peores culpables de la producción de esta toxina para el ovario, porque en estos alimentos los 
azúcares lácteos están «predigeridos» y ya convertidos en galactosa. El cuerpo ni siquiera necesita dar 
este paso. Mientras tanto, las mujeres que tienen intolerancia a la lactosa y que por lo tanto no consumen 
productos lácteos corren menos riesgo de contraer cáncer de ovario. 

Varios estudios han relacionado el tipo más común de cáncer de ovario, llamado «cáncer epite- 
lial», con el uso de polvos de talco, aplicados ya sea en los genitales externos o en las compresas sanita- 
rias. El talco puede entrar en la cavidad pelviana a través de la vagina y el cuello del útero y pasar a los 
ovarios por las trompas de Falopio. 21 El talco y posiblemente otras substancias podrían irritar la mem- 
brana que recubre el ovario y ser así un factor de riesgo de cáncer de ovario. Se ha demostrado experi- 
mentalmente, por ejemplo, que partículas de carbono aplicadas a la zona de la vulva pueden entrar en la 
vagina a través de los órganos pelvianos en poco tiempo. 22 

Otros factores relacionados con el cáncer de ovario son: 



• Diversas toxinas que envenenan los oocitos (células originales de los óvulos) podrían aumentar 
el riesgo de contraer cáncer de ovario. 

• La radiación, el virus de las paperas, los hidrocarburos policíclicos (que se encuentran en el hu- 
mo de los cigarrillos, la cafeína y el ácido tánico). 

• Niveles elevados de gonadotropinas. Aunque no todos los estudios respaldan esto, se ha teoriza- 
do que el motivo de que las pildoras anticonceptivas disminuyan el riesgo de cáncer de ovario es 
que bajan los niveles de gonadotropinas y por lo tanto disminuyen la estimulación ovárica. 23 A la 
inversa, los fármacos para la fertilidad elevan los niveles de gonadotropinas, lo cual se ha consi- 
derado el motivo de que estos fármacos se hayan asociado al cáncer de ovario. 24 

• Niveles permanentemente elevados del andrógeno androstenodiona. Los investigadores que 
descubrieron esta conexión no lograron demostrar ninguna relación entre los niveles elevados de 
gonadotropinas y el cáncer de ovario, pero encontraron una conexión relativamente fuerte entre 
los andrógenos y el cáncer de ovario. 25 

Varios estudios han demostrado una importante reducción del riesgo de cáncer de ovario, de 
hasta un 37 por ciento, después de una ligadura de trompas o una histerectomía. 26 La explicación podría 
ser, en parte, que después de cualquiera de estas dos operaciones el conducto desde los órganos genita- 
les externos a la cavidad pelviana interna queda permanentemente bloqueado. 

Lo que estos datos sugieren es que las mujeres preocupadas por la posibilidad de cáncer de ova- 
rio harían bien en evitar consumir productos lácteos, sobre todo yogur y requesón, pasados los 35 años, 
que es cuando normalmente tienden a subir los niveles de gonadotropinas. Estos datos no sugieren que 
todas las mujeres mayores de 40 años deban tomar anticonceptivos orales, dado que estos también tie- 
nen efectos secundarios y riesgos. 

Diagnóstico 

Uno de los mayores problemas para diagnosticar el cáncer de ovario en sus primeras fases es que los 
síntomas son muy pocos. Suelen citarse vagas molestias abdominales, como indigestión, por ejemplo. 
Lamentablemente hay un buen número de otros problemas que pueden producir también esas moles- 
tias. 

Con mucha frecuencia se diagnostica el cáncer de ovario en sus fases avanzadas, pero entonces 
ya no se considera curable. Todavía no contamos con ningún método de exploración bien probado para 
diagnosticarlo en sus primeras fases, y mucho menos para prevenirlo. En la actualidad, son centenares 
las mujeres que piden que se les haga una ecografía y el análisis de sangre llamado Ca-125, que com- 
prueba la presencia de antígenos del tumor, es decir, las proteínas que se desprenden de la superficie de 
las células cancerosas. Por desgracia, ninguna de estas dos pruebas da una respuesta garantizada a la 
pregunta: «¿Tengo cáncer de ovario?» 27 Esta es la irónica situación actual de la exploración del cáncer de 
ovario. 

Un resultado elevado en el análisis Ca-125 en una mujer por lo demás normal genera mucha an- 
siedad y miedo. Sin embargo, un resultado positivo elevado no significa necesariamente cáncer de ova- 
rio. La endometriosis, los miofibromas, las enfermedades hepáticas y otros factores desconocidos tam- 
bién pueden dar esos resultados altos. Nadie puede garantizar que todo esté bien mientras no se realice 
una laparoscopia quirúrgica para explorar la pelvis. Esto requiere anestesia general. Si con la laparosco- 
pia no se detecta el origen de este elevado recuento de Ca-125, la mujer continúa con ansiedad y temor, 
preguntándose de dónde puede provenir esta anormalidad. 

Al mismo tiempo, si el nivel de Ca-125 en la sangre es normal, eso no garantiza que no tenga 
cáncer de ovario. (De las mujeres a las que se les han extirpado los ovarios, al 10 por ciento puede desa- 
rrollársele una forma de cáncer que se origina en el revestimiento peritoneal de la pelvis. Aunque este 
tipo de cáncer no se produce en el ovario, tiene la apariencia de un cáncer de ovario y actúa igual.) En 
resumen, en su mayor parte, los análisis Ca-125 no son ni fiables ni rentables en estos momentos y no 
deberían hacerse rutinariamente para explorar la posibilidad de cáncer de ovario. 



El cáncer de ovario, un dilema muy real para las mujeres y sus médicos, necesita un método 
diagnóstico totalmente diferente del que se ha usado durante al menos cuarenta años. Respecto a esto, 
no hace mucho uno de los oncólogos ginecológicos de nuestro centro dijo en un congreso: «Todo parece 
tener éxito al principio, pero nada resulta a largo plazo. Despiértenme cuando se haya encontrado». La 
interacción entre el sistema inmunitario, las emociones, la nutrición y los factores genéticos en el cáncer 
de ovario se merece más investigación de una manera nueva y creativa. 

Cáncer de ovario hereditario 

Una mujer con una hermana, la madre, una prima hermana materna, una tía materna u otro familiar 
directo que tiene o ha tenido cáncer de ovario corre un riesgo mayor del normal de contraer esta enfer- 
medad. El cáncer de ovario hereditario se hizo de conocimiento público por la historia de Gilda Radner. 28 
Algunas mujeres en cuya familia hay un historial de cáncer de ovario muy marcado (de un 20 a un 30 
por ciento de posibilidades de contraer la enfermedad) optan por una ooforectomía (u ovariectomía) 
profiláctica. Con frecuencia se recomienda la extirpación de los ovarios a estas mujeres una vez pasada la 
edad de fecundación. Sin embargo, en las mujeres que tienen un historial de cáncer de ovario en su fami- 
lia, la extirpación profiláctica de los ovarios no previene necesariamente la enfermedad. Incluso después 
de la extirpación es posible que se desarrolle un cáncer que no se puede distinguir del cáncer de ovario 
en las células del revestimiento de la cavidad pelviana. 29 

He observado que las mujeres que han visto morir de cáncer de ovario a una amiga muy querida 
se inclinan a hacerse extirpar los ovarios por miedo. Aunque esto puede que no sea científico, me parece 
que la mayoría de las decisiones importantes que tomamos en nuestra vida se basan en nuestra realidad 
emocional y no en las estadísticas. 

Siempre que una enfermedad viene de familia, hemos de comprender que no sólo estamos ante 
una simple cuestión de genética. Las actitudes también vienen de familia. Sería muy interesante estudiar 
solamente a aquellas mujeres de familias con historial de cáncer de ovario que no contrajeron la enfer- 
medad. Lo más probable es que esas fueran las mujeres que han roto el molde familiar y abandonado su 
tribu, tanto en el ámbito energético como físico. 

La ooforectomía durante otra operación en la pelvis 

Cuando una mujer decide hacerse una histerectomía para extirpar un útero con miofibromas u operarse 
de otro trastorno benigno, debe decidir si extirparse los ovarios también. Antes de la operación, le pre- 
gunto a cada mujer cuál es su grado de miedo al cáncer de ovario y le pido que compruebe qué piensa 
de sus ovarios. No siempre es posible conocer el estado de los ovarios antes de encontrarnos en el quiró- 
fano. Si entonces descubrimos que hay un problema, quizá sea necesario extirparlos. 

Si la paciente decide conservar los ovarios, sabe de todos modos que va a someterse a mi criterio 
durante la operación si encuentro que los ovarios están anormales. Mis pacientes saben que yo tiendo a 
ser «amiga de los ovarios». De vez en cuando trabajo con alguna mujer que desea estar despierta durante 
la operación, para que podamos hablar de esa decisión en ese momento. Esto me va bien a mí. Me niego 
a tomar una decisión por una paciente acerca de lo que se ha de hacer con sus ovarios. Cuando cada una 
de nosotras toma decisiones sobre su cuerpo entran en juego muchos factores, conscientes e inconscien- 
tes. 

Como te puedes imaginar, la mayoría de mis pacientes eligen conservar sus ovarios al hacerse la 
histerectomía, porque, como yo, valoran sus órganos femeninos. Si bien mi formación me llevó a creer 
que los ovarios deberían extirparse ya a los 35 años, ya hace mucho que he pasado esa edad y valoro mis 
ovarios como partes de mi cuerpo que continuarán funcionando y sustentándome todo el tiempo que 
viva. Sé que forman parte de mi sistema de guía interior y que me lo harán saber si es necesario hacer 
algún ajuste para su salud. 

La mayoría de los ginecólogos se forman en grandes centros universitarios donde, dada la natu- 
raleza de su especialidad, tratan a más mujeres con cáncer de ovario en una semana que los ginecólogos 
practicantes en una década. Así pues, los ginecólogos tienden a ver muchos más casos de cáncer de ova- 
rio durante sus años de formación que en su práctica posterior. Esto genera una actitud de prejuicio con- 
tra los ovarios. Es difícil tratar a una mujer que se está muriendo de cáncer de ovario, y muy doloroso 



verla. Puede haber mucho dolor, obstrucciones intestinales recurrentes, una gran acumulación de líqui- 
do en el abdomen y otras diversas secuelas terriblemente penosas. Un médico o una médica que ha visto 
morir a alguien de cáncer de ovario tiende a sentir prejuicios en su relación con los ovarios a partir de 
ese momento, aun cuando la mayoría de las mujeres no enfermen de ese cáncer. 

Uno de los hospitales donde trabajo es el principal centro médico de nuestro estado. Los oncólo- 
gos ginecológicos ven allí muchísimos casos de cáncer de ovario. Uno de nuestros patólogos comentó 
hace poco: «Le tengo un miedo mortal al cáncer de ovario. Voy a hacer que mi mujer se extirpe los ova- 
rios cuando llegue a los cuarenta. Incluso creo que debería hacerse una extirpación profiláctica de ma- 
mas también». No lo decía muy en serio, pero este médico se pasa los días haciendo autopsias a mujeres 
de todo el nordeste de Estados Unidos que han muerto de cáncer de mama y de ovario. En su trabajo ve 
diariamente los estragos que producen estas enfermedades. Abre los cuerpos y se encuentra con enor- 
mes tumores, y además recibe especímenes quirúrgicos en los que el útero, las trompas, los ovarios e 
incluso la vagina, la vejiga y el recto han sido reemplazados por el tumor. Ve la devastación producida 
por tumores de mama que han erosionado la pared torácica. No es de extrañar que piense y sienta como 
lo hace, y no es de extrañar que se recomiende tan encarecidamente la extirpación de los ovarios. 

Tratamiento estándar 

En los cuarenta últimos años no ha habido una reducción apreciable en los índices de mortalidad por 
cáncer de ovario. Es una enfermedad difícil de tratar. El tratamiento estándar es la intervención quirúr- 
gica, seguida a veces por quimioterapia y radioterapia, según lo extendido que esté. Para ciertos tipos de 
tumores pelvianos, el propio diagnóstico suele hacerse definitivamente en el momento de la operación. 
Sin mirar el interior del abdomen y hacer una biopsia, no hay manera de saber si el tumor ovárico es 
benigno o maligno. 

Si es maligno, normalmente el tratamiento consiste en extirpar los ovarios, las trompas, el útero, 
el epiplón (doble pliegue del peritoneo que parece un delantal y suele contener grandes depósitos de 
grasa) y cualquier tumor que se haya extendido a la pelvis. Hay unas pocas excepciones a este procedi- 
miento que escapan al alcance de este libro. En las fases muy tempranas la cirugía puede ser curativa. 

Historias de mujeres 

Una de mis pacientes que murió de cáncer de ovario sanó más su vida y sus problemas emocionales en 
su último mes de vida que en todos los años anteriores. Había pasado por una extensa intervención qui- 
rúrgica y había seguido también métodos dietéticos. Había hecho todas las cosas «correctas», pero los 
tumores se seguían desarrollando. La curación física no formaba parte de su sanación, pero en el curso 
de la búsqueda de la curación física le llegó la sanación. 

Un médico amigo mío que trabajaba con ella para aliviarle el dolor la condujo por un proceso de 
meditación durante una relajación profunda en el que le preguntó al cuerpo de ella qué era lo que ali- 
mentaba sus tumores. Ella contestó: «El miedo y la tristeza». Entonces él le pidió que recordara y volvie- 
ra a experimentar un momento en que no hubiera sentido ese miedo y esa tristeza. Ella volvió a la época 
en que era un feto de doce semanas en el útero de su madre. Su madre había tratado de abortar tomando 
una pastilla roja y blanca. En sus últimos días logró llevar a la conciencia esa información y contársela a 
su madre, la cual hacía muchos años que necesitaba sanar de ese incidente. Mi paciente murió en los bra- 
zos de su madre, sin dolor y finalmente libre de una pesada carga que había llevado toda su vida. 

El cuidado del útero y los ovarios, o espacio pelviano 

• Has de saber que la creatividad inherente simbolizada por tus ovarios está siempre presente para 
ti, estén estos físicamente en tu cuerpo o no. 

• ¿Hay alguna tarea o trabajo creativo que te haga detener el tiempo? ¿Hay alguna actividad en la 
que te sumerjas de tal manera que te olvides de comer? ¿Cuál es? 

Encuentra tiempo cada día para hacer algo creativo que tenga sentido para ti. Déjalo manifestarse en 
ti. 

• ¿Tiene vida propia alguna de tus creaciones pasadas? ¿Puedes celebrar ser la mujer que la dio a 



luz y después la liberó? ¿Estás aún aferrada a lo que has creado y tratando de controlarlo? 
Actualmente el mundo exterior necesita muchísimo tu poder creador. Este poder puede servirte 
muy bien a ti y servir a otras personas cuando accedes a él plenamente y no tratas de controlarlo 
ni de forzarlo. Reconoce tu poder ovárico. 



8 

La recuperación del erotismo 

Cuando hablo del erotismo, lo hago como una afirmación de la fuerza vital de las mujeres, de esa poderosa 
energía creativa cuyo conocimiento y uso recuperamos ahora en nuestro lenguaje, nuestra historia, nuestra 
danza, nuestro amor, nuestro trabajo, nuestra vida. 

AUDRE LORDE 

Somos seres sexuales 

Nuestra cultura relaciona la sexualidad con los genitales, aun cuando la expresión de la sexualidad su- 
pone mucho más que eso. Los seres humanos somos los únicos primates cuyo deseo y funcionamiento 
sexuales no están necesariamente relacionados con el ciclo reproductor. La sexualidad femenina implica 
dar y recibir placer sexual, además de la reproducción. De hecho, el clítoris es el único órgano humano 
cuya única función es generar placer sexual. La experiencia sexual de las mujeres no está determinada 
por nuestros genitales, ni se limita a los genitales externos, tomo tampoco la sexualidad masculina se 
define solamente por el pene. A decir verdad, está bien documentado que las mujeres que tienen lesiones 
en la médula espinal, y no pueden sentir nada más abajo de la cintura, son de todos modos capaces de 
tener orgasmos. Esto se debe a que el Cerebro puede recibir señales de respuesta sexual por otras vías 
distintas de la médula espinal. La doctora Gina Ogden, una conocida investigadora de la sexualidad, ha 
descubierto que algunas mujeres pueden tener orgasmos sólo pensando en cosas que las estimulan eróti- 
camente. 1 

La sexualidad es una función orgánica, normal, física y emocional de 

la vida humana. La vagina tiene una reacción sexual cíclica de lubricación cada más o menos 
quince minutos durante el ciclo del sueño, mientras que los hombres tienen erecciones. Durante la exci- 
tación sexual, el clítoris se llena de sangre y se vuelve muy sensible, la vagina se alarga y su tercio más 
interior se hincha, empujando hacia arriba el cuello del útero y el útero. Si se produce el coito después 
de una respuesta sexual femenina completa, esta forma cambiada de la vagina sirve para llevar los es- 
permatozoides hasta el cuello del útero, facilitando así la concepción. 

Algunas mujeres experimentan dolor durante el acto sexual si la penetración ocurre antes de que 
su excitación sea suficiente para levantar y quitar del camino el cuello del útero y el útero. En esos casos, 
es posible que se toquen los ovarios con las repetidas embestidas, causando dolor. En general esto no 
ocurre cuando su pareja le da tiempo suficiente para la excitación total antes del acto sexual propiamente 
dicho. 

Durante la excitación sexual, la vagina produce líquidos lubricantes de distintas fuentes. Secretan 
líquido lubricante las glándulas (de Bartholin y de Skene) situadas en el punto de encuentro de la vulva 
y la abertura de la vagina (introito). Durante la estimulación sexual, las propias paredes de la vagina 
producen un líquido llamado «trasudado». Algunas mujeres experimentan una efusión de fluido de la 
vagina durante el orgasmo, que recibe el nombre de «eyaculación femenina». La eyaculación femenina 
está formada por diferentes líquidos provenientes de distintas partes del sistema urogenital, entre ellas 
una glándula «prostética» femenina. 2 A este líquido se lo ha llamado amrita, o néctar divino. Un buen 
número de mis pacientes confunden esta eyaculación femenina con una pérdida de orina durante el or- 
gasmo, pero este líquido no es orina, aun cuando en parte sale por la uretra. Esta liberación de líquido, 
que podría equivaler a una taza o más por vez y que puede producirse más de una vez mientras se hace 
el amor, es un componente normal de la respuesta sexual femenina. Conocer su verdadera naturaleza es 
muy tranquilizador para las mujeres. 



Caroline y Charles Muir, una pareja que ha popularizado la antiquísima conexión entre sexuali- 
dad y espiritualidad, dicen que este néctar suele producirse cuando se activa (normalmente mediante 
una relación sexual tierna) una zona situada muy en el interior de la vagina llamada «el lugar sagrado», 3 
aunque no siempre es necesario el estímulo directo para que ocurra. La liberación del amrita puede pro- 
ducirse incluso sin orgasmo, como cuando una mujer «lo pierde» debido a la risa, la alegría o el amor. En 
estos casos, en realidad no «se pierde», sino que se convierte en la energía de la alegría o el amor, y la 
mujer, lejos de perder nada, gana la esencia de esos sentimientos de éxtasis. 4 Si bien cada mujer tiene la 
capacidad de experimentar esta efusión de néctar divino, sólo puede hacerlo aprendiendo a rendirse a la 
felicidad profunda, que puede ser sexual o no. 

Los Muir enseñan que ese «lugar sagrado», bien escondido muy en el interior de la vagina, suele 
ser el sitio donde las mujeres almacenan sus heridas y dolores personales relativos a la sexualidad. En 
muchas mujeres, las primeras veces que se excita ese lugar, la excitación suele ir acompañada de dolor o 
recuerdos desagradables. La mujer y su pareja que entiendan esto van a proceder con lentitud en su rela- 
ción sexual y a perseverar, y el dolor comenzará a sanar en todos los aspectos. Sanar de esta manera 
puede despertar a la mujer a una dicha que jamás ha conocido antes. 

Hace poco vino a verme para un control Elizabeth, una contable de 47 años que comienza a en- 
trar en la menopausia, y me contó lo siguiente: «Durante las vacaciones de Acción de Gracias conocí a un 
hombre maravilloso a través de un amigo común. Inmediatamente nos sentimos atraídos y comenzamos 
una relación. Cuando me hizo el amor por primera vez, fue algo tan hermoso... Pero en cierto momento, 
cuando me estaba estimulando la vagina, tuve un recuerdo relámpago del abuso sexual que sufrí en mi 
infancia. Comencé a temblar y a llorar. No pude evitarlo y me preocupó que fuera a creer que él había 
hecho algo mal. Pero me abrazó y me dijo que no pasaba nada, que él estaba a mi lado. Ahora, cuando 
hacemos el amor, todavía me altero un poco de cuando en cuando, pero ya no me dura tanto, y cada vez 
me siento más segura. También me ha aumentado el placer. No tenía ni idea de que pudiera ser tan ma- 
ravilloso estar con un hombre. Es amable y cariñoso, y se toma su tiempo. Me siento muy agradecida». 

Al margen del momento en que la mujer comience a recuperar y explorar su sexualidad, es útil sa- 
ber que, por su propia naturaleza, la sexualidad femenina es una experiencia sensorial total en la que 
interviene todo el cuerpo (no sólo los genitales). La sexualidad de la mujer puede incluir el contacto con 
alguien o no. No necesita una pareja ni una persona que signifique mucho para ella para estar conectada 
con su sexualidad. La sabiduría corporal de cada mujer le indica lo que le conviene sexualmente. En la 
sociedad actual, la predominancia de las relaciones sexuales, la adicción a las relaciones, la falta de auto- 
estima y el miedo al Abandono bloquean la capacidad de la mujer para escuchar la sabiduría y los men- 
sajes de su cuerpo. A veces, lo que una mujer desea sexualmente puede estar muy lejos de lo que nuestra 
cultura considera normal para las mujeres, e incluso puede ser similar a lo que culturalmente se conside- 
ra normal para los hombres. 

El funcionamiento de nuestros órganos sexuales y nuestra respuesta sexual están determinados 
en gran parte por nuestro condicionamiento cultural respecto a la sexualidad. Para comprender la res- 
puesta sexual femenina y el funcionamiento de los órganos que intervienen en ella, debemos también 
comprender la herencia cultural de las mujeres. En esta sociedad, la sexualidad está estrechamente liga- 
da a la imagen corporal y la autoestima. Se suele decir que los hombres y las mujeres jamás serán iguales 
mientras la mujer no pueda ser calva y barrigona y se la siga considerando bien parecida. A las mujeres 
se nos educa para pensar que sólo merecemos placer sexual si tenemos un cierto aspecto o un cierto pe- 
so. No sólo eso, se nos enseña que la sexualidad femenina y la procreación son dos cosas distintas, aun- 
que una pueda conducir a la otra. Hay razones para creer que en las remotas épocas prepatriarcales las 
mujeres conocían el modo de controlar naturalmente su fertilidad y comprendían la importancia del 
placer sexual como una parte natural de la experiencia humana. Muchas parejas que siguen un método 
natural de control de la natalidad en su planificación familiar llegan a compenetrarse profundamente en 
lo que se refiere a la fertilidad y los ciclos sexuales de cada uno. Este método no sólo les procura los me- 
dios para planear y evitar la concepción cuando quieren, sino que con frecuencia descubren que también 
les aumenta la intimidad y placer. 

La cultura también cree en la teoría «big bang» del placer heterosexual, que sostiene que la pene- 
tración del pene en la vagina es la parte más placentera de la sexualidad. Aunque esto es así para algu- 
nas mujeres, no lo es para otras. Ese es sólo un aspecto de la sexualidad y el placer, y las mujeres que no 



lo disfrutan no tienen por qué sentirse anormales de ninguna manera. Para muchas mujeres, el coito con 
penetración, el tipo de acto sexual que se nos enseña que es el «verdadero», no es particularmente satis- 
factorio. Por lo tanto, muchas de ellas «fingen» el orgasmo para que su pareja piense que es un buen 
amante. 

En una encuesta realizada en 1980 a 486 mujeres, Naura Hay den descubrió lo siguiente: 

• 310 dijeron que fingían el orgasmo cada vez que tenían relaciones sexuales. 

• 124 dijeron que fingían el orgasmo la mayoría de las veces. 

• 52 dijeron que fingían el orgasmo algunas veces. 5 

Es evidente que el «big bang» no funciona para muchas mujeres. Estudios recientes demuestran 
que la estimulación clitórica, vaginal y uterina, o una combinación de las tres, conduce al orgasmo. 6 Mu- 
chas mujeres llegan al orgasmo por medios distintos al acto sexual. 

No es poco común que la frecuencia del coito sea la única medida por la cual se juzga la calidad 
de la relación sexual, sobre todo en los círculos médicos. 7 Está claro, sin embargo, que son muchos los 
otros factores que determinan la verdadera calidad de la relación además del número de veces por se- 
mana que una pareja tiene relaciones sexuales. 

Tampoco la calidad de la vida sexual de una persona está determinada por el número de parejas 
sexuales que tiene o ha tenido. Una vida sexual nada sana y potencialmente destructiva es aquella en 
que la mujer recurre a la relación sexual para solucionar sus necesidades emocionales usando el cuerpo 
de otra persona. Algunas mujeres tratan su temor a la soledad y el abandono teniendo relaciones sexua- 
les con personas a las que no aman ni respetan, utilizando la relación adictivamente. Las mujeres que 
tienen estas relaciones sexuales nada sanas suelen haber sufrido abusos sexuales en su infancia, sea de 
forma sutil o descarada. 

Está muy profundamente arraigado el imperativo cultural que juzga la valía de una mujer por su 
unión con un hombre y por su atractivo sexual para los hombres, para todos los hombres. Son demasia- 
das las mujeres que han interiorizado como suyos los hábitos y necesidades sexuales de los hombres 
aprobados culturalmente, cuando de hecho la sexualidad masculina y las necesidades sexuales de los 
hombres son probablemente más diferentes y variadas de lo que se nos ha hecho creer. 8 Incluso en las 
relaciones lesbianas la mujer puede utilizar a su pareja para definir su valía. Una de mis amigas lesbia- 
nas me contó que, debido a su título de ingeniera, se la considera «un buen partido» y «una buena fuente 
de ingresos». Dice que en la comunidad lesbiana de su ciudad del oeste de Estados Unidos se suele de- 
cir: «Dime con quién te acuestas y te diré quién eres». 

Está claro que muchas mujeres creen que es su deber satisfacer los deseos sexuales de su pareja y 
con frecuencia pasan por alto sus propias necesidades eróticas. Es posible que participen en actos sexua- 
les de los cuales reciben muy poco más que un embarazo no deseado y/ o diversas enfermedades. En un 
estudio sobre dispareunia (coito doloroso), por ejemplo, de las 324 mujeres encuestadas, sólo el 39 por 
ciento dijeron que jamás habían sentido dolor, mientras que el 27,5 por ciento lo habían sufrido en algu- 
na época de su vida. Un 33,5 por ciento (105 mujeres) todavía sentían dolor durante el coito, por lo me- 
nos algunas veces, en el momento del estudio, mientras que el 25 por ciento de ellas tenían el problema 
casi todo el tiempo. Sin embargo la frecuencia del coito entre todos estos grupos de mujeres era prácti- 
camente la misma. En el estudio también se comprobó que la mayoría de las mujeres jamás habían ha- 
blado de este problema con su médico. Esto significa que un número muy grande de mujeres sufren du- 
rante el acto sexual y no dicen nada. Puesto que cualquier rotura de la mucosa vaginal aumenta la posi- 
bilidad de transmisión de enfermedades contraídas sexualmente, la dispareunia no sólo es dolorosa, sino 
que además pone a la mujer en peligro debido a lesiones en sus tejidos. 9 

Además de aguantar el dolor, algunas mujeres arriesgan su vida cuando tienen relaciones sexua- 
les. En noviembre de 1991, cuando apareció la noticia de que Magic Johnson tenía el sida, un artículo de 
la revista Time señalaba lo siguiente: «La relación sexual y el deporte casi se han convertido en sinóni- 
mos». El artículo informaba de que «Wilt Chamberlain alardea de haberse acostado con 20.000 mujeres, 
un promedio de 1,4 al día, durante 40 años», y citaba las palabras de otro jugador de baloncesto: «Cuan- 
do llegué a Los Ángeles en 1979, me esmeré en complacer al mayor número posible de mujeres, la mayo- 
ría de las veces en relaciones sexuales sin protección». 10 



Preguntándose qué tipo de mujer se acostaría con un hombre por una noche, aunque fuera uno 
famoso, el artículo comentaba que «para las mujeres, muchas de las cuales no tienen trabajos satisfacto- 
rios, la única manera de identificarse a sí mismas es decir con quién se han acostado». 11 A sus propios 
ojos estas mujeres ya no eran nadie: lo que importaba era que se habían acostado con una estrella del 
deporte. Aunque ese hombre no las quisiera en absoluto o ni siquiera las recordara, habían logrado una 
especie de perversa posición social al dejar que utilizara su cuerpo de esa manera. 

Los hombres pueden ejercer una fuerte influencia en las prácticas anticonceptivas de las mujeres 
y en sus decisiones de tener hijos. A fines de los años setenta, en Chicago se ideó un proyecto de Pater- 
nidad Planificada, con el fin de educar a los hombres acerca del control de la natalidad y enseñarles a 
responsabilizarse de su comportamiento sexual. Se hizo una encuesta a más de mil chicos de edades 
comprendidas entre los 15 y los 19 años. Se les preguntó si estaban de acuerdo o no con algunas afir- 
maciones: 

• «Es correcto decirle a una chica que la quieres para poder acostarte con ella.» Siete de cada diez 
dijeron que era correcto. 

• «Un hombre debe practicar el control de la natalidad siempre que sea posible.» Ocho de cada 
diez estuvieron en desacuerdo; dijeron que el hombre no debía usar medidas preventivas. 

• «Si dejo embarazada a una chica, querría que se hiciera un aborto.» Casi nueve de cada diez dije- 
ron que no, que no querrían que la chica se hiciera un aborto, porque eso está mal. 

Es decir, según los resultados de este estudio, es moralmente aceptable que un hombre se acueste 
con una mujer y no se responsabilice de prevenir la concepción, pero es inmoral que ella se haga un abor- 
to. 12 Muchas mujeres están tan entregadas a una relación sexual a expensas de ellas mismas que repeti- 
damente se arriesgan a quedarse embarazadas contraer enfermedades de transmisión sexual antes que 
poner en peligro la relación. Una adolescente le escribió una carta a Ann Landers en la que se quejaba de 
que lo único que quería hacer su chico era tener relaciones sexuales; ya casi no le hablaba y prácticamen- 
te no hacían nada juntos aparte de acostarse; pero ella tenía miedo de hablarle de este asunto, ¡porque le 
asustaba perderlo! 

Hace varios años di una conferencia en un colegio privado de enseñanza media acerca de las de- 
cisiones que se han de tomar antes de la relación sexual. Después de la charla se acercaron unos jóvenes 
a decirme que las chicas con quienes tenían relaciones sexuales ni siquiera les pedían que usaran preser- 
vativos; incluso les habían dicho: «No pisa nada, no tienes por qué usar nada». Estas chicas (de clase me- 
dia alta, la mayoría blancas y de colegio privado) consideraban que hablar de anticoncepción con sus 
chicos era arriesgar su valía social. Durante siglos las mujeres han sido condicionadas socialmente a po- 
ner en riesgo su cuerpo para consolidar relaciones interpersonales que en realidad no las apoyan ni les 
proporcionan bienestar. Aunque algunos estudios demuestran que ha aumentado el uso de preservati- 
vos, sigue tiendo cierto que muchos adolescentes no utilizan ningún medio anticonceptivo, pese a que en 
el último curso de enseñanza media el 76 por ciento de los chicos y el 66 por ciento de las chicas ya han 
tenido relaciones sexuales. 13 

Las mujeres que han sufrido violación e incesto tienen aún más dificultades que las que no han 
tenido estas malas experiencias para establecer relaciones sexuales satisfactorias que estén libres de ele- 
mentos abusivos y malos tratos. Muchas de estas mujeres nunca han tenido una relación sexual susten- 
tadora y placentera. 

Patricia Reis, una terapeuta que trabajó bastante tiempo en nuestro consultorio, asesoró durante 
varios años a una de mis pacientes, Lydia, respecto a su vaginitis crónica. Se enteró de que al marido de 
Lydia le gustaba muchísimo el sexo oral y alquilaba numerosas películas pornográficas para estimularla 
a que se lo hiciera. Lydia había sido violada cuando era adolescente; durante la violación tuvo que hacer- 
le sexo oral a su agresor; el olor y el trauma de esa situación fueron tan terribles para ella que pensaba 
que desde entonces le repugnaba el sexo oral. Por fortuna para ella, después de dos años de terapia fue 
capaz finalmente de decirle con firmeza a su marido que eso no era algo en lo que pudiera cooperar vo- 
luntariamente en esos momentos. Se había sentido sexualmente utilizada por él durante años y necesita- 
ba distanciarse de ese tipo de actividad sexual por un tiempo y conectar de nuevo con sus propios de- 
seos sexuales antes de poder estar dispuesta a considerar la posibilidad de hacerle sexo oral con amor. 



Siempre que las personas utilizan la actividad sexual para disminuir, dominar o dañar a otras, 
eso no contribuye a la salud de ninguno de los dos participantes. Las mujeres que se criaron en los años 
cincuenta e incluso en los ochenta, conocen bien las actitudes controladoras y los efectos negativos de 
ciertas religiones en la sexualidad femenina. Mientras escribo esto, los titulares de los periódicos están 
llenos de historias sobre sacerdotes que han abusado sexualmente de niños durante años. Los dogmas de 
la Iglesia Católica y de otras iglesias cristianas degradan la sexualidad, que es una actividad humana 
normal, y la subordinan a la reproducción. Las consecuencias de esta represión se ven en los problemas 
que tienen las mujeres para expresar su sexualidad, así como en las desviaciones sexuales de algunos 
representantes de la Iglesia. 

La mayoría de las religiones occidentales rara vez consideran la sexualidad femenina y la mater- 
nidad partes componentes de un mismo todo. 14 Las iglesias cristianas tienen, por ejemplo, una muy larga 
historia de separar la maternidad de la sexualidad, produciendo una división virgen/ puta en nuestra 
psique, que ha sido causa de gran sufrimiento para muchas mujeres. Barbara Walker, que ha explorado 
extensamente esta historia y su finalidad, escribe: 

La imposible virgen madre era la resolución de los conflictos edípicos deseada por todos los hombres: la mater- 
nidad pura, jamás desviada de su devoción por los deseos sexuales. [...] Los teólogos separaron las dos mitades 
de la Diosa pagana cuya feminidad combinaba una sexualidad y una maternidad abundantes. A una mitad se la 
llamó «ramera y tentadora» y a la otra «madre desprovista de necesidades humanas o femeninas». Los clérigos 
suelen seguir presentando la doctrina del parto virginal [o de la concepción inmaculada] como «ennoblecedora» 
para la mujer, ya que consideran reprensible y necesitada de control la sexualidad natural femenina. 

Elizabeth Cady Stanton, una de las primeras feministas más conocidas, escribió lo siguiente a fi- 
nes del siglo diecinueve: 

Creo que la doctrina que presenta la maternidad de la Virgen como algo superior, más hermoso y noble que la 
maternidad corriente, es un insulto a todas las maternidades naturales del mundo. [...] De esa doctrina, y de lo 
que se relaciona con ella, han surgido todos los monasterios y monjas del mundo, que han deshonrado, deforma- 
do y desmoralizado la masculinidad y la feminidad durante mil años. Yo coloco junto a esa pretensión falsa, 
monjil y antinatural [...] a mi madre, que fue tan santa en su maternidad como la propia María. 15 

Descubrir nuestra verdadera sexualidad 

Nuestra tarea como mujeres es distinguir nuestra verdad personal sobre nuestra sexualidad de las de- 
formaciones que hemos heredado de la cultura. El primer paso para definir nuestra sexualidad desde 
dentro hacia fuera es considerarnos sujetos sexuales en lugar de objetos sexuales. ¿Qué constituye nues- 
tra sexualidad? ¿Qué ideas hemos heredado de la sociedad y asimilado en nuestra psique y cuáles son 
las realmente nuestras? Cuando recuperamos nuestra sexualidad, descubrimos que no se parece en nada 
a lo que la cultura nos ha llevado a creer. ¿Cuántas mujeres, por ejemplo, están verdaderamente prepa- 
radas para el acto sexual físico al final del día de trabajo, justo antes de dormirse? He visto a innumera- 
bles mujeres en mi consulta que piensan que algo les funciona mal porque no desean tener relaciones 
sexuales por la noche. Yo rara vez lo deseo. Para mí las tardes son mucho mejores. (Reconozco que pue- 
de hacer falta cierta planificación.) 

Francamente, nada mata la libido con más rapidez que un día de trabajo, después los quehaceres 
de la casa, luego lavar los platos de la cena y hacer las demás tareas de atención a la familia. Para la ma- 
yoría de las mujeres, su deseo de hacer el amor está directamente relacionado con la calidad de su cone- 
xión con su pareja. Las ideas son sexualmente atractivas para mujeres y hombres por igual, porque la 
relación sexual es una forma de comunicación no verbal; la buena comunicación y la buena relación se- 
xual están directamente ligadas. Y no se puede hacer bien, o estar plenamente entregada a ello, con men- 
te y cuerpo, cuando se está agotada, y probablemente no debería hacerse. 

Todo lo que dijo o no dijo su pareja durante el día afecta al deseo de la mujer de manifestar su 
sexualidad con esa persona. Tanto para los hombres como para las mujeres, la atención y la ternura for- 
man parte del hecho de hacer el amor, haya o no haya acto sexual. Son muchísimas las mujeres que me 
preguntan: «¿Por qué no puedo besar o abrazar a mi pareja sin que eso siempre conduzca al dormito- 
rio?». Trágicamente, demasiados hombres han aprendido a separar la actividad propiamente sexual de 



los demás aspectos de la relación. Demasiados interpretan una caricia o un abrazo como una señal de 
que es el momento del acto sexual. Me gustaría que el concepto de «hacer el amor» se extendiera más 
allá del simple contacto genital. 

Tanto los hombres como las mujeres deberían hacer el amor y tener contacto sexual cuando les 
parezca apropiado y no por necesidad de agradar, de caer bien o de tener poder sobre el otro. El signifi- 
cado original de la palabra «virgen» no tenía nada que ver con la sexualidad. Se refería a una mujer que 
era íntegra y completa por sí misma, que no pertenecía a ningún hombre. 16 Muchas personas harían bien 
en restablecer su virginidad. Por fortuna, actualmente se están adoptando el celibato y la virginidad y 
cada vez son más practicados por muchas personas jóvenes. 

Si una mujer considera que es su deber de esposa tener relaciones sexuales con su marido aun- 
que ella esté cansada y no lo desee, simplemente por satisfacer las necesidades de él, sin hacer caso de las 
suyas, no está creando salud en su vida ni siguiendo a su propia guía interior. Algunas mujeres ven y 
disfrutan la ocasional película «sucia» y de esa manera se enteran de cosas acerca del sexo; piensan que 
eso forma parte de su libertad sexual. Otras mujeres que gozan de plena satisfacción en sus relaciones 
sexuales encuentran que ver películas «porno» disminuye mucho su deseo sexual. Se sienten degradadas 
por la forma en que se representa la relación sexual en esas películas. A una de mis pacientes lesbianas, 
que tenía una nueva pareja y siempre había disfrutado de una vida sexual sana y vigorosa, su nueva 
pareja le pidió que hicieran el amor mientras veían una película pornográfica. Ella se mostró dispuesta a 
probar esa nueva experiencia, pero su cuerpo se sintió asqueado por la película y todas las actividades 
de esa noche. No hay nada malo ni bueno, correcto ni equivocado, en esa situación. Cada mujer necesita 
dejar que su cuerpo decida. 

La sexualidad femenina y la naturaleza 

Para muchas mujeres, entre las que me cuento, la sexualidad está profundamente conectada con la natu- 
raleza. Una de mis amigas recuerda la mañana de un domingo de la primavera pasada, cuando al salir 
de su iglesia, el olor cálido y terrenal de un campo cercano recién arado le despertó los sentidos. Encon- 
tró muy erótica la combinación del olor y la luz del sol. 17 Esto es lógico: las vías cerebrales del sentido del 
olfato están muy cerca de las relacionadas con la excitación y la sexualidad. Otra mujer, lesbiana, dice 
que siempre piensa en el Gran Cañón cuando está haciendo el amor. Otra cuenta que nadar con los del- 
fines es la experiencia más erótica de su vida. 18 Tomar el sol también está asociado con la excitación se- 
xual en muchos hombres y mujeres. En la antigua Grecia, los hombres solían correr desnudos por la pla- 
ya para exponer sus testículos al sol. Estudios modernos han demostrado que eso aumenta su nivel de 
testosterona. Es probable que en las mujeres la exposición al sol aumente el nivel de andrógeno, la hor- 
mona parecida a la testosterona asociada al deseo sexual. 

El mar y las olas son imágenes eróticas para muchas personas. Antes de que las sociedades pa- 
triarcales se volvieran dominantes, la fertilidad, la sexualidad y la naturaleza se celebraban juntas como 
aspectos de la misma energía y el mismo fenómeno. El festival pagano de primavera de Beltane celebra- 
ba la sexualidad humana y la fertilidad de la Tierra al mismo tiempo. (Este festival lo describe hermosa- 
mente Marión Zimmer Bradley en su obra The Mists of Avalan.') La mayoría de las festividades cristianas 
fueron originariamente festivales muy terrenales, que celebraban los ciclos de fertilidad de la Tierra. 
Para las mujeres que viven en ciudades u otros lugares donde su contacto con la naturaleza es mínimo, 
no son perceptibles las sutiles fuerzas eróticas conectadas con la Tierra. Encerradas entre las barreras de 
la luz artificial y el ruido la mayor parte del día, se ven impedidas a sintonizar con los olores, ritmos y 
sensaciones de la Tierra. 

Las antiguas prácticas taoístas, enseñadas todavía actualmente, consideran que la energía sexual 
es energía vital. Dirigida conscientemente durante la meditación, esta energía puede reconstruir los ór- 
ganos internos del cuerpo. La energía sexual es una de nuestras más potentes energías para generar sa- 
lud. Usándola conscientemente, estemos o no en una relación, podemos aprovechar una verdadera fuen- 
te de juventud y vitalidad. Empleando ciertas técnicas con intención amorosa y consciente, podemos 



Hay traducción al castellano: Las nieblas de Avalón, Acervo, Barcelona, (N.del E.) 



aprender a dirigir el orgasmo hacia arriba por el cuerpo para que todos los órganos se beneficien de esa 
rejuvenecedora experiencia, y no sólo los genitales. 19 

Si bien lleva tiempo aprender estas técnicas, la salud de toda mujer puede beneficiarse del hecho 
de fortalecer el músculo pubococcígeo, que es el principal músculo de contracción durante el orgasmo 
femenino. Las mujeres que tienen los músculos pelvianos sanos y fuertes son menos propensas a sufrir 
problemas vaginales y de incontinencia urinaria por esfuerzo, y su actividad sexual es más satisfactoria. 
Para descubrir cuál es el músculo pubococcígeo, sencillamente detén el flujo de orina la próxima vez que 
vayas al lavabo; el músculo que debes contraer para hacer eso es el pubococcígeo. Otra manera de en- 
contrarlo es meterse dos dedos en la vagina, abrirlos ligeramente y después apretar el músculo lo sufi- 
ciente para que se cierren los dedos. Observa que aunque los músculos abdominales y del esfínter anal 
pueden contraerse al mismo tiempo, es el pubococcígeo el que detiene el flujo de orina y cierra también 
la vagina. 

Es necesario aprender a distinguir entre el músculo pubococcígeo y los otros. Los ejercicios Kegel 
fueron ideados por el médico del mismo nombre como una manera de fortalecer el suelo pelviano y ali- 
viar la incontinencia urinaria por esfuerzo. Bien realizados, son eficaces en un 90 por ciento para aliviar 
la incontinencia urinaria moderada cuando se hace un esfuerzo. Pero para hacerlos bien es necesario 
aprender a contraer el músculo pubococcígeo. Muchas mujeres no logran fortalecer este músculo cuando 
hacen esos ejercicios, porque sólo contraen los músculos abdominales y no el pubococcígeo. Para hacer 
intervenir este músculo hay que contraer la banda de músculos que rodean la vagina. Practica esa con- 
tracción con regularidad para fortalecerlo. He aquí la manera: detén el flujo de orina dos o tres veces 
cada vez que orines. Cuando el músculo se fortalezca, podrás distinguirlo de los otros que también se 
contraen cuando haces esto. Tres veces al día, contrae el músculo pubococcígeo y manténlo así mientras 
cuentas hasta tres. Poco a poco ve aumentando el tiempo de contracción hasta llegar a diez, y repite de 
cinco a diez veces las contracciones contando hasta diez. Al cabo de un mes notarás claramente la dife- 
rencia. 

Para fortalecer los músculos del suelo pelviano se pueden insertar en la vagina unos conos vagi- 
nales con pesas y sujetarlos allí. 20 Estos conos son una versión moderna de los huevos de obsidiana con 
pesas graduadas que durante siglos se han usado en las prácticas taoístas. 21 El principal músculo necesa- 
rio para sujetar un cono en la vagina es el pubococcígeo. Cuando usa el cono, la mujer no tiene que pen- 
sar conscientemente en contraer el músculo «correcto»; su cuerpo lo hace automáticamente durante el 
tiempo que tenga el cono en la vagina. Durante varios años he recomendado el uso de estos conos como 
ejercicio muy eficaz para el suelo pelviano. Mis pacientes y yo hemos quedado muy contentas de los 
resultados. 

Las experiencias humanas que nos causan el mayor éxtasis y el mayor sufrimiento son el sexo, el 
amor y la religión. Un motivo de que nos causan tanto sufrimiento es que culturalmente no se nos ha 
permitido experimentar plenamente la alegría y el placer naturales que nos procuran. Es natural que los 
seres humanos busquemos la alegría y el placer. Sin embargo, dada la naturaleza de nuestra sociedad, no 
es de extrañar que se nos haya enseñado a buscar su intensidad mediante drogas o incluso prácticas se- 
xuales adictivas. 

La energía sexual, o eros, es la fuerza vital que impregna toda la creación y forma parte de la di- 
cha de la creación de la vida. Es exactamente lo contrario a tánatos, la fuerza que conduce a la muerte. 
Durante demasiado tiempo, nuestra cultura ha insistido en tánatos, sin un equilibrio por parte de eros. Se 
nos ha enseñado a temer, denigrar y reprimir nuestro erotismo, cuando deberíamos permitirnos su ex- 
presión natural para vivir plena y saludablemente. 

Es importante comprender que la capacidad humana para el éxtasis es una parte normal de lo 
que somos, y que la experiencia sensual extática puede ser una experiencia espiritual. Podemos experi- 
mentar la energía extática elevadora mediante el arte, mediante intensos sentimientos de amor, y duran- 
te el acto de crear desde lo más profundo de nuestro interior. Incluso durante las experiencias místicas, 
como las que sentimos en el culto religioso o la meditación, participamos de una energía extática que 
puede ser de naturaleza erótica. Solamente reconociendo que el éxtasis y la espiritualidad forman parte 
de la naturaleza humana podemos generar maneras de procurar experiencias de éxtasis y conexión mu- 
tuas que no sean destructivas ni adictivas. Hemos de alimentar nuestra alma además de nuestro cuerpo. 



Historias de mujeres 

Una vez que hemos puesto nombre a la herencia social que ya no nos sirve, hemos de liberarnos de los 
pensamientos y comportamientos que no son para nuestro mayor beneficio. Para muchas mujeres este es 
un proceso que dura toda la vida. 

SARAH: Alérgica al semen de su PAREJA. Sarah tenía 58 años cuando vino a verme aquejada de seque- 
dad e irritación vaginal. Este problema empeoraba muchísimo cada vez que llevaba a cabo el acto sexual, 
y después experimentaba una sensación de ardor e irritación. Tenía una relación muy satisfactoria y lle- 
na de amor, pero le preocupaba la reacción de su cuerpo al acto sexual. Su vagina estaba bien físicamen- 
te, sin ninguna señal evidente de adelgazamiento o irritación. Se estaba sometiendo también a una tera- 
pia hormonal sustitutiva completa, de modo que yo sabía que su problema no era falta de estrógeno. Le 
receté supositorios de vitamina E para aliviarle el tejido vaginal, y le pedí que pensara en lo que ocurría 
en sus relaciones sexuales que su cuerpo pudiera interpretar como algún tipo de «violación de límites». 
En su siguiente visita me dijo: «Creo que ya lo tengo. Cuando mi pareja y yo comenzamos a tener rela- 
ciones sexuales, él tenía problemas de impotencia y yo tenía que dedicar bastante tiempo y esfuerzo a 
estimularle la erección. Pero inconscientemente me convertí en la que le daba un falo, en la que tenía que 
"levantárselo". Aunque eso está bien de vez en cuando, soy muy femenina, y a mi cuerpo no le gustaba 
ese papel. Ahora que los dos hemos hablado de esto, veo que ya no se me produce esta reacción alérgi- 
ca». 

A lo largo de los años he tratado a muchas mujeres que al parecer eran alérgicas al semen de su 
marido. Puesto que el sistema inmunitario de la vagina está perfectamente dispuesto para mantenernos 
sano el cuerpo, he descubierto que cuando ocurre esto, casi siempre hay algo más profundo. Es la sabi- 
duría del cuerpo que da el aviso. 

Elaine: Viejos recuerdos encerrados dentro. Elaine vino a verme por primera vez cuando tenía algo 
más de treinta años. Mostraba un muy largo historial de dolor pelviano, sobre todo en la zona vaginal. 
Durante toda su vida adulta había tenido relaciones sexuales dolorosas (dispareunia). Se había sometido 
sin éxito a varios tratamientos para eliminar las zonas dolorosas del tejido de la vagina. 

También tenía problemas en otros aspectos de su vida. Estaba preocupada por sus cambios de 
estado de ánimo, y en sus relaciones se apreciaba una especie de pauta repetitiva: comenzaban con una 
intensa pación sexual seguida por rupturas dolorosas tanto emocional como físicamente. Entre los veinte 
y los treinta años, con sus parejas sexuales había recurrido a drogas recreativas, como la marihuana, para 
intensificar sexualmente la relación. 

La atención médica estándar, una dieta macrobiótica y la práctica del yoga le mejoraron muchí- 
simo la salud, pero procuraron muy poco alivio a su dolor. Además, desde los 16 años se había sometido 
a terapia varias veces, pero sin que eso le sirviera para aliviar sus problemas. Aunque no lograba recor- 
dar mucho de su infancia, pensaba que tal vez tenía un historial de malos tratos. 

Se divorció de su marido simplemente porque no se llevaban bien. Pasados unos años se encon- 
tró en un nuevo romance, pero volvió a ocurrirle lo mismo: empeoró el dolor pelviano y comenzó a tener 
infecciones recurrentes de las vías urinarias y brotes de herpes. Después de uno de esos brotes, vino a mi 
consulta muy preocupada: «No sé qué me pasa, y si no sé qué me pasa no puedo remediarlo. Ni siquiera 
sé qué comer ¿Tengo demasiada acidez o demasiada alcalinidad? ¿He bebido demasiados zumos? 
¿Cuándo voy a tener una vida sexual sana? ¿Cuándo voy a ser normal en ese aspecto?». Y así continuó 
su intelecto, dándole vueltas y vueltas al problema, obsesionada. 

Le recomendé que permaneciera con la desesperación que sentía y no saltara instantáneamente a 
la actitud «qué debo hacer para remediarlo». Ya se había medicado para la infección del tracto urinario y 
el herpes; durante las semanas siguientes se permitió sentir su desesperación en toda su profundidad. 
Entonces recordó la época en que estaba dentro del útero de su madre. No fue necesaria ninguna técnica, 
meditación ni terapia para que su cuerpo le proporcionara esa información, que surgió espontáneamen- 
te, como suele ocurrir cuando la mujer busca la razón de que su vida sea como es. Experimentó la sensa- 
ción del pene de su padre presionando el saco amniótico, y sintió clara y visceralmente la repugnancia 
de su madre y su indiferente «acaba de una vez». Llegó a la conclusión de que esa experiencia en cierto 



modo la había hecho «víctima», que la repugnancia de su madre por el acto sexual era la responsable de 
sus problemas sexuales, emocionales y físicos. También descubrió que le costaba muchísimo experimen- 
tar sus sentimientos. No lograba distinguirlos de los sentimientos de las demás personas de su vida. 

A los pocos días de este recuerdo y de haberse permitido experimentar las emociones que lo 
acompañaron, le disminuyeron el dolor pelviano y el dolor vaginal durante el acto sexual. Por desgracia, 
a los pocos meses le volvieron los dolores, desvaneciendo sus esperanzas de haber encontrado la causa 
de los problemas físicos, emocionales y sexuales que había tenido toda su vida. A las dos se nos hizo 
evidente que en su cerebro y su cuerpo estaban profundamente codificadas ciertas creencias que la te- 
nían paralizada; entre ellas estaban la de no ser digna de amor y la de que nunca experimentaría las rela- 
ciones sexuales sanas a las que tenía derecho, debido a que su madre la había dañado. Si bien es cierto 
que Elaine experimentó traumas en su infancia, también es posible aprender a manejar los sentimientos 
y emociones dolorosos que acompañan a esos traumas y que disponen el escenario para tantas dificulta- 
des en las relaciones adultas y para múltiples problemas emocionales y físicos. Fue en esa fase cuando la 
envié a hacerse un tratamiento conductista cognitivo relativamente nuevo llamado «terapia conductista 
dialéctica». Se sometió a esta terapia durante un año y aprendió muchas técnicas para manejar su dolor 
emocional y físico, y me alegra mucho decir que desde hace un tiempo mantiene una relación de pareja 
estable y satisfactoria. Cuando siente la compulsión por el acto sexual o piensa que no puede negarse a 
una relación sexual que no desea, o cuando se siente presionada en otros aspectos de su vida, usa su 
capacidad para poner nombre a la emoción que siente, define la función de esa emoción y encuentra una 
estrategia para atender a sus necesidades emocionales sola, sin tener que depender de algo externo. 
Aunque el tiempo que lleva este proceso es diferente para cada persona, estos dos últimos años he com- 
probado que el programa de aprendizaje de la terapia conductista dialéctica es una solución muy eficaz 
y práctica para los problemas resultantes de un historial de traumas y malos tratos (véase el paso 8 del 
capítulo 15). 

Sólo cuando estamos conectadas con nuestra sexualidad, según nuestras condiciones, podemos 
esperar compartirla con otra persona en una relación seria. Una mujer sabia me dijo una vez: «Si no eres 
capaz de darte a ti misma la ternura, el amor y las caricias que deseas que te dé otra persona, jamás los 
encontrarás en otra parte». Esa afirmación es muy cierta. Lo he visto ocurrir muchas veces en mis pacien- 
tes; tan pronto como la mujer aprende a darse esas cosas a sí misma y sola, casi invariablemente mejoran 
su vida personal y sus relaciones. 22 

Karen: Sanar en CELIBATO. Karen tenía 35 años cuando vino a verme por primera vez, con un historial 
de dificultades para tener orgasmos. El examen pelviano fue totalmente normal. En su infancia y su ado- 
lescencia, su padre, que era un hombre de negocios muy próspero, rara vez estaba en casa. Como tantas 
mujeres, Karen creció sin la afirmadora presencia física de un padre cariñoso. Me contó que había llega- 
do a relacionar el hecho de tener una relación amorosa con un hombre con la distancia emocional y físi- 
ca. Había tenido varias relaciones consecutivas con hombres que viajaban mucho y que solían cancelar 
sus citas con ella en el Ultimo momento. Cada vez que le ocurría esto, se sentía abandonada afectiva- 
mente y furiosa por no poder contar nunca con ellos. Finalmente fue a un seminario intensivo llamado 
«Vivir en proceso», con una terapeuta formada por Arme Wilson Schaef, y comenzó a identificar y con- 
frontar la parte que le cabía a ella en el hecho de atraerse relaciones adictivas. Después diría: 

Mirando en retrospectiva, no me extraña que nunca haya sido capaz de experimentar ningún placer sexual cuan- 
do hacía el amor. Una parte de mí siempre se refrenaba, no era capaz de rendirse a la experiencia. Aunque tenía 
relaciones sexuales, fingía que me gustaba y sólo lo hacía por complacer a mi pareja del momento. Abrirme a la 
posibilidad de sentir un verdadero amor y pasión significaba tener que sentir lo mismo que había sentido cuando 
era niña: desilusión, vulnerabilidad, y una sensación de abandono por parte de la primera relación masculina de 
mi vida. Yo no era consciente de esto, por supuesto. Pero cuando me sentí desesperada por mis continuas malas 
relaciones, me di cuenta de que necesitaba ayuda. En ese seminario intensivo, pasé por varios procesos profun- 
dos en los que experimenté y entendí de qué había estado huyendo toda mi vida: del dolor y la desesperación de 
mi infancia. Ahora estoy en recuperación, voy a reuniones de Doce Pasos, y hace poco inicié una relación de 
amistad, no sexual, con un hombre que vive cerca y que rara vez viaja. Al principio no me sentí atraída por él; en 
realidad, lo encontraba aburrido. El nunca me ha «enganchado» como los otros, y no siento por él la misma fasci- 
nación y obsesión que he sentido por los demás. 



Ahora que vivo día a día y estoy atenta a los pequeños regalos de la vida, sé que mi relación conmigo misma está 
sanando y que puedo establecer una relación amorosa con un hombre. Pero primero necesito tener una relación 
amorosa y sensual conmigo misma. He decidido que por el momento me conviene un periodo de celibato. Me si- 
ento más vital de lo que me he sentido en años. Cada día me fijo en lo bien que me sienta la brisa en la cara y en 
lo amoroso que es el calor del sol sobre mi piel. Siempre aprovecho cualquier oportunidad que se me presenta 
para ir a la playa y contemplar las olas. Contemplo las puestas de sol y veo lo hermosa que se ve la Luna en el 
cielo. Sigo la pista de mis ciclos menstruales y noto que durante la ovulación siento más deseo sexual. Me siento 
libre para sentirlo, pero no para actuar en consecuencia. Esto simplemente forma parte del modo en que estoy re- 
cuperando mi sabiduría corporal sensual. 

Reconsideración de la sexualidad: Conclusiones 

• Como mujeres, necesitamos pensar en la posibilidad de volver a ser «vírgenes» para ser fieles a 
nuestro yo más profundo. Hemos de hacer y ser lo que es verdad para nosotras, no para compla- 
cer a otra persona, sino porque es nuestra verdad. 

• Necesitamos reconocer que todas tenemos acceso a la fuerza vital, la energía erótica y extática de 
nuestro ser. Eso forma parte de ser humanas. 

• Necesitamos imaginar cómo sería nuestra sexualidad si la consideráramos santa y sagrada, un 
don que procede de la misma fuente que creó el mar, las olas y las estrellas. 

• Cada una de nosotras necesita volver a conectar con su sexualidad simplemente como la expre- 
sión de esa fuerza vital creadora. Necesitamos aprender a experimentar y luego dirigir nuestra 
energía sexual (con o sin acto sexual) para nuestro mayor placer y nuestro mayor bien. En se- 
gundo lugar, necesitamos imaginar cómo podemos usarla para beneficiar también a otras perso- 
nas de nuestra vida. Necesitamos pensar en nuevas actitudes hacia el hecho de ser sexuales. Pre- 
gúntate cómo mejoraría tu salud emocional y mental, además de tu salud física, si cambiaras tus 
pensamientos y actos. 



9 

Vulva, vagina, cuello del útero y vía 
urinaria inferior 

«Este [...] está dedicado con ternura y respeto a la inocente vulva.» En su libro Possessing (he Secret of Joy," del cual 
procede esta cita, Alice Walker da fe del terrible sufrimiento de decenas de millones de mujeres de todo el mundo 
a las que se les han cortado los genitales externos y que han sido mutiladas de otras formas en la infancia debido 
a los dictámenes de sus culturas patriarcales. Esta práctica todavía continúa, incluso en algunas regiones de Esta- 
dos Unidos. 

Una cultura más acogedora para las mujeres podría valorar las aberturas inferiores del cuerpo femenino 
simplemente como parte de las funciones normales de nacimiento, menstruación, sexualidad y elimina- 
ción. Desde todo, esta es la parte del cuerpo por donde todos los seres humanos hemos de pasar para 
nacer en la Tierra. En cuanto puerta a la vida, la vagina, la vulva, el cuello del útero y la uretra deberían 
ser celebrados, no difamados o mutilados. Dado que la mucosa de la vagina y del cuello del útero ofrece 
protección contra las enfermedades de transmisión sexual, entre ellas el sida, es importantísimo conser- 
varla sana e intacta. Para ello, el primer paso que debe dar la mujer es poner al día su forma de pensar 
sobre esta zona del cuerpo. 

La cultura occidental considera «sucia» la zona genital y la deshonra con esa actitud. Todas las 
funciones relacionadas con esa zona del cuerpo (nacimiento, menstruación y eliminación) están muy 
cargadas emocional y psíquicamente. Desde la niñez, la mayoría de nosotras hemos asimilado la idea de 
que esa parte de nuestro cuerpo es distinta de las demás: es tabú, sucia e indigna. A lo largo de los años, 
muchas pacientes de todas las edades y niveles de educación me han preguntado durante el examen 
pelviano: «¿Cómo puede hacer este trabajo? Es tan asqueroso». Una paciente me contó que una vez que 
fue al servicio médico de la universidad para que la trataran de una infección fúngica, un médico joven 
le comentó: «Los genitales femeninos son como una sentina». El motivo más común de que las mujeres 
se hagan duchas vaginales es la errónea creencia, transmitida de madres a hijas, de que esa parte del 
cuerpo es repugnante y necesita una limpieza especial. Aun cuando este lavado no es necesario e incluso 
podría ser dañino (puede irritar los tejidos haciéndolos vulnerables a la infección), alrededor de un tercio 
de todas las mujeres lo hacen regularmente. 1 La promoción y venta de desodorantes higiénicos femeni- 
nos y tampones y compresas sanitarias impregnados de desodorante da a las mujeres la impresión de 
que la vagina en su estado natural es inaceptable, que debe ser higienizada y desodorizada. 

Nuestra herencia cultural 

La palabra «vagina» proviene del latín vagina, que significa «vaina para una espada», o la vaina para el 
pene. 2 Aquí vemos nuevamente cómo el cuerpo femenino se define únicamente en referencia a los hom- 
bres. En las sociedades igualitarias prehistóricas, las vulvas y los triángulos púbicos se dibujaban o gra- 
baban en las paredes de las cuevas para simbolizar un lugar sagrado, una puerta a la vida. Desgracia- 
damente nuestra cultura deforma el lenguaje acerca de la vulva y la vagina y ha originado símbolos ne- 
gativos inconscientes sobre lo que pensamos de esa zona. 

Durante mucho tiempo la vagina ha sido causa de ansiedad para los hombres en las sociedades 
dominadas por lo masculino. La vagina dentata (vagina con dientes) es un miedo masculino común. Popu- 
larizada por Freud, la expresión se remonta a siglos. La especialista Barbara Walker escribe que «la vagi- 
na dentata es el clásico símbolo del miedo masculino a la relación sexual; expresa la creencia inconsciente 



Hay traducción al castellano: En posesión del secreto de la alegría, Plaza & janes) Barcelona, 1993. (N. del E.) 



de que la mujer podría comerse o castrar a su pareja durante el coito». 3 Tanto los hombres como las mu- 
jeres asocian esta parte del cuerpo con un símbolo bucal: los nombres anatómicos de las partes de la vul- 
va reflejan este concepto: los dos pliegues más grandes y exteriores se llaman labia maiora o labios mayo- 
res, y los pliegues más pequeños e interiores, labia minora o labios menores. 

Dada nuestra historia colectiva, no es de extrañar que los lugares de entrada del cuerpo feme- 
nino causen problemas a tantas mujeres. Los trastornos de la vulva, la vagina, el cuello del útero y la vía 
urinaria inferior se relacionan principalmente con los sentimientos de violación que tiene la mujer en su 
relación con otra persona o con su trabajo. Puesto que el 80 por ciento de las células inmunitarias de 
nuestro cuerpo están en las superficies mucosas, como la vagina, la uretra, el cuello del útero y la vejiga, 
y puesto que la función de estas células está muy influida por las hormonas del estrés, como el cortisol, 
no es difícil entender cómo una percepción de violación, con la subsiguiente cascada biológica de hor- 
monas desencadenada en reacción a esta percepción, podría deteriorar el funcionamiento óptimo de esta 
zona del cuerpo. La incapacidad para decir no a una violación de límites bien podría conducir a una 
mayor propensión a infecciones secundarias a la disminución de los niveles de inmunoglobulinas tipo A 
y tipo M. Considéralo así: cualquier percepción de invasión en la propia vida emocional puede tener por 
consecuencia una mayor permeabilidad de los lindes del sistema inmunitario, tanto en las zonas superfi- 
ciales como en las internas del cuerpo. Esto es especialmente cierto en las mujeres que tienen un historial 
de trauma psicosexual en su vida. Una mujer que ha tenido una relación amorosa sexualmente activa y 
es rechazada podría percibir ese rechazo como una violación, y en consecuencia podría tener problemas 
vulvares o vaginales; si no puede sentir y liberar su rabia, podría desarrollar síntomas urinarios recu- 
rrentes. Los recuerdos de incesto o violación sexual y los sentimientos de culpabilidad por su sexualidad 
también pueden ser causa de repetidos episodios de vaginitis. 

La mujer que tiene problemas en la vagina, la vulva o el cuello del útero podría encontrarse en 
una situación en la que es utilizada, sexualmente o en el trabajo, sin su cooperación y sin su consenti- 
miento total y consciente. O tal vez se siente obligada a hacer algo contra su voluntad o a actuar de un 
modo sexual que pone en conflicto sus emociones. En esa situación es probable que su cuerpo reaccione 
con problemas que relacionamos con la violación sexual. Estos problemas físicos pueden aparecer si, por 
ejemplo, la mujer utiliza la relación sexual para obtener seguridad económica, física o emocional, o para 
manipular a otra persona, y no para procurar y obtener placer. Los sentimientos de ser utilizada o viola- 
da están relacionados con la vaginitis crónica, el dolor vulvar crónico, las verrugas venéreas recurrentes, 
el herpes, el cáncer de cuello del útero y las células anormales que lo acompañan (displasia cervical) de- 
tectadas en la citología. 

Las mujeres que tienen síntomas urinarios episódicos suelen comprobar que esos episodios van 
acompañados por sentimientos de rabia o irritación. Contraer una infección del tracto urinario podría ser 
la forma que tiene el cuerpo de liberarse de la rabia. A mis pacientes que tienen infecciones recurrentes 
en las vías urinarias suelo pedirles que presten atención a lo que ocurrió en su vida entre 24 y 48 horas 
antes del comienzo de los síntomas. Con la práctica, muchas veces se dan cuenta de la situación que tie- 
ne la culpa de ello y dan los pasos necesarios para cambiarla o bien para cambiar su reacción a ella. 
Cuando la rabia se hace más crónica y menos accesible al plano consciente, los síntomas podrían tomar 
la forma de una urgencia y una frecuencia urinarias continuas. 

Los estudios han demostrado que las mujeres afectadas por infecciones crónicas de la vejiga, en 
relación a las que no tienen ese problema, sienten más ansiedad, tienen más rasgos obsesivos y tienden a 
experimentar las emociones sólo a través de síntomas corporales (trastorno somatomórfico). De hecho, 
en un estudio realizado con mujeres que sufrían de cistitis crónica se comprobó que su grado de obse- 
sión era comparable al de pacientes psiquiátricos; también eran propensas a estados emotivos no equili- 
brados por el intelecto. 4 Varios investigadores han descubierto que las mujeres que sienten la necesidad 
de orinar con frecuencia pero no tienen infecciones son más nerviosas y neuróticas que las que no tienen 
este problema. También se ha comprobado que los síntomas de ansiedad se corresponden con la urgen- 
cia urinaria (la sensación de no poder llegar a tiempo al lavabo), la necesidad de levantarse a orinar por 
la noche y las micciones frecuentes. 5 

Los problemas vulvares crónicos como el dolor y el picor van asociados al estrés producido por 
la ansiedad y la irritación por ser controlada, ya sea por la pareja o por una situación que, en cuanto a 
energía se refiere, equivale a la pareja. Un ejemplo podría ser el de una mujer que se siente tan «casada» 



con un trabajo que la domina totalmente, que de un modo inconsciente no se siente libre para experi- 
mentar la vida a su gusto. La intuitiva médica Caroline Myss sugiere que podríamos considerar ese do- 
minio externo un moderno «cinturón de castidad». La pareja de la mujer puede dominarla o bien obli- 
gándola a tener relaciones sexuales, o bien negándose a la actividad sexual que ella desea. 

Ruth vino a verme con un historial de vaginitis recurrente e infecciones de las vías urinarias que 
no respondían a los tratamientos habituales, como cremas fungicidas y antibióticos. Su marido quería 
tener relaciones sexuales todas las noches y ella creía que satisfacer sus necesidades sexuales era su «tra- 
bajo». Lo amaba, pero con frecuencia estaba demasiado cansada para hacer el amor por la noche, y el 
deseo de su marido la irritaba; sin embargo, se obligaba a hacerlo, aun cuando su resentimiento incons- 
ciente iba en aumento. Como les ocurre a muchas mujeres con este problema, Ruth pensaba que tener 
muchas relaciones sexuales equivalía a llevar una vida sexual «satisfactoria». Al principio negó que hu- 
biera algún problema en su vida sexual. Le expliqué que cuando la mujer tiene una relación sexual que 
no desea, no se produce la lubricación que acompaña al deseo sexual femenino, y que esto, junto con la 
fricción del coito, dispone el escenario para la irritación y la inflamación vaginal y uretral (está muy claro 
que cuando una mujer participa en cualquier relación sexual traumática para sus tejidos, la consecuencia 
puede ser una infección y una inflamación). La lesión del tejido, combinada con la falta de receptividad y 
la sensación de no ser capaz de negarse, va a afectar adversamente al sistema inmunitario, lo cual hace 
muchísimo más difícil la curación de la lesión. Finalmente, Ruth buscó ayuda en una terapia y aprendió 
a expresar sus necesidades de un modo positivo que favorecía su relación conyugal. 

El imperativo sexual de nuestra cultura —que las mujeres deseables sirven sexualmente a los 
hombres — es en gran parte lo que mete en dificultades a las mujeres en primer lugar, es decir, en situa- 
ciones que no sirven a sus necesidades y que de hecho son dañinas. Muchas mujeres están desgarradas 
entre su necesidad de ser amadas y de placer sexual por un lado, y el deseo de decir no a la relación se- 
xual por el otro. Los problemas ginecológicos de vulva, vagina y cuello del útero suelen estar rela- 
cionados con la incapacidad de la mujer para decir no a la entrada en esa parte de su cuerpo cuando 
desea negarse pero le parece que «no debe». Estos problemas están muy literalmente relacionados con 
«dejarse joder». Por ejemplo, una de mis pacientes enfermó de vaginitis crónica cuando en la universi- 
dad se negaron (ilegalmente) a darle el certificado de unos cursos que había terminado. Al principio 
decidió que no tenía alternativa fuera de aceptar ese maltrato porque no quería «armar jaleo». A pesar de 
emplear muchos remedios tópicos para la vulvovaginitis, no mejoró; se decidió a apelar la decisión de la 
universidad y se resistió a echarse atrás. Finalmente fue recompensada con los certificados que le corres- 
pondían y su vaginitis desapareció. 

Además de la frustración y la rabia, otra emoción que generalmente tiende a afectar adversamen- 
te a nuestra salud es el sentimiento de culpabilidad. Cuando este sentimiento se centra en la sexualidad, 
puede ir acompañado de problemas concretos en nuestros lugares de entrada. La revolución sexual de 
los años sesenta y setenta destruyó algunos de los criterios puritanos de nuestra cultura sobre la sexuali- 
dad, pero una cultura sexualmente reprimida no puede sanar con sólo quitarse la ropa. Ahora es incluso 
más importante para las mujeres tener muy claras sus ideas sobre su sexualidad y su elección de parejas 
sexuales. Es sobre todo importante que usen conscientemente su libertad para comprender lo que de 
verdad desea su cuerpo y no dejarse llevar por las lisonjas de parejas que equiparan la libertad con una 
conducta irresponsable. 

La investigación científica respalda la premisa de que ciertos factores emocionales van asociados 
a problemas urinarios, vaginales, vulvares o cervicales crómeos, entre ellos el cáncer del cuello del útero. 6 
En un estudio se comprobó que, comparadas con mujeres afectadas por otros tipos de cáncer, entre las 
mujeres con cáncer de cuello uterino hay más propensión a la ambivalencia sexual, un menor índice de 
orgasmos durante la relación sexual y una repugnancia al acto sexual rayana en la aversión; tienen más 
conflictos conyugales, como lo prueba el mayor índice de divorcio, abandono y separación. 7 Se realizó 
otro estudio con mujeres cuya citología había dado resultados muy anormales y necesitaban que se rea- 
lizara una evaluación más a fondo para determinar si esa anormalidad correspondía a un cáncer de cue- 
llo del útero. Los investigadores descubrieron que eran capaces de predecir qué mujeres tenían cáncer, 
basándose en las respuestas dadas a sus preguntas sobre circunstancias estresantes recientes en su vida. 
Si un marido o compañero había sido infiel, bebía o salía mucho a divertirse, por ejemplo, la mujer con 
cáncer de cuello de útero siempre decía algo de este estilo: «Debería haberlo dejado, pero no podía por 



los niños» o «Creía que me necesitaba». En respuesta a la misma situación, las mujeres sin cáncer decían: 
«No puedo confiar en él, desea más de lo que da». En este mismo estudio, si un familiar contraía una 
enfermedad grave o moría, la mujer con cáncer de cuello uterino decía: «Debería haberme esforzado más 
y haberlo [o haberla] cuidado mejor». Por su parte, las pacientes sin cáncer de cuello de útero eran más 
realistas acerca de los límites de su responsabilidad hacia los demás y acerca de su capacidad para cam- 
biar el curso natural de los acontecimientos. 8 Se podría argüir que, dado que estos estudios se hicieron en 
los años cincuenta y sesenta, sus conclusiones ya no son válidas. Sin embargo, un estudio realizado en 
1988 reveló lo mismo: que la neoplasia en el cuello del útero y el consiguiente riesgo de cáncer invasor 
tenían más probabilidades de desarrollarse en las mujeres que eran pasivas en sus relaciones, evitaban 
un estilo activo para arreglárselas y socialmente eran más conformistas y apaciguadoras que las mujeres 
del grupo de control cuya citología había dado resultados más benignos. 9 En un estudio de 1986 se com- 
probó que, entre las mujeres que tenían un elevado grado de desesperanza, pesimismo y aislamiento 
social, era mayor la incidencia de enfermedades relacionadas con el cuello del útero. Estos rasgos de 
personalidad se midieron antes de hacer el diagnóstico de cáncer de cuello del útero, reduciendo así al 
mínimo la posibilidad de que el diagnóstico hubiera causado esas características de personalidad. 10 En 
cambio, los resultados de la citología de las mujeres que eran optimistas y resistentes y tenían un estilo 
activo para arreglárselas no reflejaron células anormales invasoras. 

La mayoría de las mujeres que tienen problemas vaginales, urinarios o vulvares crónicos los han 
tenido durante años. Por lo general, estos problemas van asociados a quejas no expresadas acerca de una 
situación, que han ido acumulando durante esos años. Clínicamente, es bien sabido que tratar a mujeres 
con problemas vulvares crónicos suele no dar resultado si no se presta atención a los aspectos psíquicos 
y emocionales del problema. Por desgracia, muchas de estas mujeres han acudido a decenas de médicos 
buscando en vano la curación física de sus problemas. 

En lo referente a la energía, la mujer dispone el escenario para problemas vulvares, vaginales o 
urinarios crónicos cuando carece de valor para cambiar los aspectos negativos de una relación no sana. 
La doctora Mona Lisa Schulz ha comprobado que cuando hace una lectura intuitiva a mujeres con estos 
problemas, en muchos casos la mujer sufrió una violación de sus fronteras en los primeros años de su 
infancia. Si, en su edad adulta, la mujer continúa manteniendo una relación con alguien a quien no res- 
peta, o que ni siquiera le gusta, debido a que tiene miedo de darla por acabada — por los motivos que 
fueren, ya sean de índole económica o social, de inseguridad física, miedo a estar sola, o porque es de- 
pendiente—, participa en el arquetipo de la prostituta. Si continúa teniendo relaciones sexuales con al- 
guien a quien no respeta ni ama, participa de la forma de energía que acompaña a los problemas vagina- 
les, cervicales o vulvares crónicos. 

Anatomía 

La vulva y la vagina constituyen los lugares más externos de la entrada en el aparato genital femenino. 
El cuello del útero y su orificio, llamado «os cervical» (os es el nombre anatómico para designar una «en- 
trada» o «boca»), constituye la puerta de entrada en el útero y los órganos pelvianos interiores: las trom- 
pas y los ovarios (véase figura 7, pág. 208). La vulva comprende los labios mayores (externos) y los la- 
bios menores (internos). La entrada externa de la vulva a la vagina se llama introitus. El vello púbico for- 
ma sobre la vulva una barrera protectora de los tejidos más delicados de la vagina y el cuello del útero. 
La piel de la vulva contiene glándulas sudoríparas apocrinas, idénticas a las que tenemos en las axilas. 
Las glándulas sudoríparas apocrinas difieren de las demás glándulas sudoríparas en que su secreción es 
activada por situaciones emotivas, no sólo por el ejercicio físico. La vulva «suda» más que cualquier otra 
parte del cuerpo. 

La vejiga está situada justo encima de la vagina; la uretra — que es el conducto que va desde la 
vejiga al exterior—, se puede palpar como un cordoncillo saliente que baja desde la parte superior de la 
vagina hasta justo encima de la abertura vaginal. El ano está situado debajo y detrás de la vagina. 

La vagina constituye un conducto hacia el cuello del útero, que en realidad es la parte inferior 
del útero (a veces llamado «cerviz uterina»). El cuello del útero sobresale y penetra en la parte superior 
de la vagina y está cubierto por el mismo tipo de células que revisten la vagina. 



La muestra para la prueba citológica (Papanicolau), que se realiza para ver si hay células anor- 
males en el cuello del útero, se toma del orificio del centro del cuello uterino, donde las células escamo- 
sas (tipo de células epiteliales planas que recubren las membranas mucosas del cuerpo, como las del 
interior de la vulva, la vagina y la boca) que cubren su parte más externa se encuentran con el interior 
del canal cervical. Esta zona se llama «unión escamocolumnar» y es muy dinámica; en ella las células 
glandulares endocervicales productoras de mucosidad cambian constantemente, convirtiéndose en célu- 
las escamosas más resistentes. Por este motivo, a veces estas secreciones normales se quedan atrapadas, 
formando quistes llenos de mucosidad en el cuello del útero (quistes de Naboth). Al tacto se palpan co- 
mo pequeños bultitos, y a veces pueden crecer hasta alcanzar uno o dos centímetros de diámetro. Aun- 
que muchas mujeres que se palpan estos bultos creen que tienen alguna anormalidad, estos son total- 
mente normales y no requieren tratamiento. 

En algunas mujeres y muchas adolescentes, la unión escamocolumnar está situada bastante hacia 
el exterior del cuello del útero, y las células más rojas del interior se extienden hacia fuera cubriendo la 
parte más central del cuello uterino. En el pasado, muchos médicos confundían esta anatomía normal 
con una patología, y llamaban «erosión cervical» o «cervicitis crónica» a esta zona glandular roja. A mu- 
chas mujeres se les ha cauterizado el tejido normal del cuello del útero debido a ese malentendido. 

En esta época de nuestra historia son prácticamente epidémicas la vaginitis crónica, enfermeda- 
des de transmisión sexual como las verrugas venéreas y el herpes, y las células anormales encontradas 
en las citologías (también consideradas un trastorno de transmisión sexual). Estos trastornos pueden 
afectar a la vulva, la vagina y el cuello uterino al mismo tiempo; y dado que la uretra y la vejiga están 
contiguas a esta zona, también suelen verse afectadas. Si bien se acostumbra a culpar de estos trastornos 
a ciertos virus, innumerables mujeres que no tienen síntomas también tienen esos mismos virus en el 
cuerpo. 

Los ginecólogos trabajamos en medio de los problemas más secretos y dolorosos de las mujeres. 
Para ser sanadores, debemos reconocer que en torno al examen ginecológico siempre revolotea una vul- 
nerabilidad sexual femenina. Cuando a una mujer se le diagnostica una enfermedad de transmisión se- 
xual o su citología da resultados anormales, es posible que afloren todos sus miedos, creencias e ideas 
erróneas sobre su sexualidad y su cuerpo. Es esencial que los médicos seamos sensibles a esas emociones 
y tratemos de ayudar a nuestras pacientes a expresar su angustia y su aflicción, y animarlas a hacernos 
preguntas. Si tú como paciente consideras que no se tratan con interés tus sentimientos respecto a tai 
examen o un diagnóstico, dile a tu médico que tus sentimientos son importantes para ti y que has apren- 
dido a respetarlos, como medida necesaria y esencial para finalmente comprenderte mejor a ti misma. 
Pídele ayuda y comprensión durante el examen pelviano. Aunque durante este pueden surgir fuertes 
emociones, no esperes que tu médico ni tú misma sepáis exactamente por qué en el momento en que 
surgen. Sencillamente quédate con lo que sientes, con el deseo y la intención de sanar la situación. Des- 
pués relájate y permite que llegue la sanación, entregándole la situación a tu guía interior. Finalmente, 
cuando estés preparada, tendrás la percepción que necesitas acerca de la situación. 

Cuando hago un examen pelviano, normalmente ofrezco la opción de levantar la cabecera de la 
camilla para que la mujer pueda observarme todo el tiempo. Le explico todo lo que voy a hacer y por 
qué, y le pido permiso antes de proceder a cada paso. Le ofrezco la posibilidad de mirar el examen en un 
espejo si quiere. Avanzo con lentitud y le digo dónde la voy a tocar primero. Uso el espéculo más pe- 
queño posible. (Mantengo los espéculos sobre una almohadilla calentadora para que estén siempre ti- 
bios.) 

A las pacientes que se ponen nerviosas por el examen, les enseño a relajar los músculos pelvia- 
nos para que el espéculo entre con más facilidad. Primero les explico la manera de identificar el músculo 
pubococcígeo, que contrae la vagina, y luego les pido que lo contraigan con la mayor fuerza posible y 
después aflojen la contracción. En ese momento, experimentan la relajación que les va a servir para el 
examen. Este ejercicio lo repito varias veces hasta que ellas noten la diferencia entre la tensión y la relaja- 
ción muscular. Cuando la mujer está muy asustada, le digo que puede detenerme en el momento que 
quiera; de esta manera sabe que ella está al mando del examen. En algunos casos, entre las dos acorda- 
mos no hacer un examen pelviano en una determinada visita si ella se siente demasiado vulnerable o 
asustada. Sencillamente hablamos de sus temores y yo le ofrezco información y apoyo. Cuando se siente 
dispuesta, vuelve a la consulta para el examen. Le explico que a muchas mujeres les desagrada el exa- 



men pelviano, aun cuando no tengan miedo de tener una enfermedad, y que ella no está sola en su mie- 
do y su malestar. 

Papiloma virus humano 

El papilomavirus humano es un virus muy común que puede causar verrugas venéreas y aparece en las 
pruebas citológicas anormales, o displasia cervical. Se estima que por lo menos un 50 por ciento de la 
población adulta normal y un 40 por ciento de los niños muestran indicios de infección por este virus. 11 
La gran mayoría de mujeres que han estado expuestas al papilomavirus no desarrollan verrugas ni dis- 
plasia cervical. Pero en otras el virus va asociado al cáncer de cuello del útero. 

Hay una gran controversia en la bibliografía obstétrica y ginecológica respecto a si este virus 
causa la displasia cervical, o si el virus y la displasia simplemente están en el mismo lugar al mismo 
tiempo, es decir, en el tejido anormal del cuello uterino. El ADN del papilomavirus (el material genético 
del virus que se usa para su identificación) se ha encontrado en casi todas las pruebas citológicas anor- 
males y en las células del cáncer del cuello del útero. Sin embargo, la mayoría de las mujeres que han 
estado expuestas a este virus no contraen displasia cervical. Este virus es solamente un cofactor en la 
displasia cervical, de modo que no se puede considerar la única causa de ella. 

Recientemente se ha descubierto que algunas cepas de papilomavirus son más virulentas que 
otras. 12 Estas cepas están por lo general más implicadas en el cáncer de cuello uterino y otras graves 
anormalidades que muestra la citología. Pero los trabajos para determinar qué mujeres tienen las cepas 
más virulentas de papilomavirus, con el fin de prevenir anormalidades, no han resultado muy eficaces. 
Esto se debe a que las llamadas «cepas de virus benignos» están a veces implicadas en el desarrollo de 
tejido cervical, vaginal o vulvar anormal. En otros casos, las cepas más virulentas no causan ninguna 
anormalidad. En realidad no sabemos, en el sentido médico usual, quiénes van a desarrollar anormali- 
dades debido al virus y quiénes no, a no ser que miremos los factores que pueden contribuir a debilitar 
la inmunidad. Por eso no recomiendo los análisis rutinarios del ADN del papilomavirus. Las anormali- 
dades comienzan a proliferar y a causar daño solamente cuando el sistema inmunitario ya está debilita- 
do en esa zona del cuerpo y no es capaz de mantener la salud del tejido. 

En un estudio se comprobó que un estrés crónico y ciertas actitudes concretas acerca de la sexua- 
lidad cambian la irrigación sanguínea del tejido del cuello uterino e influyen en sus secreciones. Esto su- 
giere una relación entre el estrés y el consiguiente desarrollo de la enfermedad en esa zona del cuerpo. 13 
La inmunosupresión debida a estrés emocional crónico o de otro tipo puede llevar a cambios en la in- 
munidad que permiten una mayor producción de virus. Es bien conocida la relación entre las pruebas 
citológicas anormales y un mal funcionamiento del sistema inmunitario: las mujeres a quienes les han 
trasplantado órganos y que toman fármacos inmunosupresores (prednisona, por ejemplo) tienen más 
probabilidades de obtener resultados anormales en las pruebas citológicas. También suelen tener brotes 
recurrentes de verrugas y herpes. (La reacción emocional al diagnóstico de verrugas venéreas puede ser 
similar a la del herpes. Si te preocupan estos trastornos, lee por favor ambas secciones.) 

Si nuestro cuerpo es un holograma en el que cada parte contiene el todo (véase el capítulo 2), en- 
tonces el papilomavirus y las células anormales asociadas con este virus son dos aspectos interrelaciona- 
dos de un todo mayor que aún no está totalmente entendido. Por diversas razones, la inmunodepresión 
hace mucho más probable que cualquier papilomavirus presente en el cuello del útero o en la vagina 
ataque a las células ya debilitadas. Yo considero que el papilomavirus es un oportunista, semejante a las 
águilas ratoneras que revolotean alrededor de un ternero moribundo. El virus «no causa» el cáncer, así 
como las águilas no hacen enfermar al ternero. Pero cuando el ternero ya está enfermo y moribundo, las 
águilas comienzan a revolotear a su alrededor. La mayoría de las mujeres que tienen el papilomavirus 
no desarrollan células anormales ni cáncer del cuello del útero, porque un buen funcionamiento inmuni- 
tario detiene gran parte de la actividad e infecciones virales. 

Síntomas 

Las mujeres infectadas por el papilomavirus acostumbran a tener excrecencias verrugosas (condiloma 
acuminado) en la parte exterior de la vulva, que no duelen pero se pueden ver y palpar. Es posible que 
estas crezcan y se multipliquen durante el embarazo, cuando las hormonas asociadas con el embarazo 



estimulan su proliferación. Suelen desaparecer después del parto, cuando las hormonas vuelven a cam- 
biar. Las verrugas pueden variar de aspecto, desde excrecencias en forma de placas hasta lesiones pun- 
tiagudas. Algunas mujeres sólo tienen unas pocas, mientras que otras tienen muchas sobre toda la vulva. 
El virus también puede ser causa de excrecencias verrugosas en la lengua, los labios y la garganta, aun- 
que es excepcional que se produzcan en estos sitios. A veces la mujer no tiene verrugas visibles en la 
vulva, pero las tiene en la vagina o en el cuello del útero, y es posible que ni lo sepa. 

La infección por papilomavirus va acompañada a veces de dolor vulvar crónico, vaginitis crónica 
e inflamación crónica del cuello del útero (cervicitis). Normalmente no se produce flujo vaginal, aunque 
puede haberlo. Dado que algunas mujeres tienen la infección por este virus junto con infecciones vagina- 
les por hongos o la bacteria llamada Gardnerella (véase pág. 345), no siempre es posible discernir exac- 
tamente qué virus o bacteria causa qué síntoma. A menos que la mujer tenga excrecencias verrugosas en 
la vulva o irritación crónica vaginal o vulvar asociada con el papilomavirus, es posible que no se entere 
que lo tiene. 

Diagnóstico 

Las excrecencias verrugosas en la vulva, la vagina o el cuello del útero y las células anormales detectadas 
en una citología o una biopsia suelen ir asociadas con el papilomavirus. Si es la primera vez que apare- 
cen, se hace una biopsia y se envía al laboratorio para confirmar el diagnóstico. A veces se diagnostica el 
papilomavirus por colposcopia (espéculo vaginal) o por cervigrama, que es una prueba exploratoria en 
que se toma una fotografía del cuello del útero después de aplicar ácido acético (vinagre) diluido al teji- 
do. Cuando se aplica vinagre a la vulva, el cuello del útero o la vagina y está presente este virus, el tejido 
suele volverse blanco (entonces se lo llama «epitelio acetoblanco» o «células dérmicas blancas»). La biop- 
sia de la zona blanca suele revelar papilomavirus. 

Preguntas corrientes sobre el papilomavirus 

¿POR QUÉ LO TIENEN TANTAS MUJERES? Es probable que el papilomavirus haya estado siempre 
presente en los genitales humanos. Ciertamente se encuentra en las pruebas citológicas de hace veinte 
años. Por entonces, sencillamente no se reconocía ni se estudiaba tanto como ahora. Varios factores han 
contribuido a que en la actualidad se diagnostique con más frecuencia. Uno es el advenimiento de la 
colposcopia, técnica de diagnóstico desarrollada en los años setenta para evaluar las pruebas citológicas 
anormales. Una colposcopia puede exigir biopsias de la vagina o el cuello uterino si se detecta cualquier 
zona anormal en el examen (para más detalles, véase pág. 333). A medida que se hacían más biopsias y 
se diagnosticaban anormalidades cervicales en sus primeras fases, los patólogos comenzaron a reconocer 
con más frecuencia los cambios celulares asociados con este virus. 

La revolución sexual y el hecho de tener muchas parejas sexuales han incrementado el número 
de mujeres expuestas al virus. Los preservativos no siempre previenen la transmisión del papilomavirus 
(que se transmite por contacto físico) porque este puede estar presente en otras partes, además del pene, 
por ejemplo en el escroto; de todos modos, sirven de algo. Aunque una mujer sea monógama, puede 
estar expuesta a verrugas según el número de parejas sexuales que haya tenido su pareja. Entre los facto- 
res implicados en que este virus induzca la formación de excrecencias anormales están la inmunodepre- 
sión por una nutrición que no es óptima, las relaciones emocionales no sanas, el exceso de alcohol y el 
tabaco. Además, no transmitimos sólo los virus de nuestras parejas sexuales anteriores a nuestra pareja 
actual; también transmitimos nuestro actual estado de salud emocional, que determina en parte si esos 
virus se activan o no. 

¿CÓMO COGÍ ESTO? ¿Quién ME LO CONTAGIÓ? Esta es una de las preguntas importantes que se ha- 
cen muchas mujeres. La verdad es que este virus, igual que el del herpes, se inserta en el ADN del tejido 
que infecta y, una vez allí, puede estar dormido o latente durante años. Eso significa, teóricamente, que 
un virus que una mujer «cogió» en 1973 podría estar hasta 1998 sin manifestarse de ninguna forma visi- 
ble. Esto también significa que quienquiera que se «lo contagiara» tal vez no sabía que lo tenía. He visto 



a parejas monógamas en las que uno de ellos tiene verrugas o herpes y el otro no, a pesar de haber man- 
tenido durante veinte años o más relaciones sexuales sin preservativo. 

En una cultura que cree en la relación «causa y efecto», las infecciones por papilomavirus y her- 
pes nos hacen trizas la ilusión de control. Algunas personas son «portadoras asintomáticas», es decir, 
pueden transmitir el virus a otras sin siquiera saber que lo tienen, de modo que nadie puede estar al 
ciento por ciento seguro de que no lo va a transmitir a otra persona una vez que lo tiene, aun en el caso 
de saberlo. 

Lo que esto significa para las mujeres es lo siguiente: si una mujer se siente culpable o se odia a sí 
misma por su sexualidad, se va a preocupar u obsesionar hasta cierto grado por las infecciones de herpes 
y de papilomavirus. A incontables mujeres, la mayoría de ellas de ambientes religiosos estrictos domi- 
nados por el hombre, les han dado verdaderos ataques de vergüenza cuando les he diagnosticado herpes 
o verrugas. En algún lugar de su interior, creen que las personas que cogen el virus del herpes o el papi- 
lomavirus han hecho algo malo. He visto a muchas otras con esos trastornos quedarse paralizadas de 
culpabilidad, pensando que están manchadas para siempre. Les aterra la idea de transmitir el virus a 
otra persona. Dado que ya se sienten indignas, el diagnóstico de herpes o papilomavirus las hunde más 
aún. Así comienza en el cuerpo un círculo vicioso que continúa hasta deprimir el sistema inmunitario y 
que puede ser causa de continuos brotes. Los reportajes que aparecen en los medios de comunicación 
relacionando el papilomavirus y el herpes con el cáncer de cuello del útero empeoran aún más ese esta- 
do mental. La vergüenza y el miedo forman una combinación fatal para el sistema inmunitario. 

(Más adelante en este capítulo ofrezco algunas recomendaciones para hacer frente emocional y 
mentalmente a estos trastornos y para fortalecer el sistema inmunitario.) 

¿Presenta problemas en el embarazo el papilomavirus? Las hormonas que se producen durante el 
embarazo suelen estimular el crecimiento y la proliferación de las verrugas vulvares. En casos excepcio- 
nales, las verrugas pueden causar hemorragia en el momento del parto, sobre todo si se practica una 
episiotomía en una zona de la vulva afectada por verrugas. En general, no obstante, las verrugas no 
crean problemas en el embarazo. Suelen desaparecer sin tratamiento después del parto. Teóricamente, 
una mujer infectada por el virus puede transmitirlo al bebé en el parto y, también teóricamente, algunos 
bebés pueden tener papilomas en las cuerdas vocales (que se pueden tratar con cirugía). Sin embargo, 
esto es muy excepcional, y no es motivo para hacer cesárea a una mujer infectada por papilomavirus; el 
sistema inmunitario del bebé lo protege casi siempre. 

Tratamiento 

Una vez que se tiene el papilomavirus se tiene para siempre, de modo que el tratamiento se dirige a eli- 
minar las verrugas visibles y a asegurarse de que no estén proliferando las células anormales o precance- 
rosas que a veces acompañan a las verrugas. Una vez que se extirpa el grueso de la verruga, el sistema 
inmunitario puede tratar y eliminar el resto más fácilmente. No obstante, la extirpación o desaparición 
de una verruga no impide necesariamente que vuelva a aparecer ni elimina la posibilidad de transmi- 
sión. 

Hay controversia respecto a si es importante que los hombres se traten las verrugas. Muchos 
médicos restan importancia al papel del hombre en la infección por papilomavirus, y muchos hombres 
están infectados sin tener verrugas visibles; por lo tanto, muchos no saben que las tienen y no se hace 
ningún esfuerzo por diagnosticarlas. 14 El cuello del úlero es un ambiente único y parece ser más propen- 
so que la piel del pene o el escroto a las anormalidades que van asociadas con el virus. 

Tratamiento con láser. El tratamiento con rayos láser, muy popular para las verrugas hace unos años, 
no ha estado a la altura de las primeras espectativas de la profesión médica. Si un médico es muy exper- 
to en el uso del láser, puede ser una buena manera de extirpar verrugas persistentes, pero unos cuantos 
estudios han comprobado que una vez que las verrugas se han eliminado del cuello del útero o de la 
vulva mediante láser, vuelven con más rapidez que si se eliminan con otros tratamientos. Tal vez esto se 
deba a que el láser vaporiza el tejido y extiende aún más el virus de la verruga por sus alrededores. El 
papilomavirus en las membranas mucosas de la vagina y el cuello del útero se puede comparar con el 



virus presente en el tracto respiratorio que causa un resfriado. Nunca se nos ocurriría usar láser para 
limpiar del virus del resfriado las superficies de la tráquea y los bronquios. Pues, en realidad, usar láser 
para eliminar verrugas del tracto genital es lo mismo; sabemos que en última instancia no podemos 
erradicar el virus de la verruga, no más de lo que podemos erradicar el virus del resfriado común. Dado 
que hay muchas cepas diferentes de virus de verrugas, como de virus de resfriado, no es práctico hacer 
una vacuna. No me ha convencido la eficacia a largo plazo del tratamiento por láser, y prefiero otros. 

PODOFILINA. La podofilina es una resina química derivada del podofilo (Podophyllum peltatum). Obsta- 
culiza la división celular y por lo tanto detiene el crecimiento de las verrugas genitales. Puede ser eficaz 
para algunas personas, pero únicamente para las verrugas externas, porque puede tener efectos tóxicos 
en los tejidos adyacentes cuya división celular es normal. La podofilina se aplica exclusivamente sobre la 
verruga y debe lavarse al cabo de unas horas. 

El Podofilox (Condylox) es una pomada tópica antiviral al 0,5 por ciento que la propia mujer 
puede aplicar a las verrugas externas después de un tratamiento inicial realizado por su médico. Este 
cómodo tratamiento podría disminuir las visitas a la consulta que debe hacer para las verrugas recurren- 
tes. Este medicamento está emparentado con la podofilina y se vende con receta. 15 

Ácidos. Muchos médicos utilizan ácido tricloroacético para tratar las verrugas del cuello del útero, la 
vagina y la vulva. Este ácido es muy eficaz, pero no «cura» las verrugas, simplemente cauteriza las visi- 
bles. Se debe aplicar en cantidades ínfimas y sólo en las zonas verrugosas, porque causa dolorosas que- 
maduras en el tejido sano (también quema a través de la ropa). Incluso en las zonas verrugosas puede 
causar un inmediato escozor, seguido por una ulceración de la piel. Si el ácido toca cualquier otra zona 
que no sea la verruga (y suele hacerlo), la piel tarda entre una y dos semanas en sanar. También tarda 
ese tiempo en desprenderse la ulceración de la verruga. Es posible que sea necesario hacer más de una 
vez el tratamiento. 

CRIOCAUTERIZACIÓN. Las verrugas se pueden congelar en la sala de consulta mediante un crio- 
cauterio. La congelación hace desaparecer la verruga en una o dos semanas. Encuentro que este trata- 
miento exige muoho tiempo, y suele ser doloroso para la paciente. Yo no lo uso. 

ELECTROCAUTERIZACIÓN. Es posible la extirpación de grandes grupos de verrugas usando un elec- 
trocauterio. En este tratamiento se quema la verruga con un aparato eléctrico caliente. Normalmente se 
realiza con anestesia en el quirófano. Sólo recurrimos a él cuando no han resultado los demás métodos, 

CAUTERIZACIÓN CON ELECTRODO EN BUCLE. Esta es una tecnología relativamente nueva, tam- 
bién llamada «cauterización de la zona de transformación con electrodo grande». Se aplica para eliminar 
verrugas y el tejido afectado en la vulva, el cuello del útero y la vagina. Extirpa las verrugas por electro- 
cauterización, con un alambre en bucle cargado de electricidad. También se usa para tratar la displasia 
cervical. Puede ser muy beneficioso. 

He visto «funcionar» todo tipo de tratamientos para las verrugas. Se sabe, por ejemplo, que las 
de las manos se desprenden después de diversos tratamientos, desde aplicar una patata fría hasta la hip- 
nosis. 16 Sencillamente no sabemos qué es lo que hace desaparecer las verrugas, incluso después de miles 
de años en los que se ha comprobado que las verrugas son sensibles a la sugestión y a los remedios po- 
pulares. Aunque la eliminación de las verrugas en realidad no «cura» nada, sí ayuda al cuerpo a comba- 
tir el papilomavirus. Un motivo de esto es que al tratamiento reduce la cantidad de virus que se des- 
prende de la verruga. Otro motivo es que el sistema inmunitario se estimula por la sensación de que 
«estamos haciendo algo». Vivimos en una cultura muy activa, y a los estadounidenses nos gusta que se 
hagan cosas. Cuando tratamos una verruga y la eliminamos, la paciente tiene una cierta sensación de 
que la «están cuidando». El sistema inmunitario capta el mensaje y continúa «cuidándola» 

NUTRICIÓN. El cambio dietético, los suplementos y la educación acerca del funcionamiento del sistema 
inmunitario pueden reforzar el tratamiento para eliminar verrugas. Las verrugas persistentes son un 



indicador de inmunodepresión; ese es su mensaje. La expresión de las verrugas depende hasta cierto 
punto de lo bien que se cuida la mujer. Los estudios han demostrado que los alimentos ricos en antioxi- 
dantes, tales como la vitamina C, el ácido fólico, la vitamina A, la vitamina E, el betacaroteno y el selenio 
(o suplementos que los contengan), van bien para sanar y prevenir la displasia cervical. 17 Los antioxidan- 
tes llamados proantocianadinas, que se encuentran en la corteza del pino y la semilla de la uva, han de- 
mostrado ser útiles en algunos casos (para la dosificación, véase la sección «Displasia cervical). Dada la 
conexión entre papilomavirus, displasia cervical y cáncer del cuello de útero, a la mujer que tenga el 
papilomavirus le recomiendo que tome un buen suplemento de vitaminas y minerales que contenga esos 
nutrientes, y que siga también una dieta de alimentos integrales. 

Medicina energética. Permanecer al aire libre y hacer actividades que nos gustan fortalece el sistema 
inmunitario. Evidentemente, ninguna de nosotras tiene un control total sobre si un virus se inserta o no 
en nuestro ADN, ni sobre si se va a manifestar o no, una vez insertado. Pero, sobre todo en los casos de 
verrugas o herpes persistentes, sintonizar con nosotras mismas con amor, perdón, buena alimentación y 
un buen suplemento de vitaminas, puede hacer maravillas para impedir que las verrugas y el herpes 
vuelvan a aparecer. 

Herpes 

El herpes es un tipo de virus que puede causar pequeñas úlceras muy dolorosas en la vulva, la vagina o 
el cuello del útero. Los virus del herpes pueden producir también ampollas en los labios, o herpes labial. 
Se dividen en varios tipos. El de tipo 1 es el que causa el herpes labial; tiende a vivir «de cintura para 
arriba», pero de vez en cuando también causa infecciones genitales. El de tipo 2 tiende a vivir «de cintura 
para abajo» y es el virus más común asociado con el herpes genital. Ocasionalmente el herpes de tipo 2 
vive «de cintura para arriba» y causa infecciones bucales. Una vez que la persona tiene herpes, lo tiene 
de por vida. Un virus del herpes que está dormido (o latente) reside en el tejido infectado alrededor de 
los labios (genitales o bucales) o en los nervios espinales. 

Síntomas 

Como ocurre con el papilomavirus, muchas mujeres que han estado expuestas al virus del herpes nunca 
presentan ampollas o úlceras y por lo tanto no tienen ningún motivo para sospechar que tienen el virus. 
De hecho, en un estudio en que se hizo análisis a mujeres con elevado riesgo de enfermedades de trans- 
misión sexual, el 47 por ciento tenía el virus, aunque sólo la mitad de ellas habían tenido síntomas alguna 
vez. 18 Pero cuando el virus se activa, causa pequeñas úlceras muy características en los órganos genitales. 
El primer episodio de brote de herpes que tiene una persona (llamado «infección por herpes primario») 
puede ser terriblemente doloroso, con fiebre, enfermedad sistémica, hinchazón de los ganglios linfáticos 
de las ingles, dolor en los órganos genitales e incluso incapacidad para orinar secundaria al dolor y la 
infección por herpes en la vejiga o uretra. Después de un brote de herpes primario, la persona casi nunca 
volverá a tener síntomas tan fuertes, porque el cuerpo produce anticuerpos. 

Los subsiguientes brotes se conocen como «herpes secundario». Por lo general, comienzan con 
una sensación de hormigueo o comezón en la zona afectada, seguida por el brote de una ampolla o úlce- 
ra. Algunas mujeres sienten dolor en las piernas también, porque el virus del herpes vive en los nervios 
espinales que inervan los órganos genitales y la parte interior de los muslos. Factores emocionales como 
la depresión, la angustia o la hostilidad pueden favorecer una mayor producción del virus del herpes y 
la consiguiente irritación vaginal crónica. 19 

Sin embargo, el herpes tiende a «quemarse solo» pasados unos años, íleo significa que la persona 
puede tener brotes frecuentes durante uno o dos años, pero que después no suelen continuar. Una de 
mis pacientes tuvo tan solo brote. Eso le ocurrió cuando se enteró de que su marido tenía una aventura 
extraconyugal. Finalmente se divorció, ahora tiene otra relación, y jamás ha tenido una recurrencia. Su 
sistema inmunitario ha mantenido inactivo al virus, aun cuando en su estilo de vida hay comportamien- 
tos que suelen estar relacionados con la inmunodepresión, como fumar mucho y al estrés que implica 
hacer dieta constantemente. En el caso de esta mujer, su sistema inmunitario de la zona genital mantiene 



en remisión al herpes, lo cual es una prueba de que la inmunidad de nuestros lugares de entrada se for- 
talece cuando nuestras relaciones personales van bien. 

Diagnóstico 

La mejor manera de saber si se tiene herpes es consultar a un médico experimentado en el momento del 
brote. Aunque las úlceras del herpes tienen un aspecto característico, a veces las infecciones por hongos 
pueden producir zonas ulcerosas en la vulva parecidas a las del herpes. El diagnóstico se confirma ha- 
ciendo un cultivo de una llaga activa. Incluso así, con frecuencia estos cultivos dan resultados negativos 
porque a veces es difícil para el virus proliferar en un cultivo de células. También se puede hacer un aná- 
lisis de sangre para ver si hay anticuerpos del virus del herpes, pero la mayoría de las personas ya tienen 
anticuerpos de este virus porque es muy común. 

Preguntas corrientes 

¿Dónde cogí el herpes? ¿Puedo transmitírselo a alguien? La respuesta a esta pregunta es la misma 
que para el papilomavirus: el virus puede estar latente durante años, de modo que una persona que tie- 
ne un brote primario puede haberlo «cogido» hace veinte años o más. He visto primeros brotes de her- 
pes genitales en mujeres de 85 años que llevan veinte años viudas y célibes. Las mujeres pueden exten- 
derse el virus a otras partes del cuerpo mediante lo que se llama «autoinoculación», al tocarse la llaga del 
herpes y después otras partes del cuerpo. Por eso es mejor evitar cuidadosamente el contacto con una 
llaga de herpes activa. 

Las personas que tienen herpes labial pueden extender el virus a la zona genital practicando el 
sexo oral. En teoría, cualquier persona que ha tenido un herpes labial puede desarrollar un herpes geni- 
tal. Si bien el virus de herpes labial (tipo 1) y el de herpes genital, (tipo 2) son diferentes y en general 
crecen mejor en la cavidad bucal o en el tracto genital respectivamente, en ocasiones puede darse una 
inoculación cruzada. Así, un virus de herpes bucal se desarrolla a veces en la zona genital, y viceversa. 
No hay ninguna garantía de que estos virus se queden en su sitio. 

He visto a parejas monógamas en las cuales uno tenía brotes de herpes mientras que el otro nun- 
ca los había tenido, aunque jamás habían usado preservativos durante sus muchos años de relaciones 
sexuales. Pero generalmente se recomienda que las personas que tienen herpes usen preservativos para 
disminuir el riesgo de infectar a otra. 

En general, los brotes de herpes acompañan a los siguientes productores de estrés: ansiedad y 
depresión, falta de sueño, esfuerzo excesivo y relaciones sexuales. Estos brotes pueden disminuir enor- 
memente o desaparecer si se siguen los consejos sobre alimentación y hierbas que doy más adelante, en 
la sección «Tratamiento». 

¿Presenta problemas en el embarazo el herpes? Aún hay mucho miedo y desinformación respecto al 
herpes durante el embarazo. El herpes no causa problemas en el embarazo antes del parto, a no ser que 
la primera exposición al virus ocurra durante el embarazo mismo y el virus llegue a niveles elevados en 
la sangre (viremia). Es muy raro que una madre transmita una infección de herpes al bebé durante el 
embarazo. 

Lo que preocupa a la mayoría de las mujeres es si van a necesitar cesárea debido a una llaga de 
herpes activa en la vulva, la vagina o el cuello del útero en el momento del parto. No es infrecuente el 
parto con cesárea para prevenir la posible exposición del bebé al virus de la madre, aun cuando el núme- 
ro de casos documentados de bebés infectados de herpes por la madre es sumamente bajo. De todas ma- 
neras suele practicarse cesárea debido a que los pocos bebés que sí se contagian del herpes pueden desa- 
rrollar infecciones peligrosas para su vida. 

Estar preocupada durante todo el embarazo por si se va a tener o no un brote de herpes activo en 
el momento del parto podría, a mi juicio, aumentar la posibilidad de un brote. Hay algunas medidas 
muy positivas que se pueden tomar para evitar esto. (Véase la sección «Tratamiento».) 



Tratamiento 



Medicamentos. El aciclovir (Zovirax) es el fármaco antiherpes más extendido en el mercado en estos 
momentos. Se presenta en forma de pastillas y de pomada, y algunas personas lo han empleado durante 
largo tiempo (de dos a tres años). Tomado por vía oral, este medicamento antiviral funciona como cual- 
quier antibiótico en el organismo. Durante las 24 horas después de haber tomado las pastillas, el virus se 
inactiva. La pomada para las llagas tarda un poco más en hacer efecto. El aciclovir es particularmente 
eficaz en las infecciones primarias (es decir, la primera vez que e tiene un brote de herpes). 

Aunque he recetado aciclovir a las mujeres que lo desean, me inquieta que su uso permanente 
pueda provocar la aparición de cepas más reticentes del virus, que serán aún más difíciles de tratar que 
las actuales. Esto ha ocurrido con otros microorganismos causantes de enfermedad en los cuarenta años 
que los médicos llevan prescribiendo fármacos antibióticos y antivirales. Recetar antibióticos rutinaria- 
mente cuando no están indicados y no buscar otras maneras de apoyar la propia capacidad del sistema 
inmunitario para combatir los gérmenes, ha tenido por consecuencia nuestra actual batalla contra las 
cepas de «supermicrobios» de la tuberculosis, la neumonía y los estafilococos. Por este motivo prefiero 
un método que fortalezca la capacidad innata de la mujer para mantener controlados los virus. 

Tratamientos dietético y herbolario. El ajo es un remedio muy eficaz para prevenir la recurrencia del 
herpes, y no tiene efectos secundarios conocidos. También va bien para el herpes labial. Se ha compro- 
bado que el ajo tiene propiedades antivirales, antibacterianas y antifúngicas. 20 Para las mujeres que tie- 
nen brotes recurrentes de herpes, mi centro recomienda lo siguiente: cuando comience el conocido hormi- 
gueo o picor que anuncia un brote, tomar inmediatamente 12 cápsulas de ajo desodorizado 21 (se encuen- 
tra en las tiendas de alimentos dietéticos). Después continuar tomando tres cápsulas cada cuatro horas 
durante los tres días siguientes, en las horas de vigilia. En casi todos los casos, se detiene el brote de her- 
pes. Conviene tomar la variedad de ajo desodorizada para evitar el mal aliento, que es el único inconve- 
niente del ajo. Generalmente recomiendo marcas que contengan alicina. 

A las mujeres que tienen un historial de herpes y desean quedarse embarazadas o ya lo están, les 
recomiendo tomar dos cápsulas de ajo al día. Esta cantidad se puede aumentar hasta seis u ocho cápsu- 
las diarias si están más estresadas de lo habitual. Según mi experiencia clínica, las mujeres que hacen 
esto y aumentan la dosis de ajo en periodos de estrés, no tienen brotes de herpes. 

El extracto de melisa (Melissa officinalis), también llamada limonera, tiene actividad antiviral con- 
tra el herpes, según se ha comprobado científicamente. Puede prevenir las úlceras y acelerar su curación 
si se toma al comienzo de los síntomas. 22 En las tiendas de alimentos dietéticos se puede encontrar este 
extracto en forma de crema, con el nombre de Herpalieve; deberá aplicarse a la zona afectada de dos a 
cuatro veces al día durante cinco o diez días. 

El aceite de melaleuca, extraído del árbol australiano del mismo nombre, se puede aplicar direc- 
tamente sobre la zona afectada antes del brote de herpes, ya sea con un aplicador o con el dedo. En la 
mayoría de los casos, este tratamiento tópico prevendrá el brote. 23 

Algunas personas toman zinc o vitamina C con bioflavonoides, mientras que otras se aplican 
pomada de sulfato de zinc, de vitamina E o de succinato de litio para prevenir o tratar los brotes de her- 
pes. Otras personas toman el aminoácido lisina para prevenir los brotes. Yo recomendaría estos trata- 
mientos solamente si el ajo, la melisa y el cayeputi no dan resultado en la prevención del brote. 

• Vitamina C, zinc y bioflavonoides: 200 mg de vitamina C con bioflavonoides; 100 mg de zinc. Ca- 
da uno de estos suplementos se toma tres veces al día con las comidas al comienzo de las moles- 
tias. 

• Pomadas de litio, zinc o vitamina E: Se aplican dentro de las 48 horas de la aparición del brote del 
herpes y se continúan las aplicaciones cuatro veces al día hasta que desaparezca.24 

• Lisina: Algunas mujeres obtienen muy buenos resultados en la prevención del brote de herpes 
tomando el aminoácido lisina como suplemento, 400 mg tres veces al día. Al mismo tiempo se re- 
duce el consumo alimentario del aminoácido arginina, para optimar la proporción lisina/arginina. 
Esto elimina los síntomas y disminuye el índice de recurrencia. Los alimentos buenos para aumen- 
tar el consumo de lisina son las patatas, la levadura de cerveza, el pescado, las legumbres y los 



huevos. Los alimentos ricos en arginina, que deberán evitarse, son el chocolate, los cacahuetes y 
otros frutos secos. Si se usa la terapia con lisina, deberán controlarse los niveles de colesterol, ya 
que esta terapia podría estimular al hígado a fabricar colesterol.25 

Cervicitis 

La verdadera cervicitis es una inflamación del cuello del útero causada por los mismos agentes infeccio- 
sos que causan la vaginitis, como los tricomonas o los hongos. La cervicitis y la vaginitis suelen estar 
presentes al mismo tiempo, y el tratamiento para las dos es el mismo (véase la sección sobre la vaginitis, 
pág.344). 

En algunas mujeres, las células del interior del cuello uterino que segretan mucosidad, a veces se 
extienden hasta el exterior del cuello del útero. Esto es una variación anatómica normal y no una cervici- 
tis. Aunque estas mujeres en ocasiones tienen un poco más de flujo vaginal de lo normal, se trata de algo 
que pocas veces requiere tratamiento. En los casos en que este flujo represente un verdadero problema, 
puede realizarse una criocauterización del cuello uterino o una cauterización con electrodo en bucle 
(véase pág. 319). 

Displasia cervical 
(células anormales detectadas en la citología) 

Displasia cervical es el nombre que se da a las anormalidades celulares que se producen en el canal en- 
docervical o en el propio cuello del útero; «displasia» simplemente significa «anormal». Una prueba cito- 
lógica revela si hay células anormales en el cuello del útero, y estas células se clasifican según criterios 
estandarizados. Los términos que se usan para clasificar estas anormalidades son: neoplasia cervical in- 
traepitelial (NCI), que significa que hay células anormales en la capa de células epiteliales que cubren el 
cuello del útero, y lesiones escamosas intraepiteliales (LEI), que significa que hay células anormales en la capa 
de células escamosas que cubren el cuello del útero, la vagina o la vulva. Los patólogos que analizan las 
pruebas citológicas clasifican estas células con números, según el grado de cambio celular. Así NCI 1 o 
LEI 1 se consideran moderados, mientras que NCI 3 o 4 o LEI 3 o 4 se consideran graves. 

Cuando un examen citológico resulta anormal, sé que la mujer va a pensar inmediatamente en el 
peor pronóstico posible: «¡Oh, no! ¡Tengo cáncer!». Una rápida investigación de las células anormales 
generalmente la tranquiliza. La mayoría de las veces estas células anormales no significan cáncer, aun- 
que un cierto porcentaje de displasias continúan avanzando hasta convertirse en cáncer del cuello de 
útero si no se diagnostican y tratan. Algunas anormalidades NCI, particularmente las moderadas, desa- 
parecen solas. Probablemente esto se debe a que la mayoría de las displasias moderadas son en realidad 
infecciones por papilomavirus autolimitadoras. Las infecciones autolimitadoras son aquellas de las que 
el sistema inmunitario se cuida él solo. 

Pueden producirse displasias cervicales cuando la mujer está en conflicto por desear serlo todo 
para todos, como es el caso de la que es madre, trabaja a jornada completa y la aflige no hacer bien nin- 
guno de estos dos trabajos. A esto yo lo llamo «disfunción rueda de andar». Tener la sensación de correr 
sin avanzar, ciertamente no favorece el buen funcionamiento del sistema inmunitario. Una mala dieta, la 
contaminación ambiental, la poca autoestima y un poco de vergüenza religiosa, pueden también dispo- 
ner el escenario para las displasias cervicales. 

Estudios científicos han demostrado que hay diferencias emocionales entre las mujeres cuya dis- 
plasia cervical avanza y aquellas cuya displasia se mantiene moderada o desaparece. Las mujeres cuya 
displasia se agravó fueron aquellas que se mostraron pasivas y pesimistas en situaciones estresantes; 
evitaron sentir la ansiedad y la expresaron somáticamente, con síntomas físicos, como migrañas, dolor de 
espalda y otros trastornos. Por su parte, las mujeres cuya displasia se mantuvo moderada fueron aquellas 
que hicieron frente al estrés de modo más optimista y activo, efectuando un cambio en su vida o bus- 
cando soluciones creativas para sus problemas. 26 



Síntomas 



Las displasias cervicales no suelen ir acompañadas por síntomas, aunque algunas mujeres me han dicho 
que sabían que algo iba mal porque tenían una sensación «de ardor» en la zona del cuello del útero. (El 
cáncer de cuello del útero o cervical también puede ser asintomático, pero entre sus síntomas suele haber 
hemorragias entre reglas, dolor pelviano, flujo vaginal maloliente y/ o sangre después de la relación se- 
xual.) 

El examen citológico Papanicolau 

Esta citología es el examen exploratorio de enfermedad más rentable conocido en la medicina moderna, 
un hecho que ha sido prácticamente olvidado en las recientes polémicas respecto a su fiabilidad. Desde 
que el doctor George Papanicolau introdujera este examen citológico a fines de años cuarenta, los índices 
de cáncer del cuello uterino y de muertes por su causa han bajado espectacularmente. De hecho, se esti- 
ma que en actualidad se previenen un 70 por ciento de muertes por cáncer del cuello uterino gracias a 
esta prueba barata y no invasora. Estos resultados son tan impresionantes que a veces bromeo sobre la 
necesidad de centros Papanicolau a donde se pueda ir a hacerse el examen con la misma facilidad con 
que se va a comer a un McDonald. 27 Este examen citológico se realiza extrayendo una muestra de células 
la la zona de transformación de la unión escamocolumnar del interior orificio del cuello del útero. En 
nuestro consultorio, como la mayoría de los médicos de la región, usamos un cepillo suave llamado «ci- 
tocepillo» para facilitar la obtención de una buena muestra. Las células se extienden sobre una platina y 
se las rocía o cubre con un preservador celular químico. Después las analiza al microscopio una persona 
preparada para examinar anormalidades celulares. 

El examen citológico Papanicolau no es perfecto; aún no se ha erradicado el cáncer de cuello del 
útero. En Estados Unidos siguen muriendo unas siete mil mujeres al año de esta enfermedad, y no todas 
habían dejado de hacerse su examen citológico regular. En el laboratorio de nuestro hospital, el número 
de resultados negativos falsos es de alrededor de un 13 por ciento, lo cual significa que el 13 por ciento 
de las mujeres cuya citología resultó normal, en realidad tenían una anormalidad en el cuello del útero 
que el examen citológico Papanicolau no detectó. La causa principal de esto es lo que se llama «error de 
muestra», es decir, la técnica utilizada para la muestra no recogió ninguna de las células anormales del 
cuello del útero. 28 

Las anormalidades del tracto genital superior, el endometrio, las trompas de Falopio y ocasio- 
nalmente los ovarios, aparecen a veces en el examen citológico Papanicolau, pero sólo rara vez. Esta cito- 
logía está destinada solamente a detectar las anormalidades del cuello del útero. Muchas mujeres no 
entienden esta limitación en la capacidad de su médico para diagnosticar. 

La siguiente es la recomendación médica estándar, aprobada por el Colegio de Obstetras y Gine- 
cólogos, la Sociedad para el Cáncer, el Instituto Nacional del Cáncer, el Colegio de Médicos y la Acade- 
mia de Médicos de Cabecera de Estados Unidos: «Todas las mujeres que han tenido o tienen una vida 
sexual activa o que han cumplido los 18 años, deberán hacerse una citología y un examen pelviano anua- 
les. Después de tres o más exámenes anuales consecutivos satisfactorios, con resultados normales, el 
examen citológico Papanicolau podría hacerse con menos frecuencia en una mujer de bajo riesgo según 
el parecer de su médico». 29 Estoy de acuerdo con esta recomendación, pero con una salvedad; me gusta- 
ría cambiar la última frase de modo que dijera: «según el parecer conjunto de la paciente y su médico», 
porque, como sabes, soy partidaria de que el cuidado de la salud se haga en sociedad, en la cual las dos 
partes tienen voz y voto en la toma de decisiones. 

Yo recomendaría un examen citológico anual en cualquiera de los casos siguientes: 

• Haber tenido la primera relación sexual a edad temprana. 

• Tener una pareja sexual que ha tenido una pareja con cáncer de cuello del útero. 

• Tener un historial de infección por papilomavirus (verrugas venéreas), actual o pasado. 

• Tener un historial de infección por herpes genital, actual o pasado. 

• Estar infectada por el VIH (virus de inmunodeficiencia humana), es decir, el virus del sida. 

• Estar afectada de inmunodepresión secundaria al trasplante de un órgano (por ejemplo, trasplan- 
te de riñon). 



• Fumar o tomar regularmente alcohol, cocaína u otras substancias similares. 

• Un historial de pruebas citológicas anormales o cáncer de cuello del útero, del útero, de la vagina 
o de la vulva. 

• Un nivel socioeconómico bajo (el Colegio de Obstetras y Ginecólogos de Estados Unidos señala 
que este factor es una posible causa de un buen número de otros factores estrechamente relacio- 
nados que suelen colocar a la mujer en mayor riesgo). 

En el caso de histerectomía por un trastorno benigno, los nuevos estudios han demostrado que 
no es útil el examen citológico regular de la vagina a no ser que haya un historial de cáncer del tracto 
genital o carcinoma en el cuello del útero. Hasta 1995, el Colegio de Obstetras y Ginecólogos de Estados 
Unidos los recomendaba siempre. Pero en 1996, en un análisis de 9.610 pruebas citológicas vaginales de 
mujeres a las que se había practicado una histerectomía por trastornos benignos, la doctora Katherine 
Pearce y sus colegas descubrieron que el valor de la prueba para detectar cáncer vaginal era del por 
ciento. 30 

¿QUÉ FIABILIDAD TIENE EL EXAMEN CITOLÓGICO PAPANICOLAU? Ningún examen es fiable al 
ciento por ciento, y el citológico no es una excepción. Los estudios han demostrado que el índice de re- 
sultados negativos falsos varía entre el 5 y el 50 por ciento, según el médico y el laboratorio usado. De 
vez en cuando el Papanicolau da un resultado negativo aunque haya células anormales presentes. Alre- 
dedor de dos tercios de estas cito- as negativas falsas son consecuencia de errores cometidos por el médi- 
co al coger las células (llamados «errores de muestra»), y alrededor de tercio se deben a errores del labo- 
ratorio. El Gobierno ha tratado de solventar el problema de los errores de los laboratorios estableciendo 
normas más estrictas. También hay veces en que las células anormales del cuello del útero están situadas 
en lugares a los que sencillamente no se puede llegar para coger la muestra. Así pues, incluso en las cir- 
cunstancias ideales, cuando todo se hace perfectamente, es posible que no se detecte a tiempo un cáncer 
de cuello del útero con una citología de rutina. 

Una manera de asegurar la mejor calidad posible del resultado del examen citológico es enterar- 
se del tipo de relación que hay entre el ginecólogo y el laboratorio al que se envía la muestra citológica. 
Pregúntale a tu médico si puede decirle personalmente al patólogo responsable del laboratorio que revi- 
se los resultados anormales o sospechosos que podrían requerir una atención especial. Cuando el médico 
que toma la muestra y el patólogo que es el responsable de firmar los resultados del examen puedan 
hablar sobre los casos problemáticos, mejorará la calidad de la atención médica. (Véase también la sec- 
ción sobre las nuevas tecnologías para analizar las células del cuello del útero.) 

¿Qué ocurre cuando la prueba citológica no es negativa? A veces el resultado de la citología asusta o 
confunde. Las categorías de resultados citológicos y las maneras de tratarlos son las siguientes: 

• En ocasiones el resultado de la prueba citológica es calificado de «insatisfactorio para la interpretación» 
o «limitado». Esto no es motivo para alarmarse. Simplemente significa que en la muestra no había cé- 
lulas suficientes para interpretarla bien o que las células vistas eran normales, pero su interpretación es 
limitada debido al escaso número de células. El hecho de que se califique el resultado de «insatisfacto- 
rio» no significa necesariamente que el médico tomó una muestra mala o que lo hizo mal. Sólo significa 
que es necesario repetirla. 

• Otra designación utilizada en el informe de las pruebas citológicas es: «interpretación limitada secun- 
daria a inflamación». A veces en las células tomadas en la muestra hay inflamación debida a una infec- 
ción por hongos, tricomonas o bacterias. La inflamación también puede deberse a que el tejido del cue- 
llo del útero o la vagina está más delgado (a esto se lo llama «atrofia»), algo que ocurre después del 
embarazo, después de la menopausia o durante otros periodos en que el nivel de estrógeno es bajo. La pre- 
sencia de células inflamadas en la muestra citológica casi nunca es causa de alarma. Simplemente hay 
que repetir el examen una vez que se haya tratado la infección o el tejido atrófico. En muchos casos 
la inflamación desaparece sola, sin ningún tratamiento, sobre todo si se mejoran la dieta y el estilo 
de vida cuando es necesario. 

• Una categoría de resultado citológico que suele confundir mucho a médicos y pacientes por igual 
es la llamada «células escamosas atípicas de trascendencia indeterminada» (en inglés, ASCUS), 



que ocurre en el 10 por ciento de las pruebas citológicas. La mayoría de las veces que la citología 
viene con ese informe, significa que las células del cuello del útero parecen atípicas debido a algún 
tipo de reacción: curación, inflamación, atrofia, etcétera. En el 75 por ciento de los casos no hay 
ninguna enfermedad del cuello del útero. Sin embargo, debido a la obsesión cultural por la enfer- 
medad, si la mujer recibe este diagnóstico se podría preocupar excesivamente y sentir la necesidad 
de que le repitan la prueba o le hagan un examen invasor como una biopsia (lo cual también signi- 
fica más gastos) . 

En general, no se corre ningún riesgo si se espera entre cuatro y seis meses para repetir el 
examen, a no ser que la propia guía interior diga otra cosa. Si hay una inflamación y el médico 
logra encontrar la causa, hay que tratarla y después repetir el examen citológico. Las células es- 
camosas atípicas que acompañan a los cambios atrofíeos desaparecerán con el tratamiento tópi- 
co con estrógeno o con un tratamiento que nutra y restablezca la mucosa vaginal. Se ha com- 
probado que el Remifemin, un extracto estandarizado de cimifuga, normaliza el grosor de los 
tejidos vaginales al cabo de un tiempo que va de las cuatro a las seis semanas, de modo que esa 
es una buena opción para las mujeres que necesitan evitar el estrógeno. Otra buena opción es el 
estriol (véase el capítulo 14). 

• En algunos casos, la presencia de células escamosas atípicas en la muestra citológica podría indicar 
que hay también lo que ahora se llama «lesión escamosa intraepitelial de bajo grado»; este es el 
nuevo nombre de lo que antes se llamaba «citología de clase 3». Cuando el resultado de la prueba 
citológica hace sospechar una lesión intraepitelial, es importante hacer un concienzudo seguimien- 
to, repitiendo el examen citológico cada cuatro, cinco o seis meses, hasta que los resultados sean 
normales. Según las estadísticas, el 50 por ciento de las anormalidades desaparecen solas, lo cual 
es una muy buena noticia. En algunos casos el médico podría recomendar, o la mujer podría prefe- 
rir, más exploraciones del cuello del útero mediante una prueba llamada «colposcopia». Durante 
una colposcopia se mira el cuello del útero con una lente de aumento; se ven con mucha claridad 
las zonas de anormalidad, se hace una biopsia si se precisa un análisis más completo y con fre- 
cuencia se eliminan de inmediato. Yo recomendaría también tomar suplementos antioxidantes. 

• Por último, si el resultado del examen citológico es una «lesión escamosa intraepitelial de alto gra- 
do», el médico programará una colposcopia y ordenará una biopsia del cuello del útero, y posi- 
blemente incluso una cauterización con electrodo en bucle, para tener la seguridad absoluta del 
grado de anormalidad. La cauterización con electrodo en bucle elimina el tejido anormal con fines 
de diagnóstico y tratamiento, a la vez que preserva el funcionamiento normal del cuello del útero. 
Esta operación se puede realizar en la consulta y a veces reemplaza la biopsia por conización, que 
es un tratamiento para los cambios precancerosos en el cuello del útero y que debe realizarse en el 
quirófano con anestesia. En cualquier caso, yo recomendaría una dieta rica en ácido fólico y vita- 
minas del complejo B (o tomarlos en forma de suplementos) a cualquier mujer cuyas células del 
cuello del útero presenten cambios atípicos que podrían ser precancerosos o no. 

Otras tecnologías para explorar las células del cuello del útero. En una incesante búsqueda de mayor exactitud 
para detectar patologías, más la creencia de que tener más información nos va a salvar, en los últimos años los in- 
vestigadores han desarrollado nuevas tecnologías capaces de dar más información acerca de anormalidades en el 
cuello del útero que el examen citológico Papanicolau solo. Ejemplos de esto son: la prueba PapNet, que utiliza la 
lectura computarizada de las células del cuello del útero para detectar anormalidades que los ojos humanos podrían 
no haber visto; la prueba ThinPrep, que facilita la lectura de la muestra citológica, y diversos sistemas de análisis 
para detectar la presencia del papilomavirus humano. En la prueba ThinPrep, la muestra citológica se sumerje en 
un vial con líquido para impedir que las células se sequen; después se filtran para eliminar desechos y se colocan en 
una platina. Los estudios realizados por el fabricante sugieren que, comparado con las técnicas normales para ana- 
lizar la muestra, la prueba ThinPrep mejora en un 65 por ciento la detección de células anormales y reduce en un 50 
por ciento los análisis menos que buenos. 31 Los sistemas para detectar el papilomavirus en las células del cuello del 
útero no son muy útiles en esta época, porque tener esa información no cambia necesariamente el tratamiento. Lo 
que tienen en común estas técnicas de exploración mejoradas es que aumentan la posibilidad de encontrar anorma- 
lidades algunas de las cuales ni siquiera vale la pena encontrar), y también aumentan al doble el precio de un exa- 
men citológico: de 20 a 40 dólares [de 3.000 a 6.000 pesetas]. Por lo tanto, no las recomiendo rutinariamente, aun- 
que bien podrían ser útiles para mujeres en situación de alto riesgo. 



CERVIGRAFÍA. Un cervigrama es una fotografía del cuello del útero, tomada al mismo tiempo que se 
coge la muestra citológica. En Women to Women ofrecemos esta prueba (que no siempre cubre el seguro 
médico) a cualquier mujer que haya tenido una citología anormal o que desee mayor seguridad (lo mis- 
mo se puede aplicar a cualquiera de las pruebas exploratorias mencionadas). Una citología negativa y un 
cervigrama negativo dan a la paciente un 90 por ciento de seguridad de que su cuello uterino está nor- 
mal. 32 El problema de la cervigrafía, y de las otras técnicas mencionadas, es que son tan sensibles que 
detectan anormalidades fue la mayoría de las veces desaparecerían solas, asustando así innecesariamente 
a las mujeres y minando su confianza en su cuerpo. Como ya he dicho, el 75 por ciento de las mujeres 
con resultados equívocos en su citolología no tienen ninguna enfermedad. Al desarrollar pruebas explo- 
ratorias que nos dan informaciones que en realidad no nos sirven en lo que respecta a la prevención o el 
tratamiento, podríamos acabar sencillamente aumentando el grado de angustia de la paciente, impi- 
diendo así tal vez que su cuerpo se cure justamente del trastorno que queríamos explorar. 

COLPOSCOPIA. Una vez que una mujer tiene un examen citológico o un cervigrama anormales, el paso 
siguiente es delinear más la extensión del problema mediante una colposcopia. En ella, se observa el cue- 
llo del útero a través de una lente de aumento, para examinar los vasos sanguíneos y las formas de los 
tejidos. Se hace una biopsia de las zonas que parecen anormales, y se envía al laboratorio. Se presta espe- 
cial atención a la zona de unión escamocolumnar, examinándola concienzudamente. A veces las células 
anormales se extienden hasta el interior del cuello del útero, donde no se pueden ver ni examinar. En 
esos casos se recomienda una biopsia por conización (biopsia del interior del cuello uterino en forma de 
cono) o una cauterización con electrodo en bucle (véase pág. 319) para explorar más el tejido del interior 
del cuello del útero. Este procedimiento no es sólo diagnóstico, sino que suele ser también curativo. Exis- 
te una anestesia local que se rocía en el cuello del útero (o en la vagina) antes de hacer la biopsia, con lo 
cual la operación es prácticamente indolora. Pregunta sobre esto a tu médico. 

Preguntas corrientes 

¿CÓMO la CONTRAJE? Nadie sabe exactamente por qué una mujer desarrolla una displasia cervical y 
otra no. A semejanza del papilomavirus, la displasia cervical está relacionada con el funcionamiento del 
sistema inmunitario. En un estudio se comprobó que las mujeres que tomaban fármacos inmunosupre- 
sores para trasplante de riñon tenían siete veces más posibilidades de desarrollar anormalidades citoló- 
gicas que las del grupo de control, formado por pacientes no inmunosuprimidas. Fumar es un riesgo 
categórico para anormalidades citológicas conducentes al cáncer del cuello del útero. Se ha comprobado 
también que las mujeres que presentan anormalidades en el cuello del útero tienen niveles más bajos de 
antioxidantes y ácido fólico en la sangre. Hay una relación conocida entre las pildoras anticonceptivas y 
ciertos tipos de displasias cervicales. 33 Esto podría deberse en parte a que la pildora baja el nivel de ele- 
mentos nutritivos en la sangre, por ejemplo de las vitaminas B. 

¿Puede el tabaco aumentar el riesgo de displasia cervical? Muchos estudios han documentado la 
relación entre el tabaco y la displasia cervical. Incluso se ha encontrado cotinina, un subproducto tóxico 
del tabaco, en la mucosa del cuello del útero de fumadoras. Si fumas, el tabaco afectará adversamente a 
la inmunidad de las mucosas vaginal y del cuello del útero. 

Tratamiento 

Las mujeres han de saber que en algunos estudios se ha comprobado que hasta un 50 por ciento de las 
anormalidades cervicales moderadas se normalizan sin tratamiento. Un porcentaje menor de anormali- 
dades más serias también retroceden. Pero a veces empeoran con cierta rapidez. Dado que nadie sabe 
qué lesiones van a desaparecer y cuáles van a desarrollarse rápidamente, recomiendo tratamiento a to- 
das las mujeres que tengan anormalidades en el cuello del útero. 

El objetivo del tratamiento para la displasia cervical es erradicar todo el tejido anormal. La medi- 
cina ginecológica estándar tiene excelentes instrumentos para tratar tanto la displasia como el cáncer del 



cuello del útero en sus primeras fases. El índice de curación por métodos estándar está por encima del 90 
por ciento. 

Entre los métodos para destruir el tejido cervical anormal se cuentan el láser, la criocauteriza- 
ción, el ácido tricloroacético y la cauterización con electrodo en bucle. Este último método se usa para 
diagnosticar y tratar algunos casos de lesiones escamosas intraepiteliales que antes precisaban una biop- 
sia por conización, una operación quirúrgica con anestesia practicada en el hospital. Algunos médicos 
usan el láser de este mismo modo. Me ha complacido muchísimo ver cómo sana el cuello del útero des- 
pués de una cauterización con electrodo en bucle. 

Para estar seguras de que no vuelve la anormalidad es necesario un seguimiento regular con 
exámenes citológicos Papanicolau cada tres meses durante un año, y cada seis después. Pasados varios 
años de exámenes citológicos normales cada seis meses, algunas de mis pacientes los siguen haciendo 
anualmente. Esta es una decisión personal. Una de mis colegas dice: «Nadie se ha muerto jamás de un 
seguimiento atento». Las mujeres que han tenido displasia cervical podrían tener problemas si la enfer- 
medad progresa; por eso parece apropiado hacer exploraciones más frecuentes. 

NUTRICIÓN. Numerosos estudios han relacionado los niveles bajos de Vitaminas A y del complejo B 
con la displasia cervical. Los anticonceptivos orales pueden aumentar las posibilidades de anormalidades 
citológicas, aunque los informes que apoyan esto no son muy conocidos por los ginecólogos; la pildora 
baja el nivel de la vitamina B en la sangre. En las mujeres cuya dieta ya es pobre en elementos nutritivos, 
la pildora puede provocar un ligero estado de insuficiencia o carencia. Se ha usado el ácido fólico en altas 
dosis para dar marcha atrás a displasias cervicales de mujeres que las desarrollaron cuando tomaban la 
pildora. Por eso, siempre que receto la pildora, también recomiendo un buen suplemento multivitamíni- 
co rico en el complejo B y que contenga ácido fólico. 

Si en el examen citológico has tenido el resultado de lesión escamosa intraepitelial de bajo grado 
u otra categoría anormal, añade 5 mg diarios de ácido fólico a tu dieta, junto con un buen complejo vita- 
mínico B y un suplemento de vitaminas y minerales. (La dosis de ácido fólico recomendada normalmente 
es.de 400 mcg diarios, de modo que esta es una dosis mucho mayor.) Añade también antioxidantes; uno 
de los mejores procede de un grupo de substancias vegetales llamadas proantocianadinas, que se en- 
cuentran en las pepitas de uva o en la corteza de pino; son marcas populares el Pycnogenol y el Profla- 
venol. Comienza por 2 mg por kilo de peso corporal, repartidos en dos o tres dosis diarias, durante una 
semana; después disminuye la dosis a 20 mg dos o tres veces al día. Por cierto, he visto mejorar enor- 
memente muchos casos de displasia cervical leve a moderada con un suplemento de vitaminas y minera- 
les más antioxidantes. 34 

Historias de mujeres 

Cuando la mujer está dispuesta a mirar los puntos de estrés de su vida, y combina su trabajo interior con 
las técnicas médicas estándar, casi tiene garantizado el éxito. A continuación, explico las historias de las 
reacciones de tres mujeres a los mensajes de su cuerpo mediante cáncer de cuello de útero y anormali- 
dades cervicales y vulvares, y sus esfuerzos por comprender y tratar sus problemas emocionales. 

SYLVIA: Llamada A despertar. Sylvia tenía 39 años cuando vino a verme por primera vez. Dos años 
antes le habían diagnosticado las fases iniciales de cáncer de cuello de útero, después de lo cual le hicie- 
ron un tratamiento de biopsia por conización. Durante dos años tuvo exámenes citológicos normales, 
pero en un examen de seguimiento le encontraron neoplasia cervical intraepitelial de grado 2 (NCI 2). 
Después de ese diagnóstico, cuando ya salía de la sala, la enfermera le comentó: «Lástima que esto siem- 
pre recurra cada dos años». 

Después Sylvia diría que ese comentario la puso finalmente en acción. Siempre había tenido la 
intención de dejar de fumar, de beber alcohol y de tomar café, pero en ese momento comprendió que era 
asunto de vida o muerte y que tenía que tomar medidas ya. Me dijo además: «Comprendí también que 
era hora de dejar de odiar a mi madre. Hasta hace un año más o menos yo era la típica "chica mala". 
Entonces comencé a hacer visualizaciones sanadoras y a meditar. En mi trabajo de sanación comprendí 
que venía de una familia en la que muchas generaciones de mujeres se han odiado a sí mismas. Mi cu- 



ñada murió de cáncer de pulmón por fumarse cuatro paquetes de cigarrillos diarios, y en su funeral mi 
madre me trató peor que nunca. Dos o tres días después de eso, me diagnosticaron cáncer de cuello del 
útero. Lo agradezco, porque ahora me siento viva y antes casi nunca sentía eso». 

También me contó que a todas sus hermanas les habían practicado una histerectomía y que a una 
de ellas le habían extirpado el pecho por cáncer de mama. «A mi madre le extirparon el útero, y es una 
mujer que está llena de odio contra sí misma. Ahora de pronto me doy cuenta de que todas estas mujeres 
de mi familia se odian a sí mismas y que han hecho eso durante años.» 

Sylvia decidió romper ese molde. Para hacerlo, mejoró su dieta, dejó de fumar y comenzó a lle- 
var un diario en el que escribía todas las ideas que le surgían acerca de las creencias que ya no le servían. 
Comenzó a tratarse con más respeto en todos los aspectos. Desde que se le extirpó la anormalidad, todos 
sus exámenes citológicos han sido normales. 

Faith: Sanación de displasias cervical y vulvar. Faith tenía algo más de 30 años cuando vino a verme 
por primera vez en 1989. Era enfermera y asistía a clases de arte. El año anterior le habían diagnosticado 
una neoplasia intraepitelial del cuello del útero, de la vulva y de la vagina, todas de grado 1. Se creyó 
que esas anormalidades eran secundarias a una infección por papilomavirus y la trataron con láser. Pero 
le habían vuelto esas mismas anormalidades; su médico le volvió a recomendar un tratamiento con láser, 
pero ella se resistió; el anterior había sido bastante doloroso y no le ofrecía ninguna garantía de éxito. 

Cuando vino a verme, ya había hecho algunos cambios en la dieta y los estaba disfrutando. Le 
expliqué la naturaleza viral de la infección por papilomavirus y las subsiguientes anormalidades celula- 
res; le dije que podía fortalecer su sistema inmunitario mejorando aún más su dieta y mediante prácticas 
sanadoras de su elección. También le recomendé que tomara suplementos por un tiempo. Ella compren- 
dió la importancia de un atento seguimiento. 

Después no volví a saber más de ella hasta pasados tres años, cuando vino a verme para una 
consulta. Me dijo que a los seis meses de sus cambios dietéticos y de practicar la meditación habían des- 
aparecido todas sus anormalidades celulares. Su médico no podía creerlo. Los exámenes citológicos ha- 
bían continuado normales. Pero en esos momentos estaba contemplando la posibilidad de volver a tener 
relaciones sexuales y estaba preocupada por el papilomavirus. ¿Volvería a tener brotes? Ya había hecho 
mucho trabajo interior alrededor de su sexualidad, leyendo y siguiendo el programa de Doce Pasos en 
reuniones de grupo, particularmente el de Adictos al Sexo y al Amor Anónimos. Comprendía que en el 
pasado había tenido relaciones sexuales cuando no lo deseaba, participando casi automáticamente, como 
forma de aplacar su miedo al abandono. Se había educado en una religión que la hacía sentirse culpable 
de su sexualidad. Sus padres habían inculcado a sus hermanos que no dejaran embarazada a ninguna 
chica, y a ella, que no debía tener ningún tipo de relación sexual hasta casarse. Habiendo pasado por un 
periodo de celibato, pensaba que estaba preparada para explorar la sexualidad con otra persona. Cuando 
vino a verme, ya había comenzado una relación amorosa y enriquecedora con un hombre, en la cual 
todavía no había relaciones sexuales. 

Faith y su pareja sexual en potencia se habían hecho análisis para el virus del sida, y los dos re- 
sultaron negativos. Le recomendé que se hiciera uno para el papilomavirus, simplemente para ver si 
estaba activo, aunque las dos coincidimos en que no podíamos estar seguras de que eso sirviera de algo. 
Le pedí que reflexionara si su relación sería una fuente de sustento y dicha para ella. Ahora está en me- 
dio de esa reflexión y no piensa hacer nada mientras ella y su guía interior no estén en completo acuerdo 
al respecto. 

Barbara: Cuando fracasó la cirugía. Barbara tenía 39 años la primera vez que la vi. Su historia ilustra 
de modo muy hermoso la conexión entre el pasado, la situación social, los «lugares de entrada» del 
cuerpo y la consiguiente sanación de todo ello. 

Era rubia y menuda, iba muy bien vestida y tenía una sonrisa que parecía llevar pegada en la ca- 
ra permanentemente, una máscara para cubrir lo que le pasaba por dentro. Aunque le gustaba su trabajo 
de profesora, su cuerpo le estaba enviando muchísimas advertencias. Su madre había muerto a los 63 
años de cáncer de ovario; su abuela materna había tenido la misma enfermedad. Ella misma había pasa- 
do por quince operaciones diferentes en los nueve años anteriores, para las primeras fases de cáncer, 
primero del cuello del útero y después de la vagina. 



De su historia me comentó: «Pasaba el tiempo y los informes médicos continuaban revelando cé- 
lulas precancerosas. Biopsia tras biopsia conducían a una operación y a otra. Los tratamientos con láser 
resultaron ineficaces. Finalmente, nueve años después de las primeras señales de células anormales, me 
hicieron una histerectomía con extirpación de los ovarios. Me aconsejaron que no me preocupara. Toda- 
vía quedaba algo de tejido normal. Me sentí agradecida». 

La histerectomía se la hicieron a los 36 años, tres años antes de que viniera a Women to Women. 
En su primera visita le tomamos muestras de la vagina para un examen citológico, 35 el cual nuevamente 
resultó anormal. El diagnóstico era «displasia moderada con cambios por coilocitos» (cambios concretos 
en el núcleo de la célula que suelen acompañar a una infección por papilomavirus activo). Se le practicó 
una colposcopia y una biopsia, las cuales confirmaron que todavía tenía células anormales en la vagina. 
El tratamiento consistió en eliminarlas. 

Dada la naturaleza recurrente de su problema, sabíamos que no tenía adonde ir, fuera de entrar 
en su interior para explorar, si era posible, por qué su cuerpo no cesaba de enviarle el mismo mensaje. 
Queríamos trabajar con ella para fortalecer y estimular su sistema inmunitario y detener el proceso de 
enfermedad, cuyas consecuencias serían la extirpación, la. cauterización o la criocauterización de cada vez 
más trozos de su vagina. Todos los tratamientos que le habían hecho hasta el momento — operación, lá- 
ser, cauterización y diversas medicaciones — no habían logrado «curar» su problema. 

Cuando nos adentramos en su historia, descubrimos que su marido había sido alcohólico durante 
los quince primeros años de su matrimonio. Mucho después, ella descubrió que durante años había esta- 
do enredado en una serie de aventuras amorosas. Barbara lo expresa así: «Por la mañana me cogía la 
mano a mí y por la tarde a otra mujer. Todas sus mentiras las confirmó unas pocas noches antes de que 
yo le pidiera que se marchara. Eran verdades que yo conocía en mi corazón. Una aventura tras otra, en- 
cuentros con prostitutas, citas en grandes ciudades. Antes él había negado eso y más. La verdad me dejó 
vacía y sola». Cuando Barbara vino por primera vez al centro, ya había comenzado una terapia y estaba 
en el proceso de juntar los pedazos de su historia familiar. 

Poco a poco comenzó a reorganizar su vida. «Me embarqué en un viaje que finalmente me llevó a 
creer que podía arreglármelas sola. Pedirle a mi marido que se fuera fue la primera decisión bien pensa- 
da que tomaba sola. Tenía plena conciencia del efecto que esto tendría en mi vida, y tuve el valor de ini- 
ciar y proseguir mi vida fuera del matrimonio. Echaba en falta la intimidad y la unión que se sienten al 
convivir con otra persona. Echaba en falta tener junto a mí a esa persona especial y saber que vendría a 
casa. El era mi roca, él me definía, me poseía, me maltrataba. Y me dejó. Me dolió, y aunque el dolor se 
ha aligerado, nunca se va a marchar del todo.» (Esta serie de revelaciones de Barbara ilustran muy bien 
la evaporación de la negación. Arme Wilson Schaef comentó una vez: «Duele perder lo que nunca se ha 
tenido».) 

Barbara llevaba un diario y me contó que sus páginas revelaban a una mujer asustada, a una ni- 
ña en muchos sentidos. Allí decía que le daba miedo el mañana, y que mantenerse positiva le resultaba 
contrario a su naturaleza y desagradable. La soledad y aprender a vivir sola le parecían cosas insupera- 
bles. Su única alegría verdadera era cuidar de su hija, entonces de 11 años, y verla crecer. 

Comenzó a hacer visualizaciones creativas, viendo sus tejidos fuertes y sanos, mientras la enfer- 
mera Marcelle Pick, una de las fundadoras de nuestro centro, le hacía tratamientos de toque terapéutico 
para ayudarla a «mover» la energía estancada en la pelvis. 36 Esta modalidad le ha servido para aprender 
a relajarse y disminuir el estrés. Nos dijo que hasta ese momento nunca se había imaginado su sexuali- 
dad, sus pechos ni su vagina libres de enfermedad, limpios, sanos y sonrosados. «Las partes de mi cuer- 
po siempre habían sido sucias, no formaban parte de mí. No existían.» Así es como explica sus sesiones 
de toque terapéutico: «El toque terapéutico comenzaba estando yo sentada en la silla. Marcelle me pedía 
que pusiera las manos sobre las rodillas y pensara en agua calentita y un cuerpo limpio y sano. Confía en 
esta mujer, me repetía yo, ¡confía! Por primera vez en toda mi vida, sentía el cuerpo libre de ansiedad. 
Predominaba una verdadera sensación de paz, una sensación de agrado francamente inexplicable. Me 
sentía capacitada. Me sentía poderosa. Tenía que cambiar mi dieta y continuar imaginando mi vida tal 
como podía ser. Confía, me repetía. Esto podría resultar. Esto va a resultar». 

Asistió a un seminario con el doctor Bernie Siegel y Louise Hay y vivió una experiencia de visua- 
lización de imágenes centradas en los momentos culminantes de su vida. Dice que durante esa experien- 
cia afloraron imágenes y sufrimientos que le formaron un nudo en el estómago que pensó que jamás le 



desaparecería. También hizo algunos ritos de liberación para dejar ir su pasado. Uno de ellos fue lanzar 
su alianza a un riachuelo que pasaba cerca de su casa. Hacía esta afirmación: «Estoy dispuesta a recibir- 
me». Continuó trabajando con ese tema, volviendo a él una y otra vez. 

A pesar de todo ese trabajo, volvió a resultar anormal otra prueba citológica pasados seis meses 
del primer tratamiento. Esta vez la tratamos con una crema quimioterápica llamada 5 FU durante diez 
semanas. (Este tratamiento se reserva para los casos muy resistentes.) En ese momento decidió trabajar 
con sus sueños y tratar de escuchar más profundamente a sus células. 

Alrededor de esa época murió su padre y con eso comenzó a aflorar otra parte de su pasado. Desde 
que ella naciera había vivido con su familia una mujer enferma mental. Barbara observaba que esa mujer, 
llamada Kerry, tenía mucho poder y dominaba a toda la familia, con manipulaciones. Se le ocurrió que tal vez 
Kerry había tenido una relación lesbiana con su madre todos esos años. ¿Sería por eso que su madre siempre 
consideraba a Kerry en primer lugar, por encima de su marido y sus hijos? Barbara escribe: 

Finalmente mis sueños me revelaron el horror que yo había negado. Kerry abusó sexualmente de mí cuando yo 
era niña. Sentí una rabia inmensa. La odié por haberme violado. Ella me decía a menudo que yo estaba sucia. To- 
davía siento sus manos en mi cuerpo. Y después me metía en la bañera y me ordenaba que me lavara toda esa 
suciedad. Me obligaba a restregarme la vagina hasta dejármela irritada. Yo sentía vergüenza y miedo de perder a 
las personas que me querían. 

Nunca sabré dónde estaban mis padres ni por qué no me protegieron de esa bruja que me tuvo atada 
durante tantos años. Ya no puede hacerme daño. Ya es vieja y está sufriendo los dolores de su cáncer, un cáncer 
que desde hace muchos años la tiene relegada en una residencia. Se ha modificado la codependencia familiar. Mi 
trabajo en los programas de Doce Pasos ha confirmado mis ideas de que todos debemos separarnos, convertirnos 
en personas individuales y aprender a vivir solos. 

Me esfuerzo por perdonarle que me robara a mi madre y a mi padre. También me robó la libertad, la 
dignidad y la sexualidad. Estos atributos me están volviendo y he comenzado a quererme. Me ha disminuido la 
vergüenza, y el sentimiento de culpabilidad también está menguando. He empezado a identificar a otras figuras 
de tipo Kerry en mi vida. Me siento atraída por ellas; les tengo miedo; ahora las evito. 

En mi búsqueda de paz y contento, continúo dando tres pasos hacia delante y dos hacia atrás en todas 
las fases de mi ser. Me niego a abandonar la lucha. He cumplido mi promesa de ver a mi hija en la universidad y 
de darle un modelo que la impulse a valorarse a ella misma al mismo tiempo que valora a los demás y sus es- 
fuerzos. 

Barbara está haciendo las paces con sus pérdidas: la pérdida de su madre y su padre, y la pérdida de 
su relación con un hermano que es alcohólico. Dice: «Estoy llorando por la pérdida del sueño de que alguien 
especial va a entrar en mi vida a rescatarme de mi soledad». Dice que la enfurece haber tardado tanto en 
comprender que nadie puede salvar a nadie. «Ahora sé que nadie se puede meter en mi piel y hacer por 
mí lo que debo hacer yo sola. Tengo que dejar marchar a mi hija. La he liberado de ser mi apoyo social y 
mi consuelo. La soledad es una nueva realidad que ya no niego. Me reservaré momentos especiales para 
estar con otras personas, y momentos especiales para estar conmigo misma. Me gusto. Me gusta la mujer 
acogedora y cariñosa que asoma la cabeza de vez en cuando. Trabajaré por lucirla más. Tengo cualidades 
maravillosas que puedo ofrecer al universo. Estaré allí si vosotras estáis allí.» 

Ahora el cuerpo de Barbara está sano. Sus controles y exámenes citológicos de cada seis meses 
son todos normales. Ahora, cuando entra en mi consulta, veo a una mujer vital y hermosa cuyo ser ente- 
ro irradia salud. Cuando sonríe, su sonrisa le sale de su centro, ya no es una máscara. Es una mujer sa- 
nada. 

Los lugares de entrada en nuestro cuerpo han sido deshonrados y negados como partes nuestras 
durante demasiado tiempo. Aunque muchas veces tenemos mucho dolor almacenado allí, podemos 
comprometernos a escuchar a esas partes olvidadas y recuperarlas como algo sagrado y valioso, tan va- 
lioso como nuestra mente, nuestro corazón y nuestros sueños. 

Cáncer del cuello del útero o cervical 

He visto a varias mujeres en cuyo examen citológico aparecen las fases iniciales de cáncer, del cáncer 
microinvasor del cuello del útero, confirmado por la biopsia por conización, y que han rechazado la his- 
terectomía, que es el tratamiento recomendado. Aunque la mentalidad médica convencional jamás justi- 
ficaría su opción de tratamiento, estas mujeres han continuado viviendo muchos años sin cáncer. 



Historias de mujeres 



Constance: Cáncer microinvasor del cuello del útero. Constance, a la que le diagnosticaron un cán- 
cer del cuello del útero, dice: 

Con el cáncer puedo arreglármelas; son los hombres los que me desconciertan. Interpreté el cáncer como una se- 
ñal para revaluar mi vida. Aunque meditaba diariamente, hacía un poco de ejercicio y en general me preocupaba 
de alimentarme bien, descubrí que mi vida emocional estaba descontrolada. En resumen, «mi mujer», esa parte 
de mí que está muy al fondo, se sentía furiosa por el rechazo sexual de mi compañero. El no me daba un mensaje 
claro, no decía simplemente: «Seamos amigos en lugar de amantes», sino que me ofrecía una mezcla de acerca- 
miento y evitación. 

Nuestra relación hacía varios años que duraba. Habíamos elegido tener un hijo después de que mi pri- 
mer hijo muriera en un fatal accidente de coche a los cuatro años. Tuvimos una hija, pero nuestra relación no era 
lo que yo deseaba ni necesitaba. Mi decepción y mi rabia estaban profundamente enterradas y se manifestaron en 
las células del cuello de mi útero. 

Cuando supe los resultados del examen citológico y de la colposcopia, me detuve a revaluar mi vida 
mientras esperaba que la biopsia por conización me dijera hasta dónde se extendía el cáncer y si sería necesaria 
otra operación u otro tratamiento. Comprendí que la esencia de mi problema era el hábito de ser una víctima de 
los hombres, que se manifestaba en mi cuerpo. 

En mi situación inmediata, estaba furiosa por el rechazo sexual del padre de mi hija, que alternaba con 
actitudes cariñosas y ocasionales relaciones sexuales unas cuantas veces al año. Ese comportamiento era seme- 
jante al de muchos hombres de mi vida, que alternaban el cariño con el maltrato. Mi pasado revela un clásico 
modelo de codependencia. Mi padre murió repentinamente cuando yo estaba en el primer año de escuela. Había 
sido un hombre cariñoso y jovial, que quería a sus hijos en general y a mí en particular. Mi hermano, siete años 
mayor que yo, me trataba alternativamente con aceptación y rechazo. El amigo de mi madre y figura paterna sus- 
tituía, abusó sexualmente de mí cuando era una adolescente, y mi madre se negó a creerme cuando se lo conté. 
Mi primer marido, a pesar de sus dos títulos por la Universidad de Harvard, me maltrataba física y emocional- 
mente y era un jugador compulsivo. Mi segundo marido era un alcohólico activo que me maltrataba emocional y 
verbalmente. 

En el mes transcurrido entre el examen citológico anormal y la operación de biopsia por conización, me 
volví activa respecto a mi salud. Me busqué amigas y las invité a participar en mi visualización de la salud. Pro- 
gramé visitas extras a mi maestra espiritual. Me liberé de la rabia y del deseo de tener intimidad con el padre de 
mi hija. Nutrí repetidamente a mi inconsciente y mi alma con esta canción-mantra: 

Soy libre, libre, libre para ser yo. 
Ha desaparecido la rabia, 
el perdón está en marcha, 

no deseo a 

ni tampoco lo necesito. 

Soy libre, libre, libre para ser yo. 

«Mi mujer» es sanada 

por una delicada luz azul. 

Esta canción-mantra me salía espontánemente mientras me introducía en mi proceso de sanación. Mi ob- 
jetivo era dejar de revolearme en mi martirio y mi rabia. Al principio era un objetivo puramente intelectual. En- 
tonaba y cantaba mi canción para que esa información entrara en mis células. Un mantra es muy portátil. Había 
leído casos de otras personas que han sanado a nivel del «alma», y comprendí que yo también tenía que hacerlo. 
Eso supondría dejar marchar mi sufrimiento y dejar entrar el perdón. 

Para mí, mi canción-mantra simbolizaba el perdón. La parte principal de mi sanación era perdonar «vis- 
ceralmente», y no sólo con el intelecto. Este fue un lento proceso de desobstrucción y liberación que duró varios 
meses. 

Una vez que estuvieron listos los resultados de la biopsia por conización, la cirujana me explicó que ha- 
bía llamado personalmente al patólogo para hablar de esos resultados, porque revelaban una anormalidad muy 
marginal, o por lo menos, menor de lo que se esperaba. Su interpretación fue que yo había buscado intervención 
médica antes de lo normal. Mi interpretación es que, dado que había dejado marchar mi furia, «mi mujer» había 
comenzado a sanar. 

El hecho de decidir entrar en acción respecto a mi cáncer significó optar por el camino de redescubri- 
miento de mi auténtico yo, que había comenzado a perder desde la muerte de mi padre. En lugar de decir sí auto- 
máticamente a las peticiones de los demás, estoy aprendiendo a decir no, a decir: «Necesito un tiempo para pen- 
sarlo. Ya te diré algo». Ahora soy mucho más respetuosa y considerada conmigo misma. Estoy cultivando una re- 
lación amorosa con mi yo interior. 



Los exámenes citológicos de Constance se han mantenido normales durante más de cinco años. 

Infección vaginal (vaginitis) 

Normalmente casi todas las mujeres tienen algún tipo de flujo vaginal. Es casi inevitable que al final del 
día haya una mancha amarillenta o blanquecina en las bragas, sobre todo si se han usado pantis o panta- 
lones. Muchas mujeres ignoran esto y suelen creer que tienen algún tipo de infección, pero eso es total- 
mente normal y no es necesario consultar a un ginecólogo. El año anterior a la primera menstruación 
pueden comenzar a producirse flujos vaginales de algún tipo. Los niveles de estrógeno van aumentando 
gradualmente y estimulando a las células de la vagina y del cuello del útero, sensibles al estrógeno, y 
esto aumenta la producción de mucosidad cervical e incrementa el ritmo del cambio de células de la 
vagina. 

Un flujo vaginal normal está formado por células vaginales y cervicales mezcladas con mucosi- 
dad cervical. Cuando miro al microscopio una muestra de flujo, veo principalmente células escamosas 
vaginales normales. El ritmo del cambio celular normal del revestimiento de la vagina puede aumentar 
cuando la mujer está estresada, o sea que tendrá mayor cantidad de flujo. Pero este flujo también estará 
compuesto por células normales. 

El flujo vaginal varía según las diferentes fases del ciclo menstrual. Muchas mujeres notan un 
aumento de flujo alrededor de los días de la ovulación, y algunas creen que se les ha escapado un poco 
de orina. El flujo ovulatorio, o fértil, se parece a veces a la clara de huevo. Algunas mujeres expulsan 
sangre vieja color marrón antes de la menstruación. Esto en sí no es una anormalidad. 

De todos modos, prácticamente toda mujer es vulnerable a una infección vaginal en algún mo- 
mento de su vida. Estas infecciones suelen interesar a la vagina y la vulva al mismo tiempo. Por eso, 
aunque uso la palabra «vaginitis», un término más amplio sería «vulvovaginitis». Los microorganismos 
corrientes que producen infección, en las circunstancias adecuadas, son la clamidia (Chlamydia), la Gard- 
nerella, los protozoos tricomonas (Trichomonas) y los hongos. El concepto clave aquí es «las circunstancias 
adecuadas». La vagina, que normalmente mantiene un pH ácido, es colonizada por muchos y diferentes 
tipos de bacterias. Los hongos y la Gardnerella, por ejemplo, viven normalmente en la vagina. 37 Cuando la 
mujer está sana, estos microorganismos no Musan problemas; sólo cuando se desequilibra algo en esta 
zona producen una infección. 

Casi todos los tipos de microorganismos que causan infección vaginal cuando las condiciones es- 
tán desequilibradas se pueden encontrar también en mujeres que no tienen ningún síntoma. Por ejemplo, 
algunas mujeres tienen durante años protozoos tricomonas en la vagina (que son causa bien conocida de 
vaginitis y se transmiten sexualmente) sin experimentar ningún síntoma. Otras se sienten incapacitadas 
por el picor y el ardor que pueden causar estos protozoos. 

Síntomas y causas comunes 

La mayoría de las infecciones vaginales dan a conocer su presencia por una sensación de ardor o picor, 
acompañada a veces por un cambio o un aumento del flujo vaginal. 

Cualquier cosa que altere el equilibrio normal ácido-alcalino o bacteriano de la vagina puede ser 
causa de infección. Los días en que hay más probabilidades de tener una infección son los de la fase de la 
menstruación (justo antes, durante e inmediatamente después), cuando la inmunidad de la mucosa está 
en el punto más bajo del ciclo menstrual. Los estudios pioneros del doctor Charles Wira han demostrado 
que los niveles de estrógeno y progesterona afectan a las inmunoglobulinas A y M. Estos niveles hormo- 
nales disminuyen justo antes del comienzo de la regla, lo cual hace a la mujer más vulnerable a la infec- 
ción. El sistema inmunitario refleja así la permeabilidad emocional de esa fase del ciclo. 38 Algunas mu- 
jeres experimentan una sensibilidad similar a la infección después de la menopausia, cuando baja la 
producción de hormonas y mucosidad. 

Muchos actos sexuales en un corto periodo de tiempo. El semen es un líquido alcalino con un pH de 
alrededor de 9. Un acto sexual puede aumentar el pH de la vagina durante ocho horas. Cuando el pH es 
mayor del normal durante periodos prolongados, se puede perder el equilibrio bacteriano. Estos micro- 



organismos, que normalmente están presentes en pequeño número, pueden comenzar a proliferar y a 
causar síntomas parecidos a los de una infección. Si una mujer hace el amor con eyaculación dentro de la 
vagina tres veces en 24 horas, su vagina no va a recuperar su pH normal durante esas 24 horas. Esto 
predispone a la infección, sobre todo en los casos de mujeres cuya pareja vive lejos, por lo que su activi- 
dad sexual es limitada y esporádica y la concentran en unos pocos días. (En estos casos, para prevenir 
problemas, va bien hacerse una ducha vaginal a las pocas horas de la relación sexual con un producto 
que contenga yoduro potásico, que baja el pH de la vagina. O hacerse una ducha vaginal con vinagre: 
una cucharada para un litro de agua tibia.) 

HUMEDAD VULVAR crónica. La vulva suda más que cualquier otro lugar del cuerpo, sobre todo 
cuando la mujer está estresada emocionalmente. Así pues, usar ropa ceñida, no absorbente y sintética, 
que toque la piel de la zona vulvar, puede predisponer a la irritación y la consiguiente infección. Esto es 
sobre todo válido si la mujer hace ejercicio con ese tipo de ropa. Ir en bicicleta, montar a caballo o mane- 
jar una máquina de remo con ese tipo de ropa puede causar irritación vulvar. 

IRRITANTES químicos. A algunas mujeres las substancias químicas irritantes que se encuentran en el 
papel higiénico perfumado, suavizado y coloreado, los baños de espuma y los tampones y compresas 
que contienen desodorante, les producen irritaciones vulvares. Todas las mujeres deberían evitar usar 
compresas y tampones que contengan desodorante. Estos tampones pueden ser causa de úlceras vagina- 
les, y las compresas pueden producir irritación vulvar. Ningún tampón debe llevarse puesto más de 
doce horas seguidas. Entre otros irritantes, están también las substancias químicas de las piscinas y ba- 
ños calientes, los preparados para duchas vaginales perfumados y los desodorantes vulvares. 

ESTRÉS emocional. Algunas mujeres reaccionan con una infección vaginal a lo que sienten como una 
violación de sus límites. Muchas infecciones por hongos se producen antes de la menstruación, cuando 
el estrés tiende más a manifestarse en síntomas, y cuando el medio hormonal está más vulnerable tam- 
bién. Estas infecciones suelen desaparecer espontáneamente cuando viene la menstruación. 

ANTIBIÓTICOS. Después de la introducción de los antibióticos de amplio espectro en los años cuarenta 
y cincuenta, la incidencia de vaginitis por hongos ha aumentado de modo espectacular. Muchas mujeres 
remontan al comienzo de su vaginitis a sus años de adolescencia, cuando tomaban tetraciclina para tra- 
tar el acné. Lamentablemente, cada vez que tomamos un antibiótico, alteramos el equilibrio natural de 
microorganismos en la vagina y los intestinos, y entonces puede producirse una infección por hongos, ya 
sea aguda o crónica. En la pasada década, mientras el número de mujeres mayores de 18 años sólo ha 
aumentado un 13 por ciento, el número de recetas de fármacos fungicidas para mujeres ha aumentado 
un 53 por ciento. 39 

DIETA. En la actualidad hay muchos libros sobre la conexión entre los repetidos tratamientos con anti- 
bióticos, el consumo de productos refinados y la excesiva proliferación de hongos en la vagina y los in- 
testinos. Comer muchos productos con azúcar y harina refinados puede favorecer el exceso de hongos 
vaginales. Los productos lácteos, particularmente la leche y los helados, pueden también contribuir a la 
vaginitis por hongos, debido a su elevado contenido en lactosa (el azúcar de la leche), que favorece la 
proliferación de hongos en los intestinos y la vagina. Una de mis pacientes tuvo infecciones recurrentes 
por hongos cuando tomaba una bebida de tipo «desayuno instantáneo» por las mañanas. El elevado 
contenido de azúcar de ese sustituto de comida supuestamente «sano» superó la capacidad de su cuerpo 
para combatir la excesiva proliferación de hongos. 

Muchos médicos de formación ortodoxa no consideran factores causales de vaginitis crónica los 
repetidos tratamientos con antibióticos ni la mala alimentación. He trabajado con mujeres que han visto 
a diez o más médicos debido a su vaginitis, a las que les han hecho todos los cultivos y biopsias usuales, 
sin descubrir una causa definitiva. Una vez que estas mujeres comienzan a reforzar la capacidad curativa 
natural de su cuerpo, trabajando con sus emociones, llevando una dieta mejor y tomando suplementos, 
sus problemas de vaginitis suelen desaparecer. 



Diagnóstico 



La gran mayoría de infecciones vaginales comunes se pueden diagnosticar mirando al microscopio una 
muestra de secreción vaginal y comprobando su pH. Para algunas infecciones, como la de clamidia y el 
herpes, es preciso enviar un cultivo a un laboratorio para que lo analicen. 

En los casos de vaginitis crónica se sospecha que pueda haber un trastorno llamado «disbiosis in- 
testinal», es decir, un desequilibrio bacteriano en los intestinos que suele ir acompañado por una excesi- 
va proliferación de hongos. Las mujeres que tienen este trastorno reintroducen los hongos en la vagina, 
incluso después de repetidos tratamientos, porque los hongos de los intestinos vuelven a infectar la va- 
gina, que está cerca. 40 Cuando hay sospechas de disbiosis intestinal, nuestro centro envía un cultivo es- 
pecial dé heces a un laboratorio especializado en el diagnóstico correcto de este trastorno. 41 

Tratamiento 

PREPARADOS que NO precisan RECETA. Muchas mujeres pueden tratar un episodio ocasional de ar- 
dor o picor vaginal con alguno de los preparados cuya venta está muy extendida y no precisan receta. El 
Yeast-Gard es un remedio homeopático que se tolera bien. También se toleran bien los medicamentos 
fungicidas Monistat y Gynelotrimin. Si se ha probado con un preparado sin receta durante una semana 
más o menos sin mejoría, hay que consultar con un médico para estar segura de que no haya algo que no 
se ha detectado. Una vez hecho el diagnóstico de infección vaginal, el médico puede recetar el tratamien- 
to adecuado. 

Los casos resistentes de vaginitis bacteriana se pueden tratar con cremas antibióticas vaginales 
que precisan receta: Cleocin (clindamicina) o MetroGel (metronidazol). 

Una infección por tricomonas se puede tratar con el antibiótico oral metronidazol (Flagyl), que 
precisa receta. Los efectos secundarios de este tratamiento son náuseas y una reacción adversa a las be- 
bidas alcohólicas durante el periodo de tratamiento. Si una mujer con una pareja sexual masculina, tiene 
tricomonas, es necesario tratarlos a los dos, porque si no, van a volver a infectarse mutuamente. El hom- 
bre no tiene ningún síntoma, pero lleva los protozoos tricomonas en el tracto genital. 

Las pruebas también sugieren que algunas mujeres tienen infecciones fúngicas crónicas porque 
son reinfectadas continuamente por su pareja sexual. 42 En estos casos es útil tratar también a la pareja. 

PREVENCIÓN DE RECURRENCIAS. A las mujeres propensas les conviene evitar las substancias químicas 
irritantes implicadas en las infecciones vulvovaginales. Las mujeres que tienen un historial de repetidas infec- 
ciones podrían decidir no usar tampones durante seis meses. Conviene evitar siempre que sea posible llevar 
pantis, o bien cortarles la entrepierna. 

Duchas VAGINALES. No recomiendo estos lavados especiales a no ser sea para síntomas concretos que 
se están tratando o después de repetidos actos sexuales para prevenir la infección. Sobre todo en el caso 
de preparados comerciales, estas duchas simplemente alteran la flora bacteriana normal de la vagina y 
en realidad podrían aumentar el riesgo de infección. 

NUTRICIÓN. A las mujeres que tienen infecciones fúngicas recurrentes, recomiendo una dieta de ali- 
mentos integrales y eliminar los hidratos carbono y el azúcar refinados (por ejemplo, los pasteles, tartas, 
zumos, refrescos, etc.). También recomiendo evitar todos los antibióticos. 

Para eliminar los hongos del tracto intestinal y reequilibrar la flora bacteriana intestinal, lo cual 
evitará la reintroducción de hongos en la vagina, se pueden tomar diversos suplementos, entre ellos el 
acidófilus y el factor bífidus; los dos son biocultivos intestinales. Uno de los mejores es el llamado PB8, 
que se encuentra en las tiendas de alimentos dietéticos; a diferencia de otras fórmulas, no precisa refrige- 
ración. También recomiendo reducir el estrés y estimular el funcionamiento del sistema inmunitario. 

Aspectos psíquicos y emocionales 

Algunas mujeres con infecciones vaginales crónicas no responden a ningún tratamiento. Algunas tam- 
poco quieren probar otra cosa fuera de los tratamientos ortodoxos, convencidas de que «hay un motivo 



para esto que los médicos simplemente no han encontrado, de modo que hay que hacer más pruebas». 
Estas situaciones presentan un dilema muy difícil, tanto para la paciente como para el médico. 

Para una verdadera curación del problema, es necesario ver y trabajar los aspectos emocionales 
de la vaginitis y la vulvovaginitis. 43 Esto no quiere decir que el problema sólo esté en la cabeza de la mu- 
jer. Lo que podría haber comenzado en la cabeza se convierte en algo físico. Los estudios han demostra- 
do que muchas mujeres afectadas por estas infecciones tienen anticuerpos que trabajan en contra de sus 
células inmunitarias y reproductoras. 44 La doctora Mona Lisa Schulz hizo una vez una lectura a una de 
nuestras pacientes que tenía un trastorno vaginal crónico. «Tiene unos perros doberman ahí —dijo la 
intuitiva — ; acércate mucho y perderás una pierna». Resultó que esta mujer había sido víctima de incesto 
cuando era niña, y de pronto comprendió que una de las decisiones que había tomado en su adolescen- 
cia era que nadie volvería nunca a acercarse a su vagina. Puesto que no tomó esa decisión con su intelec- 
to, conscientemente, esta se manifestó en su cuerpo. 

La vaginitis crónica es para la mujer una manera socialmente aceptable de decir no a la relación 
sexual. Para algunas mujeres no es aceptable decir: «No, no me apetece tener relaciones sexuales contigo 
esta noche ni el resto de la semana», dado el compañero que han elegido y el hogar donde se criaron. Si 
creen que la relación sexual es uno de sus deberes, independientemente de si obtienen placer o no, por 
muy inconsciente que sea esa creencia, la vaginitis crónica podría muy bien representar un «escape» para 
ellas; pero el sistema inmunitario no se deja engañar jamás. 

Otro problema corriente relacionado con las infecciones vaginales y vulvares crónicas es la infi- 
delidad de la pareja. Aunque la mujer «no sepa» que su marido tiene una aventura con otra, su cuerpo 
bien podría darse cuenta. He visto a muchas mujeres cuya vaginitis les comenzó más o menos al mismo 
tiempo que su pareja iniciaba una aventura extraconyugal. Lógicamente podríamos explicarlo diciendo 
que el marido le traía algo a su esposa en forma de gérmenes, y eso sí ocurre. Pero en la mayoría de esos 
casos, no he logrado encontrar ninguna causa física de la vaginitis. 

En una mujer que durante años ha mantenido una relación monógama, un brote repentino de 
herpes primario, fiebre, enfermedad general, úlceras o verrugas vaginales u otra infección obvia, puede 
ser un clásico indicador de la infidelidad de su pareja. Por motivos de los que ya hemos hablado, sin 
embargo, esto no siempre es así y es casi imposible «probarlo». También han venido a nuestro centro 
mujeres con problemas vaginales exacerbados por un sentimiento de culpabilidad debido a aventuras 
que estaban teniendo ellas. 

No es infrecuente que un cónyuge mienta cuando se ve acusado de tener una aventura. Varias de 
mis pacientes, sobre todo justo antes de la menstruación, han soñado que su marido les está mintiendo. 
Después de años de poner en duda su cordura, han descubierto que los sueños eran correctos, y que en 
realidad les había mentido. ¿Y adivinas qué? El cuerpo de la mujer lo sabe, con frecuencia mucho antes 
de que su intelecto acepte esa información. 

Historias de mujeres 

JOYCE: La VAGINITIS COMO UN MENSAJE. Joyce tenía 53 años cuando vino a verme por primera vez. 
Durante casi veinte años había tenido infecciones vaginales que siempre le volvían después de tratarlas. 
Cuando la conocí, estaba amargada y furiosa por su reciente divorcio. Su marido por muchos años, un 
alcohólico adinerado y encantador, la había dejado por una de sus propias amigas. Se sentía abandona- 
da, arrojada a un lado, aunque más preguntas revelaron que su relación con su marido no era satisfacto- 
ria desde hacía bastante tiempo: su hábito de beber y su adicción al trabajo habían sido problemas cons- 
tantes. Durante veinte años la vida sexual de Joyce había sido complicada por dolor durante el acto se- 
xual y por frecuentes infecciones. 

El examen físico en esa primera visita fue básicamente normal, aunque tenía el tejido vaginal 
delgado y sensible. Como no tenía relaciones sexuales, no tenía infección vaginal ni otras molestias, de 
modo que no fue necesario ningún tratamiento. Durante varios años la vi para sus exámenes anuales. 
Con cada año que pasaba se sentía menos amargada por su ex marido y poco a poco fue viendo cuánto 
mejor se sentía sin él. Después se volvió a casar. Cuando se fue a vivir con su nuevo marido, tuvo un 
sueño en el cual su casa era en parte hospital y en parte escuela. Ese sueño tuvo un gran significado para 
ella, porque simbolizaba que en su nuevo matrimonio encontraría curación y aprendizaje. Se sentía que- 



rida por primera vez en su vida. Comprendió que jamás había experimentado una verdadera intimidad 
antes de casarse con ese hombre. 

Su vida sexual con su nuevo marido era maravillosa, me dijo. De hecho, nunca había soñado que 
pudiera ser tan agradable. Jamás ha vuelto a tener una infección vaginal, y sus tejidos vaginales están 
normales y sanos en todos los aspectos. Ha llegado a comprender que durante años y mediante la vagi- 
nitis, su cuerpo le había estado enviando mensajes sobre su anterior relación, antes que su intelecto «lo 
captara». Es totalmente posible sanar una vaginitis crónica cuando el escenario está preparado para la 
curación. 

Katherine: La sabiduría del CUERPO. Katherine llegó a su visita anual quejándose de haber tenido 
varias infecciones vaginales en los dos meses anteriores. Pero en el momento de la visita ya habían co- 
menzado a desaparecer y prácticamente no tenía ningún síntoma. Hacía poco que había puesto fin a una 
relación que sólo duró dos meses. «Cuando me dijo: "Quiero tenerte toda para mí y apartarte del mun- 
do", supe que tenía que escapar de eso», me explicó. Pensó que se sentiría mejor después de dejar a ese 
hombre, pero por el contrario, se estaba atiborrando de comida. 

Mientras hablábamos le sugerí que repasara su vida desde su última visita el año anterior. Me di- 
jo que había acabado una relación de diez años con un drogadicto y que estaba participando en una te- 
rapia de grupo por problemas de incesto. Cuando le pregunté si había escuchado la cinta de Pia Mellody 
sobre la adicción al amor que le había recomendado en la visita anterior, me contestó: «Ni siquiera me 
atrevo». Las dos nos echamos a reír, y le recordé todo el progreso que había hecho. Cuando estábamos 
hablando acerca de que el cuerpo nos envía señales mucho antes de que el intelecto esté dispuesto a oír- 
las, me dijo: «¿Sabes? Tuve endometriosis el segundo mes de mi relación con ese drogadicto, y entonces 
supe que probablemente estaba causada por el estrés de esa relación. Pero no dejé hablar a mi intuición». 

Mirando hacia atrás, fue capaz de valorar la sabiduría de su cuerpo, tanto en su relación de mu- 
chos años como en la que acababa de terminar. Le sugerí que tal vez sus síntomas vaginales, que ya es- 
taban desapareciendo, habían estado diciéndole algo. 

Nota sobre las enfermedades de transmisión sexual 

La atmósfera actual dirigida por los medios de comunicación suele llevar a las mujeres a creer que es 
deseable y natural tener relaciones sexuales en la primera o segunda cita con una persona casi totalmente 
desconocida. Al mismo tiempo, todos somos más conscientes que nunca del riesgo de contraer enferme- 
dades de transmisión sexual de todo tipo, entre ellas el sida, un riesgo que aumenta con el número de 
contactos sexuales que tenemos, nosotras y nuestras parejas. Este doble mensaje — que se cuenta con la 
relación sexual, pero que hay que tener cuidado de no contagiarse ni contagiar a nadie — ha producido 
una especie de parálisis sexual en algunas mujeres y un comportamiento francamente arriesgado en 
otras, fortalecido principalmente por la negación. He visto las desagradables consecuencias de estos dos 
comportamientos extremos. He visto a mujeres que han reaccionado al diagnóstico de herpes como si se 
les hubiera acabado la vida. Y he visto a muchas otras que han terminado con una enfermedad pelviana 
inflamatoria y la consiguiente infecundidad, consecuencia de infecciones transmitidas sexualmente que 
hicieron su daño antes de comenzar el tratamiento. Tiene que haber un método mejor. Para una persona 
sexualmente activa no existe ninguna manera garantizada al ciento por ciento de evitar la exposición a 
las enfermedades de transmisión sexual, no más que para el papilomavirus y el herpes. A pesar de eso, 
la exposición en sí no hace inevitable contraer una enfermedad de transmisión sexual. Incluso en el caso 
del sida, la posibilidad de contagiarse del virus en un acto sexual con una persona infectada es del 1 por 
mil. 45 E incluso con repetidas exposiciones al virus del sida, algunas personas no se han convertido en 
seropositivas. 46 La actividad inmunitaria depende en parte de lo segura y a salvo que se sienta la mujer 
en su vida en general o en un determinado momento o periodo. Es común que haya una gran variación 
individual en el estado inmunitario. Con esta información, ciertamente no pretendo sugerir que una 
mujer deba descuidar las prácticas de seguridad sexual ni el uso del preservativo. Por el contrario, la 
presento como prueba de que en el cuerpo humano hay una enorme capacidad para la resistencia y la 
salud. La mayor defensa de la mujer contra las enfermedades de transmisión sexual es el respeto por sí 
misma, la autoestima, un sistema inmunitario funcional (que va de la mano con una mucosa vaginal in- 



tacta y sana) y medidas de sentido común, como el uso de preservativos y la selectividad para elegir la 
pareja sexual. 

Sólo hay dos opciones ante las enfermedades de transmisión sexual: 

1. Intensificar la ilusión de control, paralizarse por el miedo, hacer voto de castidad y no tocar a 
nadie, ni siquiera a una misma, en esas partes. Esterilizar todo lo que esté a la vista. (Esto no 
funciona; el mundo está plagado de gérmenes, y también todos nosotros.) 

2.Mantener sana la mucosa vaginal mediante el poder de los pensamientos, la alimentación, las 
emociones y las prácticas sexuales; tomar un buen suplemento de vitaminas y minerales; pro- 
tegernos lo mejor posible en el acto sexual hasta haber hecho un compromiso monógamo; 
aceptarnos a nosotras mismas tal como somos y con los talentos naturales que tenemos, y am- 
pliar la comprensión de lo que es la sexualidad y del modo en que nos afectan nuestras opi- 
niones sobre ella. Por último, seguir siempre la estricta regla de la etiqueta del preservativo 
del doctor Frank Pittman: «Sácalo a relucir antes de que a él se le levante». 47 

Creo que la única manera de salir del dilema de las enfermedades de transmisión sexual es 
aprender a querer y cuidar nuestro cuerpo. Hemos de aprender a ser selectivas respecto a lo que le po- 
nemos dentro, y a pensar y trabajar en la sexualidad como una forma de comunicación basada en el res- 
peto y el compromiso mutuos, y no como una manera de aferramos a un hombre o llenar un vacío inte- 
rior y ser consoladas. Comprendo que la opresión interiorizada lleva a muchas mujeres a embarazos no 
deseados y a ponerse en peligro de contraer enfermedades de transmisión sexual, pero también sé que 
las mujeres han de despertar de los efectos de esa opresión y aprender a controlar su fertilidad y su se- 
xualidad según sus propias condiciones. La realidad del sida y de otras enfermedades de transmisión 
sexual podría servir a las mujeres para cambiar esa antiquísima relación de desequilibrio entre los dos 
sexos respecto a las relaciones sexuales y el poder, y asumir el mando de su propio cuerpo y su salud. 

Unas palabras sobre el sida 

No soy una autoridad en el sida ni trato a enfermas de sida en estos momentos. Sí suelen hacerme pre- 
guntas sobre esta enfermedad y he enviado a muchas mujeres a hacerse análisis. Aunque es una enfer- 
medad mucho más grave, el sida está relacionado con el herpes y las verrugas en cuanto que uno de los 
modos de transmisión es el contacto sexual. Dado que una persona puede tener durante años el virus del 
sida sin que se manifieste, en la práctica no hay ninguna pareja sexual segura mientras no se lleve de 
ocho a doce meses de relación monógama, y los dos miembros 

la pareja sean seronegativos. (Ni siquiera un resultado negativo en la prueba del sida es una ga- 
rantía al ciento por ciento, porque se puede tener el virus cuando se hace el análisis y no tener todavía 
anticuerpos en la sangre, que es la base del análisis.) El concepto del portador asintomático, del que he 
hablado en relación con el virus del herpes, es válido, en mi opinión, para todas las enfermedades infec- 
ciosas, sobre todo las de transmisión sexual. 

Creo que la epidemia del sida es una consecuencia de un deterioro a gran escala de la inmunidad 
humana, debido a factores como el abuso crónico de las drogas y el alcohol, las relaciones centradas sólo 
en la actividad sexual, la contaminación del medio ambiente, el agotamiento de la tierra, la mala nutri- 
ción y generaciones de disfunción sexual. Al sida se lo ha llamado «metáfora del deterioro de la inmuni- 
dad planetaria», a consecuencia del exceso de toxinas arrojadas en los sistemas linfáticos de la Tierra y, 
por lo tanto, en los nuestros. 48 Los supervivientes del sida por muchos años, y aquellos que han cambia- 
do su seropositividad por seronegatividad, tienen las mismas cosas en común: han elegido transformar 
su vida y su sistema inmunitario mediante el poder sanador de la naturaleza y el amor. 49 

En 1992, en la reunión anual del Colegio de Médicos Holistas, en Washington, D. C, un grupo 
formado por supervivientes del sida y su médico, dijeron que a pesar de lo que nos querían hacer creer 
The New York Times y los Centros para el Control de la Enfermedad, el sida no es necesariamente mortal. 
El doctor Laurence Badgley, especialista en terapias naturales para el sida, dijo que muchas personas son 
seropositivas y están perfectamente bien hasta que lo descubren; cuando se les dice que son seropositi- 
vas y que la enfermedad es inevitablemente fatal, casi de inmediato se ponen enfermas. 



En algunos casos, es la información misma, no el virus del sida, lo que causa la depresión del sis- 
tema inmunitario. Evidentemente el virus hace daño, pero sus efectos se pueden paliar muchísimo me- 
diante un programa que incluya un cambio dietético, suplementos, apoyo social y armonización espiri- 
tual. 50 

Dolor vulvar crónico (vulvadinia) 

Las mujeres que sienten dolor y ardor vulvares crónicos tienen un trastorno llamado «vulvadinia» o 
«síndrome de vestibulitis vulvar»; experimentan un dolor desgarrador en la abertura de la vagina du- 
rante el coito, y a veces también sienten dolor y ardor permanentes, con escozor o rojez. Hay una aguda 
sensibilidad a la presión en el anillo de glándulas vestibulares situadas justo fuera de la vagina. Esto 
podría impedir totalmente el acto sexual. Dado que las pacientes de vulvadinia pueden haber visto a 
muchos médicos sin encontrar la causa ni la curación de su trastorno, suelen necesitar muchísima com- 
prensión y compasión. He reunido las mejores opciones que he encontrado para este problema, pero 
debo insistir en la importancia de la conexión mente-cuerpo para cualquiera que desee un alivio perma- 
nente de la vulvadinia. El mismo método vale para la cistitis intersticial (véase página 360). 

¿Qué causa la vulvadinia? 

A pesar de numerosos estudios, no se ha logrado aislar una causa de la vestibulitis vulvar, pero algunos 
investigadores creen que podrían activarla infecciones por hongos, intervenciones quirúrgicas ginecoló- 
gicas o el parto. También se ha relacionado con el abuso sexual. Los estudios no han logrado demostrar 
que las alergias, el papilomavirus humano o la proliferación bacteriana sean la causa de la vulvadinia. 
Lo que se ve con más frecuencia al microscopio es una inflamación no específica de las glándulas vesti- 
bulares. 51 Pero ni operaciones quirúrgicas como la vulvectomía con láser o la extirpación de la glándula 
vestibular vulvar logran erradicar el dolor, aunque en algunos casos sí han ido bien. 52 Lo interesante es 
que los científicos han descubierto que las glándulas de esta zona van acompañadas por estructuras ner- 
viosas que contienen los neurotransmisores serotonina y cromogranina. Esto explica por qué los trata- 
mientos que van bien para los trastornos anímicos y del sistema nervioso también dan resultado a veces 
para la vulvadinia. 53 Cualquier cosa que afecte a los niveles de neurotransmisores en las células puede 
afectar a la salud. Y se ha demostrado que una amplia variedad de modalidades, desde el biofeedback 
hasta los fármacos antidepresivos, alteran el nivel de serotonina. 

A mis pacientes les aconsejo comenzar por los métodos de nutrición y mente-cuerpo para tratar 
este problema, y después recurrir a los otros tratamientos mencionados aquí, sólo si es necesario. 

Aspectos alimentarios de la vulvadinia 

Algunos estudios indican que la vulvadinia podría estar relacionada de algún modo con el nivel de oxa- 
lato de calcio en la orina. 54 Se piensa que el oxalato de calcio es muy irritante para la piel de la vulva de 
las mujeres afectadas. No todos los estudios corroboran esto. Pero ya sea que la irritación vulvar esté 
causada por niveles elevados de oxalato de calcio en la orina o simplemente por una excesiva sensibili- 
dad a los niveles normales de oxalato de calcio, queda el hecho de que muchas mujeres experimentan 
alivio siguiendo una dieta pobre en oxalato y tomando citrato de calcio diariamente. El doctor M. Herrzl 
Melmed, un ginecólogo especializado en este problema, informa que alrededor de un 70 por ciento de 
sus pacientes consiguen un importante alivio con este método. 55 La dieta pobre en oxalato puede tardar 
de tres a seis semanas en surtir efecto. Entre los alimentos ricos en oxalato están el ruibarbo, el apio, el 
chocolate, las fresas y las espinacas. 

Tomar citrato de calcio también baja el nivel de oxalato. Busca un suplemento que no contenga 
vitamina D, ya que no conviene tener un nivel excesivo de este nutriente. El Citracal es un producto muy 
extendido que contiene 200 mg de calcio y 750 mg de citrato por tableta. Toma esta marca u otra con 
cantidades similares: 2 tabletas tres veces al día, una hora antes de las comidas. A veces esto es lo único 
que se necesita para aliviar el dolor vulvar y reanudar un estilo de vida más normal. 

A la mujeres que sufren de vulvadinia les recomiendo que limpien su dieta y comiencen a tomar 
un buen suplemento de vitaminas y minerales, en las dosis recomendadas por su médico o que señalo en 



el capítulo sobre nutrición. Añade proantociana dinas (substancias antioxidantes que se encuentran en las 
pepitas de uva o en la corteza de pino); comienza por una dosis de 2 mg por kilo de peso, repartida en 
dos, tres o cuatro tomas diarias, durante dos semanas. Después disminuye la dosis a una de manteni- 
miento de 20 a 60 mg diarios. Se ha comprobado que un programa completo de vitaminas, minerales y 
antioxidantes mejora el funcionamiento del sistema inmunitario y contribuye a la curación celular y la 
regeneración de todo el cuerpo. A esto se debe quizá que a veces este programa vaya bien para la vulva- 
dinia. 56 

Aspectos psíquicos de la vulvadinia 

Igual que todos los demás trastornos, la vulvadinia tiene aspectos físicos, emocionales y menta- 
les. No tratar todos estos aspectos simultáneamente podría llevar sólo a un alivio temporal, mientras la 
guía interior busca otra manera de llamar la atención. Se han realizado estudios controlados sobre los 
aspectos emocionales de la vestibulitis, comparando un grupo formado por pacientes de vulvadinia con 
un grupo de control formado por mujeres con otros problemas vulvares. En estos estudios, se ha com- 
probado que las pacientes de vulvadinia son más propensas a experimentar aflicciones psíquicas y dis- 
funciones sexuales, y suelen tener una mayor sensibilidad a sensaciones totalmente normales en todo el 
cuerpo. Pero en lugar de saber que estas son normales, tienden a creer que son síntomas de una enfer- 
medad grave. Por ejemplo, si notan que se les hincha mucho el abdomen después de las comidas, temen 
que eso indique algún proceso morboso importante. Creen que las manchitas de color rosa u otros tipos 
de coloraciones normales de la piel son cancerosas, o si oyen sus latidos del corazón por la noche pien- 
san que eso indica un tumor cerebral. 57 

Como ya he dicho, las pacientes de vestibulitis tienen más probabilidades que las pacientes de 
otros problemas vulvares de haber experimentado maltratos físicos o abusos sexuales. 58 Dado que está 
bien documentado que las mujeres que han sufrido malos tratos físicos o abuso o acoso sexual suelen 
tener dificultad para mantener relaciones sexuales sanas, no es de extrañar que la zona vulvar sea el lu- 
gar al cual su sabiduría interior trata de atraerle la atención para sanar. Un método para cambiar los 
mensajes del sistema nervioso en esta zona es el biofeedback, en este caso el biofeedback vaginal, es decir, 
aprender a relajar y rehabilitar progresivamente los músculos del suelo pelviano. En un estudio en que 
se practicó esta técnica durante 16 semanas, el 83 por ciento de las mujeres participantes disminuyeron la 
experiencia subjetiva del dolor. La mayoría de estas mujeres pudieron también reanudar sus relaciones 
sexuales al final del periodo de tratamiento. 59 Los ejercicios Kegel pueden funcionar de la misma mane- 
ra, de modo que se puede probar esto en casa. Muchos fisioterapeutas están formados en la rehabilita- 
ción del suelo pelviano; los que trabajan con la incontinencia urinaria por esfuerzo podrían ayudar en 
esto también. 

Otros tratamientos 

Medicamentos antidepresivos. Se ha comprobado que los antidepresivos tricíclicos, como la amitripti- 
lina y la desipramina, van bien a algunas mujeres debido a la capacidad de estos medicamentos de inhi- 
bir la readmisión de los neurotransmisores serotonina y noradrenalina, que pueden afectar al funciona- 
miento de las glándulas vestibulares o del nervio pudendo. Algunos médicos llaman «dar un descanso a 
los nervios» al uso de antidepresivos en estos casos. Los antidepresivos más nuevos, como el Prozac, aún 
no se han estudiado para esta indicación. 

El tratamiento comienza con la dosis menor posible, y se va aumentando si es necesario y si no 
causa efectos secundarios. En el caso de la amitriptilina, por ejemplo, se comienza con 10 mg cada noche 
durante una semana, se aumenta a 20 mg cada noche la segunda semana y luego a 30 mg cada noche la 
tercera semana. Será necesario que la paciente y su médico individualicen la dosis, pero la mayoría de 
las mujeres responden bien a una dosis diaria de 30 a 75 mg. 

El doctor Benson Horowitz, una autoridad en el síndrome de dolor vulvar, que ve a muchas más 
pacientes de este problema que el médico corriente, advierte que estos medicamentos tardan alrededor 
de tres semanas en surtir efecto, y que durante ese tiempo la mayoría de las pacientes no se van a sentir 
muy bien. Sin embargo, con el tiempo, y una actitud positiva por parte del médico, los antidepresivos 
pueden formar parte de un programa general que vaya bien a las pacientes de dolor vulvar. La mujer 



que esté tomando estos fármacos no deberá interrumpir bruscamente la toma. 60 Por lo general, la pacien- 
te de vulvadinia va a necesitar seguir tomándolos hasta que haya pasado seis meses sin dolor. Entonces 
puede comenzar el proceso de disminuir muy lentamente la dosis de 10 a 25 mg por semana. 

TÉCNICA NAMBUDRIPAD DE ELIMINACIÓN DE LA ALERGIA. Aunque no se ha demostrado que la 
vulvadinia esté relacionada con la alergia, ciertamente está relacionada con alguna reacción inmunitaria. 
Podría responder bien a la Técnica Nambudripad de Eliminación de la Alergia de la que ya he hablado 
(véase pág. 245). 

INTERFERÓN. El interferón es una substancia antiviral que estimula a los linf ocitos supresores naturales 
del sistema inmunitario. Suele ser útil en ciertos casos de vulvadinia, aunque no entendemos cómo fun- 
ciona. De todos modos, es evidente que algo no va bien en la reacción inmunitaria del sistema mucoso 
de las mujeres con síntomas vulvares crónicos. Así pues, es bastante lógico que una substancia que afecta 
a la inmunidad mucosa, como el interferón, sea efectiva en estos casos. Algunos investigadores creen 
que el interferón sólo funciona si hay indicios de infección por papilomavirus; otros no hacen esa distin- 
ción. 

El interferón se inyecta en las glándulas vestibulares tres veces a la semana durante un periodo 
que va de cuatro a seis semanas. Experimentan alivio del 40 al 80 por ciento de los casos, según la selec- 
ción de las pacientes. Dado que los estudios sugieren que el papilomavirus no es la causa del dolor vul- 
var, el éxito de este tratamiento es una interesante paradoja que no se puede explicar fácilmente. El inter- 
ferón no funciona bien en mujeres en las que no hay indicios de papilomavirus. 61 

Tratamiento quirúrgico. La extirpación quirúrgica de las glándulas vestibulares da resultado en cier- 
tas mujeres, pero no en todas. Yo la recomendaría solamente como último recurso, porque esta operación 
no trata el desequilibrio subyacente y con frecuencia no da resultado. 

Dadas todas las pruebas científicas y las opciones de tratamiento, está claro que el tratamiento 
óptimo para la vulvadinia debe tratar simultáneamente los aspectos físico, emocional y psíquico. Un 
síntoma tan persistente como el dolor vulvar crónico requiere muchísima confianza en la propia sabidu- 
ría interior, y mucha compasión y paciencia. 

Cistitis intersticial 

La cistitis intersticial tiene más en común con la vulvadinia que con la infección de las vías urinarias 
(véase pág. 362). A diferencia de este trastorno, los síntomas no son consecuencia de una infección. Tanto 
la vulvadinia como la cistitis intersticial son síndromes de dolor crónico. 

La cistitis intersticial es un trastorno muy común en mujeres de edades comprendidas entre los 
40 y los 60 años. Se caracteriza por una urgencia y una frecuencia urinarias discapacitadoras y por mic- 
ciones dolorosas; hace necesario levantarse por la noche a orinar y de vez en cuando aparece sangre en la 
orina; también son comunes el dolor encima del hueso púbico, en la pelvis, en la uretra, en la vagina y en 
el perineo; este dolor se alivia parcialmente vaciando la vejiga. El análisis de la orina podría revelar la 
presencia de glóbulos rojos, pero no de bacterias ni de glóbulos blancos. Este trastorno suelen tenerlo 
mujeres que también experimentan dolor vulvar. Aunque se desconoce la causa, muchos investigadores 
opinan que en parte es un trastorno autoinmune. Existe una importante correspondencia entre la pobla- 
ción de mujeres que padecen vulvadinia y la de aquellas que padecen cistitis intersticial. 

El diagnóstico se hace basándose en el historial de la paciente y también mediante una explora- 
ción llamada «cistoscopia», en la cual se coloca un instrumento luminoso en la vejiga; este examen se 
realiza con anestesia. Hay ciertos hallazgos característicos, tales como hemorragia debajo del revesti- 
miento de la vejiga y agrietamiento del revestimiento mucoso; una biopsia revela indicios de inflama- 
ción. 62 

Tratamiento 



TERAPIA conductista. Se ha comprobado que el biofeedback y la terapia conductista, que tienen claros 
beneficios sin efectos secundarios, han ido bien a muchas mujeres con este problema. 63 La terapia con- 



ductista consiste en aprender la relajación profunda, la meditación u otras técnicas que estimulan el sis- 
tema inmunitario y calman el sistema nervioso, permitiendo así que el cuerpo se cure a sí mismo. (Véase 
la sección sobre la reacción de relajación para el tratamiento del síndrome premenstrual, pág. 178) 

Terapia NUTRICIONAL. Dejar de tomar los irritantes de la vejiga como el café (incluso el descafeinado), 
el tabaco y el alcohol. Las compresas de aceite de ricino estimulan la actividad del sistema inmunitario; 
en posición acostada, ponte una compresa de aceite de ricino en la parte inferior del abdomen tres veces 
a la semana o más; durante ese tiempo haz, y siente realmente, la afirmación que sugiero en la sección 
sobre infecciones de las vías urinarias, a continuación. La misma terapia antioxidante que ha ido bien a 
las pacientes de vulvadinia también puede ser útil para la cistitis intersticial crónica (véase la sección 
sobre la vulvadinia). 

TÉCNICA NAMBUDRIPAD DE ELIMINACIÓN DE LA ALERGIA. Mi acupuntora, Fern Tsao, infor- 
ma de buenos resultados con esta técnica, que yo recomendaría a cualquier mujer que esté abierta a ella. 

Infecciones recurrentes de las vías urinarias 

Muchas mujeres van a experimentar unas pocas infecciones del tracto urinario a lo largo de su vida. La 
«cistitis de la luna de miel», de la que se hablaba a nuestras madres, se refiere a una de las principales 
causas de infecciones del tracto urinario: la acción «de ordeño» de la actividad sexual que, en las condi- 
ciones adecuadas, hace entrar en la vejiga y la uretra las bacterias de la zona vaginal o anal. Entre los 
síntomas están la sensación de ardor al orinar, la presencia de sangre en la orina y la fiebre. Si no se trata 
la infección, esta puede subir a los ríñones, lo cual puede ser peligroso. Por eso, cualquier mujer que crea 
que podría tener una infección urinaria deberá hacerse un cultivo de orina para comprobar si hay bacte- 
rias, y si el resultado es positivo, deberá tomar un antibiótico. Esto curará el trastorno en la gran mayoría 
de los casos, sin más tratamiento. 

Pero muchas mujeres tienen infecciones urinarias recurrentes que se tratan con repetidas tomas 
de antibióticos. Esto es otra historia muy diferente y necesita un método distinto. La repetida toma de 
antibióticos para tratar las infecciones urinarias recurrentes no soluciona el desequilibrio subyacente que 
conduce a las infecciones, y los antibióticos también pueden matar la flora vaginal útil, con la consecuen- 
cia de infecciones fúngicas, diarrea y, lamentablemente, infecciones recurrentes de las vías urinarias. 

Tratamiento 

Aspectos nutricionales. Comienza por tomar un buen probiótico, por ejemplo acidófilus o factor bífi- 
dus. Hay muchos en el mercado, y la mayoría deben tenerse en el refrigerador para mantener vivas las 
bacterias. El PB8 es un producto que no requiere refrigeración; se encuentra en las tiendas de alimentos 
naturales. Otra manera de restablecer la flora vaginal si se ha tenido repetidas infecciones urinarias tra- 
tadas con antibióticos es mojar un tampón rígido (OB es una buena marca) en yogur natural biológico e 
introducirlo en la vagina; cámbiate los «tampones yogur» cada tres o cuatro horas. Esto restablecerá la 
flora vaginal y disminuirá el riesgo de infecciones recurrentes que acompañan al problema de hongos. 
También puedes darte duchas vaginales con yogur o poner una cápsula probiótica directamente en la 
vagina durante varias noches. 

El café, aunque sea descafeinado, también puede tener efectos notablemente adversos en el tracto 
urinario y actuar como irritante de la vejiga, de modo que si actualmente bebes café, déjalo. 

Los arándanos agrios son muy útiles para las infecciones del tracto urinario, pues contienen un 
ingrediente que impide a las bacterias adherirse a las paredes de la vejiga, previniendo así la infección. 64 
El zumo de arándanos agrios hace más ácida la orina, lo cual dificulta la proliferación de bacterias. Los 
arándanos agrios han sido un remedio casero popular desde hace mucho tiempo, y ahora los estudios 
científicos han confirmado que beber su zumo elimina las infecciones en la mayoría de las mujeres en las 
que se ha probado. 65 El zumo de arándanos agrios azucarado anula en parte sus beneficios, de modo que 
bebe la variedad no azucarada. Se puede comprar zumo no azucarado concentrado y beber 480 ce [2 
tazas grandes] de zumo reconstituido al día para tratar una infección. Para prevenirla, bebe 240 ce al día. 
También puedes buscar zumo de arándanos agrios en forma de comprimido; Cranactin es una marca 



popular. (Si quieres evitar la sacarina o el aspartamo, añade una pequeña cantidad de la hierba estevia.* 
En muchos países se ha usado esta hierba durante décadas como edulcorante no calórico y se encuentra 
en forma de polvo o de líquido en las tiendas de alimentos dietéticos.) 

La hierba gayuba contiene una substancia llamada arbutina, un antibiótico natural que alivia las 
infecciones de vejiga. 66 Se puede tomar el extracto en polvo (20 por ciento de arbutina): 2 cápsulas tres 
veces al día; o el extracto líquido o tintura: 1 cuentagotas lleno en 1 taza de agua tres veces al día. Conti- 
nuar con este tratamiento hasta que desaparezcan los síntomas. Tanto las cápsulas como la tintura se 
encuentran en las tiendas de alimentos dietéticos. 

La vitamina C puede ser muy útil para prevenir la reincidencia de la infección. Toma de 1.000 a 
2.000 mg al día, y si la infección está relacionada con la actividad sexual, toma 1.000 mg antes y 1.000 mg 
después de tener relaciones sexuales. También bebe mucho líquido y procura levantarte a orinar dentro 
de la hora después de la relación sexual. Las mujeres que hacen esto no tienen tantas infecciones relacio- 
nadas con la actividad sexual como las que esperan una hora o más; probablemente esto se debe a que 
beber líquido y después orinar impide que las bacterias se adhieran a los tejidos y comiencen una infec- 
ción. 

Hormonas. A las mujeres menopáusicas y perimenopáusicas suele adelgazársele la uretra externa debi- 
do a la falta de estrógeno en esa zona del cuerpo, lo cual produce ardor al orinar. Esto podría confundir- 
se con una infección de la vía urinaria. Este trastorno se puede tratar poniéndose una crema con base de 
estrógeno en la parte superior de la vagina, justo a lo largo del cordoncillo de la uretra. Recomiendo una 
crema vaginal con 0,5 mg de estriol. La dosis habitual es de 1 g (un cuarto de cucharadita) una vez al día 
durante una semana, después dos o tres veces a la semana o según se necesite más adelante. Esto resta- 
blecerá el grosor normal del tejido vaginal y acabará con el ardor. 67 

Actividad sexual. Las infecciones de las vías urinarias suelen ir asociadas con relaciones sexuales fre- 
cuentes o traumáticas (que causan daño al tejido vaginal y vulvar). Por ejemplo, en los casos de parejas 
que viajan por separado o viven separados durante la semana, los actos sexuales frecuentes durante una 
visita de fin de semana pueden irritar el tejido vaginal y uretral. El tratamiento para esto supone hacer 
las modificaciones necesarias en la vida sexual para disminuir el trauma. Esto podría significar usar un 
lubricante si hay sequedad vaginal, y también reflexionar sobre cualquier aspecto de la relación que sea 
poco satisfactorio. 

Los repetidos brotes de infección y/ o ardor al orinar pueden estar relacionados también con el 
método anticonceptivo que usa la mujer. Si el diafragma es demasiado grande, puede irritar la uretra 
durante el acto sexual, haciendo que las bacterias penetren en la abertura uretral y migren hacia la zona 
de la vejiga. El uso de preservativos o cremas anticonceptivas que contienen el espermicida nonoxinol-9 
puede producir irritación uretral y ardor al orinar. Esto desaparecerá cuando se deje de usar el agente 
culpable. 

OTROS TRATAMIENTOS. No introduzcas bacterias en tu zona uretral; después de defecar, limpíate de 
delante hacia atrás, no al revés. 

Las compresas de aceite de ricino aplicadas en la parte inferior del abdomen dos o tres veces a la 
semana pueden hacer maravillas en la prevención de infecciones de las vías urinarias, porque al parecer 
mejoran el funcionamiento del sistema inmunitario. También puede ser muy útil la acupuntura. 

Aspectos psíquicos. Como ya he dicho, hay ciertos tipos de estrés muy concretos que afectan a la vejiga 
y al sistema urinario, y suelen estar relacionados con la rabia no reconocida hacia alguien o con el hecho 
de culpar a alguien, generalmente del otro sexo. Así pues, si estás bebiendo tu zumo de arándanos 
agrios, tomando tu gayuba o echada con tus compresas de aceite de ricino, haz la siguiente afirmación 
de Louise Hay: «Me libero de la forma de pensar o la actitud que me ha creado este trastorno. Estoy dis- 
puesta a cambiar. Me amo y me apruebo». 



Estevia: Stevia rebaudiana, arbusto paraguayo de la familia de las compuestas, de cuyas hojas se extrae un 
glucósido muy dulce. (N. de la T.) 



Historias de mujeres 

CHRISSA: INFECCIONES RECURRENTES DEL TRACTO URINARIO. Chrissa tenía 32 años cuando 
vino a verme por primera vez para un examen anual. Su estado de salud era relativamente bueno, pero 
tenía dolores menstruales, accesos intermitentes de dolor pelviano y también infecciones urinarias recu- 
rrentes; para estas la habían tratado con repetidas tomas de antibióticos. Me explicó que cada vez que 
hacía un viaje corto o salía de vacaciones se preocupaba por la posibilidad de tener una infección urina- 
ria y no poder conseguir una receta del antibiótico. También estaba harta de las infecciones fúngicas que 
tenía cuando estaba tomando antibióticos. 

Le pregunté cómo le iba la vida. Entonces me contó que el trabajo de su marido lo obligaba a via- 
jar durante unas dos semanas de cada cuatro; este programa irregular le hacía difícil planear su vida. 
Estaba interesada en tener hijos, pero se sentía ambivalente al respecto. Cuando le pregunté sobre su 
vida sexual, me dijo: «Va a toda marcha cuando él está en casa, y alternamos entre el diafragma con cre- 
ma vaginal y los preservativos». Le pregunté si tendía a tener una infección urinaria después de las rela- 
ciones sexuales con su marido. Se lo pensó un momento y cayó en la cuenta de que normalmente cuando 
tenía una infección era uno o dos días después de las relaciones sexuales. 

Le revisé el diafragma para ver si era del tamaño adecuado; lo era. Yo sabía que ella necesitaba 
una estrategia para prevenir las infecciones, de modo que le sugerí que siguiera el programa de nutrición 
y suplementos que ya he esbozado: 

• Disminuir el consumo de azúcar y harina refinados y seguir una dieta de alimentos integrales. 

• Beber zumo de arándanos agrios. 

• Comenzar a tomar un buen suplemento de vitaminas y minerales. 

• Tomar de 1 a 2 g (1.000-2.000 mg) de vitamina C lo más pronto posible después de la relación se- 
xual. Tomar la misma dosis al día siguiente. 

• Tomar un buen probiótico el día anterior a la relación sexual, el día en que esta tenga lugar y el 
día siguiente. 

También le pedí que observara sus «activadores» emocionales. Concretamente, ¿sentía enfado 
con su marido debido a asuntos no hablados entre ellos, por ejemplo si quedar o no quedar embarazada 
o quién tenía que pagar las facturas? 

Al cabo de tres meses, volvió para un control. Había tenido los primeros síntomas de una infec- 
ción urinaria sólo una vez, y habían desaparecido rápidamente con el zumo de arándanos agrios y la 
vitamina C. Me dijo: «Me di cuenta de que el factor principal para que mi cuerpo tenga o no una infec- 
ción urinaria son mis emociones. Tan pronto como descubría que estaba "fastidiada" con mi marido, me 
obligaba a hablarle de mis preocupaciones, para que no tuviera que ser mi cuerpo el que hablara por mí. 
También he procurado no tener nunca una relación sexual con él mientras esté enfadada. He compren- 
dido que eso es terreno abonado para la infección. Me hace ilusión saber por fin que mi cuerpo no me 
está traicionando con estas infecciones. Son muchas las cosas que puedo hacer para prevenirlas, o por lo 
menos para cortar la infección cuando está en sus comienzos». 

Incontinencia urinaria por esfuerzo 

Aunque a muchas mujeres les cuesta hablar de ella, incluso con su médico, de un 30 a un 50 por ciento 
experimentan incontinencia urinaria (la pérdida involuntaria de orina) de vez en cuando. El 10 por cien- 
to de estas mujeres son menores de 40 años. Para la mayoría es sólo un problema ocasional que les ocu- 
rre al toser, estornudar o en un ataque de risa. Pero una de cada seis mujeres de edades comprendidas 
entre los 40 y los 65 años tiene un problema importante que le impide llevar una vida normal. El pro- 
blema también es común pasados los 65 años. 

Hay varios tipos de incontinencia. La incontinencia urinaria por esfuerzo es la más común y es 
de la que voy a tratar aquí. Se produce cuando la presión intraabdominal (al toser, estornudar o reír) es 
tal que el esfínter de la uretra, es decir, el músculo que la mantiene cerrada, no puede retener la orina 
que hay en la vejiga. 



Causas comunes 

Los motivos más comunes de la debilidad del esfínter uretral son los siguientes: 

• Debilidad general de los músculos del suelo pelviano. 

• Embarazo (en este caso la incontinencia se acaba después del parto). 

• Lesiones durante el parto (esto es mucho menos probable que ocurra si a la mujer se la anima a 
parir de un modo relajado, consciente y con un apoyo total). 

• Factores genéticos que tienen por consecuencia la debilidad del tejido conjuntivo (las mujeres con 
este problema suelen tener muchas parientes con problemas relacionados con el prolapso de los 
órganos pelvianos). 

• La tos persistente y crónica, normalmente debida al tabaco, que produce una presión intraabdo- 
minal repetitiva que supera la fuerza del esfínter uretral. 

• La excesiva grasa abdominal, que aumenta la presión intraabdominal. 



Tratamiento 

FORTALECER el SUELO pelviano. La primera línea de tratamiento para la incontinencia urinaria por 
esfuerzo es fortalecer el suelo pelviano mediante los ejercicios de Kegel. El fortalecimiento del suelo pel- 
viano deberá formar parte del cuidado rutinario de la salud de la mujer, sobre todo si tiene tendencia a 
la incontinencia. Si los músculos pelvianos están fuertes, soportan mejor a la uretra para que no ceda 
cuando se hace algo que aumenta la presión intraabdominal. 

Por desgracia, a la gran mayoría de mujeres a las que se les dice que hagan los ejercicios de Kegel 
no se les enseña a hacerlos bien y por eso muchas de ellas (y sus médicos) piensan que no dan resultado. 
Se ha comprobado que cuando se hacen bien y con perseverancia, estos ejercicios permiten a un 75 por 
ciento de mujeres superar su problema de incontinencia urinaria. 68 Los ejercicios de Kegel consisten en 
contraer, o apretar, el músculo pubococcígeo (el mismo que se aprieta para detener el chorro de orina) y 
mantenerlo así contando lentamente hasta 3. Luego hay que relajarse contando hasta 5 y repetir el ejerci- 
cio. Poco a poco se va aumentando el tiempo de mantenerlo apretado hasta llegar a un conteo de 10. Haz 
cinco veces el ejercicio tres veces al día y persevera. Los resultados se notan de seis a ocho semanas des- 
pués, y entre ellos está una mejor relación sexual. Es necesario hacer los ejercicios con regularidad para 
mantener el efecto beneficioso (véase el capítulo 8). 

Los ejercicios de Kegel no dan resultado si al mismo tiempo se contraen los músculos abdomina- 
les, los de los muslos y los de las nalgas. De hecho, eso sólo aumenta la presión intraabdominal y agrava 
el problema. Para asegurarte de que haces el ejercicio correctamente, introdúcete dos dedos en la vagina, 
sepáralos ligeramente y aprieta los músculos vaginales; deberás sentir cómo se cierran fuertemente alre- 
dedor de los dedos. Esos son los únicos músculos que hay que contraer. Para asegurarte de que no con- 
traes al mismo tiempo los músculos abdominales, coloca la otra mano sobre la parte inferior del abdo- 
men, a modo de recordatorio, para mantener el abdomen blando y relajado. Existen vídeos y cintas de 
cásete para aprender a hacer bien los ejercicios de Kegel. 

Hay una manera aún más fácil de hacer los ejercicios de Kegel, en que no hace falta contar hasta 
10 ni concentrarse en relajar los otros músculos al mismo tiempo. Este método, basado en técnicas chinas 
antiquísimas, consiste en insertarse un cono con pesas en la vagina y simplemente mantenerlo allí unos 
cuantos minutos dos veces al día (véase el capítulo 8). Se comienza por el cono más pesado que se pueda 
sostener dentro con facilidad y se mantiene allí hasta cinco minutos; poco a poco, se va pasando a conos 
más pesados, y finalmente se pasa a un programa de mantenimiento. Al sostener el cono en la vagina, 
usamos y fortalecemos automáticamente los músculos correctos, sin tener que pensar en si estamos ha- 
ciendo bien los ejercicios de Kegel. Durante varios años he recomendado estos conos, con excelentes re- 
sultados. Van bien si se tiene un problema de incontinencia urinaria por esfuerzo en el que no haya nin- 
gún otro factor implicado (por ejemplo, infección, efectos de fármacos como los diuréticos o consumo de 
café). 

Aunque los ejercicios de Kegel no curan todos los tipos de incontinencia urinaria, siempre vale la 
pena intentarlos antes de recurrir a medicamentos o cirugía. Desarrollar un músculo pubococcígeo fuerte 



no sólo va bien para prevenir o curar la incontinencia urinaria por esfuerzo, sino que también aumenta el 
riego sanguíneo de la pelvis, lo cual incrementa la resistencia a enfermedades como las infecciones del 
tracto urinario. Estos ejercicios se pueden hacer en cualquier momento y lugar, si se hacen bien, y nadie 
lo notará. No hay nada que perder y mucho que ganar. 

ASPECTOS NUTRICION ALES. Muchas mujeres tienen incontinencia urinaria por esfuerzo cuando au- 
menta su producción de orina, sobre todo por beber café o té. Incluso el café descafeinado es diurético, y 
también lo es el tiempo frío (jamás bebo una taza de café por la mañana si voy a esquiar, porque cuando 
lo he hecho, he tenido que volver al refugio cada dos por tres). A muchas mujeres les aumenta la pro- 
ducción de orina el primer día de la menstruación, porque se están liberando de todo el líquido pre- 
menstrual. En esas circunstancias, el problema de incontinencia siempre empeora, porque la vejiga está 
más llena. Además, el café irrita la vejiga. He «curado» varios casos de incontinencia urinaria por esfuer- 
zo simplemente diciéndole a la paciente que deje de beber café. También es útil perder el exceso de grasa 
corporal (véase el capítulo 17). 

HORMONAS. Algunas mujeres comienzan a sufrir de incontinencia urinaria por esfuerzo después de la 
menopausia, por motivos hormonales y por la misma razón que a veces tienen infecciones del tracto 
urinario: el adelgazamiento del tercio externo de la uretra, sensible al estrógeno (véase la sección sobre 
las hormonas y las infecciones urinarias). Si esto describe tu situación, lo único que necesitas hacer para 
restablecer el tejido uretral y recuperar el control urinario es aplicarte un poquito de crema de estrógeno 
diariamente durante una semana, y después dos o tres veces a la semana. Para esto yo receto una crema 
con 0,5 mg de estriol, en lugar de cremas de otros tipos de estrógeno, como el Premarin, porque el estriol 
va muy bien localmente y tiene un efecto muy débil en el organismo. Esto significa que se puede usar sin 
riesgo la crema vaginal de estriol para restablecer los tejidos vaginal y uretral aun en el caso de haber 
tenido cáncer de mama u otro cáncer sensible al estrógeno. La crema vaginal de estriol se prepara, con 
receta, en cualquier farmacia que use hormonas naturales. La dosis habitual es de 1 g (un cuarto de cu- 
charadita) una vez al día durante una semana, y después dos o tres veces a la semana según se necesite. 

Pesarios y dispositivos de inserción para el control urinario. Un pesario es un aparato de plástico o 
ebonita que se inserta en la vagina para tratar el prolapso del útero. También se puede usar con éxito 
para la incontinencia urinaria por esfuerzo. Por desgracia, muchos médicos no han sido instruidos en su 
uso, y por lo tanto a muchas pacientes no se les ofrece esta opción. Los pesarios diseñados especialmente 
para la incontinencia levantan el cuello de la vejiga y restablecen el ángulo correcto de la vejiga, de modo 
que se recupera la continencia cuando está colocado. Van bien para las mujeres que no son candidatas 
para una intervención quirúrgica, las que sólo tienen el problema de forma intermitente o aquellas a las 
que no ha servido la cirugía. 69 

Recientemente se ha aprobado un nuevo dispositivo de inserción para la incontinencia urinaria 
por esfuerzo, llamado Reliance Urinary Control Insert. En las pruebas clínicas que se hicieron con este 
dispositivo se comprobó un 97 por ciento de eficacia en mantener completamente secas o muy mejoradas 
a las mujeres. Además, el 97 por ciento de las mujeres que lo probaron dijeron que recomendarían el 
dispositivo Reliance a otras mujeres con el problema de incontinencia. 70 Cuando descubrí este aparato, 
hablé con la doctora Kaitlyn Cusack, una uroginecóloga de Dover (New Hampshire) que lo ha estado 
recomendando desde que fue aprobado por la FDA [Food and Drug Administration, Dirección para la 
Alimentación y Medicamentos] en otoño de 1996. Me dijo que a sus pacientes les encanta este dispositivo 
y que la mayoría lo encuentra tan fácil de insertar como un tampón; el dispositivo es muy pequeño y 
desechable; es especialmente bueno para aquellas mujeres que sólo tienen incontinencia durante ciertas 
actividades, como jugar al golf o hacer ejercicios aeróbicos, o cuando estornudan o tosen debido a un 
resfriado. Es una estupenda alternativa para las mujeres que no se han beneficiado de los ejercicios de 
Kegel, las que desean evitar la operación o las que no son candidatas para ella. El dispositivo Reliance es 
también una buena opción para las mujeres que desean tener más hijos, dadas las lesiones del tejido va- 
ginal producidas por el parto y reparadas quirúrgicamente. Recomendaría encarecidamente a las muje- 
res que tienen el problema de incontinencia urinaria por esfuerzo que pregunten a su médico acerca de 
este dispositivo. Recientemente, la FDA ha aprobado un producto aún más nuevo, llamado Impress, que 



muy pronto deberá estar en el mercado. Se trata de un triángulo blando de espuma, con un gel en la par- 
te posterior, que se puede aplicar directamente a la uretra para detener la incontinencia y luego quitarlo 
y tirarlo al orinar. Ciertamente no hay ningún motivo para soportar pérdidas de orina y compresas 
cuando hay tantas buenas opciones. 

CIRUGÍA. Los métodos quirúrgicos para la incontinencia urinaria por esfuerzo suelen tener mucho éxi- 
to. Hay que buscar un cirujano formado especialmente en uroginecología. Otra excelente opción para 
algunas mujeres es la inyección de Teflón o colágeno en la uretra. 

Al margen de la relación que tengas en estos momentos con esa zona de tu cuerpo, has de saber 
que cada una de nosotras ha heredado los efectos de generaciones de silencio y mala información en 
torno a las regiones genital y urinaria. La única manera de abandonar ese legado de vergüenza es hablar 
de nuestras necesidades y educarnos. Cuando cada una comience a escuchar y recuperar la sabiduría de 
esas zonas, vamos a descubrir que, como todas las demás partes de nuestro cuerpo, esas zonas son dig- 
nas de nuestros constantes respeto y cuidado. 



10 

Los pechos 

Me impresiona la frecuencia con que las mujeres sienten en su cuerpo, sobre todo en la zona de los pechos y el 
corazón, cuándo son generosas, amorosas y sensibles a las necesidades de los demás. 

JeanShinodaBolen, Crossing to Avalon 

La fijación mamaria es el más infantil —y el más norteamericano — de los fetiches sexuales. 

Molly Haskell, crítica de cine y escritora, en The Quotable Woman 

Nuestra herencia cultural 

En una cultura en la que mujeres y hombres por igual se crían con muñecas Barbie, desfiles de Miss 
America e imágenes de Playboy, los pechos son una parte muy «cargada» de nuestra anatomía, tanto en el 
sentido físico como en el metafórico. El doctor Norm Shealy comentó una vez: «Freud lo entendió todo 
mal. Jamás he visto a una mujer que envidie el pene, pero sí que he visto a muchos hombres que envi- 
dian los pechos». Creo que, en cierto sentido, son muchas las personas que en su infancia no se acercaron 
a la cantidad ideal de contacto con los pechos de su madre demasiados de nosotros fuimos alimentados 
no por los pechos maternos, sino por fríos pezones de plástico y fórmulas químicas elaboradas por em- 
presas multinacionales. No es de extrañar que nuestra sociedad esté tan obsesionada por los pechos fe- 
meninos, ni tampoco que el escenario esté preparado tan pronto para molestias en esa zona del cuerpo 
femenino. 

El ideal de nuestra cultura es el de una mujer con un par de pechos igualitos y erectos de dieci- 
ocho años (de por lo menos una talla 110 de sujetador, a juzgar por las imágenes de fines de los años 
noventa). Esto induce a todas las mujeres que no calzan con ese ideal (que son la gran mayoría) a pensar 
que algo les funciona mal. Si va acompañada por suficientes problemas, esta percepción podría incluso 
ser causa de síntomas en las mamas, y ciertamente contribuye al deseo de hacerse implantes. 

Ojalá todas las mujeres pudieran tener la oportunidad de conocer lo diversos que son en realidad 
los tamaños y formas de los pechos, y pudieran ver cuánto varían de una mujer a otra. Entonces com- 
prenderían lo sesgada que es normalmente nuestra percepción de nuestros pechos. Tendríamos la opor- 
tunidad de comenzar a amar los pechos que tenemos, en lugar de compararlos con un ideal imposible. 

Es innegable que alguna que otra mujer tiene alguna discrepancia de tamaño u otra anormalidad 
entre sus pechos, algo que llama la atención y para ella es causa de un enorme sufrimiento psíquico. 
Otras tienen los pechos tan grandes que les causan dolor en la espalda. La cirugía plástica puede corregir 
esos problemas, y en ese sentido es una bendición. Pero la mayoría de las operaciones de cirugía plástica 
en los pechos se hacen porque la mujer no los encuentra tan estupendos como los de las modelos, o por- 
que no le gustan a su novio o compañero, o porque nuestra cultura obsesionada por los pechos los pre- 
fiere grandes. Esta preocupación por el tamaño se «medica» con cirugía estética, y en la jerga quirúrgica 
la indicación para el aumento del tamaño de los pechos es «micromastia bilateral crónica», lo que sim- 
plemente significa «dos pechos pequeños que llevan ahí algún tiempo». 

La mujer suele creer que sus pechos existen para el placer y el beneficio de otra persona distinta 
de sí misma. He oído a ex colegas míos recomendar a mujeres que no amamanten a su bebé porque «les 
estropeará los pechos». Muchos maridos prohiben a sus esposas que den de mamar, ¡porque sienten 
celos del bebé! Está claro que la actual controversia respecto a los implantes de mama es un síntoma de 
un descontento mucho más profundo apoyado por la cultura. (Más adelante en este capítulo hablo de los 
implantes.) 

Los pechos son la metáfora física de dar y recibir. En épocas remotas, simbolizaban la abundan- 
cia y el sustento de la naturaleza. Que los pechos son símbolos del sustento lo ilustra muy bien el caso de 



una mujer a la que vi a comienzos de los años ochenta, Jennifer, que hacía cuatro años que había entrado 
en la menopausia. Su médico la envió a verme debido a dos grandes quistes en la mama derecha, que se 
le formaron casi de la noche a la mañana (tenían cinco y siete centímetros de diámetro). Le pregunté si 
pasaba algo en su vida en el aspecto de sustentar a los demás. Me contó que su hija menor iba a mar- 
charse de casa para ir a la universidad, y que hacía poco que había muerto un gato muy querido que 
habían tenido quince años. Jennifer estaba haciendo duelo por la pérdida de su hija y de su querido gato. 
La noche anterior a la aparición de los quistes soñó que estaba amamantando a su hija cuando era un 
bebé, esa misma hija que iba a dejar la casa. Cuando hice la succión por punción del líquido de los quis- 
tes, descubrí que estaban llenos de leche. El cuerpo de Jennifer había manifestado el fluido del sustento 
materno en reacción al cambio en su papel sustentador. 

Nuestra cultura ha deformado la metáfora del sustento con el fin de que las mujeres se entreguen 
a los demás sin sustentarse ellas mismas. Las mujeres dan y dan hasta que el pozo se seca. Si los hombres 
y mujeres anduvieran con el torso desnudo, veríamos que la principal herida de las mujeres es la cicatriz 
de la mastectomía. En el caso de los hombres, la principal cicatriz sería la de la anastomosis por bypass de 
la arteria coronaria, en el centro del pecho, porque los hombres necesitan aprender a abrir su corazón. 

Mona Lisa Schulz, intuitiva médica y científica, dice que en la mama izquierda (la del lado del 
corazón) de las mujeres que tienen una «glándula sustentadora superdesarrollada» suele ver la energía 
de las personas importantes a las que estas mujeres han cuidado en su vida. Dice que esto se debe a que 
esas mujeres han aprendido a cuidar y nutrir como la expresión principal del amor. Aunque no hay nada 
malo en sustentar y cuidar, hacerlo a expensas de una misma puede establecer la pauta para la mala salud. La 
doctora Schulz no ve esta pauta en los hombres y mujeres sanos. 

La mayoría de los cánceres de mama están relacionados con nuestra necesidad de ser indepen- 
dientes y de sustentarnos y nutrirnos a nosotras mismas. Según Caroline Myss: «La principal emoción 
que se esconde en los bultos y cánceres de mama es el dolor, la aflicción y los asuntos emocionales no 
resueltos, generalmente relacionados con el sustento y el cuidado». Los pechos están situados en el cen- 
tro energético del cuarto chakra, cerca del corazón. Las emociones como el pesar y el ciático «corazón 
roto» se almacenan energéticamente en este centro del cuerpo. El sentimiento de culpabilidad por no ser 
capaz de perdonarse o de perdonar a otras personas bloquea la energía de los pechos. (Los otros órganos 
del cuarto chakra también son vulnerables a esta pauta energética.) 

En un importante estudio realizado en 1995 se descubrió que el riesgo de desarrollar cáncer de 
mama aumenta casi doce veces si la mujer ha experimentado la muerte de un ser querido, una pérdida 
de trabajo o el divorcio en los cinco años anteriores. 1 Es importante observar que, según este estudio, las 
dificultades emocionales de larga duración no están relacionadas con el cáncer de mama. Otro investi- 
gador demostró que un estrés grave (determinado antes de hacer el diagnóstico de cáncer de mama) 
también conlleva un mayor riesgo de contraer la enfermedad. 2 De modo similar, se ha comprobado que 
las pérdidas graves que ocurren después del diagnóstico de cáncer de mama aumentan el riesgo de una 
recurrencia posterior del cáncer. 3 

Ya en el siglo XIX, la bibliografía médica señalaba que había una relación entre el cáncer de ma- 
ma y la soledad, la pena e incluso la ira y la rabia. 4 Las mujeres con cáncer de mama suelen tener las si- 
guientes características: abnegación, una sexualidad inhibida, una incapacidad para verse apoyadas por 
los demás y para desahogar el enfado o la hostilidad, la tendencia a ocultar la rabia y la hostilidad detrás 
de una fachada de simpatía y amabilidad, y una enemistad no resuelta con su madre. Hay pruebas de 
que las mujeres con cáncer de mama que se consideran muy apoyadas emocionalmente por su marido u 
otras personas han fortalecido su respuesta inmunitaria. 5 En un estudio realizado con pacientes de cán- 
cer de mama, se comprobó que estas eran más propensas a ocuparse de mantener una apariencia externa 
de persona simpática o buena que las mujeres que no tenían este cáncer. También eran más propensas a 
reprimir o interiorizar sus sentimientos, sobre todo los de rabia. 6 De hecho, en un estudio se comprobó 
que la represión de la rabia durante muchos años está relacionada con cambios adversos en el sistema 
inmunitario. 7 Dada la tendencia de nuestra sociedad a reprimir, ignorar o denigrar a las mujeres y a su 
rabia, es fácil comprender por qué son tantas las que tienen problemas de mamas. Una enfermera me 
contó que una de sus amigas tuvo la siguiente percepción varios meses antes de morir de cáncer de ma- 
ma: «Finalmente he comprendido que no tenía por qué morir de cáncer para descansar». 



Recordemos que no es la emoción en sí la que causa el problema, sino la incapacidad para expre- 
sarla y liberarla totalmente, y reaccionar a la situación de un modo sano y flexible. Tampoco es causa de 
cáncer un acontecimiento muy estresante. El riesgo está determinado más bien por la forma de sobrelle- 
varlo. En el estudio de 1995 ya citado, los investigadores demostraron que el estilo de la mujer para ha- 
cer frente a las situaciones difíciles influía en si enfermaban o no de cáncer de mama. Comparadas con 
las mujeres del grupo de control, las pacientes de cáncer tendían más a usar un tipo de estrategia carac- 
terizada por ocuparse del problema, enfrentarlo, concentrarse en él, elaborar un plan de acción y buscar 
a personas que las apoyaran emocionalmente en este proceso. Lo que observaron los investigadores fue 
lo siguiente: en los acontecimientos gravemente estresantes de la vida (pérdida de un ser querido, pérdi- 
da de un empleo o enfermedad grave de un familiar), la persona no tiene ningún control; por lo tanto, 
esforzarse por cambiar o controlar la situación y buscar a otros para que la apoyen en este proceso, en 
oposición a dejar que las cosas sean como son, en definitiva no funciona y en realidad aumenta el estrés 
(y el riesgo de cáncer). Las pérdidas importantes son inevitables y forman parte del proceso de la vida. 
Lo que va bien es desahogar totalmente la pena y la aflicción, aceptar la situación y rendirse a algo supe- 
rior a nosotros. 

Anatomía 

El pecho femenino está diseñado para proporcionar la nutrición óptima a los bebés y para procurar pla- 
cer sexual a la propia mujer. Los pechos son órganos glandulares muy sensibles a los cambios hormona- 
les del cuerpo, y pasan por cambios cíclicos sincronizados con el ciclo menstrual. Están conectados muy 
íntimamente con el sistema genital femenino. La estimulación de los pezones aumenta la secreción de 
prolactina de la glándula pituitaria. Esta hormona también afecta al útero y puede causar contracciones. 
El tejido mamario se extiende hasta las axilas, en lo que se llama «prolongación axilar». Los ganglios 
linfáticos que drenan el tejido de las mamas también están situados en las axilas. Después de que la mu- 
jer tiene un bebé y le entra la leche, se le pueden formar llamativas hinchazones bajo los brazos, al llenar- 
se el tejido de esa zona. Hay pechos de todos los tamaños y formas, y lo mismo ocurre con los pezones. 
La mayoría de las mujeres tienen un pecho ligeramente más pequeño que el otro. 

El autoexamen de las mamas 

El autoexamen de las mamas se hace mejor después de que ha pasado el periodo menstrual, cuando la 
estimulación hormonal del tejido de los pechos es menos aparente. Siempre les pregunto a las mujeres si 
se hacen exámenes mensuales de los pechos. Pero son pocas las que se los hacen como es debido, ni si- 
quiera las enfermeras, que deberían «saberlo». 

¿Por qué son tan pocas las mujeres que se examinan regularmente los pechos? A algunas les 
asusta tocárselos, los encuentran muy nudosos, y piensan que, en todo caso, están destinados al placer o 
la evaluación de otra persona. La mayoría de las mujeres que encuentran nudosos sus pechos no entien- 
den la anatomía glandular normal de las mamas. Si bien la mayor parte de las mujeres que acuden a mi 
consulta tienen pechos completamente normales, muchas creen que algo está mal en ellos. El diagrama 
de la anatomía de un pecho normal indica que lo que a veces palpamos como diminutos «bultos» son 
simplemente glándulas normales. De vez en cuando uno de esos conductos o glándulas se hincha y se 
palpa como un guisante duro. En general esa hinchazón desaparece sola con el tiempo, pero siempre es 
recomendable que la mujer se lo diga a su médico y pase por un examen para estar segura. Según las 
estadísticas, las mujeres encuentran por sí solas la gran mayoría de las anormalidades de los pechos. 

Sin embargo, por mucha información intelectual que tenga una mujer, hacerse un concienzudo 
autoexamen de modo clínico y sistemático puede hacer aflorar todos sus temores acerca de sus pechos. 
¿Para qué buscar meticulosamente cada mes algo que no se desea encontrar, en un órgano cuya textura 
no se entiende? Cuando se trata de nuestra anatomía femenina, siempre estamos listas para creer que 
algo va mal. 



Transformar el autoexamen de mama 



Un buen momento para cambiar la manera de pensar acerca del examen de mama y el modo de hacerlo 
es después de haber tenido un examen normal hecho por el médico, y de saber que en esos momentos 
todo está bien. Cuando examino las mamas de una mujer, le explico lo que palpo ahí y suelo hacerle 
repetir el examen para que los dedos de ella también conozcan cómo es lo «normal». Después le pido 
que, en adelante, siempre que se toque los pechos no lo haga necesariamente para encontrar bultos sos- 
pechosos, sino para enviar una energía llena de cariño y respeto a esa zona de su cuerpo. 




Grasa 



FIGURA 9. ANATOMÍA DE LA MAMA 

Trata con respeto a tus pechos. Si en estos momentos les tienes miedo y los encuentras «dema- 
siado llenos de bultos», comienza a cambiar tu actitud hacia ellos prestándoles una especial atención 
cuando te bañes o te duches. Mientras te lavas esa zona, fíjate en cómo sientes la piel bajo los dedos. 
Imagínate que tienes poder sanador en tus manos (en realidad lo tienes). Cuando te laves los pechos y 
las axilas, hazlo con el ánimo de bendecir esa zona de tu cuerpo. Al hacer eso, aprenderás cómo son sus 
contornos y su tacto. Hazlo diariamente como parte de tu aseo hasta que hayas recuperado el respeto 
por tus pechos como una parte importante de tu anatomía. 

Una vez que te sientas cómoda con este ejercicio, procede a aprender cómo es el tejido al tacto 
cuando presionas con más fuerza. Este paso podrías darlo con un espíritu de curiosidad, de la misma 
manera en que te examinarías la mano o la planta del pie. Las mamas son una parte vital de la sabiduría 
femenina, y conviene aprender a escucharlas. Tiéndete de espaldas con una mano detrás de la cabeza; así 
el tejido de las mamas se aplasta contra la pared torácica y es más fácil palparlo y apreciarlo encima de 
los músculos y las costillas que hay debajo. Con la mano derecha, usando la parte plana de los dedos, no 
las yemas, explórate la mama izquierda. Las yemas son demasiado sensibles y van a captar todos los pe- 
queños conductos. Esto podría resultarte aterrador mientras no sepas lo que es normal en ti, de modo 



que sólo haz la exploración con las yemas una vez que ya te sientas totalmente cómoda con tu anatomía 
y confíes en ti misma. Repite el ejercicio con la mano izquierda para explorar la mama derecha. Al prin- 
cipio es útil dividir la mama en cuatro cuadrantes y examinar cada uno por separado. Después avanza 
hasta la axila y vuelve nuevamente hasta el pezón, para notar las diferencias en las distintas zonas. El 
tejido mamario suele ser más denso en el cuadrante superior y externo de cada mama. Finalmente serás 
capaz de notar la diferencia entre esa zona y las demás y de saber que esas diferencias son normales en 
ti. 




FIGURA 10. AUTOXAMEN DE LAS MAMAS 

Lo principal que me gustaría que comprendieran las mujeres es que pueden llegar a conocer sus 
mamas y entender su anatomía palpándoselas, tocándoselas (desde dentro y desde fuera) y mirándose- 
las. Es necesario que las mujeres comprendan que sus pechos son partes normales de su cuerpo y que se 
merecen tanta o mayor atención amorosa que sus cabellos o su cutis. Si la mujer se palpa las mamas de 
esa manera, para conocerlas, y no sólo para encontrar bultos, las rodeará con un campo energético mu- 
cho más positivo que la energía habitual generada por el autoexamen en el que se explora para encontrar 
lo que no se quiere encontrar. Examinarse las mamas con un espíritu de miedo, simplemente aumenta el 
miedo, y eso es lo contrario de lo que es necesario hacer para generar un tejido mamario sano. Una de 
mis pacientes, a la que le han hecho una lumpectomía por cáncer de mama, encarna esta sana manera de 
examinarse las mamas. Se las palpa regularmente y conoce muy bien su anatomía. Todas las mañanas, 
antes de levantarse, les dice: «¡Chicas, conmigo estáis a salvo!». 

Tal vez te convendría programarte un baño ritual de cuidado personal al mes, en el que te pro- 
pongas apreciar todo tu cuerpo. Pon tu música favorita (a mí me gusta cualquier cosa de Suzanne Ciani) 
y perfuma el agua del baño con aceites esenciales de rosa y lavanda (el de rosa disipa la rabia o el enfa- 
do, y el de lavanda es muy sedante). Si no te gustan los baños, usa un aceite para masaje perfumado con 
esas esencias. Mientras te relajas, hazte un masaje en los pies y dales las gracias. Después continúa masa- 
jéandote lentamente hacia arriba, apreciando todas las partes de tu cuerpo y dándoles las gracias. Expló- 
rate las mamas cuando pases por ellas, pero no les dediques más atención (ni menos) que al resto de tu 
cuerpo. Esto pondrá dentro del contexto correcto el examen de las mantas. (Hay una cinta de cásete titu- 
lada Honoring Our Breasts, grabada por la doctora Dixie Mills, que presenta una visualización y una ex- 
ploración de las mamas para guiarnos en este proceso con la atención puesta en nuestra sabiduría inte- 
rior.) 



Síntomas benignos en las mamas: 
Dolor, bultos, quistes y secreción de los pezones 

El motivo más común que lleva a las mujeres a la consulta médica son los bultos o quistes en los pechos. 
Si bien la mayoría son benignos, deben controlarse atentamente para asegurarse de que no son cancero- 
sos. (La secreción de los pezones es un síntoma menos común, pero también puede ser causa de preocu- 
pación.) 

Aproximadamente la mitad de todas las mujeres que van al médico lo hacen porque tienen algún 
tipo de dolor en las mamas. La mastalgia cíclica, que es el dolor en los pechos que va y viene según el 
ciclo menstrual, normalmente está causada por un exceso de estimulación hormonal, debido a un hiper- 



estrogenismo, un consumo excesivo de cafeína e incluso el estrés permanente. No es un factor de riesgo 
de cáncer de mama. 

La doctora Mary Ellen Fenn, una de mis colegas, comentó una vez: «¿Te has fijado en que los 
hombres nunca se quejan de dolor en los testículos, pero las mujeres siempre se están quejando de dolor 
en los pechos e incluso en los ovarios? ¿Crees que eso podría deberse a que los hombres saben que si se 
quejaran alguien querría cortárselos? ¿O será porque en nuestra cultura esos órganos de los hombres no 
corren tanto riesgo?». Si las mujeres entendieran que su guía interior les advierte, mediante síntomas en 
las mamas, de que han de dedicar más tiempo y energía a sí mismas, podrían comenzar a valorar a sus 
pechos de un modo diferente. 

«Enfermedad fibroquística de la mama» 

En la actualidad, a alrededor de un 70 por ciento de las mujeres un médico les ha dicho que tienen la 
«enfermedad fibroquística de la mama». Durante los años setenta y ochenta, unos cuantos estudios pare- 
cieron indicar que entre las mujeres con esta supuesta enfermedad había una incidencia dos o tres veces 
mayor de cáncer de mama. Cundió el pánico y diferentes médicos contaron historias contradictorias a las 
mujeres. Cuando la Comisión de Consenso de la Asociación Nacional del Cáncer investigó el tema en 
1985, descubrió que entre un 70 y un 80 por ciento de lo que se llamaba «enfermedad fibroquística de la 
mama» eran en realidad cambios normales en la anatomía mamaria y no estaban relacionados con un 
aumento del índice de cáncer de mama. Sin embargo, muchas mujeres siguen creyendo que lo está. 

Las mamas están formadas por grasa y tejido conectivo. Con el tiempo va cambiando la propor- 
ción entre la grasa y el tejido conectivo. Por lo tanto, es normal que en el examen se adviertan algunas 
zonas más densas que otras. El tejido de las mamas no es homogéneo; una zona puede estar más densa 
que otra simplemente porque ahí hay más tejido conectivo que en otra. La mayoría de las mujeres pasan 
por lo que los patólogos llaman «cambios fibroquísticos en las mamas», de modo que es muy posible 
encontrarlos en una biopsia. Lamentablemente, dado que la expresión se ha empleado para describir 
cualquier engrasamiento, sensibilidad o síntoma, a las mujeres cuyo tejido mamario simplemente está 
denso debido al tejido conectivo, se les diagnostica a veces una enfermedad fibroquística de la mama, 
como también a aquellas que sencillamente tienen variaciones normales en la densidad del tejido de los 
pechos. 

Como ocurre en el caso de la «erosión cervical», expresión que declara patológico un cambio 
normal en el cuello del útero, básicamente la «enfermedad fibroquística de la mama» no es una enferme- 
dad, en opinión de muchos. Creo que debería desecharse esta expresión. 8 La mala información respecto 
a la enfermedad fibroquística, la constante explotación de los pechos femeninos por parte de los medios 
de comunicación y la ambivalencia de nuestra cultura hacia los pechos, favorecen una dinámica psicoló- 
gica cargada de daño potencial para muchas mujeres. No Sólo les hacen creer que sus pechos son dema- 
siado pequeños o demasiado grandes o que tienen una forma anormal, sino que ahora también una per- 
sona en quien confían les dice que sus pechos tienen una enfermedad. 

Secreción de los pezones 

Con mucha frecuencia la secreción se produce después de la estimulación del pezón, generalmente 
cuando se hace el amor. No es peligrosa. Después de que una mujer ha amamantado a su bebé, la secre- 
ción de leche puede tardar un año en desaparecer totalmente. En casos de secreción persistente no cau- 
sada por estimulación del pezón (la secreción puede ser de cualquier líquido, desde lechoso a verdoso), 
deberá hacerse un análisis de sangre para comprobar el nivel de la hormona prolactina, para estar segu- 
ros de que la mujer no tiene un tumor pituitario muy poco común llamado «microadenoma pituitario». 
Siempre habrá que investigar una secreción sanguinolenta para asegurarnos de que no hay cáncer. En 
ocasiones, sin embargo, este rarísimo trastorno está causado por tumores benignos en el tejido de los 
conductos del pezón. 



Quistes de mama 



Las mamas son muy sensibles a los cambios hormonales, y los bultos o engrasamientos no malignos 
suelen desaparecer con el tiempo. Pero se recomienda comunicarle inmediatamente al médico cualquier 
bulto que se encuentre. Cuando encuentro algún bulto al examinar a una mujer, quiero saber si es un 
quiste. Los quistes de mama, que están llenos de líquido, se diagnostican enterrándoles una aguja, con 
anestesia local, y Succionando su contenido. A veces el médico no puede distinguir un bulto sólido de 
un quiste durante el examen, de modo que se hace necesaria una exploración por ultrasonido (o ecogra- 
fía) para hacer la distinción. Si el bulto es un quiste, a veces se puede succionar su contenido, que suele 
ser un líquido amarillo o marrón verdoso. Muchos especialistas opinan que el líquido del quiste se pue- 
de tirar porque rara vez es útil analizarlo. En la mayoría de los casos el quiste desaparece después de la 
succión y no es necesario más tratamiento 

Si el bulto no es claramente un quiste, suelo enviar a la paciente a un cirujano especialista en 
problemas de mamas, o a un centro especializado en las mamas, para que tenga una segunda opinión. 
Creo firmemente que la mujer debe tener las mejores opiniones médicas posibles sobre su situación antes 
de embarcarse en cualquier tratamiento para un problema de mama. En las mujeres menores de 35 años 
(con algunas excepciones), se puede observar una masa mamaria durante varios ciclos menstruales para 
ver si desaparece. 

El tratamiento de los síntomas benignos en las mamas 

La gran mayoría de mujeres sienten dolor en los pechos de vez en cuando. El dolor de mama (también 
llamado mastalgia o mastodinia) es el principal motivo de que las mujeres acudan a clínicas especializa- 
das en el cuidado de las mamas, y está presente en el 45 por ciento de las mujeres que visitan esas clíni- 
cas. Pero también es corriente que casi todos los médicos de cabecera vean a mujeres con este problema. 
Por desgracia, como tantos otros problemas de salud de las mujeres, con demasiada frecuencia los médi- 
cos consideran el dolor de mamas una especie de enfermedad neurótica que sólo está en la cabeza de la 
mujer, de modo que no recibe la atención y el cuidado que se merece. Pero todas sabemos que el dolor es 
señal de desequilibrio en algún aspecto de nuestra vida. Y el dolor de mamas no es una excepción. 

La pregunta candente que la mayoría de las mujeres afectadas por dolor en los pechos desean 
que les contesten de inmediato es: «¿Este dolor es señal de cáncer?». La respuesta es casi siempre no. 
Pero hay unos cuantos casos en los que la respuesta es sí. En un estudio se comprobó que sólo un 7 por 
ciento de las mujeres que estaban en las primeras fases del cáncer de mama tenían dolor en el pecho, y 
en otro 8 por ciento el dolor iba acompañado por un bulto. Otro estudio retrospectivo sugería un mayor 
riesgo de cáncer de mama en mujeres que han tenido un historial de dolor cíclico de mama, comparadas 
con mujeres que no lo tenían. 9 Puesto que no sabemos qué causa el cáncer de mama y sólo podemos identifi- 
car entre un 20 y un 30 por ciento de los factores de riesgo conocidos para esta enfermedad, está claro que es 
necesario realizar más estudios y de diferente tipo para tratar exhaustivamente este problema. Voy a suponer 
que si has tenido un dolor importante en los pechos, has consultado a un médico, te han hecho un examen 
completo de las mamas y una mamografía o ecografía si era necesario, con resultados normales. Mi experien- 
cia con los cientos de mujeres que he visto con dolor de las mamas a lo largo de los años es que la relación 
entre este dolor y el cáncer de mama es muy escasa. De hecho, en un estudio realizado con mujeres con dolor 
en los pechos en las que no se encontró ningún indicio de cáncer de mama en las exploraciones de rutina, 
menos del 1 por ciento (el 0,5 por ciento para ser exactos) desarrollaron cáncer de mama en algún momento 
del futuro. 10 

¿Qué causa el dolor de mamas? 

Para aliviar el dolor de mamas, primero hay que entender a qué podría deberse. No hay ninguna duda de 
que el tipo más común de dolor en los pechos se produce antes de la menstruación y está relacionado con los 
cambios hormonales del cuerpo que forman parte del ciclo menstrual. En la faselútea del ciclo (las dos sema- 
nas anteriores al comienzo de la regla), todas las mujeres tienen una mayor tendencia a retener líquido y a 
subir entre medio kilo y un kilo de peso. Pero en las mujeres más sensibles, este ligero aumento de líquido y 
otros cambios hormonales que acompañan el ciclo menstrual pueden producir presión o inflamación en el 
tejido mamario, con la consiguiente sensibilidad. En realidad, cada mes el tejido mamario pasa por cambios 
cíclicos que reflejan los que se están produciendo en el útero. La diferencia es que el líquido y los tejidos que 



se acumulan en el útero salen del cuerpo en forma de flujo menstrual. Pero el líquido y los tejidos celulares 
que se acumulan en las mamas simplemente son reabsorbidos por el cuerpo. Así pues, no es difícil compren- 
der que muchas mujeres sientan dolor. Estos cambios hormonales cíclicos también explican por qué a las 
mujeres suelen ofrecérseles diversas terapias hormonales para estas dolencias; de ellas hablaré dentro de un 
momento. 

Algunas mujeres experimentan un dolor de mamas que no tiene ninguna relación con el ciclo mens- 
trual. Nadie sabe qué lo causa. Algunos investigadores piensan que está relacionado con alguna inflamación 
en el cuerpo, mientras que otros creen que está relacionado con cambios neuroendocrinos debidos a nuestras 
sutiles interacciones con nuestro entorno, a nuestras percepciones y a nuestros sistemas hormonal e in- 
munitario (se ha relacionado el dolor de mamas con alteraciones en las hormonas esferoides y proteínicas, 
entre ellas el estrógeno, la progesterona, el factor liberador de la hormona luteinizante y la prolactina). No es 
de extrañar que en un estudio se descubriera que las mujeres que sufren de un intenso dolor de mamas sufran 
también de ansiedad, pánico y un buen número de otros síndromes de dolor crónico. A muchas de estas mu- 
jeres no las alivian nada los numerosos tratamientos que les recomiendan sus médicos. Lo principal para ali- 
viar el dolor en este caso es reconocer y luego liberar los diversos estados emocionales, como traumas, depre- 
sión, ansiedad y un sentimiento de impotencia, que, según se ha demostrado, alteran los sistemas inmunitario 
y hormonal del cuerpo. 11 

Programa para aliviar los síntomas en las mamas 

Elige las opciones que quieras de las que ofrezco en esta sección, basándote en lo que te resulte atractivo y 
puedas hacer fácilmente sin estresarte. No es necesario que hagas todo lo que recomiendo aquí a la vez, a no 
ser que te parezca lo correcto. 

EN PRIMER LUGAR, CONSULTAR CON EL MÉDICO. Esto se hace para asegurarte de que no hay indicios 
de cáncer de mama. Es ideal cuando el médico también puede ofrecer el apoyo emocional que necesita la mu- 
jer para hacer frente al dolor, a un bulto o a ambas cosas. 

REDUCIR AL MÍNIMO EL ESTRÓGENO. Conviene seguir una dieta que reduzca al mínimo el estrógeno 
en el organismo. Los tejidos mamarios son muy sensibles a las dietas ricas en grasas e hidratos de carbono, 
que elevan los niveles de estrógeno. La sobreproducción de estrógeno estimula los tejidos mamarios, con la 
consecuencia de dolor y formación de quistes en muchas mujeres. 12 Muchos tumores de mama cancerosos han 
sido estimulados por hormonas como el estrógeno. El Tamoxifeno, un fármaco utilizado para tratar el cáncer 
de mama, funciona reduciendo el efecto del estrógeno en el tejido mamario. Cuanto mayor es la cantidad de 
grasa corporal y el consumo de grasa en la dieta (sobre todo de grasa saturada y ácidos grasos trans, combi- 
nados con hidratos de carbono refinados), mayores son los niveles de estrógeno y el riesgo de contraer cáncer 
de mama y otros cánceres ginecológicos. 13 La grasa corporal fabrica estrona, que es un tipo de estrógeno, me- 
diante la conversión del colesterol en androsterona, de modo que es útil disminuir el porcentaje total de grasa 
corporal si es posible. 

El consumo abundante de fibra de origen vegetal va bien para aumentar la eliminación del exceso de 
estrógeno en los excrementos. Las verduras cruciferas (col, brécol, coles de Bruselas y nabos) contienen indol- 
3-carbinol, que, según se ha demostrado, reduce la capacidad del estrógeno para adherirse al tejido mamario. 
Lo mismo vale para los productos derivados de la soja, como el tofu, el miso y el tempe. Consume regular- 
mente estos alimentos. Alrededor del 80 por ciento de las pacientes de dolor cíclico de pechos tienen una bue- 
na respuesta a los cambios dietéticos por sí solos, porque una dieta de alimentos integrales y pobre en grasa 
cambia los niveles hormonales y disminuye de forma importante la intensidad de la sensibilidad y la hincha- 
zón de los pechos. 14 

ELIMINAR LOS PRODUCTOS LÁCTEOS. Deja de consumir todo tipo de productos lácteos durante por lo 
menos un mes, a modo de prueba. He comprobado que esto alivia el dolor a muchas mujeres. Si una vez 
transcurrido el mes no notas ningún efecto, puedes volver a consumir productos lácteos. Aunque no sé de 
ningún estudio que documente esto concretamente, he descubierto que en algunas mujeres el consumo de 
productos lácteos está relacionado con la sensibilidad y los bultos en las mamas. Creo que esto se debe a que a 
las vacas se les da grandes cantidades de antibióticos y hormonas para aumentar su producción de leche; es- 
tos pasan a la leche y cuando la consumen los seres humanos pueden afectar a los pechos. Al parecer las mu- 
jeres que toman productos lácteos producidos biológicamente experimentan menos problemas. 



ELIMINAR LA CAFEÍNA Y EL CHOCOLATE. Deja de tomar todo tipo de bebidas con cafeína y chocolate, 
incluso el café y los refrescos de cola descafeinados. Las metilxantinas que contienen los refrescos de cola, la 
cerveza sin alcohol, el café y el chocolate pueden producir una sobreestimulación del tejido mamario en algu- 
nas mujeres, aunque no en todas. Los estudios científicos aportan pruebas contradictorias respecto a este pro- 
blema, pero en mi consulta he visto a mujeres tan sensibles a estas substancias que comer un solo trozo de 
chocolate al mes les producía dolor en los pechos. Así pues, igual que en el caso de los productos lácteos, vale 
la pena hacer la prueba de eliminar la cafeína y el chocolate (normalmente durante un ciclo menstrual com- 
pleto). 

PROGESTERONA. Asegúrate de que tienes suficiente progesterona en el organismo. Dado que el dolor en 
los pechos suele estar relacionado con la sobreestimulación del estrógeno, se puede aliviar aumentando el 
nivel de progesterona. La progesterona regula la cantidad de receptores de estrógeno en las mamas después 
de haberla usado alrededor de una semana, lo cual significa que las mamas estarán protegidas de los efectos 
del exceso de estrógeno. De hecho, los estudios han demostrado que cuando se aplica una crema de progeste- 
rona al 2 por ciento directamente sobre los pechos, disminuye la proliferación celular del tejido mamario, 
mientras que aplicar estradiol (que es una forma de estrógeno) aumenta la proliferación celular. La prolifera- 
ción descontrolada de tejido mamario está relacionada con un mayor riesgo de cáncer de mama. 15 Aplícate un 
cuarto de cucharadita (20-30 mg) de crema de progesterona al 2 por ciento una o dos veces al día durante las 
tres semanas anteriores a la menstruación. Dale un tiempo de un mes para que funcione; al principio la crema 
de progesterona al 2 por ciento podría aumentar la sensibilidad porque inicialmente incrementa los receptores 
de estrógeno, pero después estos disminuyen. 

VIGILAR QUE NO HAYA UNA SOBREDOSIS DE ESTRÓGENO. Si el dolor te comenzó cuando empezas- 
te una terapia sustitutiva de estrógeno, es posible que la dosis sea demasiado elevada. Hazte un análisis de 
saliva para comprobar el nivel de hormonas, y luego que te modifiquen la dosis de acuerdo con los resultados 
del análisis. También puedes añadir progesterona, como se indica en la sección anterior. (Véase el capítulo 14.) 

TOMAR SUPLEMENTOS. Se ha descubierto que el aceite de onagra y el ácido gammalinolénico alivian la 
sensibilidad de los pechos en muchas mujeres porque frenan la inflamación debida a un nivel excesivo de 
eicosanoides serie 2. La dosis habitual de estos suplementos es de 2 cápsulas (500 mg cada una) por la mañana 
y 2 por la noche. Se puede aumentar a 3 cápsulas dos veces al día después de un periodo de dos semanas si no 
se ha notado ningún cambio. Sin embargo, según sean la dieta y el tipo corporal de la mujer, el exceso de acei- 
te de onagra se ha asociado a veces con una mayor inflamación del tejido mamario. 

También recomiendo ácidos grasos omega-3, como el aceite de pescado, el aceite de nuez, el aceite de 
semillas de lino y el aceite de sésamo. Estos aceites alivian el dolor en los pechos por los mismos motivos que 
disminuyen la dismenorrea. Una dieta que equilibre los eicosanoides también puede acabar con el dolor 
(véase la sección sobre la dismenorrea en el capítulo 17). Hay pruebas que sugieren que el aceite de pescado 
podría también proteger del cáncer de mama. En un estudio reciente realizado con pacientes de cáncer de 
mama se comprobó que la composición del tejido mamario se alteraba positivamente tomando suplementos 
de aceite de pescado durante tres meses. 16 Mientras esperamos más investigaciones sobre los efectos protecto- 
res de los ácidos grasos omega-3, recomiendo tomar estos suplementos a cualquier mujer que tenga factores 
de riesgo de cáncer de mama. 

Toma un buen suplemento de vitaminas y minerales que contenga una elevada proporción de vita- 
mina E, en forma de d-alfa tocoferol, o toma vitamina E (400 a 600 UI diarias). Los estudios han demostrado 
que a muchas mujeres les resultan muy beneficiosos antioxidantes como las vitaminas E y A y el selenio, y 
que la vitamina E disminuye los niveles de las hormonas de la pituitaria (luteinizante y foliculoestimulante) 
en la sangre de mujeres tratadas con ella para el dolor de mamas. 17 

Nota: En todos los estudios realizados sobre los diversos suplementos beneficiosos para el dolor de 
mamas se estudió un determinado suplemento de forma individual. Creo que, dado que estos factores actúan 
de modo sinérgico, es mejor tomarlos juntos. 

aplicarse Compresas de aceite de ricino. Las compresas de aceite de ricino aplicadas en los pechos una 
hora tres veces a la semana durante dos o tres meses suelen eliminar el dolor, sobre todo si hay inflamación 
del tejido de las mamas. Después se recomienda una aplicación de mantenimiento una vez a la semana. 



AUMENTAR EL CONSUMO DE YODO. Durante años he recetado suplementos de yodo a mujeres que 
sufrían de dolor en los pechos, con excelentes resultados. El yodo disminuye la capacidad del estrógeno para 
adherirse a sus receptores en las mamas. 18 Una manera fácil de añadir yodo a la dieta es comer algas con regu- 
laridad. Prueba con una pequeña cantidad de wakame o kombu; se dejan en remojo hasta que se ablandan, 
después se trocean y se añaden a las sopas; así no notarás el sabor y obtendrás muchos buenos minerales y 
yodo. 

Otra opción es pedirle a tu médico que te recete yoduro potásico, en una solución al 70 por ciento (30 
mg por gota). Lo puedes obtener en farmacias en que preparen fórmulas. Comienza con 2 gotas diarias en 
agua o zumo y ve aumentando hasta tomar 8 gotas diarias. Probablemente no necesitarás más. No he visto 
que esta dosis cause problemas de tiroides a nadie, pero si tienes algún trastorno de esta glándula además del 
dolor en los pechos, será conveniente que consultes con tu médico. 

Un tercer modo de introducir yodo sin riesgo en el organismo (que también mejora el funcionamiento 
de la glándula tiroides) es aplicarse tintura de yodo en la piel. Si la mancha desaparece en 24 horas o menos, 
es señal de que no tienes suficiente yodo en el organismo. Con una varilla o barra aplica yodo en una zona de 
2x2 cm en la parte superior del muslo o en la parte inferior del abdomen. Repite la aplicación cuando veas 
que el yodo se ha absorbido y la piel está limpia, cambiando las zonas de aplicación cada vez. Por ejemplo, si 
se absorbe en dos horas, vuelve a aplicar; si tarda de cuatro a seis horas en ser absorbido, vuelve a aplicar. 
Cuando finalmente observes que la mancha marrón dura 12 horas, vuelve a observarla al cabo de otras doce 
horas. Si la piel está limpia después de 24 horas, continúa la aplicación una vez al día hasta que la mancha sea 
visible después de 24 horas. Deja de aplicar yodo cuando observes una mancha borrosa después de 24 horas 
de la aplicación. Vuelve a comprobar la absorción de yodo cada tres meses, con el objetivo de tener una man- 
cha marrón borrosa 24 horas después de la aplicación. Repite el proceso indicado si desaparece a las 24 horas 
o antes. Esta es una excelente forma de mantener normal el nivel de yodo y también de disminuir el dolor en 
los pechos. 

Cambiar de sujetador. Deja de usar sujetadores con aro (al menos no los uses la mayor parte del tiempo). 
Con demasiada frecuencia este tipo de sujetador bloquea la circulación de la sangre y de la linfa en los pechos, 
la pared torácica y los tejidos circundantes. 

CONOCER LOS PROPIOS PECHOS. Comprende la anatomía de tus pechos y lleva un calendario, obser- 
vando cómo cambian a lo largo del ciclo menstrual, para que el ocasional dolor cíclico no te asuste. Hazte 
masajes suaves en los pechos por lo menos una vez al mes, procurando que la fricción suba hasta las axilas 
(donde se drenan los ganglios linfáticos de las mamas). Podrías consultar con una (terapeuta) masajista para 
que te instruya en la forma de hacerlo. 

EVITAR CIERTOS FÁRMACOS. No tomes los siguientes medicamentos para tratar el dolor de mamas a 
menos que consideres que no tienes otra opción. Todos ellos tienen efectos secundarios muy importantes. 

• Danazol: Produce una disminución del nivel de estrógeno en la sangre y también se usa para tratar la 
endometriosis. Con frecuencia ha tenido los siguientes efectos secundarios: cambios en la regularidad 
del ciclo menstrual, subida de peso, acné, sofocos, reducción de los pechos, hirsutismo, cambio de la 
voz y depresión. 

• Bromocriptina: También se usa para detener la producción de leche después del parto. Puede produ- 
cir náuseas, vómitos, hipotensión, mareo y depresión. 

• Tamoxifeno: Este antiestrógeno puede producir sofocos, amenorrea, subida de peso, náuseas, seque- 
dad vaginal y un mayor riesgo de cáncer de útero. 

• Pildoras anticonceptivas: Se fabrican con hormonas sintéticas. Aunque las he recetado para el control 
de la natalidad, para el dolor de los pechos hay mejores opciones. 

ACEPTAR AYUDA Y APOYO. Permítete aceptar ayuda y apoyo de los demás en tu vida. Los síntomas de las 
mamas suelen ser la manera que tiene el cuerpo de obligarnos a cuidar de nosotras mismas más plenamente y 
permitir que nos ayuden. 

La doctora Dixie Mills, experta en el cuidado y la cirugía de las mamas en Women to Women, ha ob- 
servado que las mujeres que tienen un historial de traumas emocionales y psíquicos suelen sufrir de dolor en 
los pechos. Con frecuencia, estas mujeres tienen dificultades para crearse relaciones sustentadoras y tienen 
problemas por no querer sentirse nunca dependientes de otras personas. La doctora Mills observa que las 



mujeres que sufren de una mastalgia particularmente intensa suelen venir a la clínica solas, sin la compañía y 
el apoyo de otra persona. Estoy de acuerdo con estas observaciones. 

Descubrir el mensaje oculto en los síntomas 

A veces el dolor en los pechos va a persistir mientras la mujer no trate una herida cultural más profunda. Una 
de mis pacientes se liberó del dolor solamente después de recordar que a los cinco años, cuando estaba jugan- 
do en un granero, unos niños la obligaron a posar desnuda para ellos. Recordaba que su pecho tuvo mucha 
importancia en esa actividad. Cuando le crecieron los pechos en la pubertad, su desagrado y su incomodidad 
psíquica ante ese tipo de atención se convirtieron en algo crónico y finalmente se manifestaron en dolor físico. 

Una mujer de 47 años me contó que cuando su hija cumplió 13 años y se independizó bastante de ella, 
estuvo un tiempo muy consciente de sus pechos. A veces le dolían, como si ansiaran amamantar y acariciar a 
un bebé. Ella no había dado a luz a su hija; la había adoptado. Así lo explica: «De camino hacia la menopausia, 
recordé que nunca había acariciado su carita de bebé, ni ella había mamado de mis pechos. Sentí un intenso 
deseo de abrazar a un bebé durante todo el tiempo que lo necesitara. Varios meses después, en el examen 
anual rutinario, me encontraron un engrosamiento en el pecho izquierdo. Estaba cerca de mi corazón. Yo supe 
lo que significaba. Necesitaba afrontar con renovados sentimientos mi infecundidad y las pérdidas que entra- 
ña. Sentí una inmensa tristeza por no haber dado a luz a esa maravillosa hija mía. Por primera vez, mi cuerpo 
quiso comunicarme que también estaba triste». 

Dos meses después de comprender eso, cuando le hicieron el examen de seguimiento, vieron que el 
engrosamiento había desaparecido. A veces el cuerpo sana simplemente cuando uno se da permiso para escu- 
char sus mensajes. 

Biopsia de mama 

Cualquier masa o bulto persistente precisa de más análisis para un diagnóstico definitivo, con mucha frecuen- 
cia (pero no siempre) en forma de biopsia de algún tipo. La exploración por ultrasonido de alta definición ha 
disminuido el número de biopsias requeridas. La mayoría de las biopsias de mama las realiza un cirujano 
general que tiene un especial interés en el cuidado de las mamas, sin hospitalización y con anestesia local. Es 
cada vez más frecuente que la biopsia por punción se realice en un ambiente de sala de consulta, guiándose 
por ultrasonido, con lo cual se salva a la paciente de la desfiguradora lumpectomía para quistes benignos y se 
le da el diagnóstico con rapidez. De hecho, en algunos centros especializados en las mamas, el diagnóstico se 
puede hacer prácticamente el mismo día de la biopsia por punción. Pero a veces debe esperar varios días, 
hasta que el patólogo pueda realizar más pruebas diagnósticas en el tejido mamario. 

Una de las experiencias más desagradables que puede tener una mujer es vivir con la incertidumbre 
de si un bulto en la mama es canceroso o no. Por lo tanto, si hay alguna duda sobre un bulto en la mama, o si 
la propia mujer desea más pruebas, debe buscar un cirujano que tenga un especial interés en el cuidado de las 
mamas. Desde la publicación de la primera edición de este libro, se han abierto en Estados Unidos muchos 
centros dedicados a un método multidisciplinario en el tratamiento y el cuidado de las mamas. En estos cen- 
tros, los cirujanos, los patólogos, los radiólogos y el personal asistente trabajan todos unidos para ofrecer a las 
mujeres la atención y las respuestas que necesitan del modo oportuno. Es lo menos que merecen las mujeres. 

Nota sobre la progesterona. Los resultados de varios estudios indican una alta probabilidad de que las 
mujeres premenopáusicas operadas de cáncer de mama, sospechado o ya diagnosticado, durante la fase lútea 
de su ciclo menstrual (después de la ovulación y antes del comienzo de la regla), tienen mejor pronóstico que 
las que se operan durante otra fase del ciclo. En un estudio reciente de 289 mujeres premenopáusicas con cán- 
cer de mama operable a las que se hizo un seguimiento desde 1975 a 1992, aquellas que tenían un nivel de 
progesterona en la sangre superior a 4 nanogramos por mililitro en el momento de la operación tuvieron un 
índice de supervivencia un 70 por ciento mayor que las que tenían un nivel de progesterona inferior en el 
momento de la operación. Esto podría deberse a que la progesterona disminuye los efectos de coagulación de 
la sangre y aumenta el número de linfocitos supresores del sistema inmunitario; también disminuye la proli- 
feración celular, de la mama. Dados estos tres factores, es posible que la progesterona funcione disminuyendo 
las posibilidades de que las células del tumor se implanten en otros lugares cuando se ha realizado la opera- 
ción de cáncer de mama. 19 Yo recomendaría que cualquier mujer premenopáusica que se encuentre ante una 
operación de cáncer de mama se preocupe de tener el nivel de progesterona óptimo antes de la operación. 
Esto lo puede hacer aplicándose crema de progesterona al 2 por ciento en la dosis recomendada en la página 



388. También existen un buen número de indicios que demuestran que las mujeres que tienen el nivel ade- 
cuado de progesterona durante sus años menstruales y perimenopáusicos tienen menos riesgo de desarrollar 
un cáncer de mama. 

La mamografía 

Una mamografía es un estudio de las mamas por rayos X, que se hace para diagnosticar el cáncer de mama en 
sus primeras fases, antes de que se pueda palpar en el examen clínico. Aunque las autoridades están de 
acuerdo en que la mamografía anual es útil para detectar el cáncer en sus primeras fases en mujeres mayores 
de 50 años, hay desacuerdo respecto a la frecuencia con que deben hacérsela las mujeres de edades compren- 
didas entre los 35 y los 50 años. En 1996, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos nombraron una 
comisión de prestigiosos especialistas que dedicaron seis semanas a revisar más de cien informes científicos 
sobre mamografías y a escuchar 32 exposiciones orales. La conclusión de este grupo fue que no hay pruebas 
suficientes que justifiquen la recomendación de que las mujeres de 40 a 50 años deben hacerse una mamogra- 
fía anual de rutina. Aunque esta conclusión provocó mucho clamor y protestas, ciertamente yo estoy de 
acuerdo con ella. La mamografía tiene sus limitaciones. Muchas mujeres que están entre los 35 y los 50 años 
tienen el tejido mamario demasiado denso para hacer útil la lectura de la mamografía. Lo principal en esto, 
como en todo lo demás, es la individualización de la atención médica. A algunas mujeres podría irles muy 
bien hacerse mamografías anuales entre los 40 y los 50 años si tienen una marcada historia familiar de cáncer 
de mama y un tejido mamario que se pueda interpretar fácilmente en la mamografía. Otras querrán esperar 
hasta tener 50 años, e incluso otras decidirán evitar totalmente las mamografías. La mujer y su médico necesi- 
tan hablar sobre la frecuencia con que se tendrían que realizar las mamografías. 

Las mamografías no son infalibles para diagnosticar todos los cánceres de mama; tienen un índice de 
error del 10 al 15 por ciento. Si a algo se lo llama «probablemente benigno» en una mamografía, las posibili- 
dades de que sea cáncer son inferiores al 2 por ciento según los radiólogos de nuestro centro médico. El por- 
centaje de mamografías positivas falsas (que dicen que hay algo anormal cuando no lo hay) es del 6 al 10 por 
ciento. Esta cifra varía de un lugar a otro. 

Los informes de las mamografías a veces parecen punitivos o resultan confusos para las mujeres. Por 
ejemplo, el informe de una mamografía de rutina de una mujer de 38 años que tenía los pechos totalmente 
normales fue el siguiente: «Las mamas son extremadamente densas y poco aptas para mamografía». Al leer 
esto, uno pensaría que los pechos fueron creados para que se los radiografíe y que los de esta mujer eran cul- 
pables por no dejarse radiografiar. Tener los pechos densos para los rayos X no es una anormalidad; es perfec- 
tamente normal que los tenga así una mujer que ronda los cuarenta, e incluso una mayor de cincuenta que 
siga una terapia sustitutiva de estrógeno. 

A una mujer de 45 años que también tenía las mamas totalmente normales le hicieron una mamogra- 
fía de rutina. Tenía calcificaciones benignas en una pequeña parte del tejido mamario, lo cual es bastante co- 
mún y no es motivo de alarma. El informe de la mamografía, aunque normal, estaba escrito en un lenguaje 
muy complicado y alarmante: «Desarreglo trabecular y mazoplasia quística con adenosis bilateral. Cierta 
prominencia de los ligamentos suspensorios. No se advierten superdensidades, engrosamiento de la piel ni 
hipervascularidad unifocal. Extrañas y dispersas calcificaciones acinares punteadas en las dos mamas, la más 
grande de 1,5 mm. Están bastante separadas y no tienen la apariencia de las microcalcificaciones relacionadas 
con malignidad». 

Cada radiólogo interpreta una mamografía de modo algo diferente. Interpretarlas es un arte, practi- 
cado por seres humanos imperfectos; no es una ciencia exacta. Sin embargo, se ha dado pie a las mujeres para 
que crean que una mamografía encontrada normal es una especie de garantía de que todo está bien. No com- 
prenden las limitaciones de esta prueba exploratoria. Miles de mujeres a las que se les encuentra algo benigno 
pasan muchísimo miedo cada año debido a los informes de las mamografías. A algunas, por supuesto, se les 
diagnostica la primera fase de un cáncer como resultado de esta prueba. Muchos médicos creen que el diag- 
nóstico en las primeras fases es la mejor estrategia para salvar vidas, aunque esto es controvertido. A muchas 
mujeres se les ha de realizar una biopsia debido a algo que aparece anormal en la mamografía. Aunque en la 
mayoría de las biopsias se comprueba que esas anormalidades son benignas, muchas de las mujeres se lo pa- 
san muy mal creyendo que tienen cáncer, y esa experiencia, comprensiblemente, las aterra: casi todas han 
tenido una amiga que ha muerto de cáncer de mama. Esa es la consecuencia no tan benigna de la exploración 
mamográfica. 

La mayoría de los informes de mamografías contienen una observación que dice: «Una mamografía 
negativa no deberá excluir la biopsia de una lesión palpada en el examen clínico». Esto se incluye en el infor- 



me por motivos legales, para advertir al médico y a la paciente que hay limitaciones en la capacidad diagnós- 
tica de la mamografía (como las hay en todas las pruebas diagnósticas). 

Los problemas de mamas deben diagnosticarse mediante un método múltiple que combine el examen 
físico, la mamografía si es factible, la ecografía, la succión de los bultos y la biopsia quirúrgica o por punción 
si es necesario. Cuando la mujer se conoce bien los pechos, se facilita todo este proceso, porque ella confía en 
sí misma para saber lo que es normal y lo que no lo es. No dudo de la capacidad de la mujer para descubrir 
una anormalidad, y siempre presto atención cuando una mujer que está sintonizada con su cuerpo me dice 
que algo va mal. Si una mujer o su médico palpa un bulto que no estaba allí antes, es necesario hacer una 
biopsia para descartar el cáncer, aun cuando la mamografía sea normal. 

Unas cuantas pacientes mías han tenido un bulto estable en una mama durante muchos años y han 
decidido no hacerse biopsia. Los bultos no han cambiado, las mujeres se conocen muy bien esas zonas de sus 
pechos y asumen la total responsabilidad de evitar la biopsia. Por otro lado, he visto a mujeres con bultos en 
las mamas que han retrasado meses su visita a un médico incluso sabiendo que tenían bultos. Una de mis 
pacientes, a la que finalmente se le diagnosticó un cáncer de mama, retrasó el diagnóstico y el tratamiento 
durante dos años, debido a que estaba inmovilizada por el dolor de haber perdido a su padre unos años antes. 
Trabajaba, y me dijo que sencillamente no había tenido tiempo ni la energía necesaria para buscar ayuda. Esa 
es una actitud peligrosa para la salud, y forma parte también del «arquetipo» del cáncer. La mayoría de mis 
pacientes están bien informadas y vienen a examinarse para estar seguras y tener el diagnóstico muy poco 
después de advertir un cambio no habitual en sus pechos. Siempre les pregunto qué pasa en su vida, sobre 
todo cómo cuidan de sí mismas o de los demás. Después procedemos al examen y a más pruebas diagnósticas 
si son necesarias. Al margen del diagnóstico, la paciente sabe que sus mamas le piden que mire hacia dentro y 
se comunique con su guía interior. 

Algunas no quieren hacerse mamografías y no se las hacen. Una de mis pacientes me dijo una vez: 
«He visto a demasiadas mujeres quedarse paralizadas por el miedo cuando la mamografía les resulta positiva. 
No puedo evitar pensar que eso es un peligro para su salud. Las he visto caer cuesta abajo con mucha rapi- 
dez». Esa es la misma reacción que tienen las personas a las que se les diagnostica el sida. El miedo y la sensa- 
ción de impotencia son ciertamente perjudiciales para la salud. Esta misma mujer me dijo: «Me haré una ma- 
mografía tan pronto como esté preparada para afrontar las consecuencias, sean cuales sean. Por ahora, creo 
que podría estar creándome cáncer a diario, pero también creo que probablemente mi cuerpo sabe arreglárse- 
las». 

Otra mujer, cincuentona, sana y llena de vitalidad, me dijo que no quiere hacerse una mamografía 
anual, aun cuando esa es la recomendación actual para mujeres de su edad. En su opinión, probablemente no 
es beneficioso exponer a la radiación a un órgano sensible a ella. Según dice: «Pienso vivir hasta bien entrados 
los noventa. Que me cuelguen si voy a cargarme los pechos una vez al año. ¡Esas son más de cuarenta radia- 
ciones!». 

He oído expresar ese miedo a otras. Mi trabajo consiste en decirles cuál es la frecuencia recomendada 
actualmente y explicarles que las mamografías pueden detectar el cáncer de mama años antes de que la mujer 
pueda palparse un bulto. Doy por sentado que mis pacientes son adultas inteligentes que tienen permiso para 
decidir respecto a una prueba exploratoria, aun cuando el hecho de no diagnosticar un cáncer de mama es el 
motivo predominante de los pleitos contra los ginecólogos. Es necesario que las pacientes que desean partici- 
par en su cuidado de la salud se atengan a su parte del trato y se responsabilicen de las consecuencias de no 
hacerse una mamografía si no quieren. A mí me resulta muy violento discutir con una mujer que no quiere 
hacerse una mamografía, ya que yo no practico la medicina patriarcal del «debe hacerlo». Abogo por seguir la 
sabiduría de nuestra intuición. Una mujer que está dispuesta a aceptar el hecho de que no hacerse una mamo- 
grafía podría significar no detectar a tiempo un cáncer de mama, hace una elección informada. Sin embargo, 
como también se lo explico, en un sistema médico dualista, regido por los pleitos, soy yo la responsable de sus 
mamas y de lo que les ocurra. Eso es lo que me dice mi seguro por negligencia, y por eso los médicos insisten 
en las mamografías. No me gusta este sistema, porque erige un muro entre mi paciente y yo. De modo que 
explico el problema a mis pacientes siempre que surge, y de esa manera las dos sabemos en qué situación 
estamos. 

Yo prescribo mamografías regulares, aun cuando no son perfectas y sí implican cierto nivel de radia- 
ción, totalmente inofensivo. En estos momentos no puedo garantizar que la mamografía no presente ningún 
riesgo. (Al parecer da la misma dosis de radiación que recibimos en un vuelo en avión de 1.500 kilómetros. La 
Tierra es bombardeada diariamente por radiación cósmica que aumenta cuanto más alto se esté en el cielo.) Si 
una paciente no quiere hacerse mamografías con la frecuencia recomendada por la Sociedad del Cáncer de 
Estados Unidos, yo lo comprendo. Ni yo ni ningún otro médico puede garantizar que diagnosticar un cáncer 



de mama en las primeras fases va a salvar necesariamente la vida a una mujer. A demasiadas mujeres se les 
ha diagnosticado precozmente el cáncer y han muerto a los dos años. Otras, sin embargo, han vivido otros 
cuarenta años o más. 

Hacerse regularmente el autoexamen de las mamas y mamografías (o ecografías) no es lo mismo que 
prevenir. Una de mis colegas dice del cáncer de mama: «Identificamos los riesgos, pero no sabemos qué hacer 
mientras no se manifieste la enfermedad». Nuestra cultura usa la mamografía como un remedio, pero no 
anima a las mujeres a cambiar de dieta, dejar de fumar y aprender a tener relaciones que las sustenten. Esos 
son cambios preventivos que en mi opinión conducirían a tener mamas sanas. Pero, como ha dicho un inves- 
tigador, es difícil elaborar una constitución para la prevención. Es el tratamiento lo que capta nuestra aten- 
ción. Si tu hermana o tu madre muere de cáncer de mama, normalmente das dinero para programas de inves- 
tigación orientados a producir mejores tratamientos; no abres un restaurante macrobiótico en tu barrio ni 
haces campaña para que en el instituto se les enseñe a las chicas a cuidar y querer sus pechos. A esta cultura le 
gusta actuar solamente cuando las cosas ya se han desmandado. 

El dilema del carcinoma ductal in situ 

Las mamografías podrían detectar muy precozmente anormalidades que tal vez no van a continuar hasta 
convertirse en cáncer invasor. Estos primeros cambios se llaman carcinoma ductal in situ, o displasia, o atipia 
mamaria. Dado que durante mucho tiempo no se ha estudiado la historia natural de estos carcinomas, los 
médicos automáticamente suponen que todos son de desarrollo rápido y mortales en potencia. Y dado que 
estas lesiones se presentan en muchas zonas de la mama, suele recomendarse la mastectomía. El doctor H. 
Gilbert Welch, un médico internista general y experimentado investigador de Vermont, ha investigado los 
problemas asociados con la capacidad de la tecnología para «sobrediagnosticar» enfermedades como el cáncer 
de mama. Cita un estudio en el que se comprobó que el 40 por ciento de mujeres que murieron por otras cau- 
sas tenían lesiones precancerosas microscópicas en las mamas. Este mismo tipo de lesiones aparecen corrien- 
temente en las mamografías y nadie sabe cuáles van a continuar latentes y cuáles van a convertirse en un cán- 
cer invasor. 20 De hecho, ahora está bien documentado que la mayoría de las mujeres a las que se les diagnosti- 
ca un carcinoma ductal de mama in situ no desarrollan un cáncer de mama invasor. 

Un artículo publicado en 1996 en The Journal ofthe American Medical Association resumía bien el dilema 
actual. Los autores afirman que la incidencia de carcinoma ductal de mama in situ ha aumentado drástica- 
mente desde 1983 debido a la exploración por mamografía. De hecho, el número total estimado de casos de 
carcinoma ductal in situ en Estados Unidos en 1992 fue un 200 por ciento mayor que el que se esperaba ba- 
sándose en los índices de 1983 y en las tendencias entre 1973 y 1983. Y si bien la detección pronta del cáncer 
de mama es beneficiosa, el valor de la detección del carcinoma ductal se desconoce actualmente: «Hay moti- 
vos para preocuparse por el enorme número de casos de carcinoma ductal in situ que se están diagnosticando 
a consecuencia de la exploración por mamografía. Además, la proporción de casos tratados mediante mastec- 
tomía podría ser inapropiadamente elevado, en particular en algunas regiones de Estados Unidos». 21 No hay 
ninguna manera correcta de tratar el carcinoma ductal una vez que la mujer sabe que lo tiene, y hay mucha 
polémica sobre este problema en estos momentos. Los cirujanos tienden a recomendar la cirugía. Otros médi- 
cos adoptan la actitud de esperar para ver. Al margen del tratamiento que se elija, no obstante, yo reco- 
mendaría un programa para mejorar la salud de las mamas y aumentar la capacidad de la paciente para sanar 
el carcinoma ductal de dentro hacia fuera. 

La exploración de la mama por ultrasonido: 
Método adjunto (y a veces alternativo) a la mamografía 

En muchos casos, la exploración por ultrasonido (ecografía) de los tejidos mamarios (enviar ondas sonoras a 
través del tejido y leer los ecos en una pantalla) es más apropiada y útil que la mamografía. Con el adveni- 
miento de la exploración por ultrasonido de alta definición, algunas autoridades piensan que esta modalidad 
podría convertirse en el método preferido para detectar un carcinoma de mama invasor, reservando la ma- 
mografía para localizar los carcinomas intraductales. 

En el diagnóstico de una masa no palpable (que no se nota al tacto), la exploración por ultrasonido 
puede ser valiosísima para guiar la succión con aguja fina. Ha hecho también mucho más fácil ver los contor- 
nos de los bultos palpables. La ecografía permite ver fácilmente la diferencia entre un quiste y un bulto. Y si 
una masa es sólida, este método tiene una especificidad de un 98 por ciento en su capacidad de distinguir una 



lesión benigna de una maligna. De hecho, algunos estudios han demostrado que la ecografía es el método 
exploratorio de diagnóstico más preciso para las mujeres que tienen una masa palpable en la mama, con un 
valor predictivo positivo de un 99,7 por ciento si lo usan profesionales expertos en esta técnica. 22 Si hay alguna 
duda sobre lo que se encuentra, en la actualidad puede hacerse una biopsia por punción en un ambiente de 
sala de consulta para determinar si la masa es maligna o no. Esto ha librado a muchas mujeres de las biopsias 
que les desfiguran los pechos, y de la ansiedad debida a no saber ante qué problema se encuentran. 

La ecografía es importante también por otro motivo. La mamografía suele no ser de utilidad en las 
mujeres más jóvenes, las que tienen el tejido mamario denso, las que tienen cicatrices posoperatorias, las que 
sufren de efectos de radiación agudos o crónicos, las que están siguiendo una terapia hormonal sustitutiva o 
las que son menores de 45 (-50) años. Las ecografías son también más exactas que las mamografías para diag- 
nosticar problemas de mamas con precisión en las mujeres que se han hecho implantes de silicona. Las muje- 
res de más alto riesgo son aquellas que ya han recibido radiación en los pechos. La ecografía suele ser una 
buena alternativa para estas mujeres. Además es indolora y no conlleva el riesgo de la radiación. La mamo- 
grafía sigue siendo la modalidad preferida para la mayoría de las mujeres que no tienen ningún síntoma, pero 
ciertamente la ecografía también tiene su lugar. 

El cáncer de mama 

En la actualidad, en Estados Unidos, una de cada nueve mujeres (algunos estudios dicen que una de cada 
ocho) de edades comprendidas entre 1 y 90 años enferma de cáncer de mama. Esto no quiere decir que una de 
cada nueve mujeres de 45 años va a contraerlo. Para poner esto en perspectiva, es necesario saber que sólo a 
partir de los 90 años hay riesgo de que lo contraiga una de cada ocho mujeres. Según el Instituto Nacional del 
Cáncer de Estados Unidos, a los 20 años el riesgo es de 1 de cada 2.500 mujeres; a los 40 años es de 1 de cada 
63, y a los 60 años es de 1 de cada 28. Pero el cáncer de mama es, de todos modos, la principal causa de muerte 
por cáncer entre las estadounidenses de 40 a 45 años. 23 (A veces es útil recordar, sin embargo, que las enfer- 
medades cardiovasculares matan a seis veces más mujeres que el cáncer de mama, y que el cáncer de pulmón 
también causa más muertes.) 

Cuando yo estaba en la Facultad de Medicina, se me enseñó que una de cada veinticinco mujeres con- 
traían cáncer de mama. Nadie sabe muy bien si la incidencia de este cáncer está en aumento o si sencillamente 
ahora lo diagnosticamos antes, debido al mayor número de mamografías que se hacen y al conocimiento del 
público. Al margen de las estadísticas, sin embargo, todas conocemos al menos a una mujer que lo ha tenido o 
lo tiene. 

Para que esto sea así, ciertamente algo está desequilibrado. Veo demasiado cáncer de mama; actual- 
mente mata a más mujeres que el sida. Se acumulan las pruebas de que ciertos contaminantes ambientales 
favorecen la actividad del estrógeno y podrían contribuir a la incidencia de problemas de mama en el mundo 
industrializado. 24 Pero esté o no esté aumentando el cáncer de mama estadísticamente, y sean o no un factor 
coadyuvante las toxinas y los pesticidas industriales, toda mujer ha de ocuparse activamente de la salud de 
sus mamas. ¿Para qué esperar a que se hagan más estudios sobre las toxinas ambientales o se encuentre un 
tratamiento definitivo para el cáncer de mama cuando podemos comenzar ahora a crear salud en nuestros 
pechos mediante los pensamientos, emociones y opciones diarias, aun en el caso de que ya se tenga cáncer? 

Me preocupa también la posible relación entre el cáncer de mama y las pildoras anticonceptivas y la 
terapia sustitutiva de estrógeno. La mama es un órgano sensible al estrógeno. Muchas mujeres que han estado 
tomando la pildora o han seguido una terapia sustitutiva de estrógeno han descubierto que la medicación les 
agrandaba los pechos y a veces les producía sensibilidad. El efecto de estos fármacos, combinado con la dieta 
estándar estadounidense, rica en grasas e hidratos de carbono y pobre en fibras, que sobreestimula el tejido 
mamario, podría predisponer al cáncer de mama. También me preocupan los posibles efectos de la hormona 
del crecimiento bovino en el tejido mamario. 25 

Con los actuales índices de cáncer de mama y de carcinoma ductal in situ, ¿cómo no suponer que es- 
tamos ante una epidemia de esta enfermedad? Ya es demasiado común esperar a que la profesión médica o el 
Gobierno hagan algo. Las mujeres debemos disminuir los riesgos ya. 

La relación entre el cáncer de mama y la dieta 

Durante muchos años el cáncer de mama ha sido relacionado con un elevado consumo de grasa y un bajo 
consumo de ciertos elementos nutritivos. Ya en 1977, en un estudio realizado en el Instituto Nacional del Cán- 
cer de Estados Unidos, se comprobó que los países donde hay un mayor consumo de grasa de origen animal 



tenían el índice más elevado de mortalidad por cáncer de mama. 26 Pero el asunto no es tan sencillo. En 1996, 
un análisis de 337.000 mujeres en siete estudios prospectivos sugería que no hay ninguna relación entre el 
consumo de grasa alimentaria y el riesgo de desarrollar un cáncer de mama. Los investigadores no encontra- 
ron ninguna diferencia en los índices de cáncer de mama entre las mujeres cuyo consumo de grasa era más 
del 45 por ciento del total de calorías y aquellas cuyo consumo era menor del 20 por ciento. Al parecer no 
importaba si las grasas eran saturadas, monoinsaturadas o poliinsaturadas. 27 De un modo un tanto confuso, 
un estudio italiano demostró que disminuía el riesgo de cáncer de mama cuando se aumentaba el consumo de 
grasa, pero ese riesgo se incrementaba si se aumentaba el consumo de hidratos de carbono en forma de fécu- 
las (panes, pasta, etc.). 28 También se están acumulando datos científicos sobre la relación entre el azúcar, los 
niveles de insulina y el cáncer de mama. 29 

He aquí mi opinión actual. Las dietas ricas en grasa de las sociedades industrializadas casi siempre 
contienen grandes cantidades de grasas parcialmente hidrogenadas, por lo general acompañadas también de 
grandes cantidades de hidratos de carbono refinados, mientras que el consumo de frutas y verduras frescas y 
de antioxidantes es bajo. Esta combinación establece la pauta para el desequilibrio de los eicosanoides a nivel 
celular, sobre todo si a esto sumamos los efectos bioquímicos de ciertos estados emocionales, de los que ya he 
hablado. Además, los contaminantes ambientales, como los bifenilos policlorados y otros compuestos tóxicos, 
probablemente son importantes. El exceso de estrógeno (en relación a la progesterona) a lo largo del ciclo vital 
también parece estar relacionado con el mayor riesgo de cáncer de mama, al menos en algunas mujeres. Aun- 
que nadie sabe exactamente cómo influye la relación entre la grasa alimentaria y el estrógeno en la causa del 
cáncer de mama, las investigaciones nos han dado algunas pistas. 

• Dada esta información sobre el estrógeno y el tejido mamario, recomendaría a todas las mujeres a las 
que les preocupa el cáncer de mama o tienen un historial de dolor en los pechos, síndrome premens- 
trual, miofibromas u otros indicios de un predominio de estrógeno, que hicieran todo lo posible por 
tener suficiente progesterona en el organismo. El médico puede pedir un análisis de saliva para de- 
terminar los niveles de hormonas. 

• La grasa de origen animal podría estimular a las bacterias del colon a sintetizar estrógeno a partir del 
colesterol de los alimentos, contribuyendo posiblemente así a un hiperestrogenismo en el cuerpo. 

• La propia grasa corporal fabrica estrona, que es un tipo de estrógeno. 

• El hiperestrogenismo se puede regular con una dieta rica en fibras y pobre en grasas, porque la fibra 
aumenta la excreción fecal del estrógeno. 30 

• Las mujeres asiáticas que se alimentan con una dieta tradicional, en la que están presentes los produc- 
tos de la soja (como el tempe, el tofu y el miso), excretan mucho más estrógeno que las que no siguen 
esta dieta. También tienen un riesgo de cáncer de mama mucho menor. Al parecer, estos productos de 
la soja, ricos en unas substancias vegetales llamadas fitoestrógenos que tienen propiedades similares a 
los estrógenos débiles, protegen del cáncer de mama, debido en parte a que su actividad estrogénica 
débil tiende a bloquear los receptores de estrógeno de las células, protegiéndolas así del estímulo ex- 
cesivo del estrógeno de otro origen. 31 Un estudio realizado en Singapur demostró que las dietas ricas 
en productos de la soja disminuyen el riesgo de cáncer de mama en las mujeres premenopáusicas. 32 
En otro estudio se descubrió que los vegetarianos y las mujeres con bajo riesgo de cáncer de mama 
tiene elevados niveles de lignina en la orina (la lignina es el componente básico de las paredes celula- 
res de las plantas), mientras que las mujeres con alto riesgo tienen bajos estos niveles. 33 Los estudios 
de laboratorio también han demostrado que los fitoestrógenos inhiben la proliferación de las células 
del cáncer de mama humano. 34 

• Un compuesto llamado indoI-3-carbinol (I3C), substancia química vegetal obtenida de las cruciferas 
(col, brécol, coles de Bruselas, etc.), cambia el modo de metabolizar el estrógeno; tiene la propiedad de 
reducir la capacidad del estrógeno para favorecer el cáncer. 35 

• Se ha comprobado que las pacientes de cáncer de mama tienen niveles de selenio más bajos que las 
mujeres que no tienen cáncer.36 El selenio es un oligoelemento que suele faltar en los alimentos refi- 
nados. De hecho, en una prueba de prevención del cáncer, realizada con el método de doble ciego, 
con personas elegidas al azar, la toma de 200 mcg de selenio al día durante más de seis años dio el re- 
sultado de un 50 por ciento de reducción de la mortalidad total por cáncer. 37 El hiperestrogenismo y 
posiblemente el cáncer de mama podrían disminuir añadiendo Lactobadllus acidophüus a la dieta. Esta 
beneficiosa bacteria contribuye a un buen metabolismo del estrógeno en el intestino. 38 Se vende en 
cápsulas en las tiendas de alimentación dietética; los profesionales de la salud conscientes suelen re- 
comendar una marca fiable; yo recomiendo PB8, que no requiere refrigeración. La mayor parte de los 



yogures comerciales no contienen suficientes bacterias vivas para producir el mismo efecto, pero los 
fabricados biológicamente sí. 

• La toma de bioflavonoides (que se encuentran en la vitamina C) podría inhibir la síntesis del estró- 
geno. 39 

• En un estudio de pacientes de cáncer de mama se relacionó un nivel bajo de retinol (subproducto de 
la vitamina A) en la sangre con una menor respuesta a la quimioterapia. 40 

• En algunos estudios se ha comprobado que alrededor de un 20 por ciento de las pacientes de cáncer 
de mama tienen niveles de la coenzima Q10 por debajo de lo normal. La coenzima Q10 (también lla- 
mada ubiquinona) es una substancia natural necesaria para la producción de trifosfato de adenosina 
(ATP), la principal molécula que da energía a nuestras células. También se ha comprobado que mejo- 
ra la actividad inmunitaria. En un estudio reciente realizado en Dinamarca, a 32 pacientes de cáncer 
de mama se les administró hasta 390 mg diarios de la coenzima Q10, junto con antioxidantes y ácidos 
grasos esenciales. Siete de ellas experimentaron una regresión parcial o completa de su tumor. 41 

Aunque estos resultados son preliminares, he comenzado a recetar la coenzima Q10 como parte 
del programa de suplementos a todas las mujeres preocupadas por la posibilidad de cáncer de mama. 
La dosis habitual es de 30 a 90 mg diarios. Las mujeres a las que ya se les ha diagnosticado este cáncer, 
vale la pena que prueben con 300 mg diarios. Varios de mis colegas que tratan el cáncer de mama han 
informado de resultados similares a los comprobados en el estudio danés. La coenzima Q10 se en- 
cuentra en las tiendas de alimentos dietéticos. 

• El consumo de bebidas alcohólicas está relacionado con el riesgo de cáncer de mama. 42 En un excelen- 
te estudio se llegó a la conclusión de que esta relación se debe a que el consumo de alcohol aumenta 
los niveles de hormonas en la sangre. En mujeres de 50 años o más, el tipo de alcohol asociado con el 
mayor riesgo era la cerveza. 43 Dado el hecho de que muchas mujeres beben para ahogar sus emocio- 
nes, las emociones no expresadas podrían intensificar esa relación entre el alcohol y el cáncer de ma- 
ma. 

• En un interesante estudio realizado recientemente en Noruega se comprobó que, comparadas con mu- 
jeres sedentarias, las que hacen ejercicio con regularidad (4 horas a la semana) reducen en un 37 por 
ciento el riesgo de cáncer de mama. El motivo más probable de esto es que el ejercicio regular dismi- 
nuye el nivel de grasa corporal y el nivel total de estrógenos en circulación. 44 

El historial familiar y el gen del cáncer de mama 

Hay ciertas familias en las que se ha identificado una mayor posibilidad genética de cáncer de mama a edad 
temprana y a veces de cáncer de ovario. 45 En los hombres de esas familias han aumentado los índices de cán- 
ceres de colon y de próstata. Si bien ahora se ha comercializado un análisis para detectar los genes 1 y 2 del 
cáncer de mama, la mayoría de los especialistas están de acuerdo en que ese análisis debe reservarse para las 
personas que participan en estudios de investigación, porque en realidad no sabemos qué significan los resul- 
tados ni lo que debe hacerse con ellos. El motivo es el siguiente: en algunas familias estudiadas, a las mujeres 
que tienen el gen se les ha calculado un riesgo para toda la vida de un 85 por ciento de contraer cáncer de 
mama y de un 50 por ciento de contraer cáncer de ovario. Pero hay otras familias que tienen el gen y en ellas 
no hay un índice elevado de cáncer de mama ni de ovario. Esto plantea la duda de si no será exagerada la 
cifra del 85 por ciento. 

Está claro que los genes con que nacemos son sólo una parte de la historia. La forma en que se expre- 
san es otra historia. La dieta, el entorno, las emociones concretas y el comportamiento influyen en si el gen se 
expresará y causará enfermedad o no. Es evidente que en ciertos ambientes, el gen 1 del cáncer de mama es 
menos letal que en otros. 46 La mayoría de las mujeres a las que se ha diagnosticado un cáncer de mama no 
tienen un historial familiar de esta enfermedad, ni tampoco tienen el gen 1 del cáncer de mama. En un estudio 
importante, sólo el 10 por ciento de las jóvenes pacientes de cáncer de mama tenían el gen. Pero una mujer 
que no tiene el gen, de todos modos corre un riesgo del 12 por ciento de contraer cáncer de mama en su vida. 
Lo primero que les digo a mis pacientes que tienen un historial familiar de cáncer de mama (generalmente la 
madre) es que ellas no son su madre y que la genética es sólo un factor más cuando alguien contrae una en- 
fermedad. 

He aquí la historia de una mujer que ha resuelto convincentemente su historial familiar: 

Por un tiempo mi vida estuvo llena de incertidumbres. En mi trabajo de asistenta social en un gran hospital do- 
cente de Boston, yo cubría la unidad de oncología y las dos unidades de cuidados intensivos. Llevaba un locali- 



zador que no paraba de sonar. En casa me sentía continuamente asaltada por el ruido de la calle y el de las enor- 
mes radios que todos los chicos del bloque tenían encendidas. Juraba que a los cincuenta años me retiraría de esa 
incesante lucha y buscaría algún lugar tranquilo donde poder enseñar y orientar un poco y tener una pequeña 
consulta privada y un gran jardín. 

Llevaba unos cuantos años trabajando en oncología. Al principio me sentí un tanto obligada a hacerlo, 
sabiendo que eso tenía que ver con la muerte de mi madre, que murió a los 40 años de cáncer de mama. Era algo 
así como un desafío a la muerte: si lograba aprender todo lo posible acerca del cáncer, este no me «cogería» a mí. 
Lo único que tenía que hacer era pasar de los 40 años. En mi propia terapia, al acercarme a los cuarenta me en- 
frenté al problema de «tener» que trabajar en oncología. Después de cierta confusión, finalmente decidí que hacía 
lo que hacía porque era muy buena en ello, y que cuando llegara el momento de trabajar en otra esfera lo haría. 

Los cuarenta años llegaron y pasaron, y la angustia continuó. 

En septiembre de 1990 vine a Maine de vacaciones. Un día estaba comiendo con una conocida y estába- 
mos hablando de nuestros sueños para el futuro. Cuando le dije que mi sueño era retirarme a un lugar como este 
cuando tuviera 50 años, ella me preguntó: «¿Y por qué no ahora?». 

Mi respuesta fue que, para ser asistenta social, ganaba bastante dinero, tenía una hipoteca razonable y 
tenía derecho al plan de pensiones del hospital. Su observación de que estaba aprisionada por los «grilletes de 
oro» me fastidió, porque me gusta pensar que mis valores son otros. «Además —me dijo—, ¿qué te hace creer 
que vas a llegar a los cincuenta?» No sólo mi madre murió joven, sino que yo trabajaba cada día con personas 
más jóvenes que yo que se estaban muriendo. 

Sé que en ese momento cambió mi vida. Lo sentí en todas las células de mi cuerpo. Y supe que no había 
ningún motivo para no irme a vivir a Maine. Al día siguiente le expliqué lo que quería a un administrador de fin- 
cas, y a las nueve en punto de la mañana siguiente entré en la casa que ahora poseo. Esa primera casa que fui a 
ver era justamente la que había soñado. 

En enero me trasladé a Maine y continué trabajando en Boston; no me molestaba tener que viajar, algo 
que me resultaba fácil al tener un horario flexible. En marzo murió Claudia, una chica leucémica con la que me 
había encariñado mucho. Llevaba cuatro años trabajando con Claudia y su familia. Me aterraba pensar que mori- 
ría. La mañana en que murió sentí dolores en el pecho. Sabiendo que no tenía ningún problema físico, puse aten- 
ción y traté de descubrir qué quería decirme mi cuerpo. Al final de ese día, ya le había puesto nombre a ese dolor: 
«congoja colectiva». Me di cuenta de que conocía a más personas muertas que vivas, y decidí que necesitaba un 
fin de semana lejos para pensar. Unos cuantos domingos después, estaba sentada en las rocas mirando el mar, 
delante de un gran balneario. Pensé en Claudia, en las muchas otras personas con quienes había trabajado y que 
habían muerto; finalmente pensé en mi madre. 

Por alguna razón, sentí curiosidad por saber a qué edad exacta había muerto. Es sorprendente, pero ja- 
más había hecho los cálculos aritméticos que me habrían dado esa información. Unas sencillas cuentas me dijeron 
que murió a los 41 años y 9 meses. Justamente ese día yo tema exactamente 41 años y 9 meses, y llevaba cinco 
años y medio trabajando en la unidad de oncología: el mismo tiempo que ella estuvo enferma de cáncer de ma- 
ma. ¡Lo había conseguido! ¡Había sobrevivido! 

Al día siguiente presenté mi dimisión. Dediqué el verano a pensar en lo que haría con mi vida. Esos po- 
cos meses se convirtieron en unos cuantos más, y cuando volví a trabajar ya habían pasado nueve meses, un 
tiempo apropiado para renacer. 

Durante ese tiempo celebré el cumpleaños que mi madre no llegó a celebrar y comencé a reflexionar en 
mi identidad y mis prioridades. Finalmente inicié lo que se ha convertido en una muy próspera práctica de psico- 
terapia. Enseño de vez en cuando, trabajo un poco en la consulta y tengo ese gran jardín. Y sé que soy la hija de 
mi madre, pero que no tengo por qué ser ella. 

Como parte de mi viaje, he llegado a creer en la fuerza del cuerpo y el espíritu, un auxilio incluso en las 
situaciones más insufribles. En los años cincuenta, cuando mi madre tuvo cáncer de mama, sé que había muy po- 
cas opciones para una mujer católica estancada en un mal matrimonio, e incluso menos si en la infancia se había 
quedado físicamente discapacitada, como era su caso. Ahora creo que su cáncer de mama fue la única manera de 
escapar de una situación inaguantable, un mal matrimonio, una existencia agobiante de culpa y sacrificios. La- 
mento que su escape le costara la vida. 

Tratamiento para el cáncer de mama 

Las modalidades de tratamiento para el cáncer de mama escapan al alcance de este libro y no son mi especia- 
lidad. No me hace particularmente feliz el índice de curaciones conseguidas por los métodos actuales. Si bien 
los especialistas no suelen estar muy de acuerdo con las estadísticas, los datos sugieren que el índice global de 
mortalidad por cáncer de mama podría estar bajando. Aunque se ha informado que el índice de mortalidad, 
ajustado a la edad, entre las estadounidenses blancas con cáncer de mama bajó un 6,8 por ciento de 1989 a 
1993, no sé muy bien qué significa esta cifra en realidad, dado el gran número de carcinomas ductales in situ 
que sin duda se han incluido en estas estadísticas. En algunas zonas del país se continúan practicando mastec- 
tomías, aun cuando en muchos casos la lumpectomía para preservar las mamas ha demostrado ser igual- 



mente eficaz. Insto a todas las mujeres que se encuentran ante la necesidad de decidir el tratamiento para un 
cáncer de mama que busquen una segunda opinión si la única opción que les ofrecen es la mastectomía o si 
tienen la impresión de que al cirujano no le gusta la lumpectomía y por lo tanto no les ofrece esa opción. 

Me inquieta la práctica de extirpar los ganglios linfáticos de las axilas de mujeres con tumores cance- 
rosos muy pequeños. Si bien la extirpación de los ganglios, junto con su posterior análisis, forma parte del mé- 
todo que utilizan los cirujanos para determinar hasta dónde se ha extendido el cáncer y se hace por lo tanto 
para decidir el tratamiento que seguir, esta operación suele dejar a la mujer con inflamación y dolor en el bra- 
zo, y estos problemas no siempre se resuelven solos. Los ganglios linfáticos forman parte del sistema inmuni- 
tario y existen para ayudar al cuerpo a combatir el cáncer. Sin embargo, yo no trato el cáncer de mama, y por 
lo tanto debo dejar las decisiones respecto al tratamiento a aquellos que lo hacen. Sí aconsejo a las mujeres que 
piensan someterse a una disección de los glanglios linfáticos que comiencen un programa de fisioterapia tan 
pronto como sea posible después de la operación para disminuir el riesgo de desarrollar un linfedema, que es 
la hinchazón del brazo y la mano a consecuencia de la extirpación de los ganglios. 

Sea cual sea la forma de tratamiento, actualmente las mujeres de todo el mundo están transformando 
su experiencia del cáncer de mama y sanando en sus planos más profundos para continuar viviendo una vida 
plena, dinámica y creativa. 

Según mi experiencia, el trabajo reflexivo interior para cambiar las pautas emocionales relacionadas 
con el cáncer de mama, ciertos tipos de grupos de apoyo y una mejor alimentación, son partes importantes del 
tratamiento, al margen de si se hace una lumpectomía, una mastectomía, radioterapia o quimioterapia. Si bien 
la gran mayoría de mujeres con cáncer de mama eligen la cirugía, la quimioterapia, o ambas cosas para tratar- 
lo, he trabajado con varias cuya elección sólo ha sido un cambio de dieta y el trabajo interior, sin ninguna 
ayuda de la medicina oficial aparte de la biopsia inicial para hacer el diagnóstico. Al cabo de varios años, dos 
de esas mujeres tienen ahora mamografías limpias, sin ningún indicio de cáncer en ninguna parte. A una de 
ellas la llamó a casa el cirujano, cuando ella rechazó la operación, para decirle que si no se la hacía, se moriría. 
Ella se negó y ahora, siete años después, está libre de cáncer. 

Muchas mujeres eligen algunas de las opciones de tratamiento que se les ofrecen, pero no todas. Mil- 
dred tenía 43 años cuando le diagnosticaron un cáncer de mama. Estaba casada con un catedrático y vivían en 
una ciudad universitaria del medio Oeste. Jamás había trabajado fuera de casa; había elegido casarse con poco 
más de 20 años y dedicarse a criar tres hijos. Poco después de cumplir los 35 años, se enteró de que su marido 
había estado teniendo una serie de aventuras con alumnas. Por motivos económicos, decidió continuar con él 
hasta que sus hijos fueran mayores. Pero cuando le hicieron el diagnóstico de cáncer de mama, abandonó a su 
marido, volvió a estudiar y consiguió un trabajo. Ahora vive feliz e independiente. Sólo le hicieron una lum- 
pectomía. Cuando su hija le preguntó por qué no se hacía mamografías y exámenes cada seis meses, ella le 
contestó: «Sé por qué enfermé de cáncer de mama. Sabía cuál era el problema en mi vida y me liberé de él. Sé 
que no me va a volver el cáncer». Mildred sabía que no podía conservar su salud si continuaba casada con un 
hombre que le era infiel sexualmente. Han pasado más de diez años y no ha tenido ninguna recurrencia del 
cáncer de mama. 

Brenda Michaels tenía 26 años cuando le diagnosticaron cáncer de mama por primera vez. Durante 
diecisiete años combatió la enfermedad y se hizo tres operaciones importantes. Finalmente, después del tercer 
diagnóstico y un pronóstico que le daba un año de vida, tomó el mando de su vida y se comprometió a escu- 
char a su sabiduría interior. Me escribió lo siguiente: «La verdad es que los problemas emocionales que tenía 
al sentirme mártir eran tremendos. Decidí considerar mi cáncer como un maestro y una llamada a despertar, y 
asumir la responsabilidad de mi salud. Esta decisión me ha permitido no sólo explorar las alternativas res- 
pecto a mi cuerpo, sino también comenzar a sanar mis emociones más profundas reprimidas y las raíces espi- 
rituales relacionadas con mi enfermedad. Pienso que ahí es donde ha ocurrido la mayor parte de mi sanación, 
lo que en último término me ha llevado a la salud y la vitalidad que experimento ahora». Actualmente, Bren- 
da es una reconocida conferenciante de la Sociedad del Cáncer de Estados Unidos y es la primera persona de 
las que trabaja en este grupo que ha recurrido a alternativas ajenas a los tratamientos convencionales para 
sanar su cáncer. 

Otra de mis pacientes, Julia, tenía 38 años cuando le hicieron una lumpectomía. La biopsia reveló que 
no se había extirpado todo el tumor en la operación. Dada la naturaleza de su cáncer, se recomendó mastec- 
tomía y disección del ganglio linfático. Pero ella decidió volver a la casa de su infancia en el sur y enfrentarse 
a sus demonios: toda una vida de codependencia y un matrimonio que se le había quedado pequeño. Este 
proceso fue acompañado por una profunda limpieza emocional y una liberación de viejas formas de ser y 
comportamientos y hábitos nada sanos. También cambió su dieta habitual por una vegetariana. Aunque en 
estos momentos no tiene cáncer, sabe que debe continuar en contacto con sus necesidades más profundas y su 



sabiduría corporal. Hace poco se sintió «llamada» a trasladarse al suroeste. Aunque no sabía bien de qué po- 
dría vivir allí, decidió irse de todos modos. Casi inmediatamente encontró trabajo en una pensión con cama y 
desayuno. Sus circunstancias ahí eran muy sanadoras; no sólo tenía habitación y pensión completa, sino que 
disponía también de mucho tiempo y espacio para estar sola y cerca de la naturaleza. Julia es extraordinaria- 
mente valiente y continúa bien de salud. 

A otra de mis pacientes, Gretchen, le diagnosticaron un tipo de cáncer que se considera muy agresivo 
y de rápida proliferación. Se negó a hacerse el tratamiento convencional y en su lugar cambió su dieta y aban- 
donó un matrimonio abusivo. Finalmente encontró empleo en una editorial, en un trabajo que le encanta. Han 
transcurrido tres años y no tiene ningún tipo de cáncer detectable. Pero vive día a día y no se considera «to- 
talmente curada». Dice: «Mi esencia es vivir mi vida día a día». 

Piensa que los cambios que ha hecho en su estilo de vida han sido los principales factores de su cura- 
ción. 

Historias de mujeres 

Caroline Myss y otros sanadores enseñan que el cáncer es la enfermedad del tiempo. Puede producirse cuan- 
do la mayor parte de la energía de la persona está ocupada en viejas heridas y resentimientos del pasado que 
al parecer no puede dejar atrás. Estas viejas heridas necesitan un testigo, alguien que las valide, para que co- 
mience la sanación. 

Nuestra relación con el tiempo puede enfermarnos, y de hecho nos enferma. Sonia Johnson dice: «El 
tiempo no es un río; todos tenemos en este momento todo el tiempo que fue y todo el que será. El tiempo li- 
neal es una invención adictiva». 47 En una cultura materialista y adictiva, aprendemos que el tiempo es dinero 
y que debemos pasar cada minuto de nuestra vida realizando y produciendo más y más. En lugar de disfrutar 
de cada momento que tenemos para vivir plenamente nuestra vida, a muy temprana edad se nos enseña que 
«nunca hay tiempo suficiente»; siempre vamos «corriendo contra reloj». Demasiadas personas sufrimos de la 
«enfermedad de las prisas». Corremos de aquí para allá, con el corazón acelerado, pensando que hay dema- 
siado que hacer y poco tiempo para hacerlo. El estado de nuestro cuerpo y de las células que lo forman es un 
reflejo de esto. 

MONICA: Un VERANO DE SANACIÓN. Monica tenía 48 años cuando vino a verme por primera vez. Hacía 
poco que le habían hecho una biopsia para el cáncer de mama, que resultó positiva. Su cirujano le recomendó 
una mastectomía y la extirpación de los ganglios linfáticos de la axila derecha. Monica y su compañero tenían 
una tienda de libros usados y se ocupaban también de buscar por encargo libros difíciles de encontrar. Los 
dos habían leído muchísimo sobre el tema del cáncer de mama. Ella puso objeciones a hacerse la mastectomía; 
después de una larga conversación, el cirujano accedió a hacerle una lumpectomía. Pero se encontró con que 
los márgenes del tumor no estaban definidos y esto le llevó a la preocupación de que hubieran quedado célu- 
las cancerosas. Monica y su compañero habían visto a un oncólogo y sabían que la quimioterapia era la reco- 
mendación estándar para ese tipo de cáncer, pero deseaban descubrir otras cosas que ella pudiera hacer, ade- 
más de ese tratamiento convencional. 

Le sugerí que podía hacer una dieta que le disminuyera los niveles de estrógeno en la sangre, y apli- 
carse compresas de aceite de ricino en el pecho afectado para fortalecer el funcionamiento de su sistema in- 
munitario. Le insistí en que esas medidas no estaban consideradas «curas» en el sentido médico ortodoxo, y 
que no habían sido tan bien estudiadas como la cirugía y la quimioterapia. Ella lo comprendió. Le dije que era 
esencial que dedicara los meses siguientes a aprender a cuidar de sí misma y hacer cosas que le procuraran 
placer. Ella y su familia se marcharon a considerar sus opciones y quedé en verlos tres meses después, en 
septiembre. 

Cuando volvió a verme, pasados esos tres meses, parecía haber rejuvenecido quince años; estaba ra- 
diante de salud. Le pregunté qué había hecho. Me dijo: «Cuando salí de aquí, comprendí que tenía que cam- 
biar mi vida. Este verano decidí hacer todo lo que me pareciera maravilloso y sanador. Así pues, salí a pasear 
en bicicleta todos los días y pasé largas horas echada en el campo mirando el cielo y las nubes. Me introduje el 
verano en todas las células del cuerpo. No había tenido un verano así desde que era niña. Tuve la impresión 
de que duraba eternamente». 

Monica había cambiado su relación con el tiempo, deteniendo el reloj y traído a sus células al momen- 
to presente. A muchas de nosotras nos hace falta tomarnos el tiempo necesario para «introducirnos el verano 
en todas las células del cuerpo». Han transcurrido seis años y Monica no ha vuelto a tener indicios de cáncer. 
Aunque finalmente decidió no someterse a quimioterapia ni a más operaciones, ha continuado sin cáncer. 48 



Serena: La liberación del pasado. Serena tenía 48 años cuando vino a verme por primera vez después de 
hacerse una mastectomía a causa de una masa bastante grande en el pecho que era un cáncer de mama mal di- 
ferenciado: el tipo de tejido asociado a la proliferación más rápida y de peor pronóstico. No hacía mucho que 
se había trasladado a la costa este, desde California. Dos años antes había roto su relación con un hombre 
después de diez años de convivencia, cuando él se enamoró de otra, con la que se casó. Ese hombre era el 
creador y fundador de un grupo muy popular de autoayuda, y las actividades del grupo, los seminarios, los 
talleres y los viajes habían significado para ella unos buenos ingresos, y por otro lado, el grupo también fun- 
cionaba como una familia y un sistema de apoyo para Serena; además, ella había contribuido con bastante 
dinero para pagar el centro donde se reunía regularmente el grupo. Cuando su otra mitad la dejó por otra 
mujer del grupo, ella se quedó fuera, y ya no era tan bien acogida en las actividades del grupo como antes. 
Tan pronto como se trasladó a la costa este después de la ruptura con su «familia», inició una terapia (indivi- 
dual y de grupo) para ayudarse a tratar la rabia, la aflicción y el abandono que sentía. A raíz de esta experien- 
cia, conoció a muchas mujeres que se encontraban en una situación semejante: se sentían estafadas económica 
y sexualmente y de otras maneras. Estaba acostumbrada a comer alimentos integrales y continuó haciéndolo. 
En el grupo de apoyo para el cáncer de mama en el que entró, conoció a mujeres que habían seguido dietas 
pobres en grasa durante años, otras que habían hecho ejercicios toda su vida, y otras que tomaban todo tipo 
de suplementos. Me dijo que ciertamente no estaba claro, al menos según las experiencias de las mujeres del 
grupo, que la dieta o los suplementos fueran la respuesta. 

En esa primera visita le expliqué que tenía que asegurarse de que todas sus relaciones fueran de ver- 
dadero compañerismo, relaciones en las que ella diera y recibiera en igual medida. Aunque llevaba años 
comprometida con la medicina alternativa, su guía interior le aconsejó someterse a quimioterapia, y ella lo 
hizo sin ningún problema, ayudándose con la meditación y la relajación. 

Poco después de la ruptura de su relación, consultó con un abogado para que le ayudara a reclamar al 
grupo la devolución de su dinero y sus pertenencias. Este abogado le dijo que, dados los aspectos legales de 
su situación, era muy improbable que recuperara su dinero. Después de hablar con los miembros de su grupo 
de apoyo, decidió buscar otro abogado y «llevar el caso al Tribunal Supremo si era necesario». 

Aunque continuaba comiendo bien, tomando suplementos y haciendo ejercicio, se sentía cansada y 
apática, y eso le extrañaba, porque ya hacía casi un año que había terminado el tratamiento de quimioterapia 
y radioterapia. Le recomendé que hiciera un retiro y confeccionara una lista de todas los aspectos de su vida 
que iban bien, y otra de todos los aspectos que necesitaban un cambio. Después, habiendo meditado sobre 
esas listas, podría elaborar un plan para cambiar las cosas que estaba dispuesta a cambiar en esos momentos. 
Fue a un centro de meditación y durante su retiro tuvo un sueño: estaba en una balsa y a lo lejos veía una casa 
en llamas; en la casa estaban sus ex amigos del grupo de autoayuda. En ese momento del sueño comprendió 
que tenía dos opciones: ir a la casa en llamas y rescatarlos, o seguir en la balsa y dejar que el río la llevara 
adonde tenía que ir; siempre en el sueño, notó que tomar la decisión de dejar el río e ir a la casa le producía 
una sensación de cansancio y conflicto. Aunque su mente la empujaba hacia la casa, su corazón y su cuerpo se 
sentían atraídos hacia donde la llevaba el río. Despertó bruscamente y comprendió lo que tenía que hacer. 
Tenía que permitirse flotar en el río de una nueva vida. 

Aunque todos sus pensamientos le decían que el grupo le debía dinero, en lo más profundo de su ser 
comprendió que aferrarse a eso le agotaba la energía vital y le mantenía el tipo de energía que la tenía enca- 
llada en el pasado, lo cual impedía que ocurriera nada nuevo o mejor en su vida. Una semana después de 
volver del retiro y de tener su sueño, anuló la demanda judicial contra su antiguo grupo e inventó una cere- 
monia para dejar atrás el pasado y continuar con una nueva vida. Después también dejó de asistir a las 
reuniones del grupo de apoyo, al darse cuenta de que esa experiencia simplemente le recreaba el pasado; ha- 
bía observado también que cuando iba a las reuniones salía de ellas más cansada que cuando entraba. Com- 
prendió que, aunque al principio el grupo le había sido muy útil, era el momento de abandonarlo. 

Dos meses después de esa fase de sanación, le ofrecieron un puesto en una editorial, trabajo con el 
que siempre había soñado. Lo aceptó, y allí conoció a un hombre con el que actualmente está casada. A dife- 
rencia de su anterior relación, este matrimonio es una verdadera asociación de corazón para ella, y ahora 
puede mirar hacia atrás y ver su cáncer de mama como un aviso de su guía interior en un momento crítico. 
Piensa que este le hizo el regalo de una vida nueva y mejor. Continúa estando bien. La mayor parte del tiem- 
po no se preocupa por el cáncer de mama, y cuando se acuerda, «lo deja en manos de su poder superior». 

Aunque Monica y Serena eligieron métodos curativos diferentes, las dos han cambiado su relación 
con el tiempo y las dos creen que han elegido el camino correcto para ellas. 



La cirugía plástica de las mamas 

Implantes: Una cortina de humo para el verdadero problema 

Los medios de comunicación han destacado los problemas que han tenido algunas mujeres con los implantes 
de silicona. Hay quienes piensan que el cansancio crónico, la artritis, la inmunodepresión y otros trastornos 
están relacionados con los implantes, pero se han hecho repetidos estudios que han mostrado pocos riesgos o 
ninguno, aunque no han sido lo suficientemente extensos como para descartar un efecto pequeño en un nú- 
mero pequeño de mujeres. En las mujeres que tienen tendencia a trastornos del tejido conectivo de cualquier 
tipo, podría aumentar un 1 por ciento el riesgo de que se desarrollen problemas después de un implante de 
silicona en los pechos, mientras que aquellas que no tienen ningún factor de riesgo que las predisponga, pro- 
bablemente no corren ningún tipo de riesgo. Por desgracia, a consecuencia de la situación creada por los im- 
plantes de mama, los fabricantes de importantísimos aparatos médicos de silicona, como tubos para anasto- 
mosis, catéteres, marcapasos, injertos y válvulas cardiacas artificiales, ahora tienen dificultades para obtener la 
materia prima necesaria, debido al miedo a la peligrosidad de este producto. 49 Es difícil imaginarse unas con- 
secuencias tan reñidas con la sabiduría femenina positiva simbolizada por los pechos. 

A lo largo de los años de ejercicio de mi profesión, he visto a muchas mujeres con implantes de mama 
y a la mayoría les ha ido bien. (Debo reconocer que a algunas les ha costado resistirse a las exageraciones de 
los medios de comunicación y al miedo que estos han introducido.) Siempre que leo un titular de este estilo: 
«LAS MUJERES FURIOSAS CONTRA CORNING», me pregunto: «¿Qué impulsó a hacerse esos implantes a esas mu- 
jeres furiosas?». Jenny Jones, cuya historia apareció en la revista People, explica candorosamente que en el 
momento en que se hizo el implante nadie podría haberla convencido de que no se lo hiciera. Su padre lleva- 
ba años haciendo comentarios despectivos sobre sus pechos pequeños, y ella deseaba cambiar su apariencia. 
Su sinceridad es encantadora, y su historia es un ejemplo de cómo las mujeres colaboramos en nuestra propia 
opresión. 

El actual escándalo sobre los implantes de silicona enmascara un problema cultural más profundo. En 
cierto sentido las mujeres sabemos que nuestra obsesión por el tamaño de nuestros pechos no es sana, pero 
aún no hemos descubierto qué es lo sano. No es necesario un sociólogo para que nos diga por qué las mujeres 
quieren parecerse a las imágenes que nos han grabado en los cerebros desde la infancia todos los medios de 
comunicación, desde Playboy hasta la televisión. (Cuando mis hijas tenían 11 y 13 años, ya llevaban varios 
años preocupadas por su figura y su peso.) Los cuerpos de las mujeres son campos de batalla culturales, y he- 
mos asumido la tarea imposible de tratar de vernos perfectas según cánones que no están basados en la reali- 
dad. 

No estoy de acuerdo con las mujeres que piensan que las que se han hecho cirugía plástica se han 
«vendido». Si hubiera una manera fácil de trasladar grasa de las nalgas a los pechos, yo podría considerar la 
posibilidad de hacérmelos aumentar también. Tengo unos pechos muy pequeños, casi no fabrican sujetadores 
para mi talla. Además, uno se me quedó más pequeño que el otro después de lo de ese enorme absceso. En 
general, sin embargo, me siento muy feliz con esa parte de mi cuerpo. La primera vez que asistí a una opera- 
ción para aumentar el tamaño de los pechos y vi la cantidad de tejido que se daña al separar la pared torácica 
del tejido que hay debajo, instintivamente me llevé las manos a los pechos en una actitud protectora. Com- 
prendí que jamás elegiría ese procedimiento, tal como se hace hoy en día, por motivos estéticos. Para empe- 
zar, los implantes pueden disminuir o eliminar la sensación en los pezones, que forma parte del placer sexual 
de la mujer; los pezones se pueden poner muy duros y formar cápsulas fibrosas a su alrededor; en algunos 
casos hacen difícil amamantar a un bebé. Pero no juzgo a las mujeres que han optado por esta operación, no 
más de lo que juzgaría a una mujer por hacerse cambiar el tamaño y la forma de la nariz por motivos estéti- 
cos. 

Los implantes y el método más nuevo de reconstrucción de las mamas, usando tejido abdominal de la 
propia mujer, pueden dar a las mujeres que han perdido un pecho por cáncer una imagen corporal que se 
aproxima a la integridad. Esta cirugía puede ser importantísima para la sanación de la mujer. La doctora Sha- 
ron Webb, cirujana plástica especializada en reconstrucción de pechos después de una cirugía para extirpar el 
cáncer, dice que suele recibir cartas de sus pacientes y familiares diciéndole lo agradecidos que le están por su 
trabajo y cuánto ha contribuido la reconstrucción quirúrgica a su sensación de bienestar general. 

Ninguna de nosotras es inmune a nuestra herencia cultural y hemos de ser comprensivas y compasi- 
vas con nosotras mismas y con las demás mujeres. Cada mujer ha de decidir por su cuenta qué le parece lo 
mejor para su cuerpo y por qué. A continuación, explico unas cuantas historias relativas a la cirugía plástica 
de las mamas y sus consecuencias. 



Historias de mujeres 

JANICE: Presión familiar. Janice vino a Women to Women aparentemente para un examen físico anual de 
rutina. Había venido en dos ocasiones anteriores en busca de diafragmas adecuados. Era una mujer activa, 
esbelta y atractiva. En la sala de examen me dijo que tenía otras cosas que decirme, de modo que después del 
examen fuimos a hablar a mi consulta. 

Me dijo que hacía unos años se había hecho una cirugía de agrandamiento de pechos y que al parecer 
todo iba bien (el examen lo había confirmado). En mi consulta, sin embargo, se le llenaron los ojos de lágrimas 
y me dijo que temía echarse a llorar porque tenía algo que preguntarme que nunca le había preguntado a 
ningún médico. Le recomendé que no reprimiera sus emociones porque siempre que nos conmovemos de esa 
manera estamos en la pista de algo importante. Entonces continuó: «La primera vez que fui a un ginecólogo 
tenía dieciséis años. Tenía unos terribles dolores menstruales y quería saber si me pasaba algo malo. El no 
permitió que mi madre se quedara en la sala cuando me examinó. El examen fue muy doloroso y le pedí que 
no continuara, pero él no me hizo caso. Después, cuando me vio los pechos se echó a reír y me dijo: "Tal vez si 
te casas y tu marido te acaricia bastante los pechos te crecerán". Me recetó pildoras anticonceptivas para los 
espasmos y yo salí de la consulta sintiéndome muy humillada». 

Después me contó el comienzo del desarrollo de sus pechos. Al principio le crecieron los pezones y 
comenzaron a sobresalir. Al tocarlos era como si tuviera una masa del tamaño de una nuez bajo cada pezón. 
Este tejido creció hasta el tamaño del hueso de un aguacate y allí se detuvo el crecimiento. Lo que me contaba 
era el desarrollo normal de los pechos, con tejido glandular normal bajo el pezón. Eso le ocurrió alrededor del 
tiempo de su primera menstruación. Le dije que eso a mí me parecía muy normal. Volvió a echarse a llorar. 
Sus pechos eran naturalmente pequeños, pero su madre, su hermano y una hermana siempre la llamaban 
«deforme». 

Un día, cuando estaba comprando ropa con su madre, esta habló de su «deformidad» y le dijo que si 
alguna vez deseaba hacerse algo, ella estaría dispuesta a pagárselo. (Con frecuencia oigo historias de madres 
que les dicen a sus hijas que sus pechos no son lo suficientemente grandes. A veces les sugieren que se com- 
pren sujetadores almohadillados o se pongan algodón dentro del sujetador.) Janice sorprendió a su madre 
diciéndole que de hecho sí deseaba hacerse algo. Poco después, se hizo una mamoplastia de agrandamiento, 
con implantes de silicona. 

Le pregunté cómo se sentía respecto a sus pechos en esos momentos. Me dijo que tenía sentimientos 
encontrados, dadas las circunstancias en que se hizo la operación. Se estaba sometiendo también a un trata- 
miento de acupuntura y estaba más interesada que antes en la curación natural, de modo que temía haberse 
estropeado al hacer algo tan «antinatural». 

Mi respuesta fue decirle que muchas mujeres han elegido hacerse agrandar los pechos y están muy 
contentas con la operación. Las que se sienten más felices son aquellas que lo han meditado mucho antes y 
que lo hacen por complacerse a sí mismas y no a otras personas. Normalmente esas mujeres obtienen buenos 
resultados y sin ninguna complicación. Creo que cuando la persona se siente segura con una decisión como 
esa se fortalece el funcionamiento de su sistema inmunitario, y que en estos casos el índice de complicaciones 
tiende a ser bajo. Yo quería que Janice supiera que no creía que haberse hecho la cirugía plástica le hubiera 
dañado la salud de modo inalterable. 

Lo más importante fue decirle que era normal, y no «deforme», y que siempre lo había sido. Simple- 
mente tenía los pechos pequeños, como todas las mujeres del lado paterno de su familia. Se había criado en 
una familia que la maltrató emocionalmente respecto a su cuerpo a una edad en que era más vulnerable. Su 
visita al ginecólogo reforzó esa patología. 

Ahora, a los 39 años, Janice se sentía por fin preparada para sacar a la luz esa historia sobre su cuerpo. 
Antes de marcharse me dijo: «No se imagina lo importante que es para mí oír todo esto de un médico». Le 
sugerí que se pasara el resto del día con sus lágrimas y cualquier otra emoción que le surgiera. Le pedí que las 
expresara con sonido. Todas las lágrimas y todas las emociones que sofocamos se quedan en nuestro cuerpo 
como asuntos no resueltos a la espera de que los atendamos. Janice tenía la oportunidad de completar una 
importante cantidad de sanación. Estaba preparada para sanar en todos los aspectos su relación con sus pe- 
chos. 

Sarah: Implantes para complacer a su marido. Sarah tenía 55 años la primera vez que la vi. Había sacado 
adelante a varios hijos y había vivido 25 años con un marido alcohólico, pero ya estaba divorciada. Como les 
suele suceder a las personas como Sarah, su padre también había sido alcohólico. Quince años antes su mar i- 



do se quedó impotente y la culpó a ella del trastorno, diciendo que su cuerpo no era lo que él necesitaba para 
tener una erección. 

Como tantas mujeres que mantienen una relación adictiva, ella le creyó y tomó el problema como 
propio. Su marido le dijo que tal vez no sería impotente si ella tuviera los pechos más grandes. Obediente- 
mente ella se fue a Nueva York a hacerse implantes de mamas. Desde el comienzo los detestó, y su marido 
continuó impotente, aunque esta vez la explicación que le dio fue que ella tenía que tener algo mal en la vagi- 
na. Su relación continuó deteriorándose y el alcoholismo de él empeoró. 

Varios años después, el marido la dejó. (Ahora vive con una mujer más joven a la cual todas podemos 
compadecer.) Sarah hizo una terapia para la codependencia y comprendió que ella no era la causa de la impo- 
tencia de su marido, y que jamás lo había sido. Pero ahora está pegada a los implantes de silicona que detesta. 
Dice que cuando hace frío los pechos no se le calientan porque los implantes tardan mucho en calentarse. Ha 
averiguado sobre la posibilidad de quitárselos, pero le dijeron que le costaría 3.000 dólares, y su seguro no lo 
cubre. Cada día recuerda el precio que ha pagado con su cuerpo. (A veces el seguro sí cubre la operación para 
quitarse los implantes. También me he enterado de que la mayoría de los cirujanos plásticos quitan los im- 
plantes por un precio más bajo.) 

Kim: Implantes para complacerse a sí misma. Kim es una mujer llena de vida cercana a los cuarenta. Ac- 
tualmente trabaja en la industria de la moda, pero durante años fue profesora. Cuando era adolescente tenía 
las caderas muy anchas y los pechos muy pequeños. Jamás podía comprarse un traje porque o le quedaba mal 
la chaqueta o le quedaba mal la falda. Durante años se sintió muy desgraciada por su figura, aunque tenía 
muchísimos talentos. Hacía ejercicios y dieta para corregir lo más posible el desequilibrio, y finalmente, des- 
pués de pensarlo varios años, decidió hacerse la operación para agrandarse los pechos. La operación fue ma- 
ravillosamente bien y para ella ha sido una verdadera sanación, porque eligió ese procedimiento en las cir- 
cunstancias óptimas. Lo hizo por sí misma. Ya tenía una elevada autoestima y sus expectativas de la opera- 
ción eran las apropiadas. La mala prensa de los implantes la preocupó un poco, pero sabe que puede quitárse- 
los si su sabiduría interior se lo aconseja. 

Beth: Atrapada EN el medio. Beth ha sido paciente mía durante años. Ha tenido dos embarazos y ha ama- 
mantado a los dos bebés. Su marido la dejó después de nacer su segundo hijo y ella ha criado sola a sus hijos. 
Es independiente y fuerte. Hace varios años se hizo la operación para agrandarse los pechos. Después de los 
partos y la lactancia, los pechos le quedaron fláccidos; no encontraba sujetador que le quedara bien y se sentía 
incómoda con su apariencia. Siempre había tenido un cuerpo atractivo. (Comprendo que este concepto es 
espinoso: ¿atractivo para quién? ¿Por qué? ¿Con qué fin?) En todo caso, aunque tenía muy pocos ingresos, se 
las arregló para reunir el dinero necesario para hacerse la operación. El resultado fue excelente y ella está con- 
tenta. Un antropólogo podría decir que su cuerpo «social» mejoró con la operación. (Actualmente está traba- 
jando en superar una extraña capacidad para atraer a hombres que no le ofrecen calor humano.) 

Las pacientes cuya historia acabo de contar se hicieron la operación cuatro o cinco años antes de la ac- 
tual controversia sobre los implantes de silicona. No me cabe duda de que esta publicidad adversa va a causar 
tanto daño como la propia silicona a Janice y a miles de mujeres como ella, no por los problemas de la silicona 
(y no niego que los pueda haber), sino por plantar semillas de miedo y duda que por sí solas pueden afectar al 
sistema inmunitario. 

Creo que las circunstancias que rodean las implantaciones de mamas, es decir, el porqué se hace la 
operación, son tan fundamentales para que no haya efectos secundarios como cualquier problema posible 
proveniente de la silicona. Kim se hizo los implantes para sentirse feliz con su apariencia y ha sido muy feliz 
desde entonces. Hablé con ella hace poco y me dijo que le encantan sus implantes y que está segura de que no 
va a tener ningún problema con ellos. No le preocupa la difusión sensacionalista de los medios de comunica- 
ción. Creo que lo mismo vale, en general, para las pacientes que se han hecho una reconstrucción de las ma- 
mas después de someterse a una mastectomía y para aquellas que se han hecho implantes para igualar el ta- 
maño de sus pechos. 

Yo aprendí una gran lección de mi absceso en el pecho, de modo que rutinariamente le envío mensa- 
jes positivos a mi pecho; después de todo, su función murió por mis pecados. Las mujeres que tienen implan- 
tes de silicona también están aprendiendo una gran lección, aunque esta será diferente para cada mujer. 

Un programa sanador para los implantes 

• Entiende que miles de mujeres no tienen ningún problema con los implantes. Considera el hecho de 



que tienes buenas posibilidades de ser una de esas mujeres. 

• Si sientes rabia por cualquier aspecto de la operación o la atención recibida, tómate un determinado 
tiempo para expresarla y trabajarla y después pasa al perdón. Perdónate todo lo que no sabías. No 
desperdicies tu preciosa energía en reprenderte ni en reprender a nadie. 

• Si deseas amamantar a tu bebé, has de saber que en estudios recientes no se ha comprobado que haya 
un mayor índice de problemas en los bebés amamantados por madres que tenían implantes de silico- 
na. (Un estudio demostró que las mujeres con implantes tenían tres veces más probabilidades de tener 
dificultades para amamantar que las que no se habían hecho operación en las mamas, pero más de un 
40 por ciento no tenían ningún problema. Los implantes colocados mediante una incisión en el pezón 
eran los que tenían menos éxito.) 50 

• Habla con el cirujano que te colocó los implantes. Los cirujanos plásticos a los que envío a mis pacien- 
tes disponen de paquetes de información que proporcionan a todas las mujeres que se han hecho im- 
plantes. 

• Asegúrate de que tu dieta apoya tu sistema inmunitario. Come verduras ricas en betacaroteno, fitoes- 
trógenos y lignina (véase el capítulo 17). También recomiendo un suplemento de vitaminas y minera- 
les. Podrías consultar con un especialista en nutrición. 

• Las compresas de aceite de ricino aplicadas a los pechos una vez a la semana son un excelente fortale- 
cedor del sistema inmunitario; además, relajan y tranquilizan. Yo creo que tomarse el tiempo necesa- 
rio para aplicarse las compresas hace saber a los pechos que se los quiere y cuida. Esto podría dismi- 
nuir los efectos adversos de los implantes. 

• Para algunas mujeres la opción correcta es hacerse quitar los implantes. Una de mis pacientes se los 
hizo quitar por el mismo cirujano que se los puso hace nueve años, y él se lo hizo con anestesia local y 
sin cobrarle nada. Ella dice que fue muy fácil y está contenta de habérselos quitado. «Estoy en un lu- 
gar diferente en mi vida del que estaba cuando me los hice insertar», dice. «Aunque no he tenido nin- 
gún problema, no quiero estar preocupada por la posible aparición de ninguno.» 

• Comprende que sólo tú puedes decidir qué es lo mejor para ti en lo relativo a los implantes o a cual- 
quier otra cirugía plástica. 

Cirugía para reducir el tamaño de los pechos 

ASharon comenzaron a desarrollársele los pechos cuando sólo tenía 11 años. A los 15 ya usaba sujetadores de 
talla 100. En el colegio pasaba vergüenza y se sentía ridicula haciendo deportes. Correr le resultaba desagra- 
dable y en verano se le producían dolorosos sarpullidos en la base, por el sudor. Era un problema comprarse 
ropa porque tenía las caderas estrechas en relación con el tórax. Alrededor de los 30 años se hizo una mamo- 
plastia reductora, una operación para reducir el tamaño de los pechos. Aunque ahora tiene cicatrices visibles 
en medio de cada pecho, se siente feliz por haberlo hecho. 

Erin, una llamativa y hermosa mujer de algo más de 30 años, vino a verme para una ligadura de 
trompas. Durante el examen físico advertí que tenía las cicatrices características de la operación reductora y le 
pregunté cuándo se la había hecho. Me dijo que a los 25 años, simplemente porque estaba harta de la atención 
que atraía por ser hermosa y tener unos pechos grandes. Aunque la talla que tenía entonces era la 100, no 
inusualmente grande, había optado de todos modos por hacerse la operación. 

Una de mis amigas tiene una compañera de jogging que también tiene esa talla. Los hombres amino- 
ran la marcha de sus coches y hacen comentarios cuando la ven pasar. Incluso chicos de doce años se sienten 
con el derecho de seguirla en bicicleta y hacer comentarios. 

Estas experiencias son típicas de las mujeres que han elegido hacerse reducir los pechos. Aunque esta 
operación suele disminuir o eliminar la sensación de los pezones, deja cicatrices y puede hacer que la mujer 
tenga dificultades para amamantar a sus bebés, la mayoría de mis pacientes que se han sometido a ella se 
sienten muy felices con los resultados. La doctora Janet Hurley, de Calgary (Alberta), médica de cabecera y 
partidaria de amamantar a los hijos, me contó que, según su experiencia, la mujeres suelen poder amamantar 
bien a sus bebés después de una mamoplastia reductora siempre que se sientan a gusto con su decisión de 
amamantar y no tengan dificultades para apreciar la función normal de sus pechos. 

Las mujeres han tenido toda una gama de experiencias con la cirugía plástica de mama. Esta cirugía, 
como la de cualquier otra parte del cuerpo, no es ni correcta ni incorrecta; su demanda simplemente refleja los 
valores de nuestra cultura. Los cambios que efectúa pueden ser muy gratificantes, pero, como dice con tanto 



acierto Naomi Wolf en The Beauty Myth* estos no son una panacea. La cirugía no sana la vida de la mujer ni su 
relación con su cuerpo. El factor más importante en un buen resultado, aparte de un cirujano experto, es el 
contexto en el que se hace la operación y las expectativas que tiene la mujer. 

El poder de la mente para influir en los pechos 

Los estudios de investigación han demostrado que es posible aumentar el tamaño y la firmeza de los pechos 
mediante la hipnosis y la visualización creativa. En cuatro estudios distintos, se comprobó que la hipnosis no 
sólo aumentaba el tamaño y la firmeza de los pechos de las mujeres que siguieron durante doce semanas el 
tratamiento, sino que además a algunas les redujo la cintura e incluso el peso. En un estudio se pidió a las vo- 
luntarias que sintieran el calor de una toalla en los pechos, o que simplemente tuvieran una sensación de calor 
en los pechos. Después se les pidió que sintieran el pulso en los pechos y se fundieran con los latidos de su 
corazón para que la energía del corazón entrara en sus pechos. Se les enseñó a hacer esa visualización para 
practicarla en casa una vez al día durante doce semanas. Al final de ese periodo, el 85 por ciento de las muje- 
res habían experimentado un agrandamiento mensurable de los pechos (un promedio de 3,5 cm). En este es- 
tudio, las mujeres que eran buenas para hacer visualización obtuvieron mejores resultados, pero incluso las 
que no eran buenas también obtuvieron resultados. Al inicio del estudio no importaba de qué tamaño fueran 
los pechos de las mujeres; la técnica también dio resultado en mujeres mayores de 50 años. 

En otro estudio, a un grupo de mujeres, a las que se les indujo un trance leve, se les pidió que retroce- 
dieran en el tiempo a una edad entre los 10 y los 12 años, cuando normalmente comienzan a crecer los pechos. 
Entre las sugestiones para este grupo estaban sensaciones de hinchazón, de tirantez de la piel sobre el pecho y 
una leve sensibilidad. Durante las sesiones se les pedía que se pusieran las manos en los pechos, y mediante 
sugestión se les hacía sentir que los pechos les empujaban las manos a medida que iban creciendo. Normal- 
mente se podía observar que las manos se separaban unos cuantos centímetros de los pechos mientras se ha- 
cían las sugestiones. El tercer componente del tratamiento consistía en decirle a cada una que habían pasado 
dos o tres años. Se le pedía que se imaginara después de una ducha, desnuda delante del espejo del baño. 
Debían examinarse la apariencia y observar los pechos más grandes y atractivos resultantes de las sugestiones 
poshipnóticas. Los autores de este y otros estudios sugieren que el motivo de que los pechos no logren toda su 
capacidad de crecimiento durante la adolescencia es que la niña recibió ciertos mensajes adversos acerca de su 
feminidad o sus pechos. En un estudio, los investigadores trabajaron con las participantes para aclarar este 
tema, pero no siempre con éxito. En el primer estudio, más de la mitad de las mujeres lo abandonaron «por 
motivos personales»; evidentemente, para algunas retroceder mediante hipnosis a esa época vulnerable supo- 
nía un peligro emocional, aunque si la mujer logra superar esa sensación de peligro, existe la posibilidad de 
que sane emocionalmente (y de que logre el desarrollo completo de sus pechos). 

En un tercer estudio, de ocho mujeres de edades comprendidas entre los 21 y los 35 años, en trance 
hipnótico, todas aumentaron de 2,5 a 5 cm el tamaño de sus pechos, a excepción de una que no quería ser 
mujer y deseaba haber sido hombre. El mayor aumento de tamaño lo consiguió la mujer mayor del grupo, 
que estaba casada. 51 

Es evidente que si las mujeres podemos usar el poder de la intención enfocada y la visualización para 
cambiar el tamaño y la consistencia de los pechos, también tenemos el poder de hacer que nuestros pechos 
estén sanos y de mantenerlos así imaginándolos sanos y hermosos. Si nuestro cuerpo no es otra cosa que un 
campo de ideas, procuremos que esas ideas representen lo que más nos conviene. 

El cuidado de los pechos 

Respetar esa parte del cuerpo 

Nuestra tarea como mujeres es aprender, minuto a minuto, a respetarnos a nosotras mismas y respetar 
nuestro cuerpo, ya sea que tengamos pechos pequeños o pechos grandes, nos hayamos hecho un im- 
plante o sometido a una mastectomía. Cuando valoremos nuestros pechos como fuentes de sustento 
para los bebés y fuentes de placer para nosotras, seguro que nuestra relación con ellos va a mejorar. 

Cuando te examines los pechos cada mes, hazlo con respeto y cariño. Agradece a tus mamas, a tu 
torso y a la zona del corazón que formen parte de tu cuerpo. Pídeles a tus pechos que te perdonen si con- 
tinuamente les has enviado mensajes de que son demasiado grandes, demasiado pequeños, demasiado 
caídos o demasiado desiguales. Comprométete a respetarlos y aceptarlos como partes valiosas de tu 



Hay traducción al castellano: El mito de la belleza, Emecé, Barcelona, 1991. (N. del E.) 



cuerpo. Si al cabo de una semana más o menos continúas encontrándolos feos, respétalos de todas mane- 
ras, como un acto de coraje. Finalmente se ablandará tu actitud. Recuerda que los pensamientos y los 
sentimientos tienen efectos físicos. 

Ábrete para recibir ayuda de ti misma y de los demás. Cuando te ocurra algo que te cause pena, re- 
sentimiento o dolor, date permiso para quitarte del pecho esos sentimientos sintiendo plenamente tus emo- 
ciones, desahogándote totalmente, «desembuchándolas», y después dejándolas marchar de modo que el pe- 
cho quede libre para «apechugar» con todo. 

La doctora Barbara Joseph, tocóloga y ginecóloga a la que le diagnosticaron un cáncer de mama 
cuando estaba amamantando a su tercer hijo, escribió la siguiente lista de cosas que hacer durante su proceso 
de sanación. Va igualmente bien para prevenir. 

Ser amable conmigo misma. 
Amarme. 

Ser bondadosa conmigo misma. 
Cuidarme. 

Pedir lo que necesito. 

Decir no cuando no quiero hacer algo. 

A esta lista yo añadiría: nutrirme bien; disfrutar comiendo diariamente deliciosos alimentos comple- 
tos y de buena calidad. 

Si has tenido cáncer de mama 

Si te han hecho una mastectomía, te irá bien tocarte la cicatriz con respeto y reverencia, en reconocimiento a tu 
sacrificio. A una comadrona de 38 años que conocí en un congreso, le habían extirpado un pecho a los 21 años. 
Me contó que al mirar hacia atrás, se daba cuenta de que siempre había sentido un profundo rechazo por sus 
pechos porque desde que nació le habían transmitido el mensaje de que debería haber sido un chico. Atribuía 
su cáncer de mama a su negatividad crónica respecto al hecho de ser mujer. Ahora, pasados más de 20 años 
desde la mastectomía, decidió quitarse la prótesis. Me explicó que la mama «falsa» constituía un obstáculo 
entre su pecho, su corazón y la energía amorosa que necesitaba sentir esa parte de su cuerpo. Me contó que 
ahora, cuando alguien la abraza, todo su pecho recibe también esa energía amorosa. 

La reconstrucción de la mama después de una mastectomía puede ser una bendición. Si ésa es tu ver- 
dad, dedica algunos momentos con regularidad a valorar el trabajo del cirujano, combinado con el poder sa- 
nador de tu cuerpo. 

Reconoce que tu cuerpo sabe la manera de sanarse y de mantenerse sano, al margen de lo que tú seas 
o pienses ahora. Busca apoyo entre las mujeres que han pasado por esta experiencia y la han transformado. 
Un buen libro para empezar es el de la doctora Barbara Joseph titulado My Healingfrom Breast Cáncer (Keats, 
1996). 

Brenda Michaels, de la que ya he hablado, me contó que cuando le diagnosticaron la tercera recurren- 
cia del cáncer, no se le ocurrió la idea de «combatirlo»; se imaginó que su cuerpo había creado el cáncer por al- 
gún motivo y que era capaz de sanarlo. Así pues, le preguntó a su cáncer qué necesitaba de ella; la respuesta 
fue: amor. Al principio temió que si le daba amor, el cáncer crecería. Pero después, al pensarlo más, compren- 
dió que el amor no haría crecer el cáncer, sino que ayudaría a su cuerpo a transformar cualquier anormalidad. 
A medida que fue dando más y más amor y aprecio a sí misma y a los demás para que hicieran su magia en 
su vida, su cáncer y su vida se transformaron. El de Brenda no es un caso aislado. Estudios de mujeres que 
tenían recurrencia de su cáncer de mama demostraron que aquellas que expresaban más alegría tendían a vi- 
vir más tiempo que las que no lo hacían. Este descubrimiento fue muy significativo estadísticamente. 52 

Hazte las siguientes preguntas: ¿a qué aspectos de mi vida les iría bien más aprecio y valoración? ¿A 
qué aspecto de mí misma le iría bien más aprecio y valoración? ¿Cuáles de mis relaciones me sustentan total- 
mente? ¿Cuáles no? Dedica cinco minutos cada día a apreciar y agradecer algún aspecto de tu vida, por pe- 
queño que sea. Aquello a lo que prestamos atención se expande. 

Dedica quince segundos cinco veces al día a pensar en alguien o algo (un animalito doméstico o un 
niño pequeño) al que amas incondicionalmente. Ponte la mano sobre la zona del corazón cuando lo hagas. 
Con práctica, podrás sentir una agradable sensación de calor, de hormigueo, en el pecho cuando lo hagas. 
Esta es la energía que sana el corazón y los pechos. 



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Nuestra fertilidad 



Una mujer fértil y sexualmente activa que no use ningún método anticonceptivo tendría un promedio de 14 par- 
tos o 31 abortos durante su vida reproductiva: en conjunto, un increíble trastorno en esta época de esperada in- 
dependencia e igualdad para las mujeres. 

Dra. Luella Klein, ex presidenta 
del Colegio de Obstetricia y Ginecología 
de Estados Unidos, 1984 

Una visión más amplia de la fertilidad es aquella que no está determinada únicamente por si se tiene o no un hijo 
biológico. La fertilidad es una relación de toda la vida con una misma, no una circunstancia médica. 

Joan Borysenko 

Idealmente, la vida prenatal cerca del corazón de la madre es una bendición para el ser aún no nacido. Es 
necesario que las mujeres elijan vivir sabiamente sus embarazos, porque el modo como los viven afecta 
tanto a ellas como a sus hijos. Todo bebé recuerda su vida, todas las partes de su vida, y sus experiencias 
tienen un enorme efecto en ellos. 

Todos conservamos impresa toda nuestra vida dentro de las células. Si durante esos vulnerables 
nueve primeros meses, la madre no es asequible emocionalmente para su bebé, por el motivo que sea, el 
bebé lo percibe y suele reprocharlo. Los recuerdos prenatales y del nacimiento, y su posible efecto en el 
bebé no nacido, son uno de los muchos motivos por los cuales las mujeres deben aprender a organizar 
bien su fertilidad y aprender a concebir conscientemente. Las mujeres debemos convertirnos en recipien- 
tes conscientes. 

Muchas mujeres me han dicho que sabían que sus padres no las deseaban, y que eso lo habían 
sentido toda su vida. «Sé que fui concebida durante el periodo de aflicción de mi madre por un hijo que 
murió nueve meses antes —me dijo una mujer — . Recuerdo haber aceptado esto cuando estaba en el útero. 
Juré tratar de compensárselo. He vivido sesenta y cuatro años tratando de hacer eso. Y nunca ha dado resul- 
tado.» Otra mujer, Beverly, que está en la menopausia, me contó que su madre fue a verla el día en que cum- 
plía 50 años, con globos y una rosa, y le dijo: «Tienes cincuenta años. De ahora en adelante tu vida irá cuesta 
abajo. Ya no eres una niña». Le explicó lo mucho que había sufrido al darla a luz y añadió que al nacer había 
sido una niña muy fea. En cambio, se deshizo en alabanzas a su hijo, hermano de Beverly, diciendo que el 
parto había sido prácticamente sin dolor y que él había sido un niño precioso desde el momento de nacer. Al 
escuchar a su madre, Beverly pensó que en cierto modo perverso había recibido un verdadero regalo al cum- 
plir los 50; su madre le confirmó lo que siempre había pensado: que había sido rechazada desde el momento 
de nacer. 

Las personas concebidas y nacidas sin ser deseadas pueden sentir una depresión existencial. Una mu- 
jer me contó que sentía vergüenza de respirar y de ocupar espacio; tenía la sensación de estar siempre fuera 
de lugar, de causar dolor a otra persona simplemente por estar ahí. Esto lo sentía desde que tenía recuerdos. 
Sabía que no había sido deseada. 

Otra mujer, una médica algo mayor de 50 años, me contó que hacía poco había estado en una sesión 
de sanación emocional en la que había comprendido que jamás se sintió segura en el vientre de su madre, que 
sabía que no había sido deseada. Toda su vida había tratado de compensar eso estudiando, convirtiéndose en 
médica y teniendo una serie de relaciones. Pero nada de eso logró jamás llenar una necesidad que llevaba 
dentro desde que nació: la necesidad de ser amada y deseada cuando era pequeña. «Los latidos del corazón 
de mi madre, tan cerca del mío, no eran consoladores ni tranquilizadores para mí», recuerda. Aunque ahora 
su madre está muerta, ha pasado por el proceso de perdonarla. Llorando me dijo: «Ahora finalmente echo de 



menos a la madre que nunca tuve. Comprendo que ella lo hacía lo mejor que sabía hacer. Jamás tuvo una 
oportunidad para sí misma». 

El aborto 

Para muchas mujeres, el aborto es un «asunto inconcluso» y como tal se merece un análisis completo. Si vivié- 
ramos en una cultura que valorara la autonomía de la mujer, en la cual hombres y mujeres practicaran un 
control de la natalidad cooperativo, el tema del aborto sería discutible. Si a las mujeres occidentales se las 
obligara a abortar, como se hace actualmente en China, el aborto tendría aquí un sentido diferente del que 
tiene ahora. 1 

El aborto pone fin deliberadamente a una vida en potencia. Pero no permitir el aborto mata en poten- 
cia dos vidas. El vínculo entre madre e hijo es el más íntimo de toda experiencia humana. En esta relación hu- 
mana, la más primaria de todas, debe haber amor, una buena acogida y receptividad en abundancia. Obligar a 
una mujer a parir y criar un hijo en contra de su voluntad es por lo tanto un acto de violencia. Constriñe y 
degrada el vínculo madre-hijo y siembra las semillas del odio, no las del amor. ¿Puede haber una peor entrada 
en el Universo que obligar a un niño a habitar en un cuerpo que le es hostil? Una vida es demasiado valiosa 
para inhibir su pleno desarrollo y sus posibilidades obligando a una mujer a parirla en contra de su voluntad. 
Sabemos que los primeros años de vida de criminales y delincuentes suelen estar plagados de pobreza y de- 
sesperación, por lo cual incluso podría ser peligroso traer al mundo a un ser que no es deseado. En el horizon- 
te se ve el espectro de más y más mujeres atrapadas en embarazos no deseados mientras la capacidad re- 
productora de la mujer sea tratada como un asunto político. 

Todo el mundo sabe esto en mayor o menor grado, incluso aquellos que públicamente niegan a la 
mujer el derecho a controlar su propia fertilidad. Cuando estaba haciendo mis prácticas como residente en 
Boston, no era infrecuente que viniera a verme una chica católica embarazada a la que llevaban sus padres. 
Estos me decían: «No somos partidarios del aborto, pero si nuestra hija tiene este hijo, arruinará su vida. 
¿Puede hacer algo usted?». 

Una cosa que he aprendido a lo largo de los años es que no existe eso que se llama «libertad sexual». 
Creo que por eso siempre me ha desagradado la expresión «aborto a petición de la interesada». Habiendo 
trabajado años en el ámbito de la reproducción de la mujer, veo que el actual debate sobre el aborto es un 
síntoma del problema mucho más profundo del que he hablado en los primeros capítulos: mientras las muje- 
res continúen entendiendo mal la manera de satisfacer sus necesidades eróticas, mientras continúen sacrifi- 
cando su cuerpo por el placer sexual de los hombres, no iremos a ninguna parte. Y mientras el aborto sea con- 
siderado únicamente un «problema de la mujer», tampoco. 

Realicé abortos durante muchos años, y siempre seré una defensora del derecho de la mujer a elegir 
sobre su reproducción. Pero he llegado a comprender lo complejo que es el tema del aborto y que no hay res- 
puestas fáciles. 

El aborto siempre es un tema espinoso, porque obliga a cada mujer a afrontar sus más profundos sen- 
timientos acerca de la capacidad de los hombres de fecundar a las mujeres y de la capacidad de las mujeres de 
retener o rechazar el resultado de esa fecundación. El aborto golpea en el corazón de las creencias de la socie- 
dad acerca del papel de las mujeres. ¿Está a favor la sociedad de la participación plena de la mujer en la eco- 
nomía? ¿Cuál es el papel que nos corresponde desempeñar en el hogar y en la sociedad? «El aborto ilustra el 
control político de lo personal y lo psicológico —escribe la historiadora Carroll Smith-Rosenberg — . Tiende un 
puente entre lo intensamente individual y lo ampliamente político. En todos los planos, hablar de aborto es 
hablar de poder.» 2 

Cuando practicaba abortos, siempre me sentía como si estuviera sentada en medio de un campo mi- 
nado. A veces me enfurecía cuando hacía abortar por cuarta vez a una mujer que sencillamente no usaba nin- 
gún método anticonceptivo. Otras veces practicaba abortos a mujeres que en realidad no lo deseaban pero 
pensaban que no tenían otra alternativa. 

La expresión «aborto a petición de la interesada» supone que la mujer no tiene por qué responsabili- 
zarse de su comportamiento sexual ni de sus consecuencias. Supone que está bien tener relaciones sexuales 
con quienquiera que se desee, cuando se desee y sin tener que afrontar las consecuencias, tal y como lo han 
hecho los hombres durante siglos. Muchas mujeres que se han hecho repetidos abortos me han dicho que des- 
pués han llegado a comprender que sus relaciones sexuales con los hombres eran una forma de abuso contra 
sí mismas, el resultado del odio contra sí mismas y de su poca autoestima. La expresión «aborto a petición de 
la interesada» supone que las relaciones sexuales en cierto modo pueden y deben separarse de los demás as- 
pectos de nuestra vida, como el de la necesidad de ser amadas, abrazadas o respetadas. Supone que la misma 



conducta que encontramos repugnante en los hombres (tener relaciones sexuales sin preocuparse por sus 
consecuencias) está bien para las mujeres. ¿Por qué desean las mujeres imitar a (algunos) hombres en el te- 
rreno sexual? Deberíamos resistirnos a cualquier contacto sexual con hombres que no respetan también nues- 
tra alma y nuestro yo más íntimo. 3 A la entrada en el siglo XXI, las mujeres van a tener que reflexionar sobre 
su programación sexual. Pero primero hemos de tener claro cuál es esa programación. 

Cuando una mujer decide hacerse un aborto, en nombre de sí misma y de su propia vida, nada 
contra una corriente de cinco mil años de condicionamiento, de ideas y programas sociales propugnados 
por iglesias y otras instituciones dominadas por hombres, que dicen que la principal finalidad de la mu- 
jer es tener hijos y servir a sus hijos y a su marido. Permitir que las mujeres elijan el rumbo de su vida va 
muy en contra de una idea muy antigua y arraigada. 

Durante los veinte últimos años, cuando el número de mujeres que luchan contra esa idea ha 
aumentado enormemente, las fuerzas políticas y sociales que desean «mantenernos en nuestro lugar» 
han elevado sus voces y se han hecho más destructivas. Un siglo y medio de retórica destinada a hacer 
que las mujeres nos sintamos culpables y avergonzadas con respecto al aborto y el hecho de preferir el 
autodesarrollo por encima de la maternidad hace poco sorprendente que el aborto no sea un tema fácil 
sobre el cual las mujeres podamos hablar libremente. Sin embargo, si todas las mujeres que se han hecho 
un aborto, o aunque fuera la tercera parte de ellas, estuvieran dispuestas a hablar de su experiencia, no 
con vergüenza sino con sinceridad respecto a lo que eran entonces, lo que sabían, lo que han aprendido y 
lo que son y saben ahora, todo este asunto sanaría con mucha mayor rapidez. 

Desde la primera edición de este libro me han escrito muchas mujeres para agradecerme que ha- 
ya tratado este tema. Y me han escrito diciendo cómo su buena disposición a decir la verdad sobre su 
experiencia del aborto las ha sanado. Kris Bercov, una terapeuta que ofrece orientación para superar un 
aborto, ha escrito un conmovedor librito titulado The Good Mother: An Abortion Parable [La buena madre: 
Una parábola sobre el aborto]. 4 Cuando me envió un ejemplar me escribió: «La experiencia del aborto 
tiene una enorme capacidad para herir o sanar, depende de cómo se lleve e interprete. Como bien sabes, 
son muchísimas las mujeres que pasan por esta experiencia inconscientemente, dejando a su Cuerpo la 
difícil (y a veces peligrosa) tarea de comunicar sus sentimientos no resueltos». Este libro de Kris es espe- 
cíficamente revolucionario porque ayuda a las mujeres a buscar a tientas su camino a través de la expe- 
riencia, y así sanarla. Se ha usado eficazmente en varias clínicas de abortos. (Véase la nota 4 para infor- 
mación sobre cómo adquirió.) 

El clima cultural de cualquier época histórica puede tener profundos efectos sobre el bienestar 
emocional y físico en general de las personas de esa época. Se calcula que en la década de 1840 la mitad 
de todos los embarazos acababan en aborto. 5 Actualmente, a medida que aumenta el poder de las mujeres, 
también aumenta la retórica antiabortista. Aunque a ninguna cultura le ha sido desconocido el aborto, las 
investigaciones de Carroll Smith-Rosenberg documentan que este se convierte en un problema político sola- 
mente cuando hay «alteraciones importantes en el equilibrio de poder entre hombres y mujeres, y en el de los 
hombres como cabeza de familia sobre sus tradicionales dependientes». 6 Durante estos periodos, estos cam- 
bios se reflejan en leyes concernientes al derecho de las mujeres a controlar su fertilidad. 

Sanar los traumas posteriores al aborto 

Los aspectos técnicos de los diversos tipos de aborto son muy sencillos y normalmente no causan ningún pro- 
blema físico, aunque siempre es una conmoción para el cuerpo que el proceso de gestación sea interrumpido 
bruscamente por una intervención externa. De todos los estudios realizados hasta el momento sobre las con- 
secuencias a largo plazo del aborto, sea por legrado o por succión, ninguno ha demostrado un aumento de la 
infecundidad ni otros problemas. El fármaco antiprogesterona mifepristona (antes llamado RU486), la última 
pildora para la mañana siguiente, presenta incluso menos riesgos. Cuando se emplea junto con misoprostol, 
una prostaglandina, es eficaz en un 95,5 por ciento, y puede ser administrado confidencialmente en la consul- 
ta del médico. Este fármaco bloquea la acción de la progesterona y suele utilizarse dentro de los cincuenta 
días posteriores a la última menstruación de la mujer. Fue aprobado por la FDA, y en la actualidad se está 
experimentando en pruebas clínicas en Estados Unidos. 

Sin embargo, con décadas de culpabilidad y vergüenza como telón de fondo emocional, muchas mu- 
jeres jamás procesan bien los aspectos emocionales del aborto. Muchas no le han contado nunca a nadie que se 
han hecho uno. No es infrecuente que una mujer me pida que no le diga nada a su marido sobre los abortos 



que tuvo antes de su relación con él porque no quiere que sepa nada de su historia sexual. A lo largo de los 
años he oído muchas historias sobre abortos ilegales, algunas dolorosas, y otras bastante sanadores